viernes, 21 de septiembre de 2018

martes, 18 de septiembre de 2018

Abraham Coco

Grabado de la Dolorosa de la Vera Cruz realizado por Alejandro Carnicero hallado recientemente

17 de septiembre de 2018

Es tiempo de volver. El ritual del otoño cofradiero lo abrieron Fructuoso Mangas y Soledad Sánchez Mulas, entre la Cruz y la Virgen dolorosa, venerada bajo la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas, la de cuna gaditana cuya belleza fue exaltada ya en esta revista. Casi tres siglos antes había llegado desde Madrid, precisamente hacia 1718, de manos del escultor levantino Felipe del Corral, Nuestra Señora de los Dolores, devoción que a nadie ha dejado indiferente en este tiempo.

Desde que fuera tallada, nuestra Madre valenciana, hoy más huérfana sin duda en el camarín por donde ya no corretea la clausura, ha despertado la admiración de quienes la contemplamos ya sea con piadosos rezos o con el más escéptico de los respetos, incluso con el rubor episcopal que concluiría en la amputación de su pierna desnuda.

De este testimonio de arrobo y fe se acumulan ejemplos, algunos destacadísimos en los últimos meses. A la Dolorosa de la Vera Cruz, a quien el V Centenario de la cofradía devolvió buena parte del protagonismo perdido en las décadas anteriores, nos la hemos encontrado, para sorpresa de todos, en el primer grabado conocido de Alejandro Carnicero, autor sobresaliente en el patrimonio procesional de la hermandad decana.

El Museo Nacional de Escultura incorporó a su colección en mayo esta pieza, donada tras ser adquirida al anticuario barcelonés Palau Antiguitats. La plancha, empleada para reproducir la imagen en tinta en devociones particulares, aparecía erróneamente identificada como la Virgen de los Cuchillos de Valladolid, en un anecdótico viaje de ida y vuelta por la inspiración de la salmantina en la obra de Juan de Juni. Elogiado por los especialistas, cargado de simbolismo, el hallazgo también amplía el alcance de la Dolorosa de la Vera Cruz, donde a Unamuno le pareció ver nuestra patria.

De la metáfora del rector de la generación del 98 nos vamos al segundo descubrimiento, la visita al camarín por parte de García Lorca,  genio de la generación del 27. Así lo atestigua su compañero Luis Mariscal en un relato recuperado por la entusiasta editora compostelana Alvarellos, que con su habitual detallismo editó este año el libro El gran viaje de estudios de García Lorca. Es la crónica de la excursión que un grupo de alumnos, Lorca entre ellos, realizó en 1916 de Madrid a Galicia, capitaneados por su profesor Martín Domínguez Berrueta, y que incluyó destacada parada en Salamanca.

Aunque de nuevo mal atribuida, no hay duda en el relato de la fascinación del joven escritor y sus amigos por la Dolorosa. Mariscal, cronista de la comitiva, escribe como sigue en el capítulo titulado "Joyas salmantinas", tercero de los tres que resumen su paso por la ciudad en octubre de aquel año, hace ahora apenas una centuria:

"La Dolorosa la llaman y no debe llamarse más. No es una Virgen de las Angustias, pues no tiene Hijo ni es un Stabat Mater… ¡Es una mujer, toda una mujer! Y esta mujer avejada –mujer divina– se ha caído traspasada por el dolor. Su mano apoyada en una roca se crispa herida y sus ojos –ojos planos, ojos en los que ya no quedan lágrimas– se vuelven intensamente hacia el cielo. // Y esta Virgen dolorida, esta mujer que tiene el misterio de hacer llorar a todas las madres, estaba en una capillita oscura, separada del templo por una verjita a la que se agarraban fuertemente estas madres que saben amar y sufrir, y estos charros que saben buscar consuelo en su Cristo bendito…".

Generosa como una madre, la posmodernidad ha hecho de la Dolorosa veracruceña, de la Virgen en quien primero clavamos nuestros hombros al amanecer cada nueva Semana Santa, hasta icono de lo mamarracho. Fue a propósito de la MET Gala de Nueva York, donde la cantante Lana del Rey se presentó vestida de Gucci y con el corazón traspasado… por siete espadas de pega. Las redes sociales, con sus montajes, pontificaron que al estilo de nuestra ilustre vecina del Campo San Francisco. Y escrito todo esto para romper el hielo, a ella encomendamos cuanto en este curso esté por venir.


jueves, 5 de julio de 2018

Paulino Fernández

Agentes de la Policía Municipal en la Rúa Mayor antes del paso de una procesión | Fotografía: Pablo de la Peña

05 de julio de 2018

Vivimos, en este país, insertos en una sociedad abierta y plural en la que se supone que las creencias, opiniones y consideraciones ajenas deben ser respetadas y protegidas.

Sin embargo, en pleno año 2018, seguimos observando en nuestro entorno la existencia de sanciones administrativas, condenas penales e incluso procedimientos en curso cuya causa se basa, si no en el propio ataque a los sentimientos religiosos, en la desconsideración hacia los mismos.

Así, y aún pensando que el verano no podría dejarnos noticias cofrades, en la mañana del 3 de julio encontrábamos una sanción en el Boletín Oficial del Estado que se relaciona con la rememoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Efectivamente, y por un acto desarrollado en nuestra ciudad, se notifica la sanción de 150 euros impuesta a un hombre, que se introdujo con una bicicleta en una procesión, por "impedir o dificultar de forma deliberada el normal tránsito de personas".

Realizando una lectura atenta del texto, encontramos que se fundamenta en la Ordenanza Municipal para la Protección de la Convivencia Ciudadana. Esta recoge, en su artículo 22, las diferentes infracciones así como su gradación. En concreto, la sanción de este comportamiento vino sustentada por aplicación de una cláusula omnicomprensiva que determina la levedad de "cualquier otra acción u omisión que vulnere lo dispuesto en la presente Ordenanza y no esté tipificada expresamente como una infracción grave o muy grave".

Este caso me sirve de punto de partida de una serie de consideraciones relativas a la realidad social en la que nos enmarcamos. Sin entrar a analizar el caso previamente descrito, puesto que desconozco las causas en las que se desarrolló y, sobre todo, si existía o no una voluntad de interrumpir o molestar por el carácter religioso del desfile, me gustaría proponer un ejercicio de imaginación común. ¿Cuántas veces hemos observado, ya como cofrade o como espectador y en nuestra ciudad o en otras, un comportamiento cuanto menos irrespetuoso por parte de algunos miembros del público? ¿Cuántas veces hemos escuchado algún improperio? ¿Cuántas veces hemos oído o leído que ocupamos la vía pública y molestamos? ¿O que deberíamos buscar otros lugares para procesionar? Son demasiadas las ocasiones en las que hemos tenido que pedir respeto para nuestros derechos, hemos tenido que sufrir gestos muy alejados de nuestras creencias o incluso hemos observado a algún agente intervenir para evitar males mayores particularmente en procesiones de noche.

Es necesario que no nos avergoncemos y mostremos públicamente nuestra condición cofrade; es necesario que tomemos conciencia de nuestros derechos como creyentes, entre los que se encuentra el derecho a manifestar públicamente nuestras creencias. Y, sobre todo, es capital que pidamos respeto para expresarnos conforme a nuestros valores, exactamente igual que respetamos las manifestaciones contrarias a nuestras ideas.


sábado, 30 de junio de 2018

F. Javier Blázquez

Silueta del Nazareno Chico de la Vera Cruz en el atardecer salmantino | Fotografía: Alejandro López

29 de junio de 2018

Corren los tiempos un tanto inciertos, con muchos frentes abiertos, quizás demasiados, en este mundo nuestro de las cofradías. Y ahí anda el Obispado, parece que ya sin Florentino en aquestos menesteres, sin saber muy bien qué hacer y, si sabe, indeciso, esperando quizás que La Gaceta u otro medio señale el camino. Y no será porque no se ha dicho, que los informes llegan con puntualidad a Calatrava. Y no será porque no se ha hecho, que más de un año se anduvo pergeñando la panacea de las normas antes de que descansasen en la gaveta del despacho noble. Pero nada, la noticia es que no hay noticia. Hasta que algo se rompa y la bola de nieve empiece a rodar. Siempre a remolque, llegando tarde.

Y todo por miedo, por no prevenir, por no querer ponerse una vez colorado aunque luego el rostro amarillee hasta la centena, que saber anticiparse ha sido siempre la táctica del buen estratega. Pero aquí se pasa por ciego y no se quiere ver, o va la marcha y pone el ir a rodapelo. Y no se hace. Y no se previene cuando aún se está en el plazo.

Llama la atención que, a diferencia de otros tiempos, conjugados en pretérito, se da ahora un fenómeno novedoso. Bueno, realmente en el fondo no es tan nuevo, porque siempre ha estado presente con mayor o menor intensidad. Sí es nueva la retórica que lo adorna, porque antaño se expresaba de otra forma. Es la idolatría. Así, sin matices ni circunloquios. Iconoclastas y luteranos ya pusieron en su momento el dedo en la llaga. Y hurgaron con conocimiento de causa, sobre todo los segundos, que ni siquiera lo reconsideraron. Por eso hubo que revisar muchos planteamientos y, realmente, Trento lo hizo bastante bien a la hora de purificar, al menos hasta el siglo XVIII, cuando los oropeles quedaron cubiertos por el orín y la hojarasca tapaba lo esencial. Y los anti nuevamente zumbaron, ahora desde la razón. Después, en ese resurgir de la Iglesia restaurada y ungida desde planteamientos nacionalcatólicos, la burra vuelve en parte al trigo y el concilio corta por lo sano, quitando algo más que lo podrido.

Por eso, en el último renacimiento, con obispos y curas cirujanos aún en ejercicio, hubo muchas prevenciones. Cuidado, se decía, que no hay fondo. Frente a ellos estuvimos quienes defendimos siempre la validez de la religiosidad popular, el asociacionismo cofrade, la validez de la imagen como medio evangelizador. Algunos curas y obispos comenzaron a percibir entonces que la menguante parroquia podría nutrirse con el sector cofrade y modularon el discurso, los unos con sinceridad, los otros por interés.

Resultados ha habido, eso es innegable. Pero, y ahora la adversativa, ojo, que nuestros clásicos no estaban del todo desencaminados. En la inercia de este crecimiento incontrolado se han ido adhiriendo demasiados elementos espurios. Y entre ellos la idolatría, porque la semilla no cayó en tierra buena, porque no se echó el abono, porque no se supo arrancar a tiempo la cizaña, porque el agua fina de la lluvia no permeó, por estas y muchas razones, en la religiosidad popular hay idolatría, hay fanatismo, hay ausencia de evangelio y caridad, hay paganismo… Hay nada y da pavor escuchar cómo se asientan objetivos en imágenes, por muy sagradas que sean, por mucha rimbombancia que tenga el título también sagrado. Así las imágenes se tornan ídolos y quien las adora por idólatra debe ser tenido. Se dice, se escribe, se tuitea y retuitea y en la calle del Rosario bien lo saben, que enterarse se enteran, porque todo llega aunque lo guarden en el corazón doliente o en la gaveta del olvido.

Aquí está el gran peligro, en que un porcentaje significativo de los cofrades no es cristiano. Y esto, que debería ser un reto para los pastores, porque ya sabemos que el perfil cofrade no es precisamente el del militante, se convierte en un serio problema cuando estos grupos, organizados en auténticos lobbies, condicionan el rumbo de la hermandad o se hacen incluso con el poder. Los grandes problemas de nuestras cofradías, en el fondo, tienen este origen. Frágil base, por tanto. Pies de barro que algunos dicen del Señor, pero que no por mucho fardar se va a evitar que resquebrajen, porque son de barro. Y todo el edificio se desmoronará, como el coloso que soñó Nabucodonosor, en medio del estrépito más sonoro.


miércoles, 27 de junio de 2018

Tomás González Blázquez

Florentino Gutiérrez, vicario general de la diócesis de Salamanca, durante una eucaristía en la Catedral Vieja | Foto: MCS

27 de junio de 2018

Como le pasa a los futbolistas y le pasaba a los profesores interinos (ojalá la reciente y suprema sentencia ataje este agravio), el final de junio depara extinciones de contrato, conclusiones de etapa, despedidas… El último Lunes Cofrade del curso, como apuntaba Félix Torres en este espacio, fue aprovechado por don Florentino Gutiérrez Sánchez para despedirse como delegado de apostolado laical. Esta condición, según el organigrama diocesano, le encargaba a su vez de las cofradías y hermandades, para las que hace ya casi dos décadas ideó una fórmula de integración y evangelización, la Coordinadora, que ha tenido más de hecho que de derecho. Florentino comenzó su tarea en el episcopado de don Braulio y entrega el relevo, todavía por conocerse a quién, siendo obispo don Carlos, al que continuará auxiliando como vicario general, lo que asegura su cercanía con las hermandades (sin ir más lejos, es desde no hace mucho capellán de Ntra. Sra. de la Soledad).

No es la pretensión de estas líneas hacer un exhaustivo balance de la labor de Florentino como delegado, ni tampoco valorar la situación actual de la Coordinadora, necesitada sin duda de que el marco normativo-pastoral para las cofradías que dispuso la Asamblea Diocesana sea pronto aprobado y acogido con el firme propósito de llevarlo a la práctica. Para eso habrá ocasión y analistas mejor capacitados con perspectiva más alejada y neutral. Trato ahora, desde el afecto personal que no ha impedido la sana discrepancia, de dejar constancia del paso de este sacerdote albense por el mundo de las cofradías, en cuyo día a día se ha hecho presente como delegado y, en muchas ocasiones, como vicario general. Ha sido habitual verle presidir cultos de hermandades de gloria y penitencia, ha frecuentado las procesiones y ha sido el destinatario, como no podía ser de otra manera, de docenas de fías, porfías y cuestiones con cofradías. Algunas habrán quedado resueltas, en otras no daría con la mejor solución, y asuntos hay sobre la mesa pendientes de abordaje y respuesta, pero sin entrar a comentar ningún caso concreto es posible afirmar que, en Florentino, las cofradías han tenido a un defensor. No podemos ignorar que la actitud de una mayoría del presbiterio diocesano hacia las hermandades y la religiosidad popular es de escepticismo, y aún existen ejemplos de cierta hostilidad o beligerancia. Florentino, con sus aciertos y errores, no ha dejado de reclamar que los cofrades seamos tenidos en cuenta, al tiempo que nos ha pedido comprometernos y hacernos visibles, y se ha felicitado cuando hemos cooperado activamente en algunas iniciativas diocesanas o incluso las hemos encabezado.

Es momento de señalar el Curso de Formación Cofrade surgido en 2002 y ofrecido anualmente durante más de una década, la Oración Cofrade que ya lleva casi ocho años de existencia o, en la última época, la constitución de un pequeño grupo de trabajo en la Coordinadora que ha aspirado a ensayar en la diócesis una pastoral cofrade que muchos creemos no sólo necesaria sino prioritaria. Es posible que haya faltado un empujón más decidido a esta siembra, pero no se le puede negar constancia ni fidelidad a los programas propuestos cada año, algo en lo que siempre ha insistido Florentino pese a que la respuesta a las convocatorias en algunas ocasiones ha sido muy escasa. Su ya clásico "¡Adelante!" se me antoja la mejor forma de despedir y agradecer su servicio en la delegación de los laicos y, por tanto, de los cofrades.


lunes, 25 de junio de 2018

Foto de familia de los asistentes a la Noche Cofrade 2018 en conmemoración de los 25 números de "Pasión en Salamanca"

25 de junio de 2018

Casi siempre es de noche en Semana Santa. En Salamanca, no hay jornada sin procesión al anochecer salvo –todo un símbolo– el Domingo de Resurrección. El día se rinde antes o después, en función del cambio horario que dibuja matices en los cielos de marzo y abril, los últimos del invierno y los primeros de una primavera que quiere abrirse paso.

De noche es también, y de ahí su nombre, la Noche Cofrade, siempre en el mes de junio. Este año, durante la madrugada más corta del calendario, por haberse celebrado en la víspera del parto de Isabel, noche envuelta en ritos de toda creencia y pelaje para alejar lo malo y entretenerse un rato. En ese marco, del todo casual, la Tertulia Cofrade Pasión celebró esta vez su Noche Cofrade, una cena de confraternidad donde se conmemoraron los 25 números de la revista Pasión en Salamanca, editada ininterrumpidamente cada cuaresma desde 1994 y que, desde 2015, cuenta con una edición digital permanente.

Fue una noche de agradecimiento a los colaboradores que hacen posible su publicación. Una representación de todos ellos –más de 60 en cada número en papel si sumamos articulistas, fotógrafos, artistas, poetas o anunciantes– participaron en la convocatoria, celebrada en el restaurante Don Bustos en un ambiente de gratitud y camaradería.

Allí estuvieron, además de integrantes de la entidad editora y de los representantes de la Junta de Semana Santa, colaboradores como Rosa Lorenzo, una de nuestras veteranas, etnógrafa y Premio Nacional de Investigación Histórica y Etnográfica 2013, que desde hace casi dos décadas acerca aspectos tan tradicionales como desconocidos de la celebración popular de la Semana Santa en Salamanca y provincia. O la catedrática de Lengua y Literatura de la Universidad Pontificia de Salamanca, Asunción Escribano, belleza y profundo conocimiento en su acercamiento a textos y autores en torno a la Pasión.

También Tomás González Blázquez, médico y cofrade, uno de los más activos en la versión online de la revista, donde aporta la honda frescura de quien conoce las cofradías desde dentro. O Fernando Benito, uno de esos nombres menos habituales pero que llega con regalos inesperados en cada una de sus colaboraciones esporádicas. O Andrés Alén. Qué decir del artista que utiliza como lienzo las páginas de Pasión en Salamanca con sus dibujos y sus collages, infinitos tratados de fe y belleza.

Como ya recordó en su intervención el presidente de esta asociación cultural al final de la cena, si de algo puede presumir Pasión en Salamanca es de sus colaboradores. De los que estuvieron, de los que permanecen y de los que han de venir. Por todos brindamos en la pasada Noche Cofrade y también en estas líneas con el deseo de, juntos, mantener vivo este proyecto de divulgación y conocimiento alrededor de la Semana Santa.


viernes, 22 de junio de 2018

Félix Torres

Un momento de la ultima sesión de los "lunes cofrades", centrada en la relación entre la Universidad y la Semana Santa

22 de junio de 2018

El pasado lunes 18 de junio, tuvo lugar la última sesión de los "lunes cofrades" que la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades ha ido organizando a lo largo del presente curso.

Esta última jornada amplió el elenco de temas que a lo largo de casi todo un año han sido objeto de análisis por y para los cofrades salmantinos. Centrado en las relaciones Universidad-Semana Santa y con la intervención de Enrique González como ponente principal, se cerró un curso, otro curso, en las actividades de la Coordinadora de Cofradías, que todos los cofrades salmantinos deberíamos conocer y agradecer.

Vaya entonces el agradecimiento a esas personas (de las que quiero mantener el humilde anonimato) preocupadas por que las cofradías y los cofrades tengamos una amplia oferta de actos y actividades a los que no siempre respondemos como debiera suponerse. Por ello, sirvan estas líneas como sencillo homenaje a quienes, renunciando a parte de ese tiempo personal del que todos tenemos tan poco, están pendientes de nosotros y de nuestra "formación" en el seno diocesano aunque, lastimosamente, no acabemos de asentar, por ausencia propia que no por interés de la organización, las actividades de la pastoral cofrade salmantina. Son pocos los que manifiestan interés y constancia por estas actividades, que van mucho más allá de procesiones y liturgias tridentinas, y sobre ello reflexionaba con esperanzada desilusión, ya en abril de 2015, Tomás González Blázquez en una de sus colaboraciones en estas páginas virtuales.

¿Para cuándo una delegación diocesana de cofradías? Aunque es cierto que nuestra respuesta como cofrades no sea la mejor para que se constituya esta delegación como elemento imprescindible, es urgente la constitución de una unidad estructural integrada en el organigrama diocesano que vele por nuestros intereses y, al tiempo, se constituya en órgano que dé "estatus oficial" a las cofradías y hermandades en el seno de la diócesis más allá de una Junta de Semana Santa que llega hasta donde puede.

Quizá cuando vea la luz "ese" documento normativo regulador de las cofradías y sus actividades que nació en el seno de una ya casi olvidada Asamblea Diocesana y que, por el tiempo transcurrido, parece estar cogiendo polvo en algún cajón de la Casa de la Iglesia, la actividad de cofradías y cofrades se vea potenciada por ambos extremos, el de arriba por lo que supone tener que poner unas normas a cumplir y el de abajo por lo que deberá implicar la responsabilidad personal –y colectiva– de cada uno de nosotros para con la diócesis como laicos comprometidos desde nuestra actividad piadosa.

Por último, dado que esta última sesión de los "lunes cofrades" sirvió para que el vicario general de la diócesis, don Florentino Gutiérrez, se despidiera como delegado diocesano de Apostolado Seglar y, por tanto, como responsable de la Coordinadora de Cofradías, debemos confiar en que esto no suponga sino un paso adelante en el camino de las cofradías en el seno de la diócesis y que aquel a quien se responsabilice a partir de ahora de esta delegación, sea consciente de esta imperiosa necesidad de las cofradías salmantinas y acelere este proceso, hasta ahora lentificado. Todo ello sin menoscabo de la actividad desempeñada por el señor vicario, a quien agradezco su actividad en estos años al frente de nuestras cofradías y deseo lo mejor en sus próximas actividades diocesanas y pastorales.


jueves, 21 de junio de 2018

F. Javier Blázquez

Procesión del Cristo de los Milagros por Canalejas en su festividad el Domingo de la Ascensión | Foto: Heliodoro Ordás

20 de junio de 2018

Las devociones a Cristo crucificado se multiplican mucho más allá de la cuaresma y Semana Santa. Al cumplir la octava de la Pascua Alaraz ya festeja al Cristo del Monte y, sin terminar el tiempo de la Pascua, en la capital salmantina miles de devotos imploran ante el Cristo de los Milagros su intercesión. Son los anticipos del montón de festejos y romerías que machaconamente salpican el paisaje de la charrería durante lo que queda de primavera, todo el verano e incluso hasta el otoño antes del adviento. El Cristo de la Luz en el Zarzoso, Cabrera en las Veguillas, el Humilladero peñarandino u Hornillos de Arabayona, son los ejemplos más conocidos.

El carácter de estas celebraciones, como no podía ser de otra manera, huye de lo trágico. El drama de la muerte y su sentido expiatorio quedan para el tiempo de la penitencia. Después, el Cristo crucificado se torna glorioso. El análisis racional, exclusivamente racional, nos llevaría a denunciar la incongruencia de las fiestas populares centradas en cualquiera de estas advocaciones, las de Salamanca y las de toda España y buena parte del orbe católico. Exhibir la imagen de un hombre muerto, cosido con clavos al madero de la cruz, lacerado y humillado, con toda la repulsión que ello causa, no es plato de gusto. Pero esa fue la realidad del Calvario, la que ganó la redención. Y es bueno recordarla, y sentir esa com-pasión que lleva a la penitencia, siempre bien entendida, que permite unir el dolor del Hombre al de cada hombre, según aseguraba Felipe, el poeta de Tábara.

El contexto de la cuaresma, como tiempo preparatorio, y el de la Semana Santa, sirve para enmarcar con cierta lógica la celebración de la muerte del Cristo. Pero una vez que nos salimos de él, la Teología, la razón y hasta la Pastoral lo tienen complicado para dar explicaciones convincentes. Mucho más cuando se celebra en medio de fiestas que trascienden más bien poco. Solo el diálogo con la Antropología, que también es una disciplina racional aunque sirva en ocasiones para explicar lo irracional, nos permite dar sentido a estas aparentes incongruencias. Y es que el misterio de la cruz no puede estar relegado exclusivamente al tiempo específico que viste liturgias y paraliturgias de morado. Puede y debe prolongarse durante la Pascua y el tiempo ordinario, para festejar al Cristo redivivo que venció la muerte y abrió las puertas de la gloria. Y esta prolongación de la Pascua, que celebra a medio camino entre lo sagrado y lo profano, no tiene por qué ser mala siempre y cuando no degenere en excesos o aberraciones. Son momentos, también oportunos, para la alegría compartida en presencia, por qué no, de la imagen y presencia de Cristo crucificado y glorioso.

lunes, 18 de junio de 2018

Tomás Gil Rodrigo

Detalle de Los desposorios místicos, obra de Francisco Ricci  para el Monasterio de la Anunciación de Alba de Tormes

18 de junio de 2018

Terminamos la contemplación de la imagen de Cristo en Teresa de Jesús con las imágenes de su encuentro personal en la contemplación. Después de la beatificación (1614) y canonización (1622) de Santa Teresa, los artistas del siglo XVII encontraron en sus visiones místicas de Cristo una fuente de inspiración. Estamos ante el estilo barroco, al que le interesaba representar, más que los aspectos humanos de los santos, su aventura de contemplar cara a cara a Dios. Si antes las imágenes exteriores de Cristo influyeron en la oración de Teresa, ahora las imágenes interiores, que ella veía con los ojos del alma, contados en sus escritos, serán las que afecten a las obras del barroco. Los grabados realizados en Amberes, por Adrien Collaert y Cornelio Galle en 1613, sobre la vida de Santa Teresa, un año antes de su beatificación, estampas que se difundieron por todos los Carmelos e iglesias, serán el modelo a seguir por los artistas.

De entre las muchas visiones contemplativas que tuvo Teresa de Cristo, se eligieron y representaron aquellas que servían mejor a la doctrina de la Iglesia Católica. En el Monasterio de la Anunciación de Alba de Tormes, lugar donde murió y se conservan sus restos, tras la ampliación de la iglesia a mediados del siglo XVII, se encarga al pintor real Francisco Ricci, en 1674, realizar cuatro medallones para decorar las pechinas de la nueva cúpula. Apreciamos el modo peculiar de pintar de Ricci: imaginativo y con pinceladas sueltas. La imagen de Teresa es un fiel retrato a cómo era, basado sin duda en la que pintó Juan de la Miseria. Cada lienzo recoge cuatro visiones de Teresa de Jesús, que son las más destacadas y representadas en el arte, aparte de la transverberación: La Visión de la Santísima Trinidad, Los Desposorios místicos, La coronación de Teresa y La imposición del collar y la capa por la Virgen y San José. Las dos primeras pinturas, que están colocadas de frente, con la intención de ser vistas mejor, sobre el altar y el sepulcro, son las que tienen que ver directamente con la persona de Cristo, y son con las que vamos a terminar nuestra mirada al Jesús de Teresa.

Empezamos por aquel en el que vemos a Cristo resucitado entregando un clavo a Teresa. Es el momento en el que, como cuenta Teresa, se mereció ser esposa de Cristo: "Entonces.. dióme su mano derecha y dijóme: Mira este clavo, que es señal que serás mi esposa desde hoy" (Relaciones 35). Francisco Ricci se atreve a más que otras representaciones artísticas, donde solo Cristo entrega el clavo a Teresa, como aparece  en la pintura que se encuentra en el camarín del sepulcro, porque pinta a Cristo traspasando la mano derecha de Santa Teresa. El artista representa a Cristo como el Esposo que invita a su mujer, Teresa, a consumar su matrimonio, compartiendo  sus mismos padecimientos: "Padecer quiero, Señor, pues Vos padecisteis" (Vida 11, 2).

El culmen de la experiencia mística de Teresa es que Cristo se le ha aparecido también en el seno de la Trinidad: "… y como yo estaba mostrada a traer solo a Jesucristo siempre, parece me hacía algún impedimento ver tres Personas, aunque entiendo es un solo Dios" (Relaciones 18). Pero, Teresa queda sorprendida porque no es lo mismo lo que ella ve y lo que se pinta de la Trinidad en su tiempo: "A las personas ignorantes parécenos  que las Personas de la Santísima Trinidad todas están, como lo vemos pintado, en una Persona, a manera de cuando se pinta en un cuerpo tres rostros" (Relaciones 32, 2). La visión de la Santísima Trinidad, como tres personas distintas y unidas, garantiza la verdad de lo que contempla Teresa y su  comunión con la Iglesia. En 1628 fueron prohibidas por Urbano VIII las representaciones artísticas de la Trinidad tricéfala, porque inducían a la herejía. De esta manera, Francisco Ricci pinta en el medallón de Alba, siendo fiel a lo que dice Teresa y a lo que la Iglesia establece, a la Trinidad como tres personas  distintas que están en comunión de amor en la gloria del cielo. Pero, Teresa aparece dirigiéndose solo a la persona del Hijo, el cual muestra las heridas de la pasión, ya que solo por medio de su sagrada humanidad, en contra de lo que creían algunos espirituales de la época, se puede entrar en la experiencia altísima de contemplar a Dios Trinidad: "veo que queréis dar a entender al alma cuán grande es, y el poder que tiene, esa sacratísima Humanidad junto con la divinidad" (Vida 28, 9). En el lienzo de Ricci el Padre es la persona que mira al espectador, nos invita a dar respuesta a la pregunta que hizo a Teresa: "parecíame que la persona del Padre me llegaba a sí y decía: … Yo te di a mi Hijo y al Espíritu Santo y a esta Virgen. ¿Qué me puedes tú dar a mí?" (Relaciones 25, 2).


viernes, 15 de junio de 2018

Abraham Coco

Un costalero de la Hermandad de Jesús Despojado en un momento de descanso de la marcha | Fotografía: Alfonso Barco

15 de junio de 2018

Como si fuera un trampantojo matinal con el que desperezarse, sacudirse la alergia de los párpados y esbozar una sonrisa socarrona, a las ocho en punto, tras recordar que era jueves, 14 de junio, y avanzar la previsión meteorológica del día, Carlos Herrera daba la noticia a nivel nacional. Nosotros que creíamos estar al tanto de cada detalle en este centrifugado de información diaria… Y quedaba una noticia más:

"Efectivamente, todo el mundo hablaba de la dimisión. Eso estaba en la calle. Le diría más: estaba en los ambientes. Es verdad que en términos comparativos ha estado poco tiempo, pero era una dimisión esperada. ¿Obligada por qué? Tantas circunstancias... A veces, incluso, por un impulso personal. Pero es muy difícil librarse de determinadas presiones en determinados momentos. Habló con su superior, con su referencia, con quien tiene que bendecir su trabajo. Y entendió que no podía seguir más tiempo. Quién lo iba a decir hacía tan poco. Pues, ciertamente, no se habla de otra cosa. Finalmente, dimitió… el presidente del Consejo de Cofradías de Sevilla, Sainz de la Maza".

Hay que descubrirse con esta treta de perro viejo del periodismo. Pero más allá de eso, el símil nos hace recordar que algunas dinámicas no deberían valer para todo. Porque, claro está, en una junta mayor de cofrades o en una junta directiva, y más en las mesetarías, poco espacio cabe para la fontanería, las mociones, las campañas de desprestigio o las toscas sutilezas. Es mejor reservarlas para curas y trankimazines de celuloide...  Ya lo escribimos en noviembre de 2015 y conviene repetirlo ahora que tocan a urnas en una de nuestras hermandades más queridas, bajo una advocación que entiende de todo menos de disensiones, bajo una devoción que repele el odio y ambiciona la concordia.

Pocas horas después del eficaz artilugio radiofónico de Herrera, la Conferencia Episcopal presentaba la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia correspondiente al año 2016. Así lo transcribían los teletipos: "Según los datos de esta Memoria, que han sido auditados por la consultora PwC, la Iglesia mantiene 3.168 bienes inmuebles declarados de interés cultural (catedrales, iglesias, conventos, etc.), se encarga de su conservación y los pone a disposición de la sociedad. Junto a ese patrimonio están fiestas como la Semana Santa, el Camino de Santiago y todo el patrimonio inmaterial que representa una enorme riqueza para la sociedad, también desde el punto de vista económico ya que supone una aportación a la riqueza de España de más del 3% del PIB y 287.000 empleos".

Con 352 celebraciones y fiestas religiosas declaradas de diferentes intereses turísticos y 21 consideradas, además, Patrimonio Cultural Inmaterial; con 3.577 cofradías inscritas en el Registro de Entidades Religiosas, "sin contar muchas más que existen y cuya actividad se circunscribe a un ámbito más reducido o parroquial", me pareció que ese era el verdadero poder que las cofradías debemos hacer valer. Que ahí dormita un potencial que solo desde la unidad podremos aprovechar para cualquiera de los muchos fines legítimos a nuestro alcance. Aunque para eso se necesitan también buenos líderes.


miércoles, 13 de junio de 2018

Pedro Martín

Momento del paso del Santísimo Sacramento junto al altar instalado en San Sebastián | Foto: Hdad. de Jesús Despojado

13 de junio de 2018

Perdón por ser cofrade. Pido pública y humildemente perdón por ser cofrade. Pido perdón por vivir mi fe en el seno de una cofradía. No sabía que fuera pecado, aun así pido perdón. Pido perdón en nombre de mi padre, de mi abuelo y de mi bisabuelo, que también eran cofrades y me trasmitieron la fe con esta peculiaridad, quizá estaban equivocados y yo también. Por todo ello pido perdón.

Pido perdón por trasmitir esta tradición a mis hijos,  que pensé que era buena, o al menos no mala.

Pido perdón por salir a la calle cada Semana Santa a dar público testimonio de fe. Quizá es mejor quedarse en las iglesias. Pido perdón por dedicar parte de mi tiempo a las cofradías, como cofrade de a pie, como responsable, como representante, como miembro de la Iglesia diocesana, como cristiano comprometido.

Pido perdón por haber planteado ahora hace seis años una serie de iniciativas en  relación a las cofradías entre las que se incluía mejorar y dignificar la celebración del Corpus Christi. Siento de verdad haberos molestado, quizá es mejor que todo se quede como está: en el más absoluto desierto.

Pido perdón en nombre de todos y cada uno de los cofrades, y de todos y cada uno de sus defectos o pecados, que sin duda los tenemos, como todas las estructuras de nuestra querida diócesis. Deberíamos mirar más lo positivo que lo negativo y apostar por la unidad que falta nos hace en esta ciudad de "bandos" que nunca descansa.

Pido perdón por nuestra intromisión en la Asamblea Diocesana, no deberíamos haber alzado la voz, pero somos muchos, y nos merecemos ser tenidos en cuenta.

Pido perdón por pedir, pero pido y pido insistentemente una verdadera "pastoral cofrade" que tanta falta nos hace. Nosotros solos no podemos ponerla en marcha; otros no sé muy bien si no quieren, no saben, no se atreven o desconocen tanto este mundo que prefieren obviar todo lo que venga de él.

Pido perdón por trabajar por las cofradías y por la diócesis, estando a disposición de lo que me pida mi obispo, y lo seguiré haciendo aunque tenga que seguir pidiendo perdón.

Pido perdón por ser cofrade, y seguiré pidiendo perdón, porque nunca dejaré de serlo.


lunes, 11 de junio de 2018

Paulino Fernández

El Custodio de Tierra Santa, junto a fray Enrique Bermejo y a fray Teodoro López, conversa con la Madre Sonia, abadesa del Monasterio de la Purísima Concepción –Clarisas (franciscas descalzas) de Salamanca | Foto: José Fernando Santos
11 de junio de 2018

En los últimos meses, dos noticias han sacudido, para mal, las conciencias de los cofrades y católicos salmantinos.

Al poco de empezar este año, 2018, despedíamos a las Esclavas del Santísimo Sacramento, el inmaculado sacrificio de oración que, postrado ante Jesús Eucaristía, recibía a los visitantes y devotos que acudían a la Capilla de la Vera Cruz.

Finalizada la Semana Santa, en los primeros momentos de la Pascua, eran las Hermanas Clarisas quienes se despedían de la que fue su morada durante cinco siglos cerrando el Monasterio de la Anunciación.

A ello se suma la marcha de la cisterciense comunidad que residía en el Monasterio de Santa María de Jesús, más conocido como "Convento de las Bernardas", en el año 2015.

En pocos años, tres comunidades religiosas femeninas abandonaron sus hogares, en algunos casos con siglos de historia. Tres comunidades religiosas de clausura que marchan dejando una importante huella en la ciudad. Tres comunidades religiosas que decían adiós a las hermandades y cofradías que acogían.

Poco o nada podían hacer las asociaciones públicas de fieles para alargar la presencia de estas religiosas en la ciudad. Se marchan porque no había relevo generacional. Porque las vocaciones nuevas no seguían los carismas que le son propios a estas órdenes o congregaciones. Una conjunción de factores –baja natalidad y secularización de una sociedad que olvida sus valores– provocaron su partida.

No es la primera vez que diversas casas religiosas cierran en nuestra ciudad –y aún más, en nuestro país–. En ocasiones se debieron a factores políticos, en otras, sociales. Y en otras muchas fue el transcurso natural de las propias comunidades religiosas, y su labor evangélica, lo que justificaron su cierre.

Muchas incógnitas se abren ante la marcha de estas comunidades: ¿qué pasará con los bienes que atesoraban las órdenes? ¿Y con las hermandades que acogían? ¿Vendrán nuevas comunidades? ¿Qué será de los templos que, con tanto esmero, mimaban y atendían? ¿Se destinarán los mismos a alguna labor caritativa capitaneada por las corporaciones que presentan allí su sede canónica?

Sin embargo, no hemos de recordar solo a las comunidades que nos acogen cuando hacen las maletas y recogen sus bártulos. Aún quedan diversas hermandades cuya sede radica en templos conventuales.

Estas corporaciones aún tienen la oportunidad de deleitarse con el, muchas veces callado y poco reconocido, trabajo que las comunidades realizan. Aún tienen la oportunidad de conocer y disfrutar de la calidad humana de muchos de estos hermanos que son muestra viviente del amor de Dios. Y es hora de aprovechar esa ocasión; de reforzar la colaboración entre ambas instituciones, enriqueciéndose ambas de las fortalezas que mutuamente se pueden aportar. De conocer el carisma de las comunidades de su sede, comprendiendo y conociendo así nuevas formas de emprender el camino a la santidad al que estamos llamados. Incluso de presentar a los diferentes cofrades los testimonios de todos aquellos religiosos que los acompañan paso a paso en este camino de fe que recorremos.

Tenemos la oportunidad de reconocer el valor de estos centinelas de la oración en nuestra vida cofrade, ¿por qué recordarlos solo cuando sus rezos callaron?


jueves, 7 de junio de 2018

Paco Gómez

Jesús Rescatado, en su salida de la parroquia de San Pablo, bajo los sones del himno nacional | Foto: Pablo de la Peña

08 de junio de 2018

"Mi reino no es de este mundo" (Juan 18, 36)

Decir que el mundo está en permanente evolución es, por obvio, bastante superfluo. Pero también es cierto que hay momentos en los que los cambios son más evidentes. Hay épocas en las que las transformaciones son casi inapreciables por lo lento y otras en las que todo sucede a ritmo de vértigo. Creo que estamos metidos de lleno en la segunda de las opciones: un momento en el que todo lo que valía ayer ya no vale tanto y en el que hay que empezar a reformularse determinadas convenciones.

La toma de posesión del nuevo presidente del Gobierno ha estado marcada por el inevitable revuelo que acompaña a lo nuevo. Circunstancias inéditas, éxito inédito de esa herramienta parlamentaria que más parecía hecha para reforzar al Gobierno que para tumbarlo, en fin: la toma de posesión sin crucifijo. Ahí quería yo llegar.

No sé la intención con la que se decidió obviar este elemento que históricamente había acompañado a los presidentes del Gobierno, pero me parece sin duda un acierto. Tanto es así que me atrevo a vaticinar que será raro que la toma de posesión de cualquier futuro presidente recupere este símbolo.

Son pasos, creo que necesarios, en pos de una separación que debe empezar a subrayarse entre la Iglesia y el Estado. Entre la esfera que libremente manifestamos y compartimos las personas que tenemos una determinada fe religiosa, y las cuestiones propias del gobierno de lo que es de todos y debe ser para todos.

Es decir, aunque Dios esté en todas partes, hay determinadas cosas en las que es mejor no meter a Dios. Yo no espero de ningún dirigente que acuda a los actos religiosos que le marque la tradición, que sea devoto o que vaya todos los domingos a misa o que realice puntualmente las cinco oraciones diarias del Islam. No lo espero porque eso, al fin y al cabo siempre sospecha de mera fachada, no lo va a hacer mejor o peor representante público. Mejor espero que actúe honradamente, que piense en el bien común y que crea en lo que crea, si es posible, aplique los criterios de justicia social que, esa es nuestra suerte, nos marca el Evangelio pero también el más mínimo sentido de humanidad universal.

¿Digo que un cargo público no pueda hacer manifestación de su fe religiosa? No. Digo que lo haga como persona, como usted o como yo, a pie de calle. Que, mejor, se deje la medalla, la corona o el fajín en casa. Porque lo otro, por muy sincero que pueda ser, tiene un riesgo de tramoya de cartón-piedra que despierta mis suspicacias.

Y ya que llegamos al asunto militar, hay un aspecto de la Semana Santa que me viene inquietando desde hace mucho: el recibimiento con el himno nacional a las sagradas imágenes cuando salen en procesión de los templos.

Yo sé que es una tradición muy arraigada en determinadas procesiones (no solo penitenciales, sino glorias, romerías…), pero me parece también que es hora de empezar a dejar el himno para las cuestiones que marca el Real Decreto que lo regula y centrarse en otros acompañamientos, tan solemnes o más, para nuestras salidas procesionales.

Al fin y al cabo, si Jesús y María en sus infinitas advocaciones son reyes (este es el argumento que se suele mantener para hacer sonar el himno y rendir honores con el arma), lo son de nuestros corazones, no de la tierra que torpemente hollamos. Y, ya se sabe, su Reino nunca fue de este mundo, aunque en él transcurran nuestras humanas acciones.

A lo mejor estoy muy solo en esto, es posible. Quiero dejar claro que no es ni que no quiera a mi país, ni que no respete sus símbolos o sus fuerzas armadas. No es nada de eso. Solo es que no quiero pensar en un Jesús capitán general de nada, sino en un carpintero cuyo mensaje, de paz, no entiende de fronteras ni de símbolos interesadamente manoseados.

Aunque cada uno puede vivir la fe y manifestaciones como la Semana Santa desde la perspectiva en la que se sienta más cómo –y he defendido muchas veces que esta es precisamente su gran fuerza y grandeza– , yo me niego a encerrar el ámbito de mayor trascendencia y espiritualidad en los límites mundanos de un himno y una bandera. Lo siento.


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