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miércoles, 10 de junio de 2020

Pedro Martín

Procesión del Corpus, a su salida de la Catedral Nueva, el pasado año | Fotografía: Pablo de la Peña

10 de junio de 2020

Ya han pasado casi tres meses desde que todo se paralizó, también en nuestra Iglesia diocesana y cofradías, y salvo contadas excepciones especialmente en Semana Santa, parece que esa parálisis se ha adueñado de nosotros, incluso hasta el punto de tener miedo a reanudar nuestra vida de Iglesia en la medida que nuestras posibilidades y las que nos ofrece la fase de desescalada en la que estamos nos lo permitan sin poner en riesgo la salud individual y/o colectiva.

No sabemos nada de la mayoría de las cofradías, bien es verdad que habitualmente resucitan en cuaresma y mueren en pascua, por lo que alguna este año no llegó ni a resucitar.

No sabemos nada de la Junta de Semana Santa, más allá de alguna declaración de su presidente, en año de elecciones, o no, habrá que aclararlo. O se hace la convocatoria o se pide, dadas las circunstancias excepcionales, continuar un año más para terminar el ciclo como a mi juicio merece José Adrián Cornejo. Esta es una opinión personal, que además pasa por la petición del presidente al Obispo, o que por iniciativa del mismo al no ver conveniente la convocatoria en este momento. De una forma o de otra, debemos salir de la incertidumbre.

No tenemos iniciativas que suplan la falta de fieles en nuestras iglesias, que unos por miedo, especialmente los mayores, y otros por vete a saber tú, el caso es que no se cubre ni el aforo reducido a un tercio y desde esta semana a la mitad. Sin duda, hay que atender a los que se quedan en casa.

No podemos celebrar culto externo, tan propio de nuestro sentir cofrade. Sin duda debe imperar la responsabilidad, que parece se olvida en otras "manifestaciones" permitidas o toleradas.

Y esto último viene a cuento de la semana en la que estamos, con la celebración de la festividad del Corpus. Este año será sin duda muy diferente, pero Corpus habrá. Lo que no me parece ni medio normal, es que nuestro Cabildo Catedralicio, organizador por delegación de nuestro obispo, mutile este año hasta límites insospechados dicha festividad, prescindiendo no ya de un programa como el de años anteriores que con mucho esfuerzo se consiguió sacar adelante y que parecía, aún con defectos y muchas dificultades, casi consolidado. Pero optar por lo mínimo, qué digo mínimo, por debajo de lo exigido en la liturgia… Porque la procesión del Corpus, ya sabemos, es una de las pocas procesiones litúrgicas, por lo que debe realizarse. Y este año, en nuestra ciudad, a mi juicio prescindiendo de lo imprescindible, no habrá procesión del Corpus, ni por el exterior, que no está permitido, ni por las naves de la catedral o el claustro, que si se podría organizándola bien y respetando las normas, tal como se hará en la mayoría de las diócesis.

Fuimos de los últimos en cerrar las Iglesias al culto, seremos de los últimos en volver a la "nueva normalidad", pero eso no justifica que no hagamos nada, ¿desescalada o parálisis?


viernes, 17 de enero de 2020

Félix Torres



17 de enero de 2020

En este inmediato fin de semana, correspondiente al segundo de los del Tiempo Ordinario, algunos cofrades salmantinos preocupados por el futuro de esta actividad piadosa y también, seguramente, por el de sus diferentes asociaciones, van a ser los primeros en participar, si quiera indirectamente, en el desarrollo de la nueva normativa diocesana que, aprobada por nuestro obispo Carlos el pasado 28 de junio, estaba a la espera de ese empujón que diera impulso a lo que a partir de ahora –aunque quizá debiera llevar ya algún tiempo– deberá rodar por su propia inercia entre cofrades y cofradías como bien necesario para todos.

Comienza el comentado, en algún caso con irónico escepticismo de quienes se ven por encima de raseros, "Curso Formativo para Cofrades" que cumple con lo contemplado en el artículo 49 de estas Normas que a todos deben importarnos. Sea, pues, bienvenido este curso, "pistoletazo" de salida que espero no se afogone aún recién nacido.

Son varios, bastantes diría yo a la luz de los datos, quienes por interés o necesidad, como decía, han confirmado su asistencia a esta actividad diocesana impulsada por la Coordinadora de Cofradías en la que darán cumplida cuenta del programa que para ello se ha diseñado y, por supuesto, obtendrán el certificado que acredite su idoneidad para el acceso a cargos directivos de cofradías, hermandades y congregaciones. Vamos, lo que sería un quid pro quo de andar por casa.

Digo que atenderán al programa y,… ¡ahí quería quedarme yo remoloneando un ratito! Porque me ha llegado el programa –imagino que como a casi todos los que suelen interesarse por este tipo de comunicados–, que no todo han de ser citaciones con calendarios para los ensayos de carga o convocatorias de cabildos y asambleas ordinarias. Y he leído el programa. Y he recordado (bueno, he tenido que irme a leer las Normas en ese coqueto librillo impreso que nos han enviado a las sedes de las cofradías) que en su artículo 48, ese que habla de la formación básica del cofrade –digo "formación básica cristiana"– entendiendo por tal la que lleva al conocimiento y aceptación de los fundamentos del catolicismo en la doctrina, liturgia, Sagrada Escritura, organización y estructura de la Iglesia, así como otros aspectos elementales de la espiritualidad y praxis cristiana, ya está recogido prácticamente el cuarenta por ciento, si no más, de lo que se ofrece en dicho Curso Formativo. Que digo yo que, dado que quienes acceden al "superior" deben traerse el "básico" de casa, estas materias serán convalidadas sin más. ¿O no? Porque, seguro que si yo hubiese diseñado el programa de este Curso no habría propuesto "asignaturas" tan cofrades como "la indumentaria y su significado para el penitente" o "la imprescindible relación del exorno floral con los tiempos litúrgicos" o "el color de la cera en función de la Función", por poner algunos ejemplos. Pero sí que hubiese hecho hincapié en aspectos cofrades que a todo buen dirigente se le deben dar por supuestos y aprobados. Sí, como esos "aspectos jurídicos y administrativos de las cofradías" que impartirá, magistralmente por supuesto, Raúl Román, pero ampliado a esas "cosillas" que todos los que han llevado las riendas de una cofradía saben que son necesarias y que hasta ahora se heredaban en tradición oral de hermano mayor a hermano mayor o de tesorero a tesorero. Son cosas de gestión simple, del día a día, de relaciones entre unos y otros, de uso de la mano izquierda en piques y disputas, de roces y desgastes entre cofrades y cofradías, que no digo sean de dependencia diocesana en su labor pastoral pero que deberían formar parte de las materias que deberían figurar como superadas adecuadamente en el certificado que se expidiese a quienes completan el Curso.

Ahora bien, como la experiencia dice que quizá de esas cosas sepa más el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, creo que debo volver al párrafo anterior y, desdiciéndome de lo que he dicho que entiendo por básico o superior, contemplar positivamente el programa del Curso de Formación, desde la "acogida" de la mañana del sábado hasta la Santa Misa de la media tarde del domingo, verlo como necesario en cada una de sus cinco sesiones teóricas –garantizadas por la categoría de los ponentes Tomás González, Raúl Román, Fr. Miguel Ángel Aguado, Francisco Javier Blázquez y Álvaro Gómez en los temas de su incumbencia– y desear que todos los asistentes cumplan los objetivos del curso con aprovechamiento y que todo ello sea para bien. Para mucho bien.
Eso sí, por ir terminando, también es mi deseo que tanto el Curso como, sobre todo, las Normas que lo rigen no queden, como ya dije, en flor de un día y seamos unos cuantos los que lleguemos a echar de menos lo que debió ser y no fue. Es mi deseo. Digo.


jueves, 19 de diciembre de 2019

Félix Torres

En primer plano, José Luis García Moyano, nuevo consiliario general para las cofradías | Foto: Pablo de la Peña

18 de diciembre de 2019

Aún no hace un par de días que hizo su presentación en sociedad el nuevo –flamante diría yo–consiliario general para las cofradías, el Muy Ilustre Señor canónigo don José Luis Sánchez Moyano.

Tras un periodo, largo periodo, en el que ha estado desempeñando su cargo por designación in pectore o por relajación diocesana, finalmente pudo salir a la palestra con su nombramiento formalizado, signado y rubricado. Y lo ha hecho aprovechando la también presentación en sociedad de esas Normas Diocesanas para las Cofradías que tras larga preñez, y concebidas durante aquella Asamblea de renovación misionera de la Diócesis de Salamanca convocada mediado el año 2015, han visto la luz con la confianza de casi todos en que no sea el parto de los montes.

Así pues, vienen de la mano las Normas y quien va a tener que velar, al menos de forma visible, por su aplicación. Se nos presentan al tiempo y confiamos en su perdurabilidad. De ambos dos.

De las Normas poco más que decir que no haya sido dicho. Aunque no está de más insistir en que su aplicación, sin cortapisas ni variados raseros, sea para el bien de cuantos formamos parte de esta pequeña aldea diocesana que son las cofradías y su tantas veces denostada piedad popular. Que todos somos conscientes de que hay situaciones que están necesitando la regulación inmediata por aplicación de este texto legal para ver si con ello se encuentran soluciones, se arreglan las cosas y se demuestra que el trabajo de quienes fueron comisionados para la redacción de capítulos y artículos no fue vano. Que hay cofradías y hermandades que están pidiendo a gritos la aplicación de estas Normas como posible vía de solución de problemas de variable calado pero todos ellos más o menos enquistados y sin visos de solución sencilla.

Ha servido también esta presentación de Normas y consiliario para, enmarcado en el programa de pastoral cofrade para este curso, abrir el plazo de inscripción en el "curso formativo para dirigentes de cofradías" abierto a cuantos cofrades manifiesten su interés y requisito impuesto por las Normas para acceder a determinados puestos directivos en las cofradías. Sé de comentarios escépticos hacia esta novedad para nuestros dirigentes –presentes y futuros–, pero sé también que nada nuevo se asienta con completa anuencia en el momento de su implantación y que necesita un recorrido, azaroso en sus inicios, para que el escepticismo se vaya tornando consenso y consentimiento, sobre todo si se demuestra la validez de la propuesta. Y el curso nace apremiando, pues será mediado el mes de enero cuando tenga lugar. Seguro que no somos muchos los interesados (no sé si algunos que ya han ostentado cargo estarían obligados de cara al futuro o si la experiencia adquirida se reconoce en el currículo), pero por pocos que sean los alumnos no debe renunciarse a su impartición y así, poco a poco, y con un programa adecuado, borrar del recuerdo otros cursos cofrades de trayectoria descendente según avanzaron las ediciones.

Pero, y vuelvo a mi entradilla o primer párrafo, el motivo de este texto es la confirmación social de José Luis, ese que no deja de ser párroco de San Pedro en Tejares por muchos cargos que le lluevan, como el interlocutor necesario entre la diócesis y sus cofradías. Una confirmación esperada por muchos y que, por poco que haga (y sé que lo hará porque así lo demuestra), superará a quienes le precedieron en tiempos cercanos o más remotos. Porque José Luis es un cura comprometido para estos compromisos, en los que, aunque sólo sea por su afabilidad, será un interlocutor apreciado.

Eso sí, no nos quedemos en lisonjas y parabienes, que lo que hay por delante es un camino árido y con los tojos apuntando a cualquiera que se adentre a recorrerlo. Que hay cofradías y hermandades e incluso congregaciones que están pidiendo, unas a gritos y otras con un poco más de calma, que alguien –la diócesis– les eche una mano en unos problemas que se les vienen encima, que provocarán casi seguros roces entre cofrades y cofradías y que se les escapan de las manos por motivos que no soy quien para juzgar. Seguro que las Normas, correctamente aplicadas por José Luis como cabeza visible de un equipo, que seguro pronto conoceremos, pueden servir para ayudar a quienes ahora se ven con el agua al cuello. Seguro que las Normas pueden servir para que nuestras cofradías puedan vivir tiempos mejores.

Sea pues bienvenido nuestro consiliario general y sean bienvenidas las Normas que nos rijan, para bien, por supuesto.


jueves, 5 de diciembre de 2019

F. Javier Blázquez

El Cristo de los Doctrinos, tras salir de la capilla de la Vera Cruz el Lunes Santo | Fotografía: Javier Barco

04 de diciembre de 2019

Hubo un tiempo en el que las cofradías no interesaban a los curas. Con loables excepciones, que siempre existieron. Pero para la mayoría eran un problema con el que debían convivir y sortear de la mejor manera posible. Luego llegó el aprecio, a medio camino entre la necesidad de llenar bancos vacíos y la impostura auspiciada por el cambio de ciclo finisecular. Cariño por momentos empalagoso, acorde con las directrices procedentes de la curia. Excepciones las hubo, como siempre, porque entre el clero también palpitan los corazones inmensos, sinceros y convencidos, faltaría más.

Estoy confuso. Lo confieso. Escucho el discurso, leo consignas, analizo programas e impresiones y la esperanza me reconforta. Contemplo el entorno, constato realidades. Y sufro. Sufro porque creo firmemente en la validez de estas instituciones en el seno de la Iglesia, pero no tengo la seguridad de que quienes continúan ocupando los niveles superiores, los de siempre y donde siempre, tengan de verdad esa misma convicción.

Dudo. Y la duda es razonable y junto a mí dudan muchos que están comprometidos de verdad en este empeño. Hay ya demasiadas cosas que no se pueden entender. Nuestras cofradías de Semana Santa, con la siempre injusta generalización que deja al margen la excepcionalidad, están hechas unos zorros. Aquí, en esta diócesis que tanto amamos, hace cada uno lo que le viene en gana y nunca pasa nada. La política de hechos consumados da buenos resultados. Nunca pasa nada. Salvo que veladamente se insinúe o amenace con remover aquello que mejor está tapado. Así sucedió, verbigracia, con la posible elección a cargo cofrade de una persona a cuya situación canónica, regular, se le pudiera sacar punta retorciendo interpretaciones. Es el celo por colar el mosquito, justificable de no tragar con el camello. Y qué camellos, Dios, qué camellos. Porque no una, ni dos, ni tres situaciones irregulares con público conocimiento nos estamos tragando y digiriendo sin empacho alguno. Pero no hay escándalo, porque nos hemos puesto la venda sobre los ojos y no lo vemos.

Dudo. Y en la duda me acompañan muchos de los buenos que abandonan y se van, despedidos con la más inhumana y gélida indiferencia tras incontables años de servicio y dedicación. Qué actitud tan obscena y repugnante para una institución que se dice decana en el ejercicio de la caridad. Se van, abatidos y convencidos de que aquí nadie pone orden ante la incoherencia y el cuasi delito. Porque sí, en nuestra pitagórica diócesis las cuentas cofrades son muy oscuras. Que me conste, solo cinco cofradías las presentan ordinariamente ante el obispado. Pero poner el cascabel al gato y exigir que se cumpla lo establecido resulta incómodo. Es más sencillo mirar hacia otro lado mientras se pulsa la tecla que pone en marcha la centrifugadora de la opacidad. Así todo se blanquea, como los calzoncillos de lino que al parecer prescribe la Escritura y tanto nos ocupan estos días. Esas son las devociones que se aprueban. Ay, Señor, tanto blanquear, tanto, tanto… que las sepulturas de mármol blanco, blanquísimo y destellante, solo encierran podredumbre y corrupción.

Dudo, pero por qué dudo si debiera haber razones para la esperanza. Dudo porque quiero demasiado a estas cofradías tan llenas de contradicciones. Y eso no me importa, porque ellas también son signo de contradicción. Va en su esencia. Dudo porque me he implicado y creído que el cambio bien pudiera ser posible. Pero no termina de llegar y, al contrario, los signos de descristianización son terriblemente alarmantes. Ahora el fanatismo trasciende lo pagano y es lo que triunfa. Y en el piso superior callan y callan y el que calla termina por otorgar.

Solo tengo la palabra. Es lo que me queda. Y con la palabra lo vuelvo a denunciar, una vez más, con tristeza, sin ánimo de ofender ni de herir a nadie. Pero es lo que me queda, intentar seguir a Vitoria y hacer mías sus palabras y clamar, no tan bien como él, que se me seque la lengua y las manos si hubiera de decir contra mi conciencia y el humanismo que me inculcaron a la luz del Evangelio.


lunes, 25 de noviembre de 2019

Ángel Benito

Las clarisas de las Úrsulas, en el claustro antes de su salida | Fotografía: Almeida

25 de noviembre de 2019

El anuncio de la salida de las Claras de un convento histórico se suma a los de las Úrsulas con cinco cierres en apenas dos años. El exobispo de Salamanca, Braulio Rodríguez, planteaba la iniciativa en que toda la comunidad parroquial se volcara en ayudar a las religiosas

En un goteo ininterrumpido, los conventos de clausura van echando el cierre en Salamanca. El primero en hacerlo fue el monasterio de las Bernardas; le siguieron las Esclavas del Santísimo Sacramento, las carmelitas de Ledesma, las clarisas de Ciudad Rodrigo y las Úrsulas y el último en anunciar que hace las maletas es el histórico convento de las Claras. El patrimonio material está asegurado gracias a un convenio pionero de la Fundación Edades del Hombre que garantiza la conservación del arte y sobre todo su puesta en valor. Buena noticia, sin duda.

Sin embargo, ¿qué hay del patrimonio humano? Ante la falta de vocaciones, la mayoría de conventos salmantinos se enfrentan a una media de edad elevada con unos gastos superiores a los que pueden asumir con las pensiones mínimas y los escasos ingresos que reciben por pastas y dulces, bordados, elaboración de formas, etcétera. Hay que recordar que al menos una decena de monasterios de clausura salmantinos requieren de la ayuda del Banco de Alimentos para comer. Resulta grave que una parte tan importante de la Iglesia, que mantiene perenne la oración en la clausura, tenga que hacerlo en una situación que requiera la ayuda de organizaciones externas fuera del ámbito católico para sobrevivir.

Por ello, quizás la propuesta que realizó el que fuera obispo de Salamanca, Braulio Rodríguez, pudiera también servir para nuestra diócesis. El ya prelado "en funciones", si se me permite al haber presentado la renuncia al Papa Francisco, planteó a la comunidad diocesana de Toledo la necesidad de que las comunidades parroquiales se volcaran con los monasterios de vida contemplativa ayudando a sus necesidades e implicando a los feligreses en la supervivencia con el proyecto de hermanamiento titulado En un solo corazón. En una carta enviada a la comunidad diocesana lamentaba que "hemos dejado los católicos de Toledo muy solas a las hermanas contemplativas, sin caer en la cuenta del valor que tiene en la Iglesia esa hermosa vocación eclesial". Tras la crítica llegaba la propuesta y pedía a las 273 parroquias "adoptar" a uno de los 37 monasterios de Toledo. Así, mostraba también su denuncia hacia los católicos que solo se preocupan del futuro de los bienes históricos sin pensar en el patrimonio humano que se pierde.

Quizás sería una buena oportunidad para abrir los ojos y tratar de implicar a las comunidades parroquiales también en Salamanca, e incluso a las cofradías, ligadas muchas de ellas a la ya antigua actividad monástica como se ha visto en Vera Cruz, Seráfica y Perdón, las Isabeles con el Cristo Yacente o la relación tan estrecha que unía a Jesús Flagelado con las Claras que ahora se trasladarán al monasterio del Corpus, o la reciente Hermandad Franciscana con las Franciscanas Descalzas. La diócesis debe buscar un medio de implicar a la comunidad católica en la protección de sus bienes más sagrados: el patrimonio humano. Incluso "adoptando" una monja.


lunes, 11 de noviembre de 2019

Pedro Martín

Jesús Nazareno en la plaza Nicomedes Martín de Béjar | Fotografía: i.bejar.com

11 de noviembre de 2019

El tan manido eslogan en estos tiempos electorales que nos toca vivir, sin descanso y sin solución de continuidad, perderá vigencia esta mañana de resaca electoral y será incluso olvidado por nuestros dirigentes políticos hasta la próxima vez (quizá de nuevo más pronto que tarde).

El lector de esta tribuna digital se preguntará si se ha equivocado de enlace o dirección de internet. No, seguimos en pasionensalamanca.com, nuestra revista digital, y me permito una reflexión de la realidad en los pueblos de nuestra provincia y entorno (que no diócesis) a la luz de dos hechos: la reciente tertulia en torno a la Semana Santa de Béjar y mi presencia ayer, como presidente de mesa, en un pequeño pueblecito de las Arribes, lejos de todo y de todos.

Curioso el caso de la localidad bejarana, triste diría yo. La otrora ciudad textil vive ahora una decadencia en todos los sentidos: económico, laboral, social, demográfico, turístico… Y esto se refleja también en su Semana Santa que, aunque ha vivido en los últimos años la fundación de una cofradía, vive horas bajas, como casi todas. Con la peculiaridad de pertenecer a una provincia, la nuestra, pero a otra diócesis, la de Plasencia. Para los que no lo sepan, esta diócesis se extiende desde el sur de nuestra provincia hasta la localidad de Don Benito, en Badajoz. En una diócesis tan inmensa y disgregada, Béjar es una pequeña gotita de agua en el balde extremeño. Y por ende, las cofradías bejaranas no tienen ningún peso en la vida y organigrama de la diócesis placentina, aunque nos consta que la relación con el clero diocesano es buena, muy buena. Tampoco parece que la diócesis mire mucho al norte, en ninguno de los sentidos, el "apéndice salmantino" es eso, un "apéndice".

Miro ahora al oeste salmantino que nos separa de Portugal, lindando con el Duero. Las "incomunicaciones" hacen que la relación con los vecinos portugueses, en aquella zona, sea casi imposible.

Primer dato. De los censados, más de la mitad ya no vive en el pueblo. La España vacía lo está mucho más de lo que dicen los números. Pero vamos a lo que nos interesa, que no me quiero meter en política, y veamos la situación que se vive en los pueblos desde el punto de vista religioso, con escasez de sacerdotes y de feligreses.

Y no es la mejor, la verdad, nadie llegó a votar después de misa como era costumbre, ya que ayer no había. La última eucaristía dominical fue hace tres semanas, pues se celebra cada quince días, alternando sábado y domingo, sin saber en muchas ocasiones si se cambia el día o no. Y lo más preocupante, es el único servicio que se da. Veinte minutos cada quince días. Pobre, muy pobre. Aun entendiendo que se tenga que dar servicio a siete pueblos, no parece mucho, la verdad.

Pensaba yo, ayer, qué poco nos interesa a toda la sociedad actual, civil, política o religiosa, la situación de los pueblos, grandes o pequeños,. las pequeñas parroquias o las cofradías y "semanas santas" de "no interés"…

No interesa. No podemos asumir su cuidado pastoral adecuado, no es cómodo, no es rentable.

No sé la respuesta, la verdad Lo que sí sé es que son fieles cristianos que necesitan sentirse Iglesia, sentirse parte de la comunidad diocesana a la que pertenecen, aunque estén a cien kilómetros de su obispo y este resida en otra provincia y comunidad.

Quizá habría que acuñar un nuevo término y empezar a utilizarlo, pero no para hacer campaña como nuestros políticos, sino para atender y dar solución a los problemas que plantea la "Iglesia vaciada" del mundo rural.


miércoles, 9 de octubre de 2019

Tomás González Blázquez

La diócesis de Salamanca recibió la conmovedora Cruz de Lampedusa en el arranque del curso pastoral | Foto: Óscar García

09 de octubre de 2019

Salamanca acaba de despedir, en el arranque del curso pastoral diocesano y en pleno mes misionero extraordinario para toda la Iglesia, la presencia conmovedora de la Cruz de Lampedusa, la que tiene por materia la madera pobre de una embarcación naufragada allí donde África toca Europa con los dedos y a menudo se hunde y muere en el intento. Su peregrinaje, alentado por el papa Francisco, nos insiste en la íntima relación del drama de los migrantes con la Muerte de Cristo en otra madera pobre hace casi dos mil años.

Es el de la Cruz un signo poderoso en su sencillez geométrica, con "sus brazos en abrazo hacia la tierra, el ástil disparándose a los cielos" (León Felipe). Colgada en la pared de nuestras casas, elevada sobre los campanarios de nuestros templos, puesta sobre las lápidas de nuestros difuntos o trazada, a veces deprisa y sin pensar, sobre nuestros cuerpos, la Cruz nos consuela, nos identifica y nos compromete. Es un signo viviente, de doble dirección, compendio de "los dos mandamientos" como nos recuerda el poeta de Tábara. "Grito, proyecto y fiesta" es también la Cruz, a decir de su último exaltador en Salamanca, el sacerdote y cofrade Javier Fresno, quien precisamente aludió en su intervención del pasado 14 de septiembre a la Cruz de los Jóvenes, icono de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Este regalo de Juan Pablo II lleva recorriendo todo el mundo desde hace treinta y cinco años, y Salamanca lo acogió en el otoño de 2010, en vísperas de la edición madrileña de las jornadas. Con aquel motivo, durante toda una noche las puertas de la Capilla de la Vera Cruz permanecieron abiertas, despiertas para amar, y se sucedieron los momentos de oración ante la Cruz de los Jóvenes.

De ámbito estrictamente diocesano pueden señalarse dos recientes peregrinaciones de la Cruz: la de la reliquia del Lignum Crucis promovida por la Cofradía de la Vera Cruz en 2006, al celebrar su quinto centenario, para lo cual se habilitó un pequeño relicario, y la de la Cruz de la Asamblea Diocesana entre 2015 y 2016, que a través de las pinturas de Jesús López aglutinó la simbología de la Trinidad, representando al Hijo la efigie del Cristo de las Batallas, la imagen de Santa María de la Vega y los dos patronos de la Iglesia local, San Juan de Sahagún y Santa Teresa de Jesús. Tanto el periplo del Lignum Crucis como el de la Cruz de la Asamblea dieron lugar a emotivas escenas de devoción a la Cruz de Cristo, recibida por comunidades diversas y llegando incluso a lugares de sufrimiento y soledad donde el misterio que encarna la Cruz se vive con particular hondura.

No dudo de que, en el futuro, habrá más cruces peregrinas con las que nos encontraremos, porque la Cruz siempre nos ayuda a encontrarnos en la búsqueda. La Cruz de los migrantes atravesados por la injusticia. La Cruz de los jóvenes más allá de las fronteras. La Cruz de una cofradía que la custodia con orgullo y quiere compartirla. La Cruz de una diócesis deseosa de renovarse en el seguimiento de las huellas de su Señor. Tantas cruces para abrazar, para besar, para mirar y ver en ellas a Cristo, para procesionar y así caminar hacia Él. Nuestras hermandades, con sus cruces de guía, no hacen sino peregrinar con la Cruz. Y ya bastaría siguiéndola, alumbrándola levemente, orando casi en silencio, "más sencilla, carpintero…".


lunes, 24 de junio de 2019

Tomás Gil Rodrigo

Tres hermanos de la Cofradía de la Oración en el Huerto portan las cruces eucarísticas de Andrés Alén | Foto: P. de la Peña

21 de junio de 2019

El aprecio y el reconocimiento de nuestra Iglesia en Salamanca por las hermandades y cofradías, como lugares donde se puede vivir la fe en Jesucristo, ha quedado patente en el trabajo que se ha desarrollado, después de vuestra participación en la Asamblea Diocesana, para elaborar una normativa diocesana que nos ayude a la comunión y a la misión compartida. Y me ha sorprendido gratamente, debido a mi responsabilidad al frente del Servicio de Patrimonio Artístico, encontrar hasta tres artículos en los que habéis dejado constancia de la necesidad de nuestra ayuda y apoyo. Me gustaría poder resaltar y comentar con vosotros estos artículos.

En el artículo 20, que forma parte del capítulo 4, dedicado a la administración de los bienes, nos pedís ayuda para hacer un inventario actualizado de vuestras obras de arte, que tienen valor principalmente no solo por lo material, sino porque son las huellas del paso del Señor con su Iglesia en la historia. El inventario es mucho más que un recuento, un control o una catalogación, también es la manera de cuidar y agradecer lo que generaciones cofrades anteriores a vosotros nos han legado y transmitido desde su fe y su seguimiento de Jesús.

Más adelante, dentro del capítulo sobre la administración de bienes, en el artículo 28, solicitáis que os acompañemos en la conservación y restauración de los bienes muebles e inmuebles que tengan un valor histórico, artístico o cultural. Del mismo modo en el artículo 63, dentro del capítulo de las imágenes sagradas, volvéis a insistir sobre lo mismo. Está claro que todos en la Iglesia necesitamos una mayor formación y sensibilización acerca de nuestros bienes artísticos. Ya sabemos que no debemos confiar su restauración y conservación en manos de gente sin preparación titulada y sin experiencia, por muy buena voluntad que tengan en querer "arreglar" las imágenes. Todos conocemos casos de los que nos avergonzamos porque los daños son irreparables. Además de incurrir contra la ley del patrimonio, estamos privando a las generaciones venideras, que son nuestros hijos y nietos, a disfrutar las obras de arte que hemos recibido, rompiendo así la transmisión de nuestra fe contenida en la belleza. Es de una gran responsabilidad cómo conservar y restaurar el patrimonio heredado, ya que es un regalo que no nos pertenece solo al hoy sino al futuro. Desde el Servicio de Patrimonio Artístico disponemos de gente preparada que os ayudará a afrontar, seguir y resolver la conservación y restauración de vuestros bienes artísticos.

Para terminar me gustaría ofreceros, aunque eso no aparece explícitamente en la normativa, nuestro Servicio de Patrimonio para otras ayudas y apoyos que también necesitáis. El primero corresponde a la evangelización, porque vuestras imágenes fueron concebidas y encargadas para salir y contar a la humanidad la Buena Noticia de Jesús. Por eso, vemos las calles y las plazas de nuestra ciudad y nuestros pueblos inundadas de la presencia y el mensaje de Jesús, cumpliendo, en cierto modo, su envío misionero: "Id al todo el mundo y proclamad el Evangelio" (Mc. 16, 15). Sin embargo, dentro de las iglesias en las que son guardadas vuestras imágenes durante todo el año, deben ser tenidas más en cuenta para ayudarnos al encuentro con el misterio de Dios por medio de la oración y la contemplación. No tengáis reparo en contar con nosotros para ayudaros en estas dos tareas de evangelizar y contemplar, de hecho con algunas hermandades y cofradías hemos comenzado muy positivamente este camino, la última fue en la Capilla de la Vera Cruz en el mes de febrero. Y el otro servicio que os podemos ofrecer tiene que ver con las nuevas imágenes que estáis encargando. Eso es un signo muy bueno, ya que demuestra que no habéis quedado anclados en el pasado, sino que seguís avanzando y expresando vuestra fe en diálogo con los artistas actuales. Quisiéramos compartir con vosotros los nuevos caminos de la belleza para decir juntos lo que el Papa Pablo VI dijo en pleno Vaticano II a los artistas en la Capilla Sixtina: "La Iglesia os necesita".

Gracias por el don y tarea de las hermandades y cofradías de la diócesis de Salamanca. Estamos abiertos a vuestras sugerencias, el Servicio de Patrimonio Artístico queda a vuestra disposición.


domingo, 24 de febrero de 2019

Félix Torres

Penitentes de la sección de Nuestra Señora de la Esperanza aguardan la reanudación de la marcha | Foto: Alfonso Barco

22 de febrero de 2019

Aunque no sepa el por qué, me parece evidente que la piedad popular, las cofradías y "esas cosas" siguen descuidadas en nuestra diócesis aun habiendo mejorado más que sustancialmente las vías de comunicación entre ellos y nosotros, que parece que no se acaba de conjuntar esa dualidad.

Se ve con claridad cómo en los últimos tiempos, no sé si impulsado por el espíritu renovador de la Asamblea Diocesana que aún sigue coleando para bien, en Calatrava comenzó un periodo de renovación y actualización que afectó y sigue afectando a cuanto se organiza bajo la sombra del obispo.

Se han renovado cargos en la curia, delegaciones y servicios diocesanos, desde cambios en vicarías hasta creación de servicios para una mejor atención de los administrados; se han reformado parroquias y arciprestazgos con el consiguiente movimiento de presbíteros y diáconos; se han nombrado nuevos canónigos y deán... Se han pensado, discutido, elaborado y redactado normas y reglamentos para mejorar el funcionamiento de cuantos grupos funcionales estén adscritos de una u otra manera al régimen de nuestra diócesis. Aquí, es cierto, he de agradecer (no sé si muchos estarán conmigo) la redacción de esa Normativa Diocesana de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Salamanca, que constituyen un marco referencial, que muchos echábamos de menos, más que necesario para cofradías y cofrades. En definitiva, se han abierto muchas ventanas en el Colegio de Calatrava y aires renovadores están metiéndose en salas y despachos.

También están cambiando las cosas en la Delegación Diocesana de Apostolado Laical (¡hasta su nombre!) y es algo que muchos agradecemos por verla necesaria desde hace tiempo. Pero las cosas no deben quedarse ahí, en papeles que, apenas sientan una bruma, queden mojados e inservibles. Por eso, a través de la Coordinadora Diocesana de Cofradías, los cofrades pensamos que, incluso sin haberse aprobado estas normas que habrán de regirnos, necesitamos un enlace visible, una cara cercana y conocida por todos, mediante el cual sentirnos aún más parte de la Iglesia diocesana.

Son ya bastantes los años que, si no de forma sí de facto, no tenemos ese responsable diocesano, llámese delegado de cofradías o sacerdote consiliario general de las cofradías (que así es nombrado en las nuevas normas), que forma parte imprescindible del nudo que nos ata a nuestra diócesis en su forma más oficial. Alguien que cuente con el respeto y cariño de ambas partes y sirva para cumplir esa misión que todos sabemos es imprescindible, aunque hayamos prescindido de ella mucho más tiempo del conveniente. Todos necesitamos de ese canal que haga fluidas las relaciones de los cofrades con la administración diocesana y, al mismo tiempo y mucho más importante a mi parecer, sea la pieza del engranaje que haga moverse con precisión y sencillez a las cofradías en cuanto de verdad interesa, más allá de procesiones y cultos externos, en el camino evangélico de nuestra Iglesia. Alguien que vea a las cofradías con la mirada limpia de unos prejuicios más viejos que las propias cofradías y a quien las cofradías y cofrades sepan acercarse sin pudor, con cariño y confianza, sabiendo que ese hombre de Dios es uno más de nosotros, uno de los nuestros.

Aprovechemos, uso el plural mayestático suplantando al ordinario, esta vorágine renovadora diocesana para, más allá de normativas y reglamentos, estructurar esa parte que afecta a la religiosidad popular, a veces tan descuidada o denostada, y darles a los cofrades ese consiliario diocesano que tanto necesitan –quizá sin saberlo–, en el que muchos piensan –y pensamos–, sabedores de que seguro estará iluminado por la mano del Señor en su misión y dejemos que las cofradías se integren completamente en la vida diocesana sin recelos ni desconfianzas, que, por pocos que sean los que pisen este camino, seguro que alegrarán a más de uno y, sobre todo, alegrarán a la Iglesia.

Cubramos las necesidades de nuestras cofradías sin tener que esperar a la aprobación de unas normas que, ciertamente, ayudarán a quien sea nuestro consiliario, pero que carecerían de sentido si este no estuviese ya designado. Solo hay que dar el paso.


jueves, 14 de febrero de 2019

F. Javier Blázquez

La cruz de guía de la Hermandad Dominicana, instantes antes del inicio de la procesión en San Esteban | Foto: Alfonso Barco

13 de febrero de 2019

Llevamos nada del nuevo año y resulta que ya medió febrero, pero como la Pascua llega tardía andamos todos muy tranquilones para esto de la parafernalia cofrade. De momento, y a la espera de que lleguen los tiempos de la histeria, quienes estamos en la retaguardia del mundillo mantenemos la tensión entre mentideros, tertulias y esas otras actividades de las que se ofertan para los interesados.

Es una cuestión particular, pero me llama la atención que en el mes trascurrido desde la vuelta a la normalidad tras el paréntesis navideño, en estos coloquios-tertulias-encuentros de carácter semiformal han salido a colación tres temas de manera reiterada. Tres tópicos muy desgastados ya por el uso, pero que están en el ambiente porque afloran en contextos y entre personas que nada tienen que ver entre sí.

Primero: "Hasta el próximo año, hermano". Lo dijeron con un lamento, porque sucede y no puede ser así. ¿Por qué, entonces, se repite un año tras otro? La respuesta es evidente. Hay muchos procesioneros y pocos cofrades. Entonces, ¿es malo ser procesionero? No, para nada. Y el deseo de volver a estar al año siguiente es siempre loable, que la fidelidad es una virtud que no pasa hoy en día por su mejor momento. Es bueno seguir un año más y hay que saber valorarlo, pero no podemos resignarnos a mantener en nuestras cofradías hermanos por un día. La despedida debe ser hasta dentro de muy poco, el tiempo que transcurra hasta el primero culto o actividad.

Segundo: "Los hermanos de carga son los que dirigen". ¿Y acaso no es verdad? Aprendamos de ellos quienes no cargamos. Se ven más, están comunicados, son un grupo constituido y organizado en torno a la cofradía. Por eso se han convertido auténticos lobbies y quien consigue su favor controla la institución. Si las filas no se despidieran mayoritariamente hasta el próximo año posiblemente esto no sería así, al menos tan así. El problema, por tanto, no está en la carga, sino en las filas, con demasiada apatía entre la mayoría de sus integrantes.

Tercero: "La Iglesia quiere controlarnos". Este tópico hace siglos que se viene repitiendo, pero en las últimas semanas, desde la presentación del proyecto de las normas diocesanas, el dichoso documento ha pasado a ser el instrumento dispuesto por la diócesis para el control. Lo hemos dicho ya muchas veces, pero como sigue sin calar no importa repetir. No, no es cierto lo del control, puesto que la autonomía está garantizada. Pero autonomía, siempre autonomía, nunca segregación. Porque en tanto que se forma parte de la Iglesia, es a ella a quien compete velar por el cumplimiento de los objetivos. A fin de cuentas, si la Iglesia no vela, ¿quién lo hará? Tal vez se hablase menos del control si hubiera menos despedidas hasta el próximo año entre los hermanos. O tal vez no, porque quien no quiere entender, nunca entenderá "ni aunque resucite un muerto". Abraham dixit.


lunes, 21 de enero de 2019

F. Javier Blázquez

El obispo presidió el pasado sábado la presentación del proyecto de las normas diocesanas para cofradías

21 de enero de 2019

Había expectación y no era para menos. El sábado pasado se presentó, por fin, el texto íntegro del proyecto de las normas diocesanas para cofradías. No estaban todos los que debían estar y el peso de la Semana Santa era casi absoluto frente a las otras cofradías, las comúnmente denominadas de gloria. Pero fue bonito ver a los representantes de las cofradías (agrupaciones parroquiales en algún caso, por eso de ir utilizando ya la terminología propuesta) de toda la diócesis, atentos a lo que la comisión redactora, presidida por el propio obispo, iba a comunicarles.

Ya había habido otras presentaciones. La del avance del borrador en 2017 o la que canalizó la Junta de Semana Santa de Salamanca, la única asociación de cofradías constituida canónicamente en la diócesis. A mayores, en otros foros privados, como el de la Tertulia cofrade Pasión o el encuentro de hermandades de Nuestra Señora de la Soledad, también se había hablado de ellas, explicando sus partes y espíritu.

La novedad es que ahora ya se pudo leer el texto, que al final se entregó a las cofradías, lo mismo que a los presbíteros. No es definitivo, cierto, pues falta aún la ratificación de los consejos Presbiteral y de Pastoral y el texto, por tanto, es susceptible de mejoras. Pero, seamos realistas, una vez que el obispo ha dado ya el visto bueno a un documento que en última instancia él ha maqueado y tuneado, como gusta decir ahora, hay que ser muy osado para plantear enmiendas cuando ya se tuvo tiempo para enviar iniciativas y sugerencias. Evidentemente, si la mejora propuesta es objetivamente buena, y conveniente, el Consejo de Pastoral la va a hacer suya y la incluirá. Sin embargo, correcciones estilísticas al margen, la realidad es que las normas van a variar muy poco de las avanzadas el día 19. Por lo tanto, ya sabemos a qué atenernos.

Este documento, que ha brotado directamente de la Asamblea diocesana a modo de mandato, va a suponer un cambio importante en nuestra trayectoria como cofrades. Será una ayuda, una oportunidad, un medio que clarifique para hacer bien las cosas y las cofradías, sin renunciar a su idiosincrasia y autonomía, funcionen como lo que deben ser, una parte integrante de la Iglesia. Con estas normas quedará claro dónde hay cofradía y dónde no. Y con ello se darán por terminados los dimes y diretes que venimos arrastrando desde hace décadas en nuestra diócesis. Si se es cofradía, se es con todas las consecuencias, y si no, pues se funciona como agrupación parroquial.

Lo mismo sucede con la clarificación de cuestiones tipo fundación, acceso y permanencia en los cargos y rendición de cuentas. Es bueno que esté bien definido, para que todos lo sepamos y nos sintamos ante todo Iglesia, que es de lo que se trata. Son cosas muy normales que deben tenerse en cuenta, empero, porque la autonomía es un derecho que nunca puede degenerar en la creación de espacios privativos. Esta normalización, muy demandada por las cofradías, insuflará nuevas fuerzas y permitirá una renovación del fenómeno cofrade en la diócesis. Salamanca lo necesitaba de verdad y así se reconoció mayoritariamente por los cofrades asistentes a la presentación.

El texto es amplio; son 70 artículos. Y contiene muchas más recomendaciones que prescripciones. Realmente obliga a muy poco, a aquello que no queda más remedio. La lectura pormenorizada y detenida nos permitirá descubrir la riqueza que encierra y la defensa que se hace de la piedad popular que promueven las cofradías. Esperamos con ansias su entrada en vigor, que si se cumplen plazos llegará al final de la cuaresma. Y confiamos en su cumplimiento y aplicación para que nuestras cofradías lleven a cabo con eficacia el principal cometido para el que fueron fundadas.


viernes, 30 de noviembre de 2018

viernes, 23 de noviembre de 2018

Alberto Alén

Jóvenes de la Hermandad de Jesús Despojado en su procesión del Domingo de Ramos | Fotografía: Pablo de la Peña

23 de noviembre de 2018

De todos es conocido el inquietante futuro de la Iglesia tal como hoy la conocemos desde la visión de un ciudadano cualquiera: elevada media de edad, escasez de vocaciones, escándalos, poca modernización,… y pocos jóvenes implicados. Sin embargo, hay un ámbito de la vida religiosa en que los jóvenes abundan y pocas veces se tiene en cuenta. En la Semana Santa son bastantes los que en esta pequeña Salamanca sienten de cerca lo que se celebra, ya sea una vez al año o como ocurre con frecuencia siguiendo con atención todo lo que a ella se refiere, participando activamente y ofreciendo el testimonio de su "amor por la Semana Santa" en todos sus círculos.

Por el contrario, queda patente una "disonancia" generalizada al unir los términos "juventud" e "Iglesia", entendida esta última como jerarquía, parroquias, sacerdotes, etc. Basta con observar lo que ocurre en el día a día. A la hora de acudir a la eucaristía, a una oración, a un rosario o a un vía crucis que cualquier parroquia convoque, la afluencia será como la que avanzábamos al principio: escasa y con elevada media de edad. Ahora bien, mucho cambia la cosa si en la esquina del cartel anunciador aparece: "Organiza: Hermandad X". Es entonces cuando la opinión con respecto al mismo cambia de raíz. Qué decir si en el mismo participa alguno de los titulares, si es amenizado por alguna banda o si "se sale a la calle". En ese caso confirmar fecha y hora será el siguiente paso para no perdérselo.

Por "ambas partes" hay que avanzar. De una parte considerar al importante grupo de jóvenes ligados a la Semana Santa como futuro vivo de la fe y, de otra, darse cuenta de que Semana Santa e Iglesia no son dos realidades opuestas, como por las redes a veces se parece entender desde opiniones de jóvenes y no tan jóvenes acerca de decisiones que haya podido tomar el obispo en los últimos tiempos. Ni siquiera son realidades complementarias, sino que son lo mismo, misma razón de ser.

El día de mañana contaremos con los más labrados pasos, los desfiles más organizados, las imágenes engalanadas con exquisito gusto, las mejores tallas o el mayor de los artes para llevar los pasos; pero sin lo otro, lo importante, lo que nos une, lo que le da sentido; todo esfuerzo será vano.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Raúl Román

Dos cofrades de la Hermandad del Cristo del Perdón esperan en la tarde del Domingo de Ramos | Foto: Pablo de la Peña

07 de noviembre de 2018

Las dinámicas de las cofradías están siendo muy diferentes en estos últimos años. Ha habido momentos en los que las cofradías eran "de Semana Santa" y era bastante habitual que centraran sus actividades en la semana mayor, para volver después a una especie de letargo que les conducía a una presencia a veces testimonial.

Pero esto esta cambiando y es imprescindible que todos los cofrades sean conscientes de ello y de las exigencias que comporta. La religiosidad popular como fenómeno religioso actualmente impregna todo el año. Esto exige un fuerte componente de socialidad religiosa que no todos en las cofradías están dispuestos o son capaces de asumir.

Debemos reiterar que el carácter de las cofradías con ser social es en sí mismo y muy destacadamente religioso. Es su identidad y así se debe asumir por todos. No como algo impuesto, sino como un rasgo gozosamente identificador del ser y del hacer de las cofradías. Descubrir y hacer descubrir este tesoro es una labor que urge. Es la tarea esencial de las cofradías para con sus miembros.

Todo apoyo será poco, porque en ello va una parte importante de la presencia del testimonio cristiano. Es en este punto en el que debe centrarse en estos años la atención de los cofrades para enriquecer del modo debido la labor de los cofrades. Culto, formación, caridad: son las expresiones de lo que es la cofradía. Así quedarán atrás protagonismos, duelos estériles y afrentas incomprensibles, y las cofradías cumplirán sus fines con la participación de todos sus miembros.

Esta es una raíz importante de las normas que se nos anuncian desde la diócesis; normas que deberán ser contempladas en el marco general de la comunión eclesial y como un instrumento al servicio de las personas y de las cofradías. Son ayuda, de modo que la asunción de las mismas de un modo generoso, integrador y constructivo sitúe a los cofrades como agentes evangelizados y evangelizadores que den fruto.


lunes, 29 de octubre de 2018

Tomás González Blázquez

El marco normativo-pastoral para cofradías fruto de la Asamblea Diocesana aguarda su aprobación | Foto: Pablo de la Peña

29 de octubre de 2018

Cuando estas líneas vean la luz intuyo que aún no habrá sido aprobado el marco normativo-pastoral que la Asamblea Diocesana acordó dar a las cofradías salmantinas, pero estará muy cerca la rúbrica del obispo una vez sea presentado el texto ante el consejo diocesano de pastoral y el consejo presbiteral. Esas ya célebres "normas", aguardadas en general con esperanza por los más involucrados en el día a día, aunque en algún caso suscitarán recelo y en el cofrade medio despertarán indiferencia, pues ni sabe que la diócesis va a proponer una orientación para la pastoral de las hermandades, determinarán lo que esta ha de dar de sí en los próximos años. Sin embargo, el curso pastoral ya ha comenzado en las parroquias, las unidades y arciprestazgos, mientras que la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, en la encrucijada del marco normativo y de una nueva configuración del Apostolado Laical de la diócesis, se prepara para un tiempo nuevo sin sujetarse a un programa anunciado en septiembre como ha ocurrido en cursos pasados. Resulta lógico que no inicie la nueva etapa hasta la aprobación de un texto al que dar vida y contenido, aunque sea unas semanas o meses más adelante. No obstante, como todos los grupos y comunidades, la Coordinadora, pero también cada cofradía y hermandad, están invitadas a acoger en este curso 2018-2019 las cuatro prioridades pastorales para la aplicación de la Asamblea Diocesana.

  1. El domingo, día del Señor. Y en su centro, la Eucaristía. ¡Qué valiosa la tetralogía sugerida por fray José Anido en este mismo espacio! Serviría de mucho repasarla para lograr fomentar una pastoral eucarística y del domingo en nuestras hermandades, que no puede perder de vista ni la deseable integración en la vida parroquial y diocesana ni la particularidad de cada cofradía, de sus templos, de sus imágenes y tradiciones… que siguen siendo un argumento para que el cofrade que no vive habitualmente el domingo ni frecuenta la Eucaristía se acerque a ellos convocado por su hermandad.
  2. La iniciación cristiana. En la misma línea, abundan las familias jóvenes en las cofradías: niños que pronto se visten con el hábito penitencial pero les cuesta más seguir con fidelidad la catequesis de la primera comunión, o adolescentes que quizá no se plantean confirmar su fe aunque no dudan a la hora de procesionar. Es mucha la importancia de las hermandades en este aspecto. Deben motivar, presentar con nitidez los sacramentos de la iniciación e incluso alentar proyectos dentro de la pastoral parroquial. ¿Acaso no se pueden nutrir los grupos de comunión y confirmación con niños y adolescentes cofrades, y también exhortar a los más adultos no confirmados a completar su proceso de iniciación? Ya ha habido y hay experiencias.
  3. La evangelización de los jóvenes. Esta prioridad insiste en la anterior, y demanda una mayor cercanía entre la pastoral juvenil diocesana y las cofradías. Convendrá reflexionar sobre lo que el Sínodo dedicado a "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional" pueda aportar a esta necesaria aproximación, que tampoco es extraña a la vida reciente de la diócesis pero no se ha terminado de impulsar. Y quizá haga falta pensar algo sobre los no pocos cofrades que viven en pareja pero rehúsan formar un matrimonio cristiano: es una vocación que debiera sugerirse abiertamente desde cada cofradía a sus miembros.
  4. El acompañamiento. Parece propio de unas instituciones que se definen en su nombre como expresión de la fraternidad. Si no se está acompañado en una cofradía, ¿dónde se va a estar acompañado? Pero no, a menudo apenas conocemos al cofrade que carga delante de nosotros o que nos cae en suerte como compañero de fila. Ni siquiera cuando se quita el capuchón. Los hermanos enfermos, los que están viviendo separaciones matrimoniales, los que no ocultan sus enfrentamientos personales… Esas debilidades merecen un acompañamiento para el que hay que formarse y, sobre todo, animarse. 

Poner en negrita durante este curso esos cuatro asuntos, siempre vigentes, y recurrir a los materiales y convocatorias que la diócesis  ha elaborado para apoyar la acción de cada uno, es una manera de aplicar la Asamblea Diocesana en el ámbito concreto de las cofradías. No sea que luego nos dé por decir: "¿Lo de la Asamblea…? Es que la diócesis no lo puso en práctica…".


viernes, 26 de octubre de 2018

Félix Torres

Capilla de la Vera Cruz, que participa este año en la iniciativa turítica Las llaves de la ciudad | Foto: Turismo de Salamanca

26 de octubre de 2018

Con frecuencia, recuerdo aquella noche en Verona cuando en una pizzería —Ristorante Pizzeria San Matteo, si no falla mi memoria— comprobé, sorprendido, cómo aquellos comedores no eran sino las naves de una iglesia adaptadas para albergar mesas, vajillas, hornos y bodega. La comida fue excelente, pero no estuve a gusto en ningún momento, envuelto en una sensación extraña, como si estuviera cometiendo sacrilegio, que me impidió disfrutar la cena y me obligó a disimular ante mis anfitriones, quienes quisieron mostrarme la curiosidad de algo que aún sorprendía pues acababa de inaugurarse. Eran los años noventa y estoy seguro de que era la primera vez en que fui consciente del cambio de uso en un edificio sagrado.

El paso del tiempo, las modas y corrientes populares han hecho y siguen haciendo que cambien los usos y costumbres. Ya pocos se sorprenden de que haya iglesias reconvertidas en discotecas o bibliotecas. No hace falta ir lejos de nuestros límites ciudadanos para comprobar cómo el teatro del Liceo y la tienda de ropa Zara fueron en su día el convento de San Antonio el Real; o cómo no hace tanto tiempo, la capilla del convento de San Millán pasaba a ser Monumenta Salmanticae, el centro de información y bienvenida a turistas, y la iglesia de San Blas, tras su uso como carbonería y posterior abandono, se reincorporaba a la ciudad como auditorio municipal; otras, quizá más olvidadas, sobreviven (no sé hasta cuándo) como imprenta –Nuestra Señora de la Misericordia– o incluso como "almacén" de pasos y enseres cofrades aquella que pudo ser "centro de interpretación de Semana Santa" –iglesia Nueva del Arrabal–. Hay otras que un día echaron el cerrojo a sus portones y ahí quedaron, mostrándonos únicamente su fachada, como San Boal.

Mejor esto que no la piqueta, como ocurrió en aquellos tiempos, aún cercanos, en los que la modernidad y la necesidad de espacios arrasaban con todo aquello que oliese a húmedo o cerrado. Así, nos quedamos sin iglesias, monasterios o conventos para dar paso a plazas, avenidas o casas de vecinos, dejándonos sin importantes partes de nuestro patrimonio que apenas quedan ya en el recuerdo. San Adrián, Santa Eulalia, San Mateo, San Román, Santo Tomé, la capilla del Cristo de los Milagros, el convento de San Francisco el Grande, Conventos de Jerónimos, Benitos, Basilios, Bernardos o Premostratenses… todos ya en el recuerdo de solo unos cuantos.

En estos momentos de crisis de creyentes, carencia de pastores y abandono de conventos, Salamanca vuelve a verse en la necesidad de dejar sin vida, incluso sin culto, esas naves que hasta ayer tenían la vida de quienes se dedican a contemplarla en oración para culto divino y salvación de almas.

La capilla de la Vera Cruz, el convento de la Anunciación y el convento de las Bernardas son, por ahora, los últimos abandonos sufridos por los salmantinos. Abandonos que llevan al cierre de puertas y pérdida de actividad entre sus paredes. Ya no hay cultos, ni oración… al menos de forma habitual o continuada, con verdadera desazón para quienes acostumbraban a hacer de esos templos lugar de recogimiento y diálogo con Jesucristo.

Ciertamente, no estamos en aquellos tiempos de derribo inmediato y nos preocupamos por conceder un uso alternativo a los espacios que merecen ser conservados. Por ello, es de agradecer, por ejemplo, el interés de nuestro Ayuntamiento por incluir la capilla de la Vera Cruz en su programa Las Llaves de la Ciudad, lo que permitirá que esas puertas vuelvan a abrirse para contemplación no solo del desbordante barroco de sus retablos, sino del patrimonio sacro de la cofradía propietaria aunque sea solo por un tiempo limitado. Me parece bien la transformación en lo que cada vez con mayor frecuencia se da en llamar "espacio expositivo", siendo además, la muestra de nuestra cultura religiosa-cofrade de cinco siglos. Con esto, nuestro Consistorio muestra, al menos, interés preocupado por el futuro más inmediato de esta capilla.

Pero, ¿qué ocurre con la recuperación del fin fundamental, como lugar de oración, de esa capilla? Todos, o casi todos, tenemos más o menos claro que no debe perderse el uso diario que muchos han hecho de la capilla; que sus muros deben contemplar algo más que una muestra de arte o cultura y permitir que siga siendo lo que fue: lugar de "exposición permanente" al que poder acceder sin cortapisas en beneficio de nuestras almas. Digna de loa es la preocupación por mantener la actividad sagrada que muestra la cofradía, aunque sea de manera poco más que esporádica, pero eso no es o no debería ser suficiente. La diócesis, igual que ha hecho el consistorio, debería tomar en cuenta esta situación (que ya dije es solo muestra de otras varias que necesitarían semejante atención) y aportar una solución que calmase ánimos y permitiese seguir con la cotidianidad ahora desaparecida.

Seguro estoy de que es tema que preocupa en Calatrava. Seguro estoy de que se está buscando solución. Pero mientras no lo veamos, mientras no digan qué se pretende, mientras nos mantengan en la ignorancia… seguiremos creyendo que nada se está haciendo; que los humanos somos así.

Muestras de interés preocupado desde la Casa de la Iglesia, como esas Llaves de la Ciudad municipales, harían que algunos dejásemos de "marear la perdiz" con aciagos futuros y temidas reconversiones de espacios sagrados.


miércoles, 27 de junio de 2018

Tomás González Blázquez

Florentino Gutiérrez, vicario general de la diócesis de Salamanca, durante una eucaristía en la Catedral Vieja | Foto: MCS

27 de junio de 2018

Como le pasa a los futbolistas y le pasaba a los profesores interinos (ojalá la reciente y suprema sentencia ataje este agravio), el final de junio depara extinciones de contrato, conclusiones de etapa, despedidas… El último Lunes Cofrade del curso, como apuntaba Félix Torres en este espacio, fue aprovechado por don Florentino Gutiérrez Sánchez para despedirse como delegado de apostolado laical. Esta condición, según el organigrama diocesano, le encargaba a su vez de las cofradías y hermandades, para las que hace ya casi dos décadas ideó una fórmula de integración y evangelización, la Coordinadora, que ha tenido más de hecho que de derecho. Florentino comenzó su tarea en el episcopado de don Braulio y entrega el relevo, todavía por conocerse a quién, siendo obispo don Carlos, al que continuará auxiliando como vicario general, lo que asegura su cercanía con las hermandades (sin ir más lejos, es desde no hace mucho capellán de Ntra. Sra. de la Soledad).

No es la pretensión de estas líneas hacer un exhaustivo balance de la labor de Florentino como delegado, ni tampoco valorar la situación actual de la Coordinadora, necesitada sin duda de que el marco normativo-pastoral para las cofradías que dispuso la Asamblea Diocesana sea pronto aprobado y acogido con el firme propósito de llevarlo a la práctica. Para eso habrá ocasión y analistas mejor capacitados con perspectiva más alejada y neutral. Trato ahora, desde el afecto personal que no ha impedido la sana discrepancia, de dejar constancia del paso de este sacerdote albense por el mundo de las cofradías, en cuyo día a día se ha hecho presente como delegado y, en muchas ocasiones, como vicario general. Ha sido habitual verle presidir cultos de hermandades de gloria y penitencia, ha frecuentado las procesiones y ha sido el destinatario, como no podía ser de otra manera, de docenas de fías, porfías y cuestiones con cofradías. Algunas habrán quedado resueltas, en otras no daría con la mejor solución, y asuntos hay sobre la mesa pendientes de abordaje y respuesta, pero sin entrar a comentar ningún caso concreto es posible afirmar que, en Florentino, las cofradías han tenido a un defensor. No podemos ignorar que la actitud de una mayoría del presbiterio diocesano hacia las hermandades y la religiosidad popular es de escepticismo, y aún existen ejemplos de cierta hostilidad o beligerancia. Florentino, con sus aciertos y errores, no ha dejado de reclamar que los cofrades seamos tenidos en cuenta, al tiempo que nos ha pedido comprometernos y hacernos visibles, y se ha felicitado cuando hemos cooperado activamente en algunas iniciativas diocesanas o incluso las hemos encabezado.

Es momento de señalar el Curso de Formación Cofrade surgido en 2002 y ofrecido anualmente durante más de una década, la Oración Cofrade que ya lleva casi ocho años de existencia o, en la última época, la constitución de un pequeño grupo de trabajo en la Coordinadora que ha aspirado a ensayar en la diócesis una pastoral cofrade que muchos creemos no sólo necesaria sino prioritaria. Es posible que haya faltado un empujón más decidido a esta siembra, pero no se le puede negar constancia ni fidelidad a los programas propuestos cada año, algo en lo que siempre ha insistido Florentino pese a que la respuesta a las convocatorias en algunas ocasiones ha sido muy escasa. Su ya clásico "¡Adelante!" se me antoja la mejor forma de despedir y agradecer su servicio en la delegación de los laicos y, por tanto, de los cofrades.


viernes, 22 de junio de 2018

Félix Torres

Un momento de la ultima sesión de los "lunes cofrades", centrada en la relación entre la Universidad y la Semana Santa

22 de junio de 2018

El pasado lunes 18 de junio, tuvo lugar la última sesión de los "lunes cofrades" que la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades ha ido organizando a lo largo del presente curso.

Esta última jornada amplió el elenco de temas que a lo largo de casi todo un año han sido objeto de análisis por y para los cofrades salmantinos. Centrado en las relaciones Universidad-Semana Santa y con la intervención de Enrique González como ponente principal, se cerró un curso, otro curso, en las actividades de la Coordinadora de Cofradías, que todos los cofrades salmantinos deberíamos conocer y agradecer.

Vaya entonces el agradecimiento a esas personas (de las que quiero mantener el humilde anonimato) preocupadas por que las cofradías y los cofrades tengamos una amplia oferta de actos y actividades a los que no siempre respondemos como debiera suponerse. Por ello, sirvan estas líneas como sencillo homenaje a quienes, renunciando a parte de ese tiempo personal del que todos tenemos tan poco, están pendientes de nosotros y de nuestra "formación" en el seno diocesano aunque, lastimosamente, no acabemos de asentar, por ausencia propia que no por interés de la organización, las actividades de la pastoral cofrade salmantina. Son pocos los que manifiestan interés y constancia por estas actividades, que van mucho más allá de procesiones y liturgias tridentinas, y sobre ello reflexionaba con esperanzada desilusión, ya en abril de 2015, Tomás González Blázquez en una de sus colaboraciones en estas páginas virtuales.

¿Para cuándo una delegación diocesana de cofradías? Aunque es cierto que nuestra respuesta como cofrades no sea la mejor para que se constituya esta delegación como elemento imprescindible, es urgente la constitución de una unidad estructural integrada en el organigrama diocesano que vele por nuestros intereses y, al tiempo, se constituya en órgano que dé "estatus oficial" a las cofradías y hermandades en el seno de la diócesis más allá de una Junta de Semana Santa que llega hasta donde puede.

Quizá cuando vea la luz "ese" documento normativo regulador de las cofradías y sus actividades que nació en el seno de una ya casi olvidada Asamblea Diocesana y que, por el tiempo transcurrido, parece estar cogiendo polvo en algún cajón de la Casa de la Iglesia, la actividad de cofradías y cofrades se vea potenciada por ambos extremos, el de arriba por lo que supone tener que poner unas normas a cumplir y el de abajo por lo que deberá implicar la responsabilidad personal –y colectiva– de cada uno de nosotros para con la diócesis como laicos comprometidos desde nuestra actividad piadosa.

Por último, dado que esta última sesión de los "lunes cofrades" sirvió para que el vicario general de la diócesis, don Florentino Gutiérrez, se despidiera como delegado diocesano de Apostolado Seglar y, por tanto, como responsable de la Coordinadora de Cofradías, debemos confiar en que esto no suponga sino un paso adelante en el camino de las cofradías en el seno de la diócesis y que aquel a quien se responsabilice a partir de ahora de esta delegación, sea consciente de esta imperiosa necesidad de las cofradías salmantinas y acelere este proceso, hasta ahora lentificado. Todo ello sin menoscabo de la actividad desempeñada por el señor vicario, a quien agradezco su actividad en estos años al frente de nuestras cofradías y deseo lo mejor en sus próximas actividades diocesanas y pastorales.


miércoles, 13 de junio de 2018

Pedro Martín

Momento del paso del Santísimo Sacramento junto al altar instalado en San Sebastián | Foto: Hdad. de Jesús Despojado

13 de junio de 2018

Perdón por ser cofrade. Pido pública y humildemente perdón por ser cofrade. Pido perdón por vivir mi fe en el seno de una cofradía. No sabía que fuera pecado, aun así pido perdón. Pido perdón en nombre de mi padre, de mi abuelo y de mi bisabuelo, que también eran cofrades y me trasmitieron la fe con esta peculiaridad, quizá estaban equivocados y yo también. Por todo ello pido perdón.

Pido perdón por trasmitir esta tradición a mis hijos,  que pensé que era buena, o al menos no mala.

Pido perdón por salir a la calle cada Semana Santa a dar público testimonio de fe. Quizá es mejor quedarse en las iglesias. Pido perdón por dedicar parte de mi tiempo a las cofradías, como cofrade de a pie, como responsable, como representante, como miembro de la Iglesia diocesana, como cristiano comprometido.

Pido perdón por haber planteado ahora hace seis años una serie de iniciativas en  relación a las cofradías entre las que se incluía mejorar y dignificar la celebración del Corpus Christi. Siento de verdad haberos molestado, quizá es mejor que todo se quede como está: en el más absoluto desierto.

Pido perdón en nombre de todos y cada uno de los cofrades, y de todos y cada uno de sus defectos o pecados, que sin duda los tenemos, como todas las estructuras de nuestra querida diócesis. Deberíamos mirar más lo positivo que lo negativo y apostar por la unidad que falta nos hace en esta ciudad de "bandos" que nunca descansa.

Pido perdón por nuestra intromisión en la Asamblea Diocesana, no deberíamos haber alzado la voz, pero somos muchos, y nos merecemos ser tenidos en cuenta.

Pido perdón por pedir, pero pido y pido insistentemente una verdadera "pastoral cofrade" que tanta falta nos hace. Nosotros solos no podemos ponerla en marcha; otros no sé muy bien si no quieren, no saben, no se atreven o desconocen tanto este mundo que prefieren obviar todo lo que venga de él.

Pido perdón por trabajar por las cofradías y por la diócesis, estando a disposición de lo que me pida mi obispo, y lo seguiré haciendo aunque tenga que seguir pidiendo perdón.

Pido perdón por ser cofrade, y seguiré pidiendo perdón, porque nunca dejaré de serlo.


miércoles, 2 de mayo de 2018

Tomás González Blázquez

Casa de la Iglesia, en el antiguo Colegio de Calatrava, que alberga los servicios diocesanos a disposición de las cofradías 

02 de mayo de 2018

No son los organigramas ni las reorganizaciones estructurales un fin para la Iglesia. No deben serlo. En cambio, estos medios de los que se dota para la evangelización cobran su sentido si en ella se gastan y se desgastan. Tras la reciente Asamblea Diocesana salmantina se ha alumbrado un nuevo esquema, que aspira a ser más fiel a las necesidades actuales de todas las comunidades eclesiales, y poco a poco se van nombrando nuevos responsables y equipos de laicos, sacerdotes y religiosos para que trabajen en las delegaciones y servicios diocesanos. ¿Grandes cambios? Quizá no resulten muy vistosos, tampoco es momento de descubrir América a estas alturas, pero sí sería considerable la novedad de que las cofradías nos animásemos a utilizar, en el buen sentido de la palabra, estos instrumentos que la Diócesis ofrece.

Evidentemente, en la delegación de Apostolado Laical, traducción más fiel al magisterio conciliar que la de Apostolado Seglar extendida en España, hallan su hábitat natural las cofradías y hermandades, la realidad de laicado asociado más numerosa en la Iglesia salmantina. La delegación de Liturgia, con su sección de Religiosidad Popular, también está llamada a una relación estrecha con el mundo cofradiero. Los proyectos asistenciales y caritativos de nuestras hermandades bien podrían tener conexión con el área de la Pastoral Social, la pastoral juvenil cofrade con su correspondiente delegación diocesana, y surgen más ámbitos en los que encontrar un apoyo: Peregrinaciones, Obras, la Vicaría Judicial, la Administración económica…

No obstante, me detengo en un término que no se empleaba y se ha incorporado: "servicios diocesanos". No hace falta explicar mucho. Servir es verbo bien apegado al Evangelio de Jesús. Cuasi sinónimo. Pienso en dos delegaciones del antiguo esquema que se han transformado en servicios, y no se trata de una degradación sino de una más exacta definición. Me refiero a Medios de Comunicación y a Patrimonio Artístico y Cultural, porque las cofradías podemos tener en estos servicios diocesanos buenos compañeros de fatigas apostólicas.

La comunicación lo es todo… o lo parece. Perfiles en redes sociales, listas de difusión y grupos de Whatsapp, correos electrónicos informativos a los hermanos, las cartas de toda la vida, los boletines y publicaciones, los carteles de cultos… La cofradía se desnuda en lo que dice y en cómo lo dice, y a menudo coge frío y se constipa en la maniobra. No por mala intención, desde luego. Pero trucos hay para prevenirlo. Servirse de este servicio diocesano alguno que otro aportaría al bagaje de secretarios, redactores de revistas y gestores de la comunicación social.

Patrimonio, por su parte, puede acompañar a las cofradías si se animan a conocer mejor su materia prima y a volcarse en el diálogo de la fe con la cultura, que en las hermandades debiera tener uno de sus foros más privilegiados. Quizá para encargar una nueva imagen y pensar en su advocación, para elaborar unas andas o para adjudicar una restauración, para definir bien la recuperación de un elemento antiguo o de un paso perdido (hace un año recobramos el de las Tres Marías ante el Sepulcro vacío, y hay otras imágenes que dejaron de salir), no vendría mal solicitar un informe a este servicio diocesano. No tanto con carácter vinculante sino con el deseo de ser orientados bajo un criterio valioso, y así decidir con mayores elementos de juicio.


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