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viernes, 14 de febrero de 2020

Paco Gómez


14 de febrero de 2020

—Me pregunto –dijo Guillermo–, por qué rechazáis tanto la idea de que Jesús pudiera haber reído. Creo que, como los baños, la risa es una buena medicina para curar los humores y otras afecciones del cuerpo, sobre todo la melancolía. 
(El nombre de la rosa: Segundo día, tercia. Umberto Eco)

La Semana Santa es, por definición, periodo introspectivo, tiempo de reflexionar: momento de gravedad como pocos. Nos sobrecoge el silencio y la austeridad de algunas de las tradiciones, nos sobrecoge la expansión penitencial de otras formas de vivir intensamente la pasión de Jesús antes de celebrar su resurrección. Sí pero, ¿y la risa? ¿Cabe el humor entre la comunidad más estrechamente vinculada a las celebraciones semanasanteras?

Ya que hemos comenzado este artículo recordando ese crucial pasaje de la más famosa novela de Umberto Eco, convendría decir que, mal que le pese al venerable Jorge de la novela, con Aristóteles o sin él, sobre la risa se han escrito multitud de tratados a lo largo de los siglos que han coincidido en que esta risa, lo que hoy llamaríamos humor, es sin duda una de las cualidades más específicamente humanas.

Así que si reír nos hace personas, el conjunto de vivencias que encierra una de las experiencias más sobrecogedoras de la historia, la del Dios que se hace hombre, a la fuerza ha de poder incluir la risa.

Una aseveración en la que, por supuesto, desempeña un papel fundamental el contexto, ya que no es lo mismo pretender tomarse con humor una celebración solemne o "sacar punta" en otro momento y circunstancia a algunas de las muchas realidades que conforman el mundo cofrade.

Podría destacarse, no obstante, que aunque hoy nos pueda resultar un poco extraño, el humor, cuando no abiertamente lo irreverente, lo malvado, la mala baba, ha estado presente en las realizaciones arquitectónicas y artísticas de carácter sacro a lo largo de los siglos. Sirva pensar en esos canecillos que nos sacan la lengua, que nos enseñan grotescamente partes de su anatomía; en la decoración de algunas armaduras medievales llenas de sátira hacia el propio clero (¿han visto la techumbre mudéjar de Las Claras?); o, por supuesto, en las sillerías de los coros catedralicios (insuperable en su retorcida imaginación la de Rodrigo Alemán en Ciudad Rodrigo).

Incluso hay quien se ha tomado su martirio a risa. "Manduca, iam coctum est" (come, ya está cocinado) recoge el propio Eco que dijo san Lorenzo a sus verdugos en la propia parrilla (en España la tradición le da una vuelta más al humor, ya abiertamente negro, añadiendo el "versa et manduca", algo así como dale la vuelta que de este lado ya estoy hecho y cómeme).

Sin llegar a esos extremos, no hay que ocultar que el rico mundo cofrade se presta, exactamente igual que cualquier otro hecho humano, al prisma humorístico. Sin duda, uno de los grandes éxitos hasta el momento ha sido El Palermasso, la serie de sketchs protagonizada por Antonio Garrido que desde la cuaresma de 2016 ofrece situaciones ciertamente desternillantes abordando la idiosincrasia de la Semana Santa sevillana.

Curiosamente, desde Salamanca han surgido también algunas iniciativas que sin perder la mirada de aquí, hacen humor sobre lo que ocurre allí. Es el caso de la serie de cómics Manolín, el niño costalero, un tierno chaval dibujado por Vicen Martín que en vez de años cumple cuaresmas y que sueña con ser un día un costalero con todas las de la ley.

También ha surgido recientemente Capataces, una serie en Youtube con Jes Martin’s y Toni Rivero como protagonistas sobre las vicisitudes de una pareja de capataces de paso. Unos ejemplos entre otros muchos posibles que es posible la risa cofrade con buen gusto y que el humor no desconoce de ninguna realidad. Eso sí, sin olvidar que hay un tiempo para todo.


jueves, 21 de marzo de 2019

F. Javier Blázquez

Antonio Bonet Salamanca, fundador de la revista Pasos, recupera esta publicación semanasantera con una tercera etapa

20 de marzo de 2019

Solo los bendecidos por el don de la perseverancia son capaces de alcanzar sus objetivos. Antonio Bonet Salamanca, uno de esos personajes que con sus mil y una iniciativas siempre hace acto de presencia en el panorama de la Semana Santa nacional, acaba convirtiéndose en paradigma de todos ellos. En su abultado currículum aparecen infinidad de actividades, propuestas y unas cuantas aventuras en el ámbito de la cultura vinculada a las cofradías de penitencia. Y de todos los proyectos que ha emprendido, la revista Pasos es con diferencia la niña de sus ojos. Prueba de ello es que, a pesar de las dificultades que supone una publicación de estas características y envergadura, vuelve a ella una y otra vez.

Pasos de Semana Santa se funda en 1998 con la pretensión de llenar el vacío existente en las publicaciones cofrades. Nunca había habido ninguna con carácter nacional y Bonet se lanza a esta empresa casi en solitario, con la ayuda de unos pocos, muy pocos, entre los que sobresale nuestro recordado y añorado Jesús Sánchez Santos. Y con carácter trimestral, la revista consigue mantenerse, con los suscriptores y anunciantes, hasta 2002. Pero bien sabemos, quienes nos dedicamos a estos menesteres, lo complicado que resulta mantener una publicación de estas características, al margen también del trabajo que acarrea para un grupo tan reducido y amateur. Los problemas económicos le obligaron a dejar durante unos años la edición, hasta que en 2006 Bonet vuelve a relanzarla con un cambio en la cabecera, que pasa a ser Pasos de Arte y Cultura. También con periodicidad trimestral y con una vigencia en el tiempo similar a la de la primera etapa, pues salió hasta principios de 2011, cuando los recortes de la crisis le obligan a suspender su publicación por falta de recursos publicitarios. Solo con los suscriptores no se cubría la edición.

Cuando ya todos dábamos por hecho la imposibilidad de poder mantener una revista de estas características, Antonio Bonet vuelve a sorprendernos y nuevamente baja al ruedo con Pasos, que en esta tercera época aparece como Pasos de Arte, Cultura y Patrimonio. Hace pocas fechas acaba de salir el prototipo, a modo de número cero para esta nueva etapa. Y por lo que puede colegirse, la línea es la misma que en la segunda etapa y la Semana Santa ocupa en lugar preponderante en esta publicación que amplía perspectivas con sus incursiones el arte religioso y otras cuestiones relacionadas con la religiosidad popular.

La noticia es buena, muy buena y esperanzadora, las dificultades grandes. Por ello conviene cuidar y apoyar esta iniciativa que va más allá del interés de sus promotores. Contribuir a su difusión nos beneficia a todos. Quienes valoramos la necesidad de divulgar, en sus distintas expresiones, la celebración popular de la Semana Santa podemos contar con una revista de referencia. Los semanasanteros hemos demandado muchas veces una publicación cofrade generalista y de difusión nacional. Pues ahí está otra vez Pasos. No nos lamentemos luego cuando se pierden cabeceras, apoyemos las que surgen o resurgen con el esfuerzo de unos pocos chalados como Antonio Bonet. A él y a su consejo editorial les deseamos toda la suerte del mundo, que la van a necesitar a espuertas. ¡Larga vida a Pasos en esta nueva etapa!


viernes, 15 de marzo de 2019

Daniel Cuesta SJ

Imagen de portada del libro Los Evangelios Apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, de Daniel Cuesta en Ediciones Alfar

15 de marzo de 2019

¿Se convirtió Pilato al cristianismo después de la Resurrección de Cristo? ¿Por qué defendió Claudia Prócula a Jesús delante de su marido durante la Pasión? ¿Era realmente una seguidora de Jesucristo como nos cuenta la Carta de Pilato a Herodes o simplemente sintió pena por aquel reo inocente contra el que el pueblo gritaba? ¿Fue Bernice, la hemorroísa, aquella mujer valiente que enjugó el rostro sudoroso y cubierto de sangre del Salvador, obteniendo como premio su retrato en su velo? ¿Fue Nicodemo el autor de algún evangelio? ¿Cuáles fueron los motivos de la condena a muerte de los dos ladrones? ¿Se llamarían realmente Dimas y Gestas? ¿Se convirtió realmente Longinos al atravesar con su lanza el costado de Cristo o aquello fue solo un acto rutinario más de su vida como soldado romano? ¿Por qué José de Arimatea decidió dar la cara por Jesús delante de los judíos y enterrarle en su propia tumba? ¿Fue el guardián y custodio del Santo Grial? ¿Llegó a ser consciente Herodes Antipas de que aquel al que había despreciado y del que se había reído era el Hijo de Dios?

Estas preguntas, así como algunas de sus respuestas, tienen su origen en los llamados Evangelios Apócrifos. Son estos una serie de escritos con origen fundamentalmente en los primeros siglos del cristianismo que, por una razón o por otra (normalmente por su exageración, fantasía o falta de historicidad) no entraron en el canon oficial de la Iglesia. La mayoría de nuestros contemporáneos piensan que se trata de una serie de escritos oscuros, que contienen secretos peligrosos que el Vaticano ha querido siempre ocultar por miedo a que constituyan un peligro para la fe católica. Sin embargo, la realidad es bastante diferente, puesto que las historias de los Apócrifos son conocidas desde antiguo y accesibles a todos aquellos que tengan interés en estudiarlas.

El objetivo de los Evangelios Apócrifos no es el de desvelar los supuestos amores de Jesús y María Magdalena (eso es cosa de las novelas históricas), sino el de rellenar y ampliar la parquedad de detalles con la que san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan nos relatan la vida de Jesús en esta tierra, así como su pasión, muerte y resurrección. Así, el Protoevangelio de Santiago se centra en la infancia y juventud de la Virgen María, constituyendo la primera referencia de su Inmaculada Concepción; el Evangelio Árabe de la Infancia habla de la vida oculta de Jesús; el conocido como Evangelio de María (Magdalena) cuenta de modo imaginativo como, tras la Resurrección los apóstoles tuvieron problemas en aceptar que Jesucristo se hubiera revelado a María (sin especificar si esta era su madre o la Magdalena), etc. En estos y otros escritos se inspiraron los mentores intelectuales y espirituales de las obras de arte cristianas y así se los transmitieron a los artistas, dando lugar a una serie de iconografías como pueden ser la del abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la Puerta Dorada, el descanso en la Huída a Egipto, la Asunción de la Virgen, etc., que se encuentran en muchas de nuestras iglesias.

En esta línea existen una serie de Evangelios Apócrifos que se centran en la pasión, muerte y resurrección de Cristo y que han sido importantísimos en la configuración de las iconografías que hoy contemplamos en las pinturas y retablos dedicados a los ciclos pasionales y, por supuesto en los pasos de Semana Santa. Entre ellos destacan el Evangelio de Pedro, el Evangelio de Bartolomé y, sobre todo, el Evangelio de Nicodemo, que además se complementa con otra serie de escritos menores. Esta última obra pretende, entre otras cosas, narrar en primera persona el testimonio del juicio que sufrió Jesucristo, así como algunos de los detalles de su pasión, relatados por Nicodemo. Por ello, las páginas de este evangelio apócrifo han sido origen de las leyendas en torno a Pilato, su mujer Claudia Prócula, la Verónica, Dimas y Gestas, Longinos, José de Arimatea, Nicodemo y Herodes. En ellos y en su reflejo en los pasos de la Semana Santa sevillana se centran precisamente las páginas del libro Los Evangelios Apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, publicado recientemente por Ediciones Alfar.

A través de los textos del Evangelio de Nicodemo y de otros complementarios, en las páginas de este libro se tratan de reconstruir los orígenes de la historia y la leyenda que se encuentran detrás de cada uno de estos personajes, así como su iconografía artística y por último su reflejo e inclusión en los grandiosos pasos de misterio de la Semana Santa hispalense. No se trata de una obra cerrada, sino más bien de una puerta abierta a futuras investigaciones, un intento de diálogo con las raíces cristianas de nuestra cultura, con intención de divulgar tradiciones y herencias que, tristemente tienden a perderse.


viernes, 25 de mayo de 2018

Xuasús González

La carta de un banco o una factura de un taller son "papeles" cuya conservación puede permitir documentar obras como Arte y cultura en la Semana Santa de Salamanca, la investigación más exhaustiva sobre las cofradías de la ciudad editada hasta ahora

25 de mayo de 2018

No son pocas las ocasiones en las que pasan por nuestras manos documentos de lo más variopinto a los que no les damos la mayor importancia: una carta del banco, un recibo de la luz, un informe de vida laboral, una factura del taller… Y pensamos, probablemente, que para nada pueden servir, más allá –claro está– de aquello para lo que fueron creados.

Y, en muchas ocasiones –ni que decir tiene–, es así; pero, en otras, la cosa cambia. Y mucho. Porque, sin querer, con el paso del tiempo, esos "papeles" pueden acabar teniendo una importancia capital para conocer, por ejemplo, distintas cuestiones acerca de nuestro pasado. De nuestra historia.

En el mundo cofrade pasa exactamente lo mismo. No hay más que pararse a pensar por un momento en la cantidad de "papeles" –y de fotografías, y de grabaciones…– que, relacionados de alguna manera con la Semana Santa, se han generado a lo largo de la historia y que, por diversas causas, se han perdido; y, con ellos, buena parte de nuestra historia.

No cabe duda de que, si los conserváramos, conoceríamos mucho mejor nuestro pasado, con sus tradiciones y sus innovaciones, sin vacíos en los que no sabemos qué es lo que ha ocurrido; un vacío que, salvo que aparezcan "nuevos" papeles, nunca podremos ya llenar.

Y no hay que remontarse a siglos atrás, sino tan solo a hace unas décadas que, si cabe, es aún más preocupante… Porque mucho ha cambiado la Semana Santa que hoy conocemos con respecto a la de, pongamos por caso, mediados del pasado siglo, con numerosos cambios a todos los niveles, muchos de los cuales no sabemos ya quizá con exactitud por qué se han producido… Y todo porque ha desaparecido un buen número de "papeles" –sin mala intención, sí, pero con fatales consecuencias–, quizás tirándolos a la basura…

Contra eso, ya no podemos hacer nada. Pero sí para evitar que eso mismo suceda de ahora en adelante, poniendo en valor esos "papeles" del día a día que, aparentemente, no sirven para nada… En caso contrario, las generaciones venideras tendrán el mismo problema porque, hoy, sobre nuestra historia más reciente, aún contamos con las vivencias de los protagonistas, al menos en su mayoría. Pero la memoria también empieza a fallar, y tanto más cuanto más atrás nos vayamos en el tiempo; y eso sin olvidar que algunos de los que nos la pueden contar en primera persona ya no están entre nosotros y que, poco a poco, se irán yendo más…

Así, es necesario hacer un esfuerzo por conservar esos "papeles" –inclúyanse también los que se encuentran en soporte digital– que nos parecen hoy poco menos que irrelevantes: convocatorias, cartas, facturas…; y, ya puestos, apuéstese también por recuperar cuanto sea posible, quizá a través de particulares más cuidadosos que, por los motivos que sean, los puedan aún conservar en su poder y los quieran prestar para su digitalización, pues el objetivo último ha de ser disponer de la mayor información posible sobre nuestro pasado, para poder utilizarla tanto ahora como en el futuro.

De hecho, toda esa información debe ser puesta a disposición –si se considera necesario, en especial la más antigua, digitalizada para evitar su deterioro– de quien la quiera consultar. Nada hay que ocultar –o, al menos, no debería– y puede ayudar a conocer mejor nuestra historia.

Más que agradecidos deberíamos estar a todos los que, en muchos casos de forma desinteresada, dedican su tiempo y esfuerzo a estudiar distintos aspectos de nuestra celebración pasional. Y así, quizá, su labor resulte un poco más sencilla. En definitiva, es la Semana Santa la que resulta beneficiada, y eso es lo más importante.


miércoles, 21 de marzo de 2018

Pedro Martín

Vista general del interior del teatro Liceo durante el pregón de Manuel Muíños | Fotografía: Pablo de la Peña

21 de marzo de 2018

A escasas fechas para dar el pistoletazo de salida a nuestra Semana de Pasión, se multiplican los actos de todo tipo. Me voy a centrar en este artículo en tres actos en concreto: las presentaciones de las revistas Christus, Pasión en Salamanca y el acto del Pregón, preludio oficial de nuestra Semana Santa.

Empezaré por lo propio, aunque parezca falsa humildad. Y es que la presentación de la revista Pasión en Salamanca que edita desde hace 25 años la Tertulia Cofrade Pasión fue toda una sorpresa y una auténtica delicia. Mi más sincera enhorabuena a Paco Gómez, periodista de La 8 de Salamanca, por la presentación tan original, trabajada y estudiada. Sin duda horas de trabajo junto con su equipo para ofrecernos este "informativo cofrade" de primer nivel. Les invito a que lo saboreen en el siguiente enlace. Me reitero en nuestro agradecimiento a ti y a tus compañeros y, por supuesto, a tu "casa", La 8.  De los contenidos nada voy a comentar, que ya lo hizo el presentador, tan solo invitarles a leer la revista.

Vamos a por la segunda. Apenas una hora después, se presentaba la revista Christus, que este año cambiaba de ubicación y de dirección. Como hablamos de luces y sombras, bien por la ubicación, magnífica. El Casino de Salamanca nos acoge con cariño y, durante este último año, es uno de los lugares habituales de los actos de Semana Santa. Se agradece la acogida. Para mí, y esto es una opinión personal, que de eso se trata en este medio, la presentación si fue una pequeña decepción. No la entendí, ¿quién presentaba la revista? ¿Ana Pedrero o su director, Toni Sánchez? El formato fue raro o a mí me lo pareció, con una especie de diálogo entre "presentadora" y director, sin adelantar ni comentar contenidos que luego fueron presentados en un audiovisual, que no quería comenzar, cosas del directo. Aspectos a mejorar, sin duda. 

Y un tirón de orejas, amigo Toni: no era necesario, para poner en valor tu trabajo y la calidad de la revista, compararla con trabajos anteriores de otros profesionales que, como tú, dedicaron mucho tiempo y esfuerzo de forma altruista a la elaboración de la revista. No me gustó, me sentí incómodo, y me consta que otros cofrades allí presentes también.

Terminamos el triduo de presentaciones con el pregón, presentación de la Semana Santa de Salamanca en el teatro Liceo. Aquí también, para mí, hubo luces y sombras, insisto, en mi humilde opinión que puede estar equivocada.

Conocía en la tarde de ayer, antes de acudir al Liceo, que eran dos y no una las imágenes que estarían presentes en el pregón. Y me chirrió, no digo que no. La Esperanza sale de San Esteban y la Humildad de San Martín y se encuentran en el Liceo. Evidentemente es potestad del pregonero decidir qué imagen o, en este caso, imágenes lleva a su pregón. Quizá no era lo más adecuado repetir una imagen que ya estuvo en el mismo o hacer debutar "en sociedad" a otra que todavía no se ha estrenado en las calles. Pero insisto, es mi opinión. Y aquí lo que cuenta es la del pregonero y ese magnífico diálogo que mantuvo con ellas, que tenía todo el sentido y toda la profundidad. Gracias, Manuel. Les digo como antes: véanlo, léanlo, disfrútenlo, medítenlo. La puesta en escena esta vez, a mi parecer, podría haber sido mejorable para el fin que quería el pregonero, pero me quedo con el fondo, no con la forma, que es lo que importa.

Feliz Semana Santa a todos.


viernes, 27 de enero de 2017

Félix Torres


27 de enero de 2017

Desde la popularización de la escritura han sido muchos los que, al publicar su obra, recurrieron a nombres ficticios, condicionados por quién sabe qué cuestiones. Pseudónimos famosos, que pasaron a sustituir al propio nombre en el conocimiento popular, están en la mente de todos. Azorín, Neruda, Mistral, Bécquer, Clarín… nos son tan familiares que casi ninguno de nosotros se preocupa siquiera por conocer su filiación, pues nos basta con esos nombres imaginados y, sobre todo, con su obra. No necesitamos más. Pseudónimos, que no anónimos. Aunque estos últimos, textos más o menos elaborados, concebidos con el fin de hacer daño a personas o colectivos, también pierden su origen en la nebulosa de los tiempos pretéritos.

Hasta hace no tanto tiempo, –cuando la difusión de lo escrito requería un esfuerzo mucho mayor que el del simple gesto de pulsar una tecla– si alguien recibía un escrito amenazante sin firma o signado por un nombre inventado, el miedo o la responsabilidad solían invitar a que se recurriese a la justicia con la intención de desenmascarar a quien o quienes invadían la intimidad del destinatario. Anónimos, libelos y panfletos difamatorios han sido el recurso de cobardes desde que existe la escritura.

En estos tiempos en que la loable popularización del acceso a la cultura, que no de popularización de la cultura, permite que cualquiera pueda dar rienda suelta a su "ingenio" con un teclado entre las manos, todos nos vemos capaces de ejercer como escritores, más o menos avezados, dejando nuestra opinión generalmente sin que nos haya sido solicitada. Podríamos construir, aportar ideas que mejorasen cualquiera de los temas dignos de nuestra atención y, sin embargo, lo que apreciamos en lo escrito es la proliferación de insultos, ataques calumniosos, infundios y patrañas tabernarias en cualquiera de las redes virtuales, quizá mal llamadas redes sociales, que están cada vez más presentes en nuestras vidas.

Nadie, vivo o muerto, está libre de ser diana de estos ataques, salidos de mentes enfermas escudadas en su propia cobardía y enmascarados tras la más burda de las ironías. Taurinos contra  animalistas, homófilos contra homófobos, feministas contra machistas, populistas contra elitistas, meridionales contra septentrionales… y sus viceversas, se lanzan dardos envenenados amparándose tras una pantalla de fibra óptica.

Anonimato. Esto es lo que los cofrades, casi desde nuestros orígenes, hemos buscado y necesitado. Penitentes y disciplinantes cubrimos nuestros rostros con capuchas, verdugos o capuces para poder mantener el secreto de nuestra íntima oración mientras recorremos las calles en procesión. Pero esta ocultación voluntaria es y será válida y valiosa para el cumplimiento de unos fines que, como mínimo, no atentan contra nadie.

Otra cosa es que entre cofrades y en los últimos tiempos, podemos apreciar cómo hay quienes utilizan este ocultamiento fuera del entorno que se supone correcto y para fines poco claros. La presunta impunidad del anonimato ha favorecido el que quienes parecen ser cofrades descontentos se lancen al ruedo de los ciento cuarenta caracteres para atacar a cuanto no está de acuerdo con sus cánones, por supuesto los únicos válidos. Nadie está a salvo de sus comentarios sarcásticos, hirientes, revestidos de un halo de humorística prepotencia. Son pocos pero hacen tanto ruido que parecen más. Muchos más.

Vengadores cofrades y nazarenos vengadores, conciencias cofrades, costaleros justicieros y justicias cofrades, nombres todos ellos que reivindican un orden seguramente parcial y desequilibrado, invaden las redes a lo largo y ancho de la geografía pasional para lanzar sus dardos a cuantos vayan contra sus postulados, tropiecen en cualquier piedra o, simplemente, tengan la mala suerte de ponerse a tiro. Siempre, según ellos, en defensa del cofrade de base y con la intención de sacar a la luz las oscuras intenciones y tejemanejes de "los otros".

Al destinatario de esos mensajes, mientras el hartazgo no alcance cota incontrolable, apenas le quedan opciones, sabiendo que si se "entra al trapo" el anónimo ofensor se crecerá en sus comentarios y si se decide a ignorar lo escrito, el rumor quedará flotando y arraigará en quienes, predispuestos de antemano, servirán de altavoz al mismo.

A los autores de esos pequeños textos incendiarios les animo a salir de su oscuridad y, con la valentía de identificarse ante los demás, mantenernos informados con noticias veraces, críticas fundadas en argumentos sólidos y, sobre todo, propuestas de cambio realistas que permitan mejorar lo criticado.

En todo caso, si las cosas no cambian, el mejor de los desprecios es ignorar lo que se dice y a quienes lo digan mientras no tengan el arrojo de mostrar su rostro y, al tiempo, aportar solución a cuanta crítica irónica, hiriente y difamatoria salga del teclado de su ordenador, por muy cierta y cargada de razón que para el anónimo sea ésta. Mientras tanto, sus ciento cuarenta letras quedarán en paparruchas para solaz de ignorantes. Darles la espalda porque, además, cuando esos anónimos egos no se ven arropados por la cohorte de chismosos que dan difusión a sus exabruptos, se marchitan como flor de un día, dejando que su aroma bilioso se evapore rápidamente y su recuerdo quede en el mejor de los anonimatos.


lunes, 15 de febrero de 2016

Abraham Coco

Isabel Bernardo firma en el libro de la Tertulia el pasado sábado | Fotografía: Pablo de la Peña

15 de febrero de 2016

Un nuevo ejemplar de la revista Pasión en Salamanca, el número 23, está en camino. Ahí anda el maquetador maquetando, el director dirigiendo y, por tanto, resoplando (del suspiro al ladrido) y todo un equipo equipando, lo que quiere decir buscando el dinero necesario para imprimir y alentando que sus páginas se llenen de buen contenido.

Reflexionaba a principios de este mes Alfonso Armada, director de ABC Cultural, sobre Para qué sirve un suplemento cultural. Sin ánimo de emularlo, en este tiempo de esfuerzos, de revistas hechas en la distancia que actúan como ancla a la tierra en la que no se pace, me preguntaba para qué sirve una revista cultural de Semana Santa y si tienen sentido los desvelos con lo fácil que sería, mucho más, no publicarla. ¿Dolería?

Sirve, claro que sirve. ¿Tiene que servir? Para mirarnos en el espejo y vernos reflejados, porque lo que decimos (y lo que no) y cómo lo decimos nos hace y nos identifica. Para interrogarnos. "¿Y si…?". Para pensar sobre cuestiones sobre las que nunca habríamos pensado; para conocer detalles de escritores a los que posiblemente jamás leeremos y saber que existen cantos populares que probablemente no aprenderemos; para volver la vista al arte sobre el que siempre habíamos pasado de largo; para poder escribir lo que, a viva voz, no se sabría expresar o expresaríamos con riesgo de que no se entendiera.

Para llenar cajas en las mudanzas y recordarnos aquello que nos interpela, y poder tocar así la Semana Santa que en realidad es un suspiro que se escapa, que apenas dura y que una revista cultural cofrade embalsama para disfrutarla todo el año, en pequeñas dosis de interés, en atracones de nostalgia, en sobremesas sin siesta, en noches en vela. Para decir "¡eh, estamos vivos! Anunciémoslo" intramuros y tan extra como nos dejen. Porque las buenas noticias tienen que ser a-nunciadas y las injustas, de-nunciadas.

Para los sentidos. Lo decía en la presentación del número 19 de Pasión en Salamanca en 2012 Fructuoso Mangas: "Esta criatura huele a limpio, a tinta reciente, a cosa rica, a hondo perfume total más allá de su sencilla apariencia…". Y a limpio huelen los cuentos nuevos o las investigaciones que apuntan hipótesis sobre las manos anónimas que sacaron de la madera nuestras devociones. Pronto llegará una muy novedosa.

Para evocar y acercar ideas y personas, muchas de las cuales de otro modo no se aproximarían a esta celebración. Sirve para crecer, para remar y completar el museo de iniciativas dirigidas, en palabras de Tomás González en un reciente artículo, a "formar cofrades, reformar cofradías". Sirve, como apuntó Isabel Bernardo al desgranar los contenidos del ejemplar de 2015, para "abrir las puertas a una infinidad de preguntas y detalles que se hacen necesarios para comprender el significado de este Misterio".

O para andar, en un recorrido, indicó Félix Torres en su presentación de 2013, "con tramos intermedios para deleitarnos […] disfrutando mientras aprendemos, pues hay textos para aprender; disfrutando mientras meditamos, pues hay textos para pensar; disfrutando con los textos que hay para disfrutar y disfrutando al sentirnos cofrades".

Sirve, porque lo contrario es el silencio. Y eso, en este caso, sí que no sirve.


jueves, 15 de octubre de 2015

J. M. Ferreira Cunquero

Sería bueno contar aquellas anécdotas que por curiosas e irrepetibles, no debían perderse"

15 de octubre de 2015

Hace tiempo publicaba en El Adelanto, cuando don Enrique de Sena sabia y felizmente lo dirigía, un artículo en el que reivindicaba la necesidad de establecer en nuestra Semana Santa una comisión artístico-religiosa con el suficiente poder coactivo para poner freno a las variopintas innovaciones, que vía ocurrencia se iban colando en algunas procesiones.

Ya no viene a cuento recordar aquellas situaciones cómicas que fueron presididas por la ingenuidad, ya que siempre dimos por hecho que nadie actúa a conciencia contra la cofradía que ama. Incluso en mi propia hermandad, algún año se cometió el desliz de enaltecer el capricho personal, como si en él se fundamentase el espíritu de aquella esperanza ilusionante, que movió y reunió a aquella impresionante chavalería de los setenta al otro lado del río. Pero ya digo, mejor dejarlo todo para ese libro que algún día se publicará bajo el título tontos de caperuza, pues el de tontos de capirote, de forma muy acertada, ya vio con notable éxito la luz en Sevilla hace años.

Eso sí, me pregunto si aquí, que de tanto mirar al sur ya padecemos una tortícolis crónica de padre y señor mío, seremos capaces de mofarnos de nosotros mismos, como con tanta gracia y cachondeo lo hacen a orillas del Guadalquivir, los acólitos y capillitas que mueven por la ciudad hispalense el cotarro. Ya veremos si esto cuando se ponga a prueba levanta cirios o repica campanas en las torres de la tontería universal, donde los doctos emperadores del chismorreo sientan cátedra, dando clase entre los suyos.

Alguien más documentado que este pobre escribidor en destripar los entresijos de la Semana Santa procesional me decía hace unos años, en una juerga nocturna, después de haber regado con vino las hortalizas venosas, que sería bueno contar aquellas anécdotas que por curiosas e irrepetibles, no debían perderse. Eso sí, apostillaba con cierta seriedad, después de habernos reído con ganas, que el que ose escribir la historia de los gazapos semanasanteros salmantinos, ya puede comprarse en rebajas un kilo de bosque para poder perderse. Y es que seguramente de lo andaluz, solo elegimos de la carta el postre, por aquello de que la guarnición de los otros platos, entre los que el carácter y la gracia son indispensables condimentos, a nosotros nos aviva el bobalicón reflujo que nos desnuda.
Ya dijo un ilustre catedrático de la Pontificia, en el Aula Magna, que una procesión esconde en el corazón de su marcha, muchos más elementos de los que percibimos con la vista o el orejamen.  Las raíces parece ser que hundidas en la tierra del alma, aunque a simple vista no no las distingamos, están ahí moviendo la magia del fruto en el árbol

Y viene a cuento recordar estas cosas por si a algún miembro de la mocedad cuarentona le da un repente y se mete en faena, pues ese libro, creo, se lo merece una Semana Santa como la salmantina, ya que aquí, los dimes y diretes con todo el anecdotario pesando en la chepa de nuestra historia, seguramente den para rellenar una larga y divertida enciclopedia.

Por cierto, cuando se publiquen estas letras estaré descubriendo las interesantes tallas que forman parte de la Semana Santa de los pueblos andaluces. La Semana Santa que, por desconocida, me ha descubierto desde hace muchos años las imágenes de la emoción que, en la época otoñal, mansamente en silencio, posan en los templos su hermosura.


jueves, 9 de julio de 2015

Abraham Coco

Los periodistas Ángel Benito y Eva Cañas, en el vía crucis de Nuestro Padre Jesús de la Pasión hace algunos años

09 de julio de 2015

Me sucedió hace pocos meses. El entrevistado me esperaba en la Quintana y casi se echó a temblar al verme aparecer. "Qué joven", repitió hasta en tres ocasiones. A las reticencias que el deterioro intelectual del oficio (del laboral no hablamos) suele generar, se sumaba el lastre generacional y el sambenito de la Logse. Así que la charla hubo que hacerla con tiento –con más tiento– hasta vencer las reservas de ese profesor que acababa de publicar el estudio del diario inédito de un peregrino del siglo XVII.

No puedo hablar del menoscabo del periodismo –como de otras tantas profesiones– porque cuando lo conocí ya empezaba a ajarse. Y, sin embargo, en la ciudad de Salamanca, cuando cerraban dos de sus tres cabeceras impresas, ya despuntaba en la Semana Santa el compromiso y el buen hacer de un par de  redactores noveles, emperrados en desterrar el copia y pega de las viejas guías procesionales de las que –cuentan sus autores– había quien repetía año tras año incluso sus imprecisiones.

El título del artículo me lo sirvió Marta, sevillana y periodista, al fotografiar en una marquesina los programas "superiores" de la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio hispalense. En la oferta de diseño gráfico, estilismos y moda, contabilidad o recursos humanos había también cursos de "periodismo cofrade" con "facilidades de pago, becas del 50 y el 30 por ciento y tres meses de prácticas en empresas". Marta le ponía al asunto el retintín y la pesadumbre de quien disiente de la actitud del compadre.

Pensé yo entonces que Ángel y Eva seguro que han tenido que hacer un curso de esos. Incluso que se han tenido que matricular, a la fuerza, en varias ocasiones. Qué digo. Benito y Cañas puede que –no me lo hayan confesado por vergüenza– sean ya enseñantes de la cosa cofrade, en la que tienen tablas a pesar de ser dos treintañeros.

Me insistieron en que para ser buen periodista había que ser humilde, curioso y buena gente, cualidades que ambos cultivan con generosidad. Pero el tema no iba de elogios y sonrojos –o un poco sí– sino de la reivindicación necesaria que de ellos traigo aquí, como profesionales de lo suyo con toda una vida por delante –así lo quieran Nuestro Padre Jesús del Vía Crucis y el Cristo del Amor y de la Paz– para aportar lo mejor que tienen a la Semana Santa. Así como un bordador o un ebanista entregan sus aptitudes a la dignificación de ornamentos, Ángel y Eva lo hacen desde aquello que mejor saben.

Aunque algunos les antecedieran, sus carreras se diluyeron en otros campos que de una u otra forma terminaron por anteponerse a la Semana Santa. Aunque algunos se aplicaran ocasionalmente bien antes que ellos, en Ángel y Eva late una pasión que va más allá de la nómina, más si cabe cuando en el caso de esta vallisoletana de Salamanca (no tendremos ningún “gregorio” en la calle, pero les quitamos esta buena pieza) se hace de forma altruista. Y aunque también algunos concurren hoy con ganas e interés, en Ángel y Eva se reconocen algunas características que les continúan diferenciando del resto.

En el haber de él, con su sonrisa afable, siempre comedido para saber moverse en las trincheras cofrades, se da el olfato de lo noticioso y ha convertido en cotidiana la presencia de la Semana Santa en las páginas de "La Gaceta", lo que a su vez supone un acicate para otros medios. En el de ella, con su bondad innata, su no entender por qué sembrar discordias en los consensos, está el haber tomado las riendas de "Christus" para darle un criterio profesional, una idea de revista que, estoy convencido, hará que los cuatro números engendrados hasta ahora se vean en el futuro como cuatro ensayos imprescindibles para parir una publicación colosal que llegará con más arropo de todos.

No es fácil que en una ciudad como Salamanca, donde la Semana Santa es una más de otras tantas áreas temáticas, destaquen en una misma época dos periodistas, defensores además de la celebración y que incluso conocen algunas de sus cloacas más hediondas y las han callado ante el escándalo que de ellas podría haberse generado en el exterior.

Supongo que en esos cursos de periodismo cofrade enseñarán que es delito –de los que la Fiscalía no deja archivar– llamar al Cristo de uno con el apellido de otro y que se pena con prisión permanente revisable si el error afecta a agrupaciones musicales. Todo lo demás, y encima de gorra, se puede aprender al lado de Ángel Benito y Eva Cañas.


jueves, 28 de mayo de 2015

Abraham Coco
Las necesidades de comunicación en las cofradías de hoy era irrelevantes años atrás | Fotografía: Pablo de la Peña

28 de mayo de 2015

Que comunicar es perentorio en las cofradías hoy lo escribimos hace un mes. Nos centramos entonces en el cómo y en por qué es imprescindible que la vida de nuestras hermandades discurra también por los cauces abiertos por las nuevas tecnologías. Y añadíamos que tiempo habría para repensar aspectos como el uso de webs o redes sociales.

Podemos comenzar por un análisis cuantitativo. Las dieciséis corporaciones penitenciales que forman parte de la Junta de Cofradías tienen presencia en internet bien sea a través de un portal propio, de un blog o de perfiles en Twitter, Facebook, YouTube e incluso Instagram. La creación de ssantasalamanca.com a cargo de Miriam Labrador en febrero de 2012 fue el acicate definitivo para que las cofradías dieran el paso y comenzaran a perder el miedo a esa participación digital activa. Es cierto que las primeras webs de hermandades surgieron tiempo antes, pero no con esa conciencia de comunidad online que la constancia informativa del citado estímulo ha conseguido configurar.

Los canales mencionados vendrían a sumarse a los ya comentados en el anterior artículo, email o newsletter, pero en ningún caso a sustituirlos. Una web o una cuenta en las redes sociales añade una vía de contacto para el cofrade y configura otra principal como escaparate y fórmula de contacto para el resto de la ciudadanía, miembros o no de otras hermandades, y para los posibles visitantes. No quiere decir esto que las cofradías deban ser las encargadas de fomentar el turismo de Semana Santa, pero sí ser las primeras en la configuración de un relato: qué somos, qué hacemos, por qué lo hacemos, cuál es nuestro patrimonio... Y otras funciones de servicio: desde cómo puedo inscribirme a qué horarios de cultos en sus templos o de atención en sus sedes sociales. Infinitas posibilidades.

Y hasta aquí la cantidad, como decimos, abundante. Pero no debemos perder nunca de vista la calidad. La necesidad acuciante de hacerlo mañana mejor que hoy. En ese mismo repaso por las webs de nuestras hermandades, observamos algunos casos —los menos— que por su formato antediluviano y su actualización remota, casi no deben ser consideradas. Podría establecerse otro grupo que creyó cumplir el objetivo con la puesta en marcha de la página y después se olvidó de ella o, si acaso, la recuerdan a pocas semanas del Domingo de Ramos. Es de justicia reconocer que existe otro puñado, al menos un tercio del total, constantes e interesadas por su espacio en internet.

En cuanto a las redes sociales, son minoría las que no cuentan con perfil, pero mayoría las mudas o cuanto menos tímidas más allá de los meses de febrero, marzo y abril. Las hay cuyo último tuit data de la cuaresma, más de dos meses atrás; otras, del día de su procesión o de las semanas posteriores y, de nuevo, un selecto grupo que se mantiene tras la Pascua. Como ya escribimos y repetimos ahora, "es cierto que esta época de lo inmediato eleva el nivel de exigencia y de tiempo libre disponible para cumplir estas funciones", pero "también cabe cuestionar la adaptación de las estructuras de las juntas de gobierno, en cuyas listas se echa de menos un vocal de comunicación".

Realizado este repaso, y es aquí donde queríamos llegar, uno se pregunta si en esta ingente labor —irrelevante en las hermandades de decenios anteriores— no será precisa una ayuda al desarrollo cofradiero online. ¿Se puede fiar todo a que una hermandad cuente entre sus filas con un manitas de la tecnología capaz de configurar una página web sin que el coste se dispare? ¿Se puede fiar todo a la buena voluntad de un hermano que se ofrece a gestionar las redes sociales aunque pueda terminar confundiendo el tono con el propio de una cuenta personal? ¿No será que, de la misma forma que se vio imprescindible dar formación litúrgica o de cuestiones relativas a la conservación y restauración de imágenes, aspecto este último en el que tanto se ha concienciado y mejorado, así también son precisos talleres donde se den nociones básicas de algunos de los temas aquí mencionados? Si las instituciones o empresas dan tanta importancia a la figura del community manager, ¿no sería bueno instruir sobre cómo sacar el máximo partido a su utilidad y no cometer deslices? Vamos más allá: ¿no habría sido bueno —o aún lo es, estamos a tiempo— de contratar a través de la Junta de Cofradías una plataforma marco para crear webs que pusiera las cosas más fáciles a las congregaciones y representara una inversión económica asumible en conjunto? Del mismo modo que se proponen sesiones sobre arte belenista, ¿no se antojan también relevantes otras sobre los ámbitos aquí enumerados?

Todas estas consideraciones sobre el entorno digital podrían aplicarse a cuestiones de la comunicación tradicional en papel como los boletines, su maquetación o planteamiento. En el capítulo sobre publicaciones del libro Arte y cultura en la Semana Santa salmantina, Fernando Benito Martín da un somero rapapolvo a las cofradías por la arbitrariedad o la falta de rigor en el tratamiento de determinados detalles como la ausencia del ISSN o el Depósito Legal en una revista periódica. En favor de ellas, planteo ahora lo siguiente: ¿alguien se ha preocupado de explicarles por qué esto es tan importante? Como en todo lo comentado, todavía estamos a tiempo a hacerlo. Por si lo habíamos olvidado, el espíritu que impulsa estas iniciativas es el de la evangelización, que ha de adaptarse a la realidad cambiante.


lunes, 18 de mayo de 2015

J. M. Ferreira Cunquero

pasionensalamanca.com sigue la exigencia de Rodríguez Pascual a la Tertulia poco antes de morir | Fotografía: J. F. Santos

18 de mayo de 2015

Poco antes de morir Francisco Rodríguez Pascual (aquel sacerdote amigo, que fuera gran defensor de la Semana Santa cofradiera, como experto y reconocido antropólogo), de forma muy seria y contundente, más que pedirnos, exigía a los miembros de la Tertulia Cofrade Pasión (de la que él formaba parte) exponer de forma pública y abierta nuestro propio debate interno para generar la discusión, que debe enriquecer, desde la expresión libre, el contexto intelectual de la Semana Santa.

Al crear pasionensalamanca.com hemos descubierto (para sorpresa nuestra) que nuestro amigo, siempre recordado, tenía razón. Las visitas que genera nuestra página son profusas, y las mismas se efectúan desde diversos puntos del país, generando en quienes la hacemos posible el afianzamiento de este compromiso con la libertad de opinión que desde siempre ha preconizado nuestra Tertulia, sin ningún género de cortapisas o censuras.

De entrada es un éxito total, que ni hartos de complacencia podíamos suponer cuando poníamos en marcha este proyecto, al que se van sumando firmas de contrastado prestigio como aval de que nuestro espíritu abierto al diálogo y a la concordia van más allá de una simple cuestión programática de apariencias superfluas.

El debate y la controversia irán despejando el camino de esta aventura, que se va asentando como novedosa plataforma de opinión, en la que de forma personal (como no puede ser de otra manera) seguirán desgranándose todo tipo de temáticas que tengan que ver con esa Semana Santa abierta y popular, sobre la que nadie, absolutamente nadie, tiene patente de corso para poner cerco a la libertad de expresión bajo la que siempre va a buscar amparo nuestro propósito.

El debate con argumentos, desde el sentido común, será la ruta que marque el camino. Por tal causa, los chismorreos de esquina y los estornudos bazofios de corral, propios de la comedia del guirigay, en este patio de vecindad no interesan. Aquí sólo tiene sitio la palabra y la discusión abierta entre cristianos, que no obvian la mirada de frente para decir con verdad lo que se piensa o anhela. Lo demás -ya digo- a estas alturas sólo debe tener el espacio propio de la cutrería que empacha rancios empecinamientos que sólo buscan sembrar la discordia y el odio.

Faltaría más que alguien pueda creer que el anonimato o la multiplicación de la tontería nacional, envasada en las redes sociales como escudo, vayan a conseguir lo que no fueron capaces, en tiempos más complicados que estos, gallos de corral con más pico.

Las opiniones que se vierten en este espacio de ninguna forma tratan de establecer ningún parámetro de verdad absoluta. No creo que nadie venga a juzgar, menospreciando lo que se hace con buena voluntad por parte de las cofradías o los distintos grupos, que cerca de estas tratan de contribuir al ensalzamiento, conservación o difusión de la Semana Santa procesional. La discrepancia que ha saneado desde siempre la convivencia no sólo es admitida por quienes escribimos en este lugar abierto, sino que es necesaria e imprescindible para mantener vivo el debate sobre algo que no pertenece en exclusividad a nadie.

Todo lo demás, fuera de ese contexto, es traca charanguera que a un servidor le importa un carajo…


jueves, 12 de marzo de 2015

Abraham Coco

Los papeles se acumulan estos días en la mesa de Eva Cañas, directora de la revista Christus

12 de marzo de 2015

Apáticos, dejamos que un periódico centenario se nos escurriera de las manos y cuando quisimos darnos cuenta, sus últimas páginas se habían ido por el sumidero. El cierre de El Adelanto suponía sin duda un atraso. Uno más de los tantos que la crisis económica –y lo que con ella, de paso, nos intentan rebañar y lo consiguen– nos dejará. Esta escena nos permite enmarcar otras mermas que los cofrades venimos sufriendo sin esquelas y que supone también una notable pérdida en la vida anual de nuestras hermandades: la progresiva desaparición, con aparente indiferencia, de no pocos boletines y revistas.

El editorial de 2007 de Pasión en Salamanca se felicitaba por su auge. En aquella fecha, cuando todavía no habían quebrado las cajas de ahorros y con ellas su obra social, casi la mitad de las cofradías contaban con una publicación anual que servía de cauce de comunicación y perpetuaba la memoria de lo que vivían como colectivo. De su relevancia y función da buena cuenta Fernando Benito Martín en el extraordinario repaso que efectuó en el libro Arte y cultura en la Semana Santa salmantina.

Casi una década después, el escenario se ha invertido. No sólo no ha aumentado la lista, sino que la mayoría no ha logrado consolidarse y ha desaparecido. Tampoco se han recuperado otras que llegaron a tener una periodicidad trimestral. En estos momentos, sólo tres hermandades siguen adelante con sus revistas. Se trata de Cruz de Guía, Lignum Crucis y Soledad. Sí ha mostrado su intención Jesús Despojado con Décima estación, aunque el propósito no ha llegado a materializarse en una publicación periódica e impresa. Por el camino, asimismo, se han quedado publicaciones editadas desde el asociacionismo cultural como Senatus y, sobre todo, Rincón Cofrade.

Es indudable que el ocaso de Caja Duero guarda relación con esta cuestión, pero no sólo. En la propia Tertulia asumimos, en un ejercicio de autocrítica, que también nosotros hemos reducido el alto nivel editor realizado tiempo atrás que nos llevó a conformar una librería con una docena de títulos. Sin duda la escasez de financiación está provocando que, los pocos que sobrevivimos, lo hagamos con malabarismos y sólo gracias a la generosidad de un puñado de empresas que se mantienen como anunciantes bien sea por amistad, porque creen en el proyecto o por ambos supuestos a la vez.

No se puede obviar, igualmente, que la expansión de internet y el auge de las redes sociales posibilita valiosísimas formas de comunicación en la Semana Santa cuyo potencial está sabiendo utilizar un buen número de hermandades salmantinas. Pero debemos entenderlo como complementario, en ningún caso como sustitutivo.

Uno es periodista y se junta con periodistas que tienen la mala costumbre de hablar de periodismo. Nos lamemos las heridas entre gimoteos y exabruptos contra el que manda y ejercemos de gurús sobre el fin de la prensa escrita en sus diferentes modalidades, una muerte en la que no creo. O al menos me resisto a creer. Uno además es cofrade y el rito es más o menos el mismo, aunque con capirote. Por eso me preocupa que al igual que, con indolencia, dejamos que apuntillaran al diario decano de la capital y casi ni lo lamentamos, así también estemos dejando perder nuestros boletines, que son una exquisita e ilusionante manera de llamar a nuestra puerta (al menos) cada cuaresma.


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