lunes, 13 de abril de 2015

¿Dónde están los hermanos de fila?

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Pedro Martín

Hermano de fila del Cristo del Amor y de la Paz | Fotografía: Pablo de la Peña

En esta pasada Semana Santa se ha observado, cuanto menos, un estancamiento del número de hermanos en las filas de nuestras procesiones, aunque en muchos casos el descenso es más que notable, siendo en ocasiones anecdótico el número de hermanos de cirio, luz, vela, cruz o como queramos denominarlo en cada cofradía. Y no es algo nuevo o coyuntural, más bien al contrario: si después de dos años de excelente climatología no se ha conseguido un destacado aumento de los hermanos, pensemos en qué ocurrirá en un año de frío o agua, tan frecuentes en nuestra ciudad. La desolación de las filas puede ser monumental.

Dice el diccionario de la RAE que procesión es el "acto de ir ordenadamente de un lugar a otro muchas personas con algún fin público y solemne, por lo común religioso". Dicho esto, comprenderemos que no existe procesión sin filas de hermanos, es más, se puede hacer una procesión sin insignias secundarias, sin elementos decorativos más o menos oportunos, incluso sin un paso o una imagen (así son las procesiones litúrgicas), pero no sin personas que la formen propiamente. Así podemos inferir que sin los hermanos de fila, la procesión desaparece.

Lo triste del asunto es la cantidad de hermanos que se ven en la procesión paralela de las aceras, bien pertrechados, eso sí, de su medalla reglamentaria, en vez de acompañar a los titulares de su hermandad, a sus imágenes de devoción.

Y es que tenemos una concepción equivocada de lo que es salir en una procesión para hacer penitencia y profesión pública de fe. Pensamos que no se hace penitencia si no se carga un paso o se lleva una insignia o enser procesional, con lo que rápidamente pasamos de cargar el paso a decir: "Si no cargo, no salgo". Craso error que hemos potenciado entre todos, pidiendo insistentemente hermanos de carga con el fin de sacar nuestros pasos a la calle y no hermanos que los acompañen para, desde ahí, conseguir nuevos miembros para nuestras procesiones.

Además, no potenciamos ni cuidamos al cofrade de a pie, que debería ser el número mayoritario en la misma, volcándonos en las supuestas "élites" que nos sacan las imágenes a hombros, que en ocasiones se pueden convertir en auténticos grupos de presión que manejen una hermandad.
Fruto de estas modas, se ha llegado a sobredimensionar las andas con el fin de acoger en ellas el mayor número de hermanos posible sin importarnos quién queda para hacer la procesión, la verdadera procesión.

Quizá no pasando mucho tiempo, alguno de nuestros pasos no puedan seguir saliendo portados a hombros, pasando de nuevo a las ruedas, cosa que tampoco es una tragedia si se hace con el adecuado decoro y con cierta elegancia, pues al fin y al cabo, la catequesis que mostramos en la calle es lo importante, no la forma de portarlo. Pero para acompañar a las imágenes y hacer procesión, no tendremos hermanos en las filas, porque la cultura que hemos potenciado estos años es la de "si no cargo, no salgo".


1 comentarios:

  1. Le doy toda la razón a Pedro Martín porque, creo, la tiene toda. Una procesión -hermanos cristianos caminando juntos- es lo que es. Lo que pasa es que a veces se ayuda -¡sólo se ayuda!- de elementos como las imágenes y otros objetos para cumplir mejor su objetivo. Mala cosa cuando la ayuda acaba devorando el sentido y las prioridades de la procesión. Y esto nos pasa a todos demasiadas veces. Y en las procesiones de Salamanca y en sus cofradías se nota cada vez más hasta provocar no poco recelo en nucha gente. Fructuoso Mangas

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