viernes, 23 de junio de 2017

El silencio del Tiberiades

| | 0 comentarios
Isabel Bernardo

Cristo en el mar de Galilea, de Tintoretto

Aquel encuentro de Jesús con los pescadores lo dibujó en el siglo XVI el italiano Tintoretto: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis". Ciento cincuenta y tres peces del mar dulce de Galilea llenaron las redes de los discípulos en aquel amanecer de la que sería tercera vez que se les apareciera el Resucitado entre los muertos.

Muchos han sido los artistas que han puesto su talento e inspiración en aquella escena bíblica de la pesca milagrosa. Muchos los que han llenado de azul sagrado las aguas del lago Genesaret o Tiberiades. Aguas, a 210 metros bajo el nivel del mar, que hablarán siempre de aquel Pescador de Hombres al que los cristianos decimos que confiamos nuestro último destino.

Tiene el Tiberiades un silencio que estremece y exorciza los adentros. Un silencio que te arranca de cuajo la entraña y la deja a la intemperie, en carne viva. Hace poco menos de un mes yo tuve la mía entre mis manos. La barca había parado sus motores y las brisas del monte Hermón se quedaron quietas para que todos mis entresijos se presentaran ante mí con toda su crudeza. Nada de mí misma debería huir en el aire. Nada ir tras los pájaros. No. No estaba sola pero todo mi alrededor se llenó de soledad. Hoy en día a los cristianos y a los no cristianos no nos gustan esas cosas. Quedarse solo frente a sí mismo es casi considerado una temeridad, una práctica llena de riesgos innecesarios. Porque sí, hablamos de derechos sociales y económicos, de libertades, pero la fe no entra a formar parte del discurso de la dignidad humana. Arrastrados por las nuevas corrientes del progreso, hemos renunciado a la espiritualidad. El cristianismo es una identidad sin identidad y sin compromiso.

Eché la vista un poco más allá de mis pensamientos tristes, avergonzada. No traía el horizonte del Golán caravana alguna de Damasco para hablarme de la otra orilla. Solo el silencio de nuestra fe. Un silencio sin redes que surcaba con desprecio las aguas donde Jesús vino a invitarnos a pescar. Ciento cincuenta y tres peces son pocos peces para estos tiempos de cifras millonarias. De ahí que hoy la barca de Tintoretto se haya vaciado de pescadores. A pesar de que Jesús siga en la orilla. Siempre esperando.


0 comentarios:

¿Qué buscas?

Temas y autores

cofradías procesiones religiosidad popular arte F. J. Blázquez cultura diócesis pastoral tallas A. Coco Pedro Martín J. M. Ferreira Cunquero imaginería idiosincrasia Félix Torres Tomás González Blázquez comunicación tradición Junta de Cofradías Tertulia Cofrade Pasión estética pasos política José Fernando Santos Barrueco aniversarios Eva Cañas Daniel Cuesta SJ liturgia Andrés Alén Asamblea Diocesana Cuaresma Montserrat González cargos cartelería periodismo turismo literatura Tomás Gil Rodrigo formación publicaciones ritos Antonio Santos Catedral Javier Prieto Navidad exposición fotógrafos pintura poesía Fructuoso Mangas hermanos de carga revistas sacerdotes Asunción Escribano Isabel Bernardo Miriam Labrador Roberto Haro Zamora cultos educación estatutos muerte niños pregón provincia secularización Corpus Christi Francisco Gómez Bueno Jubileo de la Misericordia Peñaranda Xuasús González caridad editorial Ángel Benito Ayuntamiento Carlos Ferrero Conrado Vicente Fernando Mayoral Florencio Maíllo Francisco Rodríguez Pascual José Adrián Cornejo José Anido Paloma Pájaro Pascua Tierra Santa Tomás Martín aplausos música redes sociales restauración subvenciones Ana Ontiyuelo Arturo García Ruiz Carlos García Rioja David Rodrigo Enrique Mora González Guzmán Gombau José Frank Rosario José Javier Rodríguez José Luis Puerto Madrid María José Lanzagorta Nacho Pérez de la Sota Núñez Solé Raúl Román Rosana Hernández Universidad discapacidad encuentros historia justicia jóvenes obituario religiosas vocaciones Ávila