miércoles, 28 de septiembre de 2016

Guzmán Gombau, un homenaje merecido

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Félix Torres

Guzmán Gombau, figura clave en la creación y los primeros pasos de la Junta de Semana Santa

Comienza un nuevo curso cofrade. Porque, aunque tras la Pascua comience una nueva Semana Santa, lo cierto es que es ahora, tras el receso veraniego en el que se ralentiza el trabajo en nuestras hermandades aunque las actividades sigan bullendo en las cabezas, cuando las agendas comienzan a llenar sus páginas con actos religiosos y eventos culturales con los que las juntas directivas o de gobierno intentan reavivar la llama en momentos aún muy alejados de la Cuaresma.

Habrá en este periodo que ahora iniciamos, eventos y celebraciones destacables, aniversarios de imágenes y cultos anuales por las distintas festividades propias de nuestras cofradías, pero de entre todos sobresale, tiene que sobresalir por lo que tiene de común para todos nosotros, el septuagésimo quinto aniversario de la Junta de Semana Santa de nuestra ciudad.

Seguro que muchos de los que a lo largo de estos años han pasado por ella se merecen un cálido y rendido reconocimiento, por descontado. Pero hay una persona, quizá el primero en mantener viva la llama de la Junta, que se merece el homenaje que Salamanca nunca le tributó. Me refiero a Guzmán Gombau Guerra, aquel fotógrafo salmantino que trabajó como periodista en radio y prensa escrita pero quien siempre disfrutó de su pasión por la cámara y la imagen, heredada de su padre Venancio y transmitida con fidelidad a sus hijos José Antonio y Jorge.

Conocido como el fotógrafo por excelencia de nuestra Semana Santa, Gombau fue mucho más que eso. No quiero hacerme eco de su extensa biografía cofrade, porque lo que hoy me trae aquí es su papel fundamental no solo en la creación de la Junta de Semana Santa, sino en su mantenimiento, pertinaz mantenimiento, en las épocas primeras en las que, tras el explosivo interés inicial, la desgana por parte de cofradías y obispado hizo que apenas él (y alguno que otro) siguiera empecinado en sacar adelante el proyecto.

Porque fue él quien mantuvo el tesón en aquellos primeros años en los que el canónigo oscense José Artero –recordado por su inquebrantable y manifiesta adhesión al régimen más que por su canonjía, su labor como musicólogo (llegó a colaborar con Gerardo, el Gombau músico) o incluso por ser el primer rector de la Universidad Pontificia salmantina– dejase vacante el sillón presidencial sin que el ordinario del momento, Barbado Viejo, encontrase o llegase siquiera a nombrar un sustituto que quisiera comprometerse con aquella Semana Santa popular. En esa precaria situación, latente o en "stand by" que diría aquel, la recién nacida Junta para el Fomento de la Semana Santa salmantina permaneció durante un par de años, los dos primeros. Pero Gombau no se rindió y, junto a Ricardo Lobato, se convirtió en el pilar de la Junta, en el fuelle que insuflase los bríos suficientes para que aquello no muriera y quien se encargó de redactar las primeras reglas, el reglamento de la Junta Permanente de la Semana Santa, que tardarían otros dos años en ser aceptadas y aprobadas por las cofradías salmantinas. Después de todo, una vez tranquilizados los ánimos en la Junta, Guzmán Gombau continuó siendo su secretario, su sostén, diría yo, durante los mejores años de nuestra Semana Santa hasta que se vio forzado a dejarlo todo obligado por el traslado de su residencia a la capital, bien entrada la segunda mitad del siglo.

Lo he resumido hasta el extremo, pero creo que es un currículum del que pocos podrían presumir en nuestra Semana Santa y en su Junta Permanente, o de Cofradías o de Fomento o de Semana Santa, que el nombre es lo de menos.

Me consta que nuestra Junta de Semana Santa, con los nuevos bríos tomados tras las aún recientes elecciones, con su presidente al frente, está confeccionando un interesante programa de actos de distinto tipo con los que conmemorar el evento. Actos que, con seguridad, incluirán reconocimientos y detalles, recuerdos y exposiciones, conciertos y conferencias. Seguramente, aunque ya se hiciese hace algún tiempo, una muestra con las fotografías de Gombau. Pero no quisiera que Gombau quedase diluido entre unos y otros, ni en sus fotografías. Creo que él, por sí solo, por su trabajo cofrade y por su dedicación merece ser distinguido con los máximos honores por nuestra Semana Santa y así lo pido.


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