lunes, 21 de octubre de 2019

jueves, 17 de octubre de 2019

P. José Anido Rodríguez, O. de M.

La cruz de guía de la Hermandad del Perdón inicia la procesión en el Camino de las Aguas | Foto: Pablo de la Peña

18 de octubre de 2019

"La procesión la abre una cruz, como las procesiones litúrgicas son abiertas por la cruz parroquial. Poco más que comentar. La procesión la abrirá la cruz de la cofradía, llamada cruz de guía o en su defecto la  cruz parroquial si esta existe. Todas las demás cruces no tienen ningún sentido litúrgico y, además, estéticamente suponen una redundancia incomprensible". 
Pedro Martín, "Estética cofrade (II)", 28/XI/2016

Muchas son las cuestiones disputadas que adornan el foro cofrade. Son menos aquellos que intervienen en el debate con conocimiento de causa y criterio: este es el caso de Pedro Martín. Hace unos años dedicó una serie de artículos a la estética cofrade. Desde su publicación, si bien coincido en términos generales con lo que expone, tengo algunas diferencias en la aplicación de los principios a determinados casos concretos. Por eso, quiero dedicar al menos un par de artículos, a comentar esas diferencias y matices, dejando claro que es mayor el acuerdo que la disensión. Y puestos a comenzar por algún lugar, qué mejor que hacerlo por el principio, es decir, por la Cruz.

En nuestras procesiones encontramos un número casi infinito de insignias y símbolos de distintos tipos. Cada una de ellas tiene un significado y una función precisa. Sin embargo, en ocasiones, debemos reconocer que se han adoptado sin demasiado criterio: se ven atractivas, se adquieren y se colocan donde mejor cuadre sin pretender la articulación de un discurso coherente. Pongo un ejemplo: recuerdo que en una ocasión la sección de una cofradía sacó el incensario y la naveta en medio de su cortejo, no acompañando ninguna imagen. Esto supone no entender la función del incienso. Las procesiones tienen una gramática propia (con sus variantes dialectales en distintas zonas geográficas, es cierto) que debe respetarse para que tengan un sentido y puedan ser leídas como una verdadera oración hecha camino. Esta gramática apunta a la liturgia, pero no se confunde, ni se identifica de modo unívoco con ella.

Si nos fijamos en la cruz y tomamos como modelo la celebración solemne de la Eucaristía, al menos podemos contar con dos cruces: aquella que abre la procesión de entrada y la que preside el altar. En ocasiones pueden ser la misma, pero no siempre. Esto justifica la presencia de la cruz guía abriendo la procesión, por un lado. Y, por otro, también justifica que, dado que los pasos son altares en la calle, la cruz de altar tenga su correlato en la cruz parroquial, ya sea abriendo el tramo de la Virgen, ya sea en su cuerpo de acólitos. Esto último me genera una duda: ¿son cada uno de los pasos un altar independiente y, por lo tanto, tendría sentido que cada tramo o cuerpo de acólitos llevara una cruz; o, aunque separados, representan un altar mayor, un retablo completo y, así, con una sola cruz sería suficiente? Yo me inclino por esta última visión: permite considerar la procesión como un todo y favorecer una lectura global de la misma.

Como es natural, la presencia de la cruz en la liturgia y en los espacios celebrativos no se limita a las dos mencionadas: en cuanto a las cruces físicas, el espacio de una iglesia o capilla suele contar con las catorce correspondientes a las estaciones del vía crucis; en cuanto a las gestuales, la misma celebración de la misa cuenta con múltiples momentos en los que se realiza la señal de la cruz, por el celebrante y por el pueblo. Esto puede tener su reflejo en las procesiones: por ejemplo, en nuestra ciudad de Salamanca, la hermandad del vía crucis porta en su estación de penitencia las estaciones de la vía dolorosa. Lo que tiene un sentido lógico dentro del discurso que intentan articular en su procesión.

¿Quiero decir con todo esto que, en la procesión, cuantas más cruces, mejor? No, de ninguna manera. Es cierto que, si atendemos a la liturgia, su materia y sus gestos, o al espacio celebrativo, podemos encontrar analogía suficiente para su presencia múltiple en el cortejo, pero no se trata de añadir elementos por añadir, sino que, en todo momento, aunque haya una pluralidad, esta debe tener un sentido y una coherencia. Como defiendo, las hermandades y cofradías en su misión evangelizadora deben realizar una exposición orante en las calles. Mientras este discurso sea coherente y apunte, aunque no se identifique con ella, a la liturgia, considero que es válido. En cuanto a las cruces, además de la de guía, es posible considerar su presencia ligada a los pasos, como cruz de altar. Si se quieren incluir otras deben responder siempre a un discurso meditado que responda a la lógica teológica, eclesial y litúrgica.

P. D.: Para otra ocasión quedan las cruces que pueden llevar los nazarenos penitentes a imagen de Cristo cargando con la Cruz camino del Calvario, con un fundamento evangélico y bíblico evidente. En este texto me he querido centrar en las cruces como insignias.


miércoles, 16 de octubre de 2019

Álex J. García Montero

Jesús Despojado de sus vestiduras ante las Siervas de María Ministras de los Enfermos | Foto: Manuel López Martín

16 de octubre de 2019

Con los últimos veranillos (fundamentalmente el "veranillo de San Miguel") llegan los balances de las ferias taurinas. Es como una evaluación pendiente, pues siempre se hace pasado septiembre, cuando las brumas empiezan a enfriar las parvas y se adelantan las sosiegas.

Así, cuando se encaran las últimas ferias de importancia (Otoño en Madrid, San Lucas en Jaén y el Pilar en Zaragoza), ganaderos, toreros y sobre todo empresarios, hacen su balance anual.

Lo mismo sucede con la Semana Santa, pues, aunque podríamos hacer parciales en Pascua, es, cuando comienza el curso, más concretamente el cofrade, cuando se hacen los propósitos, con buenas intenciones en general, para enmendar la plana al año trascurrido.

Podríamos hablar que en la Semana Santa salmantina siguen cuestiones pendientes, como la bravura de su identidad, el trapío de sus normas, la capa de la implicación de los hermanos, el indulto de lo bien hecho en todos los tercios (estación de penitencia, caridad y oración)…

Nos guste o no nos guste, hemos de decir que el escalafón está cada vez más mermado. La parte baja la ocupan casi todas las hermandades. Ha habido mucho festival, más que corridas serias. Si las puertas grandes de los festivales cuentan como una plaza de primera, será algo que los órganos presidenciales deberán dilucidar. Pero, otro año más, hemos visto mucho alamar toreando cornúpetas afeitados hasta la saciedad. Y es que siguen mandando más las cuadrillas, éstas más de alpargata que de plata, que los propios espadas. Eso sí, siempre hay sobresalientes que aparecen en cualquier festival que se precie para hacer paseíllos de corbata o costal allá do son requeridos o, en la mayor parte de las veces, pululan por los callejones cofrades autoinvitados.

Siguen las cofradías vetustas (hierros ya confirmados en su antigüedad) sin centrarse en su buen hacer de siglos y décadas pasadas. Algunas programan visitas a templos vacíos, que recuerdan a los museos del ateísmo del comunismo soviético. Mientras, los aficionados, aquellos que sostienen la fiesta (mediante oraciones de clausura en albos hábitos) han sido expulsados, mejor dicho, expulsadas, para seguir toreando a puerta cerrada.

Hay plazas intervenidas y toros, que, por falta de trapío de sus hermanos mayores, han sido devueltos a corrales, sine die. Mal está que, en su septuagésimo quinto aniversario, la penitencial dominó, siga con sus clásicas riñas de patio de caballos, mientras en vez de soñar con lo que ha sido, siga los pasos acomodaticios de acomodadores de plaza venidos a menos, para estar cada vez más cerca del matadero que del albero.

Y finalmente, tenemos lo de siempre, las plazas de segunda, donde, aunque enfervorizados aficionados de tres al cuarto, griten y pregonen indultos a erales de poca monta, seguirán realizando sus festejos de vez y año.

Y al palco, lo que es del palco. Cada vez, se mira más a un palacio cuasi vacío de mando, donde se ha trocado el buen hacer de la presidencia por un dejar hacer demagógico que poco favor va a hacer a nuestra semana mayor. Se ha sustituido el mitrado palco por andanadas de barbarie y borrachera sureña.

¿Qué queda? ¿Qué nos queda? En el sur de este viejo reino, al norte de la Extremadura, Salamanca vuelve a ser encrucijada entre caminos, campos, sierras, viñedos, tierras y fronteras, permanece la esencia del uro como fantasma de realismo, el miedo torero, el más real al que nos iremos enfrentando año a año, temporada a temporada, Cuaresma a Cuaresma y Pascua tras Pascua.

Porque ese miedo nos empujará al indulto, a realizar bien la caridad (con los cercanos o los lejanos), a mostrar a Cristo como doliente y resucitado (muerte y gloria) y seguiremos orando por nosotros y los que nos precedieron.

Seguiremos exigiendo tentaderos para cada aventura procesional que se le ocurra a cualquier atisbo de empresario de tres al cuarto.

No queremos encierros de Iruña ni cantes jondos de la nacencia de Trajano. Queremos recuperar la esencia del toro. El pelaje invernal que madura con las heladas y que busca el romero de los pies del Señor en cada primavera sobre los hombros de los que nos decimos hermanos de cofradía, de hermandad, de penitencia, de fe sin vergüenza torera.

Y tendremos que ir mirando poco a poco a nuestros orígenes. Porque tan origen es la "Ancianita" de Béjar como el Hospital de la Vera Cruz.

Si no, estaremos marcando el mortal sino de Islero con todos nuestros comportamientos sobre la taleguilla ya roída de la Semana Santa.

No queramos cerrar los ojos con vendas ensangrentadas de abiertas femorales en quirófanos contaminados con diversos virus foráneos. De lo contrario, el muñidor será el penitente que no sólo abrirá, sino que cerrará para el olvido cualquier atisbo de Pasión bajo el polvo de la arena hecha niebla del olvido en silentes taquillas y tendidos.

Sé que publicar un escalafón supone recibir las almohadillas de la ira del rejón de las verdades. Pero, como indicaba Ortega, España es el único país donde se discuten las estadísticas.

Sigamos discutiendo en las aulas de San Esteban; mientras la fiesta, la Semana Santa, languidece año tras año camino de unas tablas llenas de carcoma de falta de compromiso barnizadas de odio, envidia y sobre todo, mansedumbre, mucha mansedumbre.


domingo, 13 de octubre de 2019

Paco Gómez

Entrada del Museo de Semana Santa de Zamora, que custodia buena parte de los pasos de las cofradías de la ciudad

14 de octubre de 2019

"Inútil es volver a los lugares olvidados y
perdidos, a los paisajes
y símbolos sin dueño"
(La lentitud de los bueyes, Julio Llamazares)

Dos de las grandes Semanas Santas de Castilla y León se llevan movilizando desde hace algunos años con el fin de poner en marcha sendos ambiciosos proyectos museográficos, ambos de costes millonarios, que parece que enfilan ya su recta final. En el caso de Zamora, donde la Junta Pro Semana Santa ya tiene su museo, se trata de tirar el actual y construir uno conforme a los nuevos criterios del siglo XXI. Mientras, León aspira a convertir su antiguo Seminario en un nuevo espacio donde presentar algunas de sus mejores tallas y galas cofrades –"poner en valor", según el inevitable soniquete político–, gracias a la implicación de la Diócesis, el Ayuntamiento y, en menor medida, las cofradías de la ciudad.

León calcula que podrá tener su museo, completada ya la fase más compleja de incorporar una gran cúpula sobre el patio, antes de que acabe este mismo año. Mientras, Zamora, que moviliza una inversión de seis millones de euros para el futuro complejo, estima que estará listo en 2022. Dos noticias de actualidad que vuelven a poner, aunque sea por simple analogía, la eterna cuestión de si conviene o no a la Semana Santa de Salamanca contar con un museo.

Resumamos rápidamente los principales argumentos. A favor, sin duda, que otras grandes semanas santas lo tienen (considerando que Valladolid al fin y al cabo cuenta con el Nacional de Escultura que le hace el mismo servicio); que permitiría redescubrir el valor de algunas tallas ensombrecidas por lugares deficientes de emplazamiento habitual o por falta de culto; y, por supuesto, que sería un vínculo de 365 días al año con la realidad cofrade, una asignatura en gran medida pendiente en nuestra ciudad.

Argumentos en contra. No hay un espacio verdaderamente ideal para crear el museo (la iglesia nueva del Arrabal está algo fuera del "circuito" y ya tiene otros usos) y, fundamentalmente, ahora mismo es impensable que por unos u otros motivos las obras más valiosas (el Flagelado, la Piedad, el Nazareno…) o las de mayor devoción (Jesús Rescatado, la Soledad…) salieran de sus lugares actuales para incorporarse a un museo.

Así que en este círculo sin salida, siempre se puede optar por –algo muy salmantino– tirar por la calle de en medio. Vistas todas las dificultades, insalvables, a mi juicio sería mucho más conveniente impulsar una política de puertas abiertas en las principales sedes canónicas de nuestras cofradías.

La experiencia de apertura a las visitas de la capilla de la Vera Cruz, con su inmenso patrimonio escultórico y su excepcional contenedor barroco, pone de manifiesto un interés religioso y turístico para los espacios que constituyen la columna vertebral de la Semana Santa de Salamanca.

Hay ya, es verdad, un horario muy amplio para visitar las imágenes que se encuentran en la Catedral. También hay muchas facilidades para acceder al Cristo de la Humildad en San Martín, a los titulares de la Hermandad del Silencio en Jesús Obrero o al Nazareno y al Santo Entierro en San Julián, por citar algunos ejemplos.

Pero también es cierto que el patrimonio de la Hermandad Universitaria o el de la de Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas permanece bajo llave la mayor parte del año. A San Esteban sólo se puede ir de visita turística o alguna celebración eucarística. Con las Úrsulas cerradas y pendiente de su traslado a una nueva sede, hay serias incógnitas sobre el patrimonio de la Seráfica. Y, entre otros casos, no siempre es fácil conocer los horarios de San Sebastián, donde se encuentran Jesús Despojado y María Santísima de la Caridad y del Consuelo.

Sea por los casos en los que directamente está cerrado o sea en los que sí puede visitarse, falta una verdadera conciencia de la necesidad de trabajar, desde las propias cofradías y desde las instituciones, en una ruta cofrade que permita acceder –dentro de unas limitaciones lógicas– a estos espacios y además dotar a las visitas de sentido, subrayando su relevancia para la Semana Santa.

Lo demás son obras, andamios, fotos políticas y cifras millonarias que bien necesarias son en otros terrenos. Además, tenemos la suerte, en Salamanca, de poder decir: será por museos.


viernes, 11 de octubre de 2019

Pedro Martín

Cofrades de la Vera Cruz aguardan el inicio de la Procesión del Santo Entierro | Foto: Pablo de la Peña

11 de octubre de 2019

Esta pasada semana recibí con alegría la noticia de la apertura de la Capilla de la Vera Cruz, en el Campo de San Francisco, origen de nuestra Semana Santa y sede de la más de cinco veces centenaria cofradía decana de la ciudad. Alegría por la apertura de un templo que lleva cerrado de forma casi permanente desde hace más de año y medio con la marcha de las Esclavas del Santísimo Sacramento en enero de 2018 y que trae a mi cabeza recuerdos de ratos de oración en presencia del Señor Sacramentado, visitas puntuales a saludar cuando pasaba por la puerta, pues casi siempre estaba abierta, o tardes de viernes santo en el comienzo de la "General del Santo Entierro". Tan sólo ha estado abierta en este tiempo y de forma puntual, en los primeros domingos de mes, para la eucaristía de la cofradía o durante los cultos de cuaresma y semana santa se ha podido encontrar abierta.

Ahora parece que esa efímera apertura se extenderá a los fines de semana, lo cual debería ser motivo de alegría ‒como indico al principio de mi artículo‒ si no fuera porque el objeto de esta apertura no se corresponde a uno de los fines primordiales de toda asociación pública de fieles, que no es otro que el cultual, y parece, si no estoy equivocado, que la apertura de la capilla responde a un mero interés turístico-cultural, pues así se ha vendido por parte de la cofradía y el ayuntamiento, con quién parece se ha firmado un convenio.

Bien está que una joya arquitectónica y patrimonial de nuestra ciudad esté a disposición de cuantos nos visitan y también de los salmantinos, pero no sé si el objeto de una cofradía es convertirse en un mero interés turístico, seguramente no.

Me inquieta sobremanera que estando abierta la capilla en los fines de semana no se celebre al menos una Eucaristía dominical y no se pueda rezar con tranquilidad. Desconozco si va a estar presente el Santísimo en el sagrario, manteniendo una cierta "normalidad de culto", o si este va a ser "excepcional", como lo ha venido siendo durante este año y medio.

Triste sería que nuestra cofradía decana optara definitivamente por ser "de interés turístico", al amparo de nuestro ayuntamiento, cuando se debe a sus hermanos, a sus fieles y a su obispo. Por cierto, ¿qué opina de esto nuestro obispo? ¿lo sabe? ¿lo aprueba? Y, teniendo en cuenta que una apertura de este tipo tiene mucho que ver con lo patrimonial, ¿está enterado el Servicio de Patrimonio de la diócesis? ¿Ha dado su visto bueno o ha supervisado el convenio con el ayuntamiento? En las normas diocesanas recientemente aprobadas, algo pone de esto.

Es cierto que con el tiempo, y más pronto que tarde, nos veremos obligados a cerrar algunos de nuestros templos, al menos de forma parcial. En no pocas ocasiones esto afectará a cofradías (ya está ocurriendo, de hecho) y nos veremos obligados a ser los responsables de mantener los templos abiertos, pero siempre con el fin primigenio del culto. Pero parece que vamos hacia la conversión de los templos en museos, o a integrarlos en las rutas turísticas de una ciudad convertida en un gran parque temático, sin alma.

Compatibilizar culto y cultura no es una opción, debe ser una obligación, sin desviarse lo más mínimo de los fines fundacionales reflejados en los estatutos, donde siempre figura el culto y no el interés turístico.


miércoles, 9 de octubre de 2019

Tomás González Blázquez

La diócesis de Salamanca recibió la conmovedora Cruz de Lampedusa en el arranque del curso pastoral | Foto: Óscar García

09 de octubre de 2019

Salamanca acaba de despedir, en el arranque del curso pastoral diocesano y en pleno mes misionero extraordinario para toda la Iglesia, la presencia conmovedora de la Cruz de Lampedusa, la que tiene por materia la madera pobre de una embarcación naufragada allí donde África toca Europa con los dedos y a menudo se hunde y muere en el intento. Su peregrinaje, alentado por el papa Francisco, nos insiste en la íntima relación del drama de los migrantes con la Muerte de Cristo en otra madera pobre hace casi dos mil años.

Es el de la Cruz un signo poderoso en su sencillez geométrica, con "sus brazos en abrazo hacia la tierra, el ástil disparándose a los cielos" (León Felipe). Colgada en la pared de nuestras casas, elevada sobre los campanarios de nuestros templos, puesta sobre las lápidas de nuestros difuntos o trazada, a veces deprisa y sin pensar, sobre nuestros cuerpos, la Cruz nos consuela, nos identifica y nos compromete. Es un signo viviente, de doble dirección, compendio de "los dos mandamientos" como nos recuerda el poeta de Tábara. "Grito, proyecto y fiesta" es también la Cruz, a decir de su último exaltador en Salamanca, el sacerdote y cofrade Javier Fresno, quien precisamente aludió en su intervención del pasado 14 de septiembre a la Cruz de los Jóvenes, icono de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Este regalo de Juan Pablo II lleva recorriendo todo el mundo desde hace treinta y cinco años, y Salamanca lo acogió en el otoño de 2010, en vísperas de la edición madrileña de las jornadas. Con aquel motivo, durante toda una noche las puertas de la Capilla de la Vera Cruz permanecieron abiertas, despiertas para amar, y se sucedieron los momentos de oración ante la Cruz de los Jóvenes.

De ámbito estrictamente diocesano pueden señalarse dos recientes peregrinaciones de la Cruz: la de la reliquia del Lignum Crucis promovida por la Cofradía de la Vera Cruz en 2006, al celebrar su quinto centenario, para lo cual se habilitó un pequeño relicario, y la de la Cruz de la Asamblea Diocesana entre 2015 y 2016, que a través de las pinturas de Jesús López aglutinó la simbología de la Trinidad, representando al Hijo la efigie del Cristo de las Batallas, la imagen de Santa María de la Vega y los dos patronos de la Iglesia local, San Juan de Sahagún y Santa Teresa de Jesús. Tanto el periplo del Lignum Crucis como el de la Cruz de la Asamblea dieron lugar a emotivas escenas de devoción a la Cruz de Cristo, recibida por comunidades diversas y llegando incluso a lugares de sufrimiento y soledad donde el misterio que encarna la Cruz se vive con particular hondura.

No dudo de que, en el futuro, habrá más cruces peregrinas con las que nos encontraremos, porque la Cruz siempre nos ayuda a encontrarnos en la búsqueda. La Cruz de los migrantes atravesados por la injusticia. La Cruz de los jóvenes más allá de las fronteras. La Cruz de una cofradía que la custodia con orgullo y quiere compartirla. La Cruz de una diócesis deseosa de renovarse en el seguimiento de las huellas de su Señor. Tantas cruces para abrazar, para besar, para mirar y ver en ellas a Cristo, para procesionar y así caminar hacia Él. Nuestras hermandades, con sus cruces de guía, no hacen sino peregrinar con la Cruz. Y ya bastaría siguiéndola, alumbrándola levemente, orando casi en silencio, "más sencilla, carpintero…".


lunes, 7 de octubre de 2019

J. M. Ferreira Cunquero

El Cristo del Amor y de la Paz emboca la calle Libreros | Foto: JMFC

07 de octubre de 2019

Cuando estamos a punto de descubrir las fotografías que aspirarán a convertirse en el cartel que anuncie la Semana Santa de Salamanca del año 2020, me invade el extraño y misterioso deseo de que el jurado, aunque sea por despiste, elija por fin una buena postal. Una postal que nos devuelva a aquellos años en los que prevalecía el monumento como signo de identidad, para que los cofrades salmantinos disfruten del incomparable (ya salió la palabreja) tesoro de piedras que viste esta ciudad única y exclusiva. Y es que una postal sería un buen guiño a los departamentos turísticos oficiales, que con tanto empeño velan por el gremio hostelero que proporciona el curre, según dicen los representantes de la cosa política ciudadana.

Además, un cartel de ese estilo puede tener multitud de partidarios y no como la cartelería de los últimos tiempos, que solo alaban, parece ser, cuatro cofrades.

Da igual que se repita el lugar, la imagen y el entorno. Lo que tiene que trascender es que se vea el monumento y la talla de turno para complementar la escena que nos embelese la memoria.

Pero el caso es que la suerte bendice este tiempo, haciendo posible que la Junta de la Semana Santa salmantina cuente con jurados serios, que con plena libertad elijen, para un cartel, la mejor foto de cuantas se presentan. Y he de reconocer que casi siempre han dado en la diana que pintan los mismos fotógrafos de siempre, es decir los que, contándose con los dedos de una mano, manejan el arte fotográfico con seriedad y solvencia.

El problema para que se cumpla mi deseo repentino de postales, es que de momento, como digo, estos jurados han dado en el clavo (por muchas controversias que muevan la masa del pan). Una y otra vez, los carteles de Salamanca sirven como referencia en las movidas semanasanteras regionales, donde nuestra semana pasional destaca, recibiendo elogios por sus acertadas publicaciones carteleras.

Es curioso, muy curioso leer los juicios críticos que ha vertido el jurado que falló hace unos días el II Concurso de Fotografía de Semana Santa de Castilla y León.

Por cierto, ese gran amigo y fotógrafo que es Manuel López Martín, autor, hace no muchos años, de un gran cartel de la Semana Santa salmantina, ha vuelto a ser reconocido con el segundo premio de ese certamen que ha convocado a los mejores fotógrafos de la tierra.

Pero abundando más en esa elección del jurado, sería bueno que viésemos las fotografías galardonadas de la citada convocatoria, para descubrir otro asunto polémico que a veces se aviva con cierta predisposición, al comprobar las imágenes o cofradías elegidas para nuestros carteles. Y es que según se afirma, la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, junto a alguna otra cofradía charra, mantiene un coto de preferencias a la hora de elegir su marcha penitencial como referencia de los carteles tan criticados. Lo de menos es valorar esa estética apasionante que condiciona, realza y complementa un entramado atractivo inigualable que capta la atención de los fotógrafos.

Lo curioso es que son tres instantáneas de los hermanos del Cristo arrabaleño salmantino las que le han premiado a Manuel López, a la vez que el resto de reconocimientos se le han adjudicado a fotos que dejan constancia de procesiones similares en la estética a la de la Hermandad salmantina. ¿No será que algo tiene el agua cuando la bendicen?

Claro que esas fotografías no son para un cartel y que las que se están eligiendo últimamente aquí para tal cuestión, más que mostrar, insinúan y, más que dejar ver, nos proponen suponer…

Esperaremos que cuando visionemos las fotos que aspiran a convertirse en el cartel del próximo año, haya más de diez interesantes y que el jurado imparta con justicia lo que crea conveniente, pues los ruidos y la controversia nunca alimentaron a través de la historia lo que al final prevalece cuando hablamos de arte.


viernes, 4 de octubre de 2019

F. Javier Blázquez

Detalle del Abrazo de san Francisco al crucificado, pintado por Ribalta en 1620. Museo de Bellas Artes de Valencia

04 de octubre de 2019

Hoy celebramos el aniversario del tránsito de san Francisco, el santo del que dicen se asemejó más que nadie a Cristo. El ejemplo y carisma que el Poverello de Asís supo imprimir a la gran familia franciscana han fructificado en innumerables obras que se extienden a lo largo del tiempo y la inmensidad de los continentes. Millones de cristianos, desde principios del siglo XIII, han seguido las huellas de san Francisco en pos de una vida más humanamente cristiana, porque esa es a fin de cuentas la gran aportación de este hombre, pequeño de estatura y no muy agraciado físicamente, según puede desprenderse del retrato post mortem que siguiendo la descripción de Tomasso da Celano realizó el maestro Cimabue. En aquellos tiempos que la terribilitá divina era la manera de entender a Dios todopoderoso, el juez implacable que nada malo dejaba sin castigar, llega este revolucionario y cambia de manera radical la relación entre el hombre y Dios. Mirando a Cristo crucificado, tantas veces en San Damián, Francesco descubre el empequeñecimiento de Dios cuando este se incorpora a la historia de la humanidad como uno de tantos. Se hizo historia, entró el tiempo, nació y padeció y murió y resucitó en la Palestina romana. La encarnación lo había cambiado todo. Mirar al Hombre como él supo mirarlo hizo posible que cambiasen muchas cosas y poco a poco, salvando enormes dificultades, el espíritu de Asís fuera abriéndose camino en el seno de la Iglesia. No se puede seguir a Cristo dejando a un lado al hombre, porque la humanidad de Dios lo había impregnado todo.

Los caminos que el santo había hollado por la Toscana nunca han dejado de ser recorridos. Allí donde hay que redimir al hombre brotan una y otra vez las florecillas de san Francisco. Miles de obras repartidas por doquier, muchas de ellas cofradías, perpetúan la memoria del santo que todo lo cambió. Sin ir más lejos, la cuarta parte de las cofradías salmantinas de Semana Santa, considerando solo las de la capital, tienen un origen franciscano. Vera Cruz, Jesús Nazareno, Cristo de la Agonía y Franciscana germinan desde el sustrato seráfico. Por ello hoy están de fiesta, lo celebren o no. Hoy es el día de la reviviscencia primordial, del recuerdo que alienta la praxis de su carisma. Estas cofradías nacieron en el espíritu franciscano, vinculado ineludiblemente a la acción humanitaria y al ejercicio de las devociones que conmueven al contemplar la Pasión del Señor en la tierra santa que él quiso pisar y regar con sus lágrimas, porque era hombre, y con la sangre del sacrificio, porque era redentor.

Hoy festejamos el tránsito de san Francisco y su voz dulce y sosegada invita una y otra vez al seguimiento de Cristo mirando a la humanidad, sobre todo a esa parte que clama doliente. Nacer y crecer en el convento de San Francisco o en los capuchinos, vivir bajo el amparo de las religiosas franciscanas, en Santa Úrsula o la Purísima Concepción, marca indeleblemente, imprime carácter en la terminología sacramental. Exige un compromiso al que no se puede renunciar so pena de traicionar el aliento que inspiró el primero de sus vagidos. Nuestras cofradías franciscanas, lo digan o no, están de fiesta, con todo lo que conlleva.

Feliz día de san Francisco.


miércoles, 2 de octubre de 2019

Félix Torres

Proclama por la Paz de la Hermandad Franciscana celebrada el pasado domingo en el Monasterio de la Purísima Concepción

02 de octubre de 2019

Comienza un curso más, nuevo como siempre, en esta Semana Santa salmantina que para casi todos los cofrades es una semana de cincuenta y dos semanas, y abrimos las puertas a cuanto de novedoso nos espera, pero sin perderle la atención a todo aquello que, por presentarse casi cuando cerrábamos por vacaciones, no fue motivo de comentario ni cita.

Abrimos temporada con el acto que, desde hace cinco años ya, se encarga de correr la tranca que acerroja los portones de nuestra casa de hermandad salmantina y virtual. Porque la Proclama por la Paz se ha convertido en el primero de los actos cofrades. Un acto cargado de seriedad responsable en el tiempo en que apenas hay consciencia cofrade por estar en el otro extremo del diámetro temporal, en la otra punta de ese calendario que se inaugura el Viernes de Dolores.

Es nuestra Proclama ese grito ecuménico que la Hermandad Franciscana lanza al viento aún cálido de cada comienzo de otoño para recordar y recordarnos que siempre hay quienes están en peligro, en cualquier parte del mundo, por el único hecho de sentirse cristianos y proclamarlo sin sonrojo y que necesitan de una palabra firme de ánimo, de una oración callada que sirva, al menos, como recordatorio solidario. No más. Que no es mucho más lo que podemos hacer nosotros, simples cofrades salmantinos, sino tener presentes en nuestro día a día a cuantos sufren persecución por defender una fe que compartimos.

Digo, que se nos abren las puertas de la temporada. Unas puertas que cerramos hace unos meses para el descanso temporal, casi dejando fuera a esas Normas Diocesanas para cofradías que por fin vieron la luz en aquellos días finales de primavera y que esperamos comiencen su andadura; ese desarrollo que toda normativa necesita una vez plasmada en papel, con la firmeza y energía que deben tener cuantas reglas sirvan para una mejor convivencia cofrade y un mejor discurrir de nuestras actividades piadosas.

Unas Normas Diocesanas que "vinieron" acompañadas de la erección canónica de la Real y Pontificia Archicofradía Sacramental de María Santísima Madre de Dios del Rosario, nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Redención en la Institución de la Sagrada Eucaristía, María Santísima del Dulce Nombre, San Juan Evangelista y San Pío V, pues apenas diez días separan las sanciones, rubricadas con la firma de nuestro obispo Carlos López, para una y otras. Una cofradía que viene a hacerse un hueco en la semana de Pasión y a la que damos la bienvenida en estas líneas.

Normas y Rosario que, aún sin pretenderlo, van a provocar movimientos en nuestras hermandades, cofradías y congregaciones o, al menos, van a suscitar comentarios entre los unos y los otros cuando, al vernos tras un verano dedicado a menesteres más acordes con esos tiempos caniculares, hagamos la puesta en común de los comienzos de curso.

Normas y Rosario que están junto a estas puertas recién abiertas pero que no serán las únicas novedades que protagonizarán estos días del tiempo ordinario que nos llevan hacia el Adviento.

Aún hay mucho por delante y sólo hemos abierto la puerta.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Ha llegado el otoño y Pasión en Salamanca regresa para servir, como siempre, a sus fieles lectores | Foto: M. López Martín

30 de septiembre de 2019

Volvemos con el otoño y ya es para la sexta temporada. Por delante los 120 artículos con los que una cualificada y variopinta treintena de columnistas contribuirá a crear criterio en torno a este singular mundo de las devociones populares que nos ocupa, la Semana Santa y todo aquello que entre sus resquicios termina por colarse.

La edición digital de Pasión en Salamanca nació con esta finalidad, la de prolongar durante el curso el espíritu de la revista clásica que había visto la luz en 1994. Los nuevos tiempos lo pedían, porque ahora es así. Y sin renunciar a lo de siempre, la Tertulia cofrade Pasión aprovechó su XXV aniversario fundacional para lanzar on line una publicación de fondo que quede como poso reflexivo, sin caducar, para ir forjando de manera progresiva una opinión rigurosa, a la par que abierta y tolerante, sobre el complejo y poliédrico fenómeno de la Semana Santa.

La puesta en funcionamiento de este tipo de iniciativas no resulta complicada. Cada año surgen infinidad de lugares en los que cualquier aficionado a lo que sea pueda documentarse y aprender. La dificultad estriba en mantener la actividad a lo largo del tiempo y que esta mantenga su frescura y calidad. En ello se ha empeñado siempre la entidad editora de esta publicación. Y para ello ha formado este fabuloso equipo de colaboradores que mes a mes va dejando auténticas joyitas en forma de columnas. Junto a ellos, el manojo de fotógrafos que también de manera altruista contribuyen a dignificar y embellecer la publicación.

Ha llegado el otoño y Pasión en Salamanca regresa para servir, como siempre ha hecho, a sus fieles lectores. Todo el año, como dice el lema inveterado, por y para la Semana Santa.


sábado, 29 de junio de 2019

Félix Torres

Don Pedro, capellán de la Vera Cruz, en la procesión del Corpus del pasado domingo | Fotografía: Pablo de la Peña

28 de junio de 2019

–¡Buenas tardes!

–¿Sí? ¿Qué quería?

–Venía a traer "esto" para don Pedro.

– Pues no está. Está en su otro "trabajo". Ya sabe en el tanatorio. ¡Qué gran persona es don Pedro! El otro día le hicieron un homenaje...

– Sí, sí. Si yo venía a eso. Le traigo este galardón, que es el que le entregamos en el homenaje, porque faltaba un detalle...

– ¡Ah! Son ustedes... Pues, se lo merecía. ¡Qué gran persona es don Pedro!

Esta es, más o menos, la conversación con la que, una vez depositado allí la escultura correspondiente al galardón Rodríguez Pascual 2019, se cierra el homenaje a don Pedro López, salesiano don Bosco, y el curso en la Tertulia Cofrade Pasión.

El portero del colegio Salesiano de Pizarrales es... yo diría que como cualquier portero de colegio o convento. Un hombre de edad, sencillo, con cara de soportar sonriente los envites de esos alumnos que ahora ya andan de vacaciones y pendiente de cuanto pasa a su alrededor, intra y extramuros, que para eso está en los límites. Pues este hombre de religión, salesiano también, al que no tuve el acierto de preguntar el nombre, me dijo que don Pedro es un buen hombre... más que otros buenos hombres. Y eso, dicho por un compañero de casa es mucho.

No me sorprende que Pedro López, quien cuenta con su particular modo cómo fue designado capellán de la Vera Cruz por el obispo Braulio, cómo se enamoró de los actos del quinto centenario de la cofradía, cómo sufrió el proceso de comisariado en el que se vio obligatoriamente inmerso y del que salió exitoso, cuánto le ha dolido la marcha de las Esclavas del Santísimo o cómo hay por ahí "algunos" cofrades de la Vera Cruz en los que se apoyó y se sigue apoyando para continuar con una vida de servicio en la que la humildad, que él no reconoce como buen humilde, es el aura que rodea a este hombre bueno que acepta cuanto debe con obediencia y una sonrisa.

Su capellanía en la cofradía decana durante los últimos casi veinte años ha "coincidido" con momentos de esplendor que la Vera Cruz llevaba tiempos sin conocer. Esta casualidad está íntimamente ligada a este hombre, quien desde su llegada, desconocedor del mundo cofrade y de la Semana Santa popular, se fue haciendo un huequecito en el que poco a poco ha ido aprendiendo al tiempo que se ha ido haciendo imprescindible y es ya, por méritos propios, uno más en la Semana Santa de Salamanca; uno de los nuestros. Y parece que le gusta.

Pues yo, en mi nombre y arrogándome la representación de la entidad editora de estas páginas, manifiesto mi satisfacción por este reconocimiento, me alegro de haber estado junto a él en el sencillo pero cálido homenaje que le hemos tributado quienes le queremos y me enorgullezco de contarme entre quienes admiramos a Pedro López, un salesiano de Pizarrales que colabora en los actos de religión del tanatorio, que es capellán de la Cofradía de la Vera Cruz y que es una gran persona. Haciendo constar que esto último no lo digo yo; lo dice quien sabe más y mejor que yo: un miembro de su comunidad que ejercía de portero cuando llevé el galardón. Me uno sin ningún reparo a esta consideración y proclamo que este hombre es un buen hombre.


F. Javier Blázquez

Don Pedro, capellán de la Cofradía de la Vera Cruz, muestra el galardón Francisco Rodríguez Pascual 2019 | Foto: JFSB

24 de junio de 2019

Lo dijo muy bien Félix, el presidente de la Tertulia Cofrade Pasión, en la noche ya inolvidable del pasado 22 de junio. En torno a la mesa habíamos sido convocados para reconocer, en un acto emotivo y sencillo, muy familiar, la ingente labor desarrollada por este químico que se hizo profesor para enseñar a los adolescentes y jóvenes que la vida es algo maravilloso y hay que aprovecharla para hacer el bien. Su propuesta la don Bosco, ese apasionado de llevar el evangelio a la juventud, dignificándola por medio de la educación. Su modelo el de María, la Auxiliadora, la que nunca abandona a sus hijos. Años, décadas; décadas y años que pasaban… Esa era su vida hasta que recibió "la llamada". Otra llamada más. Llamado al sacerdocio desde el carisma salesiano, llamado a la enseñanza, llamado al trabajo con los adolescentes… Años y décadas así para que cuando ya creía que todo lo tenía hecho le llame el obispo y le pida que acompañe a una cofradía como capellán. ¡Una cofradía! Pero si él desconocía este mundo y pensaba, poco menos, que para organizar una procesión no hacía falta mucho más. Aceptó no obstante. Se lo pedía el obispo, que no era su superior, y aceptó con humildad. Una constante en su vida.

Por eso Félix estuvo atinado cuando inició el exordio de su discurso protocolario al acto de entrega del galardón que lleva el nombre de Francisco Rodríguez Pascual, otro religioso sencillo y afable que desgastó su vida en la defensa de los valores de la religiosidad popular. A lo largo de la historia de este galardón, que inicia en 1990 su recorrido con el único objetivo de reconocer una labor bien hecha en favor de la Semana Santa o de aquello que la rodea, puede haber habido aciertos y desaciertos. Como en toda decisión humana. El tiempo a veces nos lleva a ver las cosas de distinta manera, resulta inevitable, por eso lo importante es la trayectoria. Y en la relación de los galardonados la mayoría de aciertos es abrumadora. En todo caso, las palabras de Félix fueron certeras: "Este año, con don Pedro, nadie ha podido estar en desacuerdo". Es más, con el tiempo su figura, la de don Pedro, irá creciendo, porque su acompañamiento a la antigua cofradía de la Cruz ha sido de todo menos aburrido. Ha tenido que sortear retos y problemas de envergadura, pero ahí estuvo siempre, en los buenos y en los malos momentos; ahí estuvo para sosegar, para unir, para construir. Y se ganó el respeto de todos, porque todos valoran que siempre le movió el bien de la cofradía. No ha sido fácil, y sin embargo, por difícil que pueda parecer, los hermanos de la cruz, que son de no sé cuántos pelajes, coinciden en ello. Don Pedro es el capellán de todos y está disponible para todos.

La lección del profesor metido a capellán no fue empero la del testimonio de su vida, ni su entrega, que reconocimos y aplaudimos con entusiasmo quienes le arropamos en la Noche cofrade. La última lección que nos dio, de momento, que seguirán llegando muchas más, estuvo en el remate de su improvisada intervención. Después de lo que se había dicho, cierto y con seguridad insuficiente, don Pedro, fiel a sus principios, agradeció la deferencia y remató con las palabras de Cristo en el evangelio de Lucas (17, 7-10), restando importancia a estas cosillas tan del mundo. Él, sacerdote que día a día renueva el compromiso de la vocación, solo había aceptado cumplir con la voluntad de Dios para su vida, atento a la llamada, más bien a las llamadas, de manera que solo cabía decir, como los siervos de la parábola, que "solo era un siervo inútil que nada había hecho salvo aquello que debía hacer".


lunes, 24 de junio de 2019

Tomás Gil Rodrigo

Tres hermanos de la Cofradía de la Oración en el Huerto portan las cruces eucarísticas de Andrés Alén | Foto: P. de la Peña

21 de junio de 2019

El aprecio y el reconocimiento de nuestra Iglesia en Salamanca por las hermandades y cofradías, como lugares donde se puede vivir la fe en Jesucristo, ha quedado patente en el trabajo que se ha desarrollado, después de vuestra participación en la Asamblea Diocesana, para elaborar una normativa diocesana que nos ayude a la comunión y a la misión compartida. Y me ha sorprendido gratamente, debido a mi responsabilidad al frente del Servicio de Patrimonio Artístico, encontrar hasta tres artículos en los que habéis dejado constancia de la necesidad de nuestra ayuda y apoyo. Me gustaría poder resaltar y comentar con vosotros estos artículos.

En el artículo 20, que forma parte del capítulo 4, dedicado a la administración de los bienes, nos pedís ayuda para hacer un inventario actualizado de vuestras obras de arte, que tienen valor principalmente no solo por lo material, sino porque son las huellas del paso del Señor con su Iglesia en la historia. El inventario es mucho más que un recuento, un control o una catalogación, también es la manera de cuidar y agradecer lo que generaciones cofrades anteriores a vosotros nos han legado y transmitido desde su fe y su seguimiento de Jesús.

Más adelante, dentro del capítulo sobre la administración de bienes, en el artículo 28, solicitáis que os acompañemos en la conservación y restauración de los bienes muebles e inmuebles que tengan un valor histórico, artístico o cultural. Del mismo modo en el artículo 63, dentro del capítulo de las imágenes sagradas, volvéis a insistir sobre lo mismo. Está claro que todos en la Iglesia necesitamos una mayor formación y sensibilización acerca de nuestros bienes artísticos. Ya sabemos que no debemos confiar su restauración y conservación en manos de gente sin preparación titulada y sin experiencia, por muy buena voluntad que tengan en querer "arreglar" las imágenes. Todos conocemos casos de los que nos avergonzamos porque los daños son irreparables. Además de incurrir contra la ley del patrimonio, estamos privando a las generaciones venideras, que son nuestros hijos y nietos, a disfrutar las obras de arte que hemos recibido, rompiendo así la transmisión de nuestra fe contenida en la belleza. Es de una gran responsabilidad cómo conservar y restaurar el patrimonio heredado, ya que es un regalo que no nos pertenece solo al hoy sino al futuro. Desde el Servicio de Patrimonio Artístico disponemos de gente preparada que os ayudará a afrontar, seguir y resolver la conservación y restauración de vuestros bienes artísticos.

Para terminar me gustaría ofreceros, aunque eso no aparece explícitamente en la normativa, nuestro Servicio de Patrimonio para otras ayudas y apoyos que también necesitáis. El primero corresponde a la evangelización, porque vuestras imágenes fueron concebidas y encargadas para salir y contar a la humanidad la Buena Noticia de Jesús. Por eso, vemos las calles y las plazas de nuestra ciudad y nuestros pueblos inundadas de la presencia y el mensaje de Jesús, cumpliendo, en cierto modo, su envío misionero: "Id al todo el mundo y proclamad el Evangelio" (Mc. 16, 15). Sin embargo, dentro de las iglesias en las que son guardadas vuestras imágenes durante todo el año, deben ser tenidas más en cuenta para ayudarnos al encuentro con el misterio de Dios por medio de la oración y la contemplación. No tengáis reparo en contar con nosotros para ayudaros en estas dos tareas de evangelizar y contemplar, de hecho con algunas hermandades y cofradías hemos comenzado muy positivamente este camino, la última fue en la Capilla de la Vera Cruz en el mes de febrero. Y el otro servicio que os podemos ofrecer tiene que ver con las nuevas imágenes que estáis encargando. Eso es un signo muy bueno, ya que demuestra que no habéis quedado anclados en el pasado, sino que seguís avanzando y expresando vuestra fe en diálogo con los artistas actuales. Quisiéramos compartir con vosotros los nuevos caminos de la belleza para decir juntos lo que el Papa Pablo VI dijo en pleno Vaticano II a los artistas en la Capilla Sixtina: "La Iglesia os necesita".

Gracias por el don y tarea de las hermandades y cofradías de la diócesis de Salamanca. Estamos abiertos a vuestras sugerencias, el Servicio de Patrimonio Artístico queda a vuestra disposición.


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Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión