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viernes, 21 de febrero de 2020

J. M. Ferreira Cunquero

Exposición Semana Santa de Castilla y León en Madrid | Foto: J.A.C.

21 de febrero de 2020

Hace unos días observaba el cartel de nuestra Semana Santa con esa foto impresionante de Manuel López Martín, el cual es muy posible que, por su técnica depurada, siga uniendo su nombre en años venideros a ese pódium de los elegidos.

A lo que iba. Comparando ese cartel con el de Zamora, rápidamente caí en la cuenta de que entre ambos hay un matiz que marca cierto contraste. No se trata de si es mejor el de la ciudad del Duero o el que va a empapelar los escaparates de Salamanca. Lo que sobresale entre ambos es que mientras en el nuestro la marca de Interés Turístico Internacional sobresale en letra de gran tamaño, el de Zamora minimiza tal referencia, tratando seguramente de alejarse de un galardón devaluado, al asignarse a ciudades que no lo habrían conseguido nunca, si la susodicha designación se concediese de forma aséptica y rigurosa. Y es que tal asunto huele a casquería política de la de andar por casa.

Esta observación valdría para un debate serio si en el mismo fuésemos capaces de analizar la importancia que tiene ese calificativo, más allá del hecho religioso, y comprobar cómo tal denominación es un pasaporte ficticio para creer lo que a lo mejor no se tiene.

Pero metidos en fotografías, es bueno recordar que otra vez un cartelón, que anunciaba en la calle la muestra fotográfica de la Semana Santa de Castilla y León en Madrid, recogía en gran tamaño una instantánea de una cofradía salmantina. La Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz ha vuelto a dar la nota, no solo con ese cartel, sino con las magníficas fotos de Manuel López Martín, (mencionado al principio de estas letras) que se exponían en el interior de la muestra. Una de ellas por cierto premiada con todo merecimiento.

Escuché, varias veces, cómo gente de otras cofradías, en voz alta y sin ruborizarse, decían aquello de que la hermandad blanquecina del otro lado del Tormes tenía clarísimas prebendas con los jurados que eligen la foto del cartel de Salamanca. Estas cosas se suelen soltar sin tener en cuenta que la estética de esa hermandad atrae a los fotógrafos más reconocidos. Algunos de ellos han manifestado que encuentran en ese recorrido, único, una luz especial, que enfarolada condiciona el blanquecino andar de los cofrades arrabaleños.

El caso es que la citada hermandad, la vemos una y otra vez en esas selecciones de fotografías para carteles que llevan a cabo gente ajena a Salamanca, cuando eligen el cartel que ha de representar a toda Semana Santa de Castilla y León. La hermosura artística que brota de la procesión trastormesina condiciona una estética incomparable, que en algunos casos es más apreciada fuera de nuestras fronteras provinciales que en el propio terruño. Pero como decía Lucas Verdú, los salmantinos somos muy propios en eso de andar metidos en bandos y bandurrias…


miércoles, 20 de noviembre de 2019

Félix Torres




20 de noviembre de 2019

¡Magnífica!

Es la expresión que me salió de lo más hondo, cuando vi la fotografía seleccionada para ser cartel de nuestra Semana Santa este próximo año 2020 en el concurso que, como todos los años desde hace treinta y cinco, organiza nuestra Junta de Semana Santa. Lo hice salvando, incluso, ese escepticismo que tantas veces he hecho público en lo concerniente a concursos fotográficos y resultados previsibles por encorsetados.

Lo hice porque la fotografía ganadora, más allá de carteles y composición tipográfica –también interesante–, destaca por sí misma, llegando a cautivar al espectador que se deja llevar y entra en el ambiente que se abre en la misma. Una imagen que quien la mira se ve como parte de esa fantasmagoría en la que hombres velados arropan a un Cristo de nítida figura que se afianza seguro sobre sus andas.

También es cierto que, una vez conocido el autor de la imagen –cosa relativamente sencilla para los iniciados–, no cabía mejor expresión que aquella. ¡Magnífica! Y por ello, entre otras muchas cosas, este texto de hoy quería venir también a mencionar al menos a Manolo. Reconocer admiradamente a Manuel López Martín, flamante ganador de este concurso en la presente edición. Fotógrafo de reconocida trayectoria, con una particular visión de la escena que hace de sus encuadres y resultados finales una captura etérea de una realidad que casi flota. Una interpretación onírica de la realidad inalterada o modificada únicamente por su composición y manejo de la técnica. Todo esto y algo más que no sé expresar en palabras quiere ser mi homenaje cariñoso a quien plasmó Cristo y cofrades en la instantánea protagonista.

Pero, seguro que, como todos, el cartel de este año, la fotografía de este año, no se va a librar de críticas cofrades más o menos exacerbadas, lanzadas desde un concepto tradicional de lo que la propaganda de estos actos de religiosidad popular debe ser siguiendo unos cánones que, por clásicos, son los que limitan cuanto se puede hacer en este campo artístico. Unos criterios que se anclan en un quizá erróneo sentido estético, pueril y decimonónico en sus trazas, que acota los horizontes y ata de manos a quien ve más allá de dulces rostros enmarcados por fondos tradicionales y pretende romper, aunque sea un poco, para llegar a otros puertos estéticos sin salirse de lo que en definitiva debe ser representado.

La eliminación de aquellas premisas (imagen, monumento y público) que gobernaban el concurso desde sus comienzos supuso un gran avance en el enfoque, nunca mejor dicho, que se podía dar a las imágenes concursantes. La posibilidad de actuar sobre las fotografías, algo prohibido hasta hace no mucho, ha sido un gran paso adelante en estas convocatorias aunque aún falte algo más. Porque aun así, se necesita, en mi opinión, una mayor libertad en cuanto afecta a fotografías y sus técnicas, revolucionadas y revolucionarias con la aparición de tecnologías digitales que permiten ir mucho más allá de los límites que impone la tradición analógica.

Por ello, antes de convocar el concurso en siguientes ediciones, quizá sería conveniente que una comisión de expertos en distintos campos artísticos y cofrades, se reuniese, evaluase cuanto de novedoso se pudiera incorporar al concurso y redactase unas normas acorde con los tiempos actuales. No romper sino ampliar para permitir nuevos enfoques y el uso de tecnologías desconocidas hace no tanto tiempo. Con ello se seguiría incrementando el patrimonio de la Junta de Semana Santa, ampliando un fondo de originales con un valor artístico añadido que fuese más allá de la imagen tradicional.

No quisiera terminar estos párrafos sin mi admirado y cariñoso recuerdo para H. S. Tomé. Y aunque ya lo hayan hecho estas "páginas" y por duplicado, quiero dejar constancia de mi homenaje a Tomé, artista para el que la fotografía fue la forma de darnos a conocer esa sensibilidad que, de otra forma, quizá hubiera quedado escondida entre las arrugas de su modesta timidez, por ser parte protagonista de esos cambios producidos en este concurso, por ser crítico juez selector y por, sobre todo, ser amigo, consejero y maestro de cuantos participantes en este concurso en los últimos años se prestaron a escuchar todo lo que Tomé podía transmitirles en forma de consejo. Discretamente, en voz baja. Así lo hacía y así se lo reconoceremos cuantos gustamos de su trato afable.


lunes, 7 de octubre de 2019

J. M. Ferreira Cunquero

El Cristo del Amor y de la Paz emboca la calle Libreros | Foto: JMFC

07 de octubre de 2019

Cuando estamos a punto de descubrir las fotografías que aspirarán a convertirse en el cartel que anuncie la Semana Santa de Salamanca del año 2020, me invade el extraño y misterioso deseo de que el jurado, aunque sea por despiste, elija por fin una buena postal. Una postal que nos devuelva a aquellos años en los que prevalecía el monumento como signo de identidad, para que los cofrades salmantinos disfruten del incomparable (ya salió la palabreja) tesoro de piedras que viste esta ciudad única y exclusiva. Y es que una postal sería un buen guiño a los departamentos turísticos oficiales, que con tanto empeño velan por el gremio hostelero que proporciona el curre, según dicen los representantes de la cosa política ciudadana.

Además, un cartel de ese estilo puede tener multitud de partidarios y no como la cartelería de los últimos tiempos, que solo alaban, parece ser, cuatro cofrades.

Da igual que se repita el lugar, la imagen y el entorno. Lo que tiene que trascender es que se vea el monumento y la talla de turno para complementar la escena que nos embelese la memoria.

Pero el caso es que la suerte bendice este tiempo, haciendo posible que la Junta de la Semana Santa salmantina cuente con jurados serios, que con plena libertad elijen, para un cartel, la mejor foto de cuantas se presentan. Y he de reconocer que casi siempre han dado en la diana que pintan los mismos fotógrafos de siempre, es decir los que, contándose con los dedos de una mano, manejan el arte fotográfico con seriedad y solvencia.

El problema para que se cumpla mi deseo repentino de postales, es que de momento, como digo, estos jurados han dado en el clavo (por muchas controversias que muevan la masa del pan). Una y otra vez, los carteles de Salamanca sirven como referencia en las movidas semanasanteras regionales, donde nuestra semana pasional destaca, recibiendo elogios por sus acertadas publicaciones carteleras.

Es curioso, muy curioso leer los juicios críticos que ha vertido el jurado que falló hace unos días el II Concurso de Fotografía de Semana Santa de Castilla y León.

Por cierto, ese gran amigo y fotógrafo que es Manuel López Martín, autor, hace no muchos años, de un gran cartel de la Semana Santa salmantina, ha vuelto a ser reconocido con el segundo premio de ese certamen que ha convocado a los mejores fotógrafos de la tierra.

Pero abundando más en esa elección del jurado, sería bueno que viésemos las fotografías galardonadas de la citada convocatoria, para descubrir otro asunto polémico que a veces se aviva con cierta predisposición, al comprobar las imágenes o cofradías elegidas para nuestros carteles. Y es que según se afirma, la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, junto a alguna otra cofradía charra, mantiene un coto de preferencias a la hora de elegir su marcha penitencial como referencia de los carteles tan criticados. Lo de menos es valorar esa estética apasionante que condiciona, realza y complementa un entramado atractivo inigualable que capta la atención de los fotógrafos.

Lo curioso es que son tres instantáneas de los hermanos del Cristo arrabaleño salmantino las que le han premiado a Manuel López, a la vez que el resto de reconocimientos se le han adjudicado a fotos que dejan constancia de procesiones similares en la estética a la de la Hermandad salmantina. ¿No será que algo tiene el agua cuando la bendicen?

Claro que esas fotografías no son para un cartel y que las que se están eligiendo últimamente aquí para tal cuestión, más que mostrar, insinúan y, más que dejar ver, nos proponen suponer…

Esperaremos que cuando visionemos las fotos que aspiran a convertirse en el cartel del próximo año, haya más de diez interesantes y que el jurado imparta con justicia lo que crea conveniente, pues los ruidos y la controversia nunca alimentaron a través de la historia lo que al final prevalece cuando hablamos de arte.


miércoles, 19 de junio de 2019

Álex J. García Montero

La procesión del Cristo de los Doctrinos accede al interior de la Catedral por la Puerta de Ramos | Foto: M. López Martín

19 de junio de 2019

Estamos en plena ebullición taurina. Y hasta una capea de pueblo se anuncia con todos los honores de obras pictóricas de las plazas más importantes del ruedo ibérico. Si atisbamos los carteles de las ferias españolas, trascurrido el serial isidril, podremos observar que en general, el protagonista de los carteles es el toro. Pero no un toro cualquiera, sino el toro soñado. Aún recuerdo esas viejas acuarelas de trincherazos y pases de pecho ayudados por todo lo alto, en las que se clonaba una y mil veces a Manolete. Pues bien, de un tiempo a esta parte, surgieron los carteles "kitsch". Digo "kitsch" porque no sé muy bien cómo definirlos. Son eclécticas obras de geometría donde es imposible encontrar un toro como superviviente del uro salvaje. Ya sabemos que la fiesta, denostada, debía esconderse de sí misma. Pasamos de auténticas obras de arte a ficciones debidamente elaboradas para terminar en carteles que bien podían anunciar la celebración de toros o un concurso gastronómico donde maridan al alimón el embuste y la mentira.

Algo así ha pasado con la cartelería cofrade. Hagamos un somero repaso. Hemos pasado de ensalzar a las imágenes titulares en blanco y negro a mostrar instantáneas de procesiones, para terminar con carteles ficticios que, salvo por aquel pequeño detalle tipográfico de "Semana Santa", son altamente lesivos.

La Semana Santa es en y para la calle, luego sobran las imágenes de los templos, recodos y muros. La Semana Santa es una realidad de devociones, entonces sean desahuciadas las gráficas de atavíos y trastos sin sentido (un llamador, un incensario, un farol, un zapato…). La Semana Santa es la Pasión y Muerte del Señor (a veces Resurrección, igual que en los toros, indulto), por ello desterremos lo fiestero. En la luna llena hay patíbulo; la romería vendrá con la menguante. Pañuelo rojo, banderillas negras sean dadas, ante cualquier atisbo de retoque, de chanza, de burla, de mentira, de engaño.

La Semana Santa y el toreo son teatro de cadalso en albero y piedra. Esconder eso es negar nuestra verdad. La verdad antes que la paz, en palabras de nuestro genial vasco salmantino. Siempre que sintamos verdad, pañuelo blanco agitar.

Un cartel no agota una procesión, pero la puede ahogar. El toro soñado de los carteles de antaño, de amplia arboladura, nobleza y bravura, devino en mansazo afeitado de festival cantado. Está pasando lo mismo con nuestra semana mayor. Deberemos elegir entre el pañuelo verde y el amarillo. Entre lo cómico y lo trágico. Porque toro y Calvario son tragedia y sangre revestidas de alamares. ¡Atémonos los machos! Pues tiempo tendremos para tentaderos fotográficos.


miércoles, 13 de marzo de 2019

Andrés Alén

"Solo el penitente pasará", obra de Aída Rubio para el cartel "Pasión en Salamanca 2019" de la Tertulia Cofrade Pasión

13 de marzo de 2019

En la búsqueda del Grial, ya en Petra, en el templo secreto del cañón de la media luna, Henry Jones (Connery), padre de Indy (Ford), herido de muerte, lee a su hijo las notas del diario que contienen las claves para pasar las pruebas, el desafío final, sacadas de las supuestas crónicas de san Anselmo, (el guión real es de Jeffrey Boam, Lucas, Meyes). Primera prueba (ya habían rodado varias cabezas de nazis altivos que pujaban por el sagrado cáliz). El sabio profesor pronuncia esta frase: "Solo el hombre penitente pasará".

Parece que no es este tiempo secular proclive a penitencias, ni cuaresmales. Se lleva eso de la autoestima como potencial fuente vigorosa de la autoafirmación, el no arrepentirse de nada, asumir el pasado de cada cual tal cual. En otros tiempos, los míos, a esa gente autoafirmada se la denominaba engreída, creídos, soberbios, cuando no chulos, pero la sicología moderna apuesta por otras interpretaciones, seguramente, políticamente más correctas.

Vaya usted ahora a restaurar el más mínimo concepto de pecado. Aquello del examen de conciencia, dolor por las faltas, revelar y cumplir. Ahora, en esta sociedad occidental sumida en el merengue de autoestima, la del cambalache que profetizó Discépolo, en el dos mil también, poblada de frikis, gilis, chorros, tertulianos que le han robado la infalibilidad al Papa y la omnipresencia a Dios, vaya Vd. a pedir humildad, sinceridad, arrepentimiento…, ni soñarlo. Pero si ya se nos han vaciado los confesionarios en la iglesias, será que ya no hay curas, y comulgamos todos sanados por una sola palabra suya, que basta, pero que no sé si esperamos a escucharla.

Reconozco que a medida que pasan mis años cada vez me caen peor los ombligos parlantes, los que constantemente se autocitan, se autorreferencian, se hacen selfies mentales, tanto que ya, también con mi poca o mucha inmodestia, apenas me paro a escucharlos. Es que no vamos a darnos un minuto de silencio, un minuto de oración. Que hasta en las marchas penitenciales en vez de estar solo en ello, se hacen virguerías con los pasos esperando el pago del aplauso en vez de sublimar el dolor de contrición. (Que sí, que es más por enervar el sentimiento, que por personal lucimiento, que no todos aparcan en los bares ni donde más los vean). En fin; bien venido sea el recordatorio que Aída Rubio ha incorporado a su magnífico cartel, que con su diseño en forma de cita, vale por si sola como una obra maestra del arte conceptual.

Creo que no atañe solo a los semanasanteros, sino a los que buscan, a los que son capaces de parar para ver y verse y comprender y comprenderse, que parte de no estar del todo satisfecho, paenitere, arrepentirse, que busca el perdón de quien solo nos puede perdonar.

"Solo el penitente pasará...  el hombre  penitente se postra ante Dios... el penitente se arrodilla ante Dios. ¡De rodillas!", oye, que lo dice Spielberg.


lunes, 14 de enero de 2019

Paco Gómez

Cartel de la Semana Santa de Sevilla de  2019, obra de Fernando Vaquero.

14 de enero de 2019

"Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan"
(Miguel de Unamuno)

Pasado ya el tiempo de Navidad en lo litúrgico y con la inminente presencia del maremágnum de Fitur en lo social, se aceleran ya de forma irremediable los preparativos de la Semana Santa. Para muchas de las más importantes pasiones de fuera de Castilla y León (donde Intur marca otras premuras) esto significa también la hora de presentar el cartel anunciador.

Sevilla ha hecho lo propio estos días, descubriendo una obra espectacular de Fernando Vaquero Valero, llena de simbolismos y de licencias que solo permite la pintura. Entre los aspectos más ponderados, el hecho de unir en una sola escena de connotaciones cinematográficas imaginería de tres cofradías distintas: el Cristo de la Caridad, la Quinta Angustia  y el San Juan de la Amargura.

Dice su autor que, por encima del perfecto encaje logrado entre las tres imágenes en una composición básicamente murillesca, lo que ha buscado con esta particular estrategia es difundir visualmente el clima de concordia entre las hermandades sevillanas. Y como además podía jugar con la escena a su antojo y capacidad de pintor, ha recogido el momento en un formato perfecto para las pantallas de los teléfonos móviles, esos que usted y yo hemos pasado a convertir en una de nuestras principales fuentes de acceso a la información en los últimos años.

Hasta aquí Sevilla y volvemos Vía de la Plata arriba. En Salamanca hemos vivido una vez más el polémico estallido que acompaña en los últimos años de forma recurrente el concurso y proclamación del cartel de la Semana Santa. Un cartel que esta vez se conforma sobre la fotografía El regreso de la Agonía de Iván Marcos.

Una fotografía que aprovecho el momento para señalar que a mí me parece excelente. Cuidada, pensada y llena de sentido. Trabajada y original. Si hay algún conflicto, sin duda surge de la reflexión sobre si una buena fotografía lleva necesariamente a un buen cartel.

Carteles de la Semana Santa los ha habido y habrá para todos los gustos y cada año el catálogo se amplía con aciertos indudables y –aunque esta es siempre una cuestión personal– con patinazos sonados (el de Cuenca de 2018 o el que acaba de presentar la Semana Santa de Málaga, sin ir más lejos) y en Salamanca ya parece imposible desterrar la polémica de este acto.

Tanto es así, que yo vengo defendiendo en los últimos tiempos la necesidad de reflexionar sobre un cambio completo de procedimiento y formato en la elaboración del cartel. Y es que, a mi juicio, el momento de la fotografía para anunciar la Semana Santa ha pasado (o por lo menos por ahora y durante una temporada) y sería mucho mejor recurrir a los pinceles y creatividad de los muchos talentos salmantinos para alumbrar carteles con muchas más posibilidades en el horizonte y menor espacio para la polémica.

Como decía Unamuno, hay ojos que miran y hay ojos que sueñan y los pintores suelen ser de estos últimos. Sin necesidad de rebuscar demasiado, ahí tenemos la buena muestra de carteles pictóricos de los últimos años de la Tertulia Cofrade, mucho más abiertos, cargados de connotaciones y evocadores de lo que pueda ser una fotografía necesariamente constreñida a un momento puntual de las procesiones. O los que viene confeccionando la Hermandad del Despojado, por citar dos ejemplos.

Conste que este cambio no tendría que suponer poner fin al concurso de fotografía de la Junta de Semana Santa. Pero sería para, efectivamente, premiar la mejor instantánea de cada edición, sin necesidad de ajustar luego una imagen, que puede ser excelente, al lenguaje del cartel, que es un paso donde a veces una foto puede perderse.

El cambio, creo, sería una magnífica forma de actualizar la creatividad artística en torno a la Semana Santa de Salamanca y comenzar a generar un patrimonio que sin duda sería de gran valor a la vuelta de unos pocos años. Supongo que es predicar en el desierto pero, ¿qué quieren? Hay ojos que sueñan.


lunes, 5 de marzo de 2018

Andrés Alén


05 de marzo de 2018

El cartel de la Tertulia Cofrade Pasión lleva varios años, casi todos, recorriendo un espacio del arte, contemporáneo y diverso de la mano de nuestros más consolidados artistas, que prestan su buen hacer, creatividad y talento a publicitar nuestra Semana de Pasión.

Iba a decir que desinteresadamente, pero solo es verdad en su pecunia, porque en mi experiencia siempre he constatado un interés diría que hasta desmedido en culminar sus obras, aportar significado y afirmarlas con sus personales estilos.

Estamos hablando de arte religioso en unos tiempos en que parece que nombrar esta palabra es como nombrar un arcano que debe permanecer en el destierro, pero digamos que, al menos, el espíritu es un anhelo, una fuerza que impulsa al poeta, al músico, escultor o pintor hacia la trascendencia, al deseo de trascender, que no solo y no siempre atañe a la mera supervivencia, sino que busca otra esfera, otra sobredimensión. Por ello muchos dicen, en este tiempo laico de increencia, que todo arte es eminentemente religioso o no es arte. Y su principal razón es que sin creer, sin fe, sin ese anhelo, no se puede iniciar un poema, un acorde, un dibujo; por minimalistas que sean nuestras expectativas, por mucho que acentuemos la disolución y lo efímero, que el viento no gobierna fácilmente sobre la palabra escrita, la obra esculpida o el óleo sobre tabla, y todo lo que  se crea para transmitir emoción.

Este año el autor del cartel es el prestigioso pintor mirobrigense Jesús Coyto Pablo, afincado hoy en su casona salmantina de Castillejo de Martín Viejo, misterioso hogar, que le acoge del duro y fructífero bregar. Desde que aceptó este encargo, todo fueron facilidades aunque las fechas coincidían con su importante exposición antológica en su Ciudad Rodrigo natal. Así que mi agradecimiento es doble por su compromiso y por la dimensión de su trabajo, no solo física sino plena de intensidad.

El título de su obra es como reza este artículo: Sobre el mundo –"desde el principio lo vi claro"– y organizó su mente para su realización. Preside la composición un crucifijo antiguo retocado o ungido con la cera colorida de la encáustica, esa técnica ancestral que funde los pigmentos con la cera y el fuego forjando el color. Este relieve sobresaliendo y centrando el cuadro constata que en toda Semana Santa hay un solo protagonista y una única pasión.

Cuando nos dirigimos a este pintor, reconozco que sobre otros grandes méritos, pesaba esa característica de su obra de "ritualizar" el paisaje o el acontecimiento. Esa forma suya de convertir sus encáusticas collages, en una especie de altares relicarios donde se acumulan recuerdos y vivencias como desvelando, o insinuando ciertas semillas de intimidad, propias de conventos, estudios de artistas y otras estancias de meditación y soledad.

Entre las veladuras como llamaradas aparecen, dibujados o desdibujados, los dos ladrones, en los extremos de esa morada cruz de Victoria como horquillas que sujetan el paso de misterio. En su vértice un sagrado corazón de María, tan frecuente en los adornos de la vestimenta serrana y leonesa, una escena con la elevación de consagración eucarística, que es un brindis; y la ubicación precisa con la reconocible silueta catedralicia salmantina, esa inmensa  montaña sacra que nos define e identifica.

Destaco la anchurosa cruz dorada con su INRI que acoge al Cristo, y sobre todo el rojo. Rojo fuego, rojo sangre, rojo Pasión. Toda esa erupción que estalla ante nuestros ojos, sobre el mundo, que evangeliza y convence con la autenticidad del arte que anhela convertirse en suprema verdad.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Pedro Martín

Cartel anunciador de la Semana Santa de Salamanca 2018, en su presentación | Fotografía: Ayuntamiento de Salamanca

20 de noviembre de 2017

Podría parecer un contrasentido, incluso una provocación, o quizá fruto de las modas laicistas (que no laicas) que imperan en nuestra sociedad de un tiempo a esta parte, pero el hecho es que si repasamos los últimos carteles de nuestra Semana de Pasión resulta que en los últimos seis años, contando el actual recién presentado, tan solo en uno, y no de forma protagonista, vemos una imagen procesional.

Estaremos de acuerdo en que una Semana Santa sin procesiones no es tal, y una procesión sin una imagen que la presida no tiene sentido, pues esto es y no otra cosa lo que persigue la misma: hacer pública profesión de fe con nuestras imágenes de devoción por las calles de nuestra ciudad.

Con estas premisas entenderá el lector avispado que no me gustan los mencionados carteles de los últimos años, y nada más lejos de la realidad. Como fotografías tienen todo su valor artístico realizado por su autor, y no seré yo, que desconozco los vericuetos de ese mundo, quien dude de su calidad o su técnica, que sin duda la tienen. Pero sí me pregunto qué ha llevado al jurado de los diferentes años a decantarse por trabajos que no presentan, ni por asomo, la centralidad de nuestras procesiones: las imágenes. Y de igual modo, por qué los fotógrafos no buscan instantes de nuestra Pasión con las imágenes como protagonistas. Será por no molestar, quizá por ser políticamente correctos y evitar una imagen religiosa en un cartel promocional, no siendo que nos afeen la conducta.

¿Hemos renunciado definitivamente a las imágenes para decantarnos por una semana santa cartelística iconoclasta? Si a las pruebas nos remitimos, parece que sí, aunque espero que sea una moda como otras tantas que sea pasajera.

El objeto del cartel es promocionar nuestra Semana Santa y, entiendo, atraer a viajeros de todo tipo (culturales, religiosos, artísticos, antropológicos…) atraídos por nuestra Semana de Pasión para que acudan a nuestra ciudad. ¿De verdad pensamos que el ciudadano medio de cualquier feria nacional o internacional donde se promociona, viendo el cartel de este año o los de años anteriores, se siente atraído, emocionado, interpelado, conmovido o fascinado por lo que en ellos se transmite? Sinceramente pienso que no, y que si le quitáramos la palabra "Salamanca" a dicho cartel, pocos, muy pocos de los que lo vieran serían capaces de distinguirlo de los de otros lugares con carteles de semejante corte. Yo no quiero que seamos iconoclastas.


lunes, 9 de octubre de 2017

José Fernando Santos Barrueco

Detalle del llamador del paso del Cristo de la Buena Muerte, de la Hermandad Dominicana | Fotografía: Roberto Haro

09 de octubre de 2017

Hace más de medio siglo, hacia finales de los años 50 o primeros de los 60, recuerdo que los vecinos del entonces barrio de Salas Pombo nos enterábamos de la llegada de la Semana Santa cuando, pocas semanas antes, escuchábamos los toques de la Banda de cornetas y tambores de la Cruz Roja que dirigía, con mucha dignidad y espíritu marcial, el brigada don Teófilo Rodríguez. Aquellos ensayos tenían lugar junto al desaparecido campo de fútbol del Calvario, de la Unión Deportiva Salamanca. Aquellos sonidos me llegaban como el anuncio o el trompetazo ("nunca mejor dicho") que marcaba el inicio de la Semana Santa, que entonces, para mí, se reducía a las procesiones. Al margen de obras de caridad que las distintas cofradías pudiesen llevar a cabo, desconozco si existían actividades más allá de la salida procesional y de alguna celebración eucarística o del piadoso ejercicio del viacrucis, todo ello dentro del periodo cuaresmal. La bibliografía tampoco ofrece muchas luces sobre las posibles actividades de las cofradías.

Hoy las cosas han cambiado y podríamos hablar de un calendario cofrade que, haciendo un símil y salvando las distancias, ha ido ajustándose al calendario escolar o académico, que, en buena parte, marca el ritmo de muchas de nuestras actividades.

La apertura el pasado 4 de Octubre de la muestra del XXXIII Concurso de Fotografía de la Semana Santa Salmantina podría marcar la inauguración o el banderazo de salida de nuestro particular curso. Una muestra de 41 fotografías de entre las que saldrá el cartel anunciador de la misma. Una buena señal de arranque para poner los motores en marcha, recordando momentos de la pasada Semana Santa y ofreciendo a cada cofrade el poder imaginar o visualizar "su cartel". Aunque, como suele ocurrir, nunca lloverá a gusto de todos cuando se conozca la decisión del jurado calificador, me pareció una buena muestra con una serie de fotografías (del orden de un 20%) que a buen seguro no harán fácil aquella decisión.

Si ese concurso podría suponer la señal de salida, el programa de la pastoral cofrade, preparado por la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, ofrece una buena muestra de actividades a lo largo de este curso 2017/18. La Oración Cofrade cada primer sábado de mes en la Catedral Nueva (desde el 7 de octubre al 7 de abril), los Lunes Cofrade (desde el 16 de octubre al 18 de junio), con una serie de temas de interés impartidos en distintas sedes (este año con especial atención al IV centenario del voto de la ciudad de Salamanca y su Universidad al Misterio de la Inmaculada Concepción), y el Aula Cofrade con distintos cursos formativos. Un esfuerzo de la Coordinadora que merece también nuestro esfuerzo y atención para asistir, cuando sea posible, a las actividades programadas.

Por parte de algunas cofradías también se contempla este amplio periodo para la programación de acciones formativas, jornadas de oración y actividades culturales, que se inician a mediados de septiembre con la Salve Poética a Nuestra Señora de las Lágrimas (Hdad. de Nuestro Padre Jesús Flagelado), a la que siguen la Proclama por la Paz y el Espíritu de Asís durante el mes de octubre (Hdad. Franciscana del Santísimo Cristo de la Humildad), para continuar con otros diversos actos que alcanzan un nivel importante durante el periodo navideño, antes de entrar de lleno en los preparativos de la actividades cuaresmales y de la Semana de Pasión.

En este curso cofrade, los exámenes finales serían las procesiones, que suponen la manifestación pública de nuestra fe y buscan una sensibilización de quienes las contemplan, hacia los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor, así como hacia las intenciones y objetivos que orientan el carisma de cada hermandad. Aunque no suspenderemos los exámenes como para repetir en septiembre, sí es bueno que nos preparemos durante el curso, tanto a nivel general (a través del programa de la Coordinadora) como de cada cofradía, para profundizar en el sentido de la pertenencia a las mismas y en el conocimiento de sus fines, así como lo que supone y exige hacer una manifestación pública de fe en la calle. Solo así sacaríamos el sobresaliente, que en nuestro caso no es otro que provocar con nuestra actitud la fe y piedad de cuantos presencian nuestras procesiones y su entendimiento y acercamiento a los objetivos de las cofradías y hermandades.


lunes, 10 de abril de 2017

Montserrat González

A la izquierda, la Virgen de las Angustias al salir de San Pablo. A la derecha, su reintepretación por Florecio Maíllo

10 de abril de 2017

La representación de María con el cuerpo muerto de Jesús en su regazo es uno de los motivos iconográficos predilectos durante el barroco español.  El tema, sin embargo, es anterior apareciendo ya en manuscritos miniados en torno al año 1380. Sería uno de los motivos recurrentes durante el gótico como consecuencia de la humanización de las formas y los contenidos religiosos. María se convirtió en Madre de la misma manera que Jesús se convierte en su Hijo. No es un mero trono de la figura de Cristo y se admite el dolor por la muerte de su Hijo. Así nos no recordaba Santiago de la Vorágine en la Leyenda Dorada, cap. 244.

 En las primeras representaciones de la Piedad se hace evidente la dificultad para encajar el cuerpo adulto de Jesús en el regazo de María, como lo demuestra por ejemplo la Piedad de Perugino, de la Galería de los Uffizi en Florencia, donde María representada como una matrona romana, en una atmósfera de intensa espiritualidad, necesita la ayuda de Juan Bautista y María Magdalena para sujetar el cuerpo entumecido y lívido de Cristo.

Comienzan así las "Piedades" a representar a Jesús en un tamaño más reducido, siguiendo las observaciones de los místicos del siglo XV. Así San Bernardino de Siena escribe: "La Virgen creyó que habían retornado los días de Belén; se imaginó que Jesús estaba adormecido y lo acunó en su regazo; y el sudario en que le envolvió le recordó los pañales".

Pero no sería hasta la famosísima Piedad esculpida por el joven Miguel Ángel  cuando se fija el tipo iconográfico más recurrente desde entonces. En esta versión el artista alteró las proporciones haciendo a la Virgen sensiblemente más alta, por lo que puede sostener, tumbado en su regazo, el cuerpo inerme de Cristo. María se presenta con una enorme delicadeza, totalmente idealizada, joven y bella, en una composición triangular en perfecto equilibrio. Es como si la Virgen, sumamente serena domina su dolor para triunfar así ante el drama de la muerte. El tema llegó a obsesionar al artista realizando diferentes versiones en torno a este esquema triangular tan difícil de mantener: añadiendo más protagonistas, retorciendo las figuras en una amalgama de angustia y aflicción y, en definitiva, acomodando la representación del dolor a los principios estéticos que iban marcando su evolución como artista. La muerte le sorprende trabajando en su última versión: la Piedad Rondanini en la que el cuerpo sin vida de Jesús aparece casi en vertical, apenas sujeto con las manos de María.

Sería Aníbal Carracci el que, posteriormente, dispone a la Virgen recostada sobre su brazo recogiendo con sus piernas el torso de Jesús, cuyo cuerpo se proyecta en diagonal. Llegamos así al esplendor Barroco, que con su gusto por el movimiento hizo del Descendimiento del cuerpo de Cristo de la Cruz  y de la Piedad uno de sus asuntos favoritos.  La figura de Gregorio Fernández acentuó aún más estas diagonales en unas composiciones tremendamente expresivas, con un perfecto tratamiento de la anatomía y un dinamismo que reposa en la posición abierta de las manos de María y la suave caída del cuerpo de Cristo.

A menudo la imagen de María presenta uno o varios cuchillos para lacerar aún más su corazón y que obedecen a la plasmación de la profecía que el anciano Simeón le hizo cuando el Niño Jesús fue presentado en el tempo, diciéndole que …"Una espada atravesará tu alma"… (Luc. 2, 35). Otro modelo frecuente en el Barroco presenta a Jesús de frente con los brazos abiertos y apoyados en las rodillas de maría como la  magnífica Piedad de Ribera del convento de las Agustinas de Monterrey.

Como vemos, no es ajena Salamanca a la iconografía de la Piedad. Baste recordar la dulzura y serenidad de la Piedad de Carmona, cercana siempre al dolor humano, llena de elegancia y clasicismo, acogiendo tiernamente en su mano derecha el rostro de Jesús mientras que con la izquierda acaricia el brazo de Hijo. Hay calma y sosiego en esta representación que marca una nueva estética, mucho más suave y en consonancia con los dictados de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Las representaciones plásticas de María en el trance del dolor se completan con muchas otras versiones de bellísimas vírgenes Dolorosas, de todas ellas quisiera resaltar a la imagen de Nuestra Señora de las Angustias por el inusitado protagonismo que adquiere esta Semana Santa de 2017. Al brillante estudio que de esta talla realizara el profesor Eduardo Azofra en el segundo volumen del estudio de la Semana Santa en Salamanca dedicado al Arte y la Cultura, se suma el anuncio realizado por el también profesor Francisco Javier Casaseca en la versión en papel de Pasión en Salamanca de la posible autoría de esta Virgen de las Angustias de San Pablo. Para el profesor F. J. Casaseca es más que probable que esta imagen se deba a la mano de José de Larra Domínguez, cuñado de los Churriguera. Analizados los rasgos formales de obras suyas documentadas así como los posibles modelos estilísticos de los que deriva, Casaseca no duda en situar esta obra como una de sus obras más importantes de su etapa de madurez. El próximo Viernes Santo tendremos la ocasión de fijarnos detenidamente en su dinámica composición que ofrece múltiples puntos de vista al espectador y la suavidad y elegancia del rostro de María, siempre callada, en un segundo plano frente a la solemne figura de Jesús Divino Redentor Rescatado con la que comparte templo y devociones.

En una vuelta de tuerca más, como si de una novela de Henry James se tratara, el artista salmantino Florencio Maíllo nos sorprende con una soberbia reinterpretación del tema Piedad, casi un nuevo rethinking en el cartel anunciador de la Semana Santa  2017 promovido por la Tertulia Cofrade Pasión. Tomando como punto de partida a Nuestra Señora de las Angustias, Maíllo nos introduce en el misterio de una Piedad que habla al hombre contemporáneo de dolor y rabia, de muerte y esperanza. En un vibrante torbellino de movimiento y color, el cuerpo  de Cristo se nos ofrece como la imagen del dolor callado, de la terrible violencia que azota a la humanidad. La Virgen madre se vuelca en el cuerpo de su Hijo, ocultándonos su rostro. Solo la naturaleza parece ser testigo de su dolor.  Intensos toques verdes, notas de rojo dolor nos hablan de angustia y aflicción, sutiles pinceladas azules nos ofrecen un hálito de esperanza a una humanidad doliente consolada por el acogedor manto de la Virgen-Madre.

Atrás queda el ejemplo de Oteiza por aplicar el lenguaje de la abstracción a la Piedad que corona el templo de Arantzazu en Oñate, o la grandiosidad de la Piedad de Juan de Ávalos en el Valle de los Caídos. O el dramatismo y la tragedia que acogen las formas rotundas y descarnadas del artista zamorano Ricardo Flecha. O las controvertidas fotos de Olaf Martens con sus desnudos intentado subvertir el icono de la piedad. O las travesuras de Alaska y Mario Vaquerizo jugando a ser una piedad moderna. O las instalaciones de Jan Fabre que sustituye la belleza del rostro de la Virgen por una calavera.

La versión de Maíllo entronca con los testimonios que de toda forma de dolor nos ofrecen los fotoperiodistas desplazados en las zonas de conflicto. Esa denuncia social de miles de fotografías que testimonian el horror y el espanto. Si en su momento el Guernica de Picasso se convierte en un icono del siglo XX, en una auténtica piedad del terror y la guerra, hoy en día la fotografía se convierte en el medio más potente de la expresión dolorosa. Ahí lo recoge Maíllo en una novedosa iconografía de la realidad del dolor y el sufrimiento humano.

Que en esta Semana Santa nos acerquemos con otros ojos a estas "piedades" cercanas a nuestra realidad salmantina y que este 2017 nos ofrezca la posibilidad de contemplar juntas a estas dos Vírgenes de las Angustias, estas dos piedades para seguir ahondando en los misterios de su iconografía.


lunes, 6 de marzo de 2017

Andrés Alén

Cartel "Pasión en Salamanca 2017", de Florencio Maíllo, con el que la Tertulia Cofrade Pasión anuncia la Semana Santa

06 de marzo de 2017

Cuando estuve ante este gran cuadro–cartel, me invadió un vacío de estremecimiento. Vi representado todo el dolor y toda la ternura en ese instante de eternidad que se enmarca en la Pasión de Cristo con el bello nombre de Piedad. No siempre un cartel de Semana Santa se acerca a la belleza, que no es una cosa relamida y blandita, sino, como escribió Rilke, "el comienzo  de lo terrible en un grado que aún podemos soportar", algo que nos excede, que toca nuestro interior, la noche, la tormenta, el silencio creador de la soledad, eso que define el concepto kantiano de "sublime" mestizo, impuro, misterioso, que cristaliza resbaladizo  en lo insondable.

Florencio Maíllo aceptó nuestro encargo hasta con agradecimiento. Pasó por unos días de dolor y pérdida cercana y supongo que algo bullía en su interior que reclamaba salir y convertirse en sentimiento y expresión. Tenía reciente el tríptico para Jesús de Medinaceli en Madrid, que resultó una obra tan valorada como colosal. Se dirigió a la morada de Jesús Rescatado, el hermano pequeño, aunque no en devoción. Tomó fotos y notas con esa idea, que pudiera haber resultado reiterativa, hasta que descubrió el pequeño altar de la Virgen de las Angustias, piedad dieciochesca, sencilla, delicada, puro movimiento. No se cansó de tomar fotos en distintas posiciones, como si el motor de la inspiración se hubiera puesto en marcha. De allí partió el cartel. Solo el silencio, la soledad del taller, el oficio, un reloj de pulsos y de impulsos, para llevarlo a término.

Conserva una perspectiva cenital, como su luz  y,  sobre todo, esa "línea serpentinata", que determina al Cristo de San Pablo y que acabó por hacerse resumen estético de la pieza. Dolor en movimiento y sinuoso, arropado, porque ya es ropa la madre que enjuga el sudor y la sangre de una vida, ropa preciosa, cofre que atesora.

Este cartel a un tiempo es grito: explosión y grito. Nótese las piezas metálicas que salpican el cuadro a modo de fragmentos de metralla, la composición central como implosión, el color en lucha de complementarios rojos y fríos, las carnaciones cerúleas, fruto de la técnica empleada de la encáustica en la que el fuego y las espátulas a modo de cuchilladas han modelado la pura y pigmentada cera de abejas, tan propia para ofrendas.

También es un cartel de Pasión semanasantera, en el sentido, que ha conservado la imagen procesional de la que parte. El Cristo es la imagen policromada de Cristo y no la realista de un modelo natural. La Madre esta revestida con un manto bordado con primor con el que parece que queremos hacerla diosa o reina. Contiene además ese poso de historia, tradición y arte; sentimiento, conocimiento y mano de pintor. Florencio Maíllo ha realizado un gran cartel, para mí, como opinión, sin parangón con todos los que hasta ahora me han llegado ilustrando la pasión 2017 en todo el territorio nacional. No vamos a descubrir ahora a uno de nuestros primeros artistas, Florencio Maíllo, pero sí: agradecérselo.


jueves, 18 de febrero de 2016

Andrés Alén

Cartel anunciador de la Tertulia para esta Semana Santa

18 de febrero de 2016

Últimamente los artistas que realizaron los carteles de "Pasión en Salamanca" se han detenido acertadamente en lo esencial, en lo que debiera dar sentido a todo, también a esta longeva tradición cultural, religiosa, operística, teatral, que nos caracteriza de raíz, y que llamamos Semana Santa: la Pascua de resurrección.

Un cartel que anuncia la Pasión y una Pasión que anuncia la buena nueva.

Ángel Luis Iglesias presentó un Cristo vivo en él, en su propia imagen. García Blázquez vio como florecía el interior de su casa a medida que se acercaba por la Rúa el Resucitado de la Vera Cruz con toda su comitiva: Pascua florida. Muy sutil, Muñoz Bernardo impregnó el paisaje salmantino de cierto aroma religioso y pasional sin necesidad de concretar imágenes más allá de lo que el espíritu de la ciudad simboliza. ¿Y qué decir de la arrumbada Magdalena de Paloma Pájaro ante la desolación de una vida sin Él, justo antes del comienzo de la maravilla, en su portentoso cartel? Todo canto de esperanza es siempre bienvenido, necesario, diría que imprescindible, en ese anhelo de trascender arte y vida más allá de todo razonamiento plausible.

Cuando se eligió a un artista como David Rodrigo para que realizara el cartel de la Pasión, a su total libertad e inspiración, supongo que pesó, además de una admiración por su obra, quizá demasiado escondida para sus méritos, su personal estilo y su gran calidad estética, pesó digo, algo que se relaciona con su hacer profesional de restaurador, ese oficio que toca la piel de la historia del arte, la conserva, la cuida. Esa fisicidad del contacto, con el devenir de los tiempos del arte que vive en la historia y no se puede concebir fuera de allí. No es poco ese destino de cuidador, ni el estar viviendo la intimidad de ese gran relato que le llega a su taller de Uffizzi en forma de imagen, de Cristo, de Virgen, en la complejidad de un retablo o en la fragilidad de un óleo o un temple en tabla o lienzo que venció con heridas a la intemperie del tiempo.

Se acaricia esa piel de igual manera cuando te acercas a vivir una tradición que alberga posos de cultura y de arte que se arraigan en creencias y anhelos que determinan y explican esencias de nuestra idiosincrasia.

Un cartel de la Pasión, anuncio de  Semana Santa, en Salamanca, en el año 2016, debiera ser fiel a ese tiempo, a esa historia, al estilo de su  autor, sin buscar muletillas prestadas ni resueltos pastiches reiteradamente repetidos. Así lo ha concebido la creatividad, conocimiento e inspiración de un arte tan completo como el de David Rodrigo.

El acierto del tema que transforma la corona de espinas en corona luminosa, reinante, ahora sí, su sangre en rocío del que brotan inflorescencias, luminarias, delicados centelleos del color jugando con la luz. Corona florecida, zarza ardiente donde la Palabra nos llama por nuestros nombres.

Su forma decididamente barroca como florero de Juan de Arellano bebe de ese clasicismo para transformarse en una obra radicalmente contemporánea, aproximando su simbolismo a la abstracción que resuelve desde una tonalidad que generosamente complementa su amplia gama con una meticulosidad de bordado, como queriendo que el tiempo haga reposar la inspiración hacia la intimidad y el acierto.

Me alegra contemplar una obra de esta calidad como cartel de la Semana de Pasión que vivimos en esta ciudad de excepcional belleza y se agradece el empeño en el saber y horas puesto por su autor, abstrayéndose de convencionalismos, para buscar un bello canto de esperanza, un fuego interno inextinguible, ese que aparece una vez…quebradas las espinas.


lunes, 26 de octubre de 2015

Félix Torres

Diferentes propuestas de carteles de los últimos años en semanas santas de diversas ciudades de España

26 de octubre de 2015

Hace tan solo unos días, en estas mismas páginas, José Fernando Santos publicaba su artículo En vísperas de un nuevo cartel anunciador, en el que realiza una fundada defensa de la fotografía como elemento base para la presentación y difusión de la Semana Santa salmantina a través del cartel que a tal efecto confecciona la Junta de Cofradías, Hermandades y Congregaciones de nuestra ciudad. José Fernando aporta argumentos con los que defiende este sistema de selección, casi todos ellos seguramente compartidos por una gran mayoría de lectores, cofrades o no.

Hoy mismo, esta tarde, se inaugura la exposición de fotografías que, convocada por la misma Junta de Cofradías, sirve como preludio y base para la elección de aquella que se constituirá en el cartel anunciador de la Semana Santa de Salamanca de 2016.

Son más de treinta las ediciones que se han realizado desde la instauración de este concurso y tanto tiempo ha sido suficiente para mostrar sus muchas luces y alguna que otra sombra. Tantas ediciones, incluso con la relajación normativa de las últimas ediciones, por las que es difícil no repetirse por más vueltas que se le quiera dar al tema. Por esto, solo por esto, creo que debería enfocarse con otras miras.

Es cierto que con otro sistema se limitaría el acceso de aficionados, al menos a la fotografía, a ser algún día los autores del cartel y pudiera ser que sin el incentivo del concurso el número de fotografías de nuestra Semana Santa para el recuerdo se viese reducido en gran medida. Incluso puede que los profesionales de la fotografía perdieran el interés por esta modalidad si no hubiera compensación. Pero, por otro lado, posiblemente, el número de fotógrafos entre las filas de nazarenos disminuiría con la consiguiente mejora de los desfiles, pues son muchos los que se acercan a nuestros desfiles procesionales con la única mira de un futuro concurso a pesar de que el aparato, sea el que sea, no hace fotógrafo a cualquiera.

Desde hace tiempo vengo defendiendo la opción de que el cartel de nuestra Semana Santa se debiera basar en la obra de artistas locales o foráneos, reconocidos por su obra y seleccionados por la Junta de Cofradías, lo que permitiría que nuestra Semana Santa, en su Junta, fuese enriqueciendo su patrimonio con la propiedad de esas obras realizadas por pintores, fotógrafos o diseñadores prestigiosos.

Ciertamente, el aspecto económico es importante pues el contrato con cualquier artista llevaría aparejada la correspondiente compensación económica al mismo y desconozco si las arcas cofrades podrían asumir este gasto. Pero el resultado bien merecería el esfuerzo, en lugar de inversiones efímeras de las que lo único que quedaría sería un recuerdo más o menos agradable. Y si otros pueden, ¿por qué no nosotros?

También pudiera ser que nuestra Junta de Cofradías se preocupase por jóvenes artistas, emergentes pero con valía, con los que se podría colaborar en una simbiosis beneficiosa para ambas partes. Pintores con necesidad de dar a conocer su obra y una Junta de Cofradías como órgano canalizador de ésta. Mecenazgo y futuro.

Por supuesto que esta opción que sugiero conlleva sus riesgos y sería motivo de controversia, pero no sería nada nuevo. Hasta donde alcanza mi memoria, no hubo año en que el cartel oficial no fuese objeto de polémica bien por el tema, por el autor o por el sistema de elección. Es algo a lo que todos estamos acostumbrados, pues para ello tenemos nuestra capacidad de enjuiciar y nuestros gustos, lógicamente no coincidentes, por lo que el cartel, sea cual sea el motivo o la técnica, siempre estará sometido al juicio popular y siempre podrá ser polémico.

Posiblemente, en estos momentos y por diferentes condicionantes, mi sugerencia sea inviable. Por eso, en todo caso, como mal menor y con la certeza de que el sistema actual es válido y permite el acceso al mismo a un número elevado de concursantes, lo que populariza sin duda el concurso, en mi opinión, tras esta ya prolongada experiencia, creo que el concurso fotográfico debería renovarse, dar una vuelta a sus bases y permitir novedades que, sin salirse del campo de la fotografía, diesen más libertad a los autores tanto en los contenidos de su obra como en el tratamiento de la misma. Permitir el empleo de nuevas tecnologías, la libertad en los contenidos y tratamientos o la posibilidad de mezclar diferentes técnicas, abrirían las puertas del concurso fotográfico a espacios diferentes permitiendo la entrada de nuevos aires que renovasen el ambiente algo alcanforado que se respira ahora en el mismo.

jueves, 22 de octubre de 2015

José Fernando Santos Barrueco

Últimos ocho carteles de la Semana Santa de Salamanca. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, fotograf'ías de Alfonso Barco, Óscar García, José Ángel Barbero, José Ángel Barbero, Ángel González, Iván Marcos, Alfonso Barco y Luis Carlos Jiménez

22 de octubre de 2015

Nos encontramos en pleno proceso del XXXI concurso fotográfico organizado por la Junta de Cofradías de Salamanca para la elección del cartel anunciador de nuestra Semana Santa de 2016. De acuerdo con las bases, acabado el plazo de presentación de obras, se realiza una primera selección para descartar aquellas que no se ajusten a las mismas o no tengan la adecuada calidad técnica. Las elegidas serán posteriormente expuestas, anunciando entonces la fotografía que tendrá la misión de reclamar la atención hacia nuestra semana de Pasión.

Son muchos años, de manera ininterrumpida, los que han transcurrido desde el primer concurso, allá en 1985, para elegir el cartel de la Semana Santa de 1986. Una fórmula que se ha ido consolidando y ofreciendo extraordinarias imágenes de nuestras procesiones (recogidas en el último número de la revista Christus). No sería oportuno ahora cuestionar esta modalidad del concurso fotográfico frente a otras alternativas. Todas serían perfectamente válidas y en cualquiera de ellas nunca se conseguiría un cartel a gusto de todos. Se podrían argumentar razones a favor de unas u otras, pero a mí, particularmente, me parece muy acertada la manera que la Junta de Cofradías viene aplicando a lo largo de un periodo tan prolongado, incluso con los cambios que se han ido introduciendo.

La opción abierta me parece más idónea que elegir de antemano a un autor determinado, sea cual fuere el tipo de soporte artístico o técnico del cartel, por muchos méritos que pudieran asistir al elegido. Aunque un autor afamado podría darle mayor prestancia al cartel, el concurso abre la participación al público en general, lo que me resulta más adecuado cuando se trata de anunciar nuestra Semana Santa. La elección del autor sería una fórmula que se agotaría y traería, a buen seguro, dificultades y enfrentamientos, sin entrar a valorar otras cuestiones de carácter económico que se acabarían presentando. También me parece correcto que el concurso sea fotográfico, ya que la elección de otro soporte limitaría la participación a unos pocos capacitados en la disciplina correspondiente. La fotografía está al alcance de cualquiera y más hoy día con la proliferación de cámaras digitales, teléfonos y otros dispositivos celulares, con buenas prestaciones para la toma de imágenes.

Los seis primeros carteles se realizaron con la colaboración del Centro Fotográfico Salmantino, a quien correspondía la propiedad de las fotografías. Dos de ellos recogían unos primeros planos de nuestra imaginería y los otros cuatro, diversos momentos procesionales. A partir de 1992 las fotografías premiadas quedan en propiedad de la Junta de Cofradías. Las bases requieren que el motivo se centre en un momento procesional (generalmente del año anterior al del cartel), lo que asegura, sin eliminar la creatividad e imaginación de los fotógrafos, disponer de imágenes de nuestras procesiones, que son el objetivo sobre el que el cartel pretende llamar la atención. Durante un buen número de años, se exigía que recogiesen ambiente (cofrades o público en general), imaginería y monumentalidad. Estas normas ofrecieron un buen número de carteles con bellísimas imágenes que mostraban el perfecto acoplamiento que se consigue entre la imaginaría procesional y la incomparable escenografía de nuestras calles y monumentos. Esta exigencia ha desaparecido en los últimos años, en los que únicamente se especifica que recojan un momento procesional de los protagonizados por cualquiera de las cofradías integradas en la Junta.

El cambio me parece acertado. De un lado, se sigue centrando la atención en lo que tiene que ser el motivo del cartel: un detalle de nuestras procesiones. Y, por otro lado, se abre más el concurso a la creatividad del fotógrafo para buscar composiciones estéticas y originales, que llamen la atención hacia lo que un cartel publicitario pretende. Otro efecto que, a mi entender, se puede conseguir con el cambio (aunque no sé si buscado) reside en el hecho de que no es necesario invadir la procesión para obtener una imagen para el concurso, lo que parecía conferir derechos a los fotógrafos, afectando en algunos momentos la marcha normal de la procesión, y provocando discusiones con la gente que llevaba tiempo esperando su llegada.

El cartel anunciador de nuestra pasada Semana Santa es un buen ejemplo de la oportunidad del fotógrafo para recoger un motivo sugerente, sin necesidad de hacer acto de presencia en el desfile propiamente dicho. Muestra el instante en que unos cofrades anónimos entran en el templo para disponerse a la procesión. No es un momento procesional estrictamente hablando, como exigen las bases, aunque puede considerase una extensión de esta: a modo de "pórtico", muy propio de un cartel, la fotografía sugiere momentos de ilusión y emotividad en los cofrades al adentrarse en el mundo privado de la hermandad para iniciar la manifestación pública de su fe.

Otro cambio significativo se ha producido en la composición del jurado. Hace unos años era más numeroso y primaban los representantes de las cofradías sobre los técnicos en fotografía y publicidad. Actualmente se ha reducido mucho y está prácticamente compuesto por personal técnico, lo que debe redundar en una mayor imparcialidad (no hay, a priori, preferencias por fotografías de una u otra cofradía) y profesionalidad en las deliberaciones y decisión final. La exposición de las fotografías seleccionadas resulta un aliciente para recordar distintos momentos de la pasada Semana Santa, y comentar y discutir, según los gustos de cada uno, posibles méritos de unas u otras fotografías para haber sido merecedoras del cartel.


lunes, 6 de abril de 2015

Montserrat González

La obra de Ángel Luis Iglesias "XXIII", junto a dos pinturas de Andrés Alén | Fotografía: Pablo de la Peña

06 de abril de 2015

La Tertulia Cofrade Pasión, asociación dedicada al estudio y promoción de la religiosidad  popular y la Semana Santa desde ámbitos culturales, conmemora este 2015 su XXV aniversario con distintos eventos y propuestas, entre los que destaca la magnífica exposición titulada "La Tertulia Cofrade Pasión y sus artistas".

Hasta el 12 de abril de 2015, la Sala de las Comarcas de la Diputación de Salamanca se convierte en un merecido homenaje a los creadores que de modo altruista colaboran con la Tertulia iluminando y enriqueciendo sus publicaciones. El itinerario aquí propuesto pone de relieve la diversidad de artistas, propuestas, técnicas y tendencias que a lo largo de estos veinticinco años de vida de la Tertulia han ilustrado los textos de la prestigiosa revista Pasión en Salamanca, ennoblecido los libros editados por la asociación y, sobre todo, pregonando la Semana Santa de Salamanca a través de un cartel anunciador que desde el año 2002 apuesta decididamente por las técnicas pictóricas.

Óleos, acuarelas, pasteles, dibujos, tintas, rotuladores, humildes lápices, infografías y collages nos hablan de cómo la Tertulia ha sentido el deseo de introducir la estética en su asociación, de constatar que entender el arte, difundirlo –y en ocasiones poseerlo– es una manera de adentrarse en el terreno del placer consiguiendo un conocimiento más amplio y universal, a la par que ha permitido establecer nuevos relatos, distintas miradas y modos de ver y sentir la Pasión de Cristo.

Era necesario divulgar la labor de mecenazgo que con los artistas en general, y los salmantinos en particular, está desarrollando la Tertulia Cofrade Pasión,  permitiendo que los ciudadanos admiren su labor callada, íntima, pero que de forma única y singular está ayudando a enriquecer y conservar el patrimonio cultural y artístico de Salamanca y su Semana Santa.  Detrás de esta exposición se vislumbra el cariño y dedicación que los miembros de la Tertulia Cofrade Pasión destilan en cada acto y evento que organizan, contagiando su entusiasmo a todos aquellos que colaboran en sus publicaciones, motivando a los artistas, retándolos en muchas ocasiones, para que aporten toda su sabiduría pictórica y pasión al servicio del sentimiento que suscita la Semana Santa.

La calidad de la exposición viene avalada por la nómina de artistas participantes: Jerónimo Prieto, Andrés Alén, Fernando Mayoral, Miguel Ángel Gasco, Salud Parada, Rafael Cid Tapia, Fernando Segovia, Severiano Grande, Alfonso Cuñado, Jesús Velasco, Ángel Luis Iglesias y Paloma Pájaro, así como por la calidad de las obras y la temática que en ellas se aborda, haciendo de esta iniciativa una aportación de extraordinario valor para la ciudad de Salamanca, que sin duda merecería un espacio expositivo mayor que la modesta Sala de las Comarcas habilitada por la Diputación de Salamanca y cedida para esta muestra.

"La Tertulia Cofrade Pasión y sus artistas" constituye una excelente muestra de arte religioso contemporáneo donde las palabras de los relatos evangélicos se transforman en bellas e impactantes imágenes dando lugar a una auténtica "teología visual" sobre la Pasión de Jesucristo. Las meditaciones sobre el sacrificio de Cristo, la figura de su madre y otros protagonistas de los relatos de la Pasión, como María Magdalena o Barrabás,  suponen toda una reivindicación del arte contemporáneo religioso hecho a la medida y necesidad del hombre actual, tan necesitado de nuevas iconografías e imágenes cargadas de significado. La posibilidad de contemplar juntas algunas de las creaciones y los textos para los que fueron concebidos es también un acierto.

El cartel de Pasión en Salamanca 2015, de la artista Paloma Pájaro, su moderno lettering y la originalidad y atrevimiento de su propuesta, dan la bienvenida al visitante predisponiendo su espíritu para lo que va a encontrar.  Su obra "María Magdalena o el preludio de la maravilla" supone una fiesta de color y dolor. Su Magdalena sola, llorosa, derrumbada ante el lienzo vacío que cubría el cuerpo de su amado Jesucristo es un acierto de teatralidad y fuerte simbolismo, casi barroco, donde el negro caravaggesco da paso a un rojo acrílico, un rojo pasión, fuerte e impactante, que atrapa al espectador.

Superada esa primera impresión nos encontramos con una fantástica colección de obras donde modernidad y ciertos toques clásicos no parecen estorbarse en esta muestra. Piezas más clásicas dialogan sin rubor con apuestas arriesgadas y rompedoras, como la de Ángel Luis Iglesias, que pese a su preocupación por la figura humana realizada con un portentoso trazo y un magnífico dibujo, convierte su óleo "XXXIII" en todo un emblema del arte contemporáneo al retratarse a sí mismo como Jesús, el hombre por excelencia que en el dolor ha perdido cualquier atisbo de divinidad.  Las creaciones de Cid Tapia, sus certeros óleos y collages no tienen ningún problema en compartir protagonismo con la formidable propuesta de Alfonso Cuñado y sus toques de color en su "Cristo de la Agonía Redentora", todo un acierto de composición y realización. Tampoco desentona el "Calvario de Piedra" de Fernando Mayoral, hermoso y elaborado pastel para el cartel de "Pasión en Salamanca 2005", demostrando que además de un gran escultor Mayoral es un enorme artista.

La espectacularidad de algunos óleos que han inspirado carteles anunciadores de la Pasión en Salamanca, como el juego de veladuras de Salud Parada que conforman su "Jesús con la cruz a cuestas" o la moderna infografía llena de luz y color del profesor y artista Miguel Ángel Gasco contrastan con la intimidad de otras creaciones como el exquisito y delicado collage de Fernando Segovia o el bellísimo dibujo de Severiano Grande, que rotula sus pensamientos en un hermoso entendimiento del Gólgota, contagiándonos su inquietud  y entusiasmo por la obra bien hecha.  O la siempre elegante factura de los dibujos de Jesús Velasco. Sus lápices y plumillas transforman cruces, nazarenos y vírgenes dolorosas en una búsqueda de belleza y distinción.

¿Qué decir de los collages y pinturas del maestro Andrés Alén? Sus interpretaciones sobre el Jueves Santo nos hablan de la enorme sensibilidad y talento de uno de los grandes maestros de la pintura religiosa contemporánea. Sus creaciones nutren nuestro espíritu con una aparente simplicidad que a la vez esconde una acumulación barroca encaminada hacia lo esencial convirtiendo sus propuestas en libros de verdadera sabiduría y espiritualidad.

¿Cómo explicar las figuras siempre inquietantes, cimbreantes como llamas heladas del gran Jerónimo Prieto? Sus personajes nos traen a la mente ecos del Bosco, raíces de pintura flamenca, proverbios de Brueghel, llenos de misticismo y furia. Culmina el recorrido de la exposición su impresionante "Cristo de la Agonía Redentora". Es difícil imaginar una escena del Crucificado con más sutiles veladuras y más precioso dolor. En una especie de guiño realidad-ficción, por la cercanía física de la imagen representada, al ver el Cristo de Jerónimo Prieto, queremos acercarnos a la Catedral  y aliviar el dolor de esa imagen que nos interpela, que parece cobrar vida ante nuestros ojos hablándonos de una profunda religiosidad.

Para el visitante dispuesto a sentir y gozar con las magníficas propuestas de estos artistas el camino se hace corto y "La Tertulia Cofrade Pasión y sus artistas" nos deja con ganas de más... de más personajes, ensoñaciones, historias y fabulaciones con las que seguir dialogando sobre el misterio que encierra la Pasión y sus múltiples interpretaciones.  Esperemos que no tengan que pasar otros veinticinco años para maravillarnos con las creaciones de los artistas de la Tertulia Cofrade Pasión.


lunes, 30 de marzo de 2015

José Fernando Santos Barrueco

Fotógrafos en la salida de la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños | Fotografía: Pablo de la Peña

30 de marzo de 2015

La numerosa presencia de fotógrafos en nuestras procesiones ha llegado a unos niveles que pide una reflexión para evitar situaciones no deseables. Vaya por delante que no se trata de culpar, y mucho menos apuntar, a nadie en particular. Excluyendo a los profesionales de la prensa gráfica, que, como en todas partes, conocen su oficio y realizan su labor, voy a hablar en sentido impersonal, aunque en algunos aspectos pueda sentirme incluido. Empecé en esto hacia finales de los 60. Éramos muy pocos y se hacían pocas fotografías (quiero recordar a Luis Monzón, buen fotógrafo, contertulio y amigo).

Las cosas han cambiado radicalmente. La tecnología digital permite hacer cientos de fotografías en cualquier condición de luz y verlas en el momento. Éstas y otras ventajas y la aparición en 1985 del concurso fotográfico para el cartel oficial y, más tarde, de distintas revistas y carteles, vino a sumar un buen número de fotógrafos que ha ido aumentando año tras año. Algunos llegan con una motivación económica o solamente fotográfica y ven la procesión como algo estético, y más en el itinerario monumental salmantino; otros, como una costumbre arcaica y hasta extravagante que merece ser fotografiada.

La masificación trae consigo situaciones y actitudes contrarias al respeto que exige la procesión: discusiones sobre la colocación y actitud de unos y otros, risas y comentarios en voz alta; andar por el centro de la misma sintiéndose con todo el derecho y agruparse delante de los pasos; en ocasiones, los hay que se despistan mirando sus fotografías y provocan situaciones incómodas; la desfachatez de alguno llega a pedir que se pare el paso en un determinado lugar, a veces con alusiones irreverentes hacia la imagen, y a dirigirse a cofrades para que se retiren o se coloquen de determinada forma; otros molestan acercando mucho la cámara a unos bonitos ojos tras un capirote o a un reguero de cera suspendido de un cirio, a un rosario o escapulario que se lleva devotamente o a unas cadenas, o pidiendo a los turiferarios que paren, pongan incienso y volteen el incensario (cuando un fotógrafo atisba una de estas "ocasiones" hay "efecto llamada" y la llegada de otros resulta atosigante y desagradable). Todo esto molesta y entorpece la procesión. Provoca también efectos indeseados con la gente: hay zonas donde esta está esperando con paciencia y se queja, con razón, ante la llegada masiva de fotógrafos que se ponen delante sin consideración alguna, argumentando que "están trabajando" (parece que participar en el concurso o llevar una cámara confiere unos derechos en lo que es una simple afición, no más respetable que la de ver la procesión).  

Últimamente, la proliferación de móviles de todo tipo con buenas prestaciones para la fotografía convierte a cada espectador en un fotógrafo. El número de los que están en la procesión produce otro efecto llamada en los espectadores, que se animan también a salir agravándose las situaciones aludidas. Algunas calles, haciendo un mal chiste, se convierten en una auténtica estación de penitencia. A esto habría que añadir las nuevas modas de enviar fotos en tiempo real por Whatsapp y los "selfies" (con los bastoncitos que conllevan), que pueden resultar muy molestos si la gente no se retira y no guarda silencio.

Las soluciones no son fáciles. Las vallas, salvo en alguna zona, no son viables y no resultan prácticas. Conceder acreditaciones ya se hizo y no sirvió. Además, no se pueden dar a unos y negar a otros. ¿Con qué derechos? Esto no significa que no se den algunas por la Junta o las cofradías para sus fines. Algún cambio en el concurso del cartel podría reducir el efecto llamada. Sin entrar en alternativas drásticas, como buscar otras expresiones artísticas distintas de la fotografía, o cuestionar premios en metálico, vemos que algunos premios de los últimos años están hechos fuera de la procesión propiamente dicha (en el último cartel, absolutamente) y otros no evidencian una invasión de la misma. Está claro que no es preciso estar muy dentro para hacer un buen cartel. Las bases del concurso podrían primar y estimular la creatividad fuera del espacio de la procesión "formal". Para otros fines turísticos distintos del cartel, como ferias, campañas o documentación divulgativa, la Junta y las hermandades disponen de buen material fotográfico o pueden conseguirlo de los fotógrafos habituales.

También podrían establecer normas para estar dentro de la procesión: guardar silencio y respeto a lo que supone, no molestar ni dirigirse a los cofrades, evitar detenerse delante del paso y quedarse en el centro cuando no se hagan fotografías, etc. No es fácil salir y volver a entrar, pero habría que buscar alternativas, como ir delante o detrás y moverse con discreción por los laterales. Exigir su cumplimiento correspondería a las cofradías. Con respeto y educación se puede "invitar" a alguien a que lo haga o salga de la procesión. Unas pocas advertencias tendrán efecto inmediato si todos se conciencian y estoy seguro de que los fotógrafos habituales serían los primeros en colaborar. Otros podrán objetar que la calle es pública para moverse libremente, pero los organizadores de una manifestación (en este caso de fe) autorizada, con normas e itinerarios definidos, tienen el derecho y la responsabilidad de exigir el respeto y el orden para que transcurra por los cauces que le son propios. Habría que hacer de ello un "hábito" y nunca mejor dicho.

A los cofrades también les corresponde algo: en la procesión y salvo los responsables de  organización, deben "pasar de fotógrafos" y no atender peticiones; y las paradas deben ser para descansar y no "descansos sin discreción". Mantener una posición y actitud de recogimiento y guardar silencio retraerá a muchos a entrar para realizar fotografías y, si lo hacen, lo harán con más respeto.  


jueves, 5 de marzo de 2015

Andrés Alén

Paloma Pájaro, autora del cartel "Pasión en Salamanca 2015" | Fotografía: Pablo de la Peña

05 de marzo de 2015

Cuando Paloma Pájaro nos desveló el misterio de su trabajo como cartelista, supe, en ese instante, que era un cartel ante el que no se podía pasar indiferente, como supe que me encontraba, quizás también por ello, ante una obra de arte. Estas son dos convicciones que conviene argumentar, si bien someramente.

Este cartel era radicalmente novedoso, estéticamente llamativo (con un rojo que, si de pasión se trata, no puede ser más adecuado, como si atañe a la sangre o a claveles),  técnicamente perfecto. No conozco a nadie con más destreza manejando lápices de colores, compositivamente vigoroso hasta el alarde y publicitariamente eficaz, diría, sonoro como un grito. ¿Cómo pasar  impasible frente al nuevo nacido?

También hablé de arte, y ¡claro! Cuando la obra respira estilo, que es esa forma genuina de ser del autor, sin remedos, ni plagios, por tradicionales que sean, y esa manera de ser aporta originalidad a esta historia y se arraiga en conceptos que indagan en el conocimiento y en el sentimiento de todos los que lo miran y ven, hasta conseguir su reacción o transformación, y narra y profundiza, adecuando todo eso que ansía transmitir a una idónea y personal poética, si todo esto sucede,  generalmente estamos frente a la bella rara avis de la obra de arte. (Respirar)

Y uno que, más en estos tiempos de Cuaresma, piensa en esta ciudad de Salamanca como un hermoso joyero que sólo debiera contener  bellas alhajas, se alegra de haber dado con una, que la anuncia, como otro sentido preámbulo a su semana de pasión.

Cuando propuse a Paloma Pájaro como autora de este cartel a la Tertulia Cofrade Pasión, sabía, claro está, de su gran mérito, su dilatada obra, de su tesón y fuerza. Esperaba, lo debo decir, sorprenderme. Imaginaba, no obstante, un cartel quizá un tanto cañí, algo cañero, vistoso, puede que aún tuviera en mente aquel gran cuadro en la exposición que conmemoraba el bicentenario y medio de la Plaza, en Santo Domingo de la Cruz, antes de D. Venancio, escrito a.d.D.V., donde coincidimos, que mostraba una Plaza Mayor alfombrada de hermoso césped, en el que unas bellas damas engalanadas tomaban plácidamente su tentempié. Lo sospechaba pintoresco, tradicionalista ironizando con los tópicos que tanto abundan en esta finca; tenía claro que Paloma Pájaro no podía disimular su rabiosa juventud, su modernidad, la contemporaneidad militante de su arte, pero no pensé que me asombraría de su dimensión espiritual, de su tangible sensualidad y profundidad religiosa. Cuando nos da a conocer su obra por correo escribe Paloma:

El título, "María Magdalena o el preludio de la maravilla", alude al
momento amargo en que la Magdalena (según el Evangelio de Juan) llega
sola al sepulcro y lo encuentra vacío, sólo el lienzo sin cuerpo. No
habiendo encontrado aún al que confunde con el hortelano, María
experimenta un estado de ánimo funesto, abrumada por el cansancio y el
dolor. Ese es el momento que quiero registrar, oscuramente humano,
justo el preludio de la maravilla que pronto acontecerá.

Nótese que la autora opta por describir un momento insólito de la Pasión, creo que nunca antes pintado, imaginado o descrito. Como en un nuevo paso de la Semana Santa enfrenta a la Magdalena a la misma tremenda Soledad con que Juni o Felipe del Corral describen a sus Dolorosas; ya todo consumado, sin la piedad del cuerpo entre sus brazos, ni el llanto manantial que por ellos resbale, ya sólo ausencia y desfallecimiento.

María Magdalena, huellas cicatrices de la vida en su rostro, salió muy temprano a ungir, como antes no se pudo, el cuerpo amado en que depositó toda esperanza. Parece ataviada con cierto esmero. El vestido adamascado repleto de botones, que hoy llamamos charros y que probablemente ya tuvieran esa forma antes de que Salamanca fuera ciudad; todo ello le da un aspecto orientalizante, que me atrae, más si pienso o denuncio que es en Siria o Libia donde hoy se sigue dando testimonio con sangre y martirio de nuestra religión. Ha llegado a la tumba que estaba abierta, penetrado con un grito en el vacío de no encontrar siquiera un cuerpo inerte que testimonie su profundo dolor, que se haga lienzo donde el óleo unja su desesperación.

Sólo el lienzo blanco que envolvió su cuerpo. Este cartel es profundamente religioso por ese lienzo, puesto ahí, precisamente, en primer término. Cáscara vacía de un cuerpo robado, ese cuerpo cuya imagen con tanto desparpajo paseamos arriba y abajo en estos días. ¿Y si no hay cuerpo? ¿Qué vamos a pasear arriba abajo?

Es, como dice Paloma, el momento funesto de la total ausencia.  Nos lo dice con un título emocionante y precioso: estamos en el preludio de la maravilla, ya sabemos:

-Mujer ¿por qué lloras? ¿A quién Buscas?
Jesús le dijo: ¡María!
Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: ¡Rabbuni! -que quiere decir "Maestro".
Jesús le dijo: No me retengas, que aún no he subido a mi Padre, pero vete donde están mis hermanos y diles: "Subo a mi Padre, a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios"

Paloma Pájaro y Teresa Martín presentaron en la Sala de la palabra este cartel con palabras más hermosas que las mías. Cuidaron mucho esa puesta en escena, esa teatralidad que tampoco elude el cartel tratando de comunicar de la mejor manera el apasionante drama. Creo que fue la mejor presentación de cartel de la Tertulia (sin llegar a auto sacramental pero casi). Nuestro Tomé de alma y piel sensible, como gran fotógrafo, me dijo: ha estado de once sobre diez. Pero ya allí también empecé a oír primeras críticas, minoritarias. Pensé "¡ay, lo nuevo!, ¡ay, lo vivo!, ¡ay, el resucitado!". Como si éste fuera más difícil de pasear arriba abajo.

Había algún pero dicho así: de golpe, que siempre hay gente que nunca le da tiempo a la ópera para que se desarrolle. Entre los melómanos ha gustado mucho. Ya sabemos que las opiniones son libres. Desde luego, muchísimo más que respetables,  que lo que deben ser respetables son las personas, mucho más que lo que dicen o piensan (que por eso hay que dejarles expresar sus ideas y hasta la falta de ellas, por ese mismo respeto, sin faltar).

Creo que Paloma debe estar muy contenta, porque esta pequeña aventura de propuesta religiosa, que en un tiempo tan laico siempre entraña cierto riesgo, ha dado como fruto una gran obra, para mí una de las mejores. A mí sólo me queda felicitarla.

El pequeño capillita que llevo en mí siempre atiende a carteles de aquí y de otros lares. Tengo recuerdos de aquellos de Cuenca, Saura, Zapata, de Zamora, Pennetier, Pedrero, Cuasante, la Sevilla de palio florido de Carmen Laffont, cuyos originales vi en el Reina Sofía, muchos de esta misma tertulia cofrade. Desde que vi este preludio de la maravilla ando atento en buscar alguno que se le iguale o supere en impacto, maestría, arte o estilo. Debo decir que de momento ando lejos, como que después de tanto tiempo mirando y viendo, creo que no ando perdido.
Gracias Paloma de alto vuelo por tan inesperado regalo.


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Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión