viernes, 21 de octubre de 2016

…y entonces la Diócesis habló de cofradías

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Tomás González Blázquez

Jesús Resucitado, en la Plaza Mayor de Salamanca | Fotografía: Heliodoro Ordás

No abundan los planteamientos pastorales bien definidos sobre cofradías. Muchas diócesis españolas donde constituyen una realidad notable tampoco los tienen. Iniciativas existen, intentos exitosos o fallidos también, pero la "pastoral cofrade" no ha adquirido entidad propia en demasiadas iglesias locales. Algunas han dispuesto normas que regulen esas instituciones, ciertos obispos han escrito cartas pastorales buscando orientar a las hermandades, varias diócesis tienen su delegación de cofradías o algún departamento vinculado al apostolado de los laicos, como el caso salmantino con la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, pero aún no se ha generalizado. Si las cofradías, asociaciones erigidas por el obispo, no han sido objeto de una pastoral específica y diferenciada, menos aún la religiosidad/piedad/mística popular, "encauzada" a veces por hermandades, otras por rectores de santuarios, algunas por comunidades religiosas, y presente en el día a día de la vida espiritual de parroquias y familias. Tampoco la Conferencia Episcopal Española ha logrado poner en práctica una pastoral cofrade, más allá de convocatorias muy puntuales.

Siendo así, la Asamblea que acaba de celebrar la Diócesis de Salamanca, que a algún admirado vecino de columna le resulta de corto alcance en su modestia, en esto ha querido ir un poco más lejos que pretéritos sínodos o no tan remotos planes de pastoral. A diferencia de aquellos y de la acción ordinaria de las parroquias, alguna con muchas hermandades en su demarcación, no ha ignorado la compleja realidad cofradiera. En las enumeraciones más generalistas las cofradías y hermandades por fin aparecen mencionadas como entidad propia, con el nombre con el que sus miembros se sienten reconocidos y comprometidos, por muy asociaciones públicas de fieles que sean en su personalidad jurídica dentro de la Iglesia. Llamar a las cosas-cofradías por su nombre ayuda a llamar a las personas-cofrades con más posibilidades de respuesta, y esta Asamblea Diocesana, en su documento finalmente aprobado, lo hace en varias ocasiones. Una de ellas, para reconocer la "valiosa aportación" de las cofradías e invitarlas "a una renovada conversión espiritual y pastoral". Entiende que "son de vital importancia en muchos sectores apostólicos, porque contribuyen a la evangelización en el espacio público de la vida diaria". También son mencionadas cuando se subraya la necesaria colaboración de la delegación diocesana de Pastoral Juvenil con las comunidades donde hay jóvenes, entre ellas las cofradías. Como propuesta concreta de mayor calado, en el espacio que el documento dedica a la pastoral de los laicos, aparece ésta: "Dotar a las cofradías y hermandades de un marco normativo diocesano que ayude y oriente en su renovación espiritual y acción pastoral y contribuya a su inserción eclesial". Que ayude, oriente y contribuya. Renovación espiritual, acción pastoral, inserción eclesial: suena mucho a la homilía de Francisco en el Encuentro Mundial de Cofradías con motivo del Año de la Fe. Buen punto de partida. Dicho queda y ahora corresponde ponerlo en práctica.

Y como Evangelii Gaudium, la exhortación programática de Francisco, marca la Asamblea Diocesana salmantina, la piedad popular pesa en el documento como en el texto papal. En cuanto al análisis de la realidad, se detecta "un resto de presencia religiosa en la vida social manifestado especialmente en la religiosidad popular (fiestas populares, Semana Santa, procesiones, romerías)". Este "resto", otrora obviado o mirado despectivamente, cada vez goza de más simpatías que recelos: no puede ser visto como un "resto" de superstición sino como un "resto" de fe. Por eso, fiel al magisterio pontificio, aparece como una de las actitudes y criterios para la renovación espiritual de la Diócesis la siguiente: "Acompañar al Pueblo de Dios en su mística popular" (EvGa 124). Junto a una extensa cita de Pablo VI como nota al pie (Evangelii Nuntiandi 48), se indica que "esta riqueza de la piedad popular, este precioso tesoro, también de nuestra Diócesis, debe despertar en nosotros así mismo la espiritualidad de la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar (Ev Ga 125), y acompañar, iluminando y encauzando hacia una mayor autenticidad evangélica. Y dejarnos nosotros también guiar a vivir una fe sencilla, humilde y confiada. Todo ello es manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones". Esta valoración se plasma en el capítulo de propuestas con la sugerencia de "buscar caminos para que todas las prácticas de piedad popular contribuyan a la renovación espiritual de las muchas personas que en ellas participan y preparar con cuidado especial las fiestas patronales, fiestas en ermitas y santuarios, las celebraciones de la Semana Santa…".

El documento de la Asamblea, instrumento de trabajo para el futuro inmediato de la Diócesis y manual a seguir durante los próximos años, abre puertas a una pastoral cofrade definida, a un enfoque respetuoso y positivo de la piedad popular, y a numerosas y necesarias transformaciones que dependerán de todos los que, con prudente paciencia y valiente decisión, se animen a aplicarlas. Empezando cada cual por uno mismo, por supuesto. En el primer Lunes Cofrade del curso, el pasado 17 de octubre, dedicado a presentar la Asamblea a las hermandades, el obispo perfiló el marco normativo como "un traje a medida" que debiera ser recibido "más que como unas normas, como un proyecto pastoral". Fue a coincidir el encuentro con don Carlos con la inauguración de la muestra fotográfica del cartel de Semana Santa, una simultaneidad de esas tan habituales en Salamanca, aunque se reveló compatible la asistencia a ambos actos. Sin embargo, al menos en el acto de la Casa de la Iglesia, se ausentaron varias juntas directivas de hermandades, la mitad de las penitenciales de la capital. Otro clásico: nunca dejan de subir las escaleras del Ayuntamiento, siempre les cuesta ascender la de Calatrava. ¿Acaso no interesa, agrada, preocupa, inquieta, interpela, a todas nuestras cofradías que la Diócesis reunida en Asamblea haya hablado de ellas, una parte tan relevante de la Iglesia salmantina?


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