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jueves, 19 de diciembre de 2019

Félix Torres

En primer plano, José Luis García Moyano, nuevo consiliario general para las cofradías | Foto: Pablo de la Peña

18 de diciembre de 2019

Aún no hace un par de días que hizo su presentación en sociedad el nuevo –flamante diría yo–consiliario general para las cofradías, el Muy Ilustre Señor canónigo don José Luis Sánchez Moyano.

Tras un periodo, largo periodo, en el que ha estado desempeñando su cargo por designación in pectore o por relajación diocesana, finalmente pudo salir a la palestra con su nombramiento formalizado, signado y rubricado. Y lo ha hecho aprovechando la también presentación en sociedad de esas Normas Diocesanas para las Cofradías que tras larga preñez, y concebidas durante aquella Asamblea de renovación misionera de la Diócesis de Salamanca convocada mediado el año 2015, han visto la luz con la confianza de casi todos en que no sea el parto de los montes.

Así pues, vienen de la mano las Normas y quien va a tener que velar, al menos de forma visible, por su aplicación. Se nos presentan al tiempo y confiamos en su perdurabilidad. De ambos dos.

De las Normas poco más que decir que no haya sido dicho. Aunque no está de más insistir en que su aplicación, sin cortapisas ni variados raseros, sea para el bien de cuantos formamos parte de esta pequeña aldea diocesana que son las cofradías y su tantas veces denostada piedad popular. Que todos somos conscientes de que hay situaciones que están necesitando la regulación inmediata por aplicación de este texto legal para ver si con ello se encuentran soluciones, se arreglan las cosas y se demuestra que el trabajo de quienes fueron comisionados para la redacción de capítulos y artículos no fue vano. Que hay cofradías y hermandades que están pidiendo a gritos la aplicación de estas Normas como posible vía de solución de problemas de variable calado pero todos ellos más o menos enquistados y sin visos de solución sencilla.

Ha servido también esta presentación de Normas y consiliario para, enmarcado en el programa de pastoral cofrade para este curso, abrir el plazo de inscripción en el "curso formativo para dirigentes de cofradías" abierto a cuantos cofrades manifiesten su interés y requisito impuesto por las Normas para acceder a determinados puestos directivos en las cofradías. Sé de comentarios escépticos hacia esta novedad para nuestros dirigentes –presentes y futuros–, pero sé también que nada nuevo se asienta con completa anuencia en el momento de su implantación y que necesita un recorrido, azaroso en sus inicios, para que el escepticismo se vaya tornando consenso y consentimiento, sobre todo si se demuestra la validez de la propuesta. Y el curso nace apremiando, pues será mediado el mes de enero cuando tenga lugar. Seguro que no somos muchos los interesados (no sé si algunos que ya han ostentado cargo estarían obligados de cara al futuro o si la experiencia adquirida se reconoce en el currículo), pero por pocos que sean los alumnos no debe renunciarse a su impartición y así, poco a poco, y con un programa adecuado, borrar del recuerdo otros cursos cofrades de trayectoria descendente según avanzaron las ediciones.

Pero, y vuelvo a mi entradilla o primer párrafo, el motivo de este texto es la confirmación social de José Luis, ese que no deja de ser párroco de San Pedro en Tejares por muchos cargos que le lluevan, como el interlocutor necesario entre la diócesis y sus cofradías. Una confirmación esperada por muchos y que, por poco que haga (y sé que lo hará porque así lo demuestra), superará a quienes le precedieron en tiempos cercanos o más remotos. Porque José Luis es un cura comprometido para estos compromisos, en los que, aunque sólo sea por su afabilidad, será un interlocutor apreciado.

Eso sí, no nos quedemos en lisonjas y parabienes, que lo que hay por delante es un camino árido y con los tojos apuntando a cualquiera que se adentre a recorrerlo. Que hay cofradías y hermandades e incluso congregaciones que están pidiendo, unas a gritos y otras con un poco más de calma, que alguien –la diócesis– les eche una mano en unos problemas que se les vienen encima, que provocarán casi seguros roces entre cofrades y cofradías y que se les escapan de las manos por motivos que no soy quien para juzgar. Seguro que las Normas, correctamente aplicadas por José Luis como cabeza visible de un equipo, que seguro pronto conoceremos, pueden servir para ayudar a quienes ahora se ven con el agua al cuello. Seguro que las Normas pueden servir para que nuestras cofradías puedan vivir tiempos mejores.

Sea pues bienvenido nuestro consiliario general y sean bienvenidas las Normas que nos rijan, para bien, por supuesto.


lunes, 24 de junio de 2019

Tomás Gil Rodrigo

Tres hermanos de la Cofradía de la Oración en el Huerto portan las cruces eucarísticas de Andrés Alén | Foto: P. de la Peña

21 de junio de 2019

El aprecio y el reconocimiento de nuestra Iglesia en Salamanca por las hermandades y cofradías, como lugares donde se puede vivir la fe en Jesucristo, ha quedado patente en el trabajo que se ha desarrollado, después de vuestra participación en la Asamblea Diocesana, para elaborar una normativa diocesana que nos ayude a la comunión y a la misión compartida. Y me ha sorprendido gratamente, debido a mi responsabilidad al frente del Servicio de Patrimonio Artístico, encontrar hasta tres artículos en los que habéis dejado constancia de la necesidad de nuestra ayuda y apoyo. Me gustaría poder resaltar y comentar con vosotros estos artículos.

En el artículo 20, que forma parte del capítulo 4, dedicado a la administración de los bienes, nos pedís ayuda para hacer un inventario actualizado de vuestras obras de arte, que tienen valor principalmente no solo por lo material, sino porque son las huellas del paso del Señor con su Iglesia en la historia. El inventario es mucho más que un recuento, un control o una catalogación, también es la manera de cuidar y agradecer lo que generaciones cofrades anteriores a vosotros nos han legado y transmitido desde su fe y su seguimiento de Jesús.

Más adelante, dentro del capítulo sobre la administración de bienes, en el artículo 28, solicitáis que os acompañemos en la conservación y restauración de los bienes muebles e inmuebles que tengan un valor histórico, artístico o cultural. Del mismo modo en el artículo 63, dentro del capítulo de las imágenes sagradas, volvéis a insistir sobre lo mismo. Está claro que todos en la Iglesia necesitamos una mayor formación y sensibilización acerca de nuestros bienes artísticos. Ya sabemos que no debemos confiar su restauración y conservación en manos de gente sin preparación titulada y sin experiencia, por muy buena voluntad que tengan en querer "arreglar" las imágenes. Todos conocemos casos de los que nos avergonzamos porque los daños son irreparables. Además de incurrir contra la ley del patrimonio, estamos privando a las generaciones venideras, que son nuestros hijos y nietos, a disfrutar las obras de arte que hemos recibido, rompiendo así la transmisión de nuestra fe contenida en la belleza. Es de una gran responsabilidad cómo conservar y restaurar el patrimonio heredado, ya que es un regalo que no nos pertenece solo al hoy sino al futuro. Desde el Servicio de Patrimonio Artístico disponemos de gente preparada que os ayudará a afrontar, seguir y resolver la conservación y restauración de vuestros bienes artísticos.

Para terminar me gustaría ofreceros, aunque eso no aparece explícitamente en la normativa, nuestro Servicio de Patrimonio para otras ayudas y apoyos que también necesitáis. El primero corresponde a la evangelización, porque vuestras imágenes fueron concebidas y encargadas para salir y contar a la humanidad la Buena Noticia de Jesús. Por eso, vemos las calles y las plazas de nuestra ciudad y nuestros pueblos inundadas de la presencia y el mensaje de Jesús, cumpliendo, en cierto modo, su envío misionero: "Id al todo el mundo y proclamad el Evangelio" (Mc. 16, 15). Sin embargo, dentro de las iglesias en las que son guardadas vuestras imágenes durante todo el año, deben ser tenidas más en cuenta para ayudarnos al encuentro con el misterio de Dios por medio de la oración y la contemplación. No tengáis reparo en contar con nosotros para ayudaros en estas dos tareas de evangelizar y contemplar, de hecho con algunas hermandades y cofradías hemos comenzado muy positivamente este camino, la última fue en la Capilla de la Vera Cruz en el mes de febrero. Y el otro servicio que os podemos ofrecer tiene que ver con las nuevas imágenes que estáis encargando. Eso es un signo muy bueno, ya que demuestra que no habéis quedado anclados en el pasado, sino que seguís avanzando y expresando vuestra fe en diálogo con los artistas actuales. Quisiéramos compartir con vosotros los nuevos caminos de la belleza para decir juntos lo que el Papa Pablo VI dijo en pleno Vaticano II a los artistas en la Capilla Sixtina: "La Iglesia os necesita".

Gracias por el don y tarea de las hermandades y cofradías de la diócesis de Salamanca. Estamos abiertos a vuestras sugerencias, el Servicio de Patrimonio Artístico queda a vuestra disposición.


domingo, 24 de febrero de 2019

Félix Torres

Penitentes de la sección de Nuestra Señora de la Esperanza aguardan la reanudación de la marcha | Foto: Alfonso Barco

22 de febrero de 2019

Aunque no sepa el por qué, me parece evidente que la piedad popular, las cofradías y "esas cosas" siguen descuidadas en nuestra diócesis aun habiendo mejorado más que sustancialmente las vías de comunicación entre ellos y nosotros, que parece que no se acaba de conjuntar esa dualidad.

Se ve con claridad cómo en los últimos tiempos, no sé si impulsado por el espíritu renovador de la Asamblea Diocesana que aún sigue coleando para bien, en Calatrava comenzó un periodo de renovación y actualización que afectó y sigue afectando a cuanto se organiza bajo la sombra del obispo.

Se han renovado cargos en la curia, delegaciones y servicios diocesanos, desde cambios en vicarías hasta creación de servicios para una mejor atención de los administrados; se han reformado parroquias y arciprestazgos con el consiguiente movimiento de presbíteros y diáconos; se han nombrado nuevos canónigos y deán... Se han pensado, discutido, elaborado y redactado normas y reglamentos para mejorar el funcionamiento de cuantos grupos funcionales estén adscritos de una u otra manera al régimen de nuestra diócesis. Aquí, es cierto, he de agradecer (no sé si muchos estarán conmigo) la redacción de esa Normativa Diocesana de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Salamanca, que constituyen un marco referencial, que muchos echábamos de menos, más que necesario para cofradías y cofrades. En definitiva, se han abierto muchas ventanas en el Colegio de Calatrava y aires renovadores están metiéndose en salas y despachos.

También están cambiando las cosas en la Delegación Diocesana de Apostolado Laical (¡hasta su nombre!) y es algo que muchos agradecemos por verla necesaria desde hace tiempo. Pero las cosas no deben quedarse ahí, en papeles que, apenas sientan una bruma, queden mojados e inservibles. Por eso, a través de la Coordinadora Diocesana de Cofradías, los cofrades pensamos que, incluso sin haberse aprobado estas normas que habrán de regirnos, necesitamos un enlace visible, una cara cercana y conocida por todos, mediante el cual sentirnos aún más parte de la Iglesia diocesana.

Son ya bastantes los años que, si no de forma sí de facto, no tenemos ese responsable diocesano, llámese delegado de cofradías o sacerdote consiliario general de las cofradías (que así es nombrado en las nuevas normas), que forma parte imprescindible del nudo que nos ata a nuestra diócesis en su forma más oficial. Alguien que cuente con el respeto y cariño de ambas partes y sirva para cumplir esa misión que todos sabemos es imprescindible, aunque hayamos prescindido de ella mucho más tiempo del conveniente. Todos necesitamos de ese canal que haga fluidas las relaciones de los cofrades con la administración diocesana y, al mismo tiempo y mucho más importante a mi parecer, sea la pieza del engranaje que haga moverse con precisión y sencillez a las cofradías en cuanto de verdad interesa, más allá de procesiones y cultos externos, en el camino evangélico de nuestra Iglesia. Alguien que vea a las cofradías con la mirada limpia de unos prejuicios más viejos que las propias cofradías y a quien las cofradías y cofrades sepan acercarse sin pudor, con cariño y confianza, sabiendo que ese hombre de Dios es uno más de nosotros, uno de los nuestros.

Aprovechemos, uso el plural mayestático suplantando al ordinario, esta vorágine renovadora diocesana para, más allá de normativas y reglamentos, estructurar esa parte que afecta a la religiosidad popular, a veces tan descuidada o denostada, y darles a los cofrades ese consiliario diocesano que tanto necesitan –quizá sin saberlo–, en el que muchos piensan –y pensamos–, sabedores de que seguro estará iluminado por la mano del Señor en su misión y dejemos que las cofradías se integren completamente en la vida diocesana sin recelos ni desconfianzas, que, por pocos que sean los que pisen este camino, seguro que alegrarán a más de uno y, sobre todo, alegrarán a la Iglesia.

Cubramos las necesidades de nuestras cofradías sin tener que esperar a la aprobación de unas normas que, ciertamente, ayudarán a quien sea nuestro consiliario, pero que carecerían de sentido si este no estuviese ya designado. Solo hay que dar el paso.


lunes, 21 de enero de 2019

F. Javier Blázquez

El obispo presidió el pasado sábado la presentación del proyecto de las normas diocesanas para cofradías

21 de enero de 2019

Había expectación y no era para menos. El sábado pasado se presentó, por fin, el texto íntegro del proyecto de las normas diocesanas para cofradías. No estaban todos los que debían estar y el peso de la Semana Santa era casi absoluto frente a las otras cofradías, las comúnmente denominadas de gloria. Pero fue bonito ver a los representantes de las cofradías (agrupaciones parroquiales en algún caso, por eso de ir utilizando ya la terminología propuesta) de toda la diócesis, atentos a lo que la comisión redactora, presidida por el propio obispo, iba a comunicarles.

Ya había habido otras presentaciones. La del avance del borrador en 2017 o la que canalizó la Junta de Semana Santa de Salamanca, la única asociación de cofradías constituida canónicamente en la diócesis. A mayores, en otros foros privados, como el de la Tertulia cofrade Pasión o el encuentro de hermandades de Nuestra Señora de la Soledad, también se había hablado de ellas, explicando sus partes y espíritu.

La novedad es que ahora ya se pudo leer el texto, que al final se entregó a las cofradías, lo mismo que a los presbíteros. No es definitivo, cierto, pues falta aún la ratificación de los consejos Presbiteral y de Pastoral y el texto, por tanto, es susceptible de mejoras. Pero, seamos realistas, una vez que el obispo ha dado ya el visto bueno a un documento que en última instancia él ha maqueado y tuneado, como gusta decir ahora, hay que ser muy osado para plantear enmiendas cuando ya se tuvo tiempo para enviar iniciativas y sugerencias. Evidentemente, si la mejora propuesta es objetivamente buena, y conveniente, el Consejo de Pastoral la va a hacer suya y la incluirá. Sin embargo, correcciones estilísticas al margen, la realidad es que las normas van a variar muy poco de las avanzadas el día 19. Por lo tanto, ya sabemos a qué atenernos.

Este documento, que ha brotado directamente de la Asamblea diocesana a modo de mandato, va a suponer un cambio importante en nuestra trayectoria como cofrades. Será una ayuda, una oportunidad, un medio que clarifique para hacer bien las cosas y las cofradías, sin renunciar a su idiosincrasia y autonomía, funcionen como lo que deben ser, una parte integrante de la Iglesia. Con estas normas quedará claro dónde hay cofradía y dónde no. Y con ello se darán por terminados los dimes y diretes que venimos arrastrando desde hace décadas en nuestra diócesis. Si se es cofradía, se es con todas las consecuencias, y si no, pues se funciona como agrupación parroquial.

Lo mismo sucede con la clarificación de cuestiones tipo fundación, acceso y permanencia en los cargos y rendición de cuentas. Es bueno que esté bien definido, para que todos lo sepamos y nos sintamos ante todo Iglesia, que es de lo que se trata. Son cosas muy normales que deben tenerse en cuenta, empero, porque la autonomía es un derecho que nunca puede degenerar en la creación de espacios privativos. Esta normalización, muy demandada por las cofradías, insuflará nuevas fuerzas y permitirá una renovación del fenómeno cofrade en la diócesis. Salamanca lo necesitaba de verdad y así se reconoció mayoritariamente por los cofrades asistentes a la presentación.

El texto es amplio; son 70 artículos. Y contiene muchas más recomendaciones que prescripciones. Realmente obliga a muy poco, a aquello que no queda más remedio. La lectura pormenorizada y detenida nos permitirá descubrir la riqueza que encierra y la defensa que se hace de la piedad popular que promueven las cofradías. Esperamos con ansias su entrada en vigor, que si se cumplen plazos llegará al final de la cuaresma. Y confiamos en su cumplimiento y aplicación para que nuestras cofradías lleven a cabo con eficacia el principal cometido para el que fueron fundadas.


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Raúl Román

Dos cofrades de la Hermandad del Cristo del Perdón esperan en la tarde del Domingo de Ramos | Foto: Pablo de la Peña

07 de noviembre de 2018

Las dinámicas de las cofradías están siendo muy diferentes en estos últimos años. Ha habido momentos en los que las cofradías eran "de Semana Santa" y era bastante habitual que centraran sus actividades en la semana mayor, para volver después a una especie de letargo que les conducía a una presencia a veces testimonial.

Pero esto esta cambiando y es imprescindible que todos los cofrades sean conscientes de ello y de las exigencias que comporta. La religiosidad popular como fenómeno religioso actualmente impregna todo el año. Esto exige un fuerte componente de socialidad religiosa que no todos en las cofradías están dispuestos o son capaces de asumir.

Debemos reiterar que el carácter de las cofradías con ser social es en sí mismo y muy destacadamente religioso. Es su identidad y así se debe asumir por todos. No como algo impuesto, sino como un rasgo gozosamente identificador del ser y del hacer de las cofradías. Descubrir y hacer descubrir este tesoro es una labor que urge. Es la tarea esencial de las cofradías para con sus miembros.

Todo apoyo será poco, porque en ello va una parte importante de la presencia del testimonio cristiano. Es en este punto en el que debe centrarse en estos años la atención de los cofrades para enriquecer del modo debido la labor de los cofrades. Culto, formación, caridad: son las expresiones de lo que es la cofradía. Así quedarán atrás protagonismos, duelos estériles y afrentas incomprensibles, y las cofradías cumplirán sus fines con la participación de todos sus miembros.

Esta es una raíz importante de las normas que se nos anuncian desde la diócesis; normas que deberán ser contempladas en el marco general de la comunión eclesial y como un instrumento al servicio de las personas y de las cofradías. Son ayuda, de modo que la asunción de las mismas de un modo generoso, integrador y constructivo sitúe a los cofrades como agentes evangelizados y evangelizadores que den fruto.


lunes, 29 de octubre de 2018

Tomás González Blázquez

El marco normativo-pastoral para cofradías fruto de la Asamblea Diocesana aguarda su aprobación | Foto: Pablo de la Peña

29 de octubre de 2018

Cuando estas líneas vean la luz intuyo que aún no habrá sido aprobado el marco normativo-pastoral que la Asamblea Diocesana acordó dar a las cofradías salmantinas, pero estará muy cerca la rúbrica del obispo una vez sea presentado el texto ante el consejo diocesano de pastoral y el consejo presbiteral. Esas ya célebres "normas", aguardadas en general con esperanza por los más involucrados en el día a día, aunque en algún caso suscitarán recelo y en el cofrade medio despertarán indiferencia, pues ni sabe que la diócesis va a proponer una orientación para la pastoral de las hermandades, determinarán lo que esta ha de dar de sí en los próximos años. Sin embargo, el curso pastoral ya ha comenzado en las parroquias, las unidades y arciprestazgos, mientras que la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, en la encrucijada del marco normativo y de una nueva configuración del Apostolado Laical de la diócesis, se prepara para un tiempo nuevo sin sujetarse a un programa anunciado en septiembre como ha ocurrido en cursos pasados. Resulta lógico que no inicie la nueva etapa hasta la aprobación de un texto al que dar vida y contenido, aunque sea unas semanas o meses más adelante. No obstante, como todos los grupos y comunidades, la Coordinadora, pero también cada cofradía y hermandad, están invitadas a acoger en este curso 2018-2019 las cuatro prioridades pastorales para la aplicación de la Asamblea Diocesana.

  1. El domingo, día del Señor. Y en su centro, la Eucaristía. ¡Qué valiosa la tetralogía sugerida por fray José Anido en este mismo espacio! Serviría de mucho repasarla para lograr fomentar una pastoral eucarística y del domingo en nuestras hermandades, que no puede perder de vista ni la deseable integración en la vida parroquial y diocesana ni la particularidad de cada cofradía, de sus templos, de sus imágenes y tradiciones… que siguen siendo un argumento para que el cofrade que no vive habitualmente el domingo ni frecuenta la Eucaristía se acerque a ellos convocado por su hermandad.
  2. La iniciación cristiana. En la misma línea, abundan las familias jóvenes en las cofradías: niños que pronto se visten con el hábito penitencial pero les cuesta más seguir con fidelidad la catequesis de la primera comunión, o adolescentes que quizá no se plantean confirmar su fe aunque no dudan a la hora de procesionar. Es mucha la importancia de las hermandades en este aspecto. Deben motivar, presentar con nitidez los sacramentos de la iniciación e incluso alentar proyectos dentro de la pastoral parroquial. ¿Acaso no se pueden nutrir los grupos de comunión y confirmación con niños y adolescentes cofrades, y también exhortar a los más adultos no confirmados a completar su proceso de iniciación? Ya ha habido y hay experiencias.
  3. La evangelización de los jóvenes. Esta prioridad insiste en la anterior, y demanda una mayor cercanía entre la pastoral juvenil diocesana y las cofradías. Convendrá reflexionar sobre lo que el Sínodo dedicado a "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional" pueda aportar a esta necesaria aproximación, que tampoco es extraña a la vida reciente de la diócesis pero no se ha terminado de impulsar. Y quizá haga falta pensar algo sobre los no pocos cofrades que viven en pareja pero rehúsan formar un matrimonio cristiano: es una vocación que debiera sugerirse abiertamente desde cada cofradía a sus miembros.
  4. El acompañamiento. Parece propio de unas instituciones que se definen en su nombre como expresión de la fraternidad. Si no se está acompañado en una cofradía, ¿dónde se va a estar acompañado? Pero no, a menudo apenas conocemos al cofrade que carga delante de nosotros o que nos cae en suerte como compañero de fila. Ni siquiera cuando se quita el capuchón. Los hermanos enfermos, los que están viviendo separaciones matrimoniales, los que no ocultan sus enfrentamientos personales… Esas debilidades merecen un acompañamiento para el que hay que formarse y, sobre todo, animarse. 

Poner en negrita durante este curso esos cuatro asuntos, siempre vigentes, y recurrir a los materiales y convocatorias que la diócesis  ha elaborado para apoyar la acción de cada uno, es una manera de aplicar la Asamblea Diocesana en el ámbito concreto de las cofradías. No sea que luego nos dé por decir: "¿Lo de la Asamblea…? Es que la diócesis no lo puso en práctica…".


miércoles, 2 de mayo de 2018

Tomás González Blázquez

Casa de la Iglesia, en el antiguo Colegio de Calatrava, que alberga los servicios diocesanos a disposición de las cofradías 

02 de mayo de 2018

No son los organigramas ni las reorganizaciones estructurales un fin para la Iglesia. No deben serlo. En cambio, estos medios de los que se dota para la evangelización cobran su sentido si en ella se gastan y se desgastan. Tras la reciente Asamblea Diocesana salmantina se ha alumbrado un nuevo esquema, que aspira a ser más fiel a las necesidades actuales de todas las comunidades eclesiales, y poco a poco se van nombrando nuevos responsables y equipos de laicos, sacerdotes y religiosos para que trabajen en las delegaciones y servicios diocesanos. ¿Grandes cambios? Quizá no resulten muy vistosos, tampoco es momento de descubrir América a estas alturas, pero sí sería considerable la novedad de que las cofradías nos animásemos a utilizar, en el buen sentido de la palabra, estos instrumentos que la Diócesis ofrece.

Evidentemente, en la delegación de Apostolado Laical, traducción más fiel al magisterio conciliar que la de Apostolado Seglar extendida en España, hallan su hábitat natural las cofradías y hermandades, la realidad de laicado asociado más numerosa en la Iglesia salmantina. La delegación de Liturgia, con su sección de Religiosidad Popular, también está llamada a una relación estrecha con el mundo cofradiero. Los proyectos asistenciales y caritativos de nuestras hermandades bien podrían tener conexión con el área de la Pastoral Social, la pastoral juvenil cofrade con su correspondiente delegación diocesana, y surgen más ámbitos en los que encontrar un apoyo: Peregrinaciones, Obras, la Vicaría Judicial, la Administración económica…

No obstante, me detengo en un término que no se empleaba y se ha incorporado: "servicios diocesanos". No hace falta explicar mucho. Servir es verbo bien apegado al Evangelio de Jesús. Cuasi sinónimo. Pienso en dos delegaciones del antiguo esquema que se han transformado en servicios, y no se trata de una degradación sino de una más exacta definición. Me refiero a Medios de Comunicación y a Patrimonio Artístico y Cultural, porque las cofradías podemos tener en estos servicios diocesanos buenos compañeros de fatigas apostólicas.

La comunicación lo es todo… o lo parece. Perfiles en redes sociales, listas de difusión y grupos de Whatsapp, correos electrónicos informativos a los hermanos, las cartas de toda la vida, los boletines y publicaciones, los carteles de cultos… La cofradía se desnuda en lo que dice y en cómo lo dice, y a menudo coge frío y se constipa en la maniobra. No por mala intención, desde luego. Pero trucos hay para prevenirlo. Servirse de este servicio diocesano alguno que otro aportaría al bagaje de secretarios, redactores de revistas y gestores de la comunicación social.

Patrimonio, por su parte, puede acompañar a las cofradías si se animan a conocer mejor su materia prima y a volcarse en el diálogo de la fe con la cultura, que en las hermandades debiera tener uno de sus foros más privilegiados. Quizá para encargar una nueva imagen y pensar en su advocación, para elaborar unas andas o para adjudicar una restauración, para definir bien la recuperación de un elemento antiguo o de un paso perdido (hace un año recobramos el de las Tres Marías ante el Sepulcro vacío, y hay otras imágenes que dejaron de salir), no vendría mal solicitar un informe a este servicio diocesano. No tanto con carácter vinculante sino con el deseo de ser orientados bajo un criterio valioso, y así decidir con mayores elementos de juicio.


lunes, 22 de enero de 2018

F. Javier Blázquez

Un cofrade de la Hermandad de Jesús Flagelado procesiona junto a su imagen titular | Fotografía: Alfonso Barco

22 de enero de 2018

Seguimos a la espera y creemos que ya falta poco para que llegue una primera respuesta desde el obispado. Las normas diocesanas para cofradías pasan ahora por los trámites previos a su aprobación definitiva y en función de la agilidad con que se muevan por las instancias y estancias de Calatrava, el tiempo de su entrada en vigor se acortará o se estirará. Lógico, pero lo cierto es que urge disponer de ellas. Hay demasiadas cuestiones pendientes de una normativa clara para decidir qué hacer con la montonera de patatas calientes, todas procedentes de las cofradías, que se está formando ante las puertas de la Curia. Muchas cuestiones ya que requieren una respuesta a corto plazo.

Es imprescindible aclarar, de una vez por todas, la situación de unas cuantas agrupaciones que se denominan cofradías sin serlo y acuden al asociacionismo cultural para funcionar civilmente, pasando por encima del sentido común y el derecho de la Iglesia. Eso, bajo ningún concepto, puede tolerarse. Si no se es Iglesia no puede actuarse en nombre de ella ni presentarse como si se fuera. Si se quiere ser cofradía, para disfrutar de sus prerrogativas, hay que serlo de verdad y estar sometido a la normativa. Y si no se quiere o no se puede ser cofradía, pues se buscan las otras vías y se funciona como grupo parroquial, con todos los matices que deban establecerse, y actúan en dependencia del párroco. No hay otra, porque si no, solo queda cesar en la actividad; esta situación de limbo jurídico es insostenible e inadmisible.

Hay que aclarar también unas cuantas cuestiones patrimoniales, las que vienen de atrás y las que surjan en poco tiempo. La administración de los bienes inmuebles exige unos procedimientos bastante más complejos de lo que a primera vista pueda parecer. Y aquí hay que hilar muy fino para evitar males mayores y situaciones que a veces no son nada edificantes. Por no hablar, a mayores, de las decisiones que se toman en relación al incremento del patrimonio procesional. ¿Puede haber carta blanca o hace falta permiso a partir de ciertas cantidades? Al respecto, en los últimos tiempos está habiendo bastante movimiento y conviene que haya unas directrices que lo clarifiquen.

Hay también movimientos para nuevas fundaciones, de todos los pelajes que esto va bastante más allá de las penitencias. ¿Vale todo? ¿Cuáles son los requisitos? En algunos sectores el problema comienza a enquistarse y, en un sentido o el otro, sería bueno que esto se aclarase de manera definitiva. Lo mismo que las elecciones detenidas, los recursos planteados por irregularidades, las coronaciones canónicas, los mandatos eternos, la arbitrariedad en el manejo de los recursos sin ningún rendimiento de cuentas… Demasiados frentes abiertos, demasiadas cuestiones pendientes de respuesta.

Eso sí, cuando terminen los trámites y las normas entren en vigor, habrá que ser escrupuloso en su aplicación y cumplimiento. Estamos demasiado acostumbrados a funcionar por libre y a que nadie nos sugiera siquiera qué debemos hacer. Forma parte de nuestra idiosincrasia. Pero es de sentido común que si se forma parte de la Iglesia se obre en comunión con ella. La idea no es el control ni el intervencionismo, porque las cofradías tienen una gran autonomía y esta queda salvaguardada. Sin embargo, unos mínimos son imprescindibles. Y aquí no se están cumpliendo en muchos y hay demasiadas situaciones viciadas que deben sanearse. Si todo lo que está detenido requiere una clarificación, esta no tardará en llegar. Esperamos que sea para bien y que luego quien debe hacer guardar las normas lo sepa realizar con diligencia, porque, de lo contrario, tanto esfuerzo realizado y tanto tiempo de espera, habrán sido estériles.


lunes, 25 de septiembre de 2017

Pedro Martín

Presentación del borrador de las normas diocesanas para cofradías el pasado sábado en San Julián | Foto: Óscar García

25 de septiembre de 2017

El pasado sábado, con la presentación del borrador de las normas diocesanas, dábamos un nuevo paso en la pretendida renovación cofrade iniciada en la Asamblea Diocesana que concluyó hace un año con un mandato claro para las cofradías: "Dotarlas de un marco normativo diocesano que ayude y oriente en su renovación espiritual y acción pastoral y contribuya a su inserción eclesial".

Durante este año, se formó una comisión para elaborar estas normas, comisión que estuvo integrada por cinco laicos cofrades y el vicario general de la diócesis y que, con un esquema inicial de trabajo, lanzó este reto en noviembre de 2016 a todas las cofradías mediante una carta para animarles a hacer todo tipo de aportaciones desde la reflexión y el diálogo. Desgraciadamente no recibimos ninguna aportación, tan solo una súplica de una pequeña cofradía rural que pedía ayuda, pero es lo que hay.

Tras varias reuniones, se confeccionó un primer borrador que quiere dar respuesta al mandato de nuestro obispo al terminar la Asamblea: "Haced un traje a medida". Y se ha intentado, a medida de nuestra realidad eclesial y sin perder de vista toda la realidad cofrade, que no acaba en la Semana Santa y mucho menos en los límites de nuestra ciudad.

Las normas deben entenderse en una verdadera clave pastoral con varios pilares fundamentales que son el núcleo de la misma y que con la ayuda de todos –cofradías y diócesis– debemos perseguir como objetivo.

Eclesialidad, instrumento de santidad, responsabilidad en el anuncio de la fe, evangelización, presencia en el mundo de hoy y Doctrina Social de la Iglesia son términos que marcan el texto ya desde su preámbulo y que debe ser un verdadero plan pastoral cofrade para que sirva a la causa del Reino de Dios.

A través del documento se busca fomentar y alentar el papel de las cofradías, dado su singular potencial, en el cuidado pastoral de la piedad popular, en los sacramentos de la iniciación cristiana de sus miembros, en la pastoral juvenil y familiar y en el diálogo fe-cultura y, además, se les confiarán determinadas tareas apostólicas en aras a la progresiva asunción de responsabilidades eclesiales por parte de los laicos.

Casi nada…

Evidentemente, el texto reglamenta algunos aspectos de la vida de las cofradías empezando por la inserción eclesial y la Coordinadora de Cofradías como elemento integrador y representador de la realidad cofrade en la diócesis. Contemplan desde el proceso de creación de las mismas, a la necesaria administración de los bienes, pasando por los estatutos, juntas de gobierno o miembros de las cofradías. Me gustaría resaltar que en este último apartado se pone un gran énfasis en la formación de los cofrades, como oportunidad de evangelización, ofrecerla, motivar a ello, insistir en la práctica sacramental.

Por último hay un capítulo donde se regula el culto externo de las cofradías: procesiones, viacrucis, rosarios, extraordinarias… siempre desde el prisma pastoral, para que de verdad sean un instrumento evangelizador y una verdadera catequesis en la calle.

¿Y ahora qué? Pues ahora entramos de nuevo en un periodo de reflexión y diálogo, donde las cofradías podrán de nuevo aportar sus sugerencias a la luz del texto completo para después integrarlo y presentarlo a los consejos diocesanos y a la aprobación de nuestro obispo.

Nos queda camino por delante para una verdadera renovación pastoral cofrade. Paso a paso entre todos lo conseguiremos.


lunes, 3 de julio de 2017

Tomás González Blázquez

Promesa del silencio de la Hermandad Universitaria en el Patio de Escuelas | Fotografía: ssantasalamanca.com

03 de julio de 2017

"Se buscarán caminos para que todas las prácticas de piedad popular contribuyan a la renovación espiritual de las muchas personas que en ellas participan, aspirando a profundizar en el sentido de vivencia personal y del testimonio de nuestras manifestaciones espirituales en espacios públicos; que sean bellas, dignas, que generen preguntas y susciten búsquedas".

La Asamblea Diocesana en vías de aplicación no trató con detenimiento ni la religiosidad popular ni las procesiones u otras manifestaciones públicas de fe, pero sí abrió la puerta a hacerlo, reconoció su relevancia como no lo había hecho la Iglesia salmantina en anteriores ocasiones, y en definitiva acordó unas breves y aprovechables orientaciones como las que encabezan este texto.

Conviene recordar que las prácticas de piedad popular se suceden en la vida de fe de personas y familias, y que en el caminar de la comunidad parroquial, sin cofradías de por medio si es que no las hay, lo popular aparece con la naturalidad con que debe ser acogido. Allí donde se ha cuidado ha dado frutos. Señalo también que existen posibles manifestaciones públicas de fe que no son procesiones, o que no enmarcaríamos en el ámbito de lo popular o tradicional, aunque debe admitirse que no son demasiadas, que algunas resultan escasamente explícitas y que ese campo ha de ser más y mejor explorado.

Dedico ahora mi reflexión a las procesiones que acontecen en Salamanca, las anuales y las extraordinarias, las de cofradías y las de parroquias, movimientos o institutos religiosos así como las diocesanas. La Asamblea quiere que resulten sugerentes, que interpelen, y que lo hagan a partir de un mínimo exigible de belleza y dignidad, es decir, que su calidad sea aceptable y, aún más, complazcan y apunten a la excelencia. Que la perfección formal sea un medio adecuado para alcanzar el fin propuesto. Hace unos meses en este mismo espacio, Tomás Gil decía, entonces acerca de las obras de arte, que "la belleza no depende del gusto que nos proporciona, sino de su capacidad para comunicar una fuerza creadora y transformante". Y es cierto que, para disfrutar en profundidad y plenitud de una obra de arte, también es necesario educar el gusto, formarse, saber contemplar además de mirar. La procesión, que a menudo incluye meritorias obras de arte, transita ante público diverso, que sabrá contemplar, alguno, o no, casi todos. La procesión pasa y esgrime una pretendida belleza como argumento para atraer y transmitir, para comunicar esa fuerza que transforma. ¿Es la procesión una efímera obra de arte?

Yo respondería con un rotundo sí. Una obra de arte cristiano. En figura de Nacho Pérez de la Sota compartida el pasado mayo en una tertulia a la que acudí, verdadero "teatro sacro". Entiendo que solo desde esa concepción es factible que la procesión sea bella y cumpla sus objetivos. Y será bella cuando sus actores sean artistas que aspiren a comunicar a través de su obra conjunta, donde el genio personal de cada uno se ordena a criterios definidos, aceptados y queridos, pensados y asumidos tras invocar al Espíritu. Será bella si a ellos les parece bella, si ellos la hacen bella, si han educado su gusto predispuesto para ser complacidos y complacer  mediante la procesión. La espontaneidad en el anuncio de la fe, que el Espíritu también puede suscitar, tiene su lugar ordinario en otros contextos. La procesión-función, sin embargo, resultará bella si es uniforme porque nos hablará de comunión y unidad; si es repetida y hasta previsible, porque nos revelará constancia y firmeza; si es versátil sin perder su sello, porque sabrá pronunciarse sin malinterpretar. Así, respetaría el libreto con fidelidad al autor del texto, la tradición de la Iglesia en un sitio concreto, del que la cofradía-directora ha hecho su adaptación al tiempo y los cofrades-actores tienen la responsabilidad de llevar al escenario-atrio callejero. En el patio de butacas y las plateas conviven fervorosos, curiosos, indiferentes y algún hostil que se asomó al ver la puerta, abierta siempre. Todos, sin excepción, público al que complacer la vista, el oído… y el espíritu.

En el lento proceso hacia la belleza de una procesión se parte de una dignidad que se da por supuesta pero que, a veces, no conseguimos. No es digno, es decir, no alcanza una calidad aceptable, que se salga con zapatillas de deporte en lugar de zapatos como hacen decenas de cofrades salmantinos, ni tampoco es digno que en las procesiones extraordinarias participe un porcentaje tan escaso de hermanos y se alarguen los cortejos con representaciones, ni que se convoquen desfiles a sabiendas de que la respuesta será tan limitada que realmente no obedecen a un criterio pastoral sólido, ni que se procesione con imágenes de categoría insuficiente y hasta ínfima o con elementos superfluos. Es cierto que en Salamanca salen procesiones bellas, pero no lo es menos que salen procesiones indignas. La aplicación efectiva de la Asamblea Diocesana demanda como objetivo a medio plazo la belleza de las procesiones, pero exige a corto la dignidad de todas ellas.


viernes, 30 de junio de 2017

F. Javier Blázquez

Carlos López, obispo de Salamanca, en la promesa de silencio de la Cofradía de Cristo Yacente | Foto: Pablo de la Peña

30 de junio de 2017

Andamos ya por esas fechas que al mediar el año natural señalan el final del curso. Andamos con los dimes y diretes que, a modo de avanzadilla, anuncian cómo va a quedar estructurada nuestra diócesis tras la Asamblea diocesana. Y como así andamos, lo suyo sería, por ende, esperar para opinar hasta que se hayan aprobado las propuestas enviadas y las resoluciones sean comunicadas de manera oficial. Pero claro, como parece que los crecientes runrunes entre quienes beben de las fuentes más directas de la curia afirman que todo va ya bien atado, nos vamos a arriesgar a esbozar unas impresiones generales que, mucho me temo, no van a ir muy desencaminadas.

Pues por lo que a las cofradías se refiere, que en este espacio es lo que interesa, parece que van a quedar más o menos como estaban, es decir, en el limbo diocesano, sin una consideración específica y perdidas entre la maraña de la nomenclatura eclesiástica que incrementa la ineficacia de manera exponencial a su grandilocuencia. Hablan, los que saben, de delegaciones, secciones, secretariados y no sé cuántos organismos más, creados ad hoc para tal o cual cura, porque todos los que pintan siguen siendo curas. Para qué cambiar aquello que funciona. Unos dicen que las cofradías pasarán a depender de liturgia, y chiste nos parece, ¿verdad que sí? Otros creen que esta vez, aunque sea desde la liturgia, sí saldrá un rinconcito para la religiosidad popular, aunque sin embargo no piensan incluir ahí a las cofradías, porque la piedad popular es algo difuso y estas instituciones tienen que ser homologables a los movimientos (ya saben, Opus Dei, Comunidades neocatecumenales, Legión de María, Comunión y Liberación…), con la diferencia que dependen directamente de la diócesis. ¿No lo ven razonable? Yo pienso lo mismo. Hay quien por contra manifiesta, en una línea más conservadora y enlazando con lo anterior, que deberían quedarse en apostolado seglar, pero añaden a continuación que puede que no sea así porque desde la liturgia se controlan mejor, aunque ya me explicarán cómo. Total, que en medio de este marasmo nada hay claro salvo dos cuestiones: la certeza de que no habrá ni delegación, ni sección, ni secretariado, por un lado, ni se considerarán tampoco en el ámbito de la religiosidad popular.

¡Ah!, y por cierto… ¿de qué cura dependerán? Porque esa es otra y no menos importante. Los rumores apuntan a que cómo para ellas no ha nacido aún al clero la persona idónea, pues el cajón de sastre del vicariato parece lo más oportuno. Supongo que será por eso de buscar ante todo la eficacia, que la experiencia es siempre un grado.

Y así andamos por estas fechas de final de curso, con buen tiempo, elucubrando sobre algo que aún no sabemos. Aunque vete tú a saber, que lo mismo nos llevamos la sorpresa y no sale como pensamos. Pero esta posibilidad, la contraria al runrún de los mentideros, en las casas de apuestas se cotiza mucho, mucho-mucho.

No lo sé, pero a veces tiene uno la impresión de que andamos con exceso de palabrería, construyendo castillos en el aire e interpretando el Cerca de ti, Señor mientras el barco se hunde de manera inexorable… En definitiva, que lo que haya de ser será, que aprueben y decidan bien quienes tienen la potestad y la responsabilidad de hacerlo y, al final, que sea lo que Dios quiera. Feliz verano.


viernes, 21 de octubre de 2016

Tomás González Blázquez

Jesús Resucitado, en la Plaza Mayor de Salamanca | Fotografía: Heliodoro Ordás

21 de octubre de 2016

No abundan los planteamientos pastorales bien definidos sobre cofradías. Muchas diócesis españolas donde constituyen una realidad notable tampoco los tienen. Iniciativas existen, intentos exitosos o fallidos también, pero la "pastoral cofrade" no ha adquirido entidad propia en demasiadas iglesias locales. Algunas han dispuesto normas que regulen esas instituciones, ciertos obispos han escrito cartas pastorales buscando orientar a las hermandades, varias diócesis tienen su delegación de cofradías o algún departamento vinculado al apostolado de los laicos, como el caso salmantino con la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, pero aún no se ha generalizado. Si las cofradías, asociaciones erigidas por el obispo, no han sido objeto de una pastoral específica y diferenciada, menos aún la religiosidad/piedad/mística popular, "encauzada" a veces por hermandades, otras por rectores de santuarios, algunas por comunidades religiosas, y presente en el día a día de la vida espiritual de parroquias y familias. Tampoco la Conferencia Episcopal Española ha logrado poner en práctica una pastoral cofrade, más allá de convocatorias muy puntuales.

Siendo así, la Asamblea que acaba de celebrar la Diócesis de Salamanca, que a algún admirado vecino de columna le resulta de corto alcance en su modestia, en esto ha querido ir un poco más lejos que pretéritos sínodos o no tan remotos planes de pastoral. A diferencia de aquellos y de la acción ordinaria de las parroquias, alguna con muchas hermandades en su demarcación, no ha ignorado la compleja realidad cofradiera. En las enumeraciones más generalistas las cofradías y hermandades por fin aparecen mencionadas como entidad propia, con el nombre con el que sus miembros se sienten reconocidos y comprometidos, por muy asociaciones públicas de fieles que sean en su personalidad jurídica dentro de la Iglesia. Llamar a las cosas-cofradías por su nombre ayuda a llamar a las personas-cofrades con más posibilidades de respuesta, y esta Asamblea Diocesana, en su documento finalmente aprobado, lo hace en varias ocasiones. Una de ellas, para reconocer la "valiosa aportación" de las cofradías e invitarlas "a una renovada conversión espiritual y pastoral". Entiende que "son de vital importancia en muchos sectores apostólicos, porque contribuyen a la evangelización en el espacio público de la vida diaria". También son mencionadas cuando se subraya la necesaria colaboración de la delegación diocesana de Pastoral Juvenil con las comunidades donde hay jóvenes, entre ellas las cofradías. Como propuesta concreta de mayor calado, en el espacio que el documento dedica a la pastoral de los laicos, aparece ésta: "Dotar a las cofradías y hermandades de un marco normativo diocesano que ayude y oriente en su renovación espiritual y acción pastoral y contribuya a su inserción eclesial". Que ayude, oriente y contribuya. Renovación espiritual, acción pastoral, inserción eclesial: suena mucho a la homilía de Francisco en el Encuentro Mundial de Cofradías con motivo del Año de la Fe. Buen punto de partida. Dicho queda y ahora corresponde ponerlo en práctica.

Y como Evangelii Gaudium, la exhortación programática de Francisco, marca la Asamblea Diocesana salmantina, la piedad popular pesa en el documento como en el texto papal. En cuanto al análisis de la realidad, se detecta "un resto de presencia religiosa en la vida social manifestado especialmente en la religiosidad popular (fiestas populares, Semana Santa, procesiones, romerías)". Este "resto", otrora obviado o mirado despectivamente, cada vez goza de más simpatías que recelos: no puede ser visto como un "resto" de superstición sino como un "resto" de fe. Por eso, fiel al magisterio pontificio, aparece como una de las actitudes y criterios para la renovación espiritual de la Diócesis la siguiente: "Acompañar al Pueblo de Dios en su mística popular" (EvGa 124). Junto a una extensa cita de Pablo VI como nota al pie (Evangelii Nuntiandi 48), se indica que "esta riqueza de la piedad popular, este precioso tesoro, también de nuestra Diócesis, debe despertar en nosotros así mismo la espiritualidad de la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar (Ev Ga 125), y acompañar, iluminando y encauzando hacia una mayor autenticidad evangélica. Y dejarnos nosotros también guiar a vivir una fe sencilla, humilde y confiada. Todo ello es manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones". Esta valoración se plasma en el capítulo de propuestas con la sugerencia de "buscar caminos para que todas las prácticas de piedad popular contribuyan a la renovación espiritual de las muchas personas que en ellas participan y preparar con cuidado especial las fiestas patronales, fiestas en ermitas y santuarios, las celebraciones de la Semana Santa…".

El documento de la Asamblea, instrumento de trabajo para el futuro inmediato de la Diócesis y manual a seguir durante los próximos años, abre puertas a una pastoral cofrade definida, a un enfoque respetuoso y positivo de la piedad popular, y a numerosas y necesarias transformaciones que dependerán de todos los que, con prudente paciencia y valiente decisión, se animen a aplicarlas. Empezando cada cual por uno mismo, por supuesto. En el primer Lunes Cofrade del curso, el pasado 17 de octubre, dedicado a presentar la Asamblea a las hermandades, el obispo perfiló el marco normativo como "un traje a medida" que debiera ser recibido "más que como unas normas, como un proyecto pastoral". Fue a coincidir el encuentro con don Carlos con la inauguración de la muestra fotográfica del cartel de Semana Santa, una simultaneidad de esas tan habituales en Salamanca, aunque se reveló compatible la asistencia a ambos actos. Sin embargo, al menos en el acto de la Casa de la Iglesia, se ausentaron varias juntas directivas de hermandades, la mitad de las penitenciales de la capital. Otro clásico: nunca dejan de subir las escaleras del Ayuntamiento, siempre les cuesta ascender la de Calatrava. ¿Acaso no interesa, agrada, preocupa, inquieta, interpela, a todas nuestras cofradías que la Diócesis reunida en Asamblea haya hablado de ellas, una parte tan relevante de la Iglesia salmantina?


lunes, 3 de octubre de 2016

F. Javier Blázquez

Alumbrantes, durante una procesión de Semana Santa | Foto: ssantasalamanca.com
03 de octubre de 2016

La secularización continúa avanzando y en España todavía no hemos tocado fondo. Quizás en alguna comunidad autónoma del norte se esté a punto al no quedar ya mucho margen para el descenso de la práctica entre los cristianos. Esta afirmación de carácter general podría requerir algún matiz, pero en líneas generales más o menos resulta válida. En nuestra diócesis, por ejemplo, la caída de la práctica religiosa se observa atendiendo al número de feligreses que acuden los domingos a la celebración eucarística. Parroquias en las que hace quince años, a poco que te rezagases, pasabas la misa en pie, hoy apenas llenan la cuarta parte de sus bancos. Y bajando. La concentración de parroquias, a partir del programa diocesano de las UAPAS, es ya una realidad. La supresión de misas y el cierre de algunos templos, por falta de sacerdotes y de fieles, está ya ahí. Son los tiempos que corren y en ellos hay que vivir y actuar. El lamento, por tanto, cuando hablamos de estas cuestiones, no tiene sentido ni resulta constructivo.

Pero en medio de este panorama, para algunos desolador, se constata también la presencia de otras realidades eclesiales que invitan a la esperanza. Por un lado, el rigorista, estaría la presencia de esos movimientos apostólicos, comunidades y demás carismas que desde Vaticano II han ido afianzándose en el seno de la Iglesia y permiten demostrar que esta institución sigue estando muy viva. Evidentemente habría que realizar varias observaciones, porque, dicho lo principal, también es cierto que su carácter de exclusividad choca muchas veces con la universalidad inherente al catolicismo. Este medio, sin embargo, no es el espacio adecuado para analizar el hecho. Baste solo su constatación. Por el lado opuesto, evidentemente, está la explosión de esa religiosidad popular en la que se desenvuelven nuestras cofradías de Semana Santa.

Denostada y perseguida por algunos, mayoritariamente mal entendida en los años de purificación que siguieron al concilio, esta expresión popular de la fe resurgió con fuerza mientras avanzaban los ochenta de la centuria anterior. Brotó de manera incontrolada en muchos sitios, salvaje llegó a decir algún antropólogo iberoamericano. Y con ello hubo que convivir, sin saber casi nunca, por parte de la jerarquía, cómo abordar el asunto sin causar escándalo, sin parecer autoritaria, sin salir chamuscada ni dejar los pelos del lomo en la gatera. Luego, a medida que el reemplazo generacional entre la grey fue evidenciando los estragos de la secularización y los templos se vaciaban, algunos descubrieron que al menos las formas sí eran cristianas y estos parajes podrían convertirse en terreno para la labranza. Hubo, no muy lejos, hasta quien cambió el discurso y el problema de antaño pasó a ser bendición y riqueza para la Iglesia. Y comenzó la domesticación, la oficialización de lo popular, según describía Rodríguez Pascual. Directorios, normativas diocesanas, intervencionismo… No juzgamos, solo constatamos, porque la normativa es necesaria siempre que se aplique con tiento y caridad.

Y en esta fase del proceso estamos. Hay diócesis, sobre todo las sureñas, que llevan adelanto. Otras aún no se lo han planteado. En Salamanca, después de varios intentos que quedaron en desiderátum, parece que con los bálsamos asamblearios, por fin, las cofradías serán tenidas en cuenta. En todo caso, lo que sí es cierto es que, aunque a alguno le repela, la realidad es tozuda y, hoy en día, más en las circunstancias que estamos atravesando, no se puede abordar la realidad eclesial sin atender adecuadamente, mediante una pastoral específica, la piedad popular. Es, volviendo a lo anterior, el otro ámbito donde comprobamos que la Iglesia sigue viva. Pero, de la misma forma que en el polo opuesto, el elitista-rigorista, pese a todos los aspectos positivos, que son muchos, habría también que revisar unos cuantos procedimientos, en la religiosidad popular siguen estando presentes la mayor parte de sus servidumbres tradicionales. Y ahí no queda más remedio que entrar.

Urge una pastoral específica, que crea firmemente en los cofrades como hijos de la Iglesia y trate de integrarlos en su seno como cristianos verdaderos, al menos en el cumplimiento mínimo. Pero ojo, que este acercamiento desde la jerarquía al mundo cofrade comienza a destapar nuevos peligros. Valorar y dignificar las devociones populares no quiere decir que haya que potenciarlas o bendecirlas cuando carecen de sentido. Es necesario, como dicta la razón, proceder con naturalidad, apertura y carácter integrador. Porque si no es así, lo bueno se convierte en empalagoso, llega a hartar y el remedio comienza a ser peor que la enfermedad. Y hete aquí que nos vamos encontrando con una nueva generación cofrade, demasiado imbuida por lo genuino de otros lares, a la que le ha dado por organizar al por mayor cultos, procesiones y demás funciones religiosas que retrotraen a tiempos posconciliares, pero tridentinos. Y este abuso para nada es bueno, porque resulta impostado, vacío de contenido, sin trasfondo espiritual. La trasposición temporal (lo mismo que la espacial cuando se implanta sin más lo ajeno) carece de sentido. Lo que funcionó en el siglo XVII no puede funcionar en el XXI. ¿Acaso no convocó Juan XXIII Vaticano II? ¿Por qué, entonces, esos puentes que algunos tienden por encima de sus postulados? Ahí los pastores deberían velar, hilar muy fino, verificar autenticidades tras los oropeles. La máxima aristotélica del justo medio que lleva a la virtud y, en definitiva, a la felicidad, continúa estando vigente, para esto y para todo.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Pedro Martín

Un momento de las sesiones finales de la Asamblea Diocesana celebradas en septiembre | Foto: Diócesis de Salamanca

26 de septiembre de 2016

Hace ya diez meses, por el mes de noviembre del pasado año, escribía en este mismo medio un artículo en el que reflexionaba sobre la importancia de Asamblea Diocesana para los cofrades y la posibilidad de participar en las dos fases finales para que las propuestas llegaran al documento final.

Pues bien, desde el pasado día 15 de septiembre estamos en las sesiones finales de la Asamblea donde 236 asambleístas representan a los más de 200 grupos que han presentado aportaciones y a los distintos sectores de nuestra diócesis. Entre todos estamos reflexionando, trabajando y proponiendo cambios en el documento final que lleven a una redacción que sea aprobada por una amplia mayoría.

De esta presencia diversa de nuestra diócesis, la representación cofrade es pobre en cantidad, pues no llega a la media docena, triste número en relación a los 17.000 miembros de hermandades que se estima hay en ella. Esta es nuestra realidad, de espaldas a la diócesis y, en consecuencia, en muchas ocasiones ésta con un gran desconocimiento del mundo de las cofradías. Insisto, es nuestra realidad: con tan sólo un grupo cofrade apuntado a la Asamblea tampoco podemos pedir tener más voz de la que tenemos y, como decía el año pasado, luego diremos que no nos escuchan ni nos tienen en cuenta.

La escasa cantidad de asambleístas cofrades no significa que no seamos oídos ni tenidos en cuenta. Somos pocos pero guerreros y defendemos los cambios en nuestra diócesis con ardor y pasión cofrade hasta el punto de conseguir que en la parte del documento final ya aprobada se hagan referencias explícitas a las cofradías que de otro modo habrían quedado en el tintero.

En los caminos de renovación en nuestra diócesis hay una referencia expresa a "acompañar al pueblo de Dios en su mística popular" que bien defiende el Papa Francisco en Evangelii Gaudium y en las propuestas de renovación espiritual, pastoral y estructural, todavía por aprobar, hay algunas sugerencias muy interesantes en orden a tener en cuenta a las cofradías y a los cofrades, pero todo esto dependerá de la redacción final y de la acogida que tengan las propuestas en nuestras cofradías ya que también se nos va a pedir a nosotros una auténtica renovación espiritual, pastoral y estructural que las haga más vivas y útiles para la evangelización.

La semana que viene acaba esta fase final de la Asamblea, y con este tiempo debe empezar un periodo para nuestra diócesis y nuestras cofradías. Aprovechémoslo, no nos quedemos de nuevo al margen de los cambios que se avecinan, tengamos presencia y disponibilidad para participar en esta tarea en los próximos años.


jueves, 7 de julio de 2016

Pedro Martín

Los Azotes, a su paso por la calle Domínguez Berrueta en la tarde del Vienes Santo | Fotografía: Pablo de la Peña

07 de julio de 2016

El pasado mes de abril, nuestro obispo firmaba los nuevos estatutos de la Junta de Semana Santa y con ello iniciábamos una nueva etapa que, en materia normativa, obliga a las cofradías que forman parte de la citada Junta, que se define como una confederación de asociaciones públicas de fieles de Semana Santa de la ciudad de Salamanca.

Pero la realidad cofrade va más allá de los límites geográficos de la ciudad para impregnar toda la diócesis. Gracias a Dios tenemos cofradías en innumerables localidades y, en ocasiones, con mayor pujanza e importancia que  algunas de la capital. Tampoco podemos olvidar que la religiosidad popular es rica, muy rica y variada y extensa en el tiempo litúrgico, no circunscribiéndose en exclusividad a la Semana Santa. Al contrario, son muchas más las hermandades llamadas de Gloria o de los Santos que las propias de la Pasión.

Y bien, teniendo ya una normativa para las primeras, ¿qué ocurre con las demás? Incluso, ¿cómo es la relación con la diócesis de todas, incluidas las de la ciudad? Pues a nivel normativo, salvo lo establecido en el derecho canónico de forma general, no tenemos nada.

Quizá ha llegado el momento de completar este marco y elaborar unas normas diocesanas para las cofradías que recojan de forma sucinta pero clara el funcionamiento de nuestras asociaciones a nivel diocesano, de manera que queden recogidas en ellas aquellos aspectos que se escapan a la normativa propia en forma de estatutos o reglas, y que complementen los estatutos de la Junta de Semana Santa para que todos sepamos a qué atenernos.

Recientemente se han publicado normas en varias diócesis con una rica vida cofrade y con una  atenta lectura de ellas podemos  perfilar varios temas que quedan claramente recogidos en todas o en alguna de ellas y que bien podrían ser las bases de nuestra futura normativa.

Destacaría en primer lugar la importancia que le dan a la pertinencia de nuevas cofradías y quién puede erigirlas, quedando claro que esta competencia, sin duda, es exclusiva del obispo. Parece lógico. Y, además, inciden en la motivación y fin concreto de manera que sea pastoralmente útil al bien común, valorando  todas las circunstancias de cada caso, número de fieles, actos de culto público, evitando los personalismos y las divisiones o escisiones de otras cofradías y algo muy razonable, pero no por ello muy común, considerando incorrecta la adquisición de imágenes con anterioridad a la erección canónica de la cofradía, o sea, lo que toda la vida se ha llamado empezar la casa por el tejado.

Insisten también varias de las normas en la necesidad de que las cofradías se agrupen en cada localidad o parroquia si solo existiera una y, por supuesto, con reglas o estatutos conforme al derecho canónico. Aquí sí que  nos queda trabajo por delante. Pero una norma básica ayudaría a ir poniendo en orden toda la riqueza cofrade de nuestros pueblos, sin prisa pero sin pausa.

En relación a su vida eclesial, no descuida la integración en la vida diocesana. Al contrario, la potencia y alienta la cooperación pastoral en el ámbito parroquial y la necesaria contribución económica de forma proporcionada a la diócesis, punto este polémico, pero  al igual que pedimos transparencia, deberíamos al menos hacer nosotros lo mismo y presentar las cuentas en nuestro obispado y si fuera necesario aportar los fondos que se necesiten.

Con referencia a los hermanos, recogen quién puede serlo y quién no, y de forma especial quién puede ostentar un cargo de junta de gobierno, con condiciones en algunos casos hasta de una mínima formación o compromiso de adquirirla. Y esto tampoco parece descabellado. Qué menos que tener una  cierta formación básica cristiana para formar parte de una junta que representa una asociación pública de fieles.

Uno de los últimos aspectos que me gustaría resaltar es el de las salidas extraordinarias, buenas en sí mismas si son razonables y razonadas  y van acompañadas de un programa de acción pastoral, caritativa y social, pues de otra manera nos quedaremos en un mero desfile procesional más y pasaremos de lo razonable al abuso desmedido. Y de aquí a la restricción como ha ocurrido en no pocas localidades del sur de España. Ya en los estatutos de la Junta de Semana Santa se apunta una cierta regulación en coordinación con la diócesis que podría complementarse con las normas diocesanas.

Como vemos son aspectos muy  razonables y que, en caso de incumplimiento, también tienen su parte sancionadora, llamándome la atención que incluso puede llegar a la prohibición de la procesión o a la suspensión de la cofradía, según la gravedad de los hechos.

Quizá la oportunidad de los recientes estatutos y la próxima celebración de la Asamblea Diocesana donde debatiremos los cambios espirituales, pastorales y estructurales de nuestra diócesis nos permitan dar el paso definitivo para renovar, también a su vez, nuestra vida cofrade diocesana con la ayuda del Espíritu Santo para que de abundantes frutos.


jueves, 5 de noviembre de 2015

Pedro Martín

Un hermano de Amor y Paz carga una cruz de madera en la marcha penitencial del Jueves Santo | Foto: Pablo de la Peña

05 de noviembre de 2015

Estamos en Asamblea, seguimos en Asamblea, aunque no lo parezca, algo se está moviendo en la diócesis, y las cofradías no pueden ni deben quedarse al margen. Ya pasó la "fase de sensibilización" y el primer tiempo de la "fase de discernimiento", donde reflexionamos sobre la "renovación espiritual". Y sin dilación, nos encontramos ya en el segundo tiempo de ésta, ahora con el reto de hacer una verdadera "renovación pastoral" de nuestra diócesis.

Este tiempo llegará hasta el 2 de febrero, e inmediatamente comenzará el tercero y último, que tiene como fin la "renovación de personas, instituciones y estructuras". Casi nada. Pero hay que ser ambiciosos si queremos que nuestra Iglesia doméstica esté viva y esto es lo que me preocupa: que en esta revitalización, que sin duda se debe producir y se va a producir con la ayuda del Espíritu Santo, las cofradías, una vez más, se queden al margen.

Esta vez no será porque no nos dejen o no nos escuchen, pues la Asamblea está abierta a todos y las cofradías, siendo el grupo de laicos más numeroso en la diócesis, tiene un solo grupo de Asamblea de los más de 150 que están funcionando. Seguro que muchos cofrades están participando en los grupos constituidos en parroquias o movimientos a los que pertenecen, pero el ámbito cofrade que es tan específico estará poco representado en la Asamblea allá por el mes de mayo.

Las aportaciones que hagamos desde los grupos servirán para elaborar las ponencias que se lleven a la misma, pero si las aportaciones en clave cofrade no llegan a la Asamblea será porque nadie las ha hecho. Estamos a tiempo de aportar todo aquello de lo que hablamos año tras año y curso tras curso, de reflexionar sobre qué papel queremos tener en la diócesis, qué pastoral específica queremos como cofrades, qué personas, estructuras e instituciones queremos que nos representen y relacionen con el resto de la diócesis. Pero también qué exigencias de protagonismo estamos dispuestos a asumir con responsabilidad y con Alegría en la Evangelización de nuestra Iglesia particular y, en especial, en nuestro ámbito cofrade.

Que nadie diga en junio cuando termine la Asamblea Diocesana y tengamos las conclusiones "a mí no se me preguntó" o, como siempre, "a las cofradías no nos hacen caso". Es el momento de aportar todo aquello que pensemos que puede mejorar el funcionamiento de nuestra diócesis y, por ende, de nuestras cofradías.


jueves, 4 de junio de 2015

Tomás González Blázquez

Miembros de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz portan la Custodia | Fotografía: ssantasalamanca.com

04 de junio de 2015

El próximo domingo la ciudad de Salamanca celebra la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Corpus Christi. Localidades de la diócesis como Vitigudino o Ledesma lo celebran hoy. También Toledo, Granada o Sevilla. Volveremos a leer o escuchar que pasándolo al domingo hace ya varios años, debido a la regulación de días no laborables, se faltó a una costumbre de siglos. La realidad es que, allí donde la tradición del Corpus se ha cuidado, se ha sabido adaptar a los tiempos y, con ello, mantener vigente, poco ha importado si se quedó en el jueves o pasó al domingo. Cuenta con el favor popular y eclesial. Brilla. Atrae. Subraya el centro de la fiesta: Dios Eucaristía. Reluce más que el sol en domingo o en jueves.

No es el caso de nuestra ciudad, que tuvo en el Corpus, sin duda alguna, su fiesta principal. La actual celebración diocesana, presidida por el obispo, no reúne a demasiados fieles, o no a tantos como sería deseable. El ya mermado presbiterio no da ejemplo a sus comunidades acudiendo en masa. La indicación pedagógica de suprimir los cultos a la hora de la Misa y la posterior procesión tampoco es debidamente atendida. Los niños y niñas de primera comunión, o no reciben la invitación diocesana a través de sus párrocos, o no son motivados para asistir. El desfile con el Santísimo Sacramento por las calles tiene un valor en sí mismo, es una bendición continua y una afirmación de la presencia real del Señor bajo la apariencia de pan, pero muchos convienen en que su desarrollo podría revisarse.

Recogiendo estas inquietudes, la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades ha presentado un proyecto integral de mejoras para la celebración del Corpus Christi, respondido positivamente por el Cabildo Catedralicia hace apenas unos días, por lo que en los actos de este año simplemente se apuntarán algunas de esas novedades propuestas. Aguardan sobre el papel, comprometidas para el Corpus Christi 2016, sugerencias como el pregón eucarístico, un cartel anunciador, divulgación de la literatura o la música inspiradas en la Eucaristía, una vigilia diocesana unificada o la coordinación con Cáritas, que celebra el Día de Caridad. Serán visibles este año los altares a lo largo del recorrido, dedicados a los centenarios de Santa Teresa de Jesús y San Juan Bosco y al Año de la Vida Consagrada. Bien podrían hallar continuidad a cargo de cofradías, parroquias, colegios o movimientos, para próximas ocasiones. No como una carrera o un concurso, sino como un efímero retablo que vuelva diversas miradas de la fe hacia la Eucaristía.

El resultado de este incipiente proceso es aún incierto. Dependerá del interés de la Iglesia de Salamanca en sus numerosas personas e instituciones. Entre los cofrades, que desde hace algo más de una década han ido engrosando el cortejo procesional del Corpus hasta suponer el tramo más largo, se invocaba su reforma. Desde su ente diocesano, la Coordinadora, una realidad todavía pequeña pero con vocación integradora, se ha querido sugerir una posibilidad. La Catedral, que es madre, aunque, a decir de algunos, le sale mejor el papel de madrastra, parece ir poniendo de su parte. La Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, la Adoración Nocturna y otros movimientos eucarísticos, también están llamados a potenciar el cambio. Si se unen con decisión las parroquias y las comunidades religiosas, si se ve claro en este tiempo de Asamblea Diocesana que la Eucaristía cimenta toda renovación espiritual, tendremos un Corpus Christi cada vez más reluciente.


jueves, 16 de abril de 2015

Tomás González Blázquez

Tres cofrades portan la cruz de la Asamblea Diocesana en la procesión del Vía Crucis | Fotografía: Pablo de la Peña

16 de abril de 2015

El pasado 21 de febrero arrancaba con una celebración en la iglesia de la Purísima el tiempo largo de la Asamblea Diocesana, el de reflexión y discernimiento, que se prolongará hasta que en la primavera de 2016 tenga lugar la asamblea propiamente dicha, el momento de debatir y votar las propuestas planteadas para la renovación espiritual, pastoral y estructural de la Diócesis de Salamanca. Éste es el objetivo de la Asamblea, una renovación de la Iglesia local, y así lo ha planteado el obispo de Salamanca atendiendo la orientación sugerida por el Papa Francisco a todas las comunidades eclesiales.

¿Y cómo se recaban esas propuestas renovadoras que habrán de determinar el futuro próximo de la Iglesia en Salamanca? Todo individuo o institución puede aportarlas, pero fundamentalmente se ha previsto que sean fruto del trabajo de los Grupos de Asamblea, grupos efímeros de entre cinco y quince miembros que, durante poco más de un año, se comprometen a mantener algunas reuniones, seguir algunas pistas o materiales, reflexionar acerca de lo que hoy precisa la Iglesia y abrirse a cierto compromiso misionero, tomando el pulso a la realidad que nos rodea y dando un sencillo testimonio cristiano. Cuando firmo estas líneas, el número de grupos se aproxima al centenar y el de personas integradas en ellos, al millar. Sólo uno, que ha escogido por nombre "Cofrades", está vinculado a una institución relacionada con las cofradías, en este caso la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, que lo ha impulsado. Ocho son sus miembros.

Este dato demoledor exige algún comentario. ¿Acaso sólo ocho cofrades están interesados en la Asamblea, de los varios miles que hay en toda la Diócesis? Indudablemente no. Habrá muchos que no hayan podido integrarse en algún grupo pero participarán menos activamente a través de otros medios: encuentros, actividades misioneras, celebraciones, la peregrinación de la Cruz que ya han acogido algunas cofradías... Otros sí estarán en grupos de Asamblea, creados en parroquias, movimientos, colegios, etc. en los que estén comprometidos. La cruda realidad es que sólo la centésima parte de los grupos acoge en su nombre y en su planteamiento de formación el mundo de las cofradías y de la piedad popular, y no podemos aceptar que sólo la centésima parte de la renovación espiritual, pastoral y estructural de la Iglesia de Salamanca pasa por las cofradías y la piedad popular.

Entonces, ¿qué peso puede tener en la hora conclusiva y decisoria de la Asamblea lo que propongan o voten los cofrades? ¿Habrá más cofrades votando dos o tres días en la Asamblea que trabajando un año en los grupos? ¿Qué han hecho las cofradías para dar a conocer la Asamblea a sus miembros? Es verdad que a la Asamblea se dedicó un Lunes Cofrade de los que convoca la citada Coordinadora, el de noviembre. Que ha tenido cierta cabida en algunas juntas generales y cabildos y en algún boletín de cofradías. Que el obispo ha hablado directamente a los cofrades sobre su presencia en la Asamblea a través del saludo en la revista "Christus". Y que en todos los documentos de la Asamblea se ha mencionado expresamente a las cofradías y se las contempla como una realidad eclesial de referencia, corrigiendo una omisión habitual.

Pero es verdad también que muchas de las juntas directivas de nuestras hermandades siguen situando lo diocesano y lo pastoral en un tercer o cuarto escalón de sus prioridades, ignorando los fines estatutarios de sus asociaciones. Por poner un ejemplo, es raro que falten a las reuniones de la Junta de Cofradías de Semana Santa, es casi imposible cuando toca a rebato el alcalde y no falla ni el apuntador al acto que sea en el Ayuntamiento, pero si el convocante es el obispo o la Coordinadora Diocesana de Cofradías, si toca ir a la Catedral, a Calatrava o a compartir una oración, entonces las deserciones se multiplican, no pasa nada por faltar, y con cada ausencia se va achicando el lugar de las hermandades en la Iglesia y va descendiendo el volumen de su voz. Por poner otro ejemplo: ¿qué presencia tienen en las reuniones, cartas y medios de difusión de las cofradías las propuestas pastorales diocesanas, que casi siempre son un subsidio porque desde las cofradías no se ofrecen? ¿Se difunden o se criban, como se ignoraba a las cofradías otrora en los planes diocesanos? Es inevitable preguntarse si no es precisamente esta separación Diócesis-Cofradías lo que buscan algunos cofrades con mando, instalados en la cómoda postura de "la Iglesia no cuenta con nosotros", hablando así en tercera persona de lo que somos como identidad indudable. La misma separación que predicaba casi todo el clero diocesano hace unas décadas, y que se demostró nefasta para clero y cofradías.

Estamos muy a tiempo de que la Asamblea Diocesana sirva para renovar nuestra Iglesia salmantina, necesitada siempre de nuevo vigor y de reforma, y ahora especialmente. Estamos a tiempo también de que las cofradías, con sus capellanes, presidentes y hermanos mayores a la cabeza, se hagan presentes en la Asamblea, formen grupos, hagan una parada en sus rutinas y aprovechen esta oportunidad para reivindicar el justo y relevante puesto que corresponde a la realidad cofrade en la Iglesia. Que seamos críticos y autocríticos, que exijamos y nos comprometamos, que llamemos la atención sobre tantos asuntos… ¿Acaso no hablamos continuamente de los problemas que hay con el Cabildo, con la Clerecía, con los embarrancados estatutos de la Junta de Semana Santa ocho años después de que se le instase a cambiarlos? ¿Acaso no debatimos sobre identidades y vigencia de tradiciones, enfrascados en reorganizaciones sin diálogo previo y en análisis complementarios que se confunden con enfrentamientos? ¿Acaso no pensamos que también va para las cofradías la sugerencia del papa Francisco de renovarse? ¿O somos perfectos y no necesitamos reformas? ¿O nos declaramos perdedores ante el escepticismo y la apatía? ¿O esperamos que alguien haga por nosotros el recorrido que debemos hacer como cofrades en la Iglesia de Salamanca? Como diría la gran Teresa, "ya es tiempo de caminar".


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