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martes, 7 de julio de 2020

F. Javier Blázquez

Un mismo cofrade sostiene dos hachones en la procesión de la Cofradía de Cristo Yacente | Fotografía: Pablo de la Peña

06 de julio de 2020

El mundo se nos vino abajo cuando asumimos que este año las calles no se convertían en templos durante los días santos del comienzo de la primavera. Los pasos quedaron sin montar, la mayor parte de los actos cuaresmales sin ejecutar, los triduos sin rezar y el pregón oficial sin pronunciar. El tiempo se detuvo y en el anhelo quedó nuestra Semana Santa del 2020, la que ni siquiera pudimos celebrar en las iglesias. Cada uno lo hizo a su manera, como Dios y los tutoriales diocesanos le dieron a entender, encerrado a cal y canto durante los peores momentos de la pandemia.

Ahora, cuando tradicionalmente entramos en la época de parálisis casi absoluta en la actividad cofrade, da la impresión de que el mundo cofrade intenta recuperar algo de lo que quedó sin hacer. La revista Pasión en Salamanca, en su formato clásico, al ralentí, ha comenzado su distribución. Después de todo es una revista cultural cuya lectura tiene cabida en cualquier momento del año. Había quedado empaquetada en las vísperas de su presentación. Christhus, que aún no estaba impresa, se rehace y aligera y en breve sacará una edición reducida para los coleccionistas. Algunas cofradías estudian llevar al otoño los actos que, por no tener vinculación con el calendario litúrgico, bien pudieran verificarse en otro momento y poder darles así continuidad en el tiempo. El poeta ante la cruz, uno de ellos, podría servir como ejemplo representativo.

Poco a poco la vida cofrade parece ir resurgiendo, a ritmo lento, pesadamente lento, sin certezas de cara al futuro, porque nadie puede asegurar que para 2021 habremos recuperado la normalidad. Pero no queda más remedio que mantener la esperanza en este tiempo de inquietante espera. De momento, si se confirman los rumores y hay más de una candidatura a la presidencia de la Junta de Semana Santa, tendremos un mes de julio entretenido en los mentideros cofrades. Un aliciente más para este mortecino y atípico principio del estío. Ojalá que en estas semanas de campaña sin campaña todo quede en runrunes de lo que uno u otro pudiera aportar en caso de salir elegido. El problema es, y la experiencia así lo demuestra, que solo hay un ganador y cuando uno gana es porque el otro pierde. Y no están los tiempos para divisiones, que en todos los sentidos pinta el palo verde de la baraja. La Semana Santa no es como la política, no debiera serlo aunque sus procedimientos son y deben ser democráticos, faltaría más, pero las pugnas nunca fueron buenas ni terminaron bien.

Comienza el verano, con muchas incertidumbres. Demasiadas. Es tiempo de espera, con inseguridades, con temores, pero también con esperanza. Pese al desánimo no podemos renunciar a ella. Tenemos la certeza, porque es una constante, de que tras las crisis siempre surge algo nuevo, mejor o peor, en todo caso diferente. A nosotros compete disponer los medios para que la nueva etapa que ineluctablemente está abriéndose camino sea mejor. Y todo pasa por la unidad, virtud que escasea en la tierra hispánica y apenas si se conoce por la Charrería. Pero hay que clamar por ella, reivindicarla desde todos los ámbitos, comenzando por el diocesano, siguiendo por las hermandades, llegando al corazón cada cofrade, dejando a un lado los protagonismos y las ansias de medrar. Ahora más que nunca se hace necesario aunar esfuerzos y trabajar todos en la misma dirección, porque lo que viene para nada va a ser fácil.


miércoles, 17 de junio de 2020

Félix Torres

José Adrián Cornejo, presidente de la Junta de Semana Santa, departe con el obispo de la diócesis | Foto: Pablo de la Peña

17 de junio de 2020

Hace unos días, los salmantinos nos encontrábamos "celebrando" la festividad del santo de Sahagún, el Juan que paraba necios y enamoraba damas, el Apóstol Salmantino, patrón de la ciudad y cuidador de sus habitantes. Celebrando, digo, por no decir esperando a un concierto en la Plaza o unos fuegos de artificio en la ribera del Tormes que no fueron ni en la virtualidad. Una fiesta más que descafeinada a pesar de los intentos del consistorio por dar aires virtuales de normalidad a la misma para nosotros que, quien más quien menos, llevamos meses de teletrabajo, de conexiones remotas, de videoconferencias y de charlas monitorizadas que ahora llamamos chats. Estábamos nosotros como para hacer algo de caso al programa festivo municipal desde nuestros ordenadores y conexiones wifi.

Pues, no sé si aprovechando, pero sí que coincidiendo con estos fastos municipales, salta la noticia de la convocatoria de elecciones a la Junta de Semana Santa de Salamanca.

José Cornejo, presidente cesante, convoca a los medios y anuncia que la elección del futuro nuevo presidente de nuestra Junta de Semana Santa será el próximo 28 de julio.

Serán diez años justos, ni día más ni día menos, los que Cornejo habrá manejado el timón de una Junta de Cofradías que, ya en su mandato, pasó a ser Junta de Semana Santa, un nombre mucho más "amplio" e inclusivo. Porque el 28 de julio de 2010 tuvieron lugar aquellas elecciones en las que Cornejo obtuvo el respaldo de nuestras cofradías mediante los votos de nuestros hermanos mayores y presidentes.

Diez años en los que hubo luces y sombras, que en tanto tiempo da para mucho. Luces en un Liceo que desde el primer momento fue el baluarte en el que se ha hecho fuerte y grande nuestro pregón en estos años. Luces también en lo que ha sido la mejor época para la difusión de nuestra Semana Santa de cara al exterior en cuantos círculos ha tenido a su alcance. O luces, por cerrar este interruptor halagüeño, en esa medalla de oro de la Ciudad de Salamanca que, en 2018, estrechaba aún más los lazos entre la ciudad y quienes llevamos más de quinientos años recorriendo sus calles para mostrar más orgullosa que catequéticamente la Pasión a los demás.

Y sombras, claro. Que algunas cosas, en tanto tiempo, se le han escapado de las manos o se le han venido encima sin él quererlo. Unos estatutos que, siendo su principal objetivo en aquel 2010, fueron una china en el zapato, que dolió a cada paso hasta su aprobación seis años después; algún "sapo" que hubo de tragar cuando le venía de… no sé si arriba o abajo mientras se le escurría de entre las manos a la vista de todos o, por terminar también con estas oscuridades, este cielo pandémico que se le ha venido encima en su despedida, sin comerlo ni beberlo, impidiendo una marcha a los sones de Pasión en Salamanca, nuestra marcha "oficial" en los últimos tiempos.

Y el 28 de julio, si no hay crisis que lo impida, con mascarillas y geles desinfectantes –que así se ha anunciado– y manteniendo las distancias, tendrá lugar la votación para elegir a quien será el relevo de Cornejo. Un relevo que muchos ya dan por sabido que será "natural" pero que, si hacemos caso de las crónicas antañonas en las que hasta un servidor era mencionado como presidenciable junto a otros nombres, mucho más conocidos que el mío, de la Semana Santa salmantina, tendrá algún que otro nombre en el candelero. Así que, a partir de ahora, y aun sabiéndose de un único candidato que haya dado "paso alante", seguro que se abren las casetas de apuestas y habrá nombres que saldrán a relucir con mejores o peores intenciones por parte de quienes hagan correr los rumores.

Sean quienes y cuántos sean, si es que hay más alternativas, esperemos que estos meses de presentaciones y búsqueda de votos sean tan tranquilos como meses de verano que serán. Y que, por supuesto y adelantándome a todo, se llame como se llame el presidente que salga de esa votación del próximo 28 de julio, cuente con el respaldo de nuestros dirigentes, la comprensión de los cofrades y la ayuda de todos. La mía la ofrezco desde aquí y desde ya.


viernes, 29 de mayo de 2020

Ángel Benito

Presidente y vicepresidente de la Junta de Semana Santa de Salamanca junto a la directora de Turismo de Castilla y León
El presidente de la Junta de Semana Santa y su segundo, junto a la directora de Turismo de Castilla y León

29 de mayo de 2020

El nuevo presidente de la Junta de Semana Santa tendrá que hacer frente a una larga lista de tareas que se podrían resumir en el reto de la unión. Si atendemos a los plazos, que ahora mismo es hablar de ciencia ficción, podría darse en el mes de julio, con una única candidatura por el momento. La justa limitación de mandatos hace que la despedida de José Adrián Cornejo no haya sido la soñada ni para la Semana Santa ni para nadie, como él mismo reconocía el Domingo de Resurrección. 

Hablo de la unión como un reto fundamental ya que me resulta inconcebible que no se haya logrado una respuesta coordinada de todas las hermandades en plena Semana Santa, cuando todas las necesidades eran perentorias y no había lugar para debates sino para el consenso. Palos hay para todos los gustos: desde la Junta de Semana Santa que no fue capaz de asumir su liderazgo para lograr una respuesta coordinada como si consiguió Valladolid o Segovia por poner ejemplos cercanos, a las cofradías que optaron en la mayor parte de los casos por hacer la guerra por su cuenta olvidándose de que sumando se hubiera conseguido una mayor efectividad. La mayoría ha realizado propuestas loables que habría podido combinar perfectamente con una propuesta conjunta a la que finalmente solo se adhirieron cuatro cofradías. En definitiva, el coronavirus ha puesto de manifiesto que la unión de las cofradías de la Semana Santa de Salamanca más allá del eslogan turístico sigue siendo un reto por alcanzar, y al que se tendrá que dedicar el nuevo presidente de la Junta.

Queda pendiente la ansiada reestructuración de la Semana Santa. Como la memoria es vaga, traigo de nuevo la propuesta que nunca se llegó a conseguir pero que se votó en numerosos cabildos. En ella, El Nazareno pasaría a la mañana del Viernes Santo, el Huerto a la tarde del Jueves Santo, la tarde del Viernes Santo quedaría para la Vera Cruz con un hipotético traslado del Rescatado a otro de los días. Quedó en una propuesta. La entrada de dos hermandades más desde aquella iniciativa (Hermandad Franciscana y Archicofradía del Rosario) provoca que la reestructuración sea más importante que nunca.

La nueva Junta de Semana Santa también tendrá que empezar a aplicar las nuevas normas diocesanas e incluso ayudar a aquellas cofradías que se encuentran en una situación de urgencia. Las cofradías ya empiezan a sentir la suspensión en sus carnes con muchas cuotas impagadas, gastos de proveedores inaplazables y bolsas de caridad que se han duplicado de gastos extraordinarios no previstos. Es decir, la Pasión salmantina también tendrá que adaptarse a la nueva realidad y necesitará de una presidencia que evite estar de perfil ante esta situación. Tras la votación, no habrá tiempo para el reproche. Mi imagen ideal sería la presentación de varias candidaturas con proyectos diferentes que permitan a los hermanos mayores decidir cuál es su futuro los próximos años. Aporrear las barras de los bares en los cafés de Cuaresma no servirá entonces. El futuro ya está aquí. Y en cada papeleta se decide cómo debe ser el futuro de nuestra Semana Santa.


viernes, 6 de diciembre de 2019

J. M. Ferreira Cunquero

Pregón de la Semana Santa del año 2015 | Foto: Manuel López Martín

06 de diciembre de 2019

Cuando escribo estas letras acabo de enterarme de que Paco Gómez, periodista de TV 8 Salamanca, será quien pregone la próxima Semana Santa. Un gran acierto por parte de quien tiene esa gracia de elegir al protagonista de uno de los actos más relevantes de la vida social salmantina. Por supuesto que personalmente celebro esta elección por apropiada y justa.

Pensando precisamente en este asunto, caigo en la cuenta de que hemos asistido a la última designación de un pregonero por parte del actual presidente de la Junta de Semana Santa, ya que, como todos sabemos, dejará el cargo dentro de unos meses.

Mi relación personal con J. A. Cornejo podría servir para un ensayo sobre las relaciones humanas y ver cómo estas fluctúan cuando se logra abrir la mente desde esa actitud cristiana que puede derribar barreras y todo tipo de obstáculos.

En plena Semana Santa coincidí en la Cope, hace años, con un tipo que, sin ser santo de mi devoción, acababa de ser nombrado máximo dirigente del mundo cofrade de nuestra ciudad. Un artículo demoledor escrito con la tinta de mi verdad, publicado en Tribuna de Salamanca, creí que había levantado barricadas insalvables para siempre entre nosotros.

Años más tarde, cuando la distancia seguía alimentando muros y alambradas, Cornejo me ofrece ser pregonero de la Semana Santa del año 2015. Fue chocante que, sin tener en cuenta desencuentros ni enemistades, José Adrián me ofreciese el más alto honor que puede tener un cofrade: anunciar en tu tierra la Semana Santa que nos habita el corazón desde siempre.

Recordando estas cosas, releo una de mis columnas publicadas en El Adelanto, en la que criticaba con cierta crudeza aquellos pregones insufriblemente tediosos que reunían a todo el peloteo político de la ciudad en torno al preboste de turno. Recordaba cómo un pregón, por causas que desconozco, fue leído en dos ocasiones ante un escaso público en el Teatro de la Caja de Ahorros de Salamanca. 

Y metidos en estas harinas, es más que curioso recordar aquel acto que por durar escasos minutos, cuando se entregaba el ramo de flores a la pregonera, llegamos a pensar que estábamos siendo víctimas de una cámara oculta. 

Pero lo más indignante fue saber que hubo algún literato pregonero que untó sus pobres letras con el sebo del plagio o cómo otro u otra pronunciaron pregones escritos por terceras personas. Lo chocante del tema es que, pasado el tiempo, uno de los pregoneros con relevancia política para tener a su servicio algún escribiente se jacte (vaya morro) de lo que le costó reunir aquellas letras. Es gracioso que quien escribió alguno de aquellos pregones lo hizo mejor que años atrás cuando tuvo que escribir el propio. 

Para rematar esta gavilla de recuerdos no puedo dejar en olvido a aquel anunciador ilustre de nuestra Universidad que, teniendo a su lado al Flagelado de Carmona en la Clerecía, no fue capaz de decir una sola palabra sobre la escultura que, por su belleza, traspasa las fronteras de la devoción cristiana. De aquel acontecimiento pregonil bochornoso, Abraham Coco, pregonero de la pasada Semana Santa, fue el único periodista que publicó en El Adelanto la verdad de lo ocurrido en aquel lamentable acto. 

Pero sería injusto no reconocer que hubo grandes pregoneros que hicieron historia en todas las épocas y bajo el mandato de todos y cada uno de los dirigentes que tuvo nuestra Semana Santa. Ilustres personajes de las letras y del clero dejaron su impronta en pregones inolvidables que hoy podemos releer y valorar, para ser conscientes de que nuestra Semana Santa siempre tuvo a su lado a las figuras más representativas de la sociedad charra.

Hemos de reconocer que el acierto de haber elegido el Liceo para el pregón, y que las imágenes de la Semana Santa formen parte del mismo, han hecho posible que el teatro, repleto de gente, huela a cofrade y cercanía.

No hay mejor testimonio de lo que afirmo que leer los libretos publicados de los pregones de esta etapa, para asegurar que J. A. Cornejo inscribirá su nombre con letras de oro en la historia de nuestra Semana Santa.

Y como mis próximas letras tornarán principiando el 2020, aprovecho éstas para desear a todos los lectores de Pasión en Salamanca un feliz encuentro con el Niño esperado que dentro de nuestro corazón todo lo puede.


miércoles, 20 de noviembre de 2019

Félix Torres




20 de noviembre de 2019

¡Magnífica!

Es la expresión que me salió de lo más hondo, cuando vi la fotografía seleccionada para ser cartel de nuestra Semana Santa este próximo año 2020 en el concurso que, como todos los años desde hace treinta y cinco, organiza nuestra Junta de Semana Santa. Lo hice salvando, incluso, ese escepticismo que tantas veces he hecho público en lo concerniente a concursos fotográficos y resultados previsibles por encorsetados.

Lo hice porque la fotografía ganadora, más allá de carteles y composición tipográfica –también interesante–, destaca por sí misma, llegando a cautivar al espectador que se deja llevar y entra en el ambiente que se abre en la misma. Una imagen que quien la mira se ve como parte de esa fantasmagoría en la que hombres velados arropan a un Cristo de nítida figura que se afianza seguro sobre sus andas.

También es cierto que, una vez conocido el autor de la imagen –cosa relativamente sencilla para los iniciados–, no cabía mejor expresión que aquella. ¡Magnífica! Y por ello, entre otras muchas cosas, este texto de hoy quería venir también a mencionar al menos a Manolo. Reconocer admiradamente a Manuel López Martín, flamante ganador de este concurso en la presente edición. Fotógrafo de reconocida trayectoria, con una particular visión de la escena que hace de sus encuadres y resultados finales una captura etérea de una realidad que casi flota. Una interpretación onírica de la realidad inalterada o modificada únicamente por su composición y manejo de la técnica. Todo esto y algo más que no sé expresar en palabras quiere ser mi homenaje cariñoso a quien plasmó Cristo y cofrades en la instantánea protagonista.

Pero, seguro que, como todos, el cartel de este año, la fotografía de este año, no se va a librar de críticas cofrades más o menos exacerbadas, lanzadas desde un concepto tradicional de lo que la propaganda de estos actos de religiosidad popular debe ser siguiendo unos cánones que, por clásicos, son los que limitan cuanto se puede hacer en este campo artístico. Unos criterios que se anclan en un quizá erróneo sentido estético, pueril y decimonónico en sus trazas, que acota los horizontes y ata de manos a quien ve más allá de dulces rostros enmarcados por fondos tradicionales y pretende romper, aunque sea un poco, para llegar a otros puertos estéticos sin salirse de lo que en definitiva debe ser representado.

La eliminación de aquellas premisas (imagen, monumento y público) que gobernaban el concurso desde sus comienzos supuso un gran avance en el enfoque, nunca mejor dicho, que se podía dar a las imágenes concursantes. La posibilidad de actuar sobre las fotografías, algo prohibido hasta hace no mucho, ha sido un gran paso adelante en estas convocatorias aunque aún falte algo más. Porque aun así, se necesita, en mi opinión, una mayor libertad en cuanto afecta a fotografías y sus técnicas, revolucionadas y revolucionarias con la aparición de tecnologías digitales que permiten ir mucho más allá de los límites que impone la tradición analógica.

Por ello, antes de convocar el concurso en siguientes ediciones, quizá sería conveniente que una comisión de expertos en distintos campos artísticos y cofrades, se reuniese, evaluase cuanto de novedoso se pudiera incorporar al concurso y redactase unas normas acorde con los tiempos actuales. No romper sino ampliar para permitir nuevos enfoques y el uso de tecnologías desconocidas hace no tanto tiempo. Con ello se seguiría incrementando el patrimonio de la Junta de Semana Santa, ampliando un fondo de originales con un valor artístico añadido que fuese más allá de la imagen tradicional.

No quisiera terminar estos párrafos sin mi admirado y cariñoso recuerdo para H. S. Tomé. Y aunque ya lo hayan hecho estas "páginas" y por duplicado, quiero dejar constancia de mi homenaje a Tomé, artista para el que la fotografía fue la forma de darnos a conocer esa sensibilidad que, de otra forma, quizá hubiera quedado escondida entre las arrugas de su modesta timidez, por ser parte protagonista de esos cambios producidos en este concurso, por ser crítico juez selector y por, sobre todo, ser amigo, consejero y maestro de cuantos participantes en este concurso en los últimos años se prestaron a escuchar todo lo que Tomé podía transmitirles en forma de consejo. Discretamente, en voz baja. Así lo hacía y así se lo reconoceremos cuantos gustamos de su trato afable.


lunes, 7 de octubre de 2019

J. M. Ferreira Cunquero

El Cristo del Amor y de la Paz emboca la calle Libreros | Foto: JMFC

07 de octubre de 2019

Cuando estamos a punto de descubrir las fotografías que aspirarán a convertirse en el cartel que anuncie la Semana Santa de Salamanca del año 2020, me invade el extraño y misterioso deseo de que el jurado, aunque sea por despiste, elija por fin una buena postal. Una postal que nos devuelva a aquellos años en los que prevalecía el monumento como signo de identidad, para que los cofrades salmantinos disfruten del incomparable (ya salió la palabreja) tesoro de piedras que viste esta ciudad única y exclusiva. Y es que una postal sería un buen guiño a los departamentos turísticos oficiales, que con tanto empeño velan por el gremio hostelero que proporciona el curre, según dicen los representantes de la cosa política ciudadana.

Además, un cartel de ese estilo puede tener multitud de partidarios y no como la cartelería de los últimos tiempos, que solo alaban, parece ser, cuatro cofrades.

Da igual que se repita el lugar, la imagen y el entorno. Lo que tiene que trascender es que se vea el monumento y la talla de turno para complementar la escena que nos embelese la memoria.

Pero el caso es que la suerte bendice este tiempo, haciendo posible que la Junta de la Semana Santa salmantina cuente con jurados serios, que con plena libertad elijen, para un cartel, la mejor foto de cuantas se presentan. Y he de reconocer que casi siempre han dado en la diana que pintan los mismos fotógrafos de siempre, es decir los que, contándose con los dedos de una mano, manejan el arte fotográfico con seriedad y solvencia.

El problema para que se cumpla mi deseo repentino de postales, es que de momento, como digo, estos jurados han dado en el clavo (por muchas controversias que muevan la masa del pan). Una y otra vez, los carteles de Salamanca sirven como referencia en las movidas semanasanteras regionales, donde nuestra semana pasional destaca, recibiendo elogios por sus acertadas publicaciones carteleras.

Es curioso, muy curioso leer los juicios críticos que ha vertido el jurado que falló hace unos días el II Concurso de Fotografía de Semana Santa de Castilla y León.

Por cierto, ese gran amigo y fotógrafo que es Manuel López Martín, autor, hace no muchos años, de un gran cartel de la Semana Santa salmantina, ha vuelto a ser reconocido con el segundo premio de ese certamen que ha convocado a los mejores fotógrafos de la tierra.

Pero abundando más en esa elección del jurado, sería bueno que viésemos las fotografías galardonadas de la citada convocatoria, para descubrir otro asunto polémico que a veces se aviva con cierta predisposición, al comprobar las imágenes o cofradías elegidas para nuestros carteles. Y es que según se afirma, la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, junto a alguna otra cofradía charra, mantiene un coto de preferencias a la hora de elegir su marcha penitencial como referencia de los carteles tan criticados. Lo de menos es valorar esa estética apasionante que condiciona, realza y complementa un entramado atractivo inigualable que capta la atención de los fotógrafos.

Lo curioso es que son tres instantáneas de los hermanos del Cristo arrabaleño salmantino las que le han premiado a Manuel López, a la vez que el resto de reconocimientos se le han adjudicado a fotos que dejan constancia de procesiones similares en la estética a la de la Hermandad salmantina. ¿No será que algo tiene el agua cuando la bendicen?

Claro que esas fotografías no son para un cartel y que las que se están eligiendo últimamente aquí para tal cuestión, más que mostrar, insinúan y, más que dejar ver, nos proponen suponer…

Esperaremos que cuando visionemos las fotos que aspiran a convertirse en el cartel del próximo año, haya más de diez interesantes y que el jurado imparta con justicia lo que crea conveniente, pues los ruidos y la controversia nunca alimentaron a través de la historia lo que al final prevalece cuando hablamos de arte.


miércoles, 6 de junio de 2018

Tomás González Blázquez

"Como cofrade raso, desfilante, ex-directivo y más entusiasta que decepcionado, me atrevo a levantar la mano y tomar la palabra para consumir mi minuto de gloria… o un poco más" | Fotografía: Alejandro López

06 de junio de 2018

Me ha llegado el rumor de que un día de estos, cuando el curso ya divisa la consoladora orilla de julio, se va a celebrar una junta general, o cabildo, o asamblea, de todos los cofrades salmantinos, y que como no se llegaba a un acuerdo en la denominación de la masiva convocatoria han aceptado la grandilocuente propuesta de llamarlo Sínodo. Al que tuvo la ocurrencia, sin embargo, le han explicado que no hará falta reservar ni La Glorieta ni el Multiusos Sánchez-Paraíso, que aunque se cuiden de no fijarlo a la misma hora de un partido mundialista de la Selección con el Auditorio Calatrava parece que podría resultar suficiente.

No me importa tanto la veracidad o verosimilitud del rumor que acabo de "crear" (¡es tan fácil!, como difícil desmontarlos a veces). Sí me preocupa, y mucho, que las juntas generales, los cabildos, las asambleas de nuestras cofradías, con frecuencia tienen poco de sínodo, de camino compartido en comunión, o al menos aspirando a construirla y conservarla. Claro, describir la cofradía como una comunidad cristiana y no como una organizadora de procesión, cristiana también, se topa con la fuerza de la costumbre de muchos de sus miembros, ya sean desfilantes, ex-desfilantes, espectadores, entusiastas, decepcionados, directivos, ex-directivos o indefinibles. A partir de ese presupuesto, que el realismo cuadra con el ingreso de las cuotas y los gastos ordinarios, tampoco podemos esperar de una junta general, un cabildo o una asamblea lo que hoy no nos pueden ofrecer. Pero existe el día de mañana, y la responsabilidad de todos, y una senda de esperanza, y un futuro por edificar no sobre la arena de lo efímero sino sobre la roca de Cristo, que permanece.

En ese rumoreado Sínodo, que no va a celebrarse, habría un punto final de "Ruegos y preguntas" en su orden del día. Mi ruego de "aspirar a la comunidad" ya lo he formulado en el anterior párrafo, y a mi pregunta he dado la respuesta, "siempre Él", pero como cofrade raso, desfilante, ex-directivo y más entusiasta que decepcionado, me atrevo a levantar la mano y tomar la palabra para consumir mi minuto de gloria… o un poco más. Pregunta a don Carlos y a Cornejo: ¿cuándo se va a nombrar el sacerdote que sirva en el necesario y largamente vacante cargo (y carga) de asesor religioso de la Junta de Semana Santa? Ruego a quien corresponda: concrétese la situación de la nueva procesión penitencial propuesta por la Archicofradía del Rosario y, ya que se trata de un paso de la Santa Cena, véase la forma de integrarla en la tarde del Jueves Santo. Preguntas a diferentes hermanos mayores o presidentes, en general o en particular a quien proceda: ¿qué han pensado para reflotar las filas y completar los banzos de nuestras mermadas procesiones?; ¿cómo no se animan a participar un poco más en las actividades de la Coordinadora, aunque sea de vez en cuando?; ¿han aparcado definitivamente la idea de reorganizar el programa procesional?... Y ruego a todos ellos: aprovechen el verano, que hasta toparnos con la inevitable orilla de septiembre aún tardaremos, para darle vueltas a lo de la comunidad y la comunión, pues se rumorea que cofradía, hermandad y congregación vienen a significar eso mismo. Yo a este último rumor sí le doy más crédito, que recuerdo haberlo leído, aproximadamente, en los Hechos de los Apóstoles…


miércoles, 21 de marzo de 2018

Pedro Martín

Vista general del interior del teatro Liceo durante el pregón de Manuel Muíños | Fotografía: Pablo de la Peña

21 de marzo de 2018

A escasas fechas para dar el pistoletazo de salida a nuestra Semana de Pasión, se multiplican los actos de todo tipo. Me voy a centrar en este artículo en tres actos en concreto: las presentaciones de las revistas Christus, Pasión en Salamanca y el acto del Pregón, preludio oficial de nuestra Semana Santa.

Empezaré por lo propio, aunque parezca falsa humildad. Y es que la presentación de la revista Pasión en Salamanca que edita desde hace 25 años la Tertulia Cofrade Pasión fue toda una sorpresa y una auténtica delicia. Mi más sincera enhorabuena a Paco Gómez, periodista de La 8 de Salamanca, por la presentación tan original, trabajada y estudiada. Sin duda horas de trabajo junto con su equipo para ofrecernos este "informativo cofrade" de primer nivel. Les invito a que lo saboreen en el siguiente enlace. Me reitero en nuestro agradecimiento a ti y a tus compañeros y, por supuesto, a tu "casa", La 8.  De los contenidos nada voy a comentar, que ya lo hizo el presentador, tan solo invitarles a leer la revista.

Vamos a por la segunda. Apenas una hora después, se presentaba la revista Christus, que este año cambiaba de ubicación y de dirección. Como hablamos de luces y sombras, bien por la ubicación, magnífica. El Casino de Salamanca nos acoge con cariño y, durante este último año, es uno de los lugares habituales de los actos de Semana Santa. Se agradece la acogida. Para mí, y esto es una opinión personal, que de eso se trata en este medio, la presentación si fue una pequeña decepción. No la entendí, ¿quién presentaba la revista? ¿Ana Pedrero o su director, Toni Sánchez? El formato fue raro o a mí me lo pareció, con una especie de diálogo entre "presentadora" y director, sin adelantar ni comentar contenidos que luego fueron presentados en un audiovisual, que no quería comenzar, cosas del directo. Aspectos a mejorar, sin duda. 

Y un tirón de orejas, amigo Toni: no era necesario, para poner en valor tu trabajo y la calidad de la revista, compararla con trabajos anteriores de otros profesionales que, como tú, dedicaron mucho tiempo y esfuerzo de forma altruista a la elaboración de la revista. No me gustó, me sentí incómodo, y me consta que otros cofrades allí presentes también.

Terminamos el triduo de presentaciones con el pregón, presentación de la Semana Santa de Salamanca en el teatro Liceo. Aquí también, para mí, hubo luces y sombras, insisto, en mi humilde opinión que puede estar equivocada.

Conocía en la tarde de ayer, antes de acudir al Liceo, que eran dos y no una las imágenes que estarían presentes en el pregón. Y me chirrió, no digo que no. La Esperanza sale de San Esteban y la Humildad de San Martín y se encuentran en el Liceo. Evidentemente es potestad del pregonero decidir qué imagen o, en este caso, imágenes lleva a su pregón. Quizá no era lo más adecuado repetir una imagen que ya estuvo en el mismo o hacer debutar "en sociedad" a otra que todavía no se ha estrenado en las calles. Pero insisto, es mi opinión. Y aquí lo que cuenta es la del pregonero y ese magnífico diálogo que mantuvo con ellas, que tenía todo el sentido y toda la profundidad. Gracias, Manuel. Les digo como antes: véanlo, léanlo, disfrútenlo, medítenlo. La puesta en escena esta vez, a mi parecer, podría haber sido mejorable para el fin que quería el pregonero, pero me quedo con el fondo, no con la forma, que es lo que importa.

Feliz Semana Santa a todos.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Pedro Martín

Cartel anunciador de la Semana Santa de Salamanca 2018, en su presentación | Fotografía: Ayuntamiento de Salamanca

20 de noviembre de 2017

Podría parecer un contrasentido, incluso una provocación, o quizá fruto de las modas laicistas (que no laicas) que imperan en nuestra sociedad de un tiempo a esta parte, pero el hecho es que si repasamos los últimos carteles de nuestra Semana de Pasión resulta que en los últimos seis años, contando el actual recién presentado, tan solo en uno, y no de forma protagonista, vemos una imagen procesional.

Estaremos de acuerdo en que una Semana Santa sin procesiones no es tal, y una procesión sin una imagen que la presida no tiene sentido, pues esto es y no otra cosa lo que persigue la misma: hacer pública profesión de fe con nuestras imágenes de devoción por las calles de nuestra ciudad.

Con estas premisas entenderá el lector avispado que no me gustan los mencionados carteles de los últimos años, y nada más lejos de la realidad. Como fotografías tienen todo su valor artístico realizado por su autor, y no seré yo, que desconozco los vericuetos de ese mundo, quien dude de su calidad o su técnica, que sin duda la tienen. Pero sí me pregunto qué ha llevado al jurado de los diferentes años a decantarse por trabajos que no presentan, ni por asomo, la centralidad de nuestras procesiones: las imágenes. Y de igual modo, por qué los fotógrafos no buscan instantes de nuestra Pasión con las imágenes como protagonistas. Será por no molestar, quizá por ser políticamente correctos y evitar una imagen religiosa en un cartel promocional, no siendo que nos afeen la conducta.

¿Hemos renunciado definitivamente a las imágenes para decantarnos por una semana santa cartelística iconoclasta? Si a las pruebas nos remitimos, parece que sí, aunque espero que sea una moda como otras tantas que sea pasajera.

El objeto del cartel es promocionar nuestra Semana Santa y, entiendo, atraer a viajeros de todo tipo (culturales, religiosos, artísticos, antropológicos…) atraídos por nuestra Semana de Pasión para que acudan a nuestra ciudad. ¿De verdad pensamos que el ciudadano medio de cualquier feria nacional o internacional donde se promociona, viendo el cartel de este año o los de años anteriores, se siente atraído, emocionado, interpelado, conmovido o fascinado por lo que en ellos se transmite? Sinceramente pienso que no, y que si le quitáramos la palabra "Salamanca" a dicho cartel, pocos, muy pocos de los que lo vieran serían capaces de distinguirlo de los de otros lugares con carteles de semejante corte. Yo no quiero que seamos iconoclastas.


lunes, 23 de octubre de 2017

Antonio Santos

Documento de la concesión de la Medalla de Oro de Salamanca a la Junta de Semana Santa | Fotografía: Óscar García

23 de octubre de 2017

Para que la celebración de una semana santa en una determinada localidad alcance el brillo y el relieve adecuados, deben concurrir muchos y variados factores. Algunos son irrenunciables y vienen rápidamente a la mente de todos: imaginería artística de primer orden y entorno urbano o rural apropiado, cofradías nutridas, bien organizadas y público arropando las procesiones: es decir, lo que nuestra divisa recoge con sumo acierto, Pasión y piedra.

Para seguir sumando es necesario un respaldo institucional local y regional que aglutine, en distintos puntos de encuentro, tanto la esfera esencialmente religiosa que define esta celebración con la vertiente cultural que provoca, pero que también recibe en forma de manifestaciones artísticas.

Llegados a ese punto tenemos que reconocer que hay ciudades donde los nombres ilustres de cofrades y artistas brillan por sí mismos asociados a las cofradías y a su entorno cultural. Personalidades de los ámbitos artísticos más diversos aportan al fenómeno cultural popular, que por definición es la Semana Santa, esa luz indiscutible del humanismo y el conocimiento. Otros muchos han dirigido cofradías cayendo su nombre en el olvido, pero sin ellos, que fueron la fuerza motriz de sus corporaciones, no hubiera existido tradición centenaria alguna. Y es de esa unión tan hispana de lo culto y lo popular, de la que nace ese sabor contrastante y atractivo que destila la pasión practicada en las calles. Lo sensorial y lo intelectual, el humanismo y la humanidad de una sede de cofradía, el día a día sencillo y complejo de cada cofradía, de cada paso.

La Junta de Semana Santa cumple 75 años. A las celebraciones programadas, que contienen grandes aciertos culturales, se ha sumado recientemente la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad. Un punto y aparte definitivo en cuanto a reconocimiento y también en cuanto a exigencia de los propios cofrades para con su ciudad y sus cofradías. Fueron justamente mencionados los nombres de los presidentes que han dirigido la Junta, y también los de algunos cofrades que con su trabajo callado hicieron posible el milagro de nuestras procesiones. Cada vez resulta más difícil no darse cuenta de lo importantes que son nuestras instituciones, tanto cívicas como cofradieras y lo que representan. Sería deseable que dejáramos definitivamente atrás ese cariz improvisatorio tan descuidado que imperaba hace años y que poco a poco ha ido disminuyendo gracias al trabajo en común.

El premio fue para todos los que formamos parte de la Semana Santa, pero lo fue para toda la ciudad. Sin el apoyo y el respaldo de los salmantinos, no sería posible. Impresiona pensar en ello tanto como cuando uno pasa una temporada fuera de la patria chica y vuelve a maravillarse ante la belleza de las piedras de las viejas rúas charras, normalmente inadvertidas para el viandante local y cotidiano.

Ojalá este punto y aparte sirva para que todos y cada uno reflexionemos acerca de lo que aportamos, de dónde vienen nuestras cofradías, dónde estamos y a dónde vamos.

Felicidades a todos los cofrades y salmantinos.


sábado, 21 de octubre de 2017

Pedro Martín

Representantes presentes y pasados de las cofradías de la ciudad posan con las autoridades municipales y religiosas de Salamanca en el teatro Liceo después del acto de entrega de la Medalla de Oro de Salamanca el pasado lunes | Fotografía: Óscar García

20 de octubre de 2017

Bueno, pues ya tenemos la Medalla de Oro de la Ciudad y, como de bien nacidos es ser agradecidos, yo quiero serlo. Primero con la ciudad, que nos concede el máximo galardón que institución o persona puede recibir, y que siento que viene de todos y cada uno de los salmantinos. No puede ser de otra manera, a pesar de ciertas protestas y algaradas municipales sin importancia que no pasan del intento de tener un protagonismo que de otra manera, y por sus propios méritos, no tendrían. Es el signo de los tiempos que vivimos. Gracias, Salamanca.

También quiero mostrar mi agradecimiento al actual presidente de la Junta de Semana Santa, por acordarse de aquellos que nos precedieron y que en momentos mucho más difíciles que los actuales lucharon por la misma para dejarnos esta preciosa herencia que estamos obligados a trasmitir a las futuras generaciones. Se lo debemos.

Los avatares y casualidades de la vida han querido que sea esta humilde persona la que represente a mi congregación en este momento, es decir, a todos y cada uno de mis hermanos, pero no solo a los actuales, también a los que lo han sido y pusieron su granito de arena para que llegáramos hasta aquí. Gracias a todos ellos, en especial a mis predecesores: Ana, que me acompañó el pasado lunes; Tomás, mi padre; Santiago, Bernardo. Y hasta ahí llega mi memoria infantil de hermanos mayores, en los albores de los 70, con grandes dificultades, pero con mucha ilusión y trabajo por parte de todos.

Esos años 70 donde con total normalidad, y de forma anónima, se incorpora la mujer de pleno derecho desfilando de nazareno en nuestra congregación, hecho que quizá muchos desconocen, pero que yo recuerdo muy bien, por coincidir con mi primer año procesional. Cuánto ha llovido desde entonces. Ha llovido tanto que nos ha dado tiempo en 40 años a tener la primera mujer hermana mayor de la ciudad, a la que han seguido algunas más, con total normalidad. Creo que es un debate no solo superado, sino que nunca ha existido. Aquí no se han dado situaciones como en Zamora o Sevilla, por poner dos espejos donde nos gusta mirarnos, ni existen que yo sepa estatutos restrictivos que impidan el protagonismo que la mujer merece y puede ejercer en nuestra Semana Santa. No hagamos un problema donde no lo hay. Construyamos; pongamos nuestro granito de arena sin pedir nada a cambio; Dios nos lo premiará si lo tiene a bien. Que cada uno se comprometa en la medida que pueda y quiera. Solo tendrá que rendir cuentas al final de los tiempos, y solo así seremos merecedores de la Medalla que acabamos de recibir.

Y sí, yo estaba allí, en el Liceo, acompañando a mi presidente y junto a mis hermanos del resto de hermandades, cofradías y congregaciones. Y no, no estábamos allí a título particular. Representamos a todos y cada uno de los hermanos y hermanas que forman y han formado parte de la Semana Santa de nuestra ciudad a los que les digo también: ¡Gracias y felicidades, hermanos!


lunes, 16 de octubre de 2017

Félix Torres

La Junta de Semana Santa recoge hoy la Medalla de Oro de Salamanca en su 75 aniversario

16 de octubre de 2017

Esta tarde del 16 de octubre de 2017 marca un momento especial en la historia de nuestra Junta de Semana Santa. La entrega de la Medalla de Oro de Salamanca, de cuya concesión nos enteramos hace ya un par de meses, es con toda seguridad el hito "civil" de más elevado rango para nuestra Semana Santa representada en su Junta. Y, ante todo esto, no me queda más remedio que dar la razón a Ganemos Salamanca en su argumentada defensa del "no" a la concesión, realizada en el pleno municipal del pasado día 6 de octubre, en la que aun reconociendo la labor de captación de turismo y su consiguiente repercusión económica en la ciudad, "el Ayuntamiento no puede premiar a una institución por transmitir la palabra de Dios". Cierto y más que correcto (aunque sería sencillo dar la vuelta al argumento y usarlo en beneficio del premio), si ese fuese el único motivo que avalase la propuesta del instructor del expediente. No habría más que hablar. Pero…

Cuando hace setenta y cinco años se creaba ese órgano que pretendía aunar y ensalzar la Semana Santa salmantina, era toda la ciudad la que se implicaba en el proceso entendiendo que sería algo que redundaría, antes o después, en beneficio de la ciudad y de los ciudadanos. Así se planteó y, sin perder en ningún momento su carácter religioso, bien es verdad, desde el primer momento se convirtió en ariete con el que fomentar no la religión, que para eso ya estaba el clero, sino la cultura, la tradición, el sentimiento y, en definitiva, la antropología social de todo un pueblo, encauzado todo ello en lo que entendemos como religiosidad popular.

El paso del tiempo ha ido de la mano con los altibajos en la trayectoria de la que fuese Junta Permanente de Semana Santa. Momentos de esplendor en los que cualquier propuesta de mejora era aceptada por quienes tuvieran responsabilidades sin apenas oposición y tiempos en los que la realidad era más agria, con estados prácticamente comatosos para la actividad cofrade. Pero siempre, para lo bueno y para lo malo, ahí estaba alguien de la Junta, de nuestra Junta cofrade, para tirar del carro y sacar adelante esta tradición secular. Recordados Gombau, Froilán, Herrero, Agustín, Julián y tantos otros, para llegar al presente de José Cornejo.

Ahora, tras quince lustros, cuando la Junta de Semana Santa celebra este aniversario, el Ayuntamiento de la ciudad quiere premiarla y no precisamente por transmitir la palabra de Dios (aunque bien podría por ello), sino por haber sido canal a través del que la Semana Santa salmantina se ha dado a conocer por todo el mundo y, con ello, ha llevado el nombre de la ciudad, el nombre de Salamanca, hasta recónditos rincones del planeta; por haber sido el órgano aglutinador de miles de salmantinos a lo largo de todos estos años (actualmente quizá en número no exagerado pero, en todo caso, similar al de los 9.990 votantes de Ganemos Salamanca), a los que un interés común ha llevado a mantener viva esta tradición, religiosa por supuesto, contra viento y marea; por ser y haber sido engranaje más que destacado del motor social y económico de la ciudad durante décadas; porque, en definitiva, la Junta de Semana Santa de Salamanca forma parte de ese escogido grupo de entidades o agrupaciones que por sus obras, actividades o servicios en favor de la ciudad se hayan destacado notoriamente, haciéndose merecedoras de modo manifiesto al reconocimiento del Ayuntamiento y pueblo salmantino, cumpliendo así con la premisa que marca el artículo 156 del Reglamento Orgánico y de Funcionamiento del Excelentísimo Ayuntamiento de Salamanca.

Por todo ello y por tanto, creo que no ha lugar a discusión acerca de la conveniencia en la concesión de esta medalla de oro de la ciudad, así como del merecimiento por parte de la Junta de Semana Santa de Salamanca, por lo que me alegro como cofrade, sintiéndome una pequeña parte de todo esto, y me enorgullezco de ello, aunque haya quienes discrepen. Por tanto, mi felicitación a nuestra Semana Santa y mi deseo de que la medalla sea lucida con la ufana humildad que debe conferir este reconocimiento.


viernes, 13 de octubre de 2017

Abraham Coco

Entrevistas a personalidades salmantinas y hermanos mayores publicadas en la revista Christus de 1947

13 de octubre de 2017

A Virginia Carrera, con el deseo de que un día supere su sectarismo


Fue un artículo de Félix Torres publicado en el último número de Christus lo que me llevó hasta una serie de breves entrevistas, escuetos pero enjundiosos cuestionarios, publicadas en esta misma revista en sus ediciones de 1947 y 1948 que, por cierto, entonces tenía un precio de 2 pesetas. Fue inevitable la media sonrisa al leer algunas de sus respuestas y comprobar que, pese a haber transcurrido 70 años desde sus contestaciones, en algunos aspectos pareciera que hubieran sido respondidas ayer.

Los responsables de Christus no dudaban en presumir de lo que consideraban un "éxito periodístico" que hoy debemos agradecer, por lo oportuno del testimonio y el seguro esfuerzo que la empresa les debió de suponer en aquellos años de zozobra y hambre de la posguerra. Sacerdotes, literatos, artistas, periodistas y directivos de la mayor parte de las cofradías de la época desfilan por las ocho páginas de dos secciones tituladas Tres preguntas y diez contestaciones y Proyectos y aspiraciones.

En ellas, de manera sucesiva, comentaban aquello que más les gustaba de la Semana Santa salmantina, lo que menos y la imagen que mayor emoción artística y religiosa les producía. Las respuestas, en opinión de los editores, reflejaban "un acendrado salmantinismo" de quienes expresaban "ese buen deseo de señalar el defecto para buscar remedio", lo que debía ser interpretado como "exaltado índice de amor a Salamanca". De entre todos, el más alto nivel fue el mostrado por Antonio García Boiza, quien no tuvo reparos en señalar que, de entre las cuestiones que menos agrado le provocaban en la Pasión tormesina, la Junta Pro Semana Santa impulsora de dicha revista era la primera.

Resulta curioso comprobar cómo la Dolorosa de la Vera Cruz y, en menor medida el Nazareno de San Julián, centraban gran parte de las devociones de los entrevistados, quienes reclamaban la incorporación definitiva de la Piedad a la imaginería procesional después de los "murmullos de admiración" que su primera salida procesional había causado. "¿No podría conseguirse que volviera a ser admirada por los salmantinos en la procesión de la madrugada del viernes?", se preguntaba Luciano Sánchez Fraile.

Debates que hoy algunos creen impostados o recientes ya pululaban por los corrillos cofradieros de la época. Así lo atestigua, por ejemplo, Fernando Íscar Peyra, disgustado al ver cómo a la Semana Santa de la ciudad "se la va despojando de su hondo y seco sentido castellano para vestirla de andaluza". "Y luego –añadía–, ¡esa representación a lo Rambal, alborotando y destrozando la grave armonía del penitencial cortejo! En eso, ya que no en el fútbol, podríamos aprender algo de Valladolid y de Zamora, en vez de mirar hacia el Puente de Triana". En similar línea se expresaba Juan Domínguez Berrueta, pesaroso al contemplar "que se intente cambiar su tono, su estilo, su sabor tradicional, por imitar (con el mejor deseo, sin duda), a la de otras poblaciones". Y aún añadía Fernando García Sánchez: "Es preciso que solamente el deseo de fomentar la devoción presida siempre la organización y desfiles de nuestras clásicas procesiones, clasicismo salmantino que hay que conservar sin adulteraciones ni simulacros de los clasicismos de otras regiones". 

Hoy, como ayer, la "disgregación" de la procesión del Santo Entierro o las "reverencias o saludos que se hacen los pasos" eran motivos de comentario en boca del imaginero Francisco González Macías. Precisamente una de sus aportaciones a la Semana Santa local no terminaba de encajar en la Congregación de Jesús Nazareno. Así lo reconocía a mediados del pasado siglo su entonces hermano mayor, Carlos Romo, al afirmar: "Mi ilusión ha sido conseguir hacer una hermandad filial haciéndose cargo de este nuevo paso, pues hoy me da pena verlo en la procesión como algo postizo, sin que apenas nadie le acompañe".  Respondía así a otras dos cuestiones planteadas: "¿Qué aspiraciones o deseos son los de su congregación o hermandad en relación con la Semana Santa salmantina?" y "¿Qué mejora estima usted adecuada para la mayor solemnidad y brillantez de la procesión de esas congregación o hermandad?". 

En otra muestra de sinceridad, José Cordón Blas, al frente de Jesús Rescatado, indicaba: "Mi deseo es que todos los hermanos pertenecientes a esta congregación llevaran la túnica en un color morado, pero perfectamente igual en tono de color, y que la túnica la llevasen todos del largo necesario para que solamente se viera el zapato negro". Coincidía en este aspecto con Sánchez Fraile, para quien "si desaparecen totalmente esas túnicas raídas que tanto deslucen la procesión del Santo Entierro, mucho mejor". Y por insistir en este viaje en el tiempo de "acendrado salmantinismo", no lo olviden, Íscar Peyra sostenía que "tampoco se perdería mucho si el flamante paso de la Borriquilla, de cartón-piedra, con el que se inició la renovación de nuestras procesiones, se le regalase como premio a la más fervorosa catequesis infantil de algún pueblo de la provincia". "Si han de sacarse imágenes nuevas, que sean de buena talla", remachaba. "Procuraremos que nadie nos supere en devoción y entusiasmo, por motivos más altos, pero también porque al radicar y salir de la Catedral parece que nos obliga a edificar con el ejemplo a todos los demás", declaraba Jaime de Aramburu y Olarán, hermano mayor de... la Soledad.  

Vicente Pérez-Moneo, apellido ya entonces vinculado a las hermandades de la Agonía y el Perdón, lamentaba "la apatía de los salmantinos, que no tienen interés en mejorar nada de lo que hoy tienen, al contrario de otras poblaciones, que mejoran constantemente sus cultos y procesiones". Por eso Cordón Blas (Rescatado) y Tomás Salas Villagómez, que estaba a punto de debutar con la recién fundada Hermandad Universitaria, proponían aglutinar voluntades en el principio de un camino que hoy cumple 75 años merecedores de la Medalla de Oro de Salamanca. Si el primero ambicionaba "unir esfuerzos con las demás cofradías para así poder, en unión de la Junta Permanente, dar un mayor esplendor de fervor a nuestras procesiones", el segundo proponía "conseguir, en unión de las demás hermandades, que en los días de la Semana Santa se convierta la ciudad toda en un gigantesco clamor de penitencia que suba hasta Aquel cuya pasión y muerte conmemoramos".

Los mimbres estaban, pues confesaba Guzmán Gombau Guerra: "Lo que más me agrada es que nuestras procesiones –y todas ellas– sean lo único que consigue llenar de público la Plaza Mayor y todas las calles de sus itinerarios", pese a lamentar que "lo mucho hecho lo haya sido tan pobremente y por el solo esfuerzo de unos pocos". Pero lo mismo sucedía, sostenía, incluso con la Unión Deportiva. 

De aquellos nombres partió esta historia común, cuyo mantenimiento exige hoy el compromiso de todos.  ¡Enhorabuena, cofrades! 


lunes, 2 de octubre de 2017

J. M. Ferreira Cunquero

La sombra de la cruz entre palabras, poemario con oraciones a todas las imágenes de la Semana Santa de Salamanca

02 de octubre de 2017

Dentro del amplio marco de celebraciones del 75 aniversario que la Junta de Semana Santa de Salamanca está llevando a cabo durante este 2017, no podía faltar de ningún modo la poesía. Resulta sorprendente, para quienes no conocen la idiosincrasia cultural de nuestra ciudad, que los poetas tengan tanto y tan buen espacio dentro de la actividad cofradiera de la Semana Santa de Salamanca.

Esta realidad que muestra la vinculación de varias cofradías con el fascinante mundo del verso comienza hace años con ese acto señero, que es ya reconocido como una de las citas que más interés despiertan, dentro del panorama cultural salmantino. El Poeta ante la Cruz ha pasado, de ser un hecho cofrade, a un encuentro abierto con el poeta, a través de un poemario, que leído en ese escalofriante espacio del coro catedralicio, ante el Cristo de la Agonía Redentora, pone los pelos de punta.

Si a este acto sumamos los de Luz y Palabra, organizado por la Hermandad del Silencio, la Oración Poética que organiza la Hermandad de Jesús Despojado, la Salve Poética que por segundo año ha impulsado la Hermandad del Flagelado o la Proclama por la Paz que, organizada por la Hermandad Franciscana, abarrotaba la iglesia de las Franciscas el pasado domingo, nos daremos cuenta de que la poesía ciertamente tiene un espacio afianzado dentro del panorama cultural de las cofradías y hermandades de nuestra ciudad.

Por esta razón nace la idea de editar un poemario con oraciones a todas las imágenes de la Semana Santa, acompañadas por fotografías y los poemas manuscritos por sus autores.

Así va configurándose La sombra de la cruz entre palabras, durante meses, en la actividad creativa de un grupo de poetas cristianos salmantinos, mientras por otro lado el fotógrafo José Fernando Santos Barrueco escoge las fotografías que deben acompañar los poemas y esa portada espléndida que Carmen Cardona ha conseguido para envolver la que ha sido calificada como una joya literaria de nuestro tiempo.

Isabel Bernardo, Celia Camarero, Luis Felipe Delgado de Castro, Elena Díaz Santana, Asunción Escribano, J. M. Ferreira Cunquero, Quintín García, Mª Carmen Leonís Lozano, Fructuoso Mangas, Julio de Manueles, Mercedes Marcos, José Luis Puerto, José Fran Rosario y Soledad Sánchez Mulas, dentro de las casi doscientas páginas, dejan su sello con entrega y desnudez, en un libro que quizás sea muy valorado cuando medien las añadas, como caudal de reposo que mide sin reservas el valor de los posos poéticos, que sobrepasan por si mismos las fronteras del tiempo.

El libro fue presentado el pasado 18 de septiembre en el Casino de Salamanca  por fray Xabier Etxenike, guardián de los Capuchinos, y fray Ricardo de Luis Carballeda, prior de los Dominicos. Su lectura se llevó a cabo con la intervención de los poetas en el impresionante marco de las ruinas del convento de San Francisco el Real.

En un gesto altruista, los poetas donan las oraciones a las cofradías y hermandades de Salamanca, para que puedan ser utilizadas en revistas, estampas o en cualquier otro tipo de publicación, con la única premisa de que debe ser mencionado el autor del poema.

Sin duda estamos ante un libro que merece la pena por sus contenidos, que traspasan, más allá de las propias imágenes, los trasfondos de la inspiración, para acercarnos a los momentos claves de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Una publicación que ha sido posible gracias a la Junta de Semana Santa y a la figura de de su presidente que, desde la presentación del proyecto, lo apoyó hasta ver la luz hace unas fechas, en esta docta e inigualable Salamanca.


lunes, 3 de abril de 2017

José Fernando Santos Barrueco

Hermanos de carga del Cristo del Amor y la Paz apoyan sus manos en el hombro más próximo | Foto: ssantasalamanca.com

03 de abril de 2017

Ante el 75 aniversario de la Junta de Cofradías se hace necesaria la felicitación y agradecimiento a quienes hicieron posible su fundación y el cumplimiento de tal efeméride, con un recuerdo especial a los que nos precedieron y dejaron el testigo que hoy disfrutamos. Testigo que también supone responsabilidad ante los que nos sucederán y continuarán nuestra labor. Por ello, estas brillantes bodas de diamante deben ser un motivo de reflexión y servirnos para valorar la importancia de la unión de las cofradías en torno a un organismo integrador que ofrezca, defienda y difunda la visión de conjunto de nuestra Semana Santa que, siendo siempre importante, lo es más en la época de crisis que atravesamos; crisis económica en la que no es fácil obtener fondos de instituciones públicas o privadas (mucho menos si cada uno se busca la vida por su cuenta) y crisis de valores, especialmente religiosos que, como estamos viendo, parece que molestan en la esfera pública y se oyen planteamientos que quieren encerrar la religión en los templos y en las conciencias individuales. Aunque los semanasanteros creamos que nuestras procesiones son lo más interesante del mundo, son muchos, cada vez más, los que piensan que la calle no debe ser invadida cada año durante una semana por unas manifestaciones de carácter religioso. Para ellos, equivocados o no, nuestros argumentos carecen de valor.

En esta situación es importante potenciar esa institución que muestre la imagen de conjunto de nuestra Semana Santa y defienda su interés turístico, cultural e incluso económico (por utilizar una expresión muy usada en la política actual, "ponerla en valor"). El buen hacer de cada uno redundará en beneficio de todos y el fracaso de cada uno puede afectar a esa visión de conjunto, en un mundo muy globalizado en el que las redes sociales extienden y propagan noticias, comentarios y opiniones, como hemos podido comprobar recientemente con la trascendencia dada a un comentario sacado del contexto de una carta interna sobre una conversación, sin la intencionalidad que se le ha dado en una auténtica borrachera de tonterías y sinsentidos en la difusión de respuestas y opiniones, que de la manera más absurda e irracional se convirtió en "trending topic".

A mitad de la andadura de nuestra Junta, allá por los años 70, hubo una crisis que se llevó por delante algunas cofradías y otras pudieron recuperarse tras un periodo de hibernación. La crisis era de otra naturaleza, pero debería servirnos de reflexión. Afortunadamente, el empuje de nuevas cofradías y la ruptura con ciertos cánones, como la entrada de la mujer con los mismos derechos del hombre y una visión de valores como la caridad, solidaridad y hermandad más acordes con el cambio social que se estaba produciendo, consiguieron un efecto revitalizador que supuso un nuevo auge de nuestra Semana Santa. Hoy vivimos el momento de mayor número de cofradías, de procesiones y de imágenes, pero estos árboles no deben impedirnos ver el bosque.

Estamos viendo en las redes sociales una auténtica avalancha de comentarios hirientes, que además se hacen desde el anonimato, sin argumentos y con el desprecio más absoluto a las posiciones a las que se enfrentan (cuando no desde el desconocimiento). Más aún, ha salido a la luz pública una situación totalmente inadmisible contra una Junta de Gobierno, que solo puede haber partido desde dentro del mundo cofrade, muy lejos de comportamientos de hermandad. No se trata de diferencia de opiniones, que bien canalizadas serían un modo de enriquecimiento, sino de enfrentamientos con posiciones estancadas, críticas destructivas y falta de diálogo y colaboración. En estas situaciones se hace difícil la toma de decisiones y la adopción de posturas comunes, corriendo el riesgo de que muchos objetivos, al no contar con la mayoría, tengan escasas posibilidades de éxito, lo que adquiere mayor gravedad cuando los recursos son escasos, tanto económicos como humanos. Se crean grupos de poder y cada uno campea por su lado. Es fácil que estos aspectos se desarrollen en una cultura, como la actual, de derechos, de falta de compromisos, de libertades mal entendidas, de montarse cada uno su propia cofradía, su fe y hasta su Dios. Todo esto se traslada a nuestras procesiones y vemos casos de falta de disciplina y del orden necesario, discusiones que se hacen evidentes, una indumentaria inadecuada (calzado llamativo, hábitos en mal estado, bien por la talla y hechura, planchado e incluso el color) que se tolera por evitar enfrentamientos, escaso número de hermanos de fila que den cuerpo a la procesión, cortes a veces excesivamente largos, etc. Situaciones que dejan una pobre impresión de nuestras marchas penitenciales, que no cumplen el objetivo que pretenden, que no es otro que el de una evangelización en la calle.

Hay que conseguir que la fe que nos lleva a cada uno a las cofradías (aunque sea por muy distintos caminos) se convierta en una auténtica palanca de hermandad, que nos lleve a vivir y compartir  experiencias cristianas. Apoyarnos todos y unirnos con la necesaria tolerancia en el organismo integrador que defiende los intereses del conjunto y en el que todos debiéramos aportar y sentirnos involucrados, como si formásemos parte de una única cofradía, la de la Semana Santa de Salamanca, y estuviéramos en una única procesión, la que se inicia en la ermita de la Vera Cruz con la salida de la cruz de guía del vía matrix de la Madre Dolorosa, y se cierra con la entrada en la misma ermita de la imagen de Jesús Resucitado en el domingo de gloria que da fundamento a nuestra fe. Principio y fin, enmarcados por nuestra cofradía decana. Nos contemplan más de 500 años y un patrimonio del que sentirnos orgullosos. Tenemos la responsabilidad de agarrar bien el testigo, llevarlo con honor en el tramo de carrera que nos corresponde y pasarlo en las mejores condiciones a los que vienen detrás de nosotros para poder seguir cumpliendo años y ¡felicitarnos todos!


viernes, 17 de marzo de 2017

Pedro Martín

Vía crucis de la Junta de Semana Santa en la Catedral Vieja  con el Cristo del Amparo | Foto: ssantasalamanca.com

17 de marzo de 2017

Uno de los actos más comunes y propios de la Cuaresma y, por ende, de las cofradías es el piadoso ejercicio del vía crucis, reflexión con la cual, a través de diversos pasajes o estaciones, nos acercamos a la pasión de Jesús y en ocasiones, añadiendo una decimoquinta estación, a la resurrección.

Esta oración, casi siempre itinerante, es realizada por casi todas las cofradías, en su iglesia, en la calle, con una cruz presidiendo la misma, con una imagen. Casi todas las formas son válidas, siempre que sirva para acercarnos a la figura de Jesús y a sus padecimientos camino del Calvario, de tal modo que podamos compadecernos de él y veamos reflejados sus sufrimientos en los hermanos que más lo necesitan para ejercer la necesaria oración, ayuno y caridad propias de este tiempo cuaresmal. ¿Para qué si no puede servir un vía crucis?

Desde hace ya bastantes años, la Junta de Cofradías, actual Junta de Semana Santa de Salamanca viene organizando un vía crucis cuaresmal con diferentes modelos y también con dispar éxito de participación de cofradías y fieles. Hasta donde me alcanza la memoria, hemos tenido vía crucis organizados por las diferentes cofradías en torno a su templo, con la imagen titular o sin ella. Vía crucis en la Catedral Nueva con la imagen del Cristo de las Batallas discurriendo por las naves de la misma. Vía crucis en la Catedral Vieja sin más, y con escasísima concurrencia, quizá por la coincidencia del día y la hora con otros actos más atractivos.

En esta última época se apostó por realizarlo en diferentes parroquias de la ciudad preferentemente periféricas, con una asistencia discreta en la mayoría de las ocasiones, salvada por los fieles parroquiales. El caso es que ningún modelo ha acabado de gustar, y poco a poco han ido a menos.

Este año, con motivo del 75 aniversario de la Junta de Semana Santa, se ha optado por un nuevo modelo no explorado hasta ahora, pero que parece tener todo su sentido: acudir con una imagen a la S.I.B. Catedral para allí hacer el ejercicio del vía crucis presidido por nuestro obispo. Quizá por ser una ocasión extraordinaria, o quizá no, lo cierto es que la representación fue mucho mayor que en otras ocasiones, y la afluencia en la Catedral fue importante.

Parece oportuno, por tanto, valorar un modelo similar para futuros años. Trabajarlo y consolidarlo. Es evidente que nuestra riqueza y singularidad son las imágenes, rezamos con ellas y a ellas, por lo tanto es lógico que una de ellas sea trasladada a la Catedral para la ocasión de una forma seria, sencilla y sobria, dando testimonio de fe toda la Semana Santa unida e invitando al resto de la ciudad a rezar con su obispo. La fecha también es importante y parece que el primer sábado de cuaresma es adecuado como inicio de la misma, siempre que las cofradías procuren respetar dicha fecha. Seguro que muchos de los detalles del pasado día 4 son mejorables, pero con el compromiso de todos podemos hacer del vía crucis de la Junta de Semana Santa de Salamanca un gran acto de oración y de fe. En nuestras manos está consolidar, por fin, un modelo que atraiga y que perdure en el tiempo.


miércoles, 8 de marzo de 2017

Eva Cañas

Hermanos y exhermanos mayores de cofradías salmantinas portan al Cristo del Amparo | Foto: ssantasalamanca.com

08 de marzo de 2017

Esta no va a ser una Semana Santa cualquiera. O eso espero. La Junta de Semana Santa cumple 75 años de historia. Por delante nos quedan eventos especiales para conmemorar tal efeméride. El primero de ellos tuvo lugar el pasado sábado, con un vía crucis extraordinario. Para esta ocasión, el Santísimo Cristo del Amparo volvía a salir por las calles de la ciudad después de 48 años.

Fue un Miércoles Santo, 2 de abril de 1969, cuando esa imagen traspasara las puerta de la iglesia del Carmen en una semana de Pasión. Y en esta ocasión lo ha hecho llevado a hombros por los actuales hermanos mayores y ex hermanos mayores de las 17 cofradías actuales que componen la Junta de Semana Santa. Una forma de aunar el pasado y el presente, sin dejar de lado el futuro, porque son los jóvenes los que tomarán el relevo y el legado de varias generaciones.

Creo que estuvo acertada la elección de la imagen, por todo lo que representa. Una mirada  a lo que fue, a lo que siempre estará presente, aunque no salga por las calles. La devoción permanece de un Cristo crucificado que era cargado por médicos y practicantes. Siempre hay que mirar hacia el futuro sin perder las bases que nos dejó el pasado. La entonces denominada Junta Permanente veía la luz un 9 de abril de 1942, con la intención de velar por la Semana Santa, de promocionarla y de fomentar la unión entre las hermandades. No ha sido fácil, y en todas estas décadas han pasado por etapas de declive, de desunión, de un descenso de hermanos, de la desaparición de algunas cofradías, del nacimiento de otras. La vida es así, y está llena de cambios.

Lo que se demostró el pasado sábado en el vía crucis es que se mantiene el compromiso y las bases por las que se creó la Junta Permanente. En un mismo cortejo unido el pasado, presente y futuro de la Semana Santa, con todas las hermandades representadas, bien cargando al Santísimo Cristo del Amparo o llevando el cirio que iluminaba el camino a la Catedral. Se respiraba respeto, silencio y orden. Una manera de comenzar con buen pie el primero de los actos del #75 aniversario. Ojalá, esa unión y presencia continúe en cada uno de los actos que se han programado durante todo el año. Hay que dar ejemplo a los cofrades del pasado, que nos vigilan desde el cielo, y, sobre todo, a los del futuro, porque ahora mismo, los del presente, no dejan de ser espejos donde reflejar sus actos. Estamos de enhorabuena #Cumplimos75


viernes, 3 de febrero de 2017

Tomás González Blázquez

La desaparecida despedida entre las congregaciones de San Julián y San Pablo el Viernes Santo | Fotografía: Roberto Haro

03 de febrero de 2017

En la Semana Santa procesional nos tiramos ocho o diez días para contar dos hechos muy puntuales y una sucesión de acontecimientos que duró menos de veinticuatro horas. La Entrada Triunfal de Cristo en Jerusalén la narramos el Domingo de Ramos, casi siempre por la mañana. Su gloriosa Resurrección, el Domingo de Pascua. Lógico y natural. Ambas procesiones, presentes en casi todos los lugares, y en muchos de ellos bien armonizadas con la eucaristía de esos domingos. En Salamanca no es así. Ha habido intentos en el primero, pero queda mucho por avanzar; no se ha probado aún en el segundo. Con la Catedral como referencia y la participación de todas las hermandades, que son invitadas a ambos desfiles por la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños y la Cofradía de la Vera Cruz respectivamente, mimbres hay para lograrlo. No sería mal paso si de reorganizar se trata y de enriquecer la vivencia pascual de los cofrades.

Más complicación conlleva el relato de la Pasión y Muerte a la hora de ser distribuido en un programa de procesiones que, aparentemente, habría de situarse entre la procesión de la Entrada en Jerusalén y la del Resucitado. Como preámbulo caben actos populares en torno a la práctica cuaresmal del vía crucis o a la devoción a la Virgen de los Dolores, también traslados necesarios para los posteriores desfiles. Cuando estos prolegómenos adquieren formas muy similares a las de la Semana Santa, con la inclusión del hábito por ejemplo, o con recorridos excesivos, o con acompañamientos musicales para los que luego habrá ocasión, a muchos nos parece que se comienza demasiado precozmente. Será la costumbre de que las primeras túnicas no asomen hasta la mañana de estrenos, con el laurel recién bendecido. Pronto las veremos en la víspera, en la noche del Sábado de Pasión, aunque litúrgicamente ya hayamos entrado en el Domingo de Ramos, y desde hace poco las tenemos en la del sábado anterior.

Planteada con la aspiración de racionalizarlo, la pretendida reorganización del cuadro procesional que años atrás sugirió la Junta de Semana Santa se ha quedado reducida, hasta el momento, a la recuperación de la unidad natural entre Descendimiento y Santo Entierro, desprovisto ya de su carácter de procesión general. Al seguir compartiendo la tarde del Viernes Santo las cuatro cofradías que la integraban, persiste esa idea de que "no se respeta la cronología de la Pasión", y algunos, más por querer confundir que por sentirse confundidos, se afanan en subrayar la crítica, cuando para ser justos no es ninguna barbaridad tener cuatro procesiones con diferentes episodios de la Pasión proclamada ese día en la liturgia. Es posible que la Oración del Huerto encajara de manera natural en la tarde-noche del Jueves Santo, y que reservar la tarde del Viernes al Entierro fuera lo suyo, aunque luego llegue una reedición del sepelio desde otro prisma con el Cristo de la Liberación, pero empobrece el análisis concentrar el foco reorganizador en esas cuatro hermandades. El Nazareno puede verse atado a la tarde por su paso encargado para procesión general, el del tránsito al sepulcro (bien podría recuperarse la talla apartada), aunque la idea original de la Vera Cruz cuando creó en 1617 la procesión de nazarenos fuera desarrollarla, según el modelo clásico, en la madrugada-mañana del Viernes Santo. El Rescatado está muy asociado al Viernes, pero su iconografía, por decirlo así "menos cronológica", permite ubicarlo en otro momento de la Semana Santa.

Por ampliar ese foco tan fijo siempre en el Viernes, dos imágenes parecen fuera de día. Un Yacente, el de la Misericordia, en Jueves Santo como el zamorano, y un Crucificado, el de la Vela, en Sábado Santo, el día de María en soledad y silencio. Una procesión, la del Vía Crucis, tampoco resulta la más propia en la tarde eucarística del Jueves Santo, no por la iconografía sino por la oración que va describiendo, y otra, la de la Santa Cena cuando llegue a la calle, está llamada a salir esa misma tarde. Cuenta con la ventaja de poder hacerlo bien desde el principio, si es viable, que lo es, el acuerdo con las otras hermandades que salen ese día, como han demostrado las del Viernes. No obstante, toda reorganización debe tener en cuenta que sin una reflexión sosegada dentro de cada cofradía carece de sentido mover las piezas sobre el tablero. Sustituir una imagen, modificar un hábito o cambiar de sede, incluso subir la cuota, suelen ser medidas más sencillas de aprobar que trasladarse de día. La fuerza de la costumbre es grande, la trayectoria de las cofradías pesa, incluso abundan los cofrades que lo son de dos o más hermandades, por lo que cualquier reorganización, además del criterio de la cronología de la Pasión, que pastoralmente ha de ser tenido en cuenta, no debe perder de vista a quienes salen en las procesiones. Eso sí, con el compromiso de decidir razonadamente, sin vetos previos y con visión de conjunto. Se puede.


viernes, 6 de enero de 2017

Eva Cañas

Una niña de la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños recibe un clavel en la procesión | Foto: ssantasalamanca.com

06 de enero de 2017

Sí, no tengo edad para escribir cartas a los Reyes Magos, pero lo he hecho. Ya no se me ocurre cómo arreglar cierto aire que se respira en el mundo cofrade de esta ciudad. No huele bien, está claro. Y ya quedan menos de cien días para que las hermandades salgan de nuevo a la calle, a vivir la Pasión. Pero esa penitencia pesa todo el año, quizá demasiado, y por caminos equivocados. Tal vez con este ruego se produce el milagro y vuelve a reinar la paz. Lo veo complicado. En este mundo siempre han existido rencillas y envidias. Una ya se empieza a cansar que todo lo que llegue a sus oídos sea negativo. De nuevo evoco mi pensamiento de más sumas que restas, pero no, aquí casi todo en negativo.

He pedido a los Reyes Magos que traigan carbón del bueno, el de quemar, no del dulce, a todos aquellos que difaman y se dedican nada más levantarse a "escupir" contra la Semana Santa de Salamanca, a meterse con cofradías, con la Junta de Semana Santa, con todo.  Además, muchos lo hacen desde el anonimato de las redes sociales. Crean cuentas con seudónimos para tener la libertad de mentir, de insultar y de reírse de algo tan serio. No es nuevo. Lo llevamos viviendo durante los últimos años. No merecen mucho protagonismo, ni siquiera ser mencionados en este artículo, pero en esta ocasión tenía que hacerlo porque he pedido para ellos toneladas de carbón. Si algo no te gusta te vas, pero no te quedes en la sombra tratando de hundirlo.

También un poco de carbón para los que solo entienden de críticas, de todo menos de lo suyo, que es lo único que les vale. La Semana Santa tiene 17 cofradías que merecen respeto, cada una con su seña de identidad, ni mejor ni peor, es propia, y punto. No le demos más vueltas. Tanta falta de respeto cansa. Cuantos cofrades de fila o de carga han pasado a la acera. O a quedarse en casa. Desilusiona la verdad. Es triste que gane el mal sobre el bien, pero a veces es lo único que se respira.

Este año se celebra el 75 aniversario de la Junta de Semana Santa. Ojalá me equivoque y los cofrades de la ciudad se vuelquen con todo lo que se está organizando y dejen de lado tanta zancadilla. Los cofrades ante todo somos cristianos y tenemos que seguir unas normas y valores. A veces, brillan por su ausencia. De ahí, mi idea del carbón como castigo, que no hace daño a nadie. Y en poco más de tres meses, del carbón pasaremos al incienso, que al parecer no logra purificar los corazones de algunos. Pensad antes de hablar o escribir.


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