miércoles, 1 de marzo de 2017

Mayoral

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F. Javier Blázquez

El escultor Fernando Mayoral tallará este año el Cristo de la Humildad | Fotografía: Pablo de la Peña

Escribía nuestro buen amigo Conrado Vicente, en este mismo medio ha casi ya dos años, que estábamos ante el último aviso para que Fernando Mayoral dejase su firma en la imaginería procesional salmantina. La campana, según decía, había sonado y el tren salía de la estación, pero hete aquí que una hermandad, recién fundada, acaba de saltar a los andenes para asirse a los agarraderos del vagón… La comparación es solo por seguir el juego a Conrado, pero vale. Sirve para revalorizar su único artículo en este espacio y viene al caso porque a la postre, según parece, resultó premonitorio.

Y eso es lo importante, que al final va a ser verdad. Que Mayoral, Dios mediante, tendrá su imagen procesional en Salamanca, la del Cristo de la Humildad recientemente encargada por la Hermandad Franciscana. Si todo transcurre según lo previsto, el crucificado será presentado y bendecido por septiembre en el convento de las franciscas descalzas, quedará después expuesto a la veneración en la parroquia de San Martín y recorrerá procesionalmente las calles salmantinas, por primera vez, en 2018, durante las vísperas del domingo en el que la Iglesia comienza a conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor. Así sea.

La noticia, cuando se hizo pública, bien merecía un Te Deum a no sé cuántas voces. Era una asignatura pendiente que hería al mundo cofrade más que las aristas de un chinarro bailoteando en el zapato. Mayoral, aunque en el DNI no figure, es salmantino a todos los efectos. Llegó a Salamanca en 1947 como alumno de San Eloy y aquí se quedó, salvando las estancias en Madrid e Italia para completar la formación. En Salamanca ha dejado, además, lo mejor de su obra. Pero la Semana Santa se le resistía. Los intentos que hubo años atrás, por falta de convicción o de recursos, no cuajaron. Y al dolor de haber perdido en su momento la oportunidad de sumar el nombre de Venancio Blanco a la relación de artistas de la Semana Santa salmantina, parecía sumarse el de Mayoral. El tren se iba yendo, hasta que in extremis le ha llegado este encargo de un Cristo crucificado, vivo, humilde, suplicante. Laudate Dominum omnes gentes. No es para menos.

Mayoral está contento, me consta de primera mano. Mayoral es consciente de que esta va a ser su única imagen en la Semana Santa de Salamanca y que por el contexto que le va a rodear será una de sus obras de referencia. Y se lo ha tomado muy en serio. Tanto que quiere hacer algo distinto a lo que hasta ahora nos tiene acostumbrados, saliendo del molde que hasta ahora ha definido su visión del crucificado. En plena madurez creativa, en las edades que otros solo ya descansan, Mayoral sigue subido al andamio, modelando y dando golpes de gubia, con la asombrosa lucidez del hombre en plenitud y una visión del arte profundamente humana y espiritual.

En ello anda, sin prisa ni pausa, que el ocaso del verano no está lejos cuando la ceniza, este año tardía, anuncia ya la primavera. En ello anda Mayoral, sabedor de que muchas serán las miradas que año tras año juzguen este Cristo suyo, postrero, que llega cuando nadie lo esperaba. El destino le ha dado la oportunidad que antaño le arrebató y no está dispuesto a dejarla pasar, porque la Semana Santa y San Martín son dos escaparates fabulosos, porque una imagen de devoción permitirá a presentes y futuros rezar, llorar, suplicar, confesarse ante un Dios cuya humanidad salió de la imaginación y las manos de Fernando Mayoral. Casi nada.

Será una gran imagen, porque Mayoral siempre es garantía y esta vez va a echar el resto. Se le nota ilusionado, disfrutando del reto, consciente de su responsabilidad con la ciudad, pero seguro, muy seguro de lo que quiere hacer. En su mente ya está todo claro y ahora solo queda ejecutarlo, darle al barro y a la gubia. Y en ello anda. En pocos meses veremos el resultado y ante esa imagen, el Cristo de Mayoral, elevaremos nuestra oración al Padre.

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