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lunes, 8 de octubre de 2018

Abraham Coco

El Cristo del Humilladero de Villanueva del Conde, bajo la advocación del Amparo, recibe al visitante de Crucifixus

08 de octubre de 2018

Ahora que el otoño nos recuerda lo que somos, vuelvo a Villanueva del Conde. Es decir, vuelvo al comienzo del verano, a los artículos por escribir en las primeras semanas de julio. Vuelvo a Crucifixus, que es lo mismo que trepar por las hojas del árbol genealógico con la única motivación de hacerlo. No se busquen aquí interpretaciones, análisis ni reseñas especializadas de la exposición comisariada por Antonio Cea sobre los Humilladeros y Devociones de Pasión en la Sierra de Francia, tercera de la serie Temporalia que aún puede visitarse hasta el 4 de noviembre y que reúne 24 crucificados de igual número de pueblos de esta comarca.

Podría haber regresado de otro modo a Villanueva del Conde, pero lo cierto es que el coche tomó ese desvió gracias a Temporalia. Es domingo y da la bienvenida una vecina, con tanta buena voluntad como regocijo. Pronto la campana llamará a misa de doce. Es ella quien nos explica que el Cristo del Amparo, el del humilladero del pueblo, ejerce de anfitrión y por eso nos recibe tras la puerta, junto al rótulo informativo de la muestra.

Aun sabiendo que todos los cristos del mundo son los mismos, un Padrenuestro ante el Cristo del Amparo de Villanueva del Conde significa más para quienes nunca tuvimos pueblo ni rastreamos ancestros. Es un Padrenuestro como el que décadas atrás pudo rezar la bisabuela Catalina de la mano de su madre, Isidora, el nombre más antiguo que me conecta con estas tierras, a las que vuelvo ahora que el otoño se expresa con crudeza.

Es un Padrenuestro como otro cualquiera. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Ni siquiera daría para un artículo, aunque lo esté escribiendo. Tal vez deba volver a esta iglesia y saber qué día fueron aquí bautizadas Isidora y Catalina, muerta joven, en la inmediata posguerra, con cuatro hermosas niñas a cargo de su viudo.

Del Cristo del Amparo escribe Cea en el catálogo editado a propósito que "destaca entre los de la Sierra por la canónica armonía de su figura y por la intensidad expresiva de su rostro, quizá concebido por su autor para representar el pasaje de la Quinta Palabra: sitio ('tengo sed'), pidiendo agua de amor al devoto que se acerca humillado a orar".

Cuántos padrenuestros ante tanta devoción hoy ajada. Generaciones de fe, de búsqueda, de súplica y gratitud. Es imposible no detenerse en cada uno de ellos, testigos de oraciones que hoy me hermanan con mi pasado. Un recorrido patrimonial y humano hasta rematar en esa Piedad en cuyo regazo cabemos todos con la que el mogarreño Florencio Maíllo ilustró el cartel anunciador de la Semana Santa de 2017 para la Tertulia Cofrade Pasión.

El humilladero se hace así cuna. Y la exposición, experiencia vivida que rememoro en este inicio de otoño, donde lo perenne se hace caduco y cualquier metáfora similar.


jueves, 10 de marzo de 2016

J. M. Ferreira Cunquero

Algunas de las fotografías de Manuel López en el Patio Alto de la Casa de las Conchas| Fotografía: JMFC

10 de marzo de 2016

Durante estas fechas y hasta el Domingo de Resurrección, podemos disfrutar de la muestra fotográfica que, sobre la Semana Santa de Salamanca, promueve la Tertulia Cofrade Pasión en la Casa de las Conchas y de la que es autor Manuel López Martín. 

Manuel López Martín pertenece a ese tipo de fotógrafos que viven para recolectar instantes, cual si fuesen preciso aliento que sustenta el estado de la necesidad permanente, como elemento motriz de su incombustible entusiasmo.

La Semana Santa salmantina no podía quedar ajena a esa mirada suya, que escrudiña más allá de la expresión cofrade lo que ocurre en los entornos donde las sombras cubren caprichosamente de matices los lienzos monumentales de la ciudad dorada. Insinuantes siluetas en las ventanas de la indagación; calmas tenebrosas que rozan los salmanticenses espacios que capta el artista para colmar de emoción nuestro asombro.

No cabe duda de que estamos ante uno de los grandes y más reconocidos fotógrafos salmantinos del momento. A los primeros premios nacionales, obtenidos en diversos concursos de reconocido prestigio, se añaden, como aval de su fructífera carrera, los que fueron convocados con motivo de los eventos más significativos de nuestra ciudad. 

Manuel López es un virtuoso de la imagen, polifacético y concienzudo mirador de cosas, gentes y lugares. Puede decirse que pertenece a ese grupo de artistas que se mueve en los ambientes fotográficos de nuestra ciudad para hacernos ver, comprender y descubrir lo que a simple vista se nos escapa. Porque más allá del objetivo está la indagación y el conocimiento de las técnicas, que hacen posible marcar la diferencia entre lo que hacemos la generalidad de los fotoesporádicos con una máquina digital o un simple móvil, y lo que logran estos creadores de la imagen, al congelar instantes, formas y espacios que consiguen despertar en nosotros la emoción inherente a cualquier expresión artística.

A través de las veintiséis instantáneas que se exponen en ese espacio tan significativo y carismático como es el Patio Alto de la Casa de las Conchas, podemos apreciar esa fotografía de la observación, para la que Manuel López tiene una sensibilidad muy acusada o esas otras que muestran los detalles que, a los costados de las procesiones, enmarcan el halo de empatía que suele darse entre espectadores, imágenes y penitentes. Las sombras en la fotografía de Manuel López son otro acento que inserta geometrías y ambientes, logrando esa calidez que la Semana Santa salmantina rezuma por la piel de sus dorados.

Algunas de las fotografías son versos escritos por esa mirada tan especial que propugna el don de los distinguidos creadores, que nacieron para mostrar la etérea dimensión sensitiva que solo pueden captar quienes nacieron y saben mantener el portentoso don de los elegidos. Figuras perceptibles de siluetas y rostros en los ventanales estampan el diálogo semanasantero, que tan bien podemos identificar quienes pululamos de una u otra forma en las proximidades del movimiento cofrade. Lobregueces y matices disuelven, en la noche con mesura, el silencio envolvente y perceptible en algunas de las fotografías, donde los penitentes abstraídos y rozados por enigmáticos contraluces emulan delicados esbozos emocionales.

En el ocaso frío de una de estas tardes salmantinas, en las que el sol acaricia la heladura, tuve la impresión de ver, recorriendo la exposición, al siempre recordado Francisco Rodríguez Pascual, al lado de Luis Monzón y Tomás Martín. El sabio maestro de las cosas de siempre les decía que por fin alguien le había hecho caso, al captar las miradas que él tantas veces reclamó para la fotografía semanasantera, mientras Luis decía algo sobre el Cristo de la Luz y Tomás se complacía al ver a su joven retoño preparando para el Rescatado el incienso…


lunes, 9 de noviembre de 2015

F. Javier Blázquez

Una de las imágenes presentes en la exposición Pietas | Fotografía: Pablo de la Peña

09 de noviembre de 2015

Cuando de Semana Santa se trata, las visitas a Zamora suelen ser siempre sustanciosas. En pleno mes de octubre, y al amparo del congreso nacional de hermandades de Nuestra Señora de las Angustias, nos encontramos con Pietas, una exposición comisariada por José Ángel Rivera de las Heras, uno de esos curas que como nuestros Tomás Gil o Moncho Campos han sabido descubrir en el Arte un medio extraordinario para la reflexión en torno al ser humano y su hacedor, que es, a fin de cuentas, el punto de partida para la transmisión de la buena nueva. La muestra constó de treinta cuatro piezas, veintisiete imágenes y siete óleos; todas ellas recogían el tema de la Piedad en la provincia de Zamora.

No se trata, ahora, de entrar en consideraciones sobre la calidad artística de las piezas expuestas, pues salvo las de Ramón Álvarez o la de Ricardo Flecha, no es mucho lo que desde esa perspectiva se podría juzgar. Lo importante es que con un presupuesto limitado la Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias ha sido capaz de organizar una exposición con mucha dignidad y acertado criterio. La elección de Rivera de las Heras como comisario es, sin duda, el factor fundamental a la hora de explicar el buen hacer. Él conoce como nadie el patrimonio artístico de la diócesis zamorana. Para estas cosas, la verdad, los zamoranos saben aprovechar bien la valía de sus expertos e intelectuales, da lo mismo la rama de la que provengan. En nuestra Salamanca, también en las cofradías, como todos somos sabemos de todo, con frecuencia nos permitimos despreciar a los especialistas, aborrecemos su experiencia y criterios y obramos por cuenta propia a la hora de decidir en aquello que sin duda tendrá repercusiones de importancia.

Pietas ha sido una exposición más que digna. Se trataba de mostrar cómo se ha entendido el tema de la Piedad en el arte de la diócesis zamorana. Y con creces se ha conseguido. Ahí están las imágenes de los pueblos de Zamora, incluida la que precedió a la titular de la cofradía organizadora. En el haber, a mayores de la muestra y el adecuado espacio expositivo, los trabajos previos de limpieza y acondicionamiento de las piezas llevados a cabo por Francisco Javier Casaseca. Las exposiciones de arte siempre deben servir para mejorar algo. En el debe, la falta de un catálogo, al menos un folleto con algo más que la breve presentación y la enumeración de piezas que aparece en el díptico. De las buenas exposiciones siempre debe quedar algo escrito, reflexionado y estudiado, para la posteridad. Pero ya sabemos, cuando no hay recursos se llega hasta donde se puede.

Gratifica ver iniciativas como esta. Con limitaciones, pero impecables en su puesta en escena porque en la trastienda han estado personas muy preparadas. Algo parecido a lo que se hizo en Salamanca cuando la Vera Cruz organizó su quinto centenario. Entonces hasta se publicó un extraordinario catálogo, porque eran otros tiempos y había posibles, pero con no mucho dinero se llevó a cabo una extraordinaria exposición y de ella quedó un catálogo modélico. La exposición de 2006, Lignum Crucis, fue un poco la excepción. Porque otras iniciativas hubo, algunas curiosillas, no más, otras un desastre.

Y el problema siempre acaba siendo el mismo, que la buena voluntad no es suficiente, porque cuando nos involucramos en empresas de este tipo hace falta un poco más. No todos sirven para elegir, para mostrar o para escribir con criterio. Y no es elitismo, de verdad, pero el repelús que los especialistas causan a los libreopinadores de las redes y asambleas no deja de encerrar un complejo de inferioridad que impide, por un lado, su progresión y enriquecimiento personal, y por otro, la posibilidad de ofrecer algo con el valor y el decoro debido, con las garantías de aportar algo original que deje su poso en la posteridad.


lunes, 26 de octubre de 2015

Félix Torres

Diferentes propuestas de carteles de los últimos años en semanas santas de diversas ciudades de España

26 de octubre de 2015

Hace tan solo unos días, en estas mismas páginas, José Fernando Santos publicaba su artículo En vísperas de un nuevo cartel anunciador, en el que realiza una fundada defensa de la fotografía como elemento base para la presentación y difusión de la Semana Santa salmantina a través del cartel que a tal efecto confecciona la Junta de Cofradías, Hermandades y Congregaciones de nuestra ciudad. José Fernando aporta argumentos con los que defiende este sistema de selección, casi todos ellos seguramente compartidos por una gran mayoría de lectores, cofrades o no.

Hoy mismo, esta tarde, se inaugura la exposición de fotografías que, convocada por la misma Junta de Cofradías, sirve como preludio y base para la elección de aquella que se constituirá en el cartel anunciador de la Semana Santa de Salamanca de 2016.

Son más de treinta las ediciones que se han realizado desde la instauración de este concurso y tanto tiempo ha sido suficiente para mostrar sus muchas luces y alguna que otra sombra. Tantas ediciones, incluso con la relajación normativa de las últimas ediciones, por las que es difícil no repetirse por más vueltas que se le quiera dar al tema. Por esto, solo por esto, creo que debería enfocarse con otras miras.

Es cierto que con otro sistema se limitaría el acceso de aficionados, al menos a la fotografía, a ser algún día los autores del cartel y pudiera ser que sin el incentivo del concurso el número de fotografías de nuestra Semana Santa para el recuerdo se viese reducido en gran medida. Incluso puede que los profesionales de la fotografía perdieran el interés por esta modalidad si no hubiera compensación. Pero, por otro lado, posiblemente, el número de fotógrafos entre las filas de nazarenos disminuiría con la consiguiente mejora de los desfiles, pues son muchos los que se acercan a nuestros desfiles procesionales con la única mira de un futuro concurso a pesar de que el aparato, sea el que sea, no hace fotógrafo a cualquiera.

Desde hace tiempo vengo defendiendo la opción de que el cartel de nuestra Semana Santa se debiera basar en la obra de artistas locales o foráneos, reconocidos por su obra y seleccionados por la Junta de Cofradías, lo que permitiría que nuestra Semana Santa, en su Junta, fuese enriqueciendo su patrimonio con la propiedad de esas obras realizadas por pintores, fotógrafos o diseñadores prestigiosos.

Ciertamente, el aspecto económico es importante pues el contrato con cualquier artista llevaría aparejada la correspondiente compensación económica al mismo y desconozco si las arcas cofrades podrían asumir este gasto. Pero el resultado bien merecería el esfuerzo, en lugar de inversiones efímeras de las que lo único que quedaría sería un recuerdo más o menos agradable. Y si otros pueden, ¿por qué no nosotros?

También pudiera ser que nuestra Junta de Cofradías se preocupase por jóvenes artistas, emergentes pero con valía, con los que se podría colaborar en una simbiosis beneficiosa para ambas partes. Pintores con necesidad de dar a conocer su obra y una Junta de Cofradías como órgano canalizador de ésta. Mecenazgo y futuro.

Por supuesto que esta opción que sugiero conlleva sus riesgos y sería motivo de controversia, pero no sería nada nuevo. Hasta donde alcanza mi memoria, no hubo año en que el cartel oficial no fuese objeto de polémica bien por el tema, por el autor o por el sistema de elección. Es algo a lo que todos estamos acostumbrados, pues para ello tenemos nuestra capacidad de enjuiciar y nuestros gustos, lógicamente no coincidentes, por lo que el cartel, sea cual sea el motivo o la técnica, siempre estará sometido al juicio popular y siempre podrá ser polémico.

Posiblemente, en estos momentos y por diferentes condicionantes, mi sugerencia sea inviable. Por eso, en todo caso, como mal menor y con la certeza de que el sistema actual es válido y permite el acceso al mismo a un número elevado de concursantes, lo que populariza sin duda el concurso, en mi opinión, tras esta ya prolongada experiencia, creo que el concurso fotográfico debería renovarse, dar una vuelta a sus bases y permitir novedades que, sin salirse del campo de la fotografía, diesen más libertad a los autores tanto en los contenidos de su obra como en el tratamiento de la misma. Permitir el empleo de nuevas tecnologías, la libertad en los contenidos y tratamientos o la posibilidad de mezclar diferentes técnicas, abrirían las puertas del concurso fotográfico a espacios diferentes permitiendo la entrada de nuevos aires que renovasen el ambiente algo alcanforado que se respira ahora en el mismo.

jueves, 22 de octubre de 2015

José Fernando Santos Barrueco

Últimos ocho carteles de la Semana Santa de Salamanca. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, fotograf'ías de Alfonso Barco, Óscar García, José Ángel Barbero, José Ángel Barbero, Ángel González, Iván Marcos, Alfonso Barco y Luis Carlos Jiménez

22 de octubre de 2015

Nos encontramos en pleno proceso del XXXI concurso fotográfico organizado por la Junta de Cofradías de Salamanca para la elección del cartel anunciador de nuestra Semana Santa de 2016. De acuerdo con las bases, acabado el plazo de presentación de obras, se realiza una primera selección para descartar aquellas que no se ajusten a las mismas o no tengan la adecuada calidad técnica. Las elegidas serán posteriormente expuestas, anunciando entonces la fotografía que tendrá la misión de reclamar la atención hacia nuestra semana de Pasión.

Son muchos años, de manera ininterrumpida, los que han transcurrido desde el primer concurso, allá en 1985, para elegir el cartel de la Semana Santa de 1986. Una fórmula que se ha ido consolidando y ofreciendo extraordinarias imágenes de nuestras procesiones (recogidas en el último número de la revista Christus). No sería oportuno ahora cuestionar esta modalidad del concurso fotográfico frente a otras alternativas. Todas serían perfectamente válidas y en cualquiera de ellas nunca se conseguiría un cartel a gusto de todos. Se podrían argumentar razones a favor de unas u otras, pero a mí, particularmente, me parece muy acertada la manera que la Junta de Cofradías viene aplicando a lo largo de un periodo tan prolongado, incluso con los cambios que se han ido introduciendo.

La opción abierta me parece más idónea que elegir de antemano a un autor determinado, sea cual fuere el tipo de soporte artístico o técnico del cartel, por muchos méritos que pudieran asistir al elegido. Aunque un autor afamado podría darle mayor prestancia al cartel, el concurso abre la participación al público en general, lo que me resulta más adecuado cuando se trata de anunciar nuestra Semana Santa. La elección del autor sería una fórmula que se agotaría y traería, a buen seguro, dificultades y enfrentamientos, sin entrar a valorar otras cuestiones de carácter económico que se acabarían presentando. También me parece correcto que el concurso sea fotográfico, ya que la elección de otro soporte limitaría la participación a unos pocos capacitados en la disciplina correspondiente. La fotografía está al alcance de cualquiera y más hoy día con la proliferación de cámaras digitales, teléfonos y otros dispositivos celulares, con buenas prestaciones para la toma de imágenes.

Los seis primeros carteles se realizaron con la colaboración del Centro Fotográfico Salmantino, a quien correspondía la propiedad de las fotografías. Dos de ellos recogían unos primeros planos de nuestra imaginería y los otros cuatro, diversos momentos procesionales. A partir de 1992 las fotografías premiadas quedan en propiedad de la Junta de Cofradías. Las bases requieren que el motivo se centre en un momento procesional (generalmente del año anterior al del cartel), lo que asegura, sin eliminar la creatividad e imaginación de los fotógrafos, disponer de imágenes de nuestras procesiones, que son el objetivo sobre el que el cartel pretende llamar la atención. Durante un buen número de años, se exigía que recogiesen ambiente (cofrades o público en general), imaginería y monumentalidad. Estas normas ofrecieron un buen número de carteles con bellísimas imágenes que mostraban el perfecto acoplamiento que se consigue entre la imaginaría procesional y la incomparable escenografía de nuestras calles y monumentos. Esta exigencia ha desaparecido en los últimos años, en los que únicamente se especifica que recojan un momento procesional de los protagonizados por cualquiera de las cofradías integradas en la Junta.

El cambio me parece acertado. De un lado, se sigue centrando la atención en lo que tiene que ser el motivo del cartel: un detalle de nuestras procesiones. Y, por otro lado, se abre más el concurso a la creatividad del fotógrafo para buscar composiciones estéticas y originales, que llamen la atención hacia lo que un cartel publicitario pretende. Otro efecto que, a mi entender, se puede conseguir con el cambio (aunque no sé si buscado) reside en el hecho de que no es necesario invadir la procesión para obtener una imagen para el concurso, lo que parecía conferir derechos a los fotógrafos, afectando en algunos momentos la marcha normal de la procesión, y provocando discusiones con la gente que llevaba tiempo esperando su llegada.

El cartel anunciador de nuestra pasada Semana Santa es un buen ejemplo de la oportunidad del fotógrafo para recoger un motivo sugerente, sin necesidad de hacer acto de presencia en el desfile propiamente dicho. Muestra el instante en que unos cofrades anónimos entran en el templo para disponerse a la procesión. No es un momento procesional estrictamente hablando, como exigen las bases, aunque puede considerase una extensión de esta: a modo de "pórtico", muy propio de un cartel, la fotografía sugiere momentos de ilusión y emotividad en los cofrades al adentrarse en el mundo privado de la hermandad para iniciar la manifestación pública de su fe.

Otro cambio significativo se ha producido en la composición del jurado. Hace unos años era más numeroso y primaban los representantes de las cofradías sobre los técnicos en fotografía y publicidad. Actualmente se ha reducido mucho y está prácticamente compuesto por personal técnico, lo que debe redundar en una mayor imparcialidad (no hay, a priori, preferencias por fotografías de una u otra cofradía) y profesionalidad en las deliberaciones y decisión final. La exposición de las fotografías seleccionadas resulta un aliciente para recordar distintos momentos de la pasada Semana Santa, y comentar y discutir, según los gustos de cada uno, posibles méritos de unas u otras fotografías para haber sido merecedoras del cartel.


lunes, 6 de abril de 2015

Montserrat González

La obra de Ángel Luis Iglesias "XXIII", junto a dos pinturas de Andrés Alén | Fotografía: Pablo de la Peña

06 de abril de 2015

La Tertulia Cofrade Pasión, asociación dedicada al estudio y promoción de la religiosidad  popular y la Semana Santa desde ámbitos culturales, conmemora este 2015 su XXV aniversario con distintos eventos y propuestas, entre los que destaca la magnífica exposición titulada "La Tertulia Cofrade Pasión y sus artistas".

Hasta el 12 de abril de 2015, la Sala de las Comarcas de la Diputación de Salamanca se convierte en un merecido homenaje a los creadores que de modo altruista colaboran con la Tertulia iluminando y enriqueciendo sus publicaciones. El itinerario aquí propuesto pone de relieve la diversidad de artistas, propuestas, técnicas y tendencias que a lo largo de estos veinticinco años de vida de la Tertulia han ilustrado los textos de la prestigiosa revista Pasión en Salamanca, ennoblecido los libros editados por la asociación y, sobre todo, pregonando la Semana Santa de Salamanca a través de un cartel anunciador que desde el año 2002 apuesta decididamente por las técnicas pictóricas.

Óleos, acuarelas, pasteles, dibujos, tintas, rotuladores, humildes lápices, infografías y collages nos hablan de cómo la Tertulia ha sentido el deseo de introducir la estética en su asociación, de constatar que entender el arte, difundirlo –y en ocasiones poseerlo– es una manera de adentrarse en el terreno del placer consiguiendo un conocimiento más amplio y universal, a la par que ha permitido establecer nuevos relatos, distintas miradas y modos de ver y sentir la Pasión de Cristo.

Era necesario divulgar la labor de mecenazgo que con los artistas en general, y los salmantinos en particular, está desarrollando la Tertulia Cofrade Pasión,  permitiendo que los ciudadanos admiren su labor callada, íntima, pero que de forma única y singular está ayudando a enriquecer y conservar el patrimonio cultural y artístico de Salamanca y su Semana Santa.  Detrás de esta exposición se vislumbra el cariño y dedicación que los miembros de la Tertulia Cofrade Pasión destilan en cada acto y evento que organizan, contagiando su entusiasmo a todos aquellos que colaboran en sus publicaciones, motivando a los artistas, retándolos en muchas ocasiones, para que aporten toda su sabiduría pictórica y pasión al servicio del sentimiento que suscita la Semana Santa.

La calidad de la exposición viene avalada por la nómina de artistas participantes: Jerónimo Prieto, Andrés Alén, Fernando Mayoral, Miguel Ángel Gasco, Salud Parada, Rafael Cid Tapia, Fernando Segovia, Severiano Grande, Alfonso Cuñado, Jesús Velasco, Ángel Luis Iglesias y Paloma Pájaro, así como por la calidad de las obras y la temática que en ellas se aborda, haciendo de esta iniciativa una aportación de extraordinario valor para la ciudad de Salamanca, que sin duda merecería un espacio expositivo mayor que la modesta Sala de las Comarcas habilitada por la Diputación de Salamanca y cedida para esta muestra.

"La Tertulia Cofrade Pasión y sus artistas" constituye una excelente muestra de arte religioso contemporáneo donde las palabras de los relatos evangélicos se transforman en bellas e impactantes imágenes dando lugar a una auténtica "teología visual" sobre la Pasión de Jesucristo. Las meditaciones sobre el sacrificio de Cristo, la figura de su madre y otros protagonistas de los relatos de la Pasión, como María Magdalena o Barrabás,  suponen toda una reivindicación del arte contemporáneo religioso hecho a la medida y necesidad del hombre actual, tan necesitado de nuevas iconografías e imágenes cargadas de significado. La posibilidad de contemplar juntas algunas de las creaciones y los textos para los que fueron concebidos es también un acierto.

El cartel de Pasión en Salamanca 2015, de la artista Paloma Pájaro, su moderno lettering y la originalidad y atrevimiento de su propuesta, dan la bienvenida al visitante predisponiendo su espíritu para lo que va a encontrar.  Su obra "María Magdalena o el preludio de la maravilla" supone una fiesta de color y dolor. Su Magdalena sola, llorosa, derrumbada ante el lienzo vacío que cubría el cuerpo de su amado Jesucristo es un acierto de teatralidad y fuerte simbolismo, casi barroco, donde el negro caravaggesco da paso a un rojo acrílico, un rojo pasión, fuerte e impactante, que atrapa al espectador.

Superada esa primera impresión nos encontramos con una fantástica colección de obras donde modernidad y ciertos toques clásicos no parecen estorbarse en esta muestra. Piezas más clásicas dialogan sin rubor con apuestas arriesgadas y rompedoras, como la de Ángel Luis Iglesias, que pese a su preocupación por la figura humana realizada con un portentoso trazo y un magnífico dibujo, convierte su óleo "XXXIII" en todo un emblema del arte contemporáneo al retratarse a sí mismo como Jesús, el hombre por excelencia que en el dolor ha perdido cualquier atisbo de divinidad.  Las creaciones de Cid Tapia, sus certeros óleos y collages no tienen ningún problema en compartir protagonismo con la formidable propuesta de Alfonso Cuñado y sus toques de color en su "Cristo de la Agonía Redentora", todo un acierto de composición y realización. Tampoco desentona el "Calvario de Piedra" de Fernando Mayoral, hermoso y elaborado pastel para el cartel de "Pasión en Salamanca 2005", demostrando que además de un gran escultor Mayoral es un enorme artista.

La espectacularidad de algunos óleos que han inspirado carteles anunciadores de la Pasión en Salamanca, como el juego de veladuras de Salud Parada que conforman su "Jesús con la cruz a cuestas" o la moderna infografía llena de luz y color del profesor y artista Miguel Ángel Gasco contrastan con la intimidad de otras creaciones como el exquisito y delicado collage de Fernando Segovia o el bellísimo dibujo de Severiano Grande, que rotula sus pensamientos en un hermoso entendimiento del Gólgota, contagiándonos su inquietud  y entusiasmo por la obra bien hecha.  O la siempre elegante factura de los dibujos de Jesús Velasco. Sus lápices y plumillas transforman cruces, nazarenos y vírgenes dolorosas en una búsqueda de belleza y distinción.

¿Qué decir de los collages y pinturas del maestro Andrés Alén? Sus interpretaciones sobre el Jueves Santo nos hablan de la enorme sensibilidad y talento de uno de los grandes maestros de la pintura religiosa contemporánea. Sus creaciones nutren nuestro espíritu con una aparente simplicidad que a la vez esconde una acumulación barroca encaminada hacia lo esencial convirtiendo sus propuestas en libros de verdadera sabiduría y espiritualidad.

¿Cómo explicar las figuras siempre inquietantes, cimbreantes como llamas heladas del gran Jerónimo Prieto? Sus personajes nos traen a la mente ecos del Bosco, raíces de pintura flamenca, proverbios de Brueghel, llenos de misticismo y furia. Culmina el recorrido de la exposición su impresionante "Cristo de la Agonía Redentora". Es difícil imaginar una escena del Crucificado con más sutiles veladuras y más precioso dolor. En una especie de guiño realidad-ficción, por la cercanía física de la imagen representada, al ver el Cristo de Jerónimo Prieto, queremos acercarnos a la Catedral  y aliviar el dolor de esa imagen que nos interpela, que parece cobrar vida ante nuestros ojos hablándonos de una profunda religiosidad.

Para el visitante dispuesto a sentir y gozar con las magníficas propuestas de estos artistas el camino se hace corto y "La Tertulia Cofrade Pasión y sus artistas" nos deja con ganas de más... de más personajes, ensoñaciones, historias y fabulaciones con las que seguir dialogando sobre el misterio que encierra la Pasión y sus múltiples interpretaciones.  Esperemos que no tengan que pasar otros veinticinco años para maravillarnos con las creaciones de los artistas de la Tertulia Cofrade Pasión.


jueves, 26 de marzo de 2015

Montserrat González

Uno de los grabados de Ana Ontiyuelo que se exponen en Espacio Joven | Fotografía: Pablo de la Peña

26 de marzo de 2015

En estos últimos días cuaresmales, momentos antes de la semana más importante para el cristiano, propongo enriquecer nuestras vivencias espirituales contemplando una serie de representaciones de la Pasión de Jesús a través de la narración que de estos hechos nos ofrece la artista peñarandina Ana Ontiyuelo. 

En la sala de exposiciones Espacio Joven y dentro de los actos que conmemoran el XXV aniversario de la Tertulia Cofrade Pasión, la joven creadora revive en quince grabados los últimos momentos terriblemente trágicos y dolorosos de la vida de Jesucristo. Como si de una peregrinación se tratara, resumida en el espacio y en el tiempo, los espectadores pueden recorrer los escenarios pasionales asistiendo a la agonía y sufrimiento de Jesús, al silencio sobrecogedor de sus últimas horas. 

A la manera de los grandes maestros del siglo XVII, Ana no duda en elegir la siempre difícil técnica del grabado para plasmar las quince estaciones del vía crucis consiguiendo estampas de gran calidad. Con un trazo limpio y certero sus imágenes nos permiten apreciar la grandeza del arte de la grabación. Utiliza el punzón sobre modernas matrices de PVC, marcando con punta seca sólo lo justo, como las líneas que configuran el bello rostro de Jesús, o empleando una diversidad de puntas para conseguir incisiones de distinta profundidad que nos ofrecen elegantes juegos de luces y sombras. Zonas de luz, como las que iluminan a las mujeres de Jerusalén, aquellas que lo seguían habitualmente y no quisieron abandonarlo en sus peores momentos por haber encontrado en Él una nueva manera de ver las cosas. Oscuridad en los fondos arquitectónicos que fingen los escenarios de Pasión, como en esa Tercera Caída donde el fondo se ennegrece casi completamente dejando una breve luz para atisbar el Gólgota y sus tres cruces.

Estas quince imágenes de 60x90 cm expresan las emociones de sus principales protagonistas de manera incisiva y conmovedora, basta observar la solidaridad y cercanía que manifiesta el Cirineo, o la piedad con la que la Verónica sujeta el sagrado lienzo. O el dolor de ese Cristo hecho ya madero al dirigirse a las mujeres que le acompañan, dolor intensificado por los polvos de carborundo espolvoreados en las vetas de punta seca, que anclados a la plancha imprimen el desconsuelo de los testigos de su agonía. 

Ana Ontiyuelo utiliza tintas negras, que al limpiar la plancha con tarlatana permite dejar superficies limpias que intensifican el dibujo definiendo las formas. En otras zonas, las sombras se acentúan por la maraña de pequeñas manchas  negras conseguidas con el corborundo enfatizando el dolor y la pena. 

La muestra se completa con un mural de cinco grabados en los que la artista, modificando el gramaje del carburo de silicio consigue unas tonalidades llenas de fuerza y energía. Trazos abstractos de grises y negros profundos ponen de manifiesto la búsqueda y experimentación en el campo del grabado de una artista valiente, apasionada cuya mirada va más allá de representar la mera apariencia de las cosas.  Sus escenas nos interpelan enseñándonos mucho de nosotros mismos,  de nuestras emociones, de nuestras propias cruces y de nuestra necesidad de Dios.


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Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión