miércoles, 11 de octubre de 2017

Jubilosos jubileos

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Tomás González Blázquez



Cada vez que el 15 de octubre caiga en domingo, hasta el siguiente 15 de octubre la puerta de la iglesia del monasterio de la Anunciación de Alba de Tormes, "la iglesia de las Madres", será puerta santa de plenarias indulgencias. El templo en el que las Carmelitas Descalzas custodian el sepulcro de su fundadora, Santa Teresa de Jesús, se constituirá periódicamente en templo jubilar, lo que incorpora la villa ducal al reducido grupo de los santos lugares de peregrinación que gozan de esta especial gracia por concesión pontificia. Tras el Vº centenario del nacimiento de la reformadora del Carmelo, celebrado en 2015, tanto Ávila como Alba, cuna y sepulcro, gozarán ahora de un jubileo en los ciclos de seis-cinco-seis-once años, ya conocidos porque el criterio de la coincidencia dominical de la fiesta litúrgica, en su caso el 25 de julio, arroja la misma secuencia que se da en los años jacobeos. El Papa Francisco finalmente no las visitó pero obsequia a Ávila y Alba con un legado a conservar y agradecer. Que la Iglesia de Salamanca cuente con este nuevo patrimonio espiritual la dota de un recurso más que, hacia fuera, debe potenciar la recepción de peregrinaciones, tanto en Alba como en la capital, que también se halla en la lista de fundaciones teresianas, y hacia dentro, ha de subrayar el modelo de Teresa como patrona de la diócesis.

En vísperas de la apertura de la puerta santa albense, desde la perspectiva cofradiera puede pensarse en el papel que va a desempeñar la Hermandad de Santa Teresa, y sirve mirar a otras puertas jubilares en las que las cofradías tienen llave y vela encendida. 2017 está siendo Año Santo de la Vera Cruz por partida doble. Desde Pascua y hasta la Pascua siguiente, en un jubileo de varios siglos de historia, también ligado a que el 16 de abril caiga en domingo, el Año Lebaniego, el del Lignum Crucis cobijado en Santo Toribio de Liébana, escondido en un valle cántabro pero venerado por peregrinos procedentes de todo el mundo. Durante todo el año natural, de concesión recentísima pero trayectoria dilatada, el de Caravaca de la Cruz, Vera Cruz de tradiciones y leyendas que cada siete años es Vera Cruz Jubilar allá arriba en su castillo-santuario. Ambos jubileos, alejados entre sí por cientos de kilómetros, comparten raigambre medieval y galones de tiempos de Reconquista, ubicación en comunidades autónomas uniprovinciales que los han enarbolado como reclamo turístico y signo de identidad, rutas de peregrinaje más cortas que las jacobeas pero inspiradas en ellas, y cofradías de la Vera Cruz inmersas en el culto al Santo Leño.

La de Santo Toribio de Liébana se remonta a 1181 y cuida una entrañable costumbre, "La Vez", según la cual entre el 16 de abril y el primer domingo de octubre, cada viernes, dos personas se van turnando en la adoración de la cruz en la iglesia atendida por los franciscanos. Los numerosos pueblos y aldeas del valle lebaniego tienen asignado un viernes para cumplir con el rito, que en 2017 ha arrancado una semana más tarde ya que el día del santo era Domingo de Resurrección. Por su parte, la cofradía de la Vera Cruz de Caravaca ha luchado arduamente hasta lograr el reconocimiento del Año Jubilar a perpetuidad, que tras los extraordinarios de 1981 y 1996 fue aprobado por Juan Pablo II y dio comienzo en 2003, y por la distinción de su santuario con el título de basílica menor en 2007. Mucho tuvo que ver en ello el que fuera su rector-capellán, don Pedro Ballester, fallecido hace pocas semanas. Cuando comienza mayo y a la mitad de septiembre, en Liébana y en Caravaca es fiesta grande de la Cruz, como ocurre en Alba a finales de agosto y mediados de octubre con Teresa. El tiempo se hace santo en los santos lugares. Y así, como un eco de Jerusalén y Roma, a imagen de Compostela, el perdón al que Dios invita permanentemente y en todo lugar, toma la figura de una puerta que atravesar jubilosos. Eterna es su misericordia.


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