viernes, 12 de abril de 2019

Eva Cañas

Abraham Coco, junto a Jesús Rescatado, durante el pregón de la Semana Santa de Salamanca 2019 | Foto: Pablo de la Peña


10 de abril de 2019

Antes de abrirse el telón del teatro Liceo ya se respiraba un ambiente cofrade envidiable, tanto en el patio de butacas, los palcos o el anfiteatro. La banda municipal de música tocaba de fondo marchas procesionales. El pregonero lucía un elegante traje y la medalla de su cofradía al cuello. La ciudad aguardaba el anuncio de los días santos, muy necesario, y Abraham Coco logró pellizcarle en el alma. Como cofrade le agradezco el mensaje de principio a fin, tan útil, tan evangelizador, tan tú. Gracias por acordarte de los cofrades que ya no están entre nosotros y han fallecido en el último año. Antes ningún pregonero lo había hecho. Gracias por acordarte de esos hermanos anónimos que portan las cruces guía de cada hermandad, porque tuvieron su minuto de gloria. 

Gracias por compartir con los salmantinos a Jesús Rescatado, lejos de San Pablo, pero velando por cada palabra que resonaba en oídos y corazones. Gracias por acordarte de Eneko, hermano del Despojado, que al terminar tu pregón tenía un brillo especial en sus ojos. Gracias por acordarte de los que hicieron posible todo: la Cofradía de la Vera Cruz, y de los que nos han precedido, porque merecían su reconocimiento. 

Nos hiciste pensar, aplaudir, llorar y cambiar de actitud. Una apertura a lo que llega desde el punto más importante de todos: la resurrección. ¡Qué necesarias eran tus palabras en tiempos quizás algo convulsos para algunas cofradías! Nos has devuelto al origen de todo, a la fe, a Jesús. Y rescato una parte de su pregón que tiene que llegar a todos los rincones cofradieros: "Aparcar la soberbia y las rencillas". Y otro consejo muy acertado de nuestro pregonero de 2019: "No caer en la tentación de quedarnos en casa porque no nos ha gustado la decisión de quien ahora dirige la cofradía; no caer en la tentación de colgarnos la medalla y ver la procesión desde la acera por aquel malentendido con el jefe de paso; no ser capaces de redescubrir el sitio que ocupábamos en el desfile y dejarnos llevar por la inercia", remarcó. Sabias palabras. Un mensaje que debería resonar en todas nuestras mentes. "Os estamos esperando. Os necesitamos… No dejéis que vuestro reencuentro se quede en la acera". Poco más que decir. Si no habéis tenido ocasión de escuchar su pregón, ya estáis tardando. Dulce resaca de un día grande, para enmarcar en el calendario ese 9 de abril de 2019, cuando un joven cofrade, salmantino y periodista, consiguió unir a toda una ciudad a su Semana Santa, para aprender a quererla más, como nunca antes, a comprenderla y a cuidarla. Gracias.


jueves, 4 de abril de 2019

Pedro Martín

Hermanos costaleros de la Hermandad de Jesús Despojado, junto al público durante su procesión | Foto: Pablo de la Peña

05 de abril de 2019

Desde el año 2015, cuando escribí un artículo sobre quién debería de cargar y las distintas formas de hacerlo, más desde el punto de vista médico y fisiopatológico que desde el aspecto puramente estilístico o del gusto de cada quien, tenía pendiente realizar un "experimento sociológico" probando en propias carnes y huesos cómo es eso de la carga a costal.

Vaya por delante que no es más que eso, una prueba, que no pretende sentar cátedra, pero sí "sentir" esta forma diferente de cargar un paso que nunca había experimentado.

Antes de comentar mis impresiones, agradecer a la Hermandad de Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo que me dejara participar como uno más de la cuadrilla en unos de sus ensayos del paso de palio.

Pido disculpas a los expertos en la materia por mis comentarios, intentando explicar cuáles fueron mis sensaciones comparándolas con varias décadas de carga a hombros, sin olvidar mi profesión y lo que puedo inferir de ella.

Lo primero a destacar es que hacer un costal bien hecho no es fácil, tiene su técnica, y de cómo se haga dependerá que se mueva o no cuando estés debajo del palo, que te quede grande o que la zona acolchada (morcilla) haga su trabajo. Pues nada, que lleva un buen rato hacer el mismo y también destaco que es todo un ritual, tiene esa parte de trabajo en equipo ya desde antes de meterte debajo, pues siempre necesitas la ayuda de otro para hacerlo.

Ya estamos preparados, y con los consejos de los veteranos nos metemos por primera vez debajo y esperamos la primera llamada. Mi primera sensación es extraña, pues de repente el paso sube y hay un momento en el que pierdes el palo, no hay peso, para caer después sobre ti y amortiguar el mismo con las piernas.

Segunda sorpresa, siempre pensé que el peso no te dejaría mover, pero curiosamente es fácil irte hacia adelante y salirte del palo. Me pasó continuamente hasta que me dijeron que me sujetara con brazos y cabeza para que no me ocurriera, y supone un importante esfuerzo, sin duda.

Una vez conseguido, que no fue fácil, poco a poco fui más cómodo, eso sí, mucho más pendiente de ir derecho, y siempre la mirada al frente, que si fuera a hombros y concentrado en andar que no es nada fácil.

La segunda vez que entré ya sabía un poco de qué iba aquello y me concentré en comparar sensaciones con otros tipos de carga y estas son mis conclusiones de novato: fisiológicamente me parece más natural, con un esfuerzo mejor repartido por todo el cuerpo, desde las manos y la cabeza a los pies, ya que el peso va en un punto fijo y no bascula de lado a lado. Eso sí, me parece más peligroso si no se tiene una buena técnica, si no se está perfectamente derecho o el peso al subir y caer sobre ti no lo amortiguas adecuadamente.

Otro detalle importante es la sensación de bloque de toda la carga, por lo que es más difícil que esta se desequilibre, aunque a decir verdad solo puedo comparar con carga de dos filas que es la de mis pasos.

En definitiva, esta sería mi conclusión, postura más fisiológica para repartir el peso y en consecuencia se podría soportar mayor carga, pero mayor exigencia técnica en mantener la postura y en el andar, probablemente con menos margen de error y mayor posibilidad de lesiones si las cosas no se hacen bien.

Reitero las gracias a la hermandad y a la cuadrilla con sus capataces al frente y "ahí quedó" el experimento sociológico.

Buena Semana Santa, hermanos.


miércoles, 3 de abril de 2019

Tomás González Blázquez

Obra pictórica de Jesús López para la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Dolores

03 de abril de 2019

Cuando la Cuaresma declina y se dispone a entrar en su recta final parece como si para culminar la subida a Jerusalén hiciese falta tomar el camino de María, surcar su itinerario íntimo y silencioso, en un segundo plano y a distancia. Algunos de los cultos cuaresmales más tardíos de nuestras hermandades, y también de los más asentados históricamente, están dedicados a la Santísima Virgen y a la contemplación de sus dolores. Como cada jueves de la cuarta semana, la Vera Cruz verá comenzar un novenario a la Virgen de los Dolores que desembocará en la procesión popular del viernes de la quinta semana. En esa precisa jornada concluirá el quinario de Nuestra Señora de las Angustias en San Pablo, en las mismas vísperas del besamanos con que en la Catedral se rubrica el triduo en honor de Nuestra Señora de la Soledad.

No por casualidad, desde 2004, recuperando una tradición perdida, en Salamanca abrimos la puerta de la Semana Santa para que salga María: "El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor, rechazado por su propio pueblo. Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos" (Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, n. 137).

La meditación de los Dolores de María que proponen las hermandades, cada año en la calle y cada día en los altares de sus templos, impacta indudablemente en el sentir de los fieles, y esto ha llegado a reflejarse en el templo de nuestra ciudad puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Impulsada una renovación estética del mismo por sus actuales rectores y comunidad parroquial, la iglesia atendida por los padres reparadores luce desde el pasado 15 de septiembre una nueva efigie de su titular, imagen de vestir realizada por Luis Sergio Torres. Fue entronizada sobre una peana en la que se representa a Cristo Yacente, obra pictórica de Jesús López Martín. Este "séptimo dolor" ha sido completado por los otros seis, del mismo autor, en cuadros que flanquean la escena principal. A un lado, los tres dolores de la Infancia; al otro, los de la Pasión, y en ellos, tres rostros de María inspirados en imágenes procesionales de la Semana Santa.

El cuarto dolor, el encuentro de Jesús y su Madre en la calle de la Amargura, reúne a un Despojado con la cruz a cuestas en abrazo con María de la Caridad y el Consuelo. El quinto, la muerte de Cristo en la Cruz, adelanta la aparición de La Piedad y nos la muestra de pie, recibiendo a Juan como hijo y con él a todos nosotros. El sexto, con el Señor descendido, nos hace fijarnos en la Virgen de los Dolores, que con su mano se aferra a las siete espadas que no vemos porque ya le han atravesado el alma. Ataviadas las tres coherentemente de negro, fuera de su contexto tradicional pero perfectamente encajadas en el relato, y dispuestas en el altar mayor de una modesta iglesia de barrio, Caridad y Consuelo, La Piedad y La Dolorosa invitan a la oración y también convocan a la expresión pública y popular de la fe. Los trazos de Jesús López, presentes ya en insignias y pasos de varias cofradías, han alumbrado esta vez rostros reconocibles que evocan San Sebastián, la Catedral y la Vera Cruz desde esa otra orilla del Tormes. Rostros de dolor necesario para que la Pascua llegue y se explique. Rostros que mueven a devoción sencilla y auténtica. Rostros de madre.


viernes, 29 de marzo de 2019

J. M. Ferreira Cunquero

Monseñor Carlos Amigo, cardenal franciscano y arzobispo emérito de Sevilla

29 de marzo de 2019

El encuentro con monseñor Carlos Amigo en Salamanca fue sin duda uno de los mejores y más intensos apoyos que ha recibido la Hermandad Franciscana de Salamanca, en este breve pero intenso recorrido existencial. Nuestra pretensión con su visita era, únicamente, acercarnos a la figura de san Francisco y presentar junto a él su libro, Francisco de Asís, historia y leyenda, que por sus atractivos es muy recomendable leer.

Lo que no podíamos suponer era que más allá de la venta de todos los libros que la editorial había enviado para el acto, es que tendríamos en monseñor un gran respaldo para las pretensiones humildes que, con nuestro sencillo esfuerzo, intentamos que aviven con seriedad el espíritu franciscano de nuestros fines fundacionales, en todos los que compartimos este proyecto que rezuma seriedad e ilusión.

Fray Carlos Amigo, además de su cercanía y de las anécdotas ejemplarizantes que nos refirió sobre sus experiencias en Sevilla con su Semana Santa, nos dio alguna pauta que ha marcado, en el sello de la hermandad que tengo el honor de presidir, el fortalecimiento de nuestro propósito.

Que alguien de la talla de monseñor te anime a perseverar en nuestra unión a la Custodia Franciscana de Tierra Santa y en la denuncia constante contra la persecución que sufren los cristianos en el mundo, revaloriza sin duda la razón de nuestras existencia.

Ante la primera procesión en la calle que tuvo lugar el pasado año, el cardenal nos dijo algo tan importante: que intentaremos con todas nuestras fuerzas que pueda servir para los tiempos venideros y para los que vayan conformando en el futuro la historia de nuestra hermandad:

- Con los propósitos que tenéis, no os importe ser pocos cofrades. En la calle mostrad lo que tenéis dentro, vuestro espíritu franciscano. Seriedad y silencio. Mucha seriedad.

Estas palabras, que ponían el colofón al encuentro con tan reverendo padre franciscano, fueron rematadas con otro consejo, que para nosotros se ha convertido en refutación de lo que los fundadores de la hermandad trazaron como señas de identidad indiscutibles:

- Alejaos de la chabacanería. En la calle, que todo lo que mostréis sea digno del recuerdo que se merece la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

De momento estas palabras en la Hermandad Franciscana se cumplen a rajatabla de pecho dolido (como decía el poeta del Corrillo, Adares). Solo tres obras de arte de primera categoría, aparte de la sencilla bandera que confeccionó una hermana y cuatro farolas que recuerdan las usadas por las mujeres de la Alberca, conforman nuestros enseres. ¿Y para qué más?

Cuando me pregunta algún medio de comunicación sobre nuestras innovaciones, la respuesta es sencilla: rezar en más silencio si cabe y vivir en la calle con más intensidad el sufrimiento de nuestros hermanos, que por no abandonar la fe en el Señor son perseguidos en muchos, muchísimos países del mundo.

Una de las grandes patologías que padecemos en Salamanca es la del capricho que improvisa ocurrencias procesionales de todo tipo, buscando con la innovación innecesaria tapar otras carencias más consistentes en los cimientos cofrades. La horterada, como bien nos decía fray Carlos, no cabe en una procesión que busque con seriedad trasmitir el espíritu cofrade. Lo sencillo es más, mucho más grandioso que el exceso de una opulencia mal interpretada.

Monseñor Carlos Amigo nos hablaba, por otro lado, de la grandeza de la Semana Santa de Sevilla, del buen hacer cofrade y de cómo él se había integrado de forma muy complaciente en ella.

Es verdad, por otro lado, que no le hizo mucha gracia aquello de que la jerga andaluza ande ganando cacho en Castilla, pues la imitación cuando es sonoramente tan mala, produce el efecto contrario. No voy a recordar la anécdota de la que fui testigo, cuando uno de estos pésimos imitadores dijo algo que, escuchado por una familia andaluza al lado de la Plaza Mayor, convirtió la seriedad de una procesión en un cachondeo.

Despedimos a monseñor  Carlos Amigo y a su secretario, fray Pablo, en la estación del tren, con la extraordinaria sensación de que no tardando mucho nos volveremos a encontrar en Salamanca, junto a algún otro cardenal franciscano, para seguir dando a conocer la misión tan importante que llevan a cabo los hijos de san Francisco en Tierra Santa.

Pero de momento, feliz Pascua de resurrección para todos…


miércoles, 27 de marzo de 2019

Alberto Alén

Nuestra Señora de la Esperanza, una de las cuatro imágenes titulares de la Hermandad Dominicana | Foto: Pablo de la Peña

27 de marzo de 2019

Hoy se cumplen 75 años desde que unos pocos hombres del gremio de las artes gráficas vieran culminado su ambicioso proceso de fundar una nueva hermandad de Semana Santa en la ciudad de Salamanca. Esta nueva cofradía supondría un aire fresco y renovado para los cofrades de su tiempo. Su especial vinculación a la orden de los Dominicos y su propósito de introducir una inspiración sureña en la Semana Santa charra marcaron su integración en el elenco de hermandades salmantinas. La Madrugada no se entiende hoy día sin una imagen de las puertas de San Esteban dejando entrever capirotes, pasos, enseres y charros. 

La única forma de poder asegurar que una entidad, un puesto de trabajo, una amistad, un empleado o una hermandad permanezcan en el tiempo, es conseguir que estas realidades encuentren su hueco y su esencia, conozcan qué los define e identifica y se mantengan inmutables en el tiempo de forma que se conviertan en insustituibles.

Hoy es día de felicitarnos todos por esta magnífica efemérides que celebramos, pero también es el día para preguntarnos, ¿qué hacer para permanecer otros 25 años u otros 50 o quién sabe si más? Creo que la respuesta es esa: reencontrar nuestro hueco, nuestra esencia y reconocer qué nos define e identifica.

Nuestra vinculación con los Dominicos es una de esas características vertebradoras, como también lo son las cuatro imágenes titulares, las cuatro secciones con sus medallas, la doble sede canónica, la salida a las cinco de la mañana, los caballistas abriendo el cortejo, los tres colores de los capirotes y de los verdugos, la carga a hombros o la estética andaluza.

Deseo que todos los hermanos de la Hermandad Dominicana, usando como pretexto este acontecimiento que celebramos, aprovechemos para pararnos y pensar qué podemos aportar cada uno en una necesaria renovación en convivencia y moralidad fraternas, de tal forma que este aniversario sirva de renacimiento y de redescubrimiento de lo que somos para mantenerlo inmutable en el tiempo de tal forma que siempre sea insustituible.


lunes, 25 de marzo de 2019

Félix Torres

Recreación de La Cuaresmera durante el potaje organizado por la Hermandad del Perdón | Foto: La Gaceta de Salamanca

25 de marzo de 2019

"A matar la vieja, la tia pendeja…". Y armados de garrotes y palos, los mozos salmantinos salían a las calles entonando esta coplilla mediada la Cuaresma, sin más motivo que recordar que esta época de penitencia llegaba a su mitad.

Matar a una vieja que seguro que muchos, si no todos, de cuantos esto lean no necesitan que les sea explicada, pero, sea por un acaso o sea por completar conocimientos, diré que se trata de La Cuaresmera o La Vieja Cuaresmera y que es la representación simbólica del tiempo cuaresmal, que va del Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo, en forma de anciana pintada en cartón recortado que se colgaba en casas y comercios para contabilizar el paso de las siete semanas de este periodo de ayunos y abstinencia de carnes en todas sus versiones. Una vieja con siete piernas que debían ser arrancadas una a una coincidiendo con los domingos cuaresmales hasta que en el Domingo de Pascua era quemada con la última pierna que le quedaba y se celebraba ese día de júbilo con una suculenta comida con carnes y embutidos como cuerpo fundamental, necesario sustituto de aquel bacalao que nos alimentó en la cuarentena.

Siete piernas arrancadas en siete semanas que también recordaban –y deben seguir recordándonos– no el qué sino el porqué de esas abstinencias. Dedicar, al menos, cada domingo de estos días de reflexión hacia la Pascua, a la conversión arrepentida. ¿Y qué es esto para nosotros que nos decimos cofrades? Pues un algo más de lo que debiera ser para cualquier otro cristiano… o quizá debamos conformarnos con lo que debiera ser como simples creyentes, aunque nosotros nos enorgullezcamos de centrar públicamente nuestra fe en estos días que culminan en la Pasión y, a veces, olvidemos que es la Pascua lo que verdaderamente debemos celebrar.

Sirvan entonces estos domingos de introspección cofrade para, con acto de contrición y propósito de enmienda (que confío no hayan pasado a engrosar las filas de ese olvido acomodado, acompañando la vieja protagonista de estas lineas), hacer penitencia cofrade de la de verdad, de la que no se ve, de la que va por dentro, y prepararnos para el júbilo pascual.

Domingos para pensar en nosotros y en los demás y, al arrancar cada una de esas piernas simbólicas, prepararnos poco a poco como cofrades cristianos, valga la redundancia si es que existiera, para ir más allá de celebrar aniversarios que sean una simple cifra efeméride, de realizar superficiales actos solidarios que apenas nos hermanen, de rezar viacrucis callejeros sin más sentido que la propia calle, de propalar comentarios sobre unos y otros sabiendo de su falsedad…, y así hasta siete domingos; siete piernas arrancadas con dolor de los pecados y arrepentimiento. En definitiva, para profundizar en cada uno de nuestros actos y darles un sentido más profundo y con más contenido que la sola superficialidad del propio acto. Así, que celebrar aniversarios nos sirva para aparcar rencillas, que el potaje solidario sea la unión con todos esos proyectos que hacen mejor al hombre, que el viacrucis callejero haga de cada cofrade un voluntario en el día a día de esos viejos para los que cada día es un camino del calvario o que el pincho cofrade que cada domingo algunos se esfuerzan en mantener haga comunión dentro y fuera de la cofradía. En conclusión, cosas simples pero necesarias. Ir poco a poco. Dejar que actos sencillos nos guíen hacia metas mayores en este camino de reflexión y penitencia.

Lástima que hace años, demasiados, que nuestra Semana Santa no tiene a La Cuaresmera entre sus costumbres mantenidas. Que son otros los que se preocupan por recuperar una tradición cargada de sentido aunque sea solo en añoranza estética. Que, como excusa, sería algo digno de seguir formando parte de nuestra Cuaresma y de la de nuestras hermandades, como tradición y como recordatorio. Que no es cosa local sino que se celebró y se sigue celebrando en tantísimos pueblos y ciudades.

No sé si serviría para algo, pero quizá si imagináramos que La Vieja Cuaresmera viene seseando… otro gallo nos cantara o cantase.


viernes, 22 de marzo de 2019

Tomás Gil Rodrigo

El regreso del hijo pródigo de Rembrandt

22 de marzo de 2019

Hace casi cinco años pude contemplar por primera vez este famoso cuadro de Rembrandt en el Hermitage de San Petersburgo. El tema evangélico representado, a través de ese tratamiento de la luz, los colores ocres y cálidos, y los empastes característicos del maestro, consiguieron emocionarme y me adentraron en la belleza de la misericordia de Dios. Como ya estamos cerca de la Semana Santa, de la noche santa de la Vigilia Pascual, donde vamos a renovar nuestra vida de hijos de Dios desde su gran misericordia, que es la muerte y resurrección de su Hijo, os ofrezco un sencillo comentario de esta pintura, como preparación cuaresmal que nos anime a acercarnos al sacramento de la reconciliación.

Rembrandt pintó El regreso del Hijo Pródigo en los últimos años de su vida, seguramente fue una de sus últimas obras, que guardó en su taller hasta su muerte en 1669. El lienzo fue adquirido un siglo después, en 1766, por Catalina la Grande para el palacio del Hermitage de San Petersburgo, donde actualmente lo podemos contemplar junto con otras obras del pintor holandés. Posiblemente la zarina lo compró en París a los descendientes de Charles Colbert, ministro de exteriores del rey Luis XIV, el cual lo adquirió en una de su muchas misiones diplomáticas en los Países Bajos.

El regreso del hijo pródigo es una obra que resume la temática, el estilo y la vida del pintor. Estamos ante ante una de las más monumentales pinturas religiosas de Rembrandt, algunos especialistas la denominan su testamento espiritual al mundo. Evidentemente hay que considerar esta obra como un cuadro de temática histórico-bíblica. Con todo, lo que diferencia su última versión de las demás es que evita la narración literal del texto y las muestras de afecto que banalicen la escena con el sentimentalismo, Rembrandt invierte aquí toda su experiencia creativa y su experiencia de vida, para concentrarse en el acto de perdón del anciano padre, busca que su amor y compasión, su misericordia, lo iluminen todo.

Este lienzo es una interpretación pictórica de la parábola evangélica del hijo pródigo que se encuentra en el capítulo quince de San Lucas (cf. Lc. 15, 11-32), en la cual el menor de dos hermanos, después de pedir a su padre la parte de la herencia que le correspondía y de haberla derrochado, llevando una vida descarriada lejos del hogar, se presenta ante él arrepentido y recibe su amoroso perdón. Aparecen en total seis personajes retratados, cuatro masculinos y dos femeninos, en un espacio sombrío y casi inapreciable, que tiene sus líneas de fuga dirigidas al anciano padre y al hijo pródigo, centro de nuestra atención, pero desplazados asimétricamente a un lado para dar sensación de movimiento a la imagen. Bajo el gran portal de la casa y sobre un estrado se perfila a los dos protagonistas y a la vez les da un aire de misterio, además son colocados a un tercio de la altura del cuadro, según corresponde a la ley de sección áurea, que desde la antigüedad es utilizada por los artistas para expresar sus más altas creaciones.

En un primer plano, el personaje más cercano al espectador le da la espalda, es un joven arrodillado y recostando su cabeza, ligeramente girada a la derecha, sobre el regazo y corazón de un anciano, su padre. Los pies del joven reflejan la historia de un viaje que ha sido duro y humillante: el pie izquierdo, fuera del calzado, muestra una herida cicatrizada, al mismo tiempo que la sandalia del pie derecho está rota. La ropa son harapos de color amarillento y marrón, casi transparentes, que dejan entrever su cuerpo desnudo, y el personaje ha sido representado con la cabeza rapada. Sin embargo, aún le queda un objeto de valor, lleva ceñida a la cintura una pequeña espada atada a una soga.

De frente figura el padre, inclinado sobre su hijo le abraza, posando las manos sobre su espalda. Las vestiduras del anciano están cubiertas por un manto rojo y por debajo de este asoman las mangas de una túnica de color ocre con reflejos de un dorado verdoso, son las ropas de un hombre rico que contrastan con los harapos de su joven hijo. La luz inunda el rostro del padre, que, aunque esté casi ciego, dirige la mirada hacia abajo, mientras con un ojo mira al hijo y con el otro se pierde en sus pensamientos, ya que es un padre amoroso y sabio. El núcleo de la escena reside, sin duda alguna, en el gesto de sus manos, representadas de forma distinta. Así pues, la mano izquierda es más grande y fuerte, se apoya con firmeza y mayor vigor sobre el hombro del muchacho, y la mano derecha, más pequeña y fina, lo hace con delicadeza.

A la derecha del grupo anterior se sitúa el hermano mayor. Existe un parecido exterior entre este y su padre, tanto por la barba como por sus atuendos, especialmente la capa roja que cubre la túnica. Es un hombre alto, mejor dicho altivo, de postura señorial y rígida, lo cual queda más resaltado con el bastón que sujeta entre sus manos, que se parece a una vara de medir o una regla. Pretende alejarse de su hermano y ante lo que hace su padre con él, no puede evitar fruncir el ceño, mira distante desde lo alto, clavando sus ojos sobre su padre y su hermano, enjuiciando a ambos.

Todos los rasgos y colores de esta pintura adquieren un sentido simbólico, ya que Rembrandt interpreta con solemnidad lo que es la misericordia de Dios desde el Evangelio de Jesucristo, no se detiene en la letra de la parábola, sino que quiere que entremos en su espíritu. El centro no es el arrepentimiento del pecador arrodillado, ni la penitencia que le exige el hijo que se cree bueno, sino la misericordia de Dios, que se ha hecho visible por medio del Hijo de Dios y se nos ofrece como don y tarea. Por encima de que haya arrepentimiento o se cumpla la penitencia que demuestre la conversión del pecador, está la misericordia de Dios. Por eso, Rembrandt despoja su obra de toda anécdota y el padre se convierte en el protagonista absoluto, que con su abrazo absorbe el pecado de todos, el del hijo pequeño y también del mayor. La maestría con la que el autor ha captado y reflejado el alma de los personajes, consigue que en ellos podamos descubrirlo.

El auténtico protagonista del cuadro es el padre, y su rostro es el único que se muestra iluminado e íntegro. Es muy significativo que Rembrandt eligiera un anciano casi ciego para comunicar el amor de Dios. Ya que Dios mira en profundidad, sin dejarse llevar por las apariencias, el mirar de Dios es amor. Las manos del padre se convierten en el centro de este óleo del Museo del Hermitage. En las manos del padre se concentra toda la luz, clave pictórica y espiritual del cuadro, a ellas se dirigen todas las miradas, en ellas la misericordia se hace luz y carne. Aunque estemos ante una figura patriarcal, hay algo de maternal en este padre que se inclina a estrechar sobre su regazo a su hijo. Incluso su mano derecha, fina y elegante, parece la de una madre que acaricia, mientras que la rugosa y firme mano izquierda se asemeja más a la de un padre que protege. Así, maternidad y paternidad se convierten en un solo gesto de bendición y de sanación. La imagen de Dios es representada por Rembrandt a través de estas manos, donde la justicia y la misericordia se unen.

Solo desde Jesús puede ser comprendida y contemplada la parábola y el cuadro: "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo" (Lc. 6, 36).  El lienzo no solo muestra un perdón sin límites, también constituye una prueba de que los hijos son herederos, y por tanto, son llamados a ser sucesores del padre. El cuadro es una invitación a entrar en el lugar del Padre, gracias al Hijo de Dios, que nos ha hecho hijos por adopción y también sus herederos (cf. Rom. 8, 17). Solo desde Él es posible en nosotros la misericordia de Dios, ofreciendo sus mismas manos abiertas, de misericordia y justicia, con los hermanos, los pobres y el mundo.


miércoles, 20 de marzo de 2019

F. Javier Blázquez

Antonio Bonet Salamanca, fundador de la revista Pasos, recupera esta publicación semanasantera con una tercera etapa

20 de marzo de 2019

Solo los bendecidos por el don de la perseverancia son capaces de alcanzar sus objetivos. Antonio Bonet Salamanca, uno de esos personajes que con sus mil y una iniciativas siempre hace acto de presencia en el panorama de la Semana Santa nacional, acaba convirtiéndose en paradigma de todos ellos. En su abultado currículum aparecen infinidad de actividades, propuestas y unas cuantas aventuras en el ámbito de la cultura vinculada a las cofradías de penitencia. Y de todos los proyectos que ha emprendido, la revista Pasos es con diferencia la niña de sus ojos. Prueba de ello es que, a pesar de las dificultades que supone una publicación de estas características y envergadura, vuelve a ella una y otra vez.

Pasos de Semana Santa se funda en 1998 con la pretensión de llenar el vacío existente en las publicaciones cofrades. Nunca había habido ninguna con carácter nacional y Bonet se lanza a esta empresa casi en solitario, con la ayuda de unos pocos, muy pocos, entre los que sobresale nuestro recordado y añorado Jesús Sánchez Santos. Y con carácter trimestral, la revista consigue mantenerse, con los suscriptores y anunciantes, hasta 2002. Pero bien sabemos, quienes nos dedicamos a estos menesteres, lo complicado que resulta mantener una publicación de estas características, al margen también del trabajo que acarrea para un grupo tan reducido y amateur. Los problemas económicos le obligaron a dejar durante unos años la edición, hasta que en 2006 Bonet vuelve a relanzarla con un cambio en la cabecera, que pasa a ser Pasos de Arte y Cultura. También con periodicidad trimestral y con una vigencia en el tiempo similar a la de la primera etapa, pues salió hasta principios de 2011, cuando los recortes de la crisis le obligan a suspender su publicación por falta de recursos publicitarios. Solo con los suscriptores no se cubría la edición.

Cuando ya todos dábamos por hecho la imposibilidad de poder mantener una revista de estas características, Antonio Bonet vuelve a sorprendernos y nuevamente baja al ruedo con Pasos, que en esta tercera época aparece como Pasos de Arte, Cultura y Patrimonio. Hace pocas fechas acaba de salir el prototipo, a modo de número cero para esta nueva etapa. Y por lo que puede colegirse, la línea es la misma que en la segunda etapa y la Semana Santa ocupa en lugar preponderante en esta publicación que amplía perspectivas con sus incursiones el arte religioso y otras cuestiones relacionadas con la religiosidad popular.

La noticia es buena, muy buena y esperanzadora, las dificultades grandes. Por ello conviene cuidar y apoyar esta iniciativa que va más allá del interés de sus promotores. Contribuir a su difusión nos beneficia a todos. Quienes valoramos la necesidad de divulgar, en sus distintas expresiones, la celebración popular de la Semana Santa podemos contar con una revista de referencia. Los semanasanteros hemos demandado muchas veces una publicación cofrade generalista y de difusión nacional. Pues ahí está otra vez Pasos. No nos lamentemos luego cuando se pierden cabeceras, apoyemos las que surgen o resurgen con el esfuerzo de unos pocos chalados como Antonio Bonet. A él y a su consejo editorial les deseamos toda la suerte del mundo, que la van a necesitar a espuertas. ¡Larga vida a Pasos en esta nueva etapa!


domingo, 17 de marzo de 2019

Asunción Escribano

Portada de Historia de la Sagrada Passión de Nuestro Redemptor, obra de Diego Ramírez Pagan

18 de marzo de 2019

I Introducción

Entre las sorpresas que deparan las cacerías recurrentes por las estanterías de la biblioteca familiar, para repasar los libros olvidados, hallo un tomito adquirido hace unos años en una "librería de viejo", cuya atención había demorado a la espera del momento propicio. Se trata de una reproducción facsímil de una obra publicada en Valencia en 1564 y reimpresa (y "resucitada" –podría decirse– en esta edición por el bibliófilo murciano Antonio Pérez Gómez) en Madrid, en 1950, por la Asociación de Libreros y Amigos del Libro. Su título, Historia de la Sagrada Passión de Nuestro Redemptor Iesu Christo según el Euangelio de San Ioan. Compuesta por el doctor Diego Ramírez Pagan Theologo, para la Excellentisima Señora Duquesa de Segorbe y Cardona. Es su autor Diego Ramírez Pagán, poeta y teólogo murciano, nacido hacia 1524 y estudiante en Alcalá.

Cuando en 1684 el erudito Nicolás Antonio publicó su Bibliotheca Hispana Nova, vastísima recopilación de obras y autores hispanos, quien tan pródigo se mostrara en datos de otros autores, se limitaba a decirnos de Diego Ramírez Pagan, escuetamente pero con sinceridad, lo que sigue: "No sabemos más de él. Publicó: Floresta de varia poesía. Se publicó en Valencia, Juan Navarro, en 1562, en 8.º". Se trata, sin duda alguna, de la confirmación del hecho de que, al decir del mencionado Pérez Gómez, su poema Historia de la sagrada Pasión de Nuestro Redentor "fue prontamente olvidado". Aunque en los últimos años se han llevado a cabo algunos estudios sobre su obra Floresta de varia poesía, la Historia de la sagrada Passion de nuestro Redemptor… parece haber atraído menos la atención de los críticos.

Diego Ramírez Pagan fue, sin embargo, un poeta importante de mediados del siglo de Oro, relacionado con los mejores de su tiempo, como Figueroa, Montemayor o Herrera, y su Floresta de varia poesía es una antología esencial para estudiar la literatura de la época. La obra que nos ocupa, por el contrario, debió de circular menos, tal vez debido a su temática más íntima y personal, y de ahí que también haya dado lugar a un menor interés por parte de los estudiosos. La Historia de la sagrada Pasión se alarga hasta las 274 quintillas, cada una con cinco versos octosílabos, y unidas de dos en dos formando lo que se conocía entonces como coplas reales. En ellas la rima es consonante, y se lleva a cabo en los versos impares y los pares entre sí.

El relato de Pagan se deja guiar –como ya anuncia su título– casi literalmente de la mano del texto joánico. Más adelante analizaremos cómo es evocado el discípulo amado por el autor de esta Pasión. Ahora interesa señalar que, en términos generales, se cumple lo anterior y la mencionada literalidad es tal que cabría decir que, no pocas veces, únicamente se quiebra por la adaptación al verso. Sin embargo, no se evita, en otras tantas ocasiones, enriquecer el relato demorándose también en detalles narrados en los evangelios sinópticos. Es el caso, por ejemplo, de las alusiones al personaje de Judas; de la sangre en el rostro de Jesús, al orar en el Huerto de los Olivos, de la tradición lucana; o la alusión al fiat voluntas tua que Juan no menciona en su texto de la Pasión, aunque sí está presente en otro momento de su evangelio.

Con imágenes bellas y llamativas como, por otra parte, solo el Siglo de Oro nos supo legar, más allá de la forma poética, llaman la atención en estas 40 hojas en octavo toda una serie de recursos, a caballo entre la literatura y la retórica teológica o de la historia de la religión cristiana, que hacen de su lectura un verdadero deleite. No sería correcto hablar de estricta originalidad en el contexto de la literatura y la teología de la época –ámbito en el que no entraremos– en relación con la utilización de los aludidos recursos retóricos, pues estos se incorporan a toda una larga tradición que nace en tiempos medievales, si no antes, como heredera en diferentes géneros de los pioneros comentarios de los Santos Padres. Sin embargo, sí al menos merece la pena llamar la atención acerca de su aparición o continuación en la poesía del Siglo de Oro, de la mano de imágenes y recursos brillantes y en ocasiones no exentas –como casi toda la literatura religiosa con vocación popular– de pedagogía.

Es debido a este interés por lo que, en sucesivas entregas, señalaremos algunos de los aspectos que nos parecen más interesantes de esta obra, poco conocida del público no especialista, principalmente en relación con los modos e instrumentos de que se vale el poeta creyente para lograr llegar a sus lectores con su elocuencia. Se trata de una buena muestra de cómo y hasta qué punto, ayer de la misma manera que hoy, la devoción popular y la fe en definitiva, continúan mostrándose receptivas a la tradición filológica.


jueves, 14 de marzo de 2019

Daniel Cuesta SJ

Imagen de portada del libro Los Evangelios Apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, de Daniel Cuesta en Ediciones Alfar

15 de marzo de 2019

¿Se convirtió Pilato al cristianismo después de la Resurrección de Cristo? ¿Por qué defendió Claudia Prócula a Jesús delante de su marido durante la Pasión? ¿Era realmente una seguidora de Jesucristo como nos cuenta la Carta de Pilato a Herodes o simplemente sintió pena por aquel reo inocente contra el que el pueblo gritaba? ¿Fue Bernice, la hemorroísa, aquella mujer valiente que enjugó el rostro sudoroso y cubierto de sangre del Salvador, obteniendo como premio su retrato en su velo? ¿Fue Nicodemo el autor de algún evangelio? ¿Cuáles fueron los motivos de la condena a muerte de los dos ladrones? ¿Se llamarían realmente Dimas y Gestas? ¿Se convirtió realmente Longinos al atravesar con su lanza el costado de Cristo o aquello fue solo un acto rutinario más de su vida como soldado romano? ¿Por qué José de Arimatea decidió dar la cara por Jesús delante de los judíos y enterrarle en su propia tumba? ¿Fue el guardián y custodio del Santo Grial? ¿Llegó a ser consciente Herodes Antipas de que aquel al que había despreciado y del que se había reído era el Hijo de Dios?

Estas preguntas, así como algunas de sus respuestas, tienen su origen en los llamados Evangelios Apócrifos. Son estos una serie de escritos con origen fundamentalmente en los primeros siglos del cristianismo que, por una razón o por otra (normalmente por su exageración, fantasía o falta de historicidad) no entraron en el canon oficial de la Iglesia. La mayoría de nuestros contemporáneos piensan que se trata de una serie de escritos oscuros, que contienen secretos peligrosos que el Vaticano ha querido siempre ocultar por miedo a que constituyan un peligro para la fe católica. Sin embargo, la realidad es bastante diferente, puesto que las historias de los Apócrifos son conocidas desde antiguo y accesibles a todos aquellos que tengan interés en estudiarlas.

El objetivo de los Evangelios Apócrifos no es el de desvelar los supuestos amores de Jesús y María Magdalena (eso es cosa de las novelas históricas), sino el de rellenar y ampliar la parquedad de detalles con la que san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan nos relatan la vida de Jesús en esta tierra, así como su pasión, muerte y resurrección. Así, el Protoevangelio de Santiago se centra en la infancia y juventud de la Virgen María, constituyendo la primera referencia de su Inmaculada Concepción; el Evangelio Árabe de la Infancia habla de la vida oculta de Jesús; el conocido como Evangelio de María (Magdalena) cuenta de modo imaginativo como, tras la Resurrección los apóstoles tuvieron problemas en aceptar que Jesucristo se hubiera revelado a María (sin especificar si esta era su madre o la Magdalena), etc. En estos y otros escritos se inspiraron los mentores intelectuales y espirituales de las obras de arte cristianas y así se los transmitieron a los artistas, dando lugar a una serie de iconografías como pueden ser la del abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la Puerta Dorada, el descanso en la Huída a Egipto, la Asunción de la Virgen, etc., que se encuentran en muchas de nuestras iglesias.

En esta línea existen una serie de Evangelios Apócrifos que se centran en la pasión, muerte y resurrección de Cristo y que han sido importantísimos en la configuración de las iconografías que hoy contemplamos en las pinturas y retablos dedicados a los ciclos pasionales y, por supuesto en los pasos de Semana Santa. Entre ellos destacan el Evangelio de Pedro, el Evangelio de Bartolomé y, sobre todo, el Evangelio de Nicodemo, que además se complementa con otra serie de escritos menores. Esta última obra pretende, entre otras cosas, narrar en primera persona el testimonio del juicio que sufrió Jesucristo, así como algunos de los detalles de su pasión, relatados por Nicodemo. Por ello, las páginas de este evangelio apócrifo han sido origen de las leyendas en torno a Pilato, su mujer Claudia Prócula, la Verónica, Dimas y Gestas, Longinos, José de Arimatea, Nicodemo y Herodes. En ellos y en su reflejo en los pasos de la Semana Santa sevillana se centran precisamente las páginas del libro Los Evangelios Apócrifos en la Semana Santa de Sevilla, publicado recientemente por Ediciones Alfar.

A través de los textos del Evangelio de Nicodemo y de otros complementarios, en las páginas de este libro se tratan de reconstruir los orígenes de la historia y la leyenda que se encuentran detrás de cada uno de estos personajes, así como su iconografía artística y por último su reflejo e inclusión en los grandiosos pasos de misterio de la Semana Santa hispalense. No se trata de una obra cerrada, sino más bien de una puerta abierta a futuras investigaciones, un intento de diálogo con las raíces cristianas de nuestra cultura, con intención de divulgar tradiciones y herencias que, tristemente tienden a perderse.


miércoles, 13 de marzo de 2019

Andrés Alén

"Solo el penitente pasará", obra de Aída Rubio para el cartel "Pasión en Salamanca 2019" de la Tertulia Cofrade Pasión

13 de marzo de 2019

En la búsqueda del Grial, ya en Petra, en el templo secreto del cañón de la media luna, Henry Jones (Connery), padre de Indy (Ford), herido de muerte, lee a su hijo las notas del diario que contienen las claves para pasar las pruebas, el desafío final, sacadas de las supuestas crónicas de san Anselmo, (el guión real es de Jeffrey Boam, Lucas, Meyes). Primera prueba (ya habían rodado varias cabezas de nazis altivos que pujaban por el sagrado cáliz). El sabio profesor pronuncia esta frase: "Solo el hombre penitente pasará".

Parece que no es este tiempo secular proclive a penitencias, ni cuaresmales. Se lleva eso de la autoestima como potencial fuente vigorosa de la autoafirmación, el no arrepentirse de nada, asumir el pasado de cada cual tal cual. En otros tiempos, los míos, a esa gente autoafirmada se la denominaba engreída, creídos, soberbios, cuando no chulos, pero la sicología moderna apuesta por otras interpretaciones, seguramente, políticamente más correctas.

Vaya usted ahora a restaurar el más mínimo concepto de pecado. Aquello del examen de conciencia, dolor por las faltas, revelar y cumplir. Ahora, en esta sociedad occidental sumida en el merengue de autoestima, la del cambalache que profetizó Discépolo, en el dos mil también, poblada de frikis, gilis, chorros, tertulianos que le han robado la infalibilidad al Papa y la omnipresencia a Dios, vaya Vd. a pedir humildad, sinceridad, arrepentimiento…, ni soñarlo. Pero si ya se nos han vaciado los confesionarios en la iglesias, será que ya no hay curas, y comulgamos todos sanados por una sola palabra suya, que basta, pero que no sé si esperamos a escucharla.

Reconozco que a medida que pasan mis años cada vez me caen peor los ombligos parlantes, los que constantemente se autocitan, se autorreferencian, se hacen selfies mentales, tanto que ya, también con mi poca o mucha inmodestia, apenas me paro a escucharlos. Es que no vamos a darnos un minuto de silencio, un minuto de oración. Que hasta en las marchas penitenciales en vez de estar solo en ello, se hacen virguerías con los pasos esperando el pago del aplauso en vez de sublimar el dolor de contrición. (Que sí, que es más por enervar el sentimiento, que por personal lucimiento, que no todos aparcan en los bares ni donde más los vean). En fin; bien venido sea el recordatorio que Aída Rubio ha incorporado a su magnífico cartel, que con su diseño en forma de cita, vale por si sola como una obra maestra del arte conceptual.

Creo que no atañe solo a los semanasanteros, sino a los que buscan, a los que son capaces de parar para ver y verse y comprender y comprenderse, que parte de no estar del todo satisfecho, paenitere, arrepentirse, que busca el perdón de quien solo nos puede perdonar.

"Solo el penitente pasará...  el hombre  penitente se postra ante Dios... el penitente se arrodilla ante Dios. ¡De rodillas!", oye, que lo dice Spielberg.


domingo, 10 de marzo de 2019

Leo Ramos

Participantes en la reunión en torno a la pastoral juvenil cofrade celebrada el pasado mes de febrero

11 de marzo de 2019

Una comida para dialogar sobre la pastoral juvenil cofrade en Salamanca. Pues sí, miembros del equipo de Pastoral Juvenil de la diócesis y jóvenes de diferentes cofradías y hermandades tuvimos una comida donde estuvimos compartiendo en torno a esta cuestión. Álvaro Gómez Gómez está en el equipo representando al mundo cofrade; él fue quien hizo de intermediario. Esto sucedió el pasado 13 de febrero y corresponde a una iniciativa de la Pastoral Juvenil de Salamanca para conocer las diferentes realidades de jóvenes que tenemos en nuestra diócesis.

¿Es posible una pastoral juvenil cofrade? Esta es la pregunta de fondo. Después de dicho encuentro, estoy más convencido que nunca de que no solo no es una misión imposible, sino muy posible y deseable. Hay pequeñas iniciativas, pero hay que seguir caminando y poner más carne en el asador. ¿Qué caminos podemos recorrer juntos la Pastoral Juvenil y los jóvenes cofrades de Salamanca en esta dirección? ¿Cuáles son las claves para el éxito de la misma?

Es momento de aunar fuerzas entre la Pastoral Juvenil y los jóvenes cofrades. Aunque en el pasado, e incluso en el presente, haya habido sus diferencias e incluso separaciones entre nuestra diócesis y las diversas cofradías, no podemos seguir mirando cada cual en direcciones diferentes. Todos somos Iglesia. Aquí os dejo algunas de las intuiciones que salieron en el diálogo:
  • Los jóvenes cofrades necesitan adultos cofrades referentes en la fe. Al final, se trata de la fuerza de la comunidad, de sentirse identificados con una realidad y un proyecto que nos precede y que va más allá de nosotros, esto es, la Iglesia. Como sucede en la mayoría de las parroquias y en nuestra Iglesia de Salamanca en general, se han perdido eslabones jóvenes o relativamente jóvenes que sirvan de unión entre las personas mayores y las nuevas generaciones. Y en ocasiones, los cristianos de mediana edad no son referentes reales para los más jóvenes, ya sea por la manera de vivir la fe o por la falta de empatía con estos últimos.

  • Los hermanos mayores y las juntas directivas constituyen un pilar fundamental en la pastoral juvenil cofrade. Para bien y para mal, son faros en los que la gente posa su mirada. Si apuestan por trabajar con los jóvenes desde la fe, con fe y para la fe se obtendrán frutos. Como siempre, surge un cuestionamiento que hemos de hacernos los agentes de pastoral con jóvenes de nuestra diócesis. ¿Hasta dónde queremos implicarnos? ¿Cuáles son las apuestas reales en tiempo, personas, dinero, oración, estructuras… que estamos dispuestos a hacer cuando trabajamos con jóvenes.

  • El acompañamiento personal de los jóvenes cofrades es lo único que puede garantizar hacer un proceso con ellos. Por supuesto, cada cual desde donde esté y atendiendo a la diversidad de situaciones que corresponda. En este sentido, es necesaria la implicación pastoral de los capellanes de las diferentes cofradías y hermandades. Desde las diferentes instancias diocesanas se ha de apostar decididamente por la religiosidad popular, para que los jóvenes cofrades logren alcanzar el objetivo central como cristianos, esto es, el encuentro con Jesús.



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