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viernes, 28 de febrero de 2020

Eva Cañas

Un momento del I Encuentro de Jóvenes Cofrades de la Región celebrado este mes en Salamanca 

28 de febrero de 2020

Tan solo cuatro hermandades de Salamanca acudieron al I Encuentro de Jóvenes Cofrades de la Región, organizado por la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños en el marco de la celebración de su 75 aniversario. Invitadas estaban las 18 que están en nómina en la Semana Santa de la ciudad, pero la respuesta da para pocos porcentajes. El llamamiento se hizo, pero la representación de la ciudad anfitriona fue escasa.

De un hecho así se pueden hacer varias lecturas. Por un lado, nulo compromiso entre hermandades, que no se apoyan entre sí en las iniciativas que convocan, como esta cita. Pero lo más grave, bajo mi punto de vista, es la falta de interés de acudir a un foro donde se daba voz a los jóvenes, para expresar sus inquietudes en el mundo cofrade que les rodea.

Porque a estos encuentros no se van solo para representar a tu hermandad, sino que se tiene que acudir con el deseo de aportar, cada uno con la idiosincrasia de su hermandad, para contar y escuchar las experiencias de los demás. No se puede vivir encerrado en tu propia burbuja, porque ni lo tuyo es lo mejor, ni lo demás, lo peor.

En este encuentro participaron jóvenes de Ávila, Zamora, Segovia y Ponferrada, cuyos testimonios aportaron muchas luces para el camino que tienen de futuro, con la posibilidad de sortear aquellos obstáculos que a veces se encuentran en sus hermandades (comunes), frente a aquellos que llevan toda una vida en la hermandad y les cuesta delegar.

En este encuentro se apalabraron algunos compromisos importantes para los jóvenes cofrades, como la posibilidad de crear para ellos una sección, dentro de la Junta de Semana Santa de Salamanca, para representar a los de todas las hermandades, así como plantear también su creación a nivel regional. Porque sumando fuerzas se llega más lejos. En más de una ocasión he escuchado aquello de que si quieres llegar rápido, camina solo, pero si quieres llegar lejos, vete acompañado. De momento, no lo veo, ni a nivel de jóvenes cofrades, ni entre hermandades. ¿Cómo lo solucionamos?


viernes, 7 de junio de 2019

viernes, 17 de mayo de 2019

F. Javier Blázquez

Un paso de plastilina, bajo la advocación de El Cristo de los Perdones, en un aula del antiguo convento de las Bernardas

17 de mayo de 2019

Permanecen todavía en esa Salamanca que llaman oculta, integrados en edificios o espacios que cambiaron su función, recuerdos ya casi borrados de intensas vivencias cofrades. En los conventos de San Francisco el Real, San Carlos Borromeo y el Santo Nombre de Jesús, de las monjas bernardas, en la parroquia de San Román o la misma Prisión Provincial, por citar los relevantes, se escribieron páginas gloriosas para el devenir de nuestra Semana Santa.

Por eso la mirada nostálgica se ilumina cuando, por ejemplo, reverdecen por cuaresma añejas evocaciones y se llenan los pasillos del Colegio Calasanz con pasos de plastilina, expuestos bajo las más increíbles advocaciones. Los grupos de la ESO prepararon una original y refrescante reflexión sobre la Semana Santa. El antiguo convento cisterciense fue otrora sede del Perdón. Hoy lo es de la esperanza, igual que muchos otros colegios que no tuvieron un pasado similar, pero sus alumnos construyen igualmente un futuro cristiano que acoge con cariño esta expresión tan propia y genuina de celebrar la pasión del Hombre que sometió a la muerte.

Atrás parecen quedar, afortunadamente, aquellos años del aggiornamento en los que más de un pastor llamado a la cura animarum preconizó con regocijo el final de la Semana Santa procesional. En plena crisis del antiguo régimen eclesial, en plena efervescencia postconciliar, se abrieron las ventanas del vetusto edificio para que el aire fresco arrastrase miasmas e hiciera posible la renovación. Era inevitable que todo cuanto ataba al pasado y distraía la nueva pastoral cayese como la fruta madura. Y alguno se aprestó a zarandear el árbol, ansioso por anticipar la caída. Era cabal que cofradías y procesiones, con fecha de caducidad, quedasen sentenciadas. Tenía que ser así y así parecía ser. Las filas decrecieron, los pasos dejaron de salir, las hermandades se perdían… Era el signo de los tiempos.

Pero no fue así, ya sabemos. Las circunstancias cambiaron y una nueva generación se alista a las hermandades mortecinas, funda otras nuevas, recupera mucho de lo que se perdió. Porque la vida de fe no puede fundamentarse solo en lo racional, ni la liturgia ser pura, ni la adecuación a los tiempos nuevos quedar únicamente en símbolo que no toca el corazón. Hace falta algo más, cuidar el aspecto emotivo. Y en la religiosidad popular, precisamente, esto abunda hasta el exceso, con todos los peligros que conlleva y por eso mismo se quisieron extirpar. Sin embargo, una cosa era prevenir el vicio y otra, bien distinta, llevarse todo por delante, incluido lo mucho de bueno que tienen las expresiones de la piedad popular. 

Aquellos que pasaron por la juventud en los setenta dieron el paso y cargaron sobre sus hombros con el peso de la recuperación. Ahora están de retirada porque la generación finisecular asumió ya el relevo, dispuesta a mantener la tradición. Lo había vivido y sentido como propio y aceptó con naturalidad las responsabilidades que llegaron. Así es como tiene que ser y por ello gratifica comprobar que la cantera no se agota y sigue habiendo adolescentes y jóvenes que viven de manera apasionada este acontecimiento tan profundamente humano. Dios muere y resucita y nos da la vida que no acaba. El pueblo celebra al comienzo de la primavera y muestra sin complejos al mundo secularizado el misterio de la redención. Ahí andan estos muchachos, ilusionados, esperanzados, dando testimonio de sus certezas, sabedores de que el futuro lo tienen ahí, tocándolo con las yemas de los dedos.

Por esas mismas estancias de la esperanza colegial transita María, sonriendo aún porque este viernes santo había abierto con un farol el desfile de la Congregación de Jesús Nazareno. En otros pasillos, los de la planta inferior, están los mayores y abundan entre ellos los cofrades de acera. Marina, Carlos y Guillermo afianzan sus criterios y comparten impresiones bajo la supervisión de Luis, que con su Rincón de los pasos sienta cátedra como capillita mientras sueña con llevar en procesión la Virgen de su pueblo. Pilar, más activa, reparte su ocio entre el fútbol y la Semana Santa. Su Virgen es la Soledad y nunca falla en su desfile, pero este año fue con Juan a cargar en la Agonía. ¡Qué pronto empiezan con esta locura tan apasionante! Lo mismo que Miguel con la música. Vive para ella y tiene en la trompa su mejor amiga, lo saben bien en la banda Ciudad del Tormes.

A veces retornan los veteranos a la querencia. No pueden evitarlo, porque Calasanz imprime carácter y su memoria permanece para siempre. Y por allí te los encuentras, en el tránsito de la esperanza, comentando cómo les va la vida y cómo ejercen de cofrades. Alejandro carga con el Cristo de la Agonía Redentora, que cuerpo tiene para ello. Diego, que viste el mismo hábito, participa en la agrupación musical, mientras María Victoria se reparte entre la Dominicana y la agrupación Virgen de la Vega, donde toca el tambor. Y por supuesto están las ilustres. ¡Cuántos recuerdos del curso pasado!, porque vaya antepasados tuvieron en la Semana Santa. Marta es de estirpe nazarena, Eva de la Vera Cruz y Fátima de la Soledad, donde ya asume alguna responsabilidad. Ellas lo asumieron todo antes, porque lo llevan en los genes, aunque si se habla genética soleana, Javier y Marta, cofrades y fotógrafos de futuro, también podrían presumir un rato.

Podríamos seguir, con este y otros colegios, que hay muchos más ejemplos. Es solo una muestra para reflejar que, gracias a Dios, la tradición sigue viva y se renueva. Y una tradición tan viva no se puede extinguir, aunque haya a quien le pese. Al menos, nos queda la tranquilidad de que nosotros no conoceremos el final, porque el relevo está asegurado. Son tiempos para la esperanza de la Semana Santa, son tiempos para la esperanza de la Iglesia. Este torrente de vitalidad no se puede desperdiciar. La ilusión de tantos adolescentes y jóvenes es un tesoro guardado en vasija, ignoro si de barro, pero sí afirmo que estamos obligados a cuidarlo con mimo y mantenerlo para entregarlo, como ofrenda, a la Iglesia y sociedad del mañana. Esa sí es nuestra responsabilidad.

lunes, 11 de marzo de 2019

Leo Ramos

Participantes en la reunión en torno a la pastoral juvenil cofrade celebrada el pasado mes de febrero

11 de marzo de 2019

Una comida para dialogar sobre la pastoral juvenil cofrade en Salamanca. Pues sí, miembros del equipo de Pastoral Juvenil de la diócesis y jóvenes de diferentes cofradías y hermandades tuvimos una comida donde estuvimos compartiendo en torno a esta cuestión. Álvaro Gómez Gómez está en el equipo representando al mundo cofrade; él fue quien hizo de intermediario. Esto sucedió el pasado 13 de febrero y corresponde a una iniciativa de la Pastoral Juvenil de Salamanca para conocer las diferentes realidades de jóvenes que tenemos en nuestra diócesis.

¿Es posible una pastoral juvenil cofrade? Esta es la pregunta de fondo. Después de dicho encuentro, estoy más convencido que nunca de que no solo no es una misión imposible, sino muy posible y deseable. Hay pequeñas iniciativas, pero hay que seguir caminando y poner más carne en el asador. ¿Qué caminos podemos recorrer juntos la Pastoral Juvenil y los jóvenes cofrades de Salamanca en esta dirección? ¿Cuáles son las claves para el éxito de la misma?

Es momento de aunar fuerzas entre la Pastoral Juvenil y los jóvenes cofrades. Aunque en el pasado, e incluso en el presente, haya habido sus diferencias e incluso separaciones entre nuestra diócesis y las diversas cofradías, no podemos seguir mirando cada cual en direcciones diferentes. Todos somos Iglesia. Aquí os dejo algunas de las intuiciones que salieron en el diálogo:
  • Los jóvenes cofrades necesitan adultos cofrades referentes en la fe. Al final, se trata de la fuerza de la comunidad, de sentirse identificados con una realidad y un proyecto que nos precede y que va más allá de nosotros, esto es, la Iglesia. Como sucede en la mayoría de las parroquias y en nuestra Iglesia de Salamanca en general, se han perdido eslabones jóvenes o relativamente jóvenes que sirvan de unión entre las personas mayores y las nuevas generaciones. Y en ocasiones, los cristianos de mediana edad no son referentes reales para los más jóvenes, ya sea por la manera de vivir la fe o por la falta de empatía con estos últimos.

  • Los hermanos mayores y las juntas directivas constituyen un pilar fundamental en la pastoral juvenil cofrade. Para bien y para mal, son faros en los que la gente posa su mirada. Si apuestan por trabajar con los jóvenes desde la fe, con fe y para la fe se obtendrán frutos. Como siempre, surge un cuestionamiento que hemos de hacernos los agentes de pastoral con jóvenes de nuestra diócesis. ¿Hasta dónde queremos implicarnos? ¿Cuáles son las apuestas reales en tiempo, personas, dinero, oración, estructuras… que estamos dispuestos a hacer cuando trabajamos con jóvenes.

  • El acompañamiento personal de los jóvenes cofrades es lo único que puede garantizar hacer un proceso con ellos. Por supuesto, cada cual desde donde esté y atendiendo a la diversidad de situaciones que corresponda. En este sentido, es necesaria la implicación pastoral de los capellanes de las diferentes cofradías y hermandades. Desde las diferentes instancias diocesanas se ha de apostar decididamente por la religiosidad popular, para que los jóvenes cofrades logren alcanzar el objetivo central como cristianos, esto es, el encuentro con Jesús.



miércoles, 30 de enero de 2019

Félix Torres

Sesión dedicada a los jóvenes este mes dentro del ciclo Lunes Cofrade de la Coordinadora Diocesana de Cofradías

30 de enero de 2019

Recién terminadas las fiestas navideñas, la Coordinadora de Cofradías nos convocaba a continuar con esas jornadas de reunión y reflexión que, como dice el programa de promoción, constituyen una cita ya consolidada en las tardes de los lunes. Un lunes por mes, que podría parecer poco pero es suficiente, y son ya más de tres los años que llevamos asistiendo a estas convocatorias mensuales de la Coordinadora.

Hace ya más de tres años, cuando estas jornadas comenzaban a ver la luz decía en este mismo foro que "gracias a esta espléndida iniciativa, todos los cofrades salmantinos hemos sido convocados a participar con nuestras opiniones sobre distintos temas directamente relacionados con lo que se supone es nuestro interés directo: cofradías y cofrades. Momentos en los que podemos opinar con nuestras propias palabras, con la misma confianza que podría darnos la barra del bar de nuestra casa de hermandad, sobre cuestiones que nos rondan las conversaciones con más frecuencia de la que creemos". Pues bien. Sigo creyendo en lo que dije y así, mantengo el interés por asistir a cada una de las citas siempre que otras actividades con más peso me lo permitan.

En la primera sesión del año, hace apenas una semana, se nos convocaba con el atractivo motivo de Los jóvenes cofrades: el futuro... ¡y el presente!. Sugerente tema sobre el que muchos hemos hablado, insistido, escrito y hasta polemizado. Así, ya se preocupaba Tomás González Blázquez, en su artículo del 9 de marzo pasado, por la situación de nuestra juventud. Y comentaba cómo aun existiendo una oferta de actividades de distinto tipo, tanto desde las propias cofradías como desde otras entidades con las que se pretende estimular a los jóvenes a moverse y participar en el camino de cada cofradía, lo que falta es profundizar en lo esencial.

Ilusionado por ese empuje del que hacen gala nuestros jóvenes cofrades a la menor oportunidad, acudí a esta sesión de Lunes Cofrade confiando en ver a muchos de nuestros jóvenes alzando la voz y dialogando, entre ellos y con los asistentes menos jóvenes, para hacer una reivindicación de su sitio con la fuerza no solo de las ideas, sino de su presencia en una actividad que, sin ser litúrgica (siempre menos atractiva), tampoco giraba en torno a una imagen, una banda, una procesión o cualquier otra cosa típicamente cofrade.

Sin embargo, a pesar de la insistencia –verbal siempre– de muchos por esa cuota correspondiente a los jóvenes en juntas y consejos en los que la toma de decisiones afectan a nuestras hermandades; a pesar de ese runrún por el que, como zumbido de fondo que parece acúfeno en el oído de directivos –casualmente siempre adultos–, se pide machaconamente dar paso a la juventud para agarrar riendas de futuro; a pesar de la omnipresente necesidad de presencia… No fue eso lo que vi. No hubo asistentes jóvenes, más allá de una escasa mitad de media docena, que trajeran aires frescos de los que impregnarse. No hubo cofrades jóvenes, aparte de los ponentes, que se nos mostrasen como ese "presente" del título de la jornada y no sé por qué.

¿Falta de difusión? La carta convocatoria de la Coordinadora, es cierto que va dirigida a las juntas de gobierno y… puede que estas no canalicen adecuadamente la información hasta sus cofrades. Pero, si yo me he enterado por distintas vías, dudo de que esta información no haya llegado a sus destinatarios finales, que las redes se nos meten por cualquier sitio.

¿Mal horario? Posiblemente, un lunes a las ocho y media de la tarde no sea ni el mejor día ni la mejor hora para una actividad de este tipo, pero el mismo argumento se utilizaría si se convocase cualquier otro día a cualquier otra hora. En definitiva… según esto, no hay día bueno.

¿Desidia? ¿Desinterés? Quizá sea esto. Quizá los jóvenes cofrades han heredado antes de tiempo la pasividad de los cofrades adultos y, siguiendo sus pasos, hayan perdido el interés por todo aquello que no sea paso y carga, cirio e incienso, cruz y vara. Si este fuera el caso, es complicado recuperar ilusiones y participación. Pero, también, si es este el caso, la juventud pierde la razón de su pujanza, sus exigencias dejan de tener sentido y estarán dando los primeros pasos, quizá prematuros, para incorporarse al círculo de los acomodados adultos cofrades de temporada.

Lástima que esos tres cofrades, esos jóvenes ponentes que estuvieron frente a nosotros, no pudieran difundir su "experiencia joven" a quienes, como ellos, debieran compartir. Porque, hay que decirlo, esos chavales del otro lado de la mesa dijeron y dijeron bien; Alberto Alén, Luis Romo y Víctor Sánchez dejaron, para reflexión de quienes estuvimos, frases cargadas de contenido, experiencias ejemplificadoras para sus coetáneos y sugerencias con el hondo criterio de quienes viven la experiencia de ser cofrades y jóvenes con sentido y responsabilidad. Mostraron su compromiso y dejaron la sensación en los asistentes de que, a pesar de todo, hay manos jóvenes en las que se pueden dejar las riendas de nuestras cofradías.


viernes, 23 de noviembre de 2018

Alberto Alén

Jóvenes de la Hermandad de Jesús Despojado en su procesión del Domingo de Ramos | Fotografía: Pablo de la Peña

23 de noviembre de 2018

De todos es conocido el inquietante futuro de la Iglesia tal como hoy la conocemos desde la visión de un ciudadano cualquiera: elevada media de edad, escasez de vocaciones, escándalos, poca modernización,… y pocos jóvenes implicados. Sin embargo, hay un ámbito de la vida religiosa en que los jóvenes abundan y pocas veces se tiene en cuenta. En la Semana Santa son bastantes los que en esta pequeña Salamanca sienten de cerca lo que se celebra, ya sea una vez al año o como ocurre con frecuencia siguiendo con atención todo lo que a ella se refiere, participando activamente y ofreciendo el testimonio de su "amor por la Semana Santa" en todos sus círculos.

Por el contrario, queda patente una "disonancia" generalizada al unir los términos "juventud" e "Iglesia", entendida esta última como jerarquía, parroquias, sacerdotes, etc. Basta con observar lo que ocurre en el día a día. A la hora de acudir a la eucaristía, a una oración, a un rosario o a un vía crucis que cualquier parroquia convoque, la afluencia será como la que avanzábamos al principio: escasa y con elevada media de edad. Ahora bien, mucho cambia la cosa si en la esquina del cartel anunciador aparece: "Organiza: Hermandad X". Es entonces cuando la opinión con respecto al mismo cambia de raíz. Qué decir si en el mismo participa alguno de los titulares, si es amenizado por alguna banda o si "se sale a la calle". En ese caso confirmar fecha y hora será el siguiente paso para no perdérselo.

Por "ambas partes" hay que avanzar. De una parte considerar al importante grupo de jóvenes ligados a la Semana Santa como futuro vivo de la fe y, de otra, darse cuenta de que Semana Santa e Iglesia no son dos realidades opuestas, como por las redes a veces se parece entender desde opiniones de jóvenes y no tan jóvenes acerca de decisiones que haya podido tomar el obispo en los últimos tiempos. Ni siquiera son realidades complementarias, sino que son lo mismo, misma razón de ser.

El día de mañana contaremos con los más labrados pasos, los desfiles más organizados, las imágenes engalanadas con exquisito gusto, las mejores tallas o el mayor de los artes para llevar los pasos; pero sin lo otro, lo importante, lo que nos une, lo que le da sentido; todo esfuerzo será vano.


viernes, 9 de marzo de 2018

Tomás González Blázquez

Un grupo de jóvenes adolescentes de la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños | Fotografía: Pablo de la Peña

09 de marzo de 2018

Nada. Nada distinto. Nada especial. O mejor, que hagan ellos. Y aún mejor, que no hagan, que sean. Menos activismo y más profundización en lo esencial. Pero la pregunta vuelve, y vuelve, y vuelve… "¿Qué hacemos con los jóvenes?".

Los jóvenes cofrades, se entiende. Sí, esos que abundan no se sabe muy bien por qué. En la Iglesia a los jóvenes se les echa de menos y, de repente, mira uno a las cofradías y se encuentra con jóvenes. Bastantes jóvenes. Nuevos jóvenes. Seguramente más parecidos a los que no pisan una parroquia cualquiera un domingo cualquiera que a los que sí lo hacen. Probablemente más entusiastas de un altar de cultos con muchos candelabros y jarrones que de un coro de guitarras y un presbiterio decorado con telas de colores. Piadosamente tradicionales pero ni muy píos ni muy tradicionalistas. Y entonces, la pregunta: ¿qué hacemos con ellos? La cuestión puede suscitarse, y a menudo se suscita, en la junta directiva de una hermandad, en la delegación de pastoral juvenil de una diócesis o en un párroco al que le ha caído en suerte una cofradía en su comunidad (nunca en desgracia, aunque puede pensarlo a veces y humanamente se le comprende).

Mi respuesta, sin desarrollar y sin recetas, la di en el primer párrafo, pero conviene recordar lo que ya se ha hecho, o se sigue haciendo, o se dijo que se haría. Casi todas las cofradías integradas en la Semana Santa salmantina han tenido en algún momento algo que han denominado "grupo joven". Los ha habido o los hay hasta con una especie de equipo directivo, han escogido patronos o nombre propio, se han tendido lazos entre sus responsables y/o los vocales de juventud de las juntas de gobierno de las diferentes hermandades, han organizado solidarias recogidas de alimentos, han rezado alguna vez (de eso he tenido menos noticia) y hasta han anunciado excursiones a parques de atracciones en barroca orla de cultos. Han nacido, han crecido poco y se han disuelto. O los han enfriado para combatir calores indeseados. O se han quedado en una declaración de intenciones. De todo ha habido. También buenos frutos.

Junto a las iniciativas particulares de cada cofradía, tuvimos una asociación juvenil de inspiración cofrade, en la que surgió el Pregón Joven de la Semana Santa aún conservado (¡larga vida tenga!), la Junta de Semana Santa tuvo en cuenta a los niños y jóvenes en su 75º aniversario, aunque se tratara de una actividad eminentemente lúdica, y la diócesis apostó por la pastoral juvenil cofradiera a través de un encuentro anual (se celebró de 2011 a 2015; el de 2016 se suspendió por falta de participantes) y de un vía lucis que cuando no se ha ceñido al formato paso-banda se ha quedado en acto minoritario. En los encuentros nacionales de jóvenes cofrades celebrados en Sevilla (2015) y Palencia (2016) también hubo grupo de la diócesis salmantina: ojalá ese vínculo se retome y en la cita de Santander del próximo otoño los jóvenes cofrades de la Iglesia de Salamanca, sean penitenciales o no, de la capital o de los pueblos, acudan unidos bajo esa misma identificación, la que les es natural.

Profundizar en lo esencial, apunté al principio. Y eso es. Jesús en el centro. Para el ocio y el tiempo libre las ofertas son múltiples. Para trascender de ese fenómeno emocional, estético e identitario que reúne a los jóvenes en una cofradía la oferta la deben hacer la propia hermandad, su parroquia y su diócesis. Una oferta en la que el joven tenga voz, voto y protagonismo. Y que en frente y junto a él a quien se encuentre sea a Jesús. Él sabrá mejor que nosotros qué hacer con los jóvenes.


viernes, 1 de julio de 2016

Daniel Cuesta SJ

Dos jóvenes encienden una vela durante el IV Vía Lucis Joven en 2015 | Foto: ssantasalamanca.com

* El autor solicita recuperar este artículo, por su interés, que fue publicado originalmente en el desaparecido portal "Todos por igual", cuyo cierre provocó que este texto ya no esté disponible

Las encuestas son abrumadoras y así lo demuestran: a día de hoy en nuestro país el porcentaje de cristianos está bajando drásticamente y dentro de ellos, el de los que practican habitualmente su fe es cada vez menor. Muchos afirman sin tapujos que la fe en España está desapareciendo para dejar paso a una sociedad secularizada y "moderna". Sin embargo, no deja de ser curioso el hecho de que en esta sociedad laica y tecnológica, durante diez días al año parece que esto se olvida, y no solo son las calles las que se llenan de procesiones con un aire eminentemente barroco, sino que también los comercios, las familias, las conversaciones, parecen tener como centro la Semana Santa (aunque sea simplemente para hablar de los cortes de tráfico que ésta ocasiona). 

Este éxito de la Semana Santa no suele dejar indiferente a nadie, por eso unos y otros tratan de explicarlo desde distintas perspectivas. Por un lado están los que se manifiestan abiertamente agnósticos o ateos, pero participan activamente en los actos de las hermandades. Son los que nos suelen explicar los días de la Pasión como algo cultural, social y tradicional. Son gente de tambor y trompeta, de madera y dorado, de cristos y vírgenes, pero que no tienen intención de pasar de ahí. Recuerdo que una vez uno de estos cofrades trataba de convencerme de todas las ventajas que conllevaba el que las cofradías de Semana Santa fueran llevadas por "ateos y ácratas". Sinceramente, ninguno de los argumentos me convenció demasiado. 

Por otro lado, tenemos el puesto de muchos de los cristianos, que debido a la actitud de algunos cofrades, curiosamente mantienen una opinión parecida a la del grupo anterior. Todos hemos escuchado muchas veces hablar de la Semana Santa y las procesiones como un folclore, algo vacío, y donde lo que menos importa es el recuerdo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. 

Como cristiano, y como cofrade, creo que estas posturas tienen parte de verdad. A veces me he entristecido al comprobar cómo muchas de las personas que participaban en las procesiones no tenían ningún interés profundo, simplemente les movían motivaciones externas. Hechos como estos en ocasiones me han hecho no tener argumentos, ni saber qué decir a quien, desde dentro de la Iglesia, criticaba los aspectos folclóricos y vacíos de la Semana Santa, pues me daba cuenta de que no les faltaba razón, aunque no la tuvieran toda. 

Sin embargo, aunque esto se dé, creo que todo el mundo de la Semana Santa no puede ser explicado solamente desde estas dos ópticas. El que no hagamos mucho ruido, no significa que no seamos muchos los que como cristianos vemos en la Semana Santa un espacio donde vivir y profundizar nuestra fe. Conozco a muchos creyentes que viven su fe con profundidad y compromiso durante todo el año y que la compaginan y alimentan sin ningún problema con los actos de sus cofradías y hermandades. La mayoría de ellos entiende las procesiones no como un folclore emocional ni un acto fetichista, sino como una parada más del camino que lleva al Dios de Jesús al que ven representado en los pasos que salen a la calle. 

Tampoco se puede dejar de lado a un colectivo muy numeroso e importante, aunque se diluya con mucha facilidad en medio de la masa. Me refiero a aquellos hermanos de las cofradías que se encuentran entre dos aguas, hablo de los que no son ateos ni agnósticos, pero tampoco cristianos comprometidos. En muchas de las hermandades son "los que no están" o, mejor dicho, "los que están a medias", puesto que aparecen solamente los días de las procesiones y no vuelven a dar señales de vida en todo el año. Normalmente no se conocen entre ellos, ni conocen a demasiados de los hermanos de la cofradía, pues su pertenencia a la misma se reduce al pago de la cuota y a la salida en procesión. Son aquellos con los que todas las cofradías querrían contactar, pero ¿cómo hacerlo? puesto que su interés desaparece durante todo el año, son realmente los que "resucitan en Cuaresma y mueren en Pascua". 

¿Qué ocurre con esta gente?, ¿por qué si son cristianos no se deciden a dar un paso adelante y a caminar en su fe más allá del recorrido de la procesión? Uno de estos cofrades anónimos un día me contaba cómo se había sentido mirado en lo más profundo de su alma por la imagen del Cristo de su cofradía, y cómo había sentido que el que le miraba realmente era Jesús a través de esa imagen. Sin embargo, aunque esta experiencia le había tocado profundamente, no había servido para poner en marcha su vida cristiana, que seguía apagada todo el año, con excepción de cuando llevaba puesto el hábito de la hermandad. 

Sinceramente, experiencias como esta me entristecen más que las de los ateos de los que hablaba antes, porque me hacen ver que aunque la Semana Santa no es un folclore, es verdad que tiene algo que hace que muchos de los que participan de ella no terminen de arrancar. Creo firmemente que durante las largas horas de silencio que dura cada una de las procesiones, Dios habla al corazón de muchos cofrades que forman sus filas.  Algo les remueve, algo les hace vibrar sin que sepan cómo explicarlo, pero este algo la mayoría de las veces se va junto al humo que se forma al apagar el cirio que han portado en la procesión. Hay muchos "jóvenes ricos", como aquel que en el Evangelio, en un momento estaba dispuesto a todo por Jesús, pero después se marchaba apenado porque no se veía capaz de hacer aquello que Jesús le pedía.

Hoy día, muchas cofradías parece que se han dado cuenta de esto, y tratan de revitalizar la vida de la hermandad contactando con estos penitentes anónimos (aunque la mayoría de las veces los resultados sean mucho más modestos de lo que se planea). Sin duda nos encontramos con el problema de que durante mucho tiempo, no hemos querido, o mejor dicho, no hemos sabido acompañar estas experiencias de Dios que se dan en las procesiones, y por ello se han perdido o alejado muchos procesos de fe. Creo que a día de hoy se están dando pasos para intentar salir al encuentro de estos penitentes anónimos. Ojalá que encontremos la fórmula para poder hacerlo y consigamos, en la medida de nuestras posibilidades, hacer un poco más cristiana una celebración que desde sus orígenes lo ha sido. Ojalá que nos demos cuenta de que debajo de todos los hábitos, dorados, bordados, músicas… que acompañan la Semana Santa, arde una pequeña llama de fe que está esperando ser avivada.


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