martes, 20 de febrero de 2018

Pedro Martín


lunes, 19 de febrero de 2018

Tomás Gil Rodrigo

El Cristo de los lindos ojos, pintura que encargó Santa Teresa para una ermita en el Carmelo de San José de Ávila

19 de febrero de 2018

En los escritos y meditaciones de Santa Teresa la Pasión y Muerte de Jesús es el tema dominante. Desde la contemplación de sus padecimientos, se puede entender mejor la espiritualidad de la reforma carmelitana, que está en seguir a Jesús por el camino del abajamiento hasta la cruz, despertando el deseo de corresponder a tanto amor: "Porque en pensar y escudriñar lo que el Señor pasó por nosotros, muévenos a compasión" (Moradas VI 7,10); "Porque, verdaderamente, es de gran humildad verse condenar sin culpa y callar, y es gran imitación del Señor que nos quitó todas las culpas" (Camino de Perfección 15, 1).

Las escenas de la flagelación y el eccehomo emocionaron tanto a Teresa que la llevaron a su conversión. Ella reconoce haber recibido gracias especiales ante estas imágenes, que nos sitúan en el momento terrible del juicio y la condena de Jesús. El Cristo de los lindos ojos es una pintura que encargó hacer Santa Teresa para una ermita dentro del Carmelo de San José de Ávila. Después de un tiempo de oración sobre la escena evangélica de la flagelación de Cristo, le dijo al artista cómo quería que fuese con todos los detalles: las ataduras de las manos, las llagas, el rostro, de grandes ojos y con lágrimas, los cabellos, y hasta el rasgón del brazo izquierdo junto al codo. Mirar a Cristo flagelado ayudaba a Teresa en momentos de dificultad, por eso llevaba en sus viajes una pequeña imagen de marfil, que actualmente está en el Carmelo de Medina del Campo.

Pequeño flagelado en marfil que Santa Teresa llevaba en sus viajes y que se conserva en Medina del Campo

No se sabe cuál fue en concreto la imagen ante la cual tuvo su conversión en 1554, lo seguro es que tuvo relación con una imagen a la que ella llama El Cristo llagado: "…vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros" (Vida 9, 1). En la Encarnación de Ávila se conserva un pequeño busto de Cristo, que acompañó a la fundadora por los caminos, se trata de un eccehomo, al que la tradición ha querido relacionar con la imagen de la conversión de Teresa, debido a las grandes heridas que tiene en su cuerpo, especialmente en su espalda, totalmente descarnada. Y la imagen del Cristo llagado, que tanto conmovió a Teresa, fue uno de los lienzos que compró ella para iniciar su fundación de Salamanca.

Lienzo del Cristo llagado que compró para iniciar su fundación de Salamanca

Teresa nunca hace mención a ningún crucifijo que se parezca a Cristo en la cruz. Pero es indudable que ella meditó ante el Crucificado, momento cumbre de la Pasión: "Mirad lo que costó a nuestro Esposo el amor que nos tuvo, que por librarnos de la muerte, la murió tan penosa como muerte de cruz" (Moradas V 3, 12); "Poned los ojos en el Crucificado y haráseos todo poco" (Moradas VII 4, 8). En sus fundaciones nos encontramos con varias imágenes del Crucificado relacionadas con ella, donde aparece su devoción a la cruz de palo, pobre y austera. Son cruces sencillas de madera, sobre las que se pintaba la imagen del Crucificado. Y sobresale aquella con la que murió en Alba de Tormes, que hoy se conserva en el Monasterio de San José de Ávila. También están los llamados Cristos de las Fundaciones, aquellos que acompañaban a Teresa por los caminos, que servían para la oración y la Eucaristía, uno de los cuales se guarda en Convento de La Santa de Ávila.

Para entrar en la escena de la muerte de Jesús en la cruz, Teresa se fija en los que dice el Evangelio que le acompañaron hasta el final: la Madre, el Discípulo Amado y la Magdalena: "para que esté a los pies de Cristo la dan licencia, que procure no quitarse de allí, esté como quien imite a la Magdalena" (Vida 22, 12). La escena de Jesús en brazos de María, la llamada "Quinta Angustia", fue importante para Teresa de Jesús, ya que fue una de las visiones más intensas que tuvo, en Sevilla en 1575, y se da la circunstancia de que tuvo que recurrir a las imágenes de la época para poderla explicar: "Estando la misma noche en maitines, el mismo Señor, por visión intelectual, tan grande que casi parecía imaginaria, se me puso en los brazos a manera como se pinta la Quinta Angustia" (Relaciones 58, 3). Puesto que Teresa nos remite a las pinturas de la "Quinta Angustia", hay dos de gran interés muy relacionadas con su vida: la tabla hispano flamenca que llevó de su casa paterna al Monasterio de San José de Ávila y la que compró en Salamanca en 1570 al ir a fundar. Esta imagen servía a Teresa para meditar dos aspectos de la Pasión: ahora en los brazos de María se pueden contemplar las cinco llagas, por primera vez, y la soledad de María con el Señor, tan necesaria para la oración: "Vuestras armas son las cinco llagas" (Fundaciones 10, 11); "A solas pensando en Él" (Fundaciones 5, 3). La imagen de Cristo en brazos de su Madre fue abundantemente tratada por los artistas de su tiempo, pero las más conmovedoras son las que realizó Luis de Morales, donde vemos a María abrazando apasionadamente a su Hijo.

Cuadro de la Quinta Angustia que Santa Teresa adquirió en 1570 al ir a fundar


viernes, 16 de febrero de 2018

Francisco Gómez Bueno

La Esperanza pasa ante la fachada del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca | Foto: Pablo de la Peña

16 de febrero de 2018

"Sit te Deus adiuvet et Sancta Dei Evangelia. Amen"
(Ceremonial investidura doctores Honoris Causa Universidad de Salamanca)


Desde hace unas pocas semanas, la Universidad de Salamanca (y con ella, toda la ciudad y, aún más, todo el sistema universitario iberoamericano) está inmersa en la celebración de sus primeros ocho siglos de existencia. Una ocasión que nos permite mirar atrás en la apasionante historia de una de las instituciones culturales que han dejado un mayor poso en la historia del saber occidental, muy particularmente, aunque no solo, durante su época dorada en los siglos XV y XVI.

Aunque en celebraciones anteriores se había optado por conmemorar otros hitos del Estudio, este centenario toma como base la fecha fundacional por el rey leonés Alfonso IX. Algo que debiera servir no solo para desarrollar una amplia programación y una ambiciosa labor de difusión, sino para profundizar en las raíces de la institución objeto de homenaje.

Y buscar las raíces simplemente significa conocer los hechos tal y como fueron; saber de dónde surgen y cómo toman forma las ideas y no, por el contrario, tratar de mantener a la sombra muchos de sus capítulos y de manera especial los que tienen que ver con la vivencia religiosa.

Ha llamado la atención cómo a medida que el programa conmemorativo oficial de la Universidad de Salamanca ha ido tomando forma se ha ido esquinando, por ejemplo, que la propia institución nunca hubiera surgido sin la existencia previa de un foco de intercambio de ideas y atracción de pensadores en torno a la catedral de la ciudad.

¿Por qué el rey leonés decidió implantar justamente en Salamanca un Estudio? Sin duda, porque Salamanca ya contaba en Santa María de la Sede con una escuela firmemente asentada y con algunos maestros que habían logrado un importante reconocimiento en su transmisión del saber.

Podría citarse como caso más destacado el de Randulfo, cuyo enterramiento y epitafio primorosamente decorado puede visitarse hoy en el claustro de la Catedral Vieja. Se trata de un maestro, conocido también por haber fundado junto a su hermano la iglesia de Santo Tomás Cantuariense, famoso por atraer a gentes de muchos lugares del reino para escuchar sus lecciones, que falleció en el año 1194. Por tanto, veintiséis años antes de que se fundara el Studium Salamantini.

Así que estamos ante una institución que emerge con una fundación real que beneficia y amplia una escuela catedralicia y que, además, desarrollaría su labor fundamentalmente en los espacios de la propia Catedral. Algo que sería una constante hasta la Guerra de la Independencia, pero que se produce especialmente durante los tres primeros siglos, donde de hecho el Estudio no cuenta con más infraestructura que la catedralicia.

Conocida es la estrecha vinculación entre la vida universitaria y la capilla de Santa Bárbara, en el claustro de la Catedral Vieja. Aquí nos encontramos con la asentada leyenda de la "encerrona" de los estudiantes la noche previa a su examen de grado, en la que podrían los pies sobre los de la escultura funeraria del Obispo Lucero para que este les transmitiera su sabiduría.

Hoy sabemos a ciencia cierta que los hechos no sucedían así (el estudiante se iba a su casa a preparar los temas) pero da muestra de cómo Catedral y Universidad se unen también en la imaginación legendaria. La Catedral, que cedía sus espacios para los exámenes de licenciatura –a cuyo cabildo el estudiante debía pedir "capilla, campana y estrados"–, la que acogía las colaciones festivas por los aprobados al menos hasta 1840 y la que hasta casi el siglo XIX celebró frecuentemente las investiduras de rector.

Dos instituciones de importancia capital para la ciudad que a menudo se han regido por la desconfianza mutua y eso también, por cierto, tiene su reflejo en el mundo de la Semana Santa. El Estudio disfrutó siempre de autonomía para celebrar sus propias ceremonias religiosas y de ahí fueron surgiendo los complejos ceremoniales de Jueves y Viernes Santo que el trabajo contra viento y marea de la Junta de Capilla universitaria ha conseguido mantener hasta hoy. Y, por cierto, pocos saben que fue el mismísimo Miguel de Unamuno uno de los más destacados defensores ya en el siglo XX de la continuidad de la actividad de la Real Capilla de San Jerónimo dentro de la Universidad.

En todo caso, dado que el privilegio de Felipe II de 1576 impedía ninguna otra procesión de penitencia en la ciudad que no fuera la de la Vera Cruz, la Universidad encontró como solución el paso del cortejo del Santo Entierro por el claustro de Escuelas Mayores, constante en su Viernes Santo durante siglos. Una tradición ya perdida y de la que fue posible hacerse una idea en 2015, con motivo del paso, con carácter extraordinario, del Santo Sepulcro por el claustro y la capilla universitaria.

Capilla en la que, otro privilegio, se cierran las peticiones durante la misa con una particular colecta: "y guarda a nuestro rector y a esta Universidad que a ti está consagrada, y concede la luz de la verdadera sabiduría a sus profesores y alumnos"; frase en la que no cuesta encontrar las advocaciones de los titulares de la Hermandad Universitaria que ha convertido en uno de los momentos más importantes de la Semana Santa de Salamanca su promesa del Silencio en el Patio de Escuelas y desde donde su recogido itinerario sigue, qué remedio, hacia la Catedral.

Y ya que regresamos al templo, quizá no esté de más recordar que la reciente restauración del Cristo de la Salud de Alba de Tormes permitió constatar que una comisión de doctores de la Universidad de Salamanca visitó al crucificado en el Monasterio de San Jerónimo con el fin de encargar una copia, que a juicio de los expertos sí habría llegado a efectuarse y puede identificarse verosímilmente con el Cristo de la Agonía Redentora que hace su salida procesional en la noche del Miércoles Santo junto al Cristo Yacente de la Misericordia.

Es una auténtica trenza de hechos, leyendas, tradiciones, capas y estratos que han ido depositando los siglos y que impiden pensar que la Universidad de Salamanca hoy pueda hablar de su pasado sin aludir a todo este torrente de historia. Así que ahora, que todavía se está a tiempo para casi todo, quizá no estaría de más que el nuevo equipo rectoral repiense ciertas "líneas rojas" y asuma con naturalidad que en esta efeméride se deben celebrar en conjunto los ocho siglos de andadura y que al igual que en el viejo ceremonial latino de investidura de doctores se mantienen las antiguas fórmulas de juramento por un elemental respeto histórico, tampoco a la hora de difundir lo mucho y bueno que ha significado esta universidad puede relegarse a un oscuro cajón lo que explique dónde comenzó todo y lo que han vivido, sentido, soñado y rezado muchos de los que han poblado sus aulas. Sería, creo yo, dejar el centenario sin raíces.


martes, 13 de febrero de 2018

Tomás González Blázquez

Cuaresmera de Andrés Alén para el Museo del Comercio, que la distribuye como obsequio para revivir esta tradición

14 de febrero de 2018 

Miércoles de Ceniza, contigo empezó todo

El día de Reyes se anunció la fecha en la misa, tras el Evangelio, al dar noticia de las fiestas movibles que, brotando del centro pascual, salpican el año litúrgico. Los cofrades ya la habían mirado en cuanto cayó en sus manos, quizá meses atrás, el primer calendario de 2018. O incluso en uno de esos avisadores, un punto obsesivos, en forma de cuenta atrás hacia el Domingo de Ramos: quedan ya… cuarenta días. ¿Conseguiremos que, por fin, en esta Cuaresma, Santa víspera de la Santa Semana, nuestras cofradías se "cofradicen" más y mejor?

Primera semana: el desierto

Si Jesús, antes de lanzarse a la palestra pública, a su misión de dar testimonio del Padre y anunciar el Reino, escogió el desierto, el silencio, la discreción, no podemos decir que las hermandades le imitemos mucho cada Cuaresma. La agenda de actividades es de todo menos desértica; en tal caso, repetitiva y excesiva. No discuto que muchos actos cuentan con el respaldo del público, a la vez que lamento que bastantes de los cultos cuaresmales de nuestras cofradías no aglutinan al número de fieles que desearíamos, pero nos falta desierto. ¿No rompería los esquemas de muchos cofrades que su hermandad les propusiera este año un tiempo de retiro en silencio y oración más cuidada? ¿O que les sugiriera algún tipo de itinerario más personal a seguir durante las cinco semanas? Nos falta desierto y nos sobra ruido, prisa, adrenalina, locura…

Segunda semana: la penitencia

Cofradía penitencial. Marcha penitencial. Acto penitencial. Hábito penitencial. Cruz de penitente. Y más. Pero a la penitencia cofradiera le falta penitencia sacramental. En los programas oficiales de las hermandades no sale (habrá alguna excepción) y en la lista de tareas de cada hermano, junto al pago de la cuota o el planchado de la túnica, tampoco. El sacramento del perdón, a través de celebraciones comunitarias o de la peregrinación particular al confesionario, daría otro aire a la Cuaresma del cofrade. Muchos de ellos hace años que no lo disfrutan, aparcado probablemente  por recelos y desconocimientos. ¿No haría un gran regalo la cofradía a sus hermanos si levanta esos temores, rompe una especie de tabú y despierta el ansia de la reconciliación? Penitencia directa y de primera mano para que la otra, la secundaria, sea verdadero complemento y no suplantación insuficiente.

Tercera semana: el encuentro

Si bien un pequeño grupo sostiene la llamada vida de hermandad durante todo el año, y unos cuantos nazarenos aparecen media hora antes de la salida de la procesión y se esfuman sin que el último paso haya entrado, el cofrade medio se deja ver a lo largo de la Cuaresma, un par de veces quizá, algún ensayo de carga, alguna asamblea, alguna misa suelta… Abrazos de reencuentro. Caras nuevas, que siempre aparecen. Gente a la que se echa de menos, porque dejó de venir. Cofrades volcados de repente a los que casi nadie conoce. Cofrades que estuvieron dedicados a pleno rendimiento y de los que nunca más se supo. Cada Cuaresma, el encuentro y el desencuentro. Las filias y las fobias, las  trayectorias fugaces en una hermandad (a veces duran meses), los personalismos que hacen de las diferencias entre personas un constante peligro para instituciones débiles ante este riesgo. ¿No habría manera de que la Cuaresma, esta Cuaresma, tendiera con más solidez los puentes que una y otra vez se vienen abajo? Capellanes y juntas directivas están llamados a emprender la tarea con firme propósito, pues la caridad hacia fuera será más efectiva y coherente cuando dentro se viva algo parecido a la fraternidad.

Cuarta semana: el camino

Que la Cuaresma es un camino hacia la Pascua, que la procesión es reflejo del camino de la fe, que la vida en sí es un camino, y que Jesús mismo es el Camino, son afirmaciones que, no por reiteradas, dejan de servir. Vivir este camino para que el Camino viva con fuerza en nosotros ya es otro cantar. Pero valdría escoger el camino procesional para ensayar un intento. Sacarlo de la rutina tradicional, del rito anual, de la mera costumbre, para hacer de cada procesión un hito en la vida de fe de la persona que desfila con su cirio, su cruz y su circunstancia que sólo ella conoce. Bien está que los coordinadores, los hermanos de paso, o los músicos, organicen con esmero lo que a ellos compete, pero se echa de menos que al cofrade, sea cual sea su puesto en el cortejo, se le inste a prepararse personalmente para salir a la calle en compañía de todos los demás. ¿No ayudaría una orientación para la oración, una formación básica sobre el sentido de procesionar, en vez de confiarlo todo a una inercia que, más que conservar el anonimato del cofrade, provoca que este no sea llamado por su nombre en su propia cofradía?

Quinta semana: la Pascua

La Cuaresma acaba y, si no nos hemos agotado, hastiado o empachado, afrontaremos la Semana Santa. La procesión, claro, pero… ¿y el Triduo Pascual?, ¿y las celebraciones litúrgicas?, ¿y la noche santa de la Resurrección? En muchos programas de cofradías o no aparecen o no se subrayan, lo que refleja su carácter secundario respecto al desfile. Lo que nos distingue desplaza a lo que nos es propio por naturaleza, y así nos debilitamos. Una Semana Santa no puede terminar el Sábado de Pasión, el Domingo de Ramos, el Lunes, el Martes o el Miércoles. Una procesión de Jueves no puede dejarnos sin Misa de la Cena. Una del Viernes no ha de privarnos de los Oficios de la Pasión y Muerte. Una del Sábado no debe anteponerse a la Vigilia Pascual. Y el Domingo de Resurrección parece evidente que debiera intentarse armonizar el anuncio procesional de la Victoria de Cristo con la celebración eucarística, sin ir más lejos del lugar del Encuentro en la propia Catedral. ¿Acaso es imposible vivir la Pascua acompasando liturgia y procesiones? ¡Solo los cofrades gozamos de esta inmensa gracia! Y cada semana, la Pascua otra vez en el domingo, sin el que no podemos vivir.

Los cofradizadores que las cofradicen, fructuosos cofradizadores serán.


lunes, 12 de febrero de 2018

José Fernando Santos Barrueco

Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada en la capilla de la Vera Cruz | Fotografía: J. F. Santos Barrueco

12 de febrero de 2018

Me resulta difícil escribir sobre este asunto después de los artículos de opinión ya aparecidos en distintos medios, especialmente los de don Fructuoso Mangas (Salamanca RTV al Día, 20.01.18) y en este mismo medio de Andrés Alén, el 10.01.18, en los que se hacen eco, el primero, de unas reflexiones sobre las situaciones que hayan podido desembocar en la marcha de las religiosas, y el segundo, de la pérdida espiritual que la misma supone para la ciudad.

Don Fructuoso aduce razones reales derivadas de las crisis económica y de vocaciones, que han ocasionado la pérdida de la actividad que daba sustento económico a las religiosas y la falta de savia nueva, que impide a la orden mantener abiertos todos los conventos. En el caso del de la Vera Cruz habría que añadir sus difíciles condiciones de habitabilidad, que se hacen más duras con la edad y el escaso número de religiosas. Apunta también las tensiones que se derivan de la utilización de la capilla. Resulta obvio que la cofradía, propietaria de la misma, necesita espacios y requiere de la utilización de la capilla en Semana Santa, para proceder al montaje, disposición y salida de "los pasos", como viene haciendo desde la construcción de la ermita, algo más de 300 años. Ello choca con la clausura y normas de la orden y el reducido espacio de la capilla no da para satisfacer todas las necesidades. Seguro que esto ha venido ocurriendo desde que las religiosas recalaron en el convento hace unos 66 años. Pero en las condiciones más difíciles es cuando más falta hace la mano izquierda y la tolerancia, para interpretar unos acuerdos en los que tengan cabida los derechos de propiedad y los de uso.

A título personal, me duele la pérdida de la capilla de la Vera Cruz "con sus monjas". Vine al mundo poco antes de su llegada y estudié en el desaparecido colegio Ateneo Salmantino en la calle Sorias, unido a un pequeño inmueble adosado a la ermita. La única acera, frente al paredón del convento de las Úrsulas, que ha cambiado en ese espacio urbano desde la misma ermita a la plaza de la Cruz Verdadera, que ha recuperado el nombre después de varios años llamándose de la Cruz Verde por aquello de borrar de la toponimia urbana todo lo religioso y/o políticamente incorrecto. En ese remanso de quietud formado por la calles Úrsulas, Sorias y Juan Domínguez Berrueta (qué entrañable su Guía Sentimental de la ciudad), con el campo de San Francisco, la pequeña capilla de la Vera Cruz suponía un oasis de paz en el transcurrir de la vida cotidiana. Cruzar sus puertas, abiertas todos los días en un amplísimo horario, te adentraba en un reducido espacio de silencio, en el que uno podía sentir que el tiempo se detiene para escuchar al alma y adentrarse en el Misterio. Todo invitaba al sosiego: la decoración churrigueresca, las imágenes de la cofradía y el espacio delimitado por una celosía y una gran verja y reservado a la clausura, en el que estaba expuesto el Santísimo. Ese espacio tenía algo de místico con las religiosas adorando al Amado, cubiertas con un blanco inmaculado (amplio velo, hábito y zapatillas), que inspiró a Antonio Colinas el poema La dama blanca ("Una mujer arrodillada alza / sus ojos allá arriba, donde está / en la custodia el círculo del círculo, / el infinito centro de lo blanco.  Ella, la dama blanca, prueba, / envuelta en manso fuego no visible, / a cerrar las heridas del mundo sin mover / los labios, en quietud").

Cuántas veces entré en la capilla en el ir y venir del colegio a casa; y cuántas veces vi a mi madre entrar "a hacer una visita" al Santísimo y a la Dolorosa cuando tenía que realizar la compra en los pequeños comercios del entorno de la plaza de la Fuente, o llevar a remendar los zapatos al taller de los inolvidables hermanos Curto en la calle de Arriba. Para mí, ya no puede ser lo mismo.

Pero dicho esto, me apena que se haya extendido el mensaje de que la cofradía ha echado a las religiosas, como le oí a una amiga el otro día. Dicho así me parece un poco duro y hasta injusto. Hay que aceptar que el paso del tiempo y las crisis económica y de vocaciones han provocado la concatenación de unos hechos que llevaron a la difícil situación de las religiosas, sin que nadie sea culpable. Hasta podría asumirse que su presencia en la ermita tendría los días contados y estaba llamada a desaparecer, más pronto que tarde, como ocurrió con las MM. Adoratrices situadas en ese mismo entorno, enfrente de la Vera Cruz, o con muchos de los ambientes que inspiraron a Domínguez Berrueta la citada Guía sentimental, y como segura y lamentablemente sucederá con otras comunidades religiosas. Y hasta también podría entenderse que en esta situación "de vacas flacas", la falta de entendimiento se haga más patente y sea más difícil encontrar encaje a las razones que las partes puedan argumentar en defensa de sus legítimos derechos. Es fácil que puedan surgir "envites", que aunque no lleguen a "órdagos", sean las gotas que pueden colmar un vaso a punto de desbordar. Otra cosa muy distinta sería la forma en la que esta situación debiera haberse abordado y gestionado y es aquí donde pueden haberse dado los hechos (más personales que colectivos) que lleven a aquella impresión. Las monjas se han ido por la puerta de atrás, sin un homenaje más que merecido, anunciado, digno y ceremonioso. El desenlace final induce a pensar en un desacuerdo en el que se han visto abocadas a marcharse, para que la cofradía hiciera uso de su propiedad de una manera más acorde con sus necesidades, más materiales que espirituales.

No tiene sentido hacer conjeturas sobre la ¿posible? solución a los desacuerdos y haber esperado hasta que su marcha hubiera sido más natural. Ni siquiera sabremos si hubiera sido lo mejor para cada una de las partes. Habrá para todos los gustos. Como apunta don Fructuoso, "que Dios las bendiga allá donde cada una vaya", y que la cofradía acierte en el uso del inmueble y en la utilización de la capilla, aunque para algunos ya nada será igual en ese recoleto entorno urbano.


viernes, 9 de febrero de 2018

Fructuoso Mangas

Fotografia: Pablo de la Peña

09 de febrero de 2018

11 febrero. He empezado a poner unas notas en un cuaderno cada domingo. Empezaré por poca cosa y ya veré. He oído por la radio mientras escribo esto que es el día del Hambre. Llevo años haciéndome socio de Manos Unidas y siempre lo dejo. No sé cuándo cae este año la ceniza, a ver si me entero. No sé si la cofradía hará algo, porque este año quiero empezar bien la Cuaresma. Si no, voy a la parroquia. Quedo en enterarme.

18 febrero. Claro, me descuidé, no estuve en misa el domingo pasado porque fuimos al pueblo y no me enteré que el miércoles 14 fue Miércoles de Ceniza. Tengo que poner más cuidado en estas cosas. Lo he sentido bastante porque quería yo hacer una buena Cuaresma como preparación a la Semana Santa. Tendré que mejorar, estar más atento y apuntar las cosas. De hecho voy a meter en el calendario del teléfono todo lo que tengo hasta la Pascua, que este año es el 1 de abril; mi mujer se ha salido con la suya como pasa casi siempre.

25 febrero. Estuve en el vía crucis que organizó la cofradía. Estuvo bien para mi gusto, quizás algo de monotonía en las estaciones y, sobre todo, que faltó demasiada gente. No parece haber solución para las ausencias de cofrades en los actos que se organizan. A veces parece que solo importa la procesión. Bueno, hasta hace un año o dos a mí me pasaba lo mismo. Ahora le doy más importancia a los actos de piedad y de fraternidad que a la procesión misma, aunque esto no se puede decir delante de algunos, pero así lo pienso. Bueno, que muy bien el vía crucis. Pienso decir algo sobre la baja asistencia a estos actos en la próxima reunión de la cofradía. No sé si hay solución, pero la verdad es que tampoco se ha buscado en serio.

4 marzo. No sé qué hacer con los niños, porque ya podrían ser cofrades, pero no sé si es o no demasiado pronto; no quiero que se lo tomen como hacerse socios del Avenida; eso lo entendí en una charla el año pasado, que una cosa es ser y otra es estar. Y que el cofrade no está en una cofradía, sino que la es y en ella es. Jo, qué profundo estoy. Me gustó una charla de Cuaresma que hubo el martes en la parroquia y fuimos también, esta vez todos, con los dos niños incluso, al vía crucis anteayer viernes en la parroquia.

11 marzo. Tenemos en la cofradía esta semana tres días de Ejercicio de Cuaresma, como dice el consiliario. Lo da un sacerdote que no conozco, pero dicen que habla bien. Ya veremos. El segundo día no podré ir, por el compromiso con el cumpleaños del niño, qué le vamos a hacer. He empezado a leer los evangelios empezando por el de san Marcos que me han dicho que es el más sencillo, a ver qué tal. Es algo que tenía que haber hecho antes y veo que en la Biblia ando como un pardillo y eso es mala cosa hasta para un cofrade. El año pasado hubo dos días de Biblia y Cofradía, este era el título que a mí me extrañó un poco, y no fui; los que fueron quedaron muy contentos, yo lo dejé pasar y luego lo sentí. Tengo que aprovechar más todas estas cosas.

18 marzo. Bueno el tiempo pasa, los días caen y en dos semanas se habrá pasado la Semana Santa. He hablado con mi mujer y vamos a rezar cada noche una oración, para mí pienso que un poco larga, que nos repartieron en la parroquia el viernes al final del vía crucis para rezarla en los días de Cuaresma que faltan. Nosotros lo haremos. En estas cosas tengo que poner más cuidado; el domingo pasado no fui a misa por irlo dejando y luego por la tarde se nos fue el tiempo en casa de mi hermana. Falta de cuidado, pues lo siento. No quiero descuidarme en esto.

25 marzo. Iré con los niños a la Burrita, todavía les gusta aunque cualquier día me dicen que ya vale, que si no son cofrades tampoco van a la Burrita. Es una procesión que me gusta, tiene un aire distinto y va a estar muy buena mañana de sol. El jueves tuvimos una charla o retiro a cargo del capellán de la cofradía, fue bastante gente y yo creo que estuvo bien. Nos habló de cómo vivir por dentro la fe yendo en procesión y cómo llevarlo luego en algo a las cosas de la vida. A mí me ha valido para procesionar con algo más de conciencia. Estuvo bien. Nos animó a las confesiones que tenemos el Martes Santo; no sé si iré, porque no acabo de sentirme a gusto en eso. Lo pensaré y quizás vaya a pesar de todo. Lo que sí me ha pasado esta semana pasada es que me he acordado bastantes veces del compromiso de ser cofrade y lo que eso tiene que suponer para mí. Quizás no cumplo bien del todo en esto, como si ser cofrade fuera una cosa de dos días y por costumbre desde que mi padre, que en paz descanse, me apuntó con diez años hace medio siglo. De todas formas tengo que cambiar en esto, lo comentamos a veces y el consiliario lo repite siempre, que ser cofrade no es para salir en procesión, sino para vivir una fe de determinada manera. Pero no es tan sencillo, me parece. De todas formas esta semana tengo que hacerla lo mejor que pueda, voy a esforzarme. Voy a rezar también por la noche dos oraciones cada día del libro que han publicado con oraciones a todos los pasos, que por cierto tengo que utilizarlo más, que para eso es.

1 de abril. Estoy contento y por varias razones. Lo primero, porque es día de Pascua y esto ya lo he aprendido bien, que la Pascua es la Pascua y todo lo demás la prepara y se acabó. Pues eso, que es la fiesta de la Pascua. Y estreno chaqueta, camisa y corbata, sí, señor, que no falte. Y estoy también contento por toda la semana, he estado en dos procesiones con mi mujer y los niños. También fuimos el jueves a los Oficios en la parroquia, me sentí muy bien. El viernes me di un paseo largo por la mañana junto al río y me ayudó a prepararme un poco para la procesión de mi cofradía por la tarde. Ah, fui el martes a las confesiones; bueno, bien aunque no sabría qué decir. La procesión creo que bastante bien por mi parte, me dio tiempo a pensar y a repasar pasos y situaciones de la vida, de casa, de mi matrimonio, pensé mucho en los hijos también, me da la impresión de que he crecido bastante en esas horas de procesión. Luego ha habido quizás un poco de desorden y gente de la cofradía que molesta más que ayuda, pero bueno, puede pasar. Una cosa que me ha pasado este año y que no sé si es buena o mala es que casi me he olvidado del paso y he pensado más en la religión y en la vida. De todas formas cada año es distinto. He quedado contento y bastante bien. Y dentro de un rato nos vamos a la procesión del Encuentro; desde hace dos o tres años es la que más me gusta. Y de todas formas me digo que feliz Pascua. Y me repito lo que nos decía el presidente al final de la procesión del viernes con buen criterio a mi parecer, que con el día de Pascua no acaba nada, sino que empieza todo. Pues eso.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Roberto Haro

Manuscrito de la Biblia leonesa de 1162

07 de febrero de 2018

La fe cristiana, celebrada en sus respectivas regiones y con sus vicisitudes históricas, dio origen en Occidente a diferentes expresiones rituales diferenciadas: Romana, Ambrosiana, galicanas o célticas. Sin embargo, la forma propia y peculiar de celebrar los misterios cristianos en las Iglesias de la Península Ibérica se conoce como Rito Hispano: fue el propio de los católicos hispanoromanos.

Más tarde, en la época de los visigodos germanos, los Padres de la Iglesia Gotho-hispana la enriquecieron notablemente; y tras el año 711 fue la fe celebrada tanto en la España asturleonesa como la que sostuvo a los cristianos que vivieron durante siglos en la España árabe. Es uno de los ritos europeos que estuvo plenamente en vigencia hasta la recepción del Rito de Roma en el siglo XII.

De todas ellas, esta liturgia es la única de las latinas que pervive fundamentalmente en su estado original, debido a la situación de aislamiento que conoció en el largo periodo de resistencia mozárabe. En ella se manifiesta una espiritualidad bíblica, centrada en Cristo, trinitaria y martirial con gran expresividad realista y poética.

La liturgia hispano-mozárabe es particularmente rica en oraciones. Prácticamente cada celebración tiene su formulario propio, lo que fuerza el valor catequético que se daba a la liturgia en la Iglesia hispánica. Este era el medio empleado para infundir la doctrina católica y promover una espiritualidad verdaderamente cristiana en los fieles.

Y dentro de las diferentes y ricas celebraciones del Rito, en el albur de la Cuaresma a punto de iniciarse, destaco hoy un aspecto particular y distinguido de tradiciones gestadas a la sombra de los monasterios y de las escuelas catedralicias en época medieval.

Entre ellos destaca uno de los símbolos más emblemáticos y singulares en la noche del I domingo de Cuaresma: La despedida del Aleluya.

Para comprender el origen de dicha despedida hay que interpretar el significado del Aleluya y de lo que suponía para nuestros antepasados en la fe el cese de su canto en la Cuaresma y otras épocas del año.

La palabra aleluya viene de dos palabras hebreas: Hallelu-Jah, que quiere decir "alabad a Dios". El canto de estas dos palabras acompañaba toda la vida de los cristianos de su tiempo. La proclamación del alleluia de los primitivos cristianos está enfocado por lo tanto en la esperanza futura y con ello quiere dar a entender la Iglesia que nuestras acciones cotidianas carecen de todo valor de salvación si no se hacen en alabanza de Dios.

Este canto de alegría se convierte en la acción de gracias por el anuncio salvador que se escucha continuamente en la liturgia. Por tanto, el Aleluya no es la aclamación al Evangelio, como sucede en el Rito romano, sino la respuesta a la Palabra de Dios.

Pero la liturgia de las horas del Oficio Divino de ese primer Domingo de Cuaresma nos prepara para despedir al Aleluya hasta la Pascua, recordándonos así a los que aún caminamos en esta vida que no hemos llegado a la meta y no podemos gozar todavía del premio de la victoria, de la alabanza y la alegría sin fin.

Aleluya, quédate con nosotros hoy
y ya mañana partirás de viaje, Aleluya …
Te marcharás y tendrás un buen viaje, Aleluya
y volverás de nuevo a nosotros, Aleluya…
Así dice el Señor:
Ha quedado encerrado en mi tesoro el Aleluya
y en Aquél día os lo devolveré Aleluya, Aleluya
Antifonario de León n154 – Oficio Vespertino

Esta celebración de la despedida solemne y festiva de la aclamación Aleluya en la tarde del domingo In Carnes Tollendas da paso al salmo Miserere y poco después termina el Oficio.

El lunes siguiente da paso ya al ayuno, la abstinencia de carnes y al resto de las prácticas penitenciales en ausencia del Aleluya, que únicamente volverá a resonar con estruendo y gozo en la noche santa de la Pascua.

La liturgia hispano-mozárabe nos muestra, en la despedida del Aleluya del primer Domingo de Cuaresma, todo el profundo sentido que esta exclamación tenía para los antiguos cristianos.


lunes, 5 de febrero de 2018

Eva Cañas

Procesión de la Hermandad de Jesús Despojado en la calle Meléndez el Domingo de Ramos | Fotografía: Alfonso Barco

05 de febrero de 2018

Puedo contar con los dedos de ambas manos las veces que me han preguntado por las posibilidades que da una procesión a la hora de relatar la crónica para un periódico. ¿Te lo has planteado alguna vez? La duda ofende.

Algunos dicen que siempre es lo mismo y no hay nada que aportar, otros se quedan en la forma y no en el fondo. Críticas mil. Desde que te acusen de un copia y pega de años anteriores hasta… (es agotador).

Es algo mucho más sencillo y tiene que ver con la capacidad de captar sentimientos en un momento determinado. Sí, captar la esencia de aquello que se mantiene generación tras generación, de una forma de vivir la fe en la calle, en ocasiones callada, en otras con cierto postureo.

Cada detalle cuenta para narrar aquello que no todo el mundo tiene posibilidad de ver. Y sí, se puede contar en una crónica cómo suena una cadena que es arrastrada por un pie descalzo, o cómo el silencio encoge corazones…todo vale, abre bien tus ojos, tus oídos y tu corazón si quieres captar algo diferente cada año. No hay dos salidas de un templo iguales, aunque sean las mismas personas, la vida gira, deja cicatrices y con ellas llega el cambio y un nuevo matiz.

A poco más de una semana del inicio de la Cuaresma me pregunto si realmente es eso lo quieren leer en una crónica de Semana Santa. ¿Conocer lo objetivo o lo subjetivo? ¿Lo hacemos correctamente o nos estamos equivocando?

Para mí, el periodismo cofrade es toda una disciplina dentro del mundo de la comunicación, y no todo vale. El que no crea nunca podrá transmitir un sentimiento cofrade real.

Llevo más de una década escribiendo sobre Semana Santa y nunca dejas de aprender y de ver más allá. Ni que decir tiene la terminología propia de este momento: hermano de paso, de vela, costalero, naveta, incensario, parihuela, cruz de guía, palio,… No te olvides de retener fechas, datos y nombres, de cada imagen,  hermandad, escultor o imaginero. Todo un máster que te pone a prueba cada año. Porque más allá de preguntar por las novedades, si es que las tiene, busca la manera de dar un nuevo enfoque o testimonio que nunca antes has escuchado.

¿El periodismo cofrade es necesario? Como periodista que soy no dejo de hacer este tipo de preguntas, o tal vez el lector se vea satisfecho con visualizar fotos del momento. ¿Se valora? ¿Qué te gustaría leer?


jueves, 1 de febrero de 2018

J, M. Ferreira Cunquero

En primer plano, el Cristo del Amor y de la Paz. Al fondo, el Puente Romano y el campanario de la Catedral | Foto: JMFQ

02 de febrero de 2018

Ante el Flagelado de Carmona es fácil que surja esa emoción que en cada centímetro de su cuerpo trasmite la grandeza que solo pueden tallar los elegidos. Es la fuerza del arte expandiendo por doquier el vínculo de la atadura.

Sin embargo, ante el Cristo pizarraleño de la Vela puede surgir la voz que pone en sus labios mi nombre y es posible que un manojo de lágrimas desnude el sentimiento que brota como una necesidad, sin que el valor artístico mediatice la intocable verdad de los adentros.

El Cristo arrabaleño, por otro lado, puede abrir la historia de mi vida situándome ante el verde mármol frío que lo alza sobre la niñez, cuando con tristeza infantil cantábamos los chiquillos de la escuela del Teso "vamos niños al sagrario"…

En ese baúl incontrolado de emociones, la Virgen de la Encarnación como gran Señora del Arrabal, sin ser una gran obra de arte, siento que la quiero (como decía Antonio Lucas Verdú de su María Auxiliadora) porque es mi madre, y la beldad en quienes amas tiene otros parámetros.

Y qué decir de esas imágenes únicas de Carnicero, que en manos de la Vera Cruz vienen escribiendo su trayectoria de siglos, mientras me llevan al Calvario existencial para hacerme vivir momentos únicos por medio de su gran belleza. Pero resulta que en San Pablo, una imagen que no compite en hermosuras lo es todo para miles de fieles salmantinos. En San Pablo puede entenderse de una forma clara, que se esconde en esa religiosidad popular, que puede acoger a quienes viven momentos únicos cerca de un Cristo que se encarna en el hombre. Y cómo no va a oír el Señor a quienes desnudos se postran ante Él reclamando auxilio. ¿Acaso el Señor va a exigir algún tipo de titulitis para escuchar con amor ciego de hermano único a quien reclame ser alimentado por su misericordia infinita?

Por supuesto que lo aconsejable sería orar de otra manera y ver en las imágenes lo único que de verdad encierran dentro de su mensaje catequético. Pero si en ellas hay mucha, muchísima gente que descubre la paz y el sosiego para seguir bregando, no es para que bombardeemos sus espacios personales con arengas envoltorio de intelectualidad apolillada.

Sería maravilloso que los cofrades dejásemos de decir esas lisonjas que enmarcan a Cristo como un mago que puede resolver nuestros problemas a base de boatos o vestimentas cañí oropel estrafalarias. Pero la realidad debe ir acomodando lentamente el proceso necesario que debe embarcarnos a todos en el mismo camino sin excepción alguna.

La formación es urgente y necesaria dentro del mundo cofrade. Pero de forma obligada, con más énfasis, debe ser acentuado, como compromiso, el reciclaje de todos los responsables de las cofradías, sin excepción alguna, hasta que en los planes o propuestas de cualquier hermandad aparezca de forma natural la catequesis como ofrecimiento ineludible.

Mientras tanto, el sentimiento que proporciona la religiosidad popular es tan respetable, que los eruditos religiosos  que predican entre muros y en las atalayas grandilocuentes, que sueltan cierto fato a naftalina, han de pisar la calle aprendiendo a mirar con ojos artesanos de amor comprensivo hacia el mundo de las cofradías.

Todos cabemos en esta Iglesia universal que nos acoge bajo el mensaje redentor del que vino a enseñarnos cómo debemos abrir el corazón hacia quienes, por las razones que sean, no piensan o sienten como nosotros.


miércoles, 31 de enero de 2018

Abraham Coco

Varias personas, al paso de un hermano de fila en la procesión de la Vera Cruz el Lunes Santo | Fotografía: Alfonso Barco

31 de enero de 2018

Por la presente, se convoca a todos los hermanos de fila de la Semana Santa de Salamanca a las preceptivas jornadas de ensayo que se llevarán a cabo, por primera vez, durante esta cuaresma. El objetivo es proporcionar a cada cofrade de cirio, vara, hachón, cruz y derivados una serie de pautas que contribuyan a que desempeñe su función en sus respectivas procesiones de una forma óptima.

A continuación, se enumeran los propósitos a los que se aspira a través de esta convocatoria:

1) Con estas jornadas de ensayo se pretende, en primer lugar, que el hermano de fila adquiera plena consciencia del relevante lugar que ocupa dentro de la procesión. Sí, el hermano de fila no va a ser los "pies del Señor", ni de su Madre, pero ha de ser consciente de que, sin su presencia, no hay procesión alguna. No por obvio hay que dejar de repetirlo: los "pies del Señor", y de su Madre, podrían llegar a ser las ruedas. Más práctico en opinión de algunos, menos vistoso según criterio de otros. Pero quienes nunca llevarán ruedas (pues por ahora no hay previstos ensayos de una versión cofradiera de Yo, robot) serán los hermanos de fila. De fila india, de fila de a dos, de a tres o sucesivos. Además, el hermano de fila será utilizado por observadores para estimar la salud de una cofradía. Las filas nutridas serán indicativo de que la hermandad no ha celebrado elecciones recientemente.

2) Procesión, cabe recordar, es el "acto de ir ordenadamente de un lugar a otro muchas personas con algún fin público y solemne, frecuentemente religioso". La definición concede así un relevante papel al hermano de fila al indicar que ha de ser "ordenadamente" y "muchas personas". En esto, la responsabilidad recae sobre el hermano de fila, que esta cuaresma podrá adquirir conciencia de esta situación. El hermano de fila forma parte de un todo. De hecho, es hermano de "fila", es decir, de "una serie de personas colocadas en línea". Conviene apuntar que esas personas, por lo general, visten un mismo hábito. Las jornadas de ensayos servirán para enfatizar sobre este último aspecto, aclarando cuáles son las diferencias entre zapato y zapatilla, entre planchado y arrugado, entre lustroso y descolorido o ayudando a identificar dónde termina el tobillo y comienza la pierna.

3) La responsabilidad del hermano de fila durante la procesión es mucha, aunque a lo largo de los años diversas situaciones le hayan podido inducir a pensar lo contrario. Así se pondrá de manifiesto a través de esta convocatoria de ensayos. Asimilado esto, el hermano de fila estará en disposición de procesionar de forma provechosa. Ninguna responsabilidad extra le distrae. En lo colectivo, no tiene encomendada ninguna otra función. Y, por tanto, no necesita ningún elemento más (tampoco llevar el smartphone encendido en el bolsillo ni, por descontado, en la mano). Puede concentrar sus esfuerzos, si se ha acomodado convenientemente el capirote, en disfrutar de la experiencia, tal vez con su oración y/o sus reflexiones personales, tal vez siguiendo las pautas que el consiliario haya podido proporcionarle o, tal vez, con sus recuerdos y sus sensaciones, que también son de Dios.

4) Si el hermano de fila lo es de cirio, habrá de tener en cuenta el manual de instrucciones en esta materia, que será distribuido durante las jornadas de ensayos. Y, en general, todos los hermanos de fila deberán conocer la guía de buenas prácticas. En ella se desaconseja, aunque se quede uno con todas las ganas, emplear el cirio, vara, hachón, cruz y derivados para hacerle saber al viandante que no se debe cruzar por una procesión. A fin de evitar en lo posible estas muestras de mala educación por parte del público, se darán así mismo una serie de indicaciones para tratar de evitar los cortes, en especial los más abruptos, en el cortejo. El hermano de fila ha de estar preparado para entender que sus hermanos de paso a) pueden estar cansados y, por tanto, la procesión no fluye como debiera o b) se pueden estar recreando y, por consiguiente, tampoco la procesión avanza como se pensara.

5) El hermano de fila ha de saber que, pese a lo señalado en puntos anteriores, tampoco él es el ombligo del mundo. Y que, además, los minutos previos a la salida procesional son un momento de lógico nerviosismo, en el que se debe remar a favor de la corriente. Los organizadores de la procesión no tienen extintores y, por tanto, no están para apagar fuegos en esos instantes. Es decir, que no es el momento para reclamar ningún derecho (especialmente si este no está contemplado en ningún sitio) ni para añadir más tensión con exabruptos, amenazas ni voces más altas que otras. De esta circunstancia deberán ser informados también ciertos familiares de algunos hermanos de fila.

Finalmente, se aclara, no obstante, que la participación en este calendario de ensayos no implicará la generación de ningún tipo de privilegio ni la creación de nuevos grupos de presión en las cofradías.


domingo, 28 de enero de 2018

Leo Ramos

Paso de la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, La Borriquilla, en la mañana del Domingo de Ramos | Foto: P. de la Peña

29 de enero 2018

En muchas ocasiones en los círculos de curas se comenta que el mundo de la religiosidad popular, las cofradías, la Semana Santa… es un mundo pastoralmente perdido, o que, al menos, no merece la pena tomárselo muy en serio.

¿Razones? Porque parece que el mundo de la religiosidad popular se centra solo en lo exterior, en lo aparente... Porque parece que la religiosidad popular tiene un fuerte contenido sentimental, el cual muy a menudo es desechado porque parece que no sirve para nada… Porque parece que los cofrades no tienen fe, o tienen una fe muy débil, o no están comprometidos en parroquias... Y así podría continuar con otras muchas razones que son bien conocidas por los sacerdotes y por todos aquellos que se mueven en el mundo de la religiosidad popular.

Pues bien, yo también era uno de esos curas de los que pensaba que la religiosidad popular no tenía mucha enjundia. Pero hete aquí que con el paso del tiempo las personas cambiamos. Estamos buscando métodos para acercarnos a la gente, métodos para la nueva evangelización, puntos en común con nuestros fieles y con la sociedad en la que vivimos, y a veces nos olvidamos de aquellas plataformas que ya están creadas y que durante muchos siglos han tenido su función. Creamos unas tuberías muy buenas pensando que por ahí va a pasar el agua (y muchas veces no es así) y nos olvidamos de todos los charcos, ríos y viejas tuberías por donde sigue corriendo el agua, quizá no el tipo de agua que nosotros quisiéramos, quizá no de la manera que a nosotros nos gustaría... pero sigue siendo agua.

A menudo nos lamentamos y criticamos que el mundo cofrade y la religiosidad popular hace esto y lo otro. Pero ahora –sin ser cofrade ni gran conocedor de la religiosidad popular, sino teniendo simplemente nociones generales y básicas–, me parece de todo punto injusto hacerlo, ya que como pastores nosotros, en muchas ocasiones, no hemos tenido la dedicación, ni el tiempo, ni las energías… que esta realidad merece.

Y la merece porque es de nuestros fieles. Y la merece porque el centro de la religiosidad popular, con muchas sombras como pasa en otros sectores de nuestra pastoral (padres, novios, niños...), intenta ser el Señor. Y la merece porque en nuestra Asamblea, que está aún por estrenar, se ha apostado por acompañar esa religiosidad popular que tan importante es para tantos y tantos de nuestros fieles.

Entiendo que es un gran desafío pastoral, pero por eso mismo merece la pena. Ignoro los frutos que puede dar, como asimismo las dificultades que se puede uno encontrar en el camino. Pero esto nunca ha sido obstáculo para la Iglesia –al menos para intentarlo–, empeñada siempre en buscar lo mejor para sus hijos (otra cosa es que a veces no se haya acertado en las maneras y las personas).

Como pastores no podemos permitirnos tirar la toalla. Estamos llamados a ver más allá de las apariencias, como hizo Jesús con la hemorroísa. Para esta, el manto de Jesús era su última oportunidad. Aunque quizá nunca lo hubiera escuchado en su predicación, aunque quizá nunca le hubiera seguido por los caminos, se aferró a él, al manto, como extensión de Jesús mismo, porque intuía que tocando el manto, podía acceder a la fuente no solo de la salud, sino de la salvación.


viernes, 26 de enero de 2018

Isabel Bernardo

Fray Francesco Patton, Custodio de Tierra Santo, en la bendición del Cristo de la Humildad | Fotografía: Pablo de la Peña

26 de enero de 2018

La visita del Custodio de Tierra Santa a Salamanca, que tuvo lugar el pasado mes de diciembre, no fue solo un regalo para la Hermandad Franciscana, sino para todos los que defendemos de cualesquiera de las formas el nombre de Jesús como un camino de luz y esperanza.

Fray Francesco Patton llegó de Jerusalén con la palabra más cercana y humana, tal vez, porque lo que está bajo su custodia y amparo sea precisamente eso, la cercanía y humanidad que tuvo el Hijo de Dios cuando el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

El Custodio es un hombre que necesita los ritos y tradiciones de fe y, esté donde esté, gusta de celebrar la misa diaria. Pero el Custodio también es un hombre del mundo de los hombres y, como tal, participa del "diario de la vida" tal cual uno cualquiera de nosotros. Digo esto, porque los que nos decimos "gentes de a pie" tendemos a endiosar y enclaustrar todo aquello que forma parte de las altas jerarquías e instituciones. Digo esto, porque los estereotipos las más de las veces estigmatizan, y no precisamente para bien.

Algo que se aprende en el peregrinaje a Tierra Santa con los franciscanos, lo que impacta, es descubrir a una Iglesia que está tan cerca de Jesús como de los hombres, sin reparar cuál es su raza, ideología o condición. Algo que se aprende en el peregrinaje a Tierra Santa es –y esto también lo dijo el Padre Custodio en su visita a Salamanca a todos cuantos le preguntaron– que es tan hermosa como contradictoria. Pero ¿no somos acaso los cristianos y no cristianos hermosos seres llenos de paradojas?

Sí, Tierra Santa te enseña a convivir con estas discordancias que se dan dentro de nosotros mismos, y todos aquellos que en fe la habitan, pueden y deben contarlo. Gracias, fray Francesco, por traer a Salamanca la luz que se custodia en tan grandes desiertos.


miércoles, 24 de enero de 2018

Félix Torres

Un cofrade de la Hermandad Universitaria carga con la cruz en su procesión del Marte Santo | Foto: Pablo de la Peña

24 de enero de 2018

No. No es cuestión de peso… ni de masa, ni de densidad, ni de volumen, aunque lo parezca.

No pasa la cosa por que veamos las diferencias entre hermandades mirando las cifras de una báscula casi más real que imaginaria, porque para medir correctamente esa báscula debería mostrar distintas escalas. Me subo a ella e intento responderte, Abraham Coco, sin hacer de ello una "cuestión de peso".

Es claro que nuestras cofradías no son iguales ni lo pretenden en ningún caso. Que cada una en su mismidad tiene suficiente peso como para no necesitar engañar a la balanza con falsos lastres plomados. Y según esto, desde una óptica ajena a particularidades y detalles, deberían ser vistas en claro equilibrio mostrado en el fiel de la romana.

Por otro lado, también resulta evidente que no todas las cofradías tienen el mismo peso si restringimos los criterios. Considerando cuáles sean los límites en la escala que utilicemos para establecer la medida, siempre obtendremos resultados sesgados aunque realmente objetivos.

No es más importante la que está al cabo de la calle, en papeles o charlas de café, por circunstancia puntual, que aquella otra que realiza su labor calladamente, sin dar cuartos al pregonero, aunque así lo sea para algunos.

No es más boyante la que pasea sus lujos y oropeles para causar la admiración de propios y extraños, que la que, en su humildad, prefiere salir a la calle solo con dignidad pero con orgullo cofrade, aunque así lo sea para algunos.

No es más pesada la que a pesar de presentar unas cifras de hermanos desbordantes, aunque muchos hubieran dejado de participar hace tiempo, dedica su tiempo a la única actividad de la autocomplacencia que la que en su realidad se sabe pequeña pero en continuo movimiento para el cumplimiento de sus fines últimos, aunque así lo sea para algunos.

Para la mayoría de quienes nos consideramos cofrades está claro que la importancia de una hermandad no pasa o no debiera pasar por cifras medibles, sino por cuanto se hace en cumplimiento de unas reglas casi siempre bien diseñadas en sus fines y, según esto, la actividad diaria será la que vaya añadiendo unidades a ese peso que debe tener.

En definitiva, que (teniendo clara tu consideración, admirado Abraham, de que todas las cofradías merecen respeto a su personalidad, un respeto que hay que ganarse en cada momento, y su igualdad desde la mirada eclesial) podríamos saltarnos la regla matemática que lo impide y uniformar peras con manzanas (nunca podridas en cualquiera de los casos) para que en la suma el resultado final sea de igualdad para todas y cada una de ellas. Otorgar a nuestras cofradías su peso en función de aquello por lo que de bueno destaquen, confiando en que están manejado correctamente los "talentos" que les fueron donados en su principio, aun siguiendo caminos diferentes, obteniéndose la igualdad como resultado global, lo que no obsta para que en algunos momentos unas puedan destacar sobre las otras.

Así creo que debiéramos verlo.

Otra cosa es cómo lo veamos.



¿Qué buscas?

Temas y autores

cofradías procesiones arte religiosidad popular pastoral F. J. Blázquez tallas diócesis A. Coco Pedro Martín cultura imaginería J. M. Ferreira Cunquero Félix Torres Tomás González Blázquez idiosincrasia Junta de Cofradías tradición comunicación aniversarios estética política José Fernando Santos Barrueco Tertulia Cofrade Pasión turismo Eva Cañas pasos liturgia Cuaresma Daniel Cuesta SJ Andrés Alén Asamblea Diocesana Navidad cartelería formación Montserrat González Tomás Gil Rodrigo cargos literatura periodismo pintura Antonio Santos Catedral Francisco Gómez Bueno cultos ritos Ayuntamiento Fructuoso Mangas Javier Prieto hermanos de carga poesía provincia publicaciones Roberto Haro caridad educación exposición fotógrafos niños sacerdotes Año Jubilar Teresiano Fernando Mayoral Isabel Bernardo historia muerte pregón revistas Asunción Escribano José Anido Miriam Labrador Santa Teresa Xuasús González Zamora estatutos secularización Ángel Benito Corpus Christi Jubileo de la Misericordia Paloma Pájaro Peñaranda Tierra Santa Tomás Martín editorial música religiosas Carlos Ferrero Conrado Vicente Coordinadora Diocesana de Cofradías Florencio Maíllo Francisco Rodríguez Pascual José Adrián Cornejo Nacho Pérez de la Sota Pascua Raúl Román Universidad aplausos encuentros redes sociales restauración subvenciones Ana Ontiyuelo Arturo García Ruiz Carlos García Rioja David Rodrigo Enrique Mora González Guzmán Gombau José Frank Rosario José Javier Rodríguez José Luis Puerto Leo Ramos Madrid María José Lanzagorta Núñez Solé Rosana Hernández discapacidad justicia jóvenes obituario vocaciones Ávila
Cada etiqueta muestra los últimos veinte artículos vinculados a ella