lunes, 15 de octubre de 2018

viernes, 12 de octubre de 2018

Paco Gómez

A la izquierda, cartel "Pasión en Salamanca 2011" de Ángel Luis Iglesias. A la derecha, montaje del Cristo Despojado de Jaén que conllevó para su autor una multa por un delito contra los sentimientos religiosos en febrero de este año

12 de octubre de 2018

"No podrá decirles a todos ellos 
que los ama en silencio"
(Juan Carlos Olivas, Romería)

Acaba de publicarse El año de la necesidad, el poemario con el que el costarricense Juan Carlos Olivas ha ganado el Premio Internacional Pilar Fernández Labrador. Versos escritos con el alma desgarrada en un contexto difícil y seguramente distinto al nuestro en lo material, quizá no tanto en lo nuclear, y que hoy me sirven de puente con el mundo cofrade para empezar el curso.

Dice Olivas en ese poema, Romería, que "para un hombre que lleva su casa a cuestas/es difícil caminar". Les propongo un ejercicio de imaginación: cambiar la "casa" de ese verso por "odio". Y a partir de ahí, supongan. Cómo de difícil debe ser caminar para un hombre que va siempre con su odio a cuestas.

Sin ir más allá, ese hombre, o mujer, podría ser quien le acaba de hacer correr gratuitamente al no respetar un paso de cebra; quien se las ingenia para no compartir con usted el viaje del ascensor. Quien parece que lleva una nube sobre la cabeza, siempre dispuesto a amargarnos el día. Ese hombre. Podría llamarse Paco, Juan, Pepe… o Guillermo.

Supongamos que se llama Guillermo, aunque sus amigos lo llamen Willy. Supongamos que le guste diseminar sus "verdades" sin parar en barras. Supongamos que no respete ni lo más sagrado. Lo más sagrado para usted, claro.

Ahí está un poco el lío de todo esto. Vivir en sociedad es aspirar a la concordia y al respeto mutuo como ideal de civilización pero también, cómo no, asumir que haya quien no piense igual.

Aunque nuestra legislación recoge la figura del delito contra los sentimientos religiosos, considero que esta prevención debe usarse con  mucho cuidado. Básicamente, reservada de manera muy restrictiva, para acciones. Ataques de hechos.

Es verdad que la palabra es poderosa y en ocasiones hiriente como un puñetazo, pero la palabra tiene que ser, por definición, libre. Y eso implica, en primer lugar, aceptar a quien no está de acuerdo con nosotros. Es un pilar básico de la democracia al que además, desde la perspectiva evangélica, habría que añadir no solo la aceptación, sino la misericordia.

En los últimos tiempos, bien los sabemos, hay una cierta moda de ridiculizar lo religioso. Menospreciarlo. Denostarlo. Y no hay más remedio que aprender a convivir con ello. Ni siquiera hablaría de resignación. Simplemente son cosas que pasan y que no deben ir más allá, porque al fin y al cabo es bastante sencillo discernir una crítica más o menos hiriente pero que pueda tener un poso de cierta reflexión, de aquellos otros dichos, actos, gracias, expresiones que buscan simplemente escandalizar mediante un camino al alcance, por lo demás, de cualquier mediocre.

No seré yo quien a estas alturas venga a cuestionar tal o cual decisión judicial, solo muestro mi reserva sobre las acciones legales que se emprenden desde colectivos que remarcan su condición de cristianos contra estos episodios que a mi juicio no deberían suscitar más que la indiferencia.

La judicialización del caso de Daniel Serrano por su mofa del Cristo Despojado de Jaén no hizo otra cosa que multiplicar el daño (el famoso efecto Barbra Streisand) y generar una distorsión del mundo cofrade en muchas tribunas mediáticas. Lo mismo podemos decir del conflicto judicial por las bravuconadas de nuestro amigo Guillermo.

No alcanzo a ver beneficios y sí cuantifico muchos daños al intentar poner puertas a un campo donde para mí, obviamente, como periodista, la libertad de expresión debe ser respetada de manera escrupulosa y primordial.

Lo contrario es, por otra parte, hacer un universo cada vez más estrecho, en el que incluso aportaciones valiosas podrían quedarse fuera. Pienso, por ejemplo, en el cartel de Ángel Luis Iglesias para la Tertulia Cofrade Pasión en la Semana Santa de 2011. En él el propio autor se presenta como un ecce homo de mirada franca. A pesar de sus valores formales y simbólicos, también alguien podría haberse sentido ofendido desde la más recia ortodoxia…

Hubiera sido una pena perder ese cartel. Como son una pena esas vidas que eligen libremente el odio. Pero si incluso a esas personas también Él las ama en silencio, ¿no deberíamos hacer lo mismo?


martes, 9 de octubre de 2018

Eva Cañas

El Cristo del Amor y de la Paz sale de la iglesia nueva del Arrabal con el esfuerzo de sus cofrades | Foto: Pablo de la Peña

10 de octubre de 2018

Apostemos por lo nuestro. Sí, así se titula este artículo y la idea que quiero transmitir con estas líneas. A la palabra "apoyar" la uniría con "defender", y me refiero a nuestra Semana Santa, a sus cofradías, a sus cofrades y a sus imágenes titulares. No se puede echar por tierra el trabajo de varias generaciones, en el caso de las hermandades más veteranas, ni de las personas que hoy las pilotan.

Y no, tu imagen no es más bella que la de tu vecino, ni mejor, ni peor. Ni tu forma de llevar los pasos es la adecuada, ni la suya. Respeta, cada uno lleva la devoción a su manera, viste un color de hábito, va descalzo o con zapatos negros, lleva capirote a va con la cara descubierta. No juzgues aquello que no esta hecho a tu medida. Ponte en los zapatos del otro, o en este caso, lleva en el cuello su medalla, sus desvelos, sus oraciones…

A veces nos miramos demasiado al ombligo y no vemos más allá de nuestra capilla… Abre los ojos, mira a tu alrededor, valora, respeta. Y un paso sería apostar por lo nuestro, participar en los actos de tu hermandad y en los que programan los demás, aunque tu no pagues sus cuotas ni jures los estatutos.

Mi invitación es a acercarte a las cofradías que conforman la Semana Santa de Salamanca, sin desmerecer las devociones que nos llevan a cientos de kilómetros. Una cosa no quita a la otra. No descuides lo nuestro o estaremos en peligro de extinción.


lunes, 8 de octubre de 2018

Abraham Coco

El Cristo del Humilladero de Villanueva del Conde, bajo la advocación del Amparo, recibe al visitante de Crucifixus

08 de octubre de 2018

Ahora que el otoño nos recuerda lo que somos, vuelvo a Villanueva del Conde. Es decir, vuelvo al comienzo del verano, a los artículos por escribir en las primeras semanas de julio. Vuelvo a Crucifixus, que es lo mismo que trepar por las hojas del árbol genealógico con la única motivación de hacerlo. No se busquen aquí interpretaciones, análisis ni reseñas especializadas de la exposición comisariada por Antonio Cea sobre los Humilladeros y Devociones de Pasión en la Sierra de Francia, tercera de la serie Temporalia que aún puede visitarse hasta el 4 de noviembre y que reúne 24 crucificados de igual número de pueblos de esta comarca.

Podría haber regresado de otro modo a Villanueva del Conde, pero lo cierto es que el coche tomó ese desvió gracias a Temporalia. Es domingo y da la bienvenida una vecina, con tanta buena voluntad como regocijo. Pronto la campana llamará a misa de doce. Es ella quien nos explica que el Cristo del Amparo, el del humilladero del pueblo, ejerce de anfitrión y por eso nos recibe tras la puerta, junto al rótulo informativo de la muestra.

Aun sabiendo que todos los cristos del mundo son los mismos, un Padrenuestro ante el Cristo del Amparo de Villanueva del Conde significa más para quienes nunca tuvimos pueblo ni rastreamos ancestros. Es un Padrenuestro como el que décadas atrás pudo rezar la bisabuela Catalina de la mano de su madre, Isidora, el nombre más antiguo que me conecta con estas tierras, a las que vuelvo ahora que el otoño se expresa con crudeza.

Es un Padrenuestro como otro cualquiera. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Ni siquiera daría para un artículo, aunque lo esté escribiendo. Tal vez deba volver a esta iglesia y saber qué día fueron aquí bautizadas Isidora y Catalina, muerta joven, en la inmediata posguerra, con cuatro hermosas niñas a cargo de su viudo.

Del Cristo del Amparo escribe Cea en el catálogo editado a propósito que "destaca entre los de la Sierra por la canónica armonía de su figura y por la intensidad expresiva de su rostro, quizá concebido por su autor para representar el pasaje de la Quinta Palabra: sitio ('tengo sed'), pidiendo agua de amor al devoto que se acerca humillado a orar".

Cuántos padrenuestros ante tanta devoción hoy ajada. Generaciones de fe, de búsqueda, de súplica y gratitud. Es imposible no detenerse en cada uno de ellos, testigos de oraciones que hoy me hermanan con mi pasado. Un recorrido patrimonial y humano hasta rematar en esa Piedad en cuyo regazo cabemos todos con la que el mogarreño Florencio Maíllo ilustró el cartel anunciador de la Semana Santa de 2017 para la Tertulia Cofrade Pasión.

El humilladero se hace así cuna. Y la exposición, experiencia vivida que rememoro en este inicio de otoño, donde lo perenne se hace caduco y cualquier metáfora similar.


lunes, 1 de octubre de 2018

Tomás González Blázquez

Eucaristía solemne de la apertura del Año Jubilar Mercedario en Salamanca el pasado mes de enero | Foto: Óscar García

01 de octubre de 2018

"Octavo Centenario" es la pareja de palabras del año en Salamanca, por aquello de los ocho siglos que cumple nuestra Universidad. Motivo de júbilo para todos y merecedor del recuerdo de que el Estudio General, al calor de la corona leonesa, fue dado a luz en la Catedral salmantina, circunstancia ciertamente muy eclipsada en este aniversario. Tampoco las cofradías y la Universidad han sido ajenas entre sí, ni lo son afortunadamente, pero quisiera hacer un apunte sobre otro "octavo centenario" de relevancia eclesial, el de la Orden de la Merced. Fue otra iglesia catedralicia la que firmó el acta de nacimiento, la de Barcelona, cuya cruz luce en el emblema mercedario. Y otra corona, la aragonesa, la que arropó el naciente proyecto. Era el 10 de agosto de 1218 cuando se abrían nuevas esperanzas para los cautivos pendientes de redención; ochocientos años después sigue habiendo cautivos y La Merced permanece dispuesta a significar esperanza. De eso se trata en su año jubilar, de dar gracias y coger nuevo impulso, de soltar las cadenas que oprimen al hombre de hoy.

Tras siglos de estancia en Salamanca, las turbulencias decimonónicas alejaron a los mercedarios de la ciudad, y no regresaron hasta 1950, cuando en las proximidades de La Glorieta abrieron su nueva casa de formación. Conservaron la titulación de la casa antigua de la Merced, la Vera Cruz, vinculada a su emplazamiento en la calle homónima y al tantas veces recordado suceso de la sinagoga. Nombre compartido con la hermandad decana de las salmantinas, aunque a diferencia de otras ciudades de España en Salamanca no han enfocado, por el momento, su actividad pastoral en una cofradía. No obstante, parece consolidarse un cultivo de la piedad popular en torno a la devoción a Nuestra Señora de la Merced, incluso con la procesión hasta la parroquia de María Mediadora en su fiesta de septiembre. Satisfactoria resultó la inclusión del templo mercedario en la Corona de Oración que organizó la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades el pasado mes de mayo, cuando se recordaban los cuatro siglos del voto inmaculista de Salamanca. También es preciso señalar la colaboración de varios mercedarios con la Hermandad de Jesús Despojado como miembros activos.

Hermandades mercedarias encontramos por diversas partes del país. La de Bilbao surgió de la iniciativa de varios presos que salvaron su vida en la Guerra Civil y organiza las procesiones de la Piedad el Martes Santo y del Silencio el Viernes Santo. La misma raíz fundacional hallamos en las de Barbastro o Santander, que solicita el indulto de un recluso cada año. La de Ferrol rescató con joven impulso en 2002 la que se había perdido en los años post-conciliares, mientras que en Andalucía varias Dolorosas comparten la advocación de la Merced, como la cordobesa de Francisco Buiza, la malagueña de Álvarez Duarte o la sevillana de Sebastián Santos, que sigue en su palio la estela del Señor de Pasión cada Jueves Santo. Quién sabe si en Salamanca, algún día, desde ese norte de la ciudad aún ajeno a los itinerarios penitenciales y con esa advocación tan hermosa...


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Félix Torres

Varias prendas de ropa tendidas para secarse después de la colada  | Fotografía: Pablo de la Peña

27 de septiembre de 2018

En este mundo globalizado en el que nos está tocando vivir, en el que cualquier noticia, por insignificante que sea, alcanza al instante el más recóndito rincón habitado, nadie está a salvo de aparecer como protagonista de aquella en la maraña de redes sociales que nos envuelve.

Vemos el ejemplo claro en el descubrimiento, e insistente tratamiento, de las irregularidades aparecidas en los currículos académicos de políticos significados, de los que el más destacado lo encontramos en cuanto se ha publicado en torno a la tesis doctoral del presidente del Gobierno, que ha hecho que se tambalee, más o menos, nuestra realidad política y social.

Y dado que todos somos candidatos a ocupar la picota, como la mujer del César, no solo debemos ser íntegros y honestos sino parecerlo… e incluso demostrarlo. Más en estos momentos en que, con gran influjo mediático y de redes sociales, cualquiera está expuesto a que se muestre algún roto de su historia más cercana. Por eso, hay que andar con pies de plomo y cuidar al máximo la imagen que cada uno proyectamos hacia los demás. Y se hace público porque a todos interesa y porque desde que el Gran Hermano controla cada uno de nuestros movimientos, los trapos sucios ya no se pueden lavar en casa.

En algunos casos puede ser un mero proceso de acoso y derribo, pero en los más, incluso sin intención, se consigue destapar tramas, prevaricaciones, nepotismos, corrupciones y actitudes despóticas que son la parte oculta de ese iceberg que la noticia deja a la vista.

Todo lo dicho en las líneas anteriores es válido para cualquier círculo en que la sociedad se desenvuelve, nacional, regional, local o familiar, y afecta a cualquiera que se signifique en alguno de esos círculos de actuación. Incluso en nuestras cofradías y hermandades. Incluso en mi cofradía. Y de eso hablo, aunque ahora se vea desde la distancia que ha puesto un verano por medio.

Cuando el pasado mes de mayo saltaba la noticia de la dimisión del máximo responsable de la Hermandad Dominicana, a raiz de los acontecimientos (escandalosos para unos e irrelevantes para otros) derivados de una jornada de convivencia en la Casa de la Iglesia, no solo esta hermandad sino toda la Semana Santa salmantina se vio tambaleante en boca de propios y extraños como objeto de críticas y comentarios en la ciudad y sus afueras.

Como con el iceberg, no es lo ocurrido en la convivencia de mayo lo preocupante, aunque esto fuese la gota que hiciera rebosar el vaso, sino lo que ello ha dejado a la vista de cuantos andábamos despreocupados e ignorantemente confiados. Se trata de que ha aflorado una gestión translúcida, si no opaca, en la que solo unos cuantos sabían lo que se cocía en los pucheros dominicanos pues a los demás se les daba ya el potaje en el plato sin dejar elegir si lo querían con más caldo o con menos tajada (y da igual si se habla de asuntos económicos —inversiones y gastos— o de resoluciones de comisiones disciplinarias que nunca fueron comunicadas al soberano cabildo). Personalmente, como miembro de la hermandad, me importa todo lo acontecido y asumo mi cuota de responsabilidad si la tuviera, pero… no todos somos culpables. Ciertamente, y entrecomillo el texto del comunicado enviado por el equipo de comisarios designado para poner orden en la hermandad, con el propósito de dejar constancia de su autoría y literalidad, que "no hay ganadores o perdedores… y de todos es la responsabilidad de devolver a esta gran hermandad su estabilidad permanente"; pero no se puede generalizar diciendo que "esta situación se ha generado entre todos los que a ella pertenecen" y repartir el mochuelo de manera indiscriminada entre las espaldas de la nómina completa de hermanos. No se puede meter a todos en el mismo saco: a los que han seguido fieles a su hermandad o los que, por motivos que no vienen al caso, nos encontramos más alejados; a los que día a día acudían a la casa de la hermandad o quienes se preocupaban por el buen discurrir de la misma simplemente acudiendo a participar en la salida de Viernes Santo. En todo caso, que cada palo aguante su vela.

Hay muchas cosas que explicar y el equipo de comisarios debe hacerlo, sin dilación y a todos los hermanos, para poder cumplir con la, según dicen, "decisiva misión de reconciliar a los hermanos, sin excluir la investigación de las posibles deficiencias en la convivencia interna de la hermandad y las amonestaciones o reformas a que hubiere lugar". Así, con todos informados y al tanto, será más sencillo ejercer sin dudar y con el apoyo de todos esa agria misión que, sin duda, está en manos de los ahora responsables de la Hermandad Dominicana. Porque con el silencio, lo único que se consigue es aumentar las sospechas y rumores.

Es ya momento de tomar las riendas y actuar. Pero no como si nada hubiera pasado o como si lo pasado se hubiera diluido en las aguas de remojo veraniego. Es hora de tomar decisiones y comunicárselas a cuantos cofrades dominicanos estén interesados, que, me consta, no son pocos. Exigir responsabilidades y depurarlas. Para todos y por todos.


lunes, 24 de septiembre de 2018

F. Javier Blázquez

María Magdalena en el paso El retorno del sepulcro de Zamora, en una imagen de archivo | Fotografía: Alberto García Soto

24 de septiembre de 2018

Dicen que ha llegado el otoño, aunque nadie lo perciba. El caso es que por estos días de la vendimia seguimos en modo off. Los pequeños aperitivos, tipo Exaltación de la cruz o Salve a Nuestra Señora de las Lágrimas, nos van preparando para entrar en harina e ir cogiéndole el gustillo a esas cosas de la Semana Santa con las que nos entretenemos y disfrutamos y, cuando nos las tomamos en serio, se convierten en acontecimientos fundamentales de nuestra vida, a veces determinándola de manera decisiva. Se trata de ir entrando, poco a poco, hasta que llega la cuaresma y el piloto del modo on se pone verde para anunciar el paroxismo de la Semana Santa. Todo tiene su calendario en nuestros quehaceres semanasanteros, que no en la práctica cristiana. Ahí siempre hay que estar en modo on, especialmente por Navidad y el triduo sacro.

Por esa razón, somos muchos los que no acabamos de entender el empeño de algunos en mantener apretado el botoncito de manera continuada. Porque, vamos a ver, por mucho que se argumente y se quieran dar explicaciones, programar un sermón del Descendimiento con procesión magna añadida durante la estación del estío, remisa este año a despedirse, chirría algo más que mucho. Y eso que Zamora es la más seria y sobria de nuestras Semanas Santas. Eso nos dijeron siempre.

Da lo mismo. Sacar los santos a la calle de manera reiterada, y casi siempre injustificada, llega a aburrir y a devaluar el carácter numinoso que de una u otra forma rodea el desfile procesional. Tantas procesiones fuera de lugar, para satisfacer las ansias de unos cuantos frikis y "sacapasos", acaban volviéndose en contra de la actividad cofrade en su conjunto.

Imagino que muchos tendrán en mente el viacrucis veraniego de la JMJ de Madrid, en 2011. Mayoritariamente convenimos que era algo extraordinario, que se haría una sola vez en la vida, con el Papa presente y toda España unida a él en la oración a través de esta manifestación de la piedad popular tan genuinamente española. Solo un carácter realmente extraordinario puede justificar la excepcionalidad. Pero no es así. Progresivamente y siguiendo dirección sur-norte se prodigan infinidad de procesiones, casi siempre de chichinabo, por todo el solar patrio. Hasta llegar incluso al reducto zamorano, que ya es decir. Como para no empezar a preocuparse. Basta echar un vistazo a los comentarios de los digitales zamoranos y descubrir que la palabra más repetida es circo, escrita además con asiduidad por gentes que, por la forma de expresarse, bien se ve que quieren la Semana Santa.

Lo poco agrada, lo mucho cansa, lo inoportuno llega a enfadar. Se hace necesaria una reflexión, profunda. Las directivas cofrades tienen que planteárselo mediante un ejercicio de sana autocrítica. Y junto a ellas, las juntas de Semana Santa y, sobre todo, los obispados tienen la obligación de poner coto a tanto desmán. El abuso de procesiones provoca el hartazgo de propios y el rechazo de extraños. Cada cosa a su tiempo y cada día su afán.


viernes, 21 de septiembre de 2018

Pedro Martín

Gestas, el mal ladrón, en el grupo escultórico de Jesús Despojado la tarde del Domingo de Ramos | Foto: Pablo de la Peña

20 de septiembre de 2018

Durante este verano que ya toca a su fin nos ha asaltado la noticia del tan traído y llevado cambio de hora. Tras elevarlo a consultas populares de las que confieso desconozco a quién han preguntado –a mí no–, parece que se impone la idea de dejar quietas de una vez las manecillas de los relojes los últimos domingos de octubre y marzo. Prescindiendo de cuestiones biológicas, psicológicas, médicas, biorrítmicas o económicas, que para todo eso parece que nuestro presidente va a convocar un comité de expertos, quizá convendría incluir en el mismo a alguien versado en la materia semanasantera, que aunque no lo parezca también se verá afectada.

No es necesario recordar que la celebración de la Pascua es movible, coincidiendo con la primera luna llena de primavera, por lo que en ocasiones celebramos la misma antes del cambio horario de marzo, tal y como ocurrió el año 2016, y en la mayor parte de las ocasiones ya con el horario de verano o debutando con él, como ocurrió este año.

Veamos las diferencias de ambos horarios sin saber aún con cuál nos quedaremos, aunque parece que todo apunta al de invierno actual como horario para todo el año. El próximo 2019 podría ser el último en el que la Semana Santa se celebrara con horario de verano, por lo que vamos a hacer un ejercicio de imaginación futura en horario invernal a ver qué sucede.

Viernes de Dolores: el sol se pondrá a eso de las 9 de la tarde, por lo que nuestra primera procesión, el vía matris, saldrá con algo de luz, que se prolongará hasta bien entrada la calle Compañía. En el caso de quedarnos definitivamente en el horario de invierno, saldría ya claramente de noche pues el sol se pondría a las 8 de la tarde.

Domingo de Ramos: Jesús Despojado evidentemente saldrá siempre de día, pero con el horario de invierno llegaría sobre las 8 a la Catedral ya de noche y no de día como llegará este año. El Cristo del Perdón, saliendo de día en cualquiera de los horarios, haría siempre el acto de liberación del preso de noche.

Lunes Santo: la salida del Cristo de los Doctrinos sería siempre con la noche ya cerrada.

Martes y Miércoles Santo: inferimos lo mismo que para el lunes, quizá este año sea el último que veamos salir de día a la Hermandad Universitaria o a Jesús Flagelado.

Jueves Santo: la Seráfica saldría ya a la puesta del sol, aunque con algo de luz, al menos en abril; en marzo sería noche cerrada. Y Amor y Paz, sin duda de noche.

Madrugada: aquí el cambio es a la inversa, puesto que el próximo Viernes Santo el sol saldrá a las 7.40 siendo las tres primeras horas de procesión de noche. Con el horario de invierno, saldrá a las 6.40, y las primeras luces del alba serán en torno a las 6, quizá saliendo Ntra. Sra. de la Esperanza.

Tarde de Viernes Santo: evidentemente en las salidas no habría cambios, pero Vera Cruz ya no haría casi todo su recorrido de día y Jesús Rescatado llegaría a la Catedral ya con la noche avanzada.

Vemos que las salidas sí se verían afectadas en cuanto a la luz, siempre que se mantengan los actuales horarios, lo que nos haría perder estampas que sí podremos disfrutar esta próxima Semana Santa. La de 2020 será la del cambio o no.


martes, 18 de septiembre de 2018

Abraham Coco

Grabado de la Dolorosa de la Vera Cruz realizado por Alejandro Carnicero hallado recientemente

17 de septiembre de 2018

Es tiempo de volver. El ritual del otoño cofradiero lo abrieron Fructuoso Mangas y Soledad Sánchez Mulas, entre la Cruz y la Virgen dolorosa, venerada bajo la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas, la de cuna gaditana cuya belleza fue exaltada ya en esta revista. Casi tres siglos antes había llegado desde Madrid, precisamente hacia 1718, de manos del escultor levantino Felipe del Corral, Nuestra Señora de los Dolores, devoción que a nadie ha dejado indiferente en este tiempo.

Desde que fuera tallada, nuestra Madre valenciana, hoy más huérfana sin duda en el camarín por donde ya no corretea la clausura, ha despertado la admiración de quienes la contemplamos ya sea con piadosos rezos o con el más escéptico de los respetos, incluso con el rubor episcopal que concluiría en la amputación de su pierna desnuda.

De este testimonio de arrobo y fe se acumulan ejemplos, algunos destacadísimos en los últimos meses. A la Dolorosa de la Vera Cruz, a quien el V Centenario de la cofradía devolvió buena parte del protagonismo perdido en las décadas anteriores, nos la hemos encontrado, para sorpresa de todos, en el primer grabado conocido de Alejandro Carnicero, autor sobresaliente en el patrimonio procesional de la hermandad decana.

El Museo Nacional de Escultura incorporó a su colección en mayo esta pieza, donada tras ser adquirida al anticuario barcelonés Palau Antiguitats. La plancha, empleada para reproducir la imagen en tinta en devociones particulares, aparecía erróneamente identificada como la Virgen de los Cuchillos de Valladolid, en un anecdótico viaje de ida y vuelta por la inspiración de la salmantina en la obra de Juan de Juni. Elogiado por los especialistas, cargado de simbolismo, el hallazgo también amplía el alcance de la Dolorosa de la Vera Cruz, donde a Unamuno le pareció ver nuestra patria.

De la metáfora del rector de la generación del 98 nos vamos al segundo descubrimiento, la visita al camarín por parte de García Lorca,  genio de la generación del 27. Así lo atestigua su compañero Luis Mariscal en un relato recuperado por la entusiasta editora compostelana Alvarellos, que con su habitual detallismo editó este año el libro El gran viaje de estudios de García Lorca. Es la crónica de la excursión que un grupo de alumnos, Lorca entre ellos, realizó en 1916 de Madrid a Galicia, capitaneados por su profesor Martín Domínguez Berrueta, y que incluyó destacada parada en Salamanca.

Aunque de nuevo mal atribuida, no hay duda en el relato de la fascinación del joven escritor y sus amigos por la Dolorosa. Mariscal, cronista de la comitiva, escribe como sigue en el capítulo titulado "Joyas salmantinas", tercero de los tres que resumen su paso por la ciudad en octubre de aquel año, hace ahora apenas una centuria:

"La Dolorosa la llaman y no debe llamarse más. No es una Virgen de las Angustias, pues no tiene Hijo ni es un Stabat Mater… ¡Es una mujer, toda una mujer! Y esta mujer avejada –mujer divina– se ha caído traspasada por el dolor. Su mano apoyada en una roca se crispa herida y sus ojos –ojos planos, ojos en los que ya no quedan lágrimas– se vuelven intensamente hacia el cielo. // Y esta Virgen dolorida, esta mujer que tiene el misterio de hacer llorar a todas las madres, estaba en una capillita oscura, separada del templo por una verjita a la que se agarraban fuertemente estas madres que saben amar y sufrir, y estos charros que saben buscar consuelo en su Cristo bendito…".

Generosa como una madre, la posmodernidad ha hecho de la Dolorosa veracruceña, de la Virgen en quien primero clavamos nuestros hombros al amanecer cada nueva Semana Santa, hasta icono de lo mamarracho. Fue a propósito de la MET Gala de Nueva York, donde la cantante Lana del Rey se presentó vestida de Gucci y con el corazón traspasado… por siete espadas de pega. Las redes sociales, con sus montajes, pontificaron que al estilo de nuestra ilustre vecina del Campo San Francisco. Y escrito todo esto para romper el hielo, a ella encomendamos cuanto en este curso esté por venir.


jueves, 5 de julio de 2018

Paulino Fernández

Agentes de la Policía Municipal en la Rúa Mayor antes del paso de una procesión | Fotografía: Pablo de la Peña

05 de julio de 2018

Vivimos, en este país, insertos en una sociedad abierta y plural en la que se supone que las creencias, opiniones y consideraciones ajenas deben ser respetadas y protegidas.

Sin embargo, en pleno año 2018, seguimos observando en nuestro entorno la existencia de sanciones administrativas, condenas penales e incluso procedimientos en curso cuya causa se basa, si no en el propio ataque a los sentimientos religiosos, en la desconsideración hacia los mismos.

Así, y aún pensando que el verano no podría dejarnos noticias cofrades, en la mañana del 3 de julio encontrábamos una sanción en el Boletín Oficial del Estado que se relaciona con la rememoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Efectivamente, y por un acto desarrollado en nuestra ciudad, se notifica la sanción de 150 euros impuesta a un hombre, que se introdujo con una bicicleta en una procesión, por "impedir o dificultar de forma deliberada el normal tránsito de personas".

Realizando una lectura atenta del texto, encontramos que se fundamenta en la Ordenanza Municipal para la Protección de la Convivencia Ciudadana. Esta recoge, en su artículo 22, las diferentes infracciones así como su gradación. En concreto, la sanción de este comportamiento vino sustentada por aplicación de una cláusula omnicomprensiva que determina la levedad de "cualquier otra acción u omisión que vulnere lo dispuesto en la presente Ordenanza y no esté tipificada expresamente como una infracción grave o muy grave".

Este caso me sirve de punto de partida de una serie de consideraciones relativas a la realidad social en la que nos enmarcamos. Sin entrar a analizar el caso previamente descrito, puesto que desconozco las causas en las que se desarrolló y, sobre todo, si existía o no una voluntad de interrumpir o molestar por el carácter religioso del desfile, me gustaría proponer un ejercicio de imaginación común. ¿Cuántas veces hemos observado, ya como cofrade o como espectador y en nuestra ciudad o en otras, un comportamiento cuanto menos irrespetuoso por parte de algunos miembros del público? ¿Cuántas veces hemos escuchado algún improperio? ¿Cuántas veces hemos oído o leído que ocupamos la vía pública y molestamos? ¿O que deberíamos buscar otros lugares para procesionar? Son demasiadas las ocasiones en las que hemos tenido que pedir respeto para nuestros derechos, hemos tenido que sufrir gestos muy alejados de nuestras creencias o incluso hemos observado a algún agente intervenir para evitar males mayores particularmente en procesiones de noche.

Es necesario que no nos avergoncemos y mostremos públicamente nuestra condición cofrade; es necesario que tomemos conciencia de nuestros derechos como creyentes, entre los que se encuentra el derecho a manifestar públicamente nuestras creencias. Y, sobre todo, es capital que pidamos respeto para expresarnos conforme a nuestros valores, exactamente igual que respetamos las manifestaciones contrarias a nuestras ideas.


sábado, 30 de junio de 2018

F. Javier Blázquez

Silueta del Nazareno Chico de la Vera Cruz en el atardecer salmantino | Fotografía: Alejandro López

29 de junio de 2018

Corren los tiempos un tanto inciertos, con muchos frentes abiertos, quizás demasiados, en este mundo nuestro de las cofradías. Y ahí anda el Obispado, parece que ya sin Florentino en aquestos menesteres, sin saber muy bien qué hacer y, si sabe, indeciso, esperando quizás que La Gaceta u otro medio señale el camino. Y no será porque no se ha dicho, que los informes llegan con puntualidad a Calatrava. Y no será porque no se ha hecho, que más de un año se anduvo pergeñando la panacea de las normas antes de que descansasen en la gaveta del despacho noble. Pero nada, la noticia es que no hay noticia. Hasta que algo se rompa y la bola de nieve empiece a rodar. Siempre a remolque, llegando tarde.

Y todo por miedo, por no prevenir, por no querer ponerse una vez colorado aunque luego el rostro amarillee hasta la centena, que saber anticiparse ha sido siempre la táctica del buen estratega. Pero aquí se pasa por ciego y no se quiere ver, o va la marcha y pone el ir a rodapelo. Y no se hace. Y no se previene cuando aún se está en el plazo.

Llama la atención que, a diferencia de otros tiempos, conjugados en pretérito, se da ahora un fenómeno novedoso. Bueno, realmente en el fondo no es tan nuevo, porque siempre ha estado presente con mayor o menor intensidad. Sí es nueva la retórica que lo adorna, porque antaño se expresaba de otra forma. Es la idolatría. Así, sin matices ni circunloquios. Iconoclastas y luteranos ya pusieron en su momento el dedo en la llaga. Y hurgaron con conocimiento de causa, sobre todo los segundos, que ni siquiera lo reconsideraron. Por eso hubo que revisar muchos planteamientos y, realmente, Trento lo hizo bastante bien a la hora de purificar, al menos hasta el siglo XVIII, cuando los oropeles quedaron cubiertos por el orín y la hojarasca tapaba lo esencial. Y los anti nuevamente zumbaron, ahora desde la razón. Después, en ese resurgir de la Iglesia restaurada y ungida desde planteamientos nacionalcatólicos, la burra vuelve en parte al trigo y el concilio corta por lo sano, quitando algo más que lo podrido.

Por eso, en el último renacimiento, con obispos y curas cirujanos aún en ejercicio, hubo muchas prevenciones. Cuidado, se decía, que no hay fondo. Frente a ellos estuvimos quienes defendimos siempre la validez de la religiosidad popular, el asociacionismo cofrade, la validez de la imagen como medio evangelizador. Algunos curas y obispos comenzaron a percibir entonces que la menguante parroquia podría nutrirse con el sector cofrade y modularon el discurso, los unos con sinceridad, los otros por interés.

Resultados ha habido, eso es innegable. Pero, y ahora la adversativa, ojo, que nuestros clásicos no estaban del todo desencaminados. En la inercia de este crecimiento incontrolado se han ido adhiriendo demasiados elementos espurios. Y entre ellos la idolatría, porque la semilla no cayó en tierra buena, porque no se echó el abono, porque no se supo arrancar a tiempo la cizaña, porque el agua fina de la lluvia no permeó, por estas y muchas razones, en la religiosidad popular hay idolatría, hay fanatismo, hay ausencia de evangelio y caridad, hay paganismo… Hay nada y da pavor escuchar cómo se asientan objetivos en imágenes, por muy sagradas que sean, por mucha rimbombancia que tenga el título también sagrado. Así las imágenes se tornan ídolos y quien las adora por idólatra debe ser tenido. Se dice, se escribe, se tuitea y retuitea y en la calle del Rosario bien lo saben, que enterarse se enteran, porque todo llega aunque lo guarden en el corazón doliente o en la gaveta del olvido.

Aquí está el gran peligro, en que un porcentaje significativo de los cofrades no es cristiano. Y esto, que debería ser un reto para los pastores, porque ya sabemos que el perfil cofrade no es precisamente el del militante, se convierte en un serio problema cuando estos grupos, organizados en auténticos lobbies, condicionan el rumbo de la hermandad o se hacen incluso con el poder. Los grandes problemas de nuestras cofradías, en el fondo, tienen este origen. Frágil base, por tanto. Pies de barro que algunos dicen del Señor, pero que no por mucho fardar se va a evitar que resquebrajen, porque son de barro. Y todo el edificio se desmoronará, como el coloso que soñó Nabucodonosor, en medio del estrépito más sonoro.


miércoles, 27 de junio de 2018

Tomás González Blázquez

Florentino Gutiérrez, vicario general de la diócesis de Salamanca, durante una eucaristía en la Catedral Vieja | Foto: MCS

27 de junio de 2018

Como le pasa a los futbolistas y le pasaba a los profesores interinos (ojalá la reciente y suprema sentencia ataje este agravio), el final de junio depara extinciones de contrato, conclusiones de etapa, despedidas… El último Lunes Cofrade del curso, como apuntaba Félix Torres en este espacio, fue aprovechado por don Florentino Gutiérrez Sánchez para despedirse como delegado de apostolado laical. Esta condición, según el organigrama diocesano, le encargaba a su vez de las cofradías y hermandades, para las que hace ya casi dos décadas ideó una fórmula de integración y evangelización, la Coordinadora, que ha tenido más de hecho que de derecho. Florentino comenzó su tarea en el episcopado de don Braulio y entrega el relevo, todavía por conocerse a quién, siendo obispo don Carlos, al que continuará auxiliando como vicario general, lo que asegura su cercanía con las hermandades (sin ir más lejos, es desde no hace mucho capellán de Ntra. Sra. de la Soledad).

No es la pretensión de estas líneas hacer un exhaustivo balance de la labor de Florentino como delegado, ni tampoco valorar la situación actual de la Coordinadora, necesitada sin duda de que el marco normativo-pastoral para las cofradías que dispuso la Asamblea Diocesana sea pronto aprobado y acogido con el firme propósito de llevarlo a la práctica. Para eso habrá ocasión y analistas mejor capacitados con perspectiva más alejada y neutral. Trato ahora, desde el afecto personal que no ha impedido la sana discrepancia, de dejar constancia del paso de este sacerdote albense por el mundo de las cofradías, en cuyo día a día se ha hecho presente como delegado y, en muchas ocasiones, como vicario general. Ha sido habitual verle presidir cultos de hermandades de gloria y penitencia, ha frecuentado las procesiones y ha sido el destinatario, como no podía ser de otra manera, de docenas de fías, porfías y cuestiones con cofradías. Algunas habrán quedado resueltas, en otras no daría con la mejor solución, y asuntos hay sobre la mesa pendientes de abordaje y respuesta, pero sin entrar a comentar ningún caso concreto es posible afirmar que, en Florentino, las cofradías han tenido a un defensor. No podemos ignorar que la actitud de una mayoría del presbiterio diocesano hacia las hermandades y la religiosidad popular es de escepticismo, y aún existen ejemplos de cierta hostilidad o beligerancia. Florentino, con sus aciertos y errores, no ha dejado de reclamar que los cofrades seamos tenidos en cuenta, al tiempo que nos ha pedido comprometernos y hacernos visibles, y se ha felicitado cuando hemos cooperado activamente en algunas iniciativas diocesanas o incluso las hemos encabezado.

Es momento de señalar el Curso de Formación Cofrade surgido en 2002 y ofrecido anualmente durante más de una década, la Oración Cofrade que ya lleva casi ocho años de existencia o, en la última época, la constitución de un pequeño grupo de trabajo en la Coordinadora que ha aspirado a ensayar en la diócesis una pastoral cofrade que muchos creemos no sólo necesaria sino prioritaria. Es posible que haya faltado un empujón más decidido a esta siembra, pero no se le puede negar constancia ni fidelidad a los programas propuestos cada año, algo en lo que siempre ha insistido Florentino pese a que la respuesta a las convocatorias en algunas ocasiones ha sido muy escasa. Su ya clásico "¡Adelante!" se me antoja la mejor forma de despedir y agradecer su servicio en la delegación de los laicos y, por tanto, de los cofrades.


lunes, 25 de junio de 2018

Foto de familia de los asistentes a la Noche Cofrade 2018 en conmemoración de los 25 números de "Pasión en Salamanca"

25 de junio de 2018

Casi siempre es de noche en Semana Santa. En Salamanca, no hay jornada sin procesión al anochecer salvo –todo un símbolo– el Domingo de Resurrección. El día se rinde antes o después, en función del cambio horario que dibuja matices en los cielos de marzo y abril, los últimos del invierno y los primeros de una primavera que quiere abrirse paso.

De noche es también, y de ahí su nombre, la Noche Cofrade, siempre en el mes de junio. Este año, durante la madrugada más corta del calendario, por haberse celebrado en la víspera del parto de Isabel, noche envuelta en ritos de toda creencia y pelaje para alejar lo malo y entretenerse un rato. En ese marco, del todo casual, la Tertulia Cofrade Pasión celebró esta vez su Noche Cofrade, una cena de confraternidad donde se conmemoraron los 25 números de la revista Pasión en Salamanca, editada ininterrumpidamente cada cuaresma desde 1994 y que, desde 2015, cuenta con una edición digital permanente.

Fue una noche de agradecimiento a los colaboradores que hacen posible su publicación. Una representación de todos ellos –más de 60 en cada número en papel si sumamos articulistas, fotógrafos, artistas, poetas o anunciantes– participaron en la convocatoria, celebrada en el restaurante Don Bustos en un ambiente de gratitud y camaradería.

Allí estuvieron, además de integrantes de la entidad editora y de los representantes de la Junta de Semana Santa, colaboradores como Rosa Lorenzo, una de nuestras veteranas, etnógrafa y Premio Nacional de Investigación Histórica y Etnográfica 2013, que desde hace casi dos décadas acerca aspectos tan tradicionales como desconocidos de la celebración popular de la Semana Santa en Salamanca y provincia. O la catedrática de Lengua y Literatura de la Universidad Pontificia de Salamanca, Asunción Escribano, belleza y profundo conocimiento en su acercamiento a textos y autores en torno a la Pasión.

También Tomás González Blázquez, médico y cofrade, uno de los más activos en la versión online de la revista, donde aporta la honda frescura de quien conoce las cofradías desde dentro. O Fernando Benito, uno de esos nombres menos habituales pero que llega con regalos inesperados en cada una de sus colaboraciones esporádicas. O Andrés Alén. Qué decir del artista que utiliza como lienzo las páginas de Pasión en Salamanca con sus dibujos y sus collages, infinitos tratados de fe y belleza.

Como ya recordó en su intervención el presidente de esta asociación cultural al final de la cena, si de algo puede presumir Pasión en Salamanca es de sus colaboradores. De los que estuvieron, de los que permanecen y de los que han de venir. Por todos brindamos en la pasada Noche Cofrade y también en estas líneas con el deseo de, juntos, mantener vivo este proyecto de divulgación y conocimiento alrededor de la Semana Santa.


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Proyecto editado por la Tertulia Cofrade Pasión