viernes, 11 de octubre de 2019

miércoles, 9 de octubre de 2019

Tomás González Blázquez

La diócesis de Salamanca recibió la conmovedora Cruz de Lampedusa en el arranque del curso pastoral | Foto: Óscar García

09 de octubre de 2019

Salamanca acaba de despedir, en el arranque del curso pastoral diocesano y en pleno mes misionero extraordinario para toda la Iglesia, la presencia conmovedora de la Cruz de Lampedusa, la que tiene por materia la madera pobre de una embarcación naufragada allí donde África toca Europa con los dedos y a menudo se hunde y muere en el intento. Su peregrinaje, alentado por el papa Francisco, nos insiste en la íntima relación del drama de los migrantes con la Muerte de Cristo en otra madera pobre hace casi dos mil años.

Es el de la Cruz un signo poderoso en su sencillez geométrica, con "sus brazos en abrazo hacia la tierra, el ástil disparándose a los cielos" (León Felipe). Colgada en la pared de nuestras casas, elevada sobre los campanarios de nuestros templos, puesta sobre las lápidas de nuestros difuntos o trazada, a veces deprisa y sin pensar, sobre nuestros cuerpos, la Cruz nos consuela, nos identifica y nos compromete. Es un signo viviente, de doble dirección, compendio de "los dos mandamientos" como nos recuerda el poeta de Tábara. "Grito, proyecto y fiesta" es también la Cruz, a decir de su último exaltador en Salamanca, el sacerdote y cofrade Javier Fresno, quien precisamente aludió en su intervención del pasado 14 de septiembre a la Cruz de los Jóvenes, icono de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Este regalo de Juan Pablo II lleva recorriendo todo el mundo desde hace treinta y cinco años, y Salamanca lo acogió en el otoño de 2010, en vísperas de la edición madrileña de las jornadas. Con aquel motivo, durante toda una noche las puertas de la Capilla de la Vera Cruz permanecieron abiertas, despiertas para amar, y se sucedieron los momentos de oración ante la Cruz de los Jóvenes.

De ámbito estrictamente diocesano pueden señalarse dos recientes peregrinaciones de la Cruz: la de la reliquia del Lignum Crucis promovida por la Cofradía de la Vera Cruz en 2006, al celebrar su quinto centenario, para lo cual se habilitó un pequeño relicario, y la de la Cruz de la Asamblea Diocesana entre 2015 y 2016, que a través de las pinturas de Jesús López aglutinó la simbología de la Trinidad, representando al Hijo la efigie del Cristo de las Batallas, la imagen de Santa María de la Vega y los dos patronos de la Iglesia local, San Juan de Sahagún y Santa Teresa de Jesús. Tanto el periplo del Lignum Crucis como el de la Cruz de la Asamblea dieron lugar a emotivas escenas de devoción a la Cruz de Cristo, recibida por comunidades diversas y llegando incluso a lugares de sufrimiento y soledad donde el misterio que encarna la Cruz se vive con particular hondura.

No dudo de que, en el futuro, habrá más cruces peregrinas con las que nos encontraremos, porque la Cruz siempre nos ayuda a encontrarnos en la búsqueda. La Cruz de los migrantes atravesados por la injusticia. La Cruz de los jóvenes más allá de las fronteras. La Cruz de una cofradía que la custodia con orgullo y quiere compartirla. La Cruz de una diócesis deseosa de renovarse en el seguimiento de las huellas de su Señor. Tantas cruces para abrazar, para besar, para mirar y ver en ellas a Cristo, para procesionar y así caminar hacia Él. Nuestras hermandades, con sus cruces de guía, no hacen sino peregrinar con la Cruz. Y ya bastaría siguiéndola, alumbrándola levemente, orando casi en silencio, "más sencilla, carpintero…".


lunes, 7 de octubre de 2019

J. M. Ferreira Cunquero

El Cristo del Amor y de la Paz emboca la calle Libreros | Foto: JMFC

07 de octubre de 2019

Cuando estamos a punto de descubrir las fotografías que aspirarán a convertirse en el cartel que anuncie la Semana Santa de Salamanca del año 2020, me invade el extraño y misterioso deseo de que el jurado, aunque sea por despiste, elija por fin una buena postal. Una postal que nos devuelva a aquellos años en los que prevalecía el monumento como signo de identidad, para que los cofrades salmantinos disfruten del incomparable (ya salió la palabreja) tesoro de piedras que viste esta ciudad única y exclusiva. Y es que una postal sería un buen guiño a los departamentos turísticos oficiales, que con tanto empeño velan por el gremio hostelero que proporciona el curre, según dicen los representantes de la cosa política ciudadana.

Además, un cartel de ese estilo puede tener multitud de partidarios y no como la cartelería de los últimos tiempos, que solo alaban, parece ser, cuatro cofrades.

Da igual que se repita el lugar, la imagen y el entorno. Lo que tiene que trascender es que se vea el monumento y la talla de turno para complementar la escena que nos embelese la memoria.

Pero el caso es que la suerte bendice este tiempo, haciendo posible que la Junta de la Semana Santa salmantina cuente con jurados serios, que con plena libertad elijen, para un cartel, la mejor foto de cuantas se presentan. Y he de reconocer que casi siempre han dado en la diana que pintan los mismos fotógrafos de siempre, es decir los que, contándose con los dedos de una mano, manejan el arte fotográfico con seriedad y solvencia.

El problema para que se cumpla mi deseo repentino de postales, es que de momento, como digo, estos jurados han dado en el clavo (por muchas controversias que muevan la masa del pan). Una y otra vez, los carteles de Salamanca sirven como referencia en las movidas semanasanteras regionales, donde nuestra semana pasional destaca, recibiendo elogios por sus acertadas publicaciones carteleras.

Es curioso, muy curioso leer los juicios críticos que ha vertido el jurado que falló hace unos días el II Concurso de Fotografía de Semana Santa de Castilla y León.

Por cierto, ese gran amigo y fotógrafo que es Manuel López Martín, autor, hace no muchos años, de un gran cartel de la Semana Santa salmantina, ha vuelto a ser reconocido con el segundo premio de ese certamen que ha convocado a los mejores fotógrafos de la tierra.

Pero abundando más en esa elección del jurado, sería bueno que viésemos las fotografías galardonadas de la citada convocatoria, para descubrir otro asunto polémico que a veces se aviva con cierta predisposición, al comprobar las imágenes o cofradías elegidas para nuestros carteles. Y es que según se afirma, la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, junto a alguna otra cofradía charra, mantiene un coto de preferencias a la hora de elegir su marcha penitencial como referencia de los carteles tan criticados. Lo de menos es valorar esa estética apasionante que condiciona, realza y complementa un entramado atractivo inigualable que capta la atención de los fotógrafos.

Lo curioso es que son tres instantáneas de los hermanos del Cristo arrabaleño salmantino las que le han premiado a Manuel López, a la vez que el resto de reconocimientos se le han adjudicado a fotos que dejan constancia de procesiones similares en la estética a la de la Hermandad salmantina. ¿No será que algo tiene el agua cuando la bendicen?

Claro que esas fotografías no son para un cartel y que las que se están eligiendo últimamente aquí para tal cuestión, más que mostrar, insinúan y, más que dejar ver, nos proponen suponer…

Esperaremos que cuando visionemos las fotos que aspiran a convertirse en el cartel del próximo año, haya más de diez interesantes y que el jurado imparta con justicia lo que crea conveniente, pues los ruidos y la controversia nunca alimentaron a través de la historia lo que al final prevalece cuando hablamos de arte.


viernes, 4 de octubre de 2019

F. Javier Blázquez

Detalle del Abrazo de san Francisco al crucificado, pintado por Ribalta en 1620. Museo de Bellas Artes de Valencia

04 de octubre de 2019

Hoy celebramos el aniversario del tránsito de san Francisco, el santo del que dicen se asemejó más que nadie a Cristo. El ejemplo y carisma que el Poverello de Asís supo imprimir a la gran familia franciscana han fructificado en innumerables obras que se extienden a lo largo del tiempo y la inmensidad de los continentes. Millones de cristianos, desde principios del siglo XIII, han seguido las huellas de san Francisco en pos de una vida más humanamente cristiana, porque esa es a fin de cuentas la gran aportación de este hombre, pequeño de estatura y no muy agraciado físicamente, según puede desprenderse del retrato post mortem que siguiendo la descripción de Tomasso da Celano realizó el maestro Cimabue. En aquellos tiempos que la terribilitá divina era la manera de entender a Dios todopoderoso, el juez implacable que nada malo dejaba sin castigar, llega este revolucionario y cambia de manera radical la relación entre el hombre y Dios. Mirando a Cristo crucificado, tantas veces en San Damián, Francesco descubre el empequeñecimiento de Dios cuando este se incorpora a la historia de la humanidad como uno de tantos. Se hizo historia, entró el tiempo, nació y padeció y murió y resucitó en la Palestina romana. La encarnación lo había cambiado todo. Mirar al Hombre como él supo mirarlo hizo posible que cambiasen muchas cosas y poco a poco, salvando enormes dificultades, el espíritu de Asís fuera abriéndose camino en el seno de la Iglesia. No se puede seguir a Cristo dejando a un lado al hombre, porque la humanidad de Dios lo había impregnado todo.

Los caminos que el santo había hollado por la Toscana nunca han dejado de ser recorridos. Allí donde hay que redimir al hombre brotan una y otra vez las florecillas de san Francisco. Miles de obras repartidas por doquier, muchas de ellas cofradías, perpetúan la memoria del santo que todo lo cambió. Sin ir más lejos, la cuarta parte de las cofradías salmantinas de Semana Santa, considerando solo las de la capital, tienen un origen franciscano. Vera Cruz, Jesús Nazareno, Cristo de la Agonía y Franciscana germinan desde el sustrato seráfico. Por ello hoy están de fiesta, lo celebren o no. Hoy es el día de la reviviscencia primordial, del recuerdo que alienta la praxis de su carisma. Estas cofradías nacieron en el espíritu franciscano, vinculado ineludiblemente a la acción humanitaria y al ejercicio de las devociones que conmueven al contemplar la Pasión del Señor en la tierra santa que él quiso pisar y regar con sus lágrimas, porque era hombre, y con la sangre del sacrificio, porque era redentor.

Hoy festejamos el tránsito de san Francisco y su voz dulce y sosegada invita una y otra vez al seguimiento de Cristo mirando a la humanidad, sobre todo a esa parte que clama doliente. Nacer y crecer en el convento de San Francisco o en los capuchinos, vivir bajo el amparo de las religiosas franciscanas, en Santa Úrsula o la Purísima Concepción, marca indeleblemente, imprime carácter en la terminología sacramental. Exige un compromiso al que no se puede renunciar so pena de traicionar el aliento que inspiró el primero de sus vagidos. Nuestras cofradías franciscanas, lo digan o no, están de fiesta, con todo lo que conlleva.

Feliz día de san Francisco.


miércoles, 2 de octubre de 2019

Félix Torres

Proclama por la Paz de la Hermandad Franciscana celebrada el pasado domingo en el Monasterio de la Purísima Concepción

02 de octubre de 2019

Comienza un curso más, nuevo como siempre, en esta Semana Santa salmantina que para casi todos los cofrades es una semana de cincuenta y dos semanas, y abrimos las puertas a cuanto de novedoso nos espera, pero sin perderle la atención a todo aquello que, por presentarse casi cuando cerrábamos por vacaciones, no fue motivo de comentario ni cita.

Abrimos temporada con el acto que, desde hace cinco años ya, se encarga de correr la tranca que acerroja los portones de nuestra casa de hermandad salmantina y virtual. Porque la Proclama por la Paz se ha convertido en el primero de los actos cofrades. Un acto cargado de seriedad responsable en el tiempo en que apenas hay consciencia cofrade por estar en el otro extremo del diámetro temporal, en la otra punta de ese calendario que se inaugura el Viernes de Dolores.

Es nuestra Proclama ese grito ecuménico que la Hermandad Franciscana lanza al viento aún cálido de cada comienzo de otoño para recordar y recordarnos que siempre hay quienes están en peligro, en cualquier parte del mundo, por el único hecho de sentirse cristianos y proclamarlo sin sonrojo y que necesitan de una palabra firme de ánimo, de una oración callada que sirva, al menos, como recordatorio solidario. No más. Que no es mucho más lo que podemos hacer nosotros, simples cofrades salmantinos, sino tener presentes en nuestro día a día a cuantos sufren persecución por defender una fe que compartimos.

Digo, que se nos abren las puertas de la temporada. Unas puertas que cerramos hace unos meses para el descanso temporal, casi dejando fuera a esas Normas Diocesanas para cofradías que por fin vieron la luz en aquellos días finales de primavera y que esperamos comiencen su andadura; ese desarrollo que toda normativa necesita una vez plasmada en papel, con la firmeza y energía que deben tener cuantas reglas sirvan para una mejor convivencia cofrade y un mejor discurrir de nuestras actividades piadosas.

Unas Normas Diocesanas que "vinieron" acompañadas de la erección canónica de la Real y Pontificia Archicofradía Sacramental de María Santísima Madre de Dios del Rosario, nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Redención en la Institución de la Sagrada Eucaristía, María Santísima del Dulce Nombre, San Juan Evangelista y San Pío V, pues apenas diez días separan las sanciones, rubricadas con la firma de nuestro obispo Carlos López, para una y otras. Una cofradía que viene a hacerse un hueco en la semana de Pasión y a la que damos la bienvenida en estas líneas.

Normas y Rosario que, aún sin pretenderlo, van a provocar movimientos en nuestras hermandades, cofradías y congregaciones o, al menos, van a suscitar comentarios entre los unos y los otros cuando, al vernos tras un verano dedicado a menesteres más acordes con esos tiempos caniculares, hagamos la puesta en común de los comienzos de curso.

Normas y Rosario que están junto a estas puertas recién abiertas pero que no serán las únicas novedades que protagonizarán estos días del tiempo ordinario que nos llevan hacia el Adviento.

Aún hay mucho por delante y sólo hemos abierto la puerta.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Ha llegado el otoño y Pasión en Salamanca regresa para servir, como siempre, a sus fieles lectores | Foto: M. López Martín

30 de septiembre de 2019

Volvemos con el otoño y ya es para la sexta temporada. Por delante los 120 artículos con los que una cualificada y variopinta treintena de columnistas contribuirá a crear criterio en torno a este singular mundo de las devociones populares que nos ocupa, la Semana Santa y todo aquello que entre sus resquicios termina por colarse.

La edición digital de Pasión en Salamanca nació con esta finalidad, la de prolongar durante el curso el espíritu de la revista clásica que había visto la luz en 1994. Los nuevos tiempos lo pedían, porque ahora es así. Y sin renunciar a lo de siempre, la Tertulia cofrade Pasión aprovechó su XXV aniversario fundacional para lanzar on line una publicación de fondo que quede como poso reflexivo, sin caducar, para ir forjando de manera progresiva una opinión rigurosa, a la par que abierta y tolerante, sobre el complejo y poliédrico fenómeno de la Semana Santa.

La puesta en funcionamiento de este tipo de iniciativas no resulta complicada. Cada año surgen infinidad de lugares en los que cualquier aficionado a lo que sea pueda documentarse y aprender. La dificultad estriba en mantener la actividad a lo largo del tiempo y que esta mantenga su frescura y calidad. En ello se ha empeñado siempre la entidad editora de esta publicación. Y para ello ha formado este fabuloso equipo de colaboradores que mes a mes va dejando auténticas joyitas en forma de columnas. Junto a ellos, el manojo de fotógrafos que también de manera altruista contribuyen a dignificar y embellecer la publicación.

Ha llegado el otoño y Pasión en Salamanca regresa para servir, como siempre ha hecho, a sus fieles lectores. Todo el año, como dice el lema inveterado, por y para la Semana Santa.


sábado, 29 de junio de 2019

Félix Torres

Don Pedro, capellán de la Vera Cruz, en la procesión del Corpus del pasado domingo | Fotografía: Pablo de la Peña

28 de junio de 2019

–¡Buenas tardes!

–¿Sí? ¿Qué quería?

–Venía a traer "esto" para don Pedro.

– Pues no está. Está en su otro "trabajo". Ya sabe en el tanatorio. ¡Qué gran persona es don Pedro! El otro día le hicieron un homenaje...

– Sí, sí. Si yo venía a eso. Le traigo este galardón, que es el que le entregamos en el homenaje, porque faltaba un detalle...

– ¡Ah! Son ustedes... Pues, se lo merecía. ¡Qué gran persona es don Pedro!

Esta es, más o menos, la conversación con la que, una vez depositado allí la escultura correspondiente al galardón Rodríguez Pascual 2019, se cierra el homenaje a don Pedro López, salesiano don Bosco, y el curso en la Tertulia Cofrade Pasión.

El portero del colegio Salesiano de Pizarrales es... yo diría que como cualquier portero de colegio o convento. Un hombre de edad, sencillo, con cara de soportar sonriente los envites de esos alumnos que ahora ya andan de vacaciones y pendiente de cuanto pasa a su alrededor, intra y extramuros, que para eso está en los límites. Pues este hombre de religión, salesiano también, al que no tuve el acierto de preguntar el nombre, me dijo que don Pedro es un buen hombre... más que otros buenos hombres. Y eso, dicho por un compañero de casa es mucho.

No me sorprende que Pedro López, quien cuenta con su particular modo cómo fue designado capellán de la Vera Cruz por el obispo Braulio, cómo se enamoró de los actos del quinto centenario de la cofradía, cómo sufrió el proceso de comisariado en el que se vio obligatoriamente inmerso y del que salió exitoso, cuánto le ha dolido la marcha de las Esclavas del Santísimo o cómo hay por ahí "algunos" cofrades de la Vera Cruz en los que se apoyó y se sigue apoyando para continuar con una vida de servicio en la que la humildad, que él no reconoce como buen humilde, es el aura que rodea a este hombre bueno que acepta cuanto debe con obediencia y una sonrisa.

Su capellanía en la cofradía decana durante los últimos casi veinte años ha "coincidido" con momentos de esplendor que la Vera Cruz llevaba tiempos sin conocer. Esta casualidad está íntimamente ligada a este hombre, quien desde su llegada, desconocedor del mundo cofrade y de la Semana Santa popular, se fue haciendo un huequecito en el que poco a poco ha ido aprendiendo al tiempo que se ha ido haciendo imprescindible y es ya, por méritos propios, uno más en la Semana Santa de Salamanca; uno de los nuestros. Y parece que le gusta.

Pues yo, en mi nombre y arrogándome la representación de la entidad editora de estas páginas, manifiesto mi satisfacción por este reconocimiento, me alegro de haber estado junto a él en el sencillo pero cálido homenaje que le hemos tributado quienes le queremos y me enorgullezco de contarme entre quienes admiramos a Pedro López, un salesiano de Pizarrales que colabora en los actos de religión del tanatorio, que es capellán de la Cofradía de la Vera Cruz y que es una gran persona. Haciendo constar que esto último no lo digo yo; lo dice quien sabe más y mejor que yo: un miembro de su comunidad que ejercía de portero cuando llevé el galardón. Me uno sin ningún reparo a esta consideración y proclamo que este hombre es un buen hombre.


F. Javier Blázquez

Don Pedro, capellán de la Cofradía de la Vera Cruz, muestra el galardón Francisco Rodríguez Pascual 2019 | Foto: JFSB

24 de junio de 2019

Lo dijo muy bien Félix, el presidente de la Tertulia Cofrade Pasión, en la noche ya inolvidable del pasado 22 de junio. En torno a la mesa habíamos sido convocados para reconocer, en un acto emotivo y sencillo, muy familiar, la ingente labor desarrollada por este químico que se hizo profesor para enseñar a los adolescentes y jóvenes que la vida es algo maravilloso y hay que aprovecharla para hacer el bien. Su propuesta la don Bosco, ese apasionado de llevar el evangelio a la juventud, dignificándola por medio de la educación. Su modelo el de María, la Auxiliadora, la que nunca abandona a sus hijos. Años, décadas; décadas y años que pasaban… Esa era su vida hasta que recibió "la llamada". Otra llamada más. Llamado al sacerdocio desde el carisma salesiano, llamado a la enseñanza, llamado al trabajo con los adolescentes… Años y décadas así para que cuando ya creía que todo lo tenía hecho le llame el obispo y le pida que acompañe a una cofradía como capellán. ¡Una cofradía! Pero si él desconocía este mundo y pensaba, poco menos, que para organizar una procesión no hacía falta mucho más. Aceptó no obstante. Se lo pedía el obispo, que no era su superior, y aceptó con humildad. Una constante en su vida.

Por eso Félix estuvo atinado cuando inició el exordio de su discurso protocolario al acto de entrega del galardón que lleva el nombre de Francisco Rodríguez Pascual, otro religioso sencillo y afable que desgastó su vida en la defensa de los valores de la religiosidad popular. A lo largo de la historia de este galardón, que inicia en 1990 su recorrido con el único objetivo de reconocer una labor bien hecha en favor de la Semana Santa o de aquello que la rodea, puede haber habido aciertos y desaciertos. Como en toda decisión humana. El tiempo a veces nos lleva a ver las cosas de distinta manera, resulta inevitable, por eso lo importante es la trayectoria. Y en la relación de los galardonados la mayoría de aciertos es abrumadora. En todo caso, las palabras de Félix fueron certeras: "Este año, con don Pedro, nadie ha podido estar en desacuerdo". Es más, con el tiempo su figura, la de don Pedro, irá creciendo, porque su acompañamiento a la antigua cofradía de la Cruz ha sido de todo menos aburrido. Ha tenido que sortear retos y problemas de envergadura, pero ahí estuvo siempre, en los buenos y en los malos momentos; ahí estuvo para sosegar, para unir, para construir. Y se ganó el respeto de todos, porque todos valoran que siempre le movió el bien de la cofradía. No ha sido fácil, y sin embargo, por difícil que pueda parecer, los hermanos de la cruz, que son de no sé cuántos pelajes, coinciden en ello. Don Pedro es el capellán de todos y está disponible para todos.

La lección del profesor metido a capellán no fue empero la del testimonio de su vida, ni su entrega, que reconocimos y aplaudimos con entusiasmo quienes le arropamos en la Noche cofrade. La última lección que nos dio, de momento, que seguirán llegando muchas más, estuvo en el remate de su improvisada intervención. Después de lo que se había dicho, cierto y con seguridad insuficiente, don Pedro, fiel a sus principios, agradeció la deferencia y remató con las palabras de Cristo en el evangelio de Lucas (17, 7-10), restando importancia a estas cosillas tan del mundo. Él, sacerdote que día a día renueva el compromiso de la vocación, solo había aceptado cumplir con la voluntad de Dios para su vida, atento a la llamada, más bien a las llamadas, de manera que solo cabía decir, como los siervos de la parábola, que "solo era un siervo inútil que nada había hecho salvo aquello que debía hacer".


lunes, 24 de junio de 2019

Tomás Gil Rodrigo

Tres hermanos de la Cofradía de la Oración en el Huerto portan las cruces eucarísticas de Andrés Alén | Foto: P. de la Peña

21 de junio de 2019

El aprecio y el reconocimiento de nuestra Iglesia en Salamanca por las hermandades y cofradías, como lugares donde se puede vivir la fe en Jesucristo, ha quedado patente en el trabajo que se ha desarrollado, después de vuestra participación en la Asamblea Diocesana, para elaborar una normativa diocesana que nos ayude a la comunión y a la misión compartida. Y me ha sorprendido gratamente, debido a mi responsabilidad al frente del Servicio de Patrimonio Artístico, encontrar hasta tres artículos en los que habéis dejado constancia de la necesidad de nuestra ayuda y apoyo. Me gustaría poder resaltar y comentar con vosotros estos artículos.

En el artículo 20, que forma parte del capítulo 4, dedicado a la administración de los bienes, nos pedís ayuda para hacer un inventario actualizado de vuestras obras de arte, que tienen valor principalmente no solo por lo material, sino porque son las huellas del paso del Señor con su Iglesia en la historia. El inventario es mucho más que un recuento, un control o una catalogación, también es la manera de cuidar y agradecer lo que generaciones cofrades anteriores a vosotros nos han legado y transmitido desde su fe y su seguimiento de Jesús.

Más adelante, dentro del capítulo sobre la administración de bienes, en el artículo 28, solicitáis que os acompañemos en la conservación y restauración de los bienes muebles e inmuebles que tengan un valor histórico, artístico o cultural. Del mismo modo en el artículo 63, dentro del capítulo de las imágenes sagradas, volvéis a insistir sobre lo mismo. Está claro que todos en la Iglesia necesitamos una mayor formación y sensibilización acerca de nuestros bienes artísticos. Ya sabemos que no debemos confiar su restauración y conservación en manos de gente sin preparación titulada y sin experiencia, por muy buena voluntad que tengan en querer "arreglar" las imágenes. Todos conocemos casos de los que nos avergonzamos porque los daños son irreparables. Además de incurrir contra la ley del patrimonio, estamos privando a las generaciones venideras, que son nuestros hijos y nietos, a disfrutar las obras de arte que hemos recibido, rompiendo así la transmisión de nuestra fe contenida en la belleza. Es de una gran responsabilidad cómo conservar y restaurar el patrimonio heredado, ya que es un regalo que no nos pertenece solo al hoy sino al futuro. Desde el Servicio de Patrimonio Artístico disponemos de gente preparada que os ayudará a afrontar, seguir y resolver la conservación y restauración de vuestros bienes artísticos.

Para terminar me gustaría ofreceros, aunque eso no aparece explícitamente en la normativa, nuestro Servicio de Patrimonio para otras ayudas y apoyos que también necesitáis. El primero corresponde a la evangelización, porque vuestras imágenes fueron concebidas y encargadas para salir y contar a la humanidad la Buena Noticia de Jesús. Por eso, vemos las calles y las plazas de nuestra ciudad y nuestros pueblos inundadas de la presencia y el mensaje de Jesús, cumpliendo, en cierto modo, su envío misionero: "Id al todo el mundo y proclamad el Evangelio" (Mc. 16, 15). Sin embargo, dentro de las iglesias en las que son guardadas vuestras imágenes durante todo el año, deben ser tenidas más en cuenta para ayudarnos al encuentro con el misterio de Dios por medio de la oración y la contemplación. No tengáis reparo en contar con nosotros para ayudaros en estas dos tareas de evangelizar y contemplar, de hecho con algunas hermandades y cofradías hemos comenzado muy positivamente este camino, la última fue en la Capilla de la Vera Cruz en el mes de febrero. Y el otro servicio que os podemos ofrecer tiene que ver con las nuevas imágenes que estáis encargando. Eso es un signo muy bueno, ya que demuestra que no habéis quedado anclados en el pasado, sino que seguís avanzando y expresando vuestra fe en diálogo con los artistas actuales. Quisiéramos compartir con vosotros los nuevos caminos de la belleza para decir juntos lo que el Papa Pablo VI dijo en pleno Vaticano II a los artistas en la Capilla Sixtina: "La Iglesia os necesita".

Gracias por el don y tarea de las hermandades y cofradías de la diócesis de Salamanca. Estamos abiertos a vuestras sugerencias, el Servicio de Patrimonio Artístico queda a vuestra disposición.


miércoles, 19 de junio de 2019

Álex J. García Montero

La procesión del Cristo de los Doctrinos accede al interior de la Catedral por la Puerta de Ramos | Foto: M. López Martín

19 de junio de 2019

Estamos en plena ebullición taurina. Y hasta una capea de pueblo se anuncia con todos los honores de obras pictóricas de las plazas más importantes del ruedo ibérico. Si atisbamos los carteles de las ferias españolas, trascurrido el serial isidril, podremos observar que en general, el protagonista de los carteles es el toro. Pero no un toro cualquiera, sino el toro soñado. Aún recuerdo esas viejas acuarelas de trincherazos y pases de pecho ayudados por todo lo alto, en las que se clonaba una y mil veces a Manolete. Pues bien, de un tiempo a esta parte, surgieron los carteles "kitsch". Digo "kitsch" porque no sé muy bien cómo definirlos. Son eclécticas obras de geometría donde es imposible encontrar un toro como superviviente del uro salvaje. Ya sabemos que la fiesta, denostada, debía esconderse de sí misma. Pasamos de auténticas obras de arte a ficciones debidamente elaboradas para terminar en carteles que bien podían anunciar la celebración de toros o un concurso gastronómico donde maridan al alimón el embuste y la mentira.

Algo así ha pasado con la cartelería cofrade. Hagamos un somero repaso. Hemos pasado de ensalzar a las imágenes titulares en blanco y negro a mostrar instantáneas de procesiones, para terminar con carteles ficticios que, salvo por aquel pequeño detalle tipográfico de "Semana Santa", son altamente lesivos.

La Semana Santa es en y para la calle, luego sobran las imágenes de los templos, recodos y muros. La Semana Santa es una realidad de devociones, entonces sean desahuciadas las gráficas de atavíos y trastos sin sentido (un llamador, un incensario, un farol, un zapato…). La Semana Santa es la Pasión y Muerte del Señor (a veces Resurrección, igual que en los toros, indulto), por ello desterremos lo fiestero. En la luna llena hay patíbulo; la romería vendrá con la menguante. Pañuelo rojo, banderillas negras sean dadas, ante cualquier atisbo de retoque, de chanza, de burla, de mentira, de engaño.

La Semana Santa y el toreo son teatro de cadalso en albero y piedra. Esconder eso es negar nuestra verdad. La verdad antes que la paz, en palabras de nuestro genial vasco salmantino. Siempre que sintamos verdad, pañuelo blanco agitar.

Un cartel no agota una procesión, pero la puede ahogar. El toro soñado de los carteles de antaño, de amplia arboladura, nobleza y bravura, devino en mansazo afeitado de festival cantado. Está pasando lo mismo con nuestra semana mayor. Deberemos elegir entre el pañuelo verde y el amarillo. Entre lo cómico y lo trágico. Porque toro y Calvario son tragedia y sangre revestidas de alamares. ¡Atémonos los machos! Pues tiempo tendremos para tentaderos fotográficos.


domingo, 16 de junio de 2019

Paco Gómez

Jesús Resucitado, a hombros de los cofrades de la Vera Cruz, en la mañana del Domingo de Pascua | Foto: Pablo de la Peña

17 de junio de 2019

"We´ll always have Paris"
(Casablanca)

Dice el genial cantautor Lichis en una de sus irreverentes canciones que "es la falta de amor la que llena los bares", metáfora de una sociedad posmoderna de carencias y búsquedas. El caso es que, por este u otros motivos, los bares se llenan y otras instituciones se vacían.

Como siempre es atrevido identificar una sola causa para fenómenos ciertamente complejos, lo más prudente suele ser quedarse en la mera descripción. Esa que dice que, a punto de celebrar el Corpus y cuando los ecos de los tambores y cornetas ya se van apagando irremisiblemente, la Semana Santa y todo su mundo empieza a quedar, otra vez, demasiado lejos. ¿Tiempo de buscar la salida y hasta el año que viene?

Aunque no he tenido hasta ahora ocasión de ponerlo por escrito, si tuviera que quedarme con algo de la pasada Semana Santa, vivida como viene siendo habitual en los últimos años más en el plató que en la calle, sería sin duda con una frase que llegó en los últimos instantes de nuestra programación especial. Sobre la bocina.

Estábamos ya despidiendo el cortejo del Resucitado camino del corazón jolgorioso de la ciudad en una mañana de primavera sin complejos, cuando como siempre hace, aunque los telespectadores no lo vean, uno de mis comentaristas de cabecera, el bueno de Fructuoso Mangas, levantó el dedo –el más mayor y a la vez el más disciplinado escolar de mi cuadrilla televisiva– para pedirme la palabra.

Recuerdo que se aclaró un poco la voz y justificando el cambio de tema de aquello en lo que anduviéramos –por si acaso se nos acaba el tiempo–, nos regaló, tras llevarnos un momento junto a Ilsa y Rick a modo de introducción, una de las reflexiones más intensas de todas las horas y horas de sentir el latido cofrade de la ciudad: "Pese a todo y a todos, a mí siempre me quedará la Pascua".

Una verdad que nunca conviene perder de vista. Porque es la Pascua lo que nos quedará siempre, a don Fructuoso y a todos. Aunque se nos tuerzan los caminos, aunque la vida nos zarandee como maderas en un mar caprichoso. Aunque arda París, o su catedral milenaria. Aunque no haya capuchón, incienso ni ningún peso que llevar sobre el castigado hombro.

Siempre nos quedará la Pascua y no es una manera de hablar. Si no fuera así, ya me dirán. A qué perdona a tu pueblo, señor; marchas en silencio; antorchas y trompetas. A qué conmoverse con dolor y expiraciones sin pensar lo que ocurrió tres días después.

Nunca conviene olvidarlo para llenar cualquier bar allí donde nos llamen. Y la implicación cada vez más decidida de la coordinadora de cofradías en celebraciones como la del Corpus de estos días es una muy buena noticia en este sentido. Tenemos la Pascua y eso es mucho como para solo celebrarlo de año en año.


viernes, 14 de junio de 2019

Pedro Martín

El Cristo de los Milagros desfila arropado por los salmantinos en el Domingo de la Ascensión | Foto: Heliodoro Ordás

14 de junio de 2019

No solo de Semana Santa vive el cofrade, y aunque pasión es la cabecera que nos acoge, no deja de ser pasión-devoción lo que se vive en nuestras calles durante las fiestas pascuales y más allá de ellas.

Y no solo en la cuidad, también en la provincia, que las manifestaciones de religiosidad popular son abundantes por todos los rincones de nuestra diócesis, y más puras, más genuinas, cuanto más sencillas y primigenias.

Cientos de devotos en torno a San José el primero de mayo, otros cientos acompañando a María Auxiliadora, más cientos rezando con-tras el Cristo de los Milagros, algo más de mil romeros (dicen las crónicas) honrando a la Virgen de Valdejimena, cientos en el Cueto. Este fin de semana acérquense a Tejares, otrora localidad independiente y ahora barrio de la ciudad que mantiene el sabor de fiesta rural (afortunadamente).

En medio de toda esta expresión de religiosidad popular, algo distinto, diferente, más solemne, o debería serlo, la Festividad de Corpus. Tanto por mejorar. Tiempo. No nos rindamos, cuesta cambiar inercias de muchos años en las que se desnaturalizó en nuestra ciudad la procesión de Corpus, y también en parte la celebración en su conjunto. Hay que actualizarla a los tiempos que corren sin perder sus orígenes, y contando cada vez más con las cofradías, es necesario y conveniente. Claro que se puede evangelizar con la procesión del Corpus, con los altares bien preparados y bien pensados, que interpelen, a los que se acerca la gente con curiosidad y, por qué no, también con necesidad de Dios al que sacamos a la calle en su día más grande, para que se dé a todos, en especial a los más pobres en el día de la Caridad.

Luego ya vendrán las fiestas patronales durante todo el verano, de cada pueblo, grande o pequeño que en torno a la fiesta sempiterna pasean orgullosas las gentes sencillas sus cristos, sus santos, sus vírgenes, cada uno a su manera, pero todos con el cariño inmenso de aquellos que llevan en el corazón la devoción de sus mayores, la costumbre no perdida de rezar, aunque sea solo una vez al año, la religiosidad popular en estado puro.

Tiempo de glorias, tiempo de procesiones.


martes, 11 de junio de 2019

Isabel Bernardo

Una mujer y una niña observan desde un balcón el paso de Jesús Despojado | Fotografía: Manuel López Martín

12 de junio de 2019

Declararse públicamente cristiano, sin miedo, es la mejor opción que tenemos para luchar contra la persecución a los cristianos. Sorprende el silencio en el que este mundo de los hombres ha caído respecto a los asuntos de la Iglesia y de Dios. Sorprende también el olvido de la oración, del amor cristiano, de los sacramentos… en la rutina diaria. Todo lo que se piensa y se siente parece estar ya solo aquí abajo. En este valle lleno de mercantilismo, falsas ambigüedades, hostilidad y avaricia que ha puesto en modo "off" el corazón y los sentimientos de sus hombres y mujeres.

Confieso que no puedo mirar a mi alrededor sin dejar de estremecerme. Los medios de comunicación se han hecho eco de la barbarie humana con una normalidad y naturalidad que sobrecogen. Esto es lo que tiene haberse dejado llevar por el hombre-masa, el hombre-muchedumbre del que Ortega y Gasset habló en su obra más reconocida. La rebelión de las masas, aun habiendo sido escrita por el filósofo en 1929, parece ser un diario fiel de estos tiempos que llaman de la posverdad. Somos –tal y como decía Ortega– hombre-masa, hombre-muchedumbre; más que hombres, caparazones de hombres sin interioridad, sin adentros, tremendamente dóciles y manejables, y que se dejan llevar con extrema comodidad por los idola fori (ídolos del foro) y toda suerte de disparates y esnobismos. De ahí que sacar a Dios de esta sociedad haya sido muy fácil. Y todo esto lo saben quienes están dispuestos a acabar con nosotros.

Nos atacan porque nos saben "no vulnerables". Aunque haya de escribir esto con sobresaltado cargo de conciencia y con crudeza. Y digo "no vulnerables" porque nuestra reacción ante una matanza de cristianos no va más allá de un ¡qué pena!, un ¡vaya por Dios!, o la irritante coletilla de ¡cómo andan, los pobres! Mayormente cuando todos ellos están a muchos kilómetros de esta Europa flemática, indiferente, que ha levantado muros emocionales e (in)humanos para, cómodamente, sobrevivir.

No, yo no tengo soluciones para acabar con este problema. Pero tengo voz para buscar la ayuda de Dios, porque sin oración, Dios no viene. La fe necesita además de sentimiento, palabras. Si es cierto que los cristianos queremos hacer algo, el primer paso está en ir en contra de esta tiránica modernidad que nos está imponiendo, con artificios capciosos y bastardos, el silencio del nombre de Dios en nuestros labios. Las libertades que nos procuran los estados democráticos han de respetar escrupulosamente la libertad de fe de los cristianos. No se puede estar siempre tolerando abusos e insultos. Por ejemplo aquel "me cago en D…" que, como si fuera una gracieta sin mayor importancia, una concejala del Ayuntamiento de Salamanca escupió en un pleno municipal. Ya ven qué cerca tenemos al enemigo. Da igual que unos tengan el cuchillo en la lengua y otros en la mano, tenemos que defendernos hablando, sin miedo, de Dios.

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