domingo, 16 de junio de 2019

viernes, 14 de junio de 2019

Pedro Martín

El Cristo de los Milagros desfila arropado por los salmantinos en el Domingo de la Ascensión | Foto: Heliodoro Ordás

14 de junio de 2019

No solo de Semana Santa vive el cofrade, y aunque pasión es la cabecera que nos acoge, no deja de ser pasión-devoción lo que se vive en nuestras calles durante las fiestas pascuales y más allá de ellas.

Y no solo en la cuidad, también en la provincia, que las manifestaciones de religiosidad popular son abundantes por todos los rincones de nuestra diócesis, y más puras, más genuinas, cuanto más sencillas y primigenias.

Cientos de devotos en torno a San José el primero de mayo, otros cientos acompañando a María Auxiliadora, más cientos rezando con-tras el Cristo de los Milagros, algo más de mil romeros (dicen las crónicas) honrando a la Virgen de Valdejimena, cientos en el Cueto. Este fin de semana acérquense a Tejares, otrora localidad independiente y ahora barrio de la ciudad que mantiene el sabor de fiesta rural (afortunadamente).

En medio de toda esta expresión de religiosidad popular, algo distinto, diferente, más solemne, o debería serlo, la Festividad de Corpus. Tanto por mejorar. Tiempo. No nos rindamos, cuesta cambiar inercias de muchos años en las que se desnaturalizó en nuestra ciudad la procesión de Corpus, y también en parte la celebración en su conjunto. Hay que actualizarla a los tiempos que corren sin perder sus orígenes, y contando cada vez más con las cofradías, es necesario y conveniente. Claro que se puede evangelizar con la procesión del Corpus, con los altares bien preparados y bien pensados, que interpelen, a los que se acerca la gente con curiosidad y, por qué no, también con necesidad de Dios al que sacamos a la calle en su día más grande, para que se dé a todos, en especial a los más pobres en el día de la Caridad.

Luego ya vendrán las fiestas patronales durante todo el verano, de cada pueblo, grande o pequeño que en torno a la fiesta sempiterna pasean orgullosas las gentes sencillas sus cristos, sus santos, sus vírgenes, cada uno a su manera, pero todos con el cariño inmenso de aquellos que llevan en el corazón la devoción de sus mayores, la costumbre no perdida de rezar, aunque sea solo una vez al año, la religiosidad popular en estado puro.

Tiempo de glorias, tiempo de procesiones.


martes, 11 de junio de 2019

Isabel Bernardo

Una mujer y una niña observan desde un balcón el paso de Jesús Despojado | Fotografía: Manuel López Martín

12 de junio de 2019

Declararse públicamente cristiano, sin miedo, es la mejor opción que tenemos para luchar contra la persecución a los cristianos. Sorprende el silencio en el que este mundo de los hombres ha caído respecto a los asuntos de la Iglesia y de Dios. Sorprende también el olvido de la oración, del amor cristiano, de los sacramentos… en la rutina diaria. Todo lo que se piensa y se siente parece estar ya solo aquí abajo. En este valle lleno de mercantilismo, falsas ambigüedades, hostilidad y avaricia que ha puesto en modo "off" el corazón y los sentimientos de sus hombres y mujeres.

Confieso que no puedo mirar a mi alrededor sin dejar de estremecerme. Los medios de comunicación se han hecho eco de la barbarie humana con una normalidad y naturalidad que sobrecogen. Esto es lo que tiene haberse dejado llevar por el hombre-masa, el hombre-muchedumbre del que Ortega y Gasset habló en su obra más reconocida. La rebelión de las masas, aun habiendo sido escrita por el filósofo en 1929, parece ser un diario fiel de estos tiempos que llaman de la posverdad. Somos –tal y como decía Ortega– hombre-masa, hombre-muchedumbre; más que hombres, caparazones de hombres sin interioridad, sin adentros, tremendamente dóciles y manejables, y que se dejan llevar con extrema comodidad por los idola fori (ídolos del foro) y toda suerte de disparates y esnobismos. De ahí que sacar a Dios de esta sociedad haya sido muy fácil. Y todo esto lo saben quienes están dispuestos a acabar con nosotros.

Nos atacan porque nos saben "no vulnerables". Aunque haya de escribir esto con sobresaltado cargo de conciencia y con crudeza. Y digo "no vulnerables" porque nuestra reacción ante una matanza de cristianos no va más allá de un ¡qué pena!, un ¡vaya por Dios!, o la irritante coletilla de ¡cómo andan, los pobres! Mayormente cuando todos ellos están a muchos kilómetros de esta Europa flemática, indiferente, que ha levantado muros emocionales e (in)humanos para, cómodamente, sobrevivir.

No, yo no tengo soluciones para acabar con este problema. Pero tengo voz para buscar la ayuda de Dios, porque sin oración, Dios no viene. La fe necesita además de sentimiento, palabras. Si es cierto que los cristianos queremos hacer algo, el primer paso está en ir en contra de esta tiránica modernidad que nos está imponiendo, con artificios capciosos y bastardos, el silencio del nombre de Dios en nuestros labios. Las libertades que nos procuran los estados democráticos han de respetar escrupulosamente la libertad de fe de los cristianos. No se puede estar siempre tolerando abusos e insultos. Por ejemplo aquel "me cago en D…" que, como si fuera una gracieta sin mayor importancia, una concejala del Ayuntamiento de Salamanca escupió en un pleno municipal. Ya ven qué cerca tenemos al enemigo. Da igual que unos tengan el cuchillo en la lengua y otros en la mano, tenemos que defendernos hablando, sin miedo, de Dios.

domingo, 9 de junio de 2019

Alberto López Herrero

Tumba de fray Romualdo Fernández, germen de la Hermandad Franciscana, en el Memorial de San Pablo en Damasco

10 de junio de 2019

Era uno de los encargos de mi viaje a Siria que quería cumplir con gusto: visitar el Memorial de San Pablo en Damasco y rezar ante la tumba de fray Romualdo, germen de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad. Años antes había leído artículos suyos y, sobre todo, atendí la llamada de preocupación de su primo, José Manuel, en 2015, ante los rumores de que estaba ingresado en un hospital de Damasco.

Como la providencia no da puntadas sin hilo, en aquella ocasión puse en contacto a José Manuel con un joven misionero salesiano de origen venezolano, director entonces de la obra de Damasco, situada enfrente del hospital italiano que atienden las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas), y donde se encontraba fray Romualdo. Él pudo informarle de su estado de primera mano. Hoy, el joven salesiano es el superior de la Congregación que fundó Don Bosco en la región de Medio Oriente (Siria, Líbano, Egipto, Israel, Palestina).

Viajar a Siria no es sinónimo de comodidad. El país lleva ocho años en guerra y, si bien es verdad que apenas quedan unos focos de conflicto en el país, hay zonas donde el sonido de los aviones se entremezcla de vez en cuando con alguna explosión lejana. Además, como la paz no significa ausencia de guerra, los edificios en ruina, los cortes de luz y las balas que te encuentras a cada paso hablan por sí solos de la barbarie y el sufrimiento.

En la guerra los bandos nunca son solo buenos o malos, así que la guerra que nos cuentan en esta parte de Europa dista mucho de la que viven allí. Aquí, quienes se arrogan el papel de salvadores resulta que no lo son tanto, y que a quien acusan de ser peor que el demonio es, sin ser tampoco un santo, a quien en realidad quiere la población como su dirigente. Es decir, que una vez más, los intereses económicos y estratégicos –el petróleo– han destrozado la vida de 20 millones de personas, la única verdad irrefutable de la guerra, ya que hace tiempo que hasta dejaron de contar a los muertos, heridos, desaparecidos y huidos del país.

Fui a Siria para conocer una realidad fascinante y a la vez inquietante: todas las fotos que vi durante la guerra hechas en los ambientes salesianos de Alepo, Damasco y Kafroun podían haber sido tomadas en cualquier país europeo porque allí no había guerra y los menores y los jóvenes siempre sonreían, jugaban… así que viajé para conocer ese "oasis de paz" en medio del dolor de la guerra del que tantas noticias he escrito en los últimos años.

Todos los sirios lloran a algún muerto cercano, la mayoría han perdido lo que tenían y muchos han tenido que cambiar su residencia ante el peligro de los bombardeos, pero todos los que he conocido han acrecentado su fe con la guerra y dan gracias a Dios por seguir vivos, reconociendo que siempre hay alguien que lo está pasando peor. En este escenario, el objetivo es poder regresar el próximo año para grabar un documental de Misiones Salesianas sobre todo lo que han vivido miles de jóvenes durante la guerra y en clave de esperanza.

Nada más llegar a Damasco, días después de haber viajado en coche desde Beirut a Kafroun y de allí a Alepo atravesando incontables controles militares, visité el Memorial de San Pablo y la tumba de fray Romualdo. Los Salesianos trabajan codo con codo con los franciscanos, hasta el punto de que una de las presencias de los franciscanos en Damasco es la parroquia a la que pertenece la obra salesiana. Los salesianos los ayudan con las misas de los domingos y los franciscanos van a confesar a los niños y jóvenes en las celebraciones.

Al llegar al Memorial de San Pablo, una decena de personas esperaba en la puerta. Estaba anocheciendo y un salesiano entró para pedir la llave y poder aparcar dentro. En un lateral del templo mandado construir por Pablo VI, y con forma de tienda de campaña porque san Pablo se dedicaba a coserlas, de camino a la Gruta de San Pablo donde se conserva un trozo de calzada romana se encuentra la tumba de fray Romualdo.

Pequeña y sencilla como era él, pasa casi inadvertida. Las personas que entraron con nosotros, al ver que me detenía ante la tumba hablaron en árabe y sólo entendí "abuna (padre) Romualdo", acompañado de un gesto que interpreté como para decir que qué bueno era y qué pena que ya no esté.

Los salesianos que me acompañaban le explicaron al resto de visitantes, la mayoría mujeres, de dónde venía (del país del abuna Romualdo) y por qué quería ver su tumba, y al saberlo asintieron con un gesto agradecido mientras decían "shukraan (gracias)". Fue poco tiempo ante la tumba, apenas medio minuto para hacer unas fotos, pero muy intenso por querer recordar todo el sentido de su intensa vida en Siria como el único misionero español, su gran legado académico sobre la historia y el arte y su gran valía humana y espiritual.

En días posteriores visité una de las tres obras franciscanas en Damasco y hablé con el superior, fray Joseph, de fray Romualdo y de la Hermandad Franciscana constituida para cumplir las intenciones del fraile franciscano y en solidaridad con los cristianos perseguidos en el mundo. Estuve en la casa de San Ananías, donde San Pablo recobró la vista y fue acogido por este obispo en su comunidad, y donde comprobé que los libros escritos por fray Romualdo continúan en las estanterías de la tienda.

El legado de fray Romualdo sigue vigente en Siria, así que me propongo el objetivo de tener más tiempo en el viaje del próximo año para hablar de la hermandad a los superiores franciscanos en Siria y mostrarles fotos y algún vídeo de la austera y llena de recogimiento procesión con el Cristo de la Humildad por las calles de Salamanca.


viernes, 7 de junio de 2019

martes, 4 de junio de 2019

J. M. Ferreira Cunquero

Participación de la Hermandad Franciscana en la eucaristía del encuentro de peregrinos de Tierra Santa | Foto: JMFC

05 de junio de 2019

Los cristianos, como si fueran roedores de alcantarilla, son perseguidos con saña por quienes ven, en la cruz y en su significado, el azote de la verdad que puede demoler el fraude de un fanatismo destructor del hombre.

Lo terrible es que las víctimas no tienen a nadie que pueda defender su fragilidad en tierras hostiles a una fe que sostiene sus pilares en el cemento del amor.

Entre los perseguidos, que no son más que invisibles fantasmas que recorren las rúas del terror, se encuentran unos seres tan especiales que viven para llevar a cabo la gran misión de la fe en tierras extrañas. Los misioneros han encontrado, en esas cofradías del dolor, las procesiones de la verdad, que llevan, en hombros de la miseria, al Cristo de nuestros días.

Quedémonos en silencio. Un silencio total que haga ruido en los adentros, hasta que oigamos nuestro nombre en quienes buscan refugio en cualquier parte del mundo, en cualquier alambrada que coarte el hambre de libertad de quienes sufren persecución por sus creencias.

¿Y todo esto tiene que ver algo con el mundo cofrade? ¿Va con nuestra esencia recordar permanentemente a quienes sufren por Cristo el acoso brutal de la sin razón de este tiempo?

Las respuestas a estas preguntas deben brotar del corazón cristiano, que nos obliga, cuando menos, a merodear por los entornos de la pasión de nuestro tiempo, hasta que irradiemos en el alma la verdadera razón de nuestra existencia.

En el compromiso de las cofradías que representan cada año la Pasión del Señor en las calles, debe caber la mirada hacia el escenario donde se llevó a cabo la salvación del hombre; debe caber cierta obligación con quienes viven la tragedia de ser cristianos en las tierras de Jesús.

Por supuesto que muchas cofradías, por las distintas provincias de España, recogen donativos para Tierra Santa, como se hace en todas las iglesias del mundo, pero son muchas, muchísimas, las que todavía no han caído en la cuenta (lo dice el Papa) de que el problema de los cristianos de Tierra Santa debe ser el problema de todos los cristianos del mundo.

Cuando recordamos la Vía Dolorosa en nuestros recorridos callejeros, es posible abrir en la memoria la geografía que mantiene vivas las huellas de Cristo y ver a nuestros hermanos sufriendo las consecuencias de seguir sus huellas, mientras mantienen vivas las entrañas de los Santos Lugares.

Hace unos días se llevaba a cabo un encuentro de peregrinos de Tierra Santa en Madrid, organizado por la Comisaría Franciscana. Una convivencia impresionante que, más allá del intercambio emotivo de las vivencias personales durante las peregrinaciones, sirvió para abrir itinerarios hacia el compromiso cristiano con quienes precisan algo más que un simple recuerdo.

En el interesantísimo intercambio de experiencias por parte de las distintas organizaciones que colaboran con Tierra Santa, la Hermandad Franciscana del Santísimo Cristo de la Humildad de Salamanca, que había sido invitada a participar en el intercambio de experiencias y comunicaciones, dio a conocer su humilde e irrenunciable vínculo a la Custodia Franciscana de Tierra Santa, como justificación de su existencia.

Otras asociaciones y ONGs, que se reparten por todo el territorio nacional, fueron desgranando su impresionante actividad, de tal modo que en aquel ambiente franciscano flotaba la necesidad de promover con más fuerza el activismo fraternal con Tierra Santa, desde una responsabilidad cristiana, seria y permanente.

Pero más allá de estas organizaciones, el mundo de las cofradías podría ser vital en el rebrote organizativo que aportaría unos resultados sorprendentes, por el importante número de cofrades que, durante los días santos, recorren el calvario de las tierras y pueblos de España.

No podemos quedarnos impasibles ante el sufrimiento de quienes mantienen en pie los lugares que físicamente nos permiten situar los pies descalzos del Hombre más trascendental que pisó la tierra en toda su historia.


domingo, 2 de junio de 2019

Tomás González Blázquez

La aparición de Jesús resucitado a santo Tomás, de Hernández Navarro en 1984 para la Cofradía del Rollo de Jumilla

03 de junio de 2019

El pasado 30 de mayo se han cumplido cien años de la consagración de España al Corazón de Jesús, hecho histórico que, con la conveniente adaptación al momento social y religioso que hoy vivimos, será recordado y renovado en este mes de junio por la Iglesia española, respaldando la brillante iniciativa de la diócesis de Getafe. No existía en 1919 pero es ahora la anfitriona, porque en su territorio custodia con gran celo apostólico el monumento al Sagrado Corazón de Jesús. Concretamente en el Cerro de los Ángeles, centro geográfico de la Península y uno de sus referentes espirituales.

Del Corazón de Jesús como devoción tradicional de los cristianos puede decirse que, pese a todo, es todavía un gran desconocido. Que ha sido entronizado con sentido espiritual pero también impuesto y manipulado políticamente. Que ha sido respetado y querido pero también fusilado por odio a la fe (¡y a la razón!). Que ha sido bien presentado en toda su riqueza teológica y pastoral pero también endulzado, desviado y despreciado. Traigo aquí, sencillamente, tres de sus latidos que me parece escuchar, sin necesidad siquiera de fonendoscopio, en nuestros pasos de Semana Santa. Son latidos rítmicos y potentes de un Dios con corazón de hombre.

Latido del Hosanna. Que aclamen como rey al que se muestra como "manso y humilde de corazón" (Mateo 11, 29) ha de acelerarle necesariamente el pulso, consciente de que esta victoria efímera es la antesala de un triunfo a precio de muerte. El Jesús de la Entrada en Jerusalén siempre me ha parecido un Cristo Rey al que la corona de espinas ya le aflige el corazón. No es todavía la hora del poder y de la gloria. El cáliz aún está lleno. La multitud guarda el "Crucifícale" para después. Por eso me encaja ese estandarte de Domingo de Ramos que refleja a Jesús como Sagrado Corazón acogiendo a los niños, recibiendo de ellos la aclamación más sincera que no reserva rencores porque conservan pura la inocencia de su corazón.

Latido del Gólgota. "Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito" (Zacarías 12, 10). Se cumplió la profecía en la Ciudad Santa. Mirando al que traspasaron contemplaron el rostro de Dios, manifestado a borbotones en el costado abierto de su Hijo. Muerto ya, la última herida la provoca una lanza, la del paso de Longinos, como si tuviera que abrirse aún más su corazón entregado, de par en par para mejor amarnos. Todos nuestros cristos muertos, en la cruz o yacentes, recogidos acaso por la Madre, son el Corazón de Jesús, que convierte y da pie a confesiones de fe: "Verdaderamente este hombre era justo" (Lucas 23, 47). Es un Corazón que, en la hora de la muerte, da vida en el agua del bautismo y en la sangre de la Eucaristía.

Latido del Cenáculo. Porque es posible reconocerlo como "Señor mío y Dios mío" después de haber dudado del testimonio de los otros: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré" (Juan 20, 25). Entonces el Resucitado vuelve para Tomás, como vuelve para cada uno de nosotros, en exclusiva, como si fueras tú esa única oveja perdida que le agita su corazón de Pastor bueno. Siento que es el Sagrado Corazón el Jesús que se aparece a Tomás en pasos procesionales como el tallado por Hernández Navarro para Murcia, pasos de gozo y de primavera, pasos en los que late su humildad y su mansedumbre ya resucitada para siempre en la mañana de Pascua.

Y un cuarto, el latido de María. Porque es un eco nítido y necesario el latido de la Mujer Fiel. Como a la Cruz de Jesús le siguen los Dolores de María por septiembre, al Sagrado Corazón del Hijo le sucede en la liturgia el Inmaculado Corazón de la Madre, su compañera, su ejemplar discípula. Sin duda, una fecha más que aprovechable por nuestras cofradías para dedicarla a alguna de las imágenes de la Virgen, porque en su Corazón traspasado podemos apreciar que aquellas heridas, las sufridas por el Corazón de Jesús, grabadas en la amorosa e infinita memoria del suyo, nos han curado (cf. Isaías 53, 5).


viernes, 31 de mayo de 2019

Félix Torres

Un penitente arrastra pesadas cadenas en la subida del Camino de las Aguas | Fotografía: Manuel López Martín

31 de mayo de 2019

En esta época en la que se nos va llegando el verano, a trompicones y casi sin querer, suelo tener la sensación de que los tiempos se relajan, de que las cosas van más al ralentí y que miro a lo que me rodea con ojos más amables. Será la primavera.

Pues bien, es en estos tiempos, en los que la Semana Santa activa, esa que se acaba de recoger de las calles aunque aún ande lavando túnicas y capirotes antes de meterlos en el arcón, comienza un periodo de hibernación en el que, como las osas preñadas, se esconderá en su gruta hasta el momento de salir de nuevo a las calles y dar testimonio de cofradía. Es como si las alergias primaverales tapasen al cofrade que todos llevamos dentro –aunque en nuestro fuero interno sigamos creyendo y sintiéndonos como si los días santos fuesen todo el año– y dedicamos nuestra atención a actividades que poco tienen que ver con todo esto. El fin de la liga, la Feria de Abril, las corridas de San Isidro o el Festival de las Artes de Castilla y León (este es FÀCYL), ocupan espacios que hasta hace nada estaban dedicados a salidas, pasos, hermandades, procesiones, imágenes y ensayos. Y así,… todo va. Bien. ¡Bien!

Seguro que llevados por esta corriente, en Prosperidad (barrio salmantino en el que hay de todo, que no quiero caer en tópicos) hace tiempo que arrinconaron el Domingo de Ramos y esa procesión de un Perdón que todos adjudicamos al barrio, aunque no sé qué piensa –sinceramente– el barrio de ella, ha sido reemplazada por un ponerse algunos en la calle a protestar, por un salir en defensa de argumentos poco solidarios (si no sectarios), por oponerse a la labor social de quienes dejan su vida en esta labor, por criticar lo que apenas tiene crítica, por señalar a los que se saben señalados desde el mismo momento en que equivocaron su decisión y decidieron (o les hicimos decidir) que siempre es más cómodo bajar al infierno aunque sean conscientes de que, como al Pinocchio de Collodi, les estén saliendo orejas de burro y los rebuznos salgan por su boca mientras disfrutan de la feria que ponemos para ellos.

Algunos en Prosperidad, solidarios setenteros, siguen prefiriendo que Pinocchio y sus colegas continúen en aquella Isla de los Juegos en la que todos vicios están al alcance de la mano, mientras ven cómo a esos chavales, que podrían ser uno de nosotros, les siguen creciendo rabo y orejas. Pero, eso sí, sin molestar a los del continente. Sin que los rebuznos lleguen a oírse fuera del vallado.

Algunos en Prosperidad, cofrades incluso, olvidándose de ese Perdón al que todos miramos en la tarde de los Ramos, ven en sus puertas, en sus jardines, en los juegos de sus niños… lo que nadie más ve. El peligro de las jeringas quedó en las miserias de otros tiempos, cuando nos abrían el coche para quitarnos el radiocassette. Ahora son otros los "juegos" y otros los jugadores, aunque compartan tanto con aquellos que se abrieron las puertas del infierno a base de cocear contra el aguijón (¡maldito jaco!). Ahora son otros pinochos los que llegan a la Isla de los Juegos, pero son las mismas miserias. Porque siempre son las mismas miserias.

Pues bien. Hay un Gepetto que quiere que todos los pinochos dejen de ser de madera. Que sientan cómo sus cuerpos muertos se van transformando en carne viva, no sin el compromiso de "no volver a mentir jamás" y con la ayuda, siempre bienvenida, de hadas madrinas y concienciosos Pepitos Grillo. Un Gepetto que quiere que su carpintería de hombres pinochos esté ahí, en el centro de la vida, para que el primer paso de sus hombres de madera para convertirse en gentes de carne sea mirarse en los que comparten barrio, duelos, lunes y domingos, para sentirse como ellos. Para saberse como ellos. Que es buena la soledad del campo, pero somo muchos los que vemos en el bullicio de las gentes, en los olores de las calles o en las miradas de los vecinos, la verdadera vida y, sobre todo, la sensación de sentirse uno más. Saberse uno más.

Por qué no dejar a Muiños y sus Hombres pinochos intentar, al menos intentar, ser uno más de nosotros, de todos. Dejar que se hagan anónimas personas de carne y hueso. Dejar que algún hada madrina les vuelva a infundir ese alma que perdieron en la Isla de la Fortuna. Y… sí, por qué no, que el barrio haga de Pepito Grillo, que siempre será bueno para las conciencias de todos.

Sí. Es primavera y los cofrades cambiamos la cera por el bronceador, pero jamás deberíamos olvidar por completo que ser cofrade es algo que debiera hacernos diferentes y que, incluso fuera de los días pasionales, nuestra defensa de lo que es justo y de los que son justos, tiene que prevalecer sobre tiempos y climas. Que si el Perdón está en Prosperidad, toda la Semana Santa cofrade está ahí, con los suyos.

Y nuestro es este "Proyecto Hombre".


martes, 28 de mayo de 2019

Luis Romo

Un cofrade de la Soledad ayuda a otro a encender su cirio ante la presencia de un tercero | Foto: Manuel López Martín

29 de mayo de 2019

"Acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos" es como la Real Academia Española define la palabra consenso. Ocho letras que recogen esfuerzo y sacrificio en convicciones, ideales y objetivos de las personas que en ella se citan, y que en la actualidad, en un mundo donde las libertades, los derechos y la integración son las banderas sociales en nuestro día a día, ha conseguido su máxima expresión. Es por ello, que debemos presumir en sociedad de una bendita capacidad desarrollada en conjunto, más que de un simple término lingüístico común.

¿Pero es verdad que se encuentra vigente en todos los ámbitos de la sociedad?
¿Se puede percibir?
¿Lo vivo yo en todas mis esferas sociales?
 Sincera y tristemente, no.

El mundo de la Semana Santa, y en concreto el de sus hermandades, muchas veces parece aislarse de esta realidad social, que se instauró en España por el proceso de la Transición, y que desde aquel resultado constitucional, ha servido de ejemplo de vida para una sociedad española, que rota en dos, años atrás, aprendió a convivir, a entenderse y a compartir en la diversidad y en la pluralidad de sus gentes.

Y es entonces, cuando uno puede darse cuenta de que en la religión y en la fe popular, forma de vida para unos y auxilio de momentos para otros, debe encontrar también su máxima realidad y expresión. Resulta de vital importancia que los cristianos practicantes, por medio de sus "asociaciones religiosas", como son las diferentes hermandades, congregaciones y cofradías, den únicamente testimonio de sus creencias en forma de manifestación continua durante todo el año. Hermandades que se alejen de espectáculos públicos, de noticias vergonzosas, de "bocas a bocas" humillantes, de rivalidades "sinsentido", de objetivos egoístas, de convivencias fracturadas y/o de incesantes manipulaciones, que manchan sus finalidades originales.

Por ello, desde la humilde opinión personal que puedo exponer como cofrade, quiero manifestar mi envidia hacia el clima de consenso que en demasiadas ocasiones falta en ciertas experiencias "semanasanteras". Hermandades (cofradías, congregaciones, asociaciones…) en las que existen ciertos aires de rivalidades continuas –propias de parlamentos políticos donde se tratan de imponer ideales por medio de la convicción y en muchos casos, de la oratoria, como medios de ejecución– erróneas, que deben de alejarse de un mundo, en donde debe primar el simple trabajo para que lleguen tiempos de consenso.

Equipos directivos, juntas de gobierno, núcleos o comisiones, comités, diputaciones o simples grupos de trabajo, en donde se den cita, simplemente, a hermanos que presenten unión en su hermandad, respeto en sus diferencias y comunión en sus titulares, como signo de confraternización en las diferencias que todos, como humanos, tenemos. Simples medios para conseguir los fines de caridad, manifestación pública de fe y crecimiento personal, que el culto popular siempre tuvo, tiene y tendrá en sus singulares premisas.


martes, 21 de mayo de 2019

Andrés Alén

Recreación de una procesión de la Semana Santa de Málaga con figuras de Playmobil

22 de mayo de 2019

Mientras plancho el bañador que luciré en las Seychelles, rememoro esta pasada Semana Santa salmantina, casi pletórica, y si el tiempo hubiera acompañado al Jueves Santo y a madrugadoras conmemoraciones, reitero: una pasada.

Pero me vienen entre los vapores del planchado, figuras, imágenes, pensamientos con vocación de divagaciones, que en cuanto acabe con la raya, empezaré a describir. Procuraré que ese cursi con raya en el bañador intente no mojarse.

El tema: sabido es que Salamanca, la bella, la dorada, está formada por un compendio de edificaciones de los más diversos estilos y que en cada uno de ellos se pueden encontrar verdaderas obras maestras del arte. Por ello cuesta definirla solo como románica, gótica, renacentista o plateresca, barroca, no digamos ya como romana, vetona, neoclásica, neogótica (y más neos) o modernista. Para cuando esto pasa se inventó la palabra ecléctico, del griego eklegein, dice Wiki, que significa escoger y destaca por amar la combinatoria de pensamientos y estilos. Añado que nuestras catedrales son muestra fehaciente de ello y en cada uno de sus estilos, desde el románico y gótico al churrigueresco, contienen cumbres del arte.

Divago y confirmo que todos estos estilos fueron importaciones importantes de otros lugares y naciones, bien traídas que dicen por ahí. Si me paro a pensar cuál es el más genuino estilo que nos define, propondría precisamente el churrigueresco, por la cercanía que supone una familia de Madrid, y por lo charro como sinónimo de abigarrado, que quizás por esta causa el diccionario optó por excluir a esta provincia de la consabida austeridad castellana. También porque tanta filigrana de eucarísticas uvas, fustes torcidos y estípites sentó muy mal a la racionalidad ilustrada que, a pesar del  gran éxito de exportación de tan peculiar exceso del barroco al Nuevo Mundo, acabó por asimilarlo con el mal gusto, del que solo se salvaba, y poco, la Plaza Mayor.

Así que lo añadimos a lo más lígrimo, allí junto al Estudio, el botón charro, el hornazo o el borneo de la "charrá".

Nuestra Semana Santa apunta hacia lo ecléctico, que en el caso de hacerse equidistante entre creencias religiosas o culturales lo llaman sincretismo, también del griego, con la misma raíz que idiosincrasia. Que es a la postre de lo que pretendía escribir cuando acabé de planchar.

Pues eso, que parece que estamos negociando identidades, como siempre, pero con un riesgo añadido: el de no componer a base de cúspides de la estética, sino de meras influencias sin el debido respeto y arraigo, y claro, si así sucediere, lo ecléctico pasaría e calificarse de mezcolanza, de ahí a informe, como una estadística, y algún malintencionado acabaría llamando a nuestra pletórica Semana Santa "amorfa", y eso no.

Así que con independencia de la dirección señalada (norte- sur) y del camino a seguir o a copiar, que aquí ya veis que no hemos sido mucho de inventar sino de culminar estilos medio moribundos, barroquizándolos, nos hemos de aplicar a sublimar tendencias, a formalizar nuestras propuestas artísticas o espirituales semanasanteras hasta ser digna continuidad de esta hermosa ciudad.


lunes, 20 de mayo de 2019

José Fernando Santos Barrueco

"Yo calificaría Proyecto Hombre como un túnel del tiempo que, si se atraviesa y se llega al final, uno encuentra la luz que le permita reinsertarse en la sociedad con toda su dignidad", reflexiona el articulista | Fotografía: Manuel López Martín

20 de mayo de 2019

El pasado 13 de mayo y bajo el título En la orilla del Perdón se publicó en esta página un valiente y acertado artículo en relación con la polémica que rodea a la ubicación de Proyecto Hombre en las Bernardas. Se hace eco de algunas alusiones vertidas en una asamblea ¿informativa?, tales como la consiguiente aparición de atracos y jeringuillas en las calles del barrio. Este tipo de "perlas", como se apunta en el artículo, han aparecido también en prensa local aludiendo a manifestaciones de vecinos que hablan de acogida a adictos a las drogas, al sexo e, incluso, a presos en tercer grado que no han finalizado su condena, que traerían problemas de seguridad en la zona, con traficantes merodeando la misma esperando hacer negocio con los usuarios del proyecto. Algunas opiniones en la red van incluso más allá, aludiendo a violadores que entren y salgan de las instalaciones al tener su pena computable en un taller rehabilitador.

Es evidente que cada vecino puede tener sus opiniones y sus miedos y manifestarse en libertad. Pero es necesario que esas opiniones estén basadas en una información veraz y contrastada, de manera que cada uno pueda actuar en conciencia, con conocimiento de causa y sin miedos infundados, basados en la rumorología y en un vocerío asambleario, en el que no parece posible argumentación alguna y, como se apunta en el citado artículo, reina ese drama de nuestro tiempo, de no querer escuchar. Por eso me parece importante que en dicho artículo se desmonten las falsedades y se argumente acerca de la labor de Proyecto Hombre.

En esta línea, me gustaría aportar mi experiencia como voluntario en el centro de Proyecto Hombre. Me apunté con una idea un tanto caduca del mundo de la droga y sin conocimiento de la labor que se realiza en el centro. Mis dudas se desvanecieron con las primeras charlas que nos dieron y desaparecieron en el primer momento que pisé las instalaciones y tuve contacto con las personas residentes.

Lo primero que se aprende es que nadie que se acerque a Proyecto Hombre puede estar "consumiendo" (por lo tanto, mala zona para encontrar jeringuillas ni para que los traficantes "puedan hacer negocio"). En Proyecto Hombre no verás ni droga, ni alcohol (solo se bebe agua y refrescos, incluso en las fiestas) y tampoco móviles, "tablets" o cualquier tipo de dispositivo que permita el acceso a internet (posiblemente la mayor adicción que hoy nos rodea, por muy blanda que nos parezca). El contacto con el exterior está dirigido y controlado por el equipo de terapeutas y médicos que diariamente realizan allí su labor. Los residentes tampoco pueden salir libremente de las instalaciones. Las salidas, tanto en su objetivo, duración y acompañamiento, están también controladas. Aquellos que puedan tener penas pendientes están como residentes y no en un taller rehabilitador, de donde puedan salir y entrar a su antojo.

Pero lo que me resulta más significativo es la actitud de las personas. Cuando uno se encuentra en una situación insostenible y se da cuenta de que ha tirado una parte de su vida "por la borda" (y, posiblemente, la de su familia), se necesita mucho valor y mucha decisión para entrar en Proyecto Hombre buscando una ayuda que permita encontrar una luz al final del túnel. Y es que yo calificaría esa comunidad terapéutica como un túnel del tiempo que, si se atraviesa y se llega al final, uno encuentra la luz que le permita reinsertarse en la sociedad con toda su dignidad. Un auténtico túnel del tiempo, de unos dos años de duración, en el que hay que poner muchas ganas y una visión de futuro muy clara para poder atravesarlo. Allí se trata de  inculcar valores, conductas y normas de convivencia que no se han respetado en el periodo de adicción y que lamentablemente también van desapareciendo en nuestra sociedad independientemente de la adicción, tales como el compromiso y la responsabilidad en las labores que cada uno tiene que realizar hasta en los más ínfimos detalles, el respeto y la ausencia de gritos y discusiones, confrontando las diferencias por escrito y en presencia de los terapeutas, la reflexión para racionalizar las actuaciones, el pedir perdón y la amistad y el afecto en las relaciones.

Cuando se tiene la suerte de vivir la experiencia de un alta terapéutica (la salida del túnel a la luz) se da uno cuenta del testimonio y la humanización que se da entre los residentes.

Es mi experiencia personal. La labor de Proyecto Hombre me parece extraordinaria y la sociedad debería hacerse sensible hacia las instituciones que realizan labores humanitarias y hacia las personas que ponen toda su vida en salir de una situación desgarradora. Por eso no deberían sentirse alejados de la colectividad, como si fueran unos "apestados", sino integrados en la misma, como ya ocurre en otros Centros de Proyecto Hombre en los que no se presenta ninguno de los problemas "que se anuncian". Cada uno debería informarse y actuar en consecuencia.


viernes, 17 de mayo de 2019

F. Javier Blázquez

Un paso de plastilina, bajo la advocación de El Cristo de los Perdones, en un aula del antiguo convento de las Bernardas

17 de mayo de 2019

Permanecen todavía en esa Salamanca que llaman oculta, integrados en edificios o espacios que cambiaron su función, recuerdos ya casi borrados de intensas vivencias cofrades. En los conventos de San Francisco el Real, San Carlos Borromeo y el Santo Nombre de Jesús, de las monjas bernardas, en la parroquia de San Román o la misma Prisión Provincial, por citar los relevantes, se escribieron páginas gloriosas para el devenir de nuestra Semana Santa.

Por eso la mirada nostálgica se ilumina cuando, por ejemplo, reverdecen por cuaresma añejas evocaciones y se llenan los pasillos del Colegio Calasanz con pasos de plastilina, expuestos bajo las más increíbles advocaciones. Los grupos de la ESO prepararon una original y refrescante reflexión sobre la Semana Santa. El antiguo convento cisterciense fue otrora sede del Perdón. Hoy lo es de la esperanza, igual que muchos otros colegios que no tuvieron un pasado similar, pero sus alumnos construyen igualmente un futuro cristiano que acoge con cariño esta expresión tan propia y genuina de celebrar la pasión del Hombre que sometió a la muerte.

Atrás parecen quedar, afortunadamente, aquellos años del aggiornamento en los que más de un pastor llamado a la cura animarum preconizó con regocijo el final de la Semana Santa procesional. En plena crisis del antiguo régimen eclesial, en plena efervescencia postconciliar, se abrieron las ventanas del vetusto edificio para que el aire fresco arrastrase miasmas e hiciera posible la renovación. Era inevitable que todo cuanto ataba al pasado y distraía la nueva pastoral cayese como la fruta madura. Y alguno se aprestó a zarandear el árbol, ansioso por anticipar la caída. Era cabal que cofradías y procesiones, con fecha de caducidad, quedasen sentenciadas. Tenía que ser así y así parecía ser. Las filas decrecieron, los pasos dejaron de salir, las hermandades se perdían… Era el signo de los tiempos.

Pero no fue así, ya sabemos. Las circunstancias cambiaron y una nueva generación se alista a las hermandades mortecinas, funda otras nuevas, recupera mucho de lo que se perdió. Porque la vida de fe no puede fundamentarse solo en lo racional, ni la liturgia ser pura, ni la adecuación a los tiempos nuevos quedar únicamente en símbolo que no toca el corazón. Hace falta algo más, cuidar el aspecto emotivo. Y en la religiosidad popular, precisamente, esto abunda hasta el exceso, con todos los peligros que conlleva y por eso mismo se quisieron extirpar. Sin embargo, una cosa era prevenir el vicio y otra, bien distinta, llevarse todo por delante, incluido lo mucho de bueno que tienen las expresiones de la piedad popular. 

Aquellos que pasaron por la juventud en los setenta dieron el paso y cargaron sobre sus hombros con el peso de la recuperación. Ahora están de retirada porque la generación finisecular asumió ya el relevo, dispuesta a mantener la tradición. Lo había vivido y sentido como propio y aceptó con naturalidad las responsabilidades que llegaron. Así es como tiene que ser y por ello gratifica comprobar que la cantera no se agota y sigue habiendo adolescentes y jóvenes que viven de manera apasionada este acontecimiento tan profundamente humano. Dios muere y resucita y nos da la vida que no acaba. El pueblo celebra al comienzo de la primavera y muestra sin complejos al mundo secularizado el misterio de la redención. Ahí andan estos muchachos, ilusionados, esperanzados, dando testimonio de sus certezas, sabedores de que el futuro lo tienen ahí, tocándolo con las yemas de los dedos.

Por esas mismas estancias de la esperanza colegial transita María, sonriendo aún porque este viernes santo había abierto con un farol el desfile de la Congregación de Jesús Nazareno. En otros pasillos, los de la planta inferior, están los mayores y abundan entre ellos los cofrades de acera. Marina, Carlos y Guillermo afianzan sus criterios y comparten impresiones bajo la supervisión de Luis, que con su Rincón de los pasos sienta cátedra como capillita mientras sueña con llevar en procesión la Virgen de su pueblo. Pilar, más activa, reparte su ocio entre el fútbol y la Semana Santa. Su Virgen es la Soledad y nunca falla en su desfile, pero este año fue con Juan a cargar en la Agonía. ¡Qué pronto empiezan con esta locura tan apasionante! Lo mismo que Miguel con la música. Vive para ella y tiene en la trompa su mejor amiga, lo saben bien en la banda Ciudad del Tormes.

A veces retornan los veteranos a la querencia. No pueden evitarlo, porque Calasanz imprime carácter y su memoria permanece para siempre. Y por allí te los encuentras, en el tránsito de la esperanza, comentando cómo les va la vida y cómo ejercen de cofrades. Alejandro carga con el Cristo de la Agonía Redentora, que cuerpo tiene para ello. Diego, que viste el mismo hábito, participa en la agrupación musical, mientras María Victoria se reparte entre la Dominicana y la agrupación Virgen de la Vega, donde toca el tambor. Y por supuesto están las ilustres. ¡Cuántos recuerdos del curso pasado!, porque vaya antepasados tuvieron en la Semana Santa. Marta es de estirpe nazarena, Eva de la Vera Cruz y Fátima de la Soledad, donde ya asume alguna responsabilidad. Ellas lo asumieron todo antes, porque lo llevan en los genes, aunque si se habla genética soleana, Javier y Marta, cofrades y fotógrafos de futuro, también podrían presumir un rato.

Podríamos seguir, con este y otros colegios, que hay muchos más ejemplos. Es solo una muestra para reflejar que, gracias a Dios, la tradición sigue viva y se renueva. Y una tradición tan viva no se puede extinguir, aunque haya a quien le pese. Al menos, nos queda la tranquilidad de que nosotros no conoceremos el final, porque el relevo está asegurado. Son tiempos para la esperanza de la Semana Santa, son tiempos para la esperanza de la Iglesia. Este torrente de vitalidad no se puede desperdiciar. La ilusión de tantos adolescentes y jóvenes es un tesoro guardado en vasija, ignoro si de barro, pero sí afirmo que estamos obligados a cuidarlo con mimo y mantenerlo para entregarlo, como ofrenda, a la Iglesia y sociedad del mañana. Esa sí es nuestra responsabilidad.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Daniel Cuesta SJ

Nuestra Señora de los Dolores, más conocida como La Piedad, de la Hermandad Dominicana | Foto: Alfonso Barco

15 de mayo de 2019

El mes de mayo está dedicado tradicionalmente a la Virgen María. En él, la Iglesia anima a los fieles a acercarse a la Madre de Dios por medio de oraciones, prácticas piadosas, ofrendas florales, cánticos y otras devociones. En muchas parroquias, iglesias, ermitas, colegios y hogares, en este mes se cuida con cariño el que a la Virgen no le falten flores, o incluso se decora especialmente algún retablo mariano, cuando no se levanta uno de carácter efímero. Todo parece poco para honrar a aquella que con su sencillo "hágase en mi según tu palabra" abrió a Dios la puerta para encarnarse en este mundo.

Y es que, María, para los cristianos es mucho, es ejemplo, es madre, es intercesora, es amiga, es reina, es refugio, es consuelo, es salud, es puerta que nos lleva a Jesús… Así lo entendió desde prácticamente sus inicios la Iglesia y por ello los bizantinos comenzaron a rogar o, si se prefiere a piropear a la Virgen con tres populares invocaciones: "Santa", "Madre de Dios" y "Virgen de las Vírgenes". Estas aclamaciones serían el germen de las actuales "letanías lauretanas" que deben su nombre al Santuario de Loreto en el que fueron compuestas y desde donde su rezo se expandió por toda la Iglesia Católica. Impresiona pensar que, con ellas, miles de cristianos coronan diariamente el rezo del Santo Rosario a lo largo y ancho del mundo.

Es por ello que, desde estas líneas me gustaría proponer a los cofrades de la ciudad del Tormes una breve pero intensa "letanía cofrade salmantina" con la que honrar a la Madre de Dios durante el mes de mayo. Ella puede ayudarnos a unirnos más a la Virgen, y también a descubrir que, pese a que tenga un rostro u otro, se adorne más o menos, sea de vestir o de talla, nos parezca más o menos bella o despierte enormemente nuestra devoción, María, la mujer de Nazaret que acompañó a Cristo hasta el pie de la Cruz, es una sola. Esta letanía podría ser rezada personalmente o de modo familiar en la intimidad de cada hogar, en las visitas a la sede canónica de nuestra cofradía, o quizá en un pequeño recorrido por las iglesias en las que se encuentran nuestras vírgenes. Cada cual sabrá como y cuándo, pero, personalmente creo que es bueno que los cofrades dediquemos un tiempo intenso y profundo a honrar a María en este mes de Pascua en el que la Semana Santa ya se nos ha esfumado.

Santa María, Virgen de los Dolores de la Vera Cruz. Ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, Virgen de la Palma. Ruega por nosotros.
Madre Purísima, María Santísima de la Caridad y del Consuelo. Ruega por nosotros.
Virgen fiel, Nuestra Señora de la Amargura. Ruega por nosotros.
Trono y Madre de la Sabiduría. Ruega por nosotros.
Rosa mística, Nuestra Señora de las Lágrimas Ruega por nosotros.
Torre de David, Virgen Dolorosa de Montagut. Ruega por nosotros.
Puerta del Cielo, María Nuestra Madre. Ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, Nuestra Señora de los Dolores. Ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, Nuestra Señora de la Esperanza. Ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, Virgen Dolorosa en la Calle de la Amargura Nazarena. Ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, Nuestra Señora de las Angustias. Ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, Nuestra Señora de la Soledad. Ruega por nosotros.
Salud de los enfermos, Nuestra Señora del Silencio. Ruega por nosotros.
Estrella de la mañana de Resurrección, Virgen de la Alegría. Ruega por nosotros.
Reina de Salamanca, Nuestra Señora de la Vega. Ruega por nosotros.

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