lunes, 18 de enero de 2016

Nuestro Padre Jesús de la Promesa

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Montserrat González

Nuestro Padre Jesús de la Promesa, ubicado en la sacristía del convento de los Dominicos | Foto: José Fernando Santos

Recientemente, la Hermandad Dominicana hacía público en los medios de comunicación su deseo de recuperar para el culto la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Promesa en un acto devocional dedicado a las Cinco Llagas de Cristo que tendrá lugar el Lunes Santo en la iglesia de San Esteban.

Puede que alguno le sorprenda la elección de esta talla, un tanto desconocida, para la celebración de esta meditación ante las cinco heridas que le infligen a Jesucristo en su crucifixión y que se mantienen en su cuerpo glorioso al resucitar, pero la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Promesa ya hizo estación de penitencia durante varios años en la Semana Santa salmantina. Desfiló por primera vez un Lunes Santo de 1948 para la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Promesa, cofradía filial de la Hermandad Dominicana compuesta por nazarenos de la propia hermandad y miembros de la congregación del Santo Rosario. Según tradiciones de los años cuarenta, los cristos que desfilaban en la Salamanca de entonces se identificaban con las siete palabras de Cristo en la cruz. La Hermandad Dominicana encontró en este Cristo la simbología de la segunda palabra: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso", de ahí el nombre de la imagen.

La talla, restaurada por Damián Villar y Arístides Mateo, es una imagen del siglo XVII de autor anónimo. El artista combina magistralmente la expresividad de su rostro con cierto dramatismo en la plasmación de los signos pasionistas. La corona de espinas, de fuertes ramas anudadas como soga a sus cabellos, dibuja una diadema de gotas rubíes, el entrecejo fruncido de dolor y la boca abierta para exhalar el último suspiro antes de rendir el espíritu, dan ese tono dramático a la representación. Una mueca de dolor y angustia recorre su bello rostro. La anatomía de las formas se descuida buscando un canon conmovedor del que destacamos el tratamiento del sudario retorcido en torno a su cadera y los pies cruzados en aspa para aferrarse más a esa cruz que lo sustenta. El título en las tres lenguas (hebrea, griega y latina) proclama la grandeza de Jesús.

Según las crónicas del momento, la figura de Cristo en la cruz se reflejaba en las aguas del Tormes (su itinerario incluía cruzar el Puente Romano) dejando "la emoción en los miles de almas que acuden a presenciar esta procesión" de meditación y penitencia, acentuada por la falta de acompañamiento musical. Así lo recoge la revista Christus en el año 1951 ilustrando la descripción con una bellísima fotografía de la imagen tomada por Guzmán Gombáu.

Y así, cada Lunes Santo durante veintisiete años "…bajo el manto de la noche, camina el triste cortejo, del Jesús de la Promesa, entre un murmullo de rezos…" [1]. La talla procesionó por última vez en 1974, no pudiendo resistir la crisis de la Semana Santa salmantina de los años 70. Desde entonces podemos visitar al Santísimo Cristo de la Promesa en la sacristía de San Esteban, hogar canónico de la Hermandad Dominicana.

Esperamos que la celebración de esta piadosa meditación, no solo aumente la devoción por las Cinco Llagas (manos, pies y Sacratísimo costado de Cristo en la cruz) recogidas desde el siglo V en las oraciones de san Agustín, reavivadas por san Francisco de Asís y todos los demás santos estigmatizados o de aquellos que sufrieron pequeñas llagas en su cuerpo y popularizada por la devoción de santa Teresa ante las imágenes de Cristo "muy llagado", sino que además recupere la talla de Nuestro Padre Jesús de la Promesa para el culto engrandeciendo a la vez nuestra Semana Santa y recuperando tradiciones propias.

[1] "Al Cristo de la Promesa", poema de Cesar Paz la Espada. Christus, año XV, Salamanca, 1953. p.15


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