lunes, 15 de febrero de 2016

Para qué sirve una revista cultural de Semana Santa

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Abraham Coco

Isabel Bernardo firma en el libro de la Tertulia el pasado sábado | Fotografía: Pablo de la Peña

15 de febrero de 2016

Un nuevo ejemplar de la revista Pasión en Salamanca, el número 23, está en camino. Ahí anda el maquetador maquetando, el director dirigiendo y, por tanto, resoplando (del suspiro al ladrido) y todo un equipo equipando, lo que quiere decir buscando el dinero necesario para imprimir y alentando que sus páginas se llenen de buen contenido.

Reflexionaba a principios de este mes Alfonso Armada, director de ABC Cultural, sobre Para qué sirve un suplemento cultural. Sin ánimo de emularlo, en este tiempo de esfuerzos, de revistas hechas en la distancia que actúan como ancla a la tierra en la que no se pace, me preguntaba para qué sirve una revista cultural de Semana Santa y si tienen sentido los desvelos con lo fácil que sería, mucho más, no publicarla. ¿Dolería?

Sirve, claro que sirve. ¿Tiene que servir? Para mirarnos en el espejo y vernos reflejados, porque lo que decimos (y lo que no) y cómo lo decimos nos hace y nos identifica. Para interrogarnos. "¿Y si…?". Para pensar sobre cuestiones sobre las que nunca habríamos pensado; para conocer detalles de escritores a los que posiblemente jamás leeremos y saber que existen cantos populares que probablemente no aprenderemos; para volver la vista al arte sobre el que siempre habíamos pasado de largo; para poder escribir lo que, a viva voz, no se sabría expresar o expresaríamos con riesgo de que no se entendiera.

Para llenar cajas en las mudanzas y recordarnos aquello que nos interpela, y poder tocar así la Semana Santa que en realidad es un suspiro que se escapa, que apenas dura y que una revista cultural cofrade embalsama para disfrutarla todo el año, en pequeñas dosis de interés, en atracones de nostalgia, en sobremesas sin siesta, en noches en vela. Para decir "¡eh, estamos vivos! Anunciémoslo" intramuros y tan extra como nos dejen. Porque las buenas noticias tienen que ser a-nunciadas y las injustas, de-nunciadas.

Para los sentidos. Lo decía en la presentación del número 19 de Pasión en Salamanca en 2012 Fructuoso Mangas: "Esta criatura huele a limpio, a tinta reciente, a cosa rica, a hondo perfume total más allá de su sencilla apariencia…". Y a limpio huelen los cuentos nuevos o las investigaciones que apuntan hipótesis sobre las manos anónimas que sacaron de la madera nuestras devociones. Pronto llegará una muy novedosa.

Para evocar y acercar ideas y personas, muchas de las cuales de otro modo no se aproximarían a esta celebración. Sirve para crecer, para remar y completar el museo de iniciativas dirigidas, en palabras de Tomás González en un reciente artículo, a "formar cofrades, reformar cofradías". Sirve, como apuntó Isabel Bernardo al desgranar los contenidos del ejemplar de 2015, para "abrir las puertas a una infinidad de preguntas y detalles que se hacen necesarios para comprender el significado de este Misterio".

O para andar, en un recorrido, indicó Félix Torres en su presentación de 2013, "con tramos intermedios para deleitarnos […] disfrutando mientras aprendemos, pues hay textos para aprender; disfrutando mientras meditamos, pues hay textos para pensar; disfrutando con los textos que hay para disfrutar y disfrutando al sentirnos cofrades".

Sirve, porque lo contrario es el silencio. Y eso, en este caso, sí que no sirve.


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