domingo, 12 de febrero de 2017

En la encrucijada: ¿y si damos un salto?

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Francisco Gómez Bueno

La Virgen de la Amargura, en lo alto de la calle de la Compañía el Lunes Santo | Foto: Daniel de Arriba

"Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos"
(Mateo 5: 16)

Aunque la Semana Santa es y debe ser ante todo una manifestación de religiosidad, su declaración como como cita de Interés Turístico Internacional supone también la constatación de que estamos ante algo más que una mera reunión de fieles que quieren compartir su espiritualidad, exteriorizarla y sacarla a la calle.

Hacer las cosas cada vez mejor, hacia adentro y hacia afuera, es el contenido del trabajo admirable que durante todo el año realizan un grupo de personas, nunca suficientemente amplio, implicadas en la primera línea de batalla en sus respectivas cofradías.

Ahora bien, la Semana Santa de Salamanca se encuentra, como otras muchas, en un momento de encrucijada. Es cierto que surgen nuevas manifestaciones de espiritualidad que vienen a aportar y enriquecer desde muy distintos puntos de vista y que hay un afán común de dotar de la máxima significación religiosa a los actos, tradiciones y desfiles. Pero nuestra Semana Santa tiene problemas graves (infinitamente más graves que el acento que adopten los jefes de paso) que se dejan notar de manera especial en las cofradías con ‘menos músculo’ pero que en definitiva amenazan a todas por afectar al conjunto, a la esencia misma de las celebraciones.

Más allá del laicismo, del descreimiento o la crisis de valores -conflictos comunes en la sociedad de hoy-, si hablamos de la situación en Salamanca faltan, es evidente, hermanos de fila en la mayoría de las salidas; faltan hermanos de carga para algunos pasos; y falta, en general, esa sensación de empuje que se aprecia en otros lugares.

Demasiado reto como para que pueda afrontarse en solitario por tal o cual cofradía. No se trata, o no solo, de incorporar un determinado momento iconográfico o apostar por dar cabida a nuevas estéticas. Se trata de un frente al que todos están llamados y que debe resolverse con una voluntad común.

Salir de la encrucijada. ¿En qué dirección? Supongo que cada uno trata de aportar desde donde cree que puede ser más útil. En mi caso analizando debes y haberes, creo que ha llegado el momento de buscar un consenso que ataña y reúna a todos los implicados en torno a una Junta de la Semana Santa que tendría que tener una mayor potestad organizativa. Ya sé: hemos estado años renovando estatutos y ese debate ya está cerrado, pensarán algunos. Sí, pero las oportunidades, los momentos y las coyunturas son caprichosos y a veces hay que cambiar de planes en mitad de la jugada.

Esa potestad organizativa, que no debe leerse desde la capacidad impositiva o coercitiva sino desde la legitimidad de encabezar la búsqueda de acuerdos, debería pasar por abrir un debate que permita aprovechar las posibilidades tecnológicas actuales para subir un escalón o un par de ellos en la proyección de la imagen de nuestra Semana Santa.

Creo que sería conveniente abrir la reflexión sobre la posibilidad de implantar un recorrido común para todas las cofradías que, respetando la libertad de cada una para elegir el itinerario de ida y venida a cada una de sus sedes, garantice un discurrir organizado de procesiones, con horarios controlados y conocidos por todos los interesados, a la hora de transitar por aquellas calles que, no lo olvidemos, configuran el gran pilar de nuestras celebraciones: su incorporable entorno.

¿Todo esto para qué? Pues en primer lugar para conferir una sensación de más organización y uniformidad de criterio y en segundo, y fundamental, para plantear de una vez por todas una mayor coordinación entre administraciones, cofradías y medios que posibilitara una amplia agenda de retransmisiones en directo con capacidad de impacto internacional mostrando lo mejor que tenemos.

Es un debate que puede levantar muchas reticencias pero que convendría afrontar serenamente. Contar con un recorrido común y unos horarios fijados de paso de las cofradías facilitaría enormemente la instalación de un circuito de grabación que gracias a las posibilidades tecnológicas actuales no costaría demasiado emitir vía "streaming" a través de las plataformas de alcance masivo.

Lógicamente, habría mucho trabajo por delante. Acuerdo en las calles (la Compañía y la Plaza de Anaya deberían ser pasos obligados, pero yo no incluiría la Plaza Mayor por muchos motivos), coordinación de horarios y posible reacomodamiento de algunas procesiones (sí, ¡otra vez!), pero estoy convencido del impacto positivo que tendría la medida tanto para la Semana Santa como para la ciudad.

Es solo una idea. ¿Por qué no salir de la encrucijada dando un salto?


1 comentarios:

  1. Aquí cada "tonto" con su tema.

    Si no eres parte de la solución, al menos no seas parte del problema.

    Lo primero que hay que solucionar es el problema que tenemos de participación. Sin gente en las hermandades (fila, paso, ayuda de cualquier tipo) no somos nadie.

    Asique a ver si su medio es capaz de ayudarnos con ese aspecto, de lo contrario, seguimos agradeciendo que durante una semana algunos salgan en la tele, para hacer promoción.

    PD: la primera frase no es para insultar, sino que es un dicho.

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