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viernes, 12 de junio de 2020

Paco Gómez

Las hermanas de carga de María Nuestra Madre culminan la subida de Tentenecio | Foto: Manuel López Martín

12 de junio de 2020

Le puso la mano en la testuz y dijo: "tente, necio". 
El morlaco se amansó y no hubo más problema.

(Juan Manuel Sánchez Gómez, 
Retazos de la vida de San Juan de Sahagún)

Salamanca celebra en las circunstancias que de momento marcan nuestra vida la festividad de san Juan de Sahagún, su santo patrón. Lo hace con una misa de aforo reducido y casi íntima y con un vago eco en el mundo telemático. Coordenadas inevitables en el hito que suele marcar la llegada definitiva del verano a la ciudad y que ahora nos recuerdan, qué le vamos a hacer, las históricas cancelaciones que no hace tanto vivió el mundo de la Semana Santa.

Así que hoy, pandemia y desescalada aparte, parece un buen momento para reflexionar sobre algunos de los vínculos entre nuestro mundo cofrade y el fraile de agudo ingenio y gran bondad que pasó a la historia como artífice nada menos que de la pacificación de los bandos enfrentados que durante décadas desangraron la ciudad en la Edad Media.

Si debemos empezar por algún lugar, ninguno mejor que la iglesia erigida en honor al santo a finales del siglo XIX en un marcado gusto historicista propio de la época. Un bello edificio surgido en un momento de desaparición de muchos de los antiguos templos de la ciudad, caso de Santo Tomé o San Mateo, y que lleva la firma del arquitecto de la Casa Lis, Joaquín de Vargas.

En su interior, fruto de variados procesos históricos, se encuentran dos de las tallas que conformaron hasta 1972 las salidas procesionales de la desaparecida Cofradía del Cristo de las Batallas, más conocida como de los Excombatientes. Se trata del imponente crucificado Nuestro Padre Jesús del Consuelo y de María Santísima del Gran Dolor. Como conocerán muchos amantes del patrimonio religioso, esta última es una de las piezas más peculiares de nuestra iconografía semanasantera. Se trata de una Piedad de vestir en la que se encuentra también un sagrario dorado en el interior del pecho de Jesús descendido de la cruz.

Imágenes de expresividad barroca en un templo decimonónico pero coetáneas, esto sí, de otro espacio ahora básico para nuestra Semana Santa, la iglesia de San Sebastián. Gracias a una restauración todavía reciente, la sede canónica de la Hermandad del Despojado luce con esplendor la imagen de San Juan de Sahagún en una de las puertas laterales, durante décadas cegada y víctima de una degradación felizmente dejada atrás.

Se trata, por cierto, de una imagen muy curiosa que nos presenta el patrón con la tradicional alusión a la eucaristía pero vestido de una forma particular: con el hábito de colegial de San Bartolomé.

No hay que olvidar que el Colegio de Anaya, de cuyo complejo forma parte la iglesia de San Sebastián, fue uno de los focos de poder más relevantes en todo el país durante más de dos siglos. Los bartolomicos, que llegaron a copar los mejores puestos en la administración regia durante décadas, pensaron en el momento de erigir la nueva iglesia que qué mejor ocasión para recordar que todo un patrón de la ciudad había sido colegial de la institución, en la que ejerció como capellán tras ganarse el puesto con un brillante discurso.

Es llamativo comparar esta iconografía de san Juan de Sahagún con la que acompaña otros momentos de nuestra Semana Santa: el relieve situado justo en la esquina de la calle Traviesa con Libreros en el que, esta vez sí, vemos al patrón con el hábito de fraile agustino y sus características mangas.

El mismo, aunque algo más barroco, que se nos presenta también en la puerta de la Catedral Nueva en el Patio Chico, en la que el santo ocupa un lugar de honor en una hornacina situada a la izquierda.

Y no lejos de allí, claro, Tentenecio. La calle que recuerda uno de sus milagros más populares (aunque curiosamente no recogido en su proceso de canonización) y que hoy se ha convertido en una arteria imprescindible de la Semana Santa.

Allí por donde el santo paró con la fuerza de su palabra al toro, transitan varias de las cofradías en diferentes itinerarios. Humildad, Rescatado, Oración en el Huerto. Aunque yo, por muchos motivos, siempre asocio esa calle con la subida impactante de la imagen de María Nuestra Madre cada Jueves Santo. Una imagen que me emociona desde niño y que, si finalmente tengo la ocasión, me encantará compartir con ustedes desde las tablas del Liceo en un futuro pregón. De momento, una cosa es segura: volveremos a Tentenecio, a recordar la humildad de nuestro patrón, el que nos trajo la paz; volveremos la próxima Semana Santa a contener el aliento esas noches que nos recuerdan la importancia de no rendirse, incluso la vida es una cuesta demasiado empinada.


miércoles, 20 de mayo de 2020

J. M. Ferreira Cunquero

Detalle del Cristo de la Buena Muerte a su paso por la iglesia de San Martín | Foto: JMFC

20 de mayo de 2020

‒Me dicen desde Matacán, que en una hora lluvia y en dos diluvio.

‒¡Qué mala suerte!

‒Lo aseguran tal como te digo. Mucha lluvia. Mucha…

‒Vale, gracias por el aviso, lo tendré en cuenta.

El cofrade mayor de la hermandad, muy contrariado, comunicó la información oficial recibida a sus compañeros de junta y entre todos, por un compromiso ¿cristiano? con su imagen que por milagrera tiene muchos devotos, no tardaron en decidir lo que debía hacerse.

‒Hermanos, puede ser que caiga algo de lluvia, incluso que nuestras zapatillas empapadas nos hagan sentir el frío helador que hace esta noche. Pero la junta de gobierno ha decidido que vamos salir por él, porque es nuestro sagrado titular y porque tenemos que demostrarle que le queremos, con nuestro sacrificio.

El dirigente de la hermandad no pudo concluir sus palabras, pues todos los cofrades que abarrotaban la iglesia aplaudieron al unísono gritando entre abrazos con cierta euforia: ¡Viva nuestro cofrade mayor!

Era tan cortante la heladura que no hubo público en la calle que pudiese certificar la gran hazaña de aquellos penitentes, que herían con gran fe las honduras de la noche.

Como si todos los ángeles estuviesen volcando barreñadas de agua, un imparable torrente, como plomo, empezó a caer del cielo. Los cofrades se vieron obligados a deshacer las metódicas filas y a todo correr buscaron refugio en los escasos portales que ofrecía el largo recorrido.

Como el vendaval no dejaba a los encargados del paso cubrir con cierta garantía la imagen, el experimentado jefe del paso llegó a decir, con suma autoridad: Un buen frote con las bayetas que tenemos preparadas en la iglesia lo va a dejar más guapo que nunca. Si ha aguantado mil mojaduras en 300 años, por una más no pasa nada.

Y así, aquella imagen tan milagrosa salió a la calle un anochecer con certificado de lluvia garantizada. Una talla que, siendo propiedad de la Iglesia y no de la cofradía, en manos de la insensatez sufrió un posible ataque en el corazón más sagrado de su valor artístico.

Lo grave es que los feligreses y la Iglesia permiten estas desdichas que afectan a todos los que pertenecemos a la gran familia católica y a quienes a través de los tiempos seguirán heredando el intemporal espíritu cofrade.

Incluso las imágenes que son propiedad de las cofradías deberían tener una protección cautelar por parte de quienes son responsables de su custodia, ya que las obras de arte se convierten por sí mismas, a través del valor de la historia, en un patrimonio que no hace distinción entre creyentes y ateos, pues el gozo de la belleza artística es un derecho que debe ser resguardado por el bien común con sumo celo.

Alguien debe poner coto a estos desmanes, que por falta de formación una y otra vez se producen, en unos casos por dejación de funciones y en otros por ese pánico a poner las cosas en su sitio, no vaya a ser que se revuelva la prebe…


lunes, 9 de marzo de 2020

José Fernando Santos Barrueco

Sesión del Lunes Cofrade celebrada en la Tertulia bajo el título "Las cofradías en la evangelización de la cultura"

09 de marzo de 2020

El pasado 17 de marzo, tuvo lugar en la sede de la Tertulia Cofrade Pasión, editora de esta revista digital, una jornada del Lunes Cofrade, organizado por la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades. Se abordó el tema de "Las cofradías en la evangelización de la cultura". No pretendo hacer una crónica de lo tratado, sino una reflexión sobre uno de los aspectos que allí se expusieron, relativo al patrimonio de carácter artístico y cultural que atesoran las cofradías, cuya finalidad ha de orientarse a esa evangelización, y al recientemente creado Servicio Diocesano de Patrimonio Artístico y Cultural y de Evangelización de la Cultura.

Estamos ya en fechas próximas a la Semana Santa y el que más y el que menos empieza a sentir el gusanillo que supone vivir las procesiones. Unos (la mayoría) pensando en preparar el hábito, y otros (la minoría de siempre) yendo de aquí para allá para tener todo dispuesto y evitar que la improvisación pueda dar al traste con las ilusiones puestas en la procesión. Aunque esta no es ni debería ser el fin fundacional de las cofradías, que desde su muy remoto origen busca finalidades de carácter caritativo y social, supone para muchos el único objetivo y resulta indudable que es el acto más relevante, el de mayor impacto y el que justifica la riqueza patrimonial de aquellas.

La virtud de la caridad tiene su complemento en la procesión, que se manifiesta como la expresión pública de la fe y esperanza del pueblo cristiano (ya tenemos las tres virtudes teologales), que sale a la calle a rememorar los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, fundamento de aquellas. Como manifestación cultural emanada de la religiosidad popular, contiene las más diversas riquezas de la cultura y artesanía de los pueblos. La imaginería resulta la más significativa (en los pasos que muestran las escenas de aquellos "misterios"), pero no faltan muestras de pintura, talla en madera, orfebrería, forja, bordados, vestuario, música y otras menos extendidas y conocidas.

Como una continuidad de los autos o misterios medievales (piezas teatrales de contenido religioso), la procesión debe tener una cuidada puesta en escena para conseguir su objetivo principal, que no es otro que el de tener un efecto evangelizador en la calle, despertando la compasión y piedad de los que las contemplan, como refleja de manera bellísima e inocente el poema La pedrada, de José María Gabriel y Galán (del que ahora se cumplen 150 años de su nacimiento). A esa puesta en escena se orienta el patrimonio cultural de las cofradías. La disposición de los pasos, el vestuario, las carrozas, los estandartes y guiones, los elementos auxiliares, el acompañamiento musical y hasta el cuidado y decoro del hábito (sin olvidar el calzado), todo debe tener un simbolismo y una liturgia orientada a dicho objetivo.

En un afán muy loable y cargado de buenas intenciones por mejorar y embellecer las procesiones y buscar el mayor lucimiento de las imágenes titulares, las cofradías suelen incorporar nuevos elementos y proceder a restauraciones o sustituciones de antiguas piezas, algunas veces con origen en acciones piadosas y no siempre acertadas (cuando no de mal gusto), que pueden llevar a un efecto contrario al fin evangelizador. En este sentido, no estaría de más, sin menoscabo de la libertad que tiene cada cofradía en la toma de decisiones, buscar la orientación y asesoramiento en todo lo que a patrimonio concierne (incluido el aspecto documental) del Servicio diocesano, nunca con la "política de hechos consumados", que en su corta andadura viene dando muchas y buenas muestras de saber hacer en su programa EvangelizARTE.


lunes, 14 de octubre de 2019

Paco Gómez


14 de octubre de 2019

"Inútil es volver a los lugares olvidados y
perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño"
(La lentitud de los bueyes, Julio Llamazares)

Dos de las grandes Semanas Santas de Castilla y León se llevan movilizando desde hace algunos años con el fin de poner en marcha sendos ambiciosos proyectos museográficos, ambos de costes millonarios, que parece que enfilan ya su recta final. En el caso de Zamora, donde la Junta Pro Semana Santa ya tiene su museo, se trata de tirar el actual y construir uno conforme a los nuevos criterios del siglo XXI. Mientras, León aspira a convertir su antiguo Seminario en un nuevo espacio donde presentar algunas de sus mejores tallas y galas cofrades –"poner en valor", según el inevitable soniquete político–, gracias a la implicación de la Diócesis, el Ayuntamiento y, en menor medida, las cofradías de la ciudad.

León calcula que podrá tener su museo, completada ya la fase más compleja de incorporar una gran cúpula sobre el patio, antes de que acabe este mismo año. Mientras, Zamora, que moviliza una inversión de seis millones de euros para el futuro complejo, estima que estará listo en 2022. Dos noticias de actualidad que vuelven a poner, aunque sea por simple analogía, la eterna cuestión de si conviene o no a la Semana Santa de Salamanca contar con un museo.

Resumamos rápidamente los principales argumentos. A favor, sin duda, que otras grandes semanas santas lo tienen (considerando que Valladolid al fin y al cabo cuenta con el Nacional de Escultura que le hace el mismo servicio); que permitiría redescubrir el valor de algunas tallas ensombrecidas por lugares deficientes de emplazamiento habitual o por falta de culto; y, por supuesto, que sería un vínculo de 365 días al año con la realidad cofrade, una asignatura en gran medida pendiente en nuestra ciudad.

Argumentos en contra. No hay un espacio verdaderamente ideal para crear el museo (la iglesia nueva del Arrabal está algo fuera del "circuito" y ya tiene otros usos) y, fundamentalmente, ahora mismo es impensable que por unos u otros motivos las obras más valiosas (el Flagelado, la Piedad, el Nazareno…) o las de mayor devoción (Jesús Rescatado, la Soledad…) salieran de sus lugares actuales para incorporarse a un museo.

Así que en este círculo sin salida, siempre se puede optar por –algo muy salmantino– tirar por la calle de en medio. Vistas todas las dificultades, insalvables, a mi juicio sería mucho más conveniente impulsar una política de puertas abiertas en las principales sedes canónicas de nuestras cofradías.

La experiencia de apertura a las visitas de la capilla de la Vera Cruz, con su inmenso patrimonio escultórico y su excepcional contenedor barroco, pone de manifiesto un interés religioso y turístico para los espacios que constituyen la columna vertebral de la Semana Santa de Salamanca.

Hay ya, es verdad, un horario muy amplio para visitar las imágenes que se encuentran en la Catedral. También hay muchas facilidades para acceder al Cristo de la Humildad en San Martín, a los titulares de la Hermandad del Silencio en Jesús Obrero o al Nazareno y al Santo Entierro en San Julián, por citar algunos ejemplos.

Pero también es cierto que el patrimonio de la Hermandad Universitaria o el de la de Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas permanece bajo llave la mayor parte del año. A San Esteban sólo se puede ir de visita turística o alguna celebración eucarística. Con las Úrsulas cerradas y pendiente de su traslado a una nueva sede, hay serias incógnitas sobre el patrimonio de la Seráfica. Y, entre otros casos, no siempre es fácil conocer los horarios de San Sebastián, donde se encuentran Jesús Despojado y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Sea por los casos en los que directamente está cerrado o sea en los que sí puede visitarse, falta una verdadera conciencia de la necesidad de trabajar, desde las propias cofradías y desde las instituciones, en una ruta cofrade que permita acceder –dentro de unas limitaciones lógicas– a estos espacios y además dotar a las visitas de sentido, subrayando su relevancia para la Semana Santa.

Lo demás son obras, andamios, fotos políticas y cifras millonarias que bien necesarias son en otros terrenos. Además, tenemos la suerte, en Salamanca, de poder decir: será por museos.


sábado, 12 de octubre de 2019

Pedro Martín

Cofrades de la Vera Cruz aguardan el inicio de la Procesión del Santo Entierro | Foto: Pablo de la Peña

11 de octubre de 2019

Esta pasada semana recibí con alegría la noticia de la apertura de la Capilla de la Vera Cruz, en el Campo de San Francisco, origen de nuestra Semana Santa y sede de la más de cinco veces centenaria cofradía decana de la ciudad. Alegría por la apertura de un templo que lleva cerrado de forma casi permanente desde hace más de año y medio con la marcha de las Esclavas del Santísimo Sacramento en enero de 2018 y que trae a mi cabeza recuerdos de ratos de oración en presencia del Señor Sacramentado, visitas puntuales a saludar cuando pasaba por la puerta, pues casi siempre estaba abierta, o tardes de viernes santo en el comienzo de la "General del Santo Entierro". Tan sólo ha estado abierta en este tiempo y de forma puntual, en los primeros domingos de mes, para la eucaristía de la cofradía o durante los cultos de cuaresma y semana santa se ha podido encontrar abierta.

Ahora parece que esa efímera apertura se extenderá a los fines de semana, lo cual debería ser motivo de alegría ‒como indico al principio de mi artículo‒ si no fuera porque el objeto de esta apertura no se corresponde a uno de los fines primordiales de toda asociación pública de fieles, que no es otro que el cultual, y parece, si no estoy equivocado, que la apertura de la capilla responde a un mero interés turístico-cultural, pues así se ha vendido por parte de la cofradía y el ayuntamiento, con quién parece se ha firmado un convenio.

Bien está que una joya arquitectónica y patrimonial de nuestra ciudad esté a disposición de cuantos nos visitan y también de los salmantinos, pero no sé si el objeto de una cofradía es convertirse en un mero interés turístico, seguramente no.

Me inquieta sobremanera que estando abierta la capilla en los fines de semana no se celebre al menos una Eucaristía dominical y no se pueda rezar con tranquilidad. Desconozco si va a estar presente el Santísimo en el sagrario, manteniendo una cierta "normalidad de culto", o si este va a ser "excepcional", como lo ha venido siendo durante este año y medio.

Triste sería que nuestra cofradía decana optara definitivamente por ser "de interés turístico", al amparo de nuestro ayuntamiento, cuando se debe a sus hermanos, a sus fieles y a su obispo. Por cierto, ¿qué opina de esto nuestro obispo? ¿lo sabe? ¿lo aprueba? Y, teniendo en cuenta que una apertura de este tipo tiene mucho que ver con lo patrimonial, ¿está enterado el Servicio de Patrimonio de la diócesis? ¿Ha dado su visto bueno o ha supervisado el convenio con el ayuntamiento? En las normas diocesanas recientemente aprobadas, algo pone de esto.

Es cierto que con el tiempo, y más pronto que tarde, nos veremos obligados a cerrar algunos de nuestros templos, al menos de forma parcial. En no pocas ocasiones esto afectará a cofradías (ya está ocurriendo, de hecho) y nos veremos obligados a ser los responsables de mantener los templos abiertos, pero siempre con el fin primigenio del culto. Pero parece que vamos hacia la conversión de los templos en museos, o a integrarlos en las rutas turísticas de una ciudad convertida en un gran parque temático, sin alma.

Compatibilizar culto y cultura no es una opción, debe ser una obligación, sin desviarse lo más mínimo de los fines fundacionales reflejados en los estatutos, donde siempre figura el culto y no el interés turístico.


lunes, 24 de junio de 2019

Tomás Gil Rodrigo

Tres hermanos de la Cofradía de la Oración en el Huerto portan las cruces eucarísticas de Andrés Alén | Foto: P. de la Peña

21 de junio de 2019

El aprecio y el reconocimiento de nuestra Iglesia en Salamanca por las hermandades y cofradías, como lugares donde se puede vivir la fe en Jesucristo, ha quedado patente en el trabajo que se ha desarrollado, después de vuestra participación en la Asamblea Diocesana, para elaborar una normativa diocesana que nos ayude a la comunión y a la misión compartida. Y me ha sorprendido gratamente, debido a mi responsabilidad al frente del Servicio de Patrimonio Artístico, encontrar hasta tres artículos en los que habéis dejado constancia de la necesidad de nuestra ayuda y apoyo. Me gustaría poder resaltar y comentar con vosotros estos artículos.

En el artículo 20, que forma parte del capítulo 4, dedicado a la administración de los bienes, nos pedís ayuda para hacer un inventario actualizado de vuestras obras de arte, que tienen valor principalmente no solo por lo material, sino porque son las huellas del paso del Señor con su Iglesia en la historia. El inventario es mucho más que un recuento, un control o una catalogación, también es la manera de cuidar y agradecer lo que generaciones cofrades anteriores a vosotros nos han legado y transmitido desde su fe y su seguimiento de Jesús.

Más adelante, dentro del capítulo sobre la administración de bienes, en el artículo 28, solicitáis que os acompañemos en la conservación y restauración de los bienes muebles e inmuebles que tengan un valor histórico, artístico o cultural. Del mismo modo en el artículo 63, dentro del capítulo de las imágenes sagradas, volvéis a insistir sobre lo mismo. Está claro que todos en la Iglesia necesitamos una mayor formación y sensibilización acerca de nuestros bienes artísticos. Ya sabemos que no debemos confiar su restauración y conservación en manos de gente sin preparación titulada y sin experiencia, por muy buena voluntad que tengan en querer "arreglar" las imágenes. Todos conocemos casos de los que nos avergonzamos porque los daños son irreparables. Además de incurrir contra la ley del patrimonio, estamos privando a las generaciones venideras, que son nuestros hijos y nietos, a disfrutar las obras de arte que hemos recibido, rompiendo así la transmisión de nuestra fe contenida en la belleza. Es de una gran responsabilidad cómo conservar y restaurar el patrimonio heredado, ya que es un regalo que no nos pertenece solo al hoy sino al futuro. Desde el Servicio de Patrimonio Artístico disponemos de gente preparada que os ayudará a afrontar, seguir y resolver la conservación y restauración de vuestros bienes artísticos.

Para terminar me gustaría ofreceros, aunque eso no aparece explícitamente en la normativa, nuestro Servicio de Patrimonio para otras ayudas y apoyos que también necesitáis. El primero corresponde a la evangelización, porque vuestras imágenes fueron concebidas y encargadas para salir y contar a la humanidad la Buena Noticia de Jesús. Por eso, vemos las calles y las plazas de nuestra ciudad y nuestros pueblos inundadas de la presencia y el mensaje de Jesús, cumpliendo, en cierto modo, su envío misionero: "Id al todo el mundo y proclamad el Evangelio" (Mc. 16, 15). Sin embargo, dentro de las iglesias en las que son guardadas vuestras imágenes durante todo el año, deben ser tenidas más en cuenta para ayudarnos al encuentro con el misterio de Dios por medio de la oración y la contemplación. No tengáis reparo en contar con nosotros para ayudaros en estas dos tareas de evangelizar y contemplar, de hecho con algunas hermandades y cofradías hemos comenzado muy positivamente este camino, la última fue en la Capilla de la Vera Cruz en el mes de febrero. Y el otro servicio que os podemos ofrecer tiene que ver con las nuevas imágenes que estáis encargando. Eso es un signo muy bueno, ya que demuestra que no habéis quedado anclados en el pasado, sino que seguís avanzando y expresando vuestra fe en diálogo con los artistas actuales. Quisiéramos compartir con vosotros los nuevos caminos de la belleza para decir juntos lo que el Papa Pablo VI dijo en pleno Vaticano II a los artistas en la Capilla Sixtina: "La Iglesia os necesita".

Gracias por el don y tarea de las hermandades y cofradías de la diócesis de Salamanca. Estamos abiertos a vuestras sugerencias, el Servicio de Patrimonio Artístico queda a vuestra disposición.


miércoles, 31 de octubre de 2018

Ángel Benito

Imagen de la última misa de las Esclavas del Santísimo Sacramento en la capilla de la Vera Cruz

31 de octubre de 2018

La Vera Cruz vuelve a abrir sus puertas de forma provisional dentro del programa de Las Llaves de la Ciudad con un horizonte cada vez más lejano a conseguir un culto prolongado.

La noticia de que salmantinos y turistas puedan volver a disfrutar de las joyas de la Vera Cruz siempre es una alegría. Las Llaves de la Ciudad, programa turístico del Ayuntamiento de Salamanca, permite por segunda vez (la primera fue en 2013) que cualquier ciudadano pueda visitar espacios reservados hasta ahora a los cofrades como pueden ser las instalaciones donde se custodian los grupos escultóricos más reconocidos. Al igual que para el resto de salmantinos, la junta directiva de la cofradía cinco veces centenaria también lo ha vendido a bombo y platillo entre los hermanos destacando que, además de las visitas guiadas, dispondrán de una hora y 15 minutos más para que puedan acudir a venerar sus imágenes los viernes y los sábados. La programación se completa con conciertos y otros actos culturales que se mantendrán hasta bien entrado el mes de diciembre.

Desde la salida de las Esclavas en el mes de diciembre en un acto íntimo del que no se avisó, ya sea por el deseo de las religiosas o de la junta directiva, la capilla se ha abierto en contadas ocasiones. Para resumir, evitando hacer una enumeración que seguro me indujera a error: las fiestas propias de la cofradía, triduo pascual de Semana Santa, fiestas sacramentales y la misa mensual. Me consta por diversas fuentes que la intención de que una congregación religiosa ocupe las instalaciones se encuentra lejana, o cuanto menos no es una prioridad. Hasta ahora los intentos para que se ocuparan sí ha estado ligado a movimientos católicos, pero nada cercano a las congregaciones religiosas que velaron el convento y que devolverían una apertura prolongada a la Vera Cruz. Entre otros, rechazaron el ofrecimiento de ocupar el edificio diferentes proyectos del Comedor de los Pobres y Baraka de Cáritas.

Los visitantes que hayan acudido por primera vez a la Vera Cruz estos días no se habrán percatado de que ya no existen rejas. Ni miradas orantes tras ellas. En mi Exaltación de la Cruz, dirigí mi relato hacia una madre superiora que acompañaba el transcurrir de la cofradía. Hay un grupo importante de cofrades dentro de la Vera Cruz que aún ansían que el Santísimo Sacramento sea velado de forma continua. Que la capilla siga viva más allá del arte y las guías patrimoniales. Que no sean paredes desnudas donde mirar hacia un pasado demasiado cercano. El futuro ya es hoy. Y la oración debe hacerse un hueco entre Felipe del Corral y Alejandro Carnicero.

viernes, 26 de octubre de 2018

Félix Torres

Capilla de la Vera Cruz, que participa este año en la iniciativa turítica Las llaves de la ciudad | Foto: Turismo de Salamanca

26 de octubre de 2018

Con frecuencia, recuerdo aquella noche en Verona cuando en una pizzería —Ristorante Pizzeria San Matteo, si no falla mi memoria— comprobé, sorprendido, cómo aquellos comedores no eran sino las naves de una iglesia adaptadas para albergar mesas, vajillas, hornos y bodega. La comida fue excelente, pero no estuve a gusto en ningún momento, envuelto en una sensación extraña, como si estuviera cometiendo sacrilegio, que me impidió disfrutar la cena y me obligó a disimular ante mis anfitriones, quienes quisieron mostrarme la curiosidad de algo que aún sorprendía pues acababa de inaugurarse. Eran los años noventa y estoy seguro de que era la primera vez en que fui consciente del cambio de uso en un edificio sagrado.

El paso del tiempo, las modas y corrientes populares han hecho y siguen haciendo que cambien los usos y costumbres. Ya pocos se sorprenden de que haya iglesias reconvertidas en discotecas o bibliotecas. No hace falta ir lejos de nuestros límites ciudadanos para comprobar cómo el teatro del Liceo y la tienda de ropa Zara fueron en su día el convento de San Antonio el Real; o cómo no hace tanto tiempo, la capilla del convento de San Millán pasaba a ser Monumenta Salmanticae, el centro de información y bienvenida a turistas, y la iglesia de San Blas, tras su uso como carbonería y posterior abandono, se reincorporaba a la ciudad como auditorio municipal; otras, quizá más olvidadas, sobreviven (no sé hasta cuándo) como imprenta –Nuestra Señora de la Misericordia– o incluso como "almacén" de pasos y enseres cofrades aquella que pudo ser "centro de interpretación de Semana Santa" –iglesia Nueva del Arrabal–. Hay otras que un día echaron el cerrojo a sus portones y ahí quedaron, mostrándonos únicamente su fachada, como San Boal.

Mejor esto que no la piqueta, como ocurrió en aquellos tiempos, aún cercanos, en los que la modernidad y la necesidad de espacios arrasaban con todo aquello que oliese a húmedo o cerrado. Así, nos quedamos sin iglesias, monasterios o conventos para dar paso a plazas, avenidas o casas de vecinos, dejándonos sin importantes partes de nuestro patrimonio que apenas quedan ya en el recuerdo. San Adrián, Santa Eulalia, San Mateo, San Román, Santo Tomé, la capilla del Cristo de los Milagros, el convento de San Francisco el Grande, Conventos de Jerónimos, Benitos, Basilios, Bernardos o Premostratenses… todos ya en el recuerdo de solo unos cuantos.

En estos momentos de crisis de creyentes, carencia de pastores y abandono de conventos, Salamanca vuelve a verse en la necesidad de dejar sin vida, incluso sin culto, esas naves que hasta ayer tenían la vida de quienes se dedican a contemplarla en oración para culto divino y salvación de almas.

La capilla de la Vera Cruz, el convento de la Anunciación y el convento de las Bernardas son, por ahora, los últimos abandonos sufridos por los salmantinos. Abandonos que llevan al cierre de puertas y pérdida de actividad entre sus paredes. Ya no hay cultos, ni oración… al menos de forma habitual o continuada, con verdadera desazón para quienes acostumbraban a hacer de esos templos lugar de recogimiento y diálogo con Jesucristo.

Ciertamente, no estamos en aquellos tiempos de derribo inmediato y nos preocupamos por conceder un uso alternativo a los espacios que merecen ser conservados. Por ello, es de agradecer, por ejemplo, el interés de nuestro Ayuntamiento por incluir la capilla de la Vera Cruz en su programa Las Llaves de la Ciudad, lo que permitirá que esas puertas vuelvan a abrirse para contemplación no solo del desbordante barroco de sus retablos, sino del patrimonio sacro de la cofradía propietaria aunque sea solo por un tiempo limitado. Me parece bien la transformación en lo que cada vez con mayor frecuencia se da en llamar "espacio expositivo", siendo además, la muestra de nuestra cultura religiosa-cofrade de cinco siglos. Con esto, nuestro Consistorio muestra, al menos, interés preocupado por el futuro más inmediato de esta capilla.

Pero, ¿qué ocurre con la recuperación del fin fundamental, como lugar de oración, de esa capilla? Todos, o casi todos, tenemos más o menos claro que no debe perderse el uso diario que muchos han hecho de la capilla; que sus muros deben contemplar algo más que una muestra de arte o cultura y permitir que siga siendo lo que fue: lugar de "exposición permanente" al que poder acceder sin cortapisas en beneficio de nuestras almas. Digna de loa es la preocupación por mantener la actividad sagrada que muestra la cofradía, aunque sea de manera poco más que esporádica, pero eso no es o no debería ser suficiente. La diócesis, igual que ha hecho el consistorio, debería tomar en cuenta esta situación (que ya dije es solo muestra de otras varias que necesitarían semejante atención) y aportar una solución que calmase ánimos y permitiese seguir con la cotidianidad ahora desaparecida.

Seguro estoy de que es tema que preocupa en Calatrava. Seguro estoy de que se está buscando solución. Pero mientras no lo veamos, mientras no digan qué se pretende, mientras nos mantengan en la ignorancia… seguiremos creyendo que nada se está haciendo; que los humanos somos así.

Muestras de interés preocupado desde la Casa de la Iglesia, como esas Llaves de la Ciudad municipales, harían que algunos dejásemos de "marear la perdiz" con aciagos futuros y temidas reconversiones de espacios sagrados.


viernes, 11 de mayo de 2018

José Fernando Santos Barrueco

Músicos y fieles acceden a la iglesia de San Pablo tras suspender su procesión el pasado Viernes Santo |  Foto: P. de la Peña

11 de mayo de 2018

El desarrollo tecnológico ha traído cambios en casi todas las facetas de nuestra vida. En el caso que nos aplica, el campo de las predicciones meteorológicas ha evolucionado de manera muy significativa con los avances de la técnica. Lejos quedan los tiempos del "fallas más que el hombre del tiempo". La evolución se ha presentado no solamente en el campo de la predicción, con simulaciones locales que pueden ofrecer una información fiable y muy detallada de las inclemencias que se pueden presentar en una determinada zona y en unos momentos muy definidos dentro del plazo de unas pocas horas. Además, esas simulaciones aparecen en un buen número de aplicaciones al alcance de los dispositivos móviles que hoy maneja "todo el mundo".

Estas circunstancias requieren de una toma de posturas a la hora de adoptar las decisiones relativas a la salida de una procesión en condiciones climatológicas adversas. La decisión de suspenderla siempre supone algo traumático, por lo que tiene de romper unas ilusiones que en ese mundo cofrade se unen a sentimientos muy íntimos de promesas, tradiciones familiares y devociones a unas imágenes que se han preparado con esmero, mucho esfuerzo y un considerable gasto económico. Junto a los "pasos" todo está a punto, los cofrades con sus hábitos, la banda o bandas de música y los distintos enseres y elementos procesionales. Ante la posibilidad de no salir, las lágrimas de pena y desencanto afloran con facilidad a los ojos de los hermanos que miran al cielo, comentan las predicciones y susurran peticiones a sus sagradas imágenes para que se lleven o detengan las nubes. La decisión se hace difícil y habitualmente compete al hermano mayor y su junta directiva. Y salvo que la situación meteorológica aparezca muy clara, una posición conservadora no va a ser bien entendida, máxime con las distintas aplicaciones que unos y otros manejan en sus móviles y la cantidad de predicciones y "sabios pronósticos" que circulan en el interior del templo. Si se suspende, siempre mal, se acierte o no se acierte. Hace unos años, con un desconocimiento en las previsiones, se apelaba a la valentía y a sacar los plásticos por si acaso, opción siempre jaleada aunque pocos arrimarían el hombro a la hora de cargar con las responsabilidades si "la mala suerte" hacia acto de presencia.

Actualmente, con unas predicciones conocidas y fiables, deberían esclarecerse las responsabilidades asociadas a la toma de decisiones y, en función de las mismas, a los daños que pudieran ocasionarse ante unas inclemencias meteorológicas previstas. Si las imágenes son propiedad de la hermandad, esta es muy libre de tomar las decisiones que estime oportunas, siempre que se asuma la responsabilidad a la hora de acometer la reparación de los posibles daños. Más complejo es el caso en el que las imágenes no pertenecen a la hermandad, teniendo esta solamente el derecho de uso. Este derecho no debería conferir la capacidad de tomar una decisión que pueda suponer un riesgo "probable" para aquellas si fueran afectadas por el agua o fuertes vientos. Debería disponerse del correspondiente acuerdo con el propietario de las imágenes, en el que se establecieran unas pautas para la toma de decisiones en caso de predicciones meteorológicas desfavorables, contemplando aspectos tales como las fuentes de referencia (por ejemplo, las predicciones de la Aemet), condiciones de salida y medios de protección o precauciones durante el recorrido, suspensión, etc., así como las responsabilidades en la reparación de los posibles daños en función de su naturaleza y del grado de cumplimiento del acuerdo. Igualmente, cuando los gastos de restauración de imágenes (o de sustitución por daños de determinados enseres) pudieran contemplarse en partidas generales gestionadas a través de la Junta de Semana Santa, debería también incluirse dicha institución en los citados acuerdos a la hora de evaluar riesgos y actuaciones en las situaciones que se presentasen.


miércoles, 2 de mayo de 2018

Tomás González Blázquez

Casa de la Iglesia, en el antiguo Colegio de Calatrava, que alberga los servicios diocesanos a disposición de las cofradías 

02 de mayo de 2018

No son los organigramas ni las reorganizaciones estructurales un fin para la Iglesia. No deben serlo. En cambio, estos medios de los que se dota para la evangelización cobran su sentido si en ella se gastan y se desgastan. Tras la reciente Asamblea Diocesana salmantina se ha alumbrado un nuevo esquema, que aspira a ser más fiel a las necesidades actuales de todas las comunidades eclesiales, y poco a poco se van nombrando nuevos responsables y equipos de laicos, sacerdotes y religiosos para que trabajen en las delegaciones y servicios diocesanos. ¿Grandes cambios? Quizá no resulten muy vistosos, tampoco es momento de descubrir América a estas alturas, pero sí sería considerable la novedad de que las cofradías nos animásemos a utilizar, en el buen sentido de la palabra, estos instrumentos que la Diócesis ofrece.

Evidentemente, en la delegación de Apostolado Laical, traducción más fiel al magisterio conciliar que la de Apostolado Seglar extendida en España, hallan su hábitat natural las cofradías y hermandades, la realidad de laicado asociado más numerosa en la Iglesia salmantina. La delegación de Liturgia, con su sección de Religiosidad Popular, también está llamada a una relación estrecha con el mundo cofradiero. Los proyectos asistenciales y caritativos de nuestras hermandades bien podrían tener conexión con el área de la Pastoral Social, la pastoral juvenil cofrade con su correspondiente delegación diocesana, y surgen más ámbitos en los que encontrar un apoyo: Peregrinaciones, Obras, la Vicaría Judicial, la Administración económica…

No obstante, me detengo en un término que no se empleaba y se ha incorporado: "servicios diocesanos". No hace falta explicar mucho. Servir es verbo bien apegado al Evangelio de Jesús. Cuasi sinónimo. Pienso en dos delegaciones del antiguo esquema que se han transformado en servicios, y no se trata de una degradación sino de una más exacta definición. Me refiero a Medios de Comunicación y a Patrimonio Artístico y Cultural, porque las cofradías podemos tener en estos servicios diocesanos buenos compañeros de fatigas apostólicas.

La comunicación lo es todo… o lo parece. Perfiles en redes sociales, listas de difusión y grupos de Whatsapp, correos electrónicos informativos a los hermanos, las cartas de toda la vida, los boletines y publicaciones, los carteles de cultos… La cofradía se desnuda en lo que dice y en cómo lo dice, y a menudo coge frío y se constipa en la maniobra. No por mala intención, desde luego. Pero trucos hay para prevenirlo. Servirse de este servicio diocesano alguno que otro aportaría al bagaje de secretarios, redactores de revistas y gestores de la comunicación social.

Patrimonio, por su parte, puede acompañar a las cofradías si se animan a conocer mejor su materia prima y a volcarse en el diálogo de la fe con la cultura, que en las hermandades debiera tener uno de sus foros más privilegiados. Quizá para encargar una nueva imagen y pensar en su advocación, para elaborar unas andas o para adjudicar una restauración, para definir bien la recuperación de un elemento antiguo o de un paso perdido (hace un año recobramos el de las Tres Marías ante el Sepulcro vacío, y hay otras imágenes que dejaron de salir), no vendría mal solicitar un informe a este servicio diocesano. No tanto con carácter vinculante sino con el deseo de ser orientados bajo un criterio valioso, y así decidir con mayores elementos de juicio.


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