miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Año de la Misericordia

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Xuasús González

Detalle del pie del Cristo Yacente de la Misericordia | Foto: ssantasalamanca.com

Entre el 8 de diciembre de 2015 –festividad de la Inmaculada Concepción de María– hasta el pasado 20 de noviembre de 2016 –Cristo, Rey del Universo–, la Iglesia universal ha celebrado el Año de la Misericordia, un jubileo extraordinario convocado por el Papa con la bula Misericordiae Vultus, y que venía a conmemorar, a su vez, el medio siglo transcurrido desde la clausura del "revolucionario" Concilio Vaticano II.

Estos once meses largos han sido tiempo de perdón y reconciliación, en el que hemos tenido la oportunidad de cruzar la puerta santa y obtener indulgencia plenaria. Y han sido tiempo también de, digamos, desinterés en aprovechar el potencial de las cofradías…

El mundo cofrade tiene tirón; de eso no cabe duda. No hay más que fijarse en el seguimiento que tiene todo lo que suene a Semana Santa, y compararlo con otros ámbitos de la Iglesia. ¿Por qué no aprovechar, entonces, las posibilidades que ofrecen los cofrades como agentes de evangelización?

¿Qué han hecho las cofradías en este Año de la Misericordia? Digamos que se podía haber contado con ellas para mil cosas, pero la ocasión parecía clara para, al menos, organizar una salida extraordinaria por todo lo alto. Y, si se quiere, la coyuntura lo ponía fácil: con la imagen del Cristo Yacente de la Misericordia –la advocación viene como anillo al dedo–, con su banda, su cortejo, la participación de todas las cofradías con sus estandartes…

Seguro que hubiera tenido una gran acogida, y que hubiera acudido –de una u otra manera– un gran número de fieles. Como ha ocurrido en otras diócesis que sí han optado iniciativas de este tipo, entre las que cabe destacar por su magnitud el caso de Sevilla, con el Gran Poder recorriendo las calles de la capital hispalense entre miles y miles y miles de personas.

Sí… Es cierto que se celebró hace unos meses el vía crucis de la Misericordia –menos es nada–, pero quizás se podía haber ido un poco más allá. "Exprimir" un poco más el potencial semanasantero, vamos, que seguro que puede dar mucho –mucho– más de sí. Y es una verdadera lástima no aprovecharlo, que estamos en la Iglesia como prescindir de "activos"…

La Asamblea Diocesana en general, y el grupo "Cofrades" en particular, tienen muy frescas las conclusiones de este tiempo de reflexión sobre la nueva etapa evangelizadora que estamos iniciando. Una nueva época, con necesidades diferentes, en la que el mundo cofrade puede desempeñar un papel muy importante. Solo hace falta que se le quiera dar cabida...


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