lunes, 9 de noviembre de 2015

Pietas. Variaciones sobre una exposición

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F. J. Blázquez

Una de las imágenes presentes en la exposición Pietas | Fotografía: Pablo de la Peña

Cuando de Semana Santa se trata, las visitas a Zamora suelen ser siempre sustanciosas. En pleno mes de octubre, y al amparo del congreso nacional de hermandades de Nuestra Señora de las Angustias, nos encontramos con Pietas, una exposición comisariada por José Ángel Rivera de las Heras, uno de esos curas que como nuestros Tomás Gil o Moncho Campos han sabido descubrir en el Arte un medio extraordinario para la reflexión en torno al ser humano y su hacedor, que es, a fin de cuentas, el punto de partida para la transmisión de la buena nueva. La muestra constó de treinta cuatro piezas, veintisiete imágenes y siete óleos; todas ellas recogían el tema de la Piedad en la provincia de Zamora.

No se trata, ahora, de entrar en consideraciones sobre la calidad artística de las piezas expuestas, pues salvo las de Ramón Álvarez o la de Ricardo Flecha, no es mucho lo que desde esa perspectiva se podría juzgar. Lo importante es que con un presupuesto limitado la Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias ha sido capaz de organizar una exposición con mucha dignidad y acertado criterio. La elección de Rivera de las Heras como comisario es, sin duda, el factor fundamental a la hora de explicar el buen hacer. Él conoce como nadie el patrimonio artístico de la diócesis zamorana. Para estas cosas, la verdad, los zamoranos saben aprovechar bien la valía de sus expertos e intelectuales, da lo mismo la rama de la que provengan. En nuestra Salamanca, también en las cofradías, como todos somos sabemos de todo, con frecuencia nos permitimos despreciar a los especialistas, aborrecemos su experiencia y criterios y obramos por cuenta propia a la hora de decidir en aquello que sin duda tendrá repercusiones de importancia.

Pietas ha sido una exposición más que digna. Se trataba de mostrar cómo se ha entendido el tema de la Piedad en el arte de la diócesis zamorana. Y con creces se ha conseguido. Ahí están las imágenes de los pueblos de Zamora, incluida la que precedió a la titular de la cofradía organizadora. En el haber, a mayores de la muestra y el adecuado espacio expositivo, los trabajos previos de limpieza y acondicionamiento de las piezas llevados a cabo por Francisco Javier Casaseca. Las exposiciones de arte siempre deben servir para mejorar algo. En el debe, la falta de un catálogo, al menos un folleto con algo más que la breve presentación y la enumeración de piezas que aparece en el díptico. De las buenas exposiciones siempre debe quedar algo escrito, reflexionado y estudiado, para la posteridad. Pero ya sabemos, cuando no hay recursos se llega hasta donde se puede.

Gratifica ver iniciativas como esta. Con limitaciones, pero impecables en su puesta en escena porque en la trastienda han estado personas muy preparadas. Algo parecido a lo que se hizo en Salamanca cuando la Vera Cruz organizó su quinto centenario. Entonces hasta se publicó un extraordinario catálogo, porque eran otros tiempos y había posibles, pero con no mucho dinero se llevó a cabo una extraordinaria exposición y de ella quedó un catálogo modélico. La exposición de 2006, Lignum Crucis, fue un poco la excepción. Porque otras iniciativas hubo, algunas curiosillas, no más, otras un desastre.

Y el problema siempre acaba siendo el mismo, que la buena voluntad no es suficiente, porque cuando nos involucramos en empresas de este tipo hace falta un poco más. No todos sirven para elegir, para mostrar o para escribir con criterio. Y no es elitismo, de verdad, pero el repelús que los especialistas causan a los libreopinadores de las redes y asambleas no deja de encerrar un complejo de inferioridad que impide, por un lado, su progresión y enriquecimiento personal, y por otro, la posibilidad de ofrecer algo con el valor y el decoro debido, con las garantías de aportar algo original que deje su poso en la posteridad.


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