lunes, 8 de junio de 2015

Nuestra Semana Santa no es perfecta, pero tampoco tiene que serlo

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Miriam Labrador

Salida de la Seráfica Hermandad de Nazarenos el Jueves Santo | Fotografía: Pablo de la Peña

Ya estamos en junio. Durante estos meses de calor y buen tiempo, las procesiones de gloria y las romerías llenan la agenda semanasantera para poco a poco ir dejando la Pasión de este año en el recuerdo y esperar con ansia que llegue la siguiente. Así es, la vamos dejando en el recuerdo… Nuestro cerebro, que es muy sabio, va almacenando esos momentos que hace tan sólo dos meses eran el centro de nuestra vida cofrade. Casi siempre guardamos sólo los momentos buenos, la vida ya es suficientemente complicada para también almacenar los malos.

Nuestra Semana Santa no es perfecta, pero tampoco tiene que serlo. Tenemos que aprender de las equivocaciones y ante las adversidades no buscar culpables, sino crecer, mejorar y adaptarnos a las circunstancias. Para llegar a este punto, primero tenemos que aceptar que nos podemos equivocar y hacer autocrítica, pero sobre todo ponernos en el lugar y escuchar a cada una las personas que forman parte de este mundo tan particular. No es fácil pertenecer a una junta de gobierno por la responsabilidad, las horas que se  roban a la vida personal, los quebraderos de cabeza… Pero tampoco lo es ser un cofrade más, que siente a su hermandad, con ideas y ganas de ayudar pero que tiene una barrera que le impide ser escuchado.

En la tertulia de balance de la Semana Santa, los hermanos mayores que asistieron valoraron muy positivamente sus desfiles procesionales, actos, etc. Como dije entonces y me reitero, según mi criterio yo he vivido una Semana Santa en un mundo paralelo que nada tiene que ver con sus valoraciones.

No voy a entrar en el eterno debate de que si se está perdiendo la esencia, la Pasión de Castilla tiene que ser austera, costal si o costal no... Hay otros problemas más importantes, pero que se están dejando de lado a causa de este debate que en muchas ocasiones lo que provoca es el distanciamiento entre hermandades, piquetas y roces. Tenemos dieciséis hermandades y cada una tiene su estilo propio, pero  unidas pueden convivir perfectamente formando una Semana Santa, la nuestra.

Durante la semana de Pasión he sido cofrade, prensa y también espectadora. Como cofrade, en todo el sentido de la palabra, no sólo cofrade de procesión, ha sido complicada. La Cuaresma empezó casi en Navidad, nos estábamos comiendo las uvas y ya estaban programados cientos de actos, conciertos, vía crucis… Voy a tirar de refranero que seguro que me entendéis: "Lo  poco agrada y lo mucho cansa".

Con esta Cuaresma es normal que la organización de la Semana Santa y nuestras ganas se resientan. Hay actos que son indiscutibles y litúrgicamente necesarios, pero de los 168 actos de los que tengo constancia y he asistido, ¿cuáles son indiscutibles? ¿Es necesario hacer tantos en tan poco tiempo?

Como prensa, lo que eran pequeñas batallas ya se han convertido en guerra. Cada vez hay más medios de comunicación, profesionales de la fotografía y aficionados. Es bochornoso lo que sucede en algunas salidas y momentos señalados. Las disputas entre los espectadores, que están en todo su derecho de replicar a los fotógrafos que se ponen delante cuando llevan varias horas esperando, son totalmente lícitas. Pero las de los profesionales que estamos haciendo nuestro trabajo también lo son.

Entiendo este trabajo porque formo parte de él, pero hay momentos en el que no puedo defender actuaciones que no creo que sean las correctas y en las que yo también he participado. Por querer sacar el momento perfecto, la imagen soñada o simplemente por tener cientos de fotografías guardadas en el disco duro de nuestro ordenador somos capaces de abalanzarnos sobre unos niños que están rellenando el incensario, pedir que paren un paso porque es la posición ideal o deambular a lo largo del recorrido entre los hermanos porque sólo por llevar una cámara en nuestras manos, nos creemos con todo el derecho de estar ahí. ¿Hay alguna solución a este problema que va a más?
  
Por parte de las hermandades, se creen que es una guerra en la que ellos no tienen que entrar y no es así. Nosotros somos externos a la procesión, pero influimos en su organización y en el transcurso de la misma. No se pueden encontrar soluciones si no se buscan. En esta lucha no hay bando ganador ni perdedor, la perjudicada siempre es la Semana Santa y su imagen.

Y ya, por último, como espectadora. La tónica general, desde el Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección, es de desorganización, problemas de carga, muchas paradas y en algunos casos interminables, descenso de los hermanos de fila, falta de respeto de hermanos durante el desfile, música que no es la más indicada, etc. Son problemas que se han estado comentando en los corrillos semanasanteros, que la mayoría vemos, pero que a la hora de hacer balance no queremos admitir. No se pueden solucionar problemas sin haber admitido antes que existen.

Ya lo he dicho: nuestra Semana Santa no tiene que ser perfecta, pero tenemos que luchar para que lo sea. Todos somos hermanos y nos mueve la misma pasión, así que vamos a demostrarlo luchando por un bien común, admitiendo nuestros problemas, pidiendo ayuda cuando se necesita, no olvidando nunca que al final del camino siempre está Él y su Madre nos guía.


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