lunes, 20 de enero de 2020

viernes, 17 de enero de 2020

Félix Torres



17 de enero de 2020

En este inmediato fin de semana, correspondiente al segundo de los del Tiempo Ordinario, algunos cofrades salmantinos preocupados por el futuro de esta actividad piadosa y también, seguramente, por el de sus diferentes asociaciones, van a ser los primeros en participar, si quiera indirectamente, en el desarrollo de la nueva normativa diocesana que, aprobada por nuestro obispo Carlos el pasado 28 de junio, estaba a la espera de ese empujón que diera impulso a lo que a partir de ahora –aunque quizá debiera llevar ya algún tiempo– deberá rodar por su propia inercia entre cofrades y cofradías como bien necesario para todos.

Comienza el comentado, en algún caso con irónico escepticismo de quienes se ven por encima de raseros, "Curso Formativo para Cofrades" que cumple con lo contemplado en el artículo 49 de estas Normas que a todos deben importarnos. Sea, pues, bienvenido este curso, "pistoletazo" de salida que espero no se afogone aún recién nacido.

Son varios, bastantes diría yo a la luz de los datos, quienes por interés o necesidad, como decía, han confirmado su asistencia a esta actividad diocesana impulsada por la Coordinadora de Cofradías en la que darán cumplida cuenta del programa que para ello se ha diseñado y, por supuesto, obtendrán el certificado que acredite su idoneidad para el acceso a cargos directivos de cofradías, hermandades y congregaciones. Vamos, lo que sería un quid pro quo de andar por casa.

Digo que atenderán al programa y,… ¡ahí quería quedarme yo remoloneando un ratito! Porque me ha llegado el programa –imagino que como a casi todos los que suelen interesarse por este tipo de comunicados–, que no todo han de ser citaciones con calendarios para los ensayos de carga o convocatorias de cabildos y asambleas ordinarias. Y he leído el programa. Y he recordado (bueno, he tenido que irme a leer las Normas en ese coqueto librillo impreso que nos han enviado a las sedes de las cofradías) que en su artículo 48, ese que habla de la formación básica del cofrade –digo "formación básica cristiana"– entendiendo por tal la que lleva al conocimiento y aceptación de los fundamentos del catolicismo en la doctrina, liturgia, Sagrada Escritura, organización y estructura de la Iglesia, así como otros aspectos elementales de la espiritualidad y praxis cristiana, ya está recogido prácticamente el cuarenta por ciento, si no más, de lo que se ofrece en dicho Curso Formativo. Que digo yo que, dado que quienes acceden al "superior" deben traerse el "básico" de casa, estas materias serán convalidadas sin más. ¿O no? Porque, seguro que si yo hubiese diseñado el programa de este Curso no habría propuesto "asignaturas" tan cofrades como "la indumentaria y su significado para el penitente" o "la imprescindible relación del exorno floral con los tiempos litúrgicos" o "el color de la cera en función de la Función", por poner algunos ejemplos. Pero sí que hubiese hecho hincapié en aspectos cofrades que a todo buen dirigente se le deben dar por supuestos y aprobados. Sí, como esos "aspectos jurídicos y administrativos de las cofradías" que impartirá, magistralmente por supuesto, Raúl Román, pero ampliado a esas "cosillas" que todos los que han llevado las riendas de una cofradía saben que son necesarias y que hasta ahora se heredaban en tradición oral de hermano mayor a hermano mayor o de tesorero a tesorero. Son cosas de gestión simple, del día a día, de relaciones entre unos y otros, de uso de la mano izquierda en piques y disputas, de roces y desgastes entre cofrades y cofradías, que no digo sean de dependencia diocesana en su labor pastoral pero que deberían formar parte de las materias que deberían figurar como superadas adecuadamente en el certificado que se expidiese a quienes completan el Curso.

Ahora bien, como la experiencia dice que quizá de esas cosas sepa más el loco en su casa que el cuerdo en la ajena, creo que debo volver al párrafo anterior y, desdiciéndome de lo que he dicho que entiendo por básico o superior, contemplar positivamente el programa del Curso de Formación, desde la "acogida" de la mañana del sábado hasta la Santa Misa de la media tarde del domingo, verlo como necesario en cada una de sus cinco sesiones teóricas –garantizadas por la categoría de los ponentes Tomás González, Raúl Román, Fr. Miguel Ángel Aguado, Francisco Javier Blázquez y Álvaro Gómez en los temas de su incumbencia– y desear que todos los asistentes cumplan los objetivos del curso con aprovechamiento y que todo ello sea para bien. Para mucho bien.
Eso sí, por ir terminando, también es mi deseo que tanto el Curso como, sobre todo, las Normas que lo rigen no queden, como ya dije, en flor de un día y seamos unos cuantos los que lleguemos a echar de menos lo que debió ser y no fue. Es mi deseo. Digo.


miércoles, 15 de enero de 2020

Álex J. García Montero

Detalle del respiradero de un paso realizado con bordados | Fotografía: Manuel López Martín

15 de enero de 2020

El mundo del toro es de lo más ingrato que hay. Quien ha estado pululando por los cercados de las dehesas, muros, burladeros, trancones, cosos, alberos… hasta las propias taquillas, se dará cuenta de que es un mundo muy ingrato. Falso de toda falsedad, metafísicamente contrario a la verdad en muchas ocasiones. Sin embargo, la máxima verdad de la fiesta, la bravura, la embestida, la testuz, las navajas en puntas… se impone frente a opinadores, presidentes, asesores, veterinarios, políticos, palcos, puros, corbatas, trajes y pajaritas de tres al cuarto.

Al final, queramos o no, incluso con los políticos y su amenaza continua de recorte de libertades (vulgo subvenciones), se impone la verdad de las cinco de la tarde. Esa verdad persiste en la salida de un toro a cualquier albero de la vetusta Iberia bien formado y rematado en puntas, de cara seria, de los negros toriles.

Algo parecido sucede en nuestra Semana Santa (extensible a cualquier penitencial de todo territorio hispano). Hemos sometido a la Semana Santa a cantidad de ropajes, y debido al frío reinante de las nieblas tormesinas, a múltiples abrigos que poco tienen que ver con la ropa de los toreros. La ropa de los toreros está conformada por archiperres barrocos que dejan muy poco espacio al abrigo y al aire. Son ropas ceñidas y estrechas que a la mínima que el toro "haga hilo", habrá altas probabilidades de que entren las navajas hasta lo más profundo del alma. Sin embargo, imitando sureños climas cálidos, hemos inventado farrapos para tapar la verdad, como se tapan los óculos de los cuadrúpedos de aplicar la suerte de varas. Llevamos muchos petos encima, so excusa de inventar cada día, cada mes y cada año una nueva (mejor dicho, renovada) Semana Santa.

De ahí que haya que fundar cofradías, muy especialmente cuando me enfado con mis antiguos compañeros de paso o de trabajadera; hay que crear nuevas bandas, porque queremos ir todos delante (cual ciempieses); hay que añadir nuevos cultos, porque es la única manera de lucir las cada vez más numerosas varas de mando (a menos cofrades, más cargos en cofradías); hay que cocinar paellas y montar auténticas destilerías etílicas con afeitado incluido pues la cosa va de cuernos, porque es la única manera de sugestionar un grupo en torno a mi celestial persona. Pónganse tantos ejemplos como se quiera, que para torear de salón no hacen falta pitones.

Pero hay un momento en el que la verdad va a salir. Igual que tras el negro del túnel de chiqueros, hay un ebúrneo albero, tras las puertas de un templo, pequeño o grande, hay una procesión, estación de penitencia o salida penitencial en la calle. Y ahí, podemos contar el número de participantes. Podemos suponer, con mayor o menor acierto, la cuantificación de espectadores (últimamente, salvo honrosas excepciones, no llegamos ni a media plaza en las calles), se puede evaluar (con criterios objetivos) la organización (agilidad, solemnidad, exorno floral, comportamientos, silencios, músicas, austeridades a veces confundimos por vergüenza torera la austeridad con lo cutre, penitencias y fines seculares) de las cofradías y hermandades.

Las presidencias de corbata de las Juntas de Semana Santa, y las presidencias de mitra y solideo, están a verlas venir. A lucirse y lucir. A introducir catequesis varias, que rayan a veces con la extravagancia (laicas o religiosas) del tipo de grandes aspiraciones de interés turístico o de interés sacramental. Se dedican a cambiar tercios para que todo siga igual. Mucho pañuelo y costal blanco, y poco más.

Mientras, los fines propios de las cofradías (conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, el recuerdo permanente a los difuntos y la atención de necesidades sociales) siguen en los corrales esperando una portagayola valiente de los taurómacos, que tras múltiples decepciones y desagradecimientos, huyen al otro lado del "charco" a hacer las Américas, o como se decía vulgarmente, a hacer las "Amérricas", que es la única manera de al menos no pagar por torear y lograr emolumentos para afrontar las temporadas estías de la península ibérica.

Las cofradías deben volver a la verdad del campo, de la dehesa, del tentadero, del desecho de tienta… porque sólo la sombra de la encina es la que nos envuelve en la verdad del frío sol del invierno de las tierras taurinas meridionales del viejo Reino de León.

Sin encinas no hay toros. Sin toros no hay encinas. Sin calle no hay cofradía. Sin procesión no hay calle. Los adoquines de las rúas charras ansían, con esta luna llena de invierno entreverada en las nieblas que, en luna llena de primavera, sean acariciados en nocturnidad de tinieblas, por la verdad de penitentes, pies descalzos, cruces, cadenas, velones, hachones y almas anhelantes de lo que fueron, son y serán nuestras penitenciales. De nosotros, y sólo de nosotros, depende.


lunes, 13 de enero de 2020

Pedro Martín

La luz inunda la iglesia nueva del Arrabal en la salida del Cristo del Amor y de la Paz | Foto: Manuel López Martín

13 de enero de 2020

Feliz año a todos, que hasta las Candelas se puede felicitar el año y se debe mantener el belén puesto en casa –decían los clásicos–. Esto último me perdonaran, pero no he podido mantenerlo en casa a costa de un conflicto familiar de proporciones similares a los que preveo se pueden producir en nuestro recién estrenado gobierno.

Pero eso, aunque nos preocupa, no nos ocupa en este artículo. Nos ocupa y preocupa la actividad cofrade como de costumbre, y las certidumbres del año que empieza llenas a su vez de incertidumbres.

La primera llega esta misma semana, el "primer curso cofrade para dirigentes y aspirantes a serlo", que ya ha concitado el interés incluso de la prensa, con un número importante de inscripciones que a la fecha de hoy superan el medio centenar, cosa que me alegra, pero que a la vez me preocupa, pues no sé muy bien si se sigue entendiendo como un mero trámite o que de verdad las cofradías empezamos a creer en la importancia de la formación para un cristiano.

Año de estreno de las "normas", ya a pleno rendimiento, eso espero y deseo, y para ello trabajaré desde el Equipo de la Coordinadora, junto con el delegado y consiliario general de las cofradías. Muchas incertidumbres sin duda, pero también muchas esperanzas.

Año de nueva cofradía ¿en la calle? A fecha de hoy no existe certidumbre, más bien todo lo contrario, de la salida penitencial de la Archicofradía del Rosario. Espero y deseo que se superen las dificultades lo antes posible y de la mejor manera posible.

Año de nuevo presidente de la Junta de Semana Santa. Habrá relevo y a meses vista ya corren todo tipo de rumores, de candidatos y candidaturas, yo solo digo en mayúsculas: gracias Cornejo por todos estos años, un placer haber coincidido y trabajado contigo.

Año de ¿nuevo obispo? No lo sabemos, quizá sea la mayor incertidumbre. Lo que sí es seguro es que nuestro obispo Carlos cumple la edad en noviembre y deberá presentar la renuncia. A partir de ahí, todo depende de la Santa Sede y del nuncio.

Un año que nos deparará alguna sorpresa como el anunciado "primer congreso regional de jóvenes cofrades", que, dicho con todo el cariño, no tiene ningún sentido celebrándose el nacional en Valladolid. ¿Era necesario? ¿Quién lo ha autorizado? No hay más preguntas.

Todo un año lleno de novedades, de incertidumbres, de algunos aniversarios cofrades que espero se celebren como se merecen y desde luego, si es posible, sin salidas extraordinarias», que por serlo cada vez más habituales se convierten en ordinarias.

Año de cambios y novedades. Esperemos que venturoso año cofrade.


viernes, 10 de enero de 2020

Paco Gómez

Sello conmemorativo de la Pasión zamorana editado en 1987 que muestra a Unamuno en la procesión de Jesús Nazareno

10 de enero de 2020

"como el cuerpo del Hombre en cruz, espejo
del sol de vida, del que nunca muere"
(El Cristo de Velázquez)

Miguel de Unamuno goza de una intensa popularidad derivada, al menos en parte, del impacto de la exposición en la gran pantalla de los días finales de su vida. Resurgen análisis de su obra por doquier, se lo vuelve a citar en los parlamentos, visiones antagónicas reclaman para sí sus escritos políticos. Una interesante ebullición en la que quizá haya quedado algo fuera del foco la compleja cuestión religiosa, imposible de abarcar en un artículo como este, aunque sí puede ser un buen momento para destacar la estrecha vinculación del pensador con la Semana Santa.

Jean Claude y Colette Rabaté extraen de los diarios las primeras vivencias sobre la Semana Santa de un Unamuno niño, en torno a 1870, en su Bilbao natal: "Apenas despachada la cena, Miguel se entretiene contemplando desde los balcones de las casas viejas del barrio de Siete Calles las pintorescas procesiones con los bultos o pasos sostenidos por unos muchachos con bota de vino. Le impresionan algunas tallas, con sus posturas contorsionadas, sus rostros deformados o grotescos".

Esa denominación de "bultos" hará fortuna y hasta hoy acompaña de manera algo controvertida a la denominación de los pasos bilbaínos. En todo caso, desde ese momento Unamuno irá desarrollando un sentimiento religioso lleno de vaivenes que tendrá su explosión en 1897. Es el momento de su gran crisis religiosa y se produce precisamente durante un retiro espiritual en Alcalá de Henares, en Semana Santa. Su Diario íntimo lo recoge así: "Por el infierno empecé a revelarme contra la fe; lo primero que deseché de mí fue la fe en el infierno, como un absurdo inmoral".

Hacía seis años que Unamuno era catedrático de Griego en Salamanca. Faltaban unos meses para el Desastre del 98 que tanto iba a marcar su pensamiento y proyección y poco más para que su impresionante lección inaugural del curso 1900-1901 le valga ser nombrado rector por primera vez. Unamuno vive y pasea Salamanca y desde la evolución de su religiosidad va a entablar contacto con las tradiciones de la Semana Santa. Ya debía ser una relación estrecha cuando en 1911 decide vivir la Semana Santa de Zamora. El Adelanto lo anuncia así: "Ha salido para Zamora el rector de esta Universidad, don Miguel de Unamuno".

Llega el Miércoles Santo y permanecerá hasta el Sábado. Lo recoge el Heraldo de Zamora el 15 de abril: "Hoy a mediodía han salido para Benavente el rector de la Universidad de Salamanca, don Miguel de Unamuno, y don Pascual Meneu, catedrático de Árabe de la misma Universidad". De qué vio Unamuno no ha quedado constancia, pero curiosamente sí una imposible prueba gráfica, el cuadro Procesión al amanecer que pinta Gallego Marquina en 1949. En ella coloca a Unamuno presenciando la procesión de Jesús Nazareno, aparentemente guiándose por el recuerdo de algo que vivió el mismo, y que sería en 1987 el motivo elegido por Correos para un sello conmemorativo de la Pasión zamorana.

Tres años después de ese viaje, en todo caso, se iba a producir la mayor eclosión de religiosidad de Unamuno y habría de ser, precisamente, en Semana Santa. Será esta vez en Silos, donde el pensador perfila El Cristo de Velázquez.

Conchas marinas de los siglos muertos
repercuten los claustros los cantares
que, olas murientes en la eterna costa,
desde el destierro de la tierra se alzan
bregando por su paz las almas trémulas.

"Escritos estos versos para mi poema El Cristo de Velázquez durante mi estancia, en la Semana Santa de 1914, en esta abadía de Santo Domingo de Silos a donde vine, hombre de guerra, a disfrutar unos días de paz para poder tornar con nuevo empeño a la batalla que es mi vida”.

Profecía quizá de una Gran Guerra que estaba a punto de estallar. Entre 1924 y 1930 Unamuno vive su destierro y exilio. De regreso a España y poco antes de publicar San Manuel Bueno, mártir viaja a Medina de Rioseco. Es la Semana Santa de 1932 y él mismo lo cuenta en un artículo de El Sol: "Era la misma procesión de antaño. El anciano cree ver la que vio de niño, y el niño, aún sin darse de ello cuenta, espera ver la misma cuando llegue a anciano".

Y cerrando el círculo, de vuelta a Salamanca (de la que por cierto ha dejado escrita su célebre reflexión sobre una ciudad y en particular su calle de la Compañía que "parece un escenario secular, en piedra de oro, para las representaciones anuales del Drama de la Pasión y Acción de Nuestro Señor"), vive sus últimos días en reclusión en 1936 tras el episodio del Paraninfo. Días que dedica a su último Cancionero y a escribir cartas como la remitida apenas un mes antes de su muerte: "En una fiesta universitaria que presidí, con la representación del general Franco, dije toda la verdad, que vencer no es convencer, ni conquistar es convertir, que no se oyen sino voces de odio y ninguna de compasión". Una carta que en un último lazo con la Semana Santa escribe a su amigo Quintín de Torre y Berástegui, justamente un célebre escultor e imaginero con presencia, entre otras, en la Semana Santa de Zamora.


miércoles, 8 de enero de 2020

Alberto Alén

El paso de la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños encara la Rúa Antigua | Foto: Javier Barco

08 de enero de 2020

Las hermandades y cofradías, como expresión de la piedad popular, han de ser, como tantas veces se comenta, verdaderas familias y verdaderos grupos de referencia para vivir la fe. Pero también han de ser responsables de formar a sus cofrades en materia de cristianismo y de hacer de sus actos y cultos pequeñas catequesis que vayan dando un colchón de formación que sea aliento para mantener viva y acrecentar la llama de la fe y, en ocasiones, quizás encenderla.

Es cierto que todo cofrade tiene algún vínculo con la fe, más o menos fuerte, más o menos elaborado, pero sí tiene un sentimiento de devoción a un titular de su cofradía. Esos sentimientos propios de los cofrades pueden servir de hilo para fomentar una formación más profunda en los misterios centrales de nuestra fe, tratando además temas concretos de la realidad cofrade que son ajenos, quizás, a otros ambiente de formación cristiana. Es responsabilidad de las cofradías iniciar o fortalecer esta formación.

No hay tampoco que juzgar comportamientos o actitudes de cofrades, aunque sean poco acordes con nuestra fe, sino que más bien debemos preocuparnos por facilitar y estimular un encuentro más profundo de nuestros hermanos cofrades con Dios. De ahí manará no solo una vivencia más pura de su ser cofrade sino que, además, se hará de las hermandades verdaderos testigos de Jesucristo, en sus actos, su caridad, su fraternidad, su convivencia…

A mi modo de ver, a la hora de tirar de ese hilo de la devoción a los sagrados titulares para afianzar nuestra fe, se debe, en primer lugar, profundizar precisamente en esa devoción, meditando qué son para nosotros los sagrados titulares. ¿Son el centro de nuestra fe o, por el contrario, son imágenes más o menos bonitas de grandísima utilidad para acercarnos más a Jesucristo y a su Madre, para recordarnos escenas de la pasión y muerte del Señor o para tenerlos más presentes en nuestras vidas? ¿Entendemos la diferencia entre nuestro Cristo favorito, que representa al Señor, y el Santísimo que está en el sagrario de nuestras sedes, que es realmente el Señor, o a veces pasamos de largo ante él y nos centramos en nuestro Cristo favorito al que vamos a ver, le rezamos, le pedimos…?

Todo esto y mucho más habrá que irlo trabajando en nuestras cofradías –como bien nos animan a hacer las nuevas Normas Diocesanas–, establecer un plan pastoral en cada cofradía, de modo que así, entre todos los cofrades, nos ayudemos a vivir mejor esto que tanto nos identifica y nos une, que nos hace compartir tantos sentimientos y experiencias, nuestra Semana Santa.


domingo, 5 de enero de 2020

Tomás Gil Rodrigo

"Los tres reyes magos", del artista estadounidense Henry Siddons Mowbray

06 de enero de 2020

Seguramente muchas de nuestras cofradías salmantinas, después de las fiestas de Navidad, empiezan a quedar más a menudo para preparar la semana más importante del año litúrgico: la Semana Santa. Muchos de los cofrades me diréis que soy muy precipitado, aún quedan más de tres meses, porque este año cae entre el 5 y el 12 de abril; otros, los más precavidos de las parroquias o hermandades, dirán que es mejor reunirse con tiempo, para que no vuelva a suceder lo del año pasado y se eche el tiempo encima. Sin embargo, lo más importante es que, al final de la Navidad, el día de Pascua va generando movimiento y expectación en unos y otros, se convierte en una fecha central para este 2020 que intentamos aprender de memoria o apuntamos en el calendario de nuestro móvil.

Pues esto que pasa en las cofradías de Semana Santa, tras la Navidad, es lo que nos propone la Iglesia que hagamos en este día de la Epifanía. Después de la proclamación del Evangelio dentro de la Eucaristía, o bien en otro momento idóneo, como por ejemplo en el silencio después de la comunión, se proclama el anuncio de la Semana Santa, diciendo qué día celebraremos la Pascua, y también las demás fiestas del año. Y, ¿por qué la Iglesia proclama desde antiguo las fiestas del año en esta solemnidad y no, por ejemplo, como sería normal, el primer día del año litúrgico, que cae el primer domingo de adviento? Se debe al dinamismo de la liturgia, que gira en torno a la celebración del misterio de Cristo. En la solemnidad de la Epifanía lo que celebramos es que la gloria de Dios se ha manifestado a través de la carne débil y humilde de su Hijo, dejándose ver y tocar no solo por los suyos sino por la humanidad de todos los tiempos, representada en aquellos magos venidos de oriente, que le buscaron y fueron guiados hasta Belén por medio de la estrella y la Escritura. A partir de entonces la gloria de Dios sigue manifestándose en la historia y entre nosotros hasta el día esperado de su vuelta al final de los tiempos. La Epifanía es la celebración que nos abre los ojos del corazón para poder ver a Dios, gracias al misterio de la encarnación de su Hijo, en los acontecimientos del mundo y de la historia, en los más pobres, en la fraternidad de nuestra parroquia y cofradía…; pero, donde principalmente podemos ver y recibir su presencia es cuando nos reúne para celebrar la Eucaristía en las fiestas del año litúrgico, principalmente la Pascua y cada domingo. Ahora entendemos el porqué de pregonar e invitar el día de Epifanía a celebrar la Semana Santa, cuyo culmen es el Triduo Pascual, también cada domingo del año y las fiestas principales de la Virgen y los santos.

Sería bueno realizar este pregón tan significativo en la Eucaristía de la solemnidad de la Epifanía. Incluso se podría colgar en letra grande a la puerta de las iglesias desde Epifanía hasta el domingo anterior a la Cuaresma. De la misma manera se puede repartir como una estampa para que la gente lo tenga en su casa a modo de recordatorio. Con la intención de facilitaros la realización de este pregón os ofrezco el texto al final.

A menos de una semana para terminar la Navidad con la fiesta del Bautismo de Cristo, la fiesta de la Epifanía, o manifestación de Cristo a todos los pueblos, ya nos pone en movimiento ante la Semana Santa de este año y también nos invita a participar de la Eucaristía todos los domingos. Desde la luz de la Pascua anual y semanal de este año empiezan a pensarse los preparativos y la cuenta atrás hasta Semana Santa. ¡Feliz solemnidad de la Epifanía del Señor!

La gloria del Señor se ha manifestado en Belén
y seguirá manifestándose entre nosotros,
hasta el día se su retorno glorioso.

Por eso os anuncio con gozo, hermanos y hermanas,
que así como nos hemos alegrado en estas fiestas
de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, 
nos alegremos también en el gran celebración pascual
de la Resurrección de nuestro Salvador.

Así pues, sabed que este año
la ejercitación de la Cuaresma,
que nos prepara para la Pascua,
comenzará el día 26 de febrero, Miércoles de Ceniza,
y del 10 al 12 de abril celebraremos con fe el Triduo Pascual
de la muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesús.

El día 12 de abril será la Pascua,
la fiesta más grande del año.
Y al cabo de cincuenta días,
como culminación de la cincuentena pascual,
el domingo 31 de mayo,
celebraremos la solemnidad de Pentecostés,
el don que Jesús resucitado hace a su Iglesia:
su Espíritu Santo.

Cada domingo nos reuniremos para celebrar la Eucaristía
conmemorando la resurrección del Señor,
y veneraremos también la memoria de la Virgen en sus fiestas,
y de tantos hermanos santos y santas
que nos acompañaron en nuestro camino.

Y al finalizar el año, el día 29 de noviembre,
iniciaremos un nuevo año litúrgico
con la celebración del domingo primero
de Adviento de nuestro Señor Jesucristo.
A Él todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.


jueves, 2 de enero de 2020

F. Javier Blázquez

Representación de la Navidad Franciscana en el iglesia de San Martín junto al Cristo de la Humildad | Foto: Pablo de la Peña

03 de enero de 2020

Podría decirse que con la representación del origen del belén, por parte de Jes Martin’s, la Hermandad Franciscana del Cristo de la Humildad completa su ideario programático. A ver, me explico, que surgirán otras actividades y es posible que la Navidad franciscana no vuelva a escenificarse. Me refiero a algo que va más allá de los calendarios anuales al formar parte de su identidad, de la propia genética, por utilizar el léxico de la biología.

Para una institución que comienza, como es el caso, resulta prioritario dejar bien fundamentada, cuanto antes, la estructura que sostenga su futura actividad. Y a la Hermandad Franciscana le faltaba desarrollar este aspecto. Se estaba trabajando muy bien el vínculo con la Custodia de Tierra Santa a través de las contribuciones anuales, peregrinaciones y difusión de sus objetivos. Sin ir más lejos, hoy mismo presenta en la Purísima el libro Peregrinar a Tierra Santa con Egeria, de fray Enrique Bermejo ofm. Y lo mismo podríamos decir de los ejercicios piadosos vinculados al franciscanismo, bien transmitidos en un desfile procesional marcado por la austeridad extrema y el viacrucis de Jerusalén que se recorre en la cuaresma junto a las franciscas descalzas. Pero el desarrollo del carisma franciscano estaba sin completar. Bien la apuesta por la sencillez, en todos los aspectos, y el mensaje de la paz y la concordia. La Proclama por la paz, que fue la primera actividad de la hermandad, y el Espíritu de Asís, son dos buenos aldabonazos para que al menos se hable de ello en esta sociedad tan adormecida. Faltaba empero, para completar, la puesta en valor del auténtico espíritu navideño.

La celebración de la Navidad cambia a partir de san Francisco, es innegable. Este agitador de conciencias en el medioevo quiso dar verdadero sentido a  una fiesta que, no olvidemos, hasta finales del siglo IV apenas si se había considerado en la Iglesia. San Francisco de Asís encuentra la inspiración ante el crucificado y organiza en Greccio, en 1223, el primer belén de la Historia. Contempló a la inversa el tránsito terrenal de Cristo, de la cruz a la cuna, porque la redención solo fue posible con la encarnación. En los franciscanos está el origen de muchas devociones piadosas: el viacrucis, las procesiones de Semana Santa y la representación de la Navidad. Y todas acaban confluyendo en torno a la cruz de Cristo que indeleblemente signa al cristiano.

De ahí la oportunidad de esta representación, que va mucho más allá del teatro, al modo casi de los antiguos autos de la navidad. Un escenificación ad hoc cuya génesis está en la propia hermandad, fundamentalmente en Isabel Bernardo, escritora de talento que abrió su corazón a san Francisco desde antes incluso de la fundación. A partir de ahí, junto al actor Jes Martin’s, se escribe un guion con las palabras de san Francisco. Y marcando perfectamente los tiempos, con la pausa y el sosiego y el silencio que requiere un momento tan trascendental, se lleva a la escena el origen del belén. Ante el Cristo franciscano de la Humildad, integrado en la representación, como no podía ser de otra manera, Francesco concibe la idea de actualizar el advenimiento del redentor al mundo. Y llama a sus frailes y a los campesinos que personifican a José, María y los pastores que acuden para contemplar y glorificar al niño en el pesebre.

Para algunos habrá sido teatro, que lo es. Para otros quizás oración, que también lo puede ser. En todo caso, Jes Martin’s, que ha ido más allá de vestir el hábito de san Francisco, ha conseguido el objetivo de emocionar a los asistentes. Por ese lado misión cumplida y, aunque ya sabemos que es difícil, porque no solo depende de la hermandad, ojalá que esta iniciativa pueda hacerse tradición y servir todos los años, en la antesala de la Navidad, para remover las conciencias de creyentes y no creyentes. A fin de cuentas, la cruz y la cuna, y esto va en el carisma franciscano, son ya patrimonio de la humanidad. El mensaje de entrega, paz y concordia que ambos símbolos transmiten han sido siempre universales.


miércoles, 1 de enero de 2020

Tomás González Blázquez



01 de enero de 2020

¡Extra, extra! Es Primero de enero, primero de año, pero esta noche no han parado las rotativas. Todas las redacciones se han dado la tradicional y merecida tregua salvo una, la de El Capuchón – Noticiero Cofradiero Salmantino, que refugiado bajo el paraguas de Pasión en Salamanca lanza su primer número (sabe Dios si el último, como le pasó a tantas cabeceras decimonónicas) en esta gozosa mañana inaugural del Veinte Veinte, puerta de una década con vocación de "felices veinte" 2.0. Sin más, veamos el sumario del periódico.

PORTADA. 1- Exclusiva. Roma valora declarar la Semana Santa española como celebración de interés espiritual internacional. Fuentes próximas a Turismo recelan de la medida. Respuesta desigual entre los dirigentes de cofradías.

OPINIÓN. 2- Editorial. "2020, la primera Semana Santa con Normas Diocesanas y la última de Cornejo al frente de la Junta". 3- Columnas de Abraham Coco, pregonero saliente, y Paco Gómez, pregonero entrante. 4- Viñeta de Jesús López en su esperada sección "¡Qué desastre!". 5- Encuesta en nuestra web: "¿Te parece adecuado el día y horario de salida de la nueva procesión de la Santa Cena?".

LOCAL. 6- La Hermandad de Jesús Amigo de los Niños se reencuentra con sus orígenes y logra un acercamiento con todos los centros escolares salmantinos en su 75º aniversario. 7- Las posturas se acercan y se allana el camino para nuevas elecciones en la Hermandad Dominicana. 8- Estupenda acogida del primer curso formativo para directivos y de los distintos procesos de catequesis de confirmación impulsados desde las cofradías. 9- Varias parroquias disciernen sobre la posibilidad de favorecer en su seno la fundación de una nueva hermandad.

PROVINCIA. 10- Numerosas cofradías de los pueblos de la diócesis regulan su situación canónica aprovechando el viento favorable de las Normas Diocesanas. REGIONAL. 11- Progresan los ajustes del programa procesional vallisoletano planteados por el obispo auxiliar Luis Argüello. 12- Incertidumbre respecto a la financiación del nuevo Museo de Semana Santa de Zamora. NACIONAL. 13- Comienza hoy en Sevilla el quinario en honor de Jesús del Gran Poder en el año jubilar de su cuarto centenario. 14- León prepara el XXXIIIº Encuentro Nacional de Cofradías de Semana Santa mientras los jóvenes se reunirán por octava vez en Valladolid. INTERNACIONAL. 15- La Custodia de Tierra Santa agradece la creciente colaboración de las hermandades españolas y las anima a peregrinar a los Santos Lugares, informa nuestro corresponsal en Jerusalén.

CULTURA. 16- El servicio diocesano de Patrimonio Artístico ultima una exposición sobre la obra de los escultores salmantinos de comienzos del XVII. ECONOMÍA. 17- Los tesoreros de las hermandades prevén un notable aumento de las partidas de caridad en detrimento de los gastos suntuarios. SUCESOS. 18- Condenados a entenderse (y perdonarse) los dos cofrades que admitieron ante el juez haber terminado "como el rosario de la aurora". ANUNCIOS POR PALABRAS. 19- Se vende hábito completo de la Cofradía de la Decepción. Se compra paso del Lavatorio para nueva procesión el Jueves Santo… por la mañana. Se buscan partituras de las marchas de siempre que dejaron de sonar para bandas de música que dejaron de tocarlas. CONTRAPORTADA. 20- Entrevista a Daniel Cuesta, cofrade y jesuita, autor del aclamado título La procesión va por dentro.

Distribución gratuita a la salida de misa de Santa María, Madre de Dios, en todos los templos de la ciudad y en algunas encrucijadas de paso para devotos y semanasanteros de todo pelaje y linaje. Con cada ejemplar de El Capuchón se regala una cuenta atrás, desde el 1 de enero hasta el Viernes de Dolores, acompañada de una caja de ansiolíticos, bajo prescripción facultativa. ¡Felices Veinte!


lunes, 30 de diciembre de 2019

Xuasús González

Recogida de alimentos a cargo de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz en el Centro Comercial El Tormes

30 de diciembre de 2019

Son días estos en los que, se quiera o no, se acaba por perder el control. Entiéndalo cada lector como mejor considere: que si, con tantos días de fiesta, casi no sabe uno ni en cuál vive; que si no se hace más que comer –aunque siempre se pueda hacer un esfuerzo… en caso de necesidad, claro–; que si, sin habernos dado cuenta cuenta, hemos tomado un par de copas –o tres, o cuatro…– de más; que qué habrá pasado con la "extra", que ya "no está"…

Pero, con todo y con eso, la Navidad no deja de ser un tiempo "mágico" en el que, de alguna manera –y muy especialmente los más pequeños– estar más cerca de los sueños… Y en el que –no lo olvidemos– lo realmente importante para los cristianos es que celebramos el nacimiento de Jesús, el mismo al que, en poco más de tres meses, acompañaremos en su pasión y muerte, y cuya resurrección da sentido a nuestras vidas.

No obstante, no todo el mundo vive estas fiestas con la misma intensidad; eso también es cierto. Y no falta tampoco quien, simplemente, las sobrelleva como mejor puede esperando que llegue el bautismo del Señor –por eso de que pone el punto final al tiempo de Navidad–, que bien es sabido que no todos reciben igual cada época del año: recuerdo, sin ir más lejos, que hay quien "huye" de la Semana Santa… Pero hay mucho más que villancicos, luces de colores, papanoeles y turrones…; además, huele a incienso… y no solo porque en un abrir y cerrar de ojos nos plantemos en la cuaresma, que también…

Las navidades son fechas de ajetreo cofrade… Y es que, de una u otra manera, el mundo semanasantero se hace presente en estos días, ya sea colocando el belén, preparando la llegada de los Reyes Magos… o, sobre todo, metido de lleno en iniciativas solidarias. Los cofrades, ni que decir tiene, no damos la espalda –o, al menos, no deberíamos– a quienes más nos necesitan, a nuestro prójimo más cercano, ese que se encuentra en nuestro mismo entorno; y en esta época, en la que quizás la situación nos toque el corazón un poco más, con más motivo: no podemos mirar para otro lado.

Y, de hecho, no lo hacemos: recogidas de alimentos, conciertos solidarios…; aunque nada tiene de extraordinario, pues no se entiende una cofradía sin caridad, sin acción social. También –huelga decir que no solamente– en Navidad.

La cuestión es si todas estas iniciativas que llevamos a cabo las ponemos en marcha simplemente por inercia, por mera rutina –es Navidad, y "toca" hacer esto o lo otro– o si, por el contrario, estamos convencidos de la labor que desarrollamos. Tal vez si lo analizamos nos demos cuenta de que podemos dar una vuelta de tuerca más; que, además de lo habitual –que nadie está diciendo que se deje de organizar, quede claro–, se pueden también explorar otras ideas que se salgan de lo común y "encajen" en el contexto en que vivimos; es evidente que las necesidades de hoy en día no son las mismas que las de hace siglo y medio… y ni siquiera que las de un par de décadas atrás: la soledad –principalmente entre las personas mayores–, por poner un ejemplo, es una de esas cuestiones en las que quizá bien pudiéramos incidir un poco más. E, insisto, no solamente en tiempo de Navidad…

Ahora que el año 2019 está llegando a su fin, es este buen momento para hacer balance de lo que ha dado de sí; y también, naturalmente, para ir ya pensando en el próximo. Dicho queda…


jueves, 26 de diciembre de 2019

P. José Anido Rodríguez, O. de M.

Cuerpo de acólitos de María Santísima de la Caridad y el Consuelo revestidos con dalmáticas | Foto: Hdad. Jesús Despojado

27 de diciembre de 2019

"Partimos de un hecho obvio: la dalmática es la vestimenta litúrgica propia del diácono y en su día del subdiácono, ministerio hoy desaparecido. Por lo tanto, tan solo estos, conforme a derecho, pueden vestir la citada prenda, no valiendo subterfugios como que las órdenes menores del laicado como son el acólito y el lector son equivalentes al anterior subdiácono y, por lo tanto, pueden vestirla".
Pedro Martín, "Estética cofrade (y III)", 26/XII/2016

Seguimos con la reflexión sobre cuestiones disputadas acerca de determinados elementos de nuestras procesiones. En este caso lanzamos una mirada a una vestidura polémica, las dalmáticas utilizadas por el cuerpo de acólitos. No hay duda: la dalmática es propia del diácono (y del obispo por debajo de la casulla, por cierto). Por lo tanto, el uso de esta prenda por los acólitos no ordenados en cofradías y hermandades es un abuso. Ergo, no debería utilizarse. Estas afirmaciones que son evidentes, sin embargo, no solucionan el problema de su uso por parte de tantas corporaciones en tantas diócesis. Como bien dice Pedro Marín, una intervención de la autoridad sería de agradecer. Aunque qué duda cabe que habría de resultar polémica.

Al profundizar, sin embargo, podemos ver que el problema gana capas de complejidad: ¿qué sucedería si lo que estamos utilizando no son dalmáticas, sino tunicelas? Una prenda casi idéntica a las dalmáticas, en teoría, solo en teoría, más sencilla. Esta es la vestidura propia de los subdiáconos (y de los acólitos en determinadas ocasiones solemnes desde la Edad Media). En principio, dado que no tenemos subdiáconos ni acólitos instituidos, estaríamos ante la misma situación, ¿verdad? Yo pienso que no por dos motivos: el primero es que nos encontramos ya fuera del ámbito del sacramento del Orden, con lo que la gravedad de su uso es mucho menor. El segundo es más de fondo: san Pablo VI establece los ministerios laicales en 1972 y abole para la forma ordinaria del rito romano las órdenes menores y el subdiaconado. Este último queda fuera de las órdenes mayores y sus funciones son asumidas por el acólito (incluso llega a decir que este puede ser llamado "subdiácono"). Podríamos, por lo tanto, discutir si estos pueden o no utilizar la tunicela (aunque su vestidura propia es el alba). Sin embargo, la mayor parte de nuestros cuerpos de acólitos lo forman hombres y mujeres que no están instituidos como tales. Aquí reside parte del quid de la cuestión: ¿pueden desempeñar las funciones, pero no vestirse como ellos? ¿Toleramos un abuso por necesidad, y nos parece intolerable el otro? No tengo clara la respuesta (sí tengo, por contra, una idea sobre lo que me parece reservar los ministerios laicales solo a los futuros clérigos).

Hay otro aspecto más a considerar: el uso práctico de las "dalmáticas". Estas son vestidas en las estaciones de penitencia por cruciferarios, ceroferarios, turiferarios y turíferos, etcétera. En general se utilizan para revestir a los acólitos y otorgarles una mayor dignidad aparente. Sin embargo, existe una cierta incoherencia en su utilización: si no se duda en emplearlas en los cultos externos, en los cultos internos, en las eucaristías, están ausentes por completo. Además, hay una tendencia a utilizarlas no pensando en el color litúrgico del día, sino en los colores de la cofradía, de la imagen a la que acompañan, o, incluso, al sentido que se le quiere dar a una determinada procesión. Si bien en su mayor parte son dalmáticas antiguas, esta tendencia apuntada se ve acrecentada en las de nueva confección. Me temo que la práctica ha transformado las dalmáticas no ya en tunicela, sino en tabardos. En esa prenda con sentido heráldico que sirve para identificar una determinada casa noble o corporación y que portan determinados funcionarios, como los maceros de las Cortes. Si esto es así, y deberíamos reflexionar si lo es, quizás la ubicación de estos tabardos no sea la mejor dentro del cuerpo de acólitos. Es probable que debamos situarlos en otra ubicación, con otro sentido.

Entonces, después de estas consideraciones, ¿qué hacemos con las "dalmáticas"? ¿Son tunicelas? ¿Son tabardos? No tengo una respuesta clara a esto. Creo, eso sí, que deberíamos dar dos pasos: el primero, dejar de llamarlas de ese modo. La denominación de tunicela o, llegado el caso, tabardo es más ajustada a su uso y función. Y menos polémica. El segundo, en necesario diálogo con la autoridad eclesiástica, definir su uso y significado. Si son tunicelas para el servicio de los acólitos deberán regirse por las normas litúrgicas y, además, no debería haber excesivo problema para su utilización también en los cultos internos de las hermandades. Si, por el contrario, son tabardos, sería conveniente reflexionar cuál es el lugar más adecuado para los mismos en el cortejo procesional, quizás no como vestidura del cuerpo de acólitos. Una vez más el problema central es la necesidad de evitar el uso de elementos estéticos al margen del discurso que se pretende articular en la procesión. Es preciso que todas las vestiduras empleadas, las insignias, la decoración de los pasos... tengan una función y un sentido. El uso de "dalmáticas" es problemático por todo lo expuesto, pero considero que no es necesario prescindir sin más de esta vestidura, bastaría con una reflexión sobre su función y una racionalización en su utilización.

P.D.: ¡Feliz Navidad! Todo el poder de Dios se concentra en las débiles manos de un recién nacido, toda su sabiduría en su sonrisa. En su pequeñez nos ha salvado. Que con su ayuda nosotros nos hagamos también nosotros pequeños al servicio de nuestros hermanos. Pidámosle al Niño Dios que, con la ayuda de su Santísima Madre, el año 2020 venga cargado de bendición y gracia.


miércoles, 25 de diciembre de 2019

José Fernando Santos Barrueco

Nacimiento en un mercado de Navidad en Colonia | Foto: JFSB

25 de diciembre de 2019

No he podido asistir a la primera puesta en escena que con motivo de la Navidad ha promovido la Hermandad Franciscana del Santísimo Cristo de la Humildad. Un acercamiento al acto protagonizado en Greccio por Francisco de Asís en 1223, para celebrar su sentido original en la humildad y pobreza con que el Hijo de Dios vino al mundo, nacimiento que para los cristianos tiene un sentido salvífico, culminado con su muerte en la cruz y posterior resurrección. San Francisco quiso unir cuna y cruz y ver la alegría de la vida en el nacimiento de aquel niño, un Dios tierno y palpable al que nos podemos acercar para adorarle. Alegría que expresa el saludo franciscano de paz y bien. Amor y paz fue el mensaje que nos dejó aquel que nació, vivió y fue crucificado en un tiempo y lugar reales e históricos. Y es ese deseo lo que la cultura y tradición de nuestro mundo occidental viene manifestando en Navidad.

Los tiempos han cambiado y aquella humildad y pobreza se han convertido en un consumismo disparatado, que ronda el despilfarro. Pero me quedo con el espíritu de la Navidad, el deseo de paz y bien, expresado a lo largo del tiempo en innumerables christmas (una verdadera artesanía para ese testimonio popular) y actualmente en mensajes de WhatsApp. Las luces y elementos decorativos, las canciones sencillas y simbólicas (los típicos villancicos), el desarrollo de una gastronomía popular, particularmente en lo dulce, y el intercambio de regalos que exteriorizan los buenos deseos, hacen de aquel espíritu un tradicional espacio de paz y alegría, como una tregua en el duro quehacer diario.

Me encuentro en Alemania, país amante de sus tradiciones, de manera especial en Navidad. Las casas muestran adornos en ventanas, puertas y parterres. En las distintas ciudades se instalan durante el adviento los famosos mercados de navidad (weighnachtsmarkt) con el clásico nacimiento, que recuerda el hecho que se celebra y que no parece ofender a nadie, aunque cada uno lo interprete a su manera según sus creencias. La gente llena los mercados y disfruta el ambiente navideño en un deseo de paz y alegría compartida, donde no faltan villancicos, bebidas (los populares glühwein –vino caliente– y feuerzangenbowle –una especie de queimada con base de ron–), dulces y platos típicos y la compra de regalos, principalmente de artesanía decorativa y alimentaria.

Me apena ver cómo algunos intentan desvirtuar el sentido de la Navidad, asociándola a la llegada del invierno y al cambio del ciclo anual. "Ganas de marear la perdiz". Desde tiempo inmemorial nuestra cultura tradicional viene celebrando la Navidad (Natividad) con deseos de paz y bien. Y así lo sintieron cerca de estas tierras, hace 105 años, las tropas de los imperios alemán y británico, combatientes en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial, en Ypres (Bélgica) durante la Navidad de 1914, la primera de aquel periodo bélico. El espíritu de la Navidad, surgido de manera espontánea a través del villancico Noche de Paz, entonado por los soldados, acalló los cañones en aquella Nochebuena y unió a los dos frentes durante una breve tregua no oficial en una celebración compartida, ocupando la tierra de nadie para intercambiar saludos, tabaco, bebidas y viandas. El duende de la Navidad se apoderó del ambiente en la que todos ellos recordaban a los suyos.

No me parece que esa desvirtualización traiga ningún progreso, en nombre del cual parece que todo vale y, mucho menos, que suponga respeto para las diferentes creencias. Desear la paz y el bien no hiere ninguna sensibilidad y, sin embargo, es curioso observar cómo los que más aluden a esa cantinela no tengan el mismo sentir cuando más allá de evitar signos o elementos que recuerden el origen de la Navidad, ridiculizan con estridencias de mal gusto determinada decoración o actos tradicionales de estas fiestas. Y como en ellas estamos, pues eso, que ¡feliz Navidad! y lo mejor para el nuevo año y década.


lunes, 23 de diciembre de 2019

Pedro Martín

Quizá no hay sitio en nuestras casas, siquiera, para un pequeño belén que nos recuerde qué celebramos estos días

Cualquier lugar del mundo, pongamos que Salamanca, a 23 de diciembre de 2019

Queda poco más de un día para que nazca el niño, pero no lo sabemos, o lo que es peor, lo hemos olvidado.

Quizá ni siquiera queremos que nazca, no hay tiempo para cuidar niños, ahora las prioridades son otras, estudios, trabajo, posición social.

Quizá nunca quisimos que naciera, incluso cuando ya venía en camino truncamos ese viaje de raíz.

Quizá no hay sitio en nuestras casas, siquiera, para un pequeño belén que nos recuerde qué celebramos estos días.

Quizá en medio de la vorágine de compras y regalos, comilonas y encuentros de familiares y amigos, no haya ni un minuto para rezar.

Quizá en nuestra ciudad y su decoración "navideña" ya solo quepan los motivos "laicos" para no molestar.

Quizá en los colegios (también en los religioso-concertados) ya no se escuchan villancicos que hablen del niño Jesús, pero sí de elfos, hadas y dibujos animados.

Quizá no haya siquiera esta noche "buena" un recuerdo de lo que celebramos en la cena, en forma de bendición que nos regala el mismo niño Dios.

Quizá nos olvidemos de aquellos que no tienen mesa donde sentarse, posada donde pasar la noche o de aquellos que se sientan solos a la mesa.

Quizá ni siquiera nos acordemos de los que ya no están.

Quizá el día de Navidad aparezca en nuestras casas algún presente del barbudo gordinflón, que nunca se postró ante el niño como los magos.

Quizá nuestro corazón de piedra no desea enternecerse y acoger al niño que nace.

Quizá los hombres ya no necesitan a Dios.

Quizá no necesitan que nazca su hijo que es enviado por el Padre a morir por todos nosotros para regalarnos la salvación.

Quizá ya no necesitamos la Navidad, la Natividad, el nacimiento de Jesús, que es lo que celebramos, o deberíamos celebrar.

Pero mientras en el corazón de un solo hombre encuentre posada el pequeño niño, de nuevo la esperanza renacerá, crecerá, vivirá, celebrará, compartirá, anunciará y trasmitirá la alegría de la "Buena Nueva".

¿Quieres ser tú ese hombre? Está buscando posada.

¡Feliz nacimiento de Jesús, amigos!


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