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viernes, 17 de abril de 2020

Esther Ferreira Leonís

Los hermanos del Cristo de la Humildad realizaron sencillos altares en sus casas para la III Cadena de Oración Franciscana 

17 de abril de 2020

En mi tierra sus gentes abrazan la Semana Santa en las calles con todos sus sentidos. Palpita en sus venas la Pasión de Cristo, viva en el escenario que rutinariamente les emplaza cualquier día de otra época del año.

Pero este 2020 ha sido caprichoso duelo en su primavera, obligándonos a refugiarnos en nuestras casas para, desde la ventana, sufrir la condena propia y solidaria con nuestros semejantes de tener que rumorear en la lejanía el fervor de los rayos del sol, afanados en hincar su fuerza naciente, para así hacer brotar el colorido de los campos.

Y entre tanto una pregunta curiosa en la voz ingenua de un niño rebota sobre mis espaldas… ¿por qué no ha habido "Semana Santa"? Y es que aún se oye el lamento de muchos "procesioneros" por la suspensión de los desfiles, encarnando un desaliento tal que solo es comprendido cuando se ha llegado a la máxima hondura, camino del "Calvario" amparado por un hábito que se hace aliado en el trasegar de los pasos orantes hacia la búsqueda de la fe más elevada. Las cofradías y hermandades son estandarte de la religiosidad más natural, la que despierta desde las costumbres y la cultura popular, la de las vivencias más cercanas que facilitan el encuentro con el Misterio, la que se puede desentrañar a un pequeño que por primera vez asoma su atención a la realidad cultural, social y religiosa que le ha venido dada y que le acompañará en su madurez desde su propia crítica…

Y en la inquietud de esa inocencia que está descubriendo sus aledaños, otra percepción que contrasta: "La relación con Cristo no se suspende", lema de la Hermandad Franciscana de Salamanca para convocarnos a la cadena de oración el pasado Sábado de Pasión, junto con cientos de monjas franciscanas de clausura de toda España e Hispanoamérica. Porque hemos vivido la Palabra, acuciados por las circunstancias, si cabe, más hondamente, afianzando ese mensaje que ha de guiar nuestra existencia como cristianos, fijando nuestra preocupación antes en el prójimo que en nosotros mismos, y ello desde esa fe que comporta creencia en el Otro, confianza en su aliento ante las más terribles consecuencias de una pandemia desoladora. Del mismo modo Francisco Gómez ‒pregonero al que esperamos en el escenario del Teatro Liceo del próximo año‒ nos invitaba a sumergirnos en la semana más trascendental para los cristianos desde lo más íntimo, destilando desde la reflexión creyente el Evangelio, transformando el desgarro de la Pasión en alegría purificadora de Resurrección y renovación espiritual, desde esta perspectiva impuesta que nos coadyuva a interiorizar aún más nuestra esencia allende lo mundano.

Ambas visiones y esa ingenuidad niña que espera una respuesta… Y resurge entonces con claridad de un rincón privilegiado de mi memoria lo aprendido de Francisco Rodríguez Pascual y sus sucesores en la defensa de la Semana Santa procesional: la relevancia de las manifestaciones de fe y piedad populares, revestidas de connotaciones culturales, que llegan a las entrañas de los más humildes para atestiguar la vida de Dios hombre, de Dios padre, de Dios luz al final del horror que ahora acontece y aquella que ya alumbra a los que gozan de la paz de su rostro.

Otro año será, daremos testimonio de nuestra fe en las calles para hacer del mensaje de Cristo luz en cualquier mirada.


viernes, 17 de mayo de 2019

F. Javier Blázquez

Un paso de plastilina, bajo la advocación de El Cristo de los Perdones, en un aula del antiguo convento de las Bernardas

17 de mayo de 2019

Permanecen todavía en esa Salamanca que llaman oculta, integrados en edificios o espacios que cambiaron su función, recuerdos ya casi borrados de intensas vivencias cofrades. En los conventos de San Francisco el Real, San Carlos Borromeo y el Santo Nombre de Jesús, de las monjas bernardas, en la parroquia de San Román o la misma Prisión Provincial, por citar los relevantes, se escribieron páginas gloriosas para el devenir de nuestra Semana Santa.

Por eso la mirada nostálgica se ilumina cuando, por ejemplo, reverdecen por cuaresma añejas evocaciones y se llenan los pasillos del Colegio Calasanz con pasos de plastilina, expuestos bajo las más increíbles advocaciones. Los grupos de la ESO prepararon una original y refrescante reflexión sobre la Semana Santa. El antiguo convento cisterciense fue otrora sede del Perdón. Hoy lo es de la esperanza, igual que muchos otros colegios que no tuvieron un pasado similar, pero sus alumnos construyen igualmente un futuro cristiano que acoge con cariño esta expresión tan propia y genuina de celebrar la pasión del Hombre que sometió a la muerte.

Atrás parecen quedar, afortunadamente, aquellos años del aggiornamento en los que más de un pastor llamado a la cura animarum preconizó con regocijo el final de la Semana Santa procesional. En plena crisis del antiguo régimen eclesial, en plena efervescencia postconciliar, se abrieron las ventanas del vetusto edificio para que el aire fresco arrastrase miasmas e hiciera posible la renovación. Era inevitable que todo cuanto ataba al pasado y distraía la nueva pastoral cayese como la fruta madura. Y alguno se aprestó a zarandear el árbol, ansioso por anticipar la caída. Era cabal que cofradías y procesiones, con fecha de caducidad, quedasen sentenciadas. Tenía que ser así y así parecía ser. Las filas decrecieron, los pasos dejaron de salir, las hermandades se perdían… Era el signo de los tiempos.

Pero no fue así, ya sabemos. Las circunstancias cambiaron y una nueva generación se alista a las hermandades mortecinas, funda otras nuevas, recupera mucho de lo que se perdió. Porque la vida de fe no puede fundamentarse solo en lo racional, ni la liturgia ser pura, ni la adecuación a los tiempos nuevos quedar únicamente en símbolo que no toca el corazón. Hace falta algo más, cuidar el aspecto emotivo. Y en la religiosidad popular, precisamente, esto abunda hasta el exceso, con todos los peligros que conlleva y por eso mismo se quisieron extirpar. Sin embargo, una cosa era prevenir el vicio y otra, bien distinta, llevarse todo por delante, incluido lo mucho de bueno que tienen las expresiones de la piedad popular. 

Aquellos que pasaron por la juventud en los setenta dieron el paso y cargaron sobre sus hombros con el peso de la recuperación. Ahora están de retirada porque la generación finisecular asumió ya el relevo, dispuesta a mantener la tradición. Lo había vivido y sentido como propio y aceptó con naturalidad las responsabilidades que llegaron. Así es como tiene que ser y por ello gratifica comprobar que la cantera no se agota y sigue habiendo adolescentes y jóvenes que viven de manera apasionada este acontecimiento tan profundamente humano. Dios muere y resucita y nos da la vida que no acaba. El pueblo celebra al comienzo de la primavera y muestra sin complejos al mundo secularizado el misterio de la redención. Ahí andan estos muchachos, ilusionados, esperanzados, dando testimonio de sus certezas, sabedores de que el futuro lo tienen ahí, tocándolo con las yemas de los dedos.

Por esas mismas estancias de la esperanza colegial transita María, sonriendo aún porque este viernes santo había abierto con un farol el desfile de la Congregación de Jesús Nazareno. En otros pasillos, los de la planta inferior, están los mayores y abundan entre ellos los cofrades de acera. Marina, Carlos y Guillermo afianzan sus criterios y comparten impresiones bajo la supervisión de Luis, que con su Rincón de los pasos sienta cátedra como capillita mientras sueña con llevar en procesión la Virgen de su pueblo. Pilar, más activa, reparte su ocio entre el fútbol y la Semana Santa. Su Virgen es la Soledad y nunca falla en su desfile, pero este año fue con Juan a cargar en la Agonía. ¡Qué pronto empiezan con esta locura tan apasionante! Lo mismo que Miguel con la música. Vive para ella y tiene en la trompa su mejor amiga, lo saben bien en la banda Ciudad del Tormes.

A veces retornan los veteranos a la querencia. No pueden evitarlo, porque Calasanz imprime carácter y su memoria permanece para siempre. Y por allí te los encuentras, en el tránsito de la esperanza, comentando cómo les va la vida y cómo ejercen de cofrades. Alejandro carga con el Cristo de la Agonía Redentora, que cuerpo tiene para ello. Diego, que viste el mismo hábito, participa en la agrupación musical, mientras María Victoria se reparte entre la Dominicana y la agrupación Virgen de la Vega, donde toca el tambor. Y por supuesto están las ilustres. ¡Cuántos recuerdos del curso pasado!, porque vaya antepasados tuvieron en la Semana Santa. Marta es de estirpe nazarena, Eva de la Vera Cruz y Fátima de la Soledad, donde ya asume alguna responsabilidad. Ellas lo asumieron todo antes, porque lo llevan en los genes, aunque si se habla genética soleana, Javier y Marta, cofrades y fotógrafos de futuro, también podrían presumir un rato.

Podríamos seguir, con este y otros colegios, que hay muchos más ejemplos. Es solo una muestra para reflejar que, gracias a Dios, la tradición sigue viva y se renueva. Y una tradición tan viva no se puede extinguir, aunque haya a quien le pese. Al menos, nos queda la tranquilidad de que nosotros no conoceremos el final, porque el relevo está asegurado. Son tiempos para la esperanza de la Semana Santa, son tiempos para la esperanza de la Iglesia. Este torrente de vitalidad no se puede desperdiciar. La ilusión de tantos adolescentes y jóvenes es un tesoro guardado en vasija, ignoro si de barro, pero sí afirmo que estamos obligados a cuidarlo con mimo y mantenerlo para entregarlo, como ofrenda, a la Iglesia y sociedad del mañana. Esa sí es nuestra responsabilidad.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Xuasús González

Niños de la Hermandad de Jesús Despojado, en su procesión vespertina del Domingo de Ramos | Foto: Pablo de la Peña

22 de noviembre de 2017

A mediados del pasado mes de mayo dábamos cuenta en este mismo rincón cofrade virtual del malestar que se palpaba entre los cofrades de esta comunidad autónoma tras la aprobación del, entonces, borrador del calendario escolar para el curso 2017/2018. La cuestión es que en él se establecía que Lunes, Martes y Miércoles Santo serían días lectivos, y que el periodo vacacional tendría lugar en la semana de Pascua.

Apenas unos días más tarde era aprobado definitivamente el calendario manteniendo las previsiones iniciales, desoyendo las voces en contra –quizá tampoco demasiado vehementes, dicho sea de paso– de las juntas de Semana Santa de Castilla y León. Y, mal que bien, del mundo cofrade en general, al menos en las barras de los bares…

Y, ahora, en pleno curso, seguimos enredando con el mismo asunto…Y es que, a pesar de la decisión de la Junta de Castilla y León, se dejaba abierta la posibilidad para que los centros escolares que así lo decidieran pudieran cambiar el periodo vacacional y hacerlo coincidir con la Semana Santa.

Tan solo nueve –¡nueve!– centros de toda Castilla y León –siete de Zamora y dos de León– solicitaron el cambio de fechas, aunque a dos de ellos les fuera denegado por compartir servicios con otros que no pidieron modificar sus vacaciones.

En esta comunidad se cuentan ocho Semanas Santas declaradas de Interés Turístico Internacional (Zamora, Valladolid, León, Salamanca, Palencia, Ávila, Medina de Rioseco y Medina del Campo), tres de Interés Turístico Nacional (Burgos, Astorga y Ponferrada) y ocho de Interés Turístico Regional (Segovia, Soria, Sahagún, Aranda de Duero, Ágreda, El Burgo de Osma, Peñafiel y Tordesillas). Es decir, diecinueve localidades de Castilla y León tienen algún tipo de distinción turística para su Semana Santa; y eso, si no se nos ha quedado alguna en el tintero, que la concesión de este tipo de declaraciones se ha desmadrado en los últimos años y ya pierde uno hasta la cuenta…

Pero, más allá del número, lo que es innegable es la importancia que, en general, tiene la celebración pasional –con declaración o sin ella– en la comunidad autónoma. Y no solo a nivel turístico, sino también religioso, cultural, económico, social…; que resulta evidente no por un título, sino por la implicación de los ciudadanos –cofrades, y no cofrades– y de las instituciones.

También es evidente que, si se quiere potenciar la Semana Santa, los estudiantes han de poder "vivirla" plenamente, sin preocuparse por sus obligaciones del día a día. Pues, aunque las procesiones no coincidan con las clases, sí que pueden solaparse con actividades extraescolares; e, incluso, aunque no fuera así, la "vida cofrade" se vería sin duda mermada.

Y si eso no lo ha querido ver la Junta de Castilla y León –o, cuando menos, no le ha parecido lo suficientemente importante para conjugarlo con los criterios educativos, cosa que no parece tan difícil–, sí que parecía lógico que lo hubieran considerado las comunidades educativas. Al fin y al cabo, de ellas forman parte a través de sus diferentes estamentos –padres, profesores, alumnos…– personas de lo más heterogéneo. Y ha quedado claro que tampoco ha sido el caso.

Por tanto, se mire como se mire, algo falla… El arraigo de la Semana Santa y la amenaza de no poder vivirla al cien por cien, que tanto parecía preocupar, ha quedado en un más que discreto segundo plano.

Y eso que, para muchos, sigue siendo prioritario para la buena marcha de la Semana Santa –compatibilizar el calendario escolar con el cofrade– es lo que tenemos que hacer ver a la sociedad. Cueste lo que cueste. Y, en eso, tenemos mucho trabajo por delante...


jueves, 28 de septiembre de 2017

Félix Torres

Hermanos de carga del Cristo de los Doctrinos, de la Cofradía de la Vera Cruz | Fotografía: Daniel de Arriba

28 de septiembre de 2017

Comienza el curso, estrenamos otoño y todos recordamos, como si fuera ahora, esos días de septiembre en los que la televisión nos bombardeaba con multitud de diversos, casi inimaginables, coleccionables de los que muchos se quedaban en el primer fascículo y la mayoría, una vez relajada la fiebre del coleccionismo, no pasaban de los tres o cuatro primeros. Ahora, no sé si se han dado cuenta, los anunciantes han sustituido el sutil estímulo para llenar nuestras estanterías por otro quizá mucho más saludable por el que no dejan de anunciarnos gafas y más gafas. Cientos de gafas de cuantas marcas y modelos posibles haya en el mercado.

Pues entonces, con gafas relucientes y propósitos por estrenar, comencemos el nuevo curso con la ilusión de escolares con la cartera repleta de cuadernos y lapiceros a los que dar un primer uso y pongámonos manos a la obra para retomar aquello que el calor veraniego dejó arrumbado a la fresca sombra vacacional.

Podría comenzar por escribir sobre las normas diocesanas para las cofradías, aún en formato borrador, recién presentadas a los cofrades. Pero hay voces mucho más autorizadas que la mía para hablar de ellas, por lo que abandono la opción, no sin agradecer a esos cofrades comprometidos en su redacción la inversión de tiempo que han realizado en bien del resto.

También hubiera podido dedicar estas líneas, dado que está próximo el acto de entrega, a esa Medalla de Oro de la Ciudad a nuestra Junta de Semana Santa y a lo que debiera representar de cara al futuro. Pero, aparte de mi felicitación a cuantos cofrades se sienten –nos sentimos– parte de esa Junta, sé que también hay quienes loarían mucho mejor que yo el acto y su parafernalia, por lo que mejor lo dejo en sus manos.

Así que, seguramente dictado por mi subconsciente en el regreso a la mesa del despacho y la tiza en el encerado, retomo el otrora candente tema de las vacaciones escolares primaverales (que ha dejado de ser correcto denominarlas de Semana Santa), para dejar mi opinión por si fuera de utilidad en el momento de volver a tratar el tema, si así se hiciera, en las instancias correspondientes.

Y tengo la sensación de que, a veces, más de las que quisiera, nosotros, los cofrades, nos vemos como centro de casi todo, ombligos del mundo que nos rodea, sin darnos cuenta o sin querer darnos cuenta de que desgraciadamente somos minoría se mire por donde se mire. Cada vez más minoría.

Que si las vacaciones deben ir según nuestras normas, que si cortamos las calles por procesiones y todos deben aceptarlo, que si los hermanos de carga somos el soporte de nuestra Semana Santa, que si los nazarenos somos lo único salvable de esta pasión, que si…

En definitiva (y seguro que como en cualquier círculo dedicado a las temáticas más diversas), no vemos la viga en ojo propio ni el bosque que nos rodea. Estamos tan inmersos en lo nuestro, tan seguros de que nos gusta/apasiona esta devoción, que somos inconscientemente incapaces de dar opciones a quienes no opinan como nosotros.

Pienso en vacaciones (aunque podría ser igual para cualquiera de los muchos temas que nos ocupan frecuentemente) y me pongo en el lugar de quienes no ven la Semana Santa como eje vertebrador de su segundo trimestre. Para ellos, lo de menos es cuándo celebrarlas sino que permitan una conciliación familiar, en caso de ser necesaria, o que se alarguen en el tiempo lo más posible para que el descanso sea efectivo, que en esto todos quisiéramos ser funcionarios de la educación. No se plantean ni el momento ni el lugar salvo para programar una visita a aquella ciudad con procesiones tan populares. Para eso sí recuerdan que es Semana Santa, si acaso. No se preocupan de si sus hijos deben ser educados en esta fe-cultura-tradición si ellos jamás pisaron una calle sujetando un cirio y bajo un hábito nazareno.

Así, en este caso, los cofrades, más que sentirnos protagonistas imprescindibles, tendríamos que sabernos minoría y aprovechar la coyuntura. Ser respetados como minoría y exigir nuestro derecho a celebrar, cual si de Ramadán, WorldPride o independentismo provinciano se tratase. Así, no habría alarma si nuestros reposteros cuelgan de las balconadas municipales, si nosotros cofrades, manifestamos nuestra fe abiertamente cortando las calles para ello o si exigimos unos derechos "excesivos" de los que, como minoría, nos sabríamos acreedores.

Sintámonos y seamos orgullosa minoría, porque ello nos abrirá puertas hasta ahora cerradas a cal y canto. Basta de complejos, ni de superioridad ni de inferioridad, que por ser grupo minoritario (y casi en peligro de exclusión) hemos de sobrenadar como espuma de cerveza.

Lástima que además de minoritarios seamos también cristianos. Eso ya no está visto con la corrección política (de la politesse francesa) con que se mira a otros grupos menores y hace que mis propuestas no queden sino en mera ilusión. Pero por intentarlo…


miércoles, 24 de mayo de 2017

Pedro Martín

Dos pequeños ataviados con el hábito de la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños | Foto: ssantasalamanca.com

24 de mayo de 2017

Sin acabar prácticamente la Semana Santa de 2017 y con las evaluaciones encima de la mesa, nos asaltan ya las noticias de la próxima, en este caso por las vacaciones escolares coincidentes o no con la semana de pasión.

El pasado día 6 de mayo se reunieron, como todos los años, los representantes de las distintas localidades de la Semana Santa de Castilla y León en Medina del Campo y uno de los temas estrella que aparece recurrentemente en nuestra comunidad fue este, ya que en el borrador del calendario escolar para el curso 2017/2018 se prevé que las mismas comiencen el Jueves Santo y se prolonguen toda la semana de Pascua.

Ya los vaivenes de años atrás no nos cogen desprevenidos, y periodos vacacionales como el de este año que comenzó el jueves anterior al Domingo de Ramos se entremezclan con años como el venidero.

Independientemente de la influencia en la Semana Santa, ¿a qué obedece tanto cambio?, ¿de verdad alguien  piensa que tres días más de clase antes de Semana Santa y no después valen para algo ¿Pedagógicamente es sostenible? No soy docente, pero sí padre, y después de muchos cursos escolares no le veo la ventaja por ninguna parte, excepto para los profesores que disfrutan de una semana de vacaciones cuando nadie las tiene.

Y ahora vamos al argumentario cofrade, que es lo que nos ocupa en esta página. Parece que el primer argumento esgrimido en la aludida reunión fue el dado por la propia Junta de Castilla y León en anteriores ocasiones: cuando las vacaciones escolares coinciden con la semana de Semana Santa, el turismo interior se incrementa notablemente, disminuyendo en años como el venidero. Pobre y triste argumento, señores. No somos una asociación de hostelería ni un operador turístico, por mucho título que lleven nuestras respectivas semanas santas. Eso que lo luchen otros.

Nuestro argumento no puede estar en el turismo, sino en la participación y en el conocimiento que tienen nuestros niños de la Semana Santa, de nuestra tradición e historia, de su incorporación a la misma de forma activa dentro de las cofradías o como espectadores en la calle. A ello debemos aspirar y por ello debemos reclamar con todas nuestras fuerzas que sus vacaciones escolares les permitan vivir intensamente, disfrutar y, sobre todo, participar en su Semana Santa para que la sientan como propia y así hagan que perdure en el tiempo.

Ese debe ser nuestro argumento y no pensar en la Semana Santa únicamente como "evento cultural y turístico", eso es muy fácil de defender y a la vez muy fácil de denostar y criticar.


martes, 23 de mayo de 2017

Xuasús González

Varios niños de la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños, preparados para la procesión | Foto: ssantasalamanca.com

22 de mayo de 2017

No es, desde luego, muy habitual que la Semana Santa esté de actualidad en los medios de comunicación a mediados del mes de mayo. Y, menos aún, durante unos cuantos días, sobre el mismo asunto, y con reacciones de unos y de otros, políticos incluidos. Y, este año, en esas estamos… por culpa de las vacaciones escolares. Quién lo iba a decir…

Resulta que la Junta de Castilla y León, en su propuesta de calendario escolar para el próximo curso, establece las vacaciones de Semana Santa desde el Jueves Santo hasta el primer domingo de Pascua. Eso significa que el Lunes, el Martes y el Miércoles Santo son días lectivos, y que se descansa la semana siguiente a la Santa.

No es esta una cuestión nueva. Tiempo atrás se alternaba entre las vacaciones en la propia Semana Santa y en la posterior, en función de cuando "cayera", buscando –se decía– un cierto equilibrio en la duración de los trimestres. Pero estos últimos tres años, al haber coincidido las vacaciones con la Semana Mayor, todo parecía indicar que ya no habría más discusión al respecto; incluso –creo recordar– así se había anunciado. Cosa, por cierto, que parece razonable, de igual forma que las vacaciones de Navidad no empiezan en Nochevieja, ni las de verano en el mes de agosto…

Cierto es que el hecho de poner las vacaciones en una semana o en otra hace que varíe la duración del segundo y del tercer trimestre; pero no creo que la diferencia resulte trascendental para la buena marcha del curso. Y menos aún si se tiene en cuenta que esas tres jornadas, y en esas fechas, resultan por lo general académicamente "descafeinadas"… salvo que a algún profesor le dé por poner en ellas algún examen –no habrá días en el trimestre–, que tampoco sería la primera vez…

Sin embargo, sí que es mucho lo que está en juego, "semanasanteramente" hablando, si Lunes, Martes y Miércoles son lectivos. Porque, aunque las procesiones no coincidan por lo general en horario con las clases, no es difícil que sí se solapen con las distintas actividades extraescolares. En cualquier caso, los estudiantes tienen que estar pendientes de sus obligaciones y no pueden vivir plenamente esos días, lo que hace que la "vida cofrade" se resienta. Y eso, en una comunidad autónoma en la que muchas de sus localidades cuentan con una Semana Santa con gran arraigo y participación de la sociedad –por no hablar de las declaraciones de Interés Turístico de las que tanto se presume–, pues suena todavía más raro…

Para el próximo curso, decía, el borrador del calendario escolar contempla del Lunes al Miércoles Santo como días lectivos. Y la polémica, más pronto o más tarde, tenía que surgir; y se ha hecho de rogar, que ya se conoce la propuesta desde hace mes y medio, y no hace más que unos días que ha trascendido.

Fue a raíz de la última asamblea general de juntas de Semana Santa de Castilla y León, celebrada el pasado 6 de mayo en la localidad vallisoletana de Medina del Campo, en donde se palpaba un malestar generalizado por el asunto de las vacaciones.

Así, el mundo cofrade de esta comunidad autónoma ha decidido ir de la mano para tratar de cambiar el calendario. Y han empezado a hacer "ruido" en los medios, anunciando un escrito dirigido a los consejeros de Educación y de Turismo, Fernando Rey y María Josefa García Cirac, respectivamente, y al presidente del ente autonómico, Juan Vicente Herrera.

El hecho de que todas las "Semanas Santas" de la comunidad autónoma se hayan unido en esta reivindicación ha servido, al menos, para que los políticos la tengan en consideración. Y, según parece, se va a permitir que cada localidad, si así lo demanda la mayoría de sus centros educativos, pueda disfrutar el próximo curso de sus vacaciones escolares de Semana Santa entre el Viernes de Dolores y el Domingo de Pascua. Y que los alumnos puedan "meterse" de lleno en la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Qué menos…


jueves, 31 de diciembre de 2015

José Javier Rodríguez


31 de diciembre de 2015


Durante la campaña electoral los partidos de la izquierda han defendido en su programa electoral la marginación de la asignatura de religión en el sistema educativo. Es cierto, la religión, la plástica o la educación física han sido siempre las "marías". Pero una cosa es el "pensamiento popular" y otra, muy distinta, los proyectos políticos que han de velar por el bien común [1]. Ante estas propuestas, el partido que representa a la mayoría del arco parlamentario de la derecha social ha optado por mantener un discurso neutro.

Por si fuera poco, acabo de leer en una columna de opinión de un periódico de tirada nacional el "mensaje" que un "maestro" lanzó a un grupo de padres de escolares de su centro público: "En mi escuela, ni un villancico"… Y es que "carmenadas" se dan en todos los sitios, incluso en Segovia, donde está ubicado el centro educativo "público" donde imparte "docencia" dicho "maestro".

El maestro ha de ser un referente para todos y ha de acoger a todos: cristianos, musulmanes, agnósticos, judíos, ateos… pero decantarse por una escuela sin referencia a la cultura popular y sin apertura a la transcendencia [2], le hace reo de sus palabras. En  lugar de ser un docente en una escuela pública aconfesional, se convierte en un adoctrinador del mensaje de la ideología de género que vertebra el currículo escolar impuesto por los dos partidos mayoritarios.

Los ideólogos de género, que defienden la prevalencia de lo subjetivo, lo individual o lo construido por su cultura ─la normalización legal del deseo particular y autónomo─, reniegan de toda evidencia biológica, natural o ecológica para construir una cultura diferente en la que no existan diferencias de género. El sexo para ellos es una cuestión accidental que puede superarse sin problema alguno.

El primer paso ha sido la destrucción de la familia mediante la banalización del matrimonio convirtiéndolo en el contrato más fácil de romper y degradándolo al  igualarlo a la unión homosexual. En segundo lugar se ha otorgado al aborto el estatus de derecho de la mujer, desligando así la maternidad biológica de la maternidad/paternidad como deseo. El tercer hito se viene fraguando de forma callada y sigilosa desde hace ya varias décadas: la asunción por parte del Estado de la educación de las nuevas generaciones, eliminando el derecho inalienable de los padres a ser los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos.

Finalmente, según señala Rafael Mora (2006) [3], el último asalto de la ideología de género está siendo la eliminación de las religiones positivas. Primero en la escuela y luego en la sociedad, como está sucediendo en algunos barrios madrileños. De este modo, se reescribe el relato bíblico para adaptarlo a la paridad de género y se prohíben la presencia de signos religiosos en las escuelas financiadas con fondos públicos. Incluso, se escriben novelas como El Código Da Vinci, donde se deja intuir que hubo una Iglesia que triunfó, la masculina, cuyas cabezas visibles eran Pedro y Pablo, y dejando entrever otra "iglesia paralela", la de María Magdalena…

De ahí, y en honor a la verdad, aquellos que apreciamos el humanismo personalista, aquellos que defendemos la dignidad de la persona humana ─varón y mujer que se complementan en la diversidad─ y somos conscientes del valor social y cívico de las ciencias humanas, hemos de profundizar cada día más sobre la realidad en la que vivimos. Para ello, debemos conocer aquellos aspectos de nuestra cultura social que modifican y destruyen lo humano y, al mismo tiempo, defender y difundir lo que es propio del ser humano: su cultura transcendente.

Y es que la Navidad o la vivencia de la Semana Santa, entre otras manifestaciones de la cultura religiosa popular, son aspectos sin los cuales la historia de Europa, y en especial de España, no se pueden ni comprender ni entender. Sí, hoy hay muchos interesados en reescribir la historia al modo del "Ministerio de la Verdad", distopía de George Orwell, que enmendaba lo publicado en la prensa para que las hemerotecas coincidieran con lo que sucedió en realidad.

Nadar contracorriente es lo que toca en este momento de la historia. Por ello no debemos dejar la educación, la escuela, en manos de los enemigos de lo humano, a aquellos que roban la ilusión a los niños o que se olvidan de que los padres somos los responsables primeros de la educación. Y es que la cultura religiosa, hecha visible en el arte centenario de los pasos de la Semana Santa que con tanta devoción y admiración cuidan los hermanos cofrades, ha de ser explicada, analizada y estudiada por todos los escolares cuyos padres consideren que el razonamiento histórico, cultural y humano enriquece a la sociedad. El hecho religioso, y su vivencia, ha sido y será siempre un valor de lo humano que contribuye a hacer mejor a los ciudadanos que valoran lo público como un servicio al bien común, al bien de todos.

[1] Escribo "Bien Común", porque el "interés general" implica que el bien particular de unos pocos se prima lesionando a una minoría, generalmente los más débiles. Por el contrario, el Bien Común, es bien para todos, sin despreciar o perjudicar al otro.

[2] Transcendencia: capacidad del ser humano de transcender el hecho observado, es decir, de dar significado a lo que acontece.

[3]  Rafael Mora (2006). La ideología de género: exposición y crítica
http://www.almudi.org/articulos/7569-La-ideologia-de-genero-exposicion-y-critica-Rafael-Mora


jueves, 19 de marzo de 2015

Pedro Martín

Niños de la Cofradía de la Vera Cruz el Domingo de Resurrección | Fotografía: Pablo de la Peña

19 de marzo de 2015

Que los niños son una parte importante de la Semana Santa es algo obvio. Es más, diría que su presencia es deseable y necesaria, no sólo para el futuro de la misma, sino también para el presente de nuestras cofradías, pues en ellas viven su fe y su devoción, crecen como cristianos y como cofrades, aprenden de los mayores y nos enseñan con su inocente mirada de niños aquellos aspectos que los adultos no somos ya capaces de ver, bien por las costumbres adquiridas o bien por nuestra propia ceguera. Decía Jesús: "Dejad que los niños se acerquen a mí". Y qué mejor que se acerquen a Jesús en los misterios de su muerte y resurrección.

Muchos niños no tienen más contacto con la Iglesia desde su primera comunión (y por desgracia en muchas ocasiones la última) que su cofradía. Qué gran reto evangelizador para nosotros y para la Iglesia diocesana de Salamanca que nos acoge.

Ahora bien: qué hacemos con nuestros niños, cuál es su sitio en la Semana Santa y, más concretamente, cuál es su sitio en nuestras procesiones. Tengo la impresión de que queremos hacer en muchas ocasiones una procesión infantil dentro de la procesión y para mí no es lo más correcto.

El sitio de nuestros niños en las procesiones no es imitar las conductas de los mayores a escala. No deben entender que es un juego adaptado a su tamaño y posibilidades; deben comprender la importancia de formar parte de un cortejo procesional con sus elementos diferenciados, cada uno los suyos, pero que mantiene unos elementos comunes a todas y que tienen su sentido: desde la cruz de guía que abre nuestros desfiles, pasando por la bandera o estandarte y terminando por nuestras imágenes, culmen y centro de lo que queremos poner en la calle. Jesús y María se procesionan en pública profesión de fe y mientras unos hermanos los llevan portados a hombros, otros los acompañan con la luz o con cruces, formando filas. Eso y no otra cosa es la procesión. Puede o no haber otra serie de insignias y elementos que la complementen, pero nada más.

Entonces me pregunto: ¿dónde clasificamos dentro de estos elementos los "pasos de niños"? En mi opinión, no tienen ningún sentido. Ni por las "imágenes que portan", que no son tales; ni por la pertinencia de los elementos que muestran, claramente redundantes y prescindibles; ni por lo que es más importante, el sentido penitencial de la carga de un paso, que es absolutamente contrario a la propia esencia de un niño. ¿Debe un niño hacer penitencia? Mi respuesta es rotunda: no.

Un niño debe participar con seriedad en el desfile, pero no haciendo penitencia; con alegría, viviendo la procesión desde dentro y dando pequeños pasos, desde su simple presencia a ir portando alguna insignia, pasando al cuerpo de acólitos, si este existe, para terminar en las filas de hermanos como adulto y, si se desea con la mayoría de edad, portando sus imágenes. Estamos potenciando "exclusivamente" que nuestros niños el día de mañana sean hermanos de paso o nada, y esto es un grave error. Insisto: tan importante es para la procesión el que porta una imagen como el que alumbra con su cirio o lleva su cruz. Y esto es lo que está ocurriendo con nuestras procesiones: cada vez menos hermanos de fila, también entre los más pequeños, porque ellos, también sacan su paso; y cuando no lo saquen, pues como los mayores, se quedarán en la acera con su medalla en vez de engrosar las filas de hermanos.

Esta debe de ser la evolución lógica y no confundirlos con otras funciones propias de adultos, que vacíen nuestros cortejos para hacer "penitencia a destiempo".


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