jueves, 31 de diciembre de 2015

Educacion y cultura religiosa

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José Javier Rodríguez

Un grupo de escolares ante la capilla de la Hermandad Dominicana en el convento de San Esteban

Durante la campaña electoral los partidos de la izquierda han defendido en su programa electoral la marginación de la asignatura de religión en el sistema educativo. Es cierto, la religión, la plástica o la educación física han sido siempre las "marías". Pero una cosa es el "pensamiento popular" y otra, muy distinta, los proyectos políticos que han de velar por el bien común [1]. Ante estas propuestas, el partido que representa a la mayoría del arco parlamentario de la derecha social ha optado por mantener un discurso neutro.

Por si fuera poco, acabo de leer en una columna de opinión de un periódico de tirada nacional el "mensaje" que un "maestro" lanzó a un grupo de padres de escolares de su centro público: "En mi escuela, ni un villancico"… Y es que "carmenadas" se dan en todos los sitios, incluso en Segovia, donde está ubicado el centro educativo "público" donde imparte "docencia" dicho "maestro".

El maestro ha de ser un referente para todos y ha de acoger a todos: cristianos, musulmanes, agnósticos, judíos, ateos… pero decantarse por una escuela sin referencia a la cultura popular y sin apertura a la transcendencia [2], le hace reo de sus palabras. En  lugar de ser un docente en una escuela pública aconfesional, se convierte en un adoctrinador del mensaje de la ideología de género que vertebra el currículo escolar impuesto por los dos partidos mayoritarios.

Los ideólogos de género, que defienden la prevalencia de lo subjetivo, lo individual o lo construido por su cultura ─la normalización legal del deseo particular y autónomo─, reniegan de toda evidencia biológica, natural o ecológica para construir una cultura diferente en la que no existan diferencias de género. El sexo para ellos es una cuestión accidental que puede superarse sin problema alguno.

El primer paso ha sido la destrucción de la familia mediante la banalización del matrimonio convirtiéndolo en el contrato más fácil de romper y degradándolo al  igualarlo a la unión homosexual. En segundo lugar se ha otorgado al aborto el estatus de derecho de la mujer, desligando así la maternidad biológica de la maternidad/paternidad como deseo. El tercer hito se viene fraguando de forma callada y sigilosa desde hace ya varias décadas: la asunción por parte del Estado de la educación de las nuevas generaciones, eliminando el derecho inalienable de los padres a ser los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos.

Finalmente, según señala Rafael Mora (2006) [3], el último asalto de la ideología de género está siendo la eliminación de las religiones positivas. Primero en la escuela y luego en la sociedad, como está sucediendo en algunos barrios madrileños. De este modo, se reescribe el relato bíblico para adaptarlo a la paridad de género y se prohíben la presencia de signos religiosos en las escuelas financiadas con fondos públicos. Incluso, se escriben novelas como El Código Da Vinci, donde se deja intuir que hubo una Iglesia que triunfó, la masculina, cuyas cabezas visibles eran Pedro y Pablo, y dejando entrever otra "iglesia paralela", la de María Magdalena…

De ahí, y en honor a la verdad, aquellos que apreciamos el humanismo personalista, aquellos que defendemos la dignidad de la persona humana ─varón y mujer que se complementan en la diversidad─ y somos conscientes del valor social y cívico de las ciencias humanas, hemos de profundizar cada día más sobre la realidad en la que vivimos. Para ello, debemos conocer aquellos aspectos de nuestra cultura social que modifican y destruyen lo humano y, al mismo tiempo, defender y difundir lo que es propio del ser humano: su cultura transcendente.

Y es que la Navidad o la vivencia de la Semana Santa, entre otras manifestaciones de la cultura religiosa popular, son aspectos sin los cuales la historia de Europa, y en especial de España, no se pueden ni comprender ni entender. Sí, hoy hay muchos interesados en reescribir la historia al modo del "Ministerio de la Verdad", distopía de George Orwell, que enmendaba lo publicado en la prensa para que las hemerotecas coincidieran con lo que sucedió en realidad.

Nadar contracorriente es lo que toca en este momento de la historia. Por ello no debemos dejar la educación, la escuela, en manos de los enemigos de lo humano, a aquellos que roban la ilusión a los niños o que se olvidan de que los padres somos los responsables primeros de la educación. Y es que la cultura religiosa, hecha visible en el arte centenario de los pasos de la Semana Santa que con tanta devoción y admiración cuidan los hermanos cofrades, ha de ser explicada, analizada y estudiada por todos los escolares cuyos padres consideren que el razonamiento histórico, cultural y humano enriquece a la sociedad. El hecho religioso, y su vivencia, ha sido y será siempre un valor de lo humano que contribuye a hacer mejor a los ciudadanos que valoran lo público como un servicio al bien común, al bien de todos.

[1] Escribo "Bien Común", porque el "interés general" implica que el bien particular de unos pocos se prima lesionando a una minoría, generalmente los más débiles. Por el contrario, el Bien Común, es bien para todos, sin despreciar o perjudicar al otro.

[2] Transcendencia: capacidad del ser humano de transcender el hecho observado, es decir, de dar significado a lo que acontece.

[3]  Rafael Mora (2006). La ideología de género: exposición y crítica
http://www.almudi.org/articulos/7569-La-ideologia-de-genero-exposicion-y-critica-Rafael-Mora


2 comentarios:

  1. No hay nada como la libertad, frente a la imposición y el ataque a la Iglesia Católica. Y en los colegios públicos, -mejor que en ningún sitio-, y como se menciona en el artículo, deben tener entrada TODAS las convicciones. El profesor seguramente recibirá alguna felicitación, en vez de recibir un apercibimiento por intolerante.

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  2. Excelente reflexión. En tiempos en que se manipula el lenguaje para hacer decir a las palabras exactamente lo contrario de lo que significan artículos como este ayudan a tener las ideas claras. Los supuestamente tolerantes son quienes pretenden imponer su ideología a toda la sociedad. El dogmatismo impera, haciendo pasar por ética común los planteamientos del pensamiento único políticamente correcto de la ideología de género. Y cualquiera que pretenda tener un pensamiento autónomo es considerado sospechoso.
    Gracias por la valentía de salirse del redil mental.

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