lunes, 20 de noviembre de 2017

Semana Santa iconoclasta

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Pedro Martín

Cartel anunciador de la Semana Santa de Salamanca 2018, en su presentación | Fotografía: Ayuntamiento de Salamanca

20 de noviembre de 2017

Podría parecer un contrasentido, incluso una provocación, o quizá fruto de las modas laicistas (que no laicas) que imperan en nuestra sociedad de un tiempo a esta parte, pero el hecho es que si repasamos los últimos carteles de nuestra Semana de Pasión resulta que en los últimos seis años, contando el actual recién presentado, tan solo en uno, y no de forma protagonista, vemos una imagen procesional.

Estaremos de acuerdo en que una Semana Santa sin procesiones no es tal, y una procesión sin una imagen que la presida no tiene sentido, pues esto es y no otra cosa lo que persigue la misma: hacer pública profesión de fe con nuestras imágenes de devoción por las calles de nuestra ciudad.

Con estas premisas entenderá el lector avispado que no me gustan los mencionados carteles de los últimos años, y nada más lejos de la realidad. Como fotografías tienen todo su valor artístico realizado por su autor, y no seré yo, que desconozco los vericuetos de ese mundo, quien dude de su calidad o su técnica, que sin duda la tienen. Pero sí me pregunto qué ha llevado al jurado de los diferentes años a decantarse por trabajos que no presentan, ni por asomo, la centralidad de nuestras procesiones: las imágenes. Y de igual modo, por qué los fotógrafos no buscan instantes de nuestra Pasión con las imágenes como protagonistas. Será por no molestar, quizá por ser políticamente correctos y evitar una imagen religiosa en un cartel promocional, no siendo que nos afeen la conducta.

¿Hemos renunciado definitivamente a las imágenes para decantarnos por una semana santa cartelística iconoclasta? Si a las pruebas nos remitimos, parece que sí, aunque espero que sea una moda como otras tantas que sea pasajera.

El objeto del cartel es promocionar nuestra Semana Santa y, entiendo, atraer a viajeros de todo tipo (culturales, religiosos, artísticos, antropológicos…) atraídos por nuestra Semana de Pasión para que acudan a nuestra ciudad. ¿De verdad pensamos que el ciudadano medio de cualquier feria nacional o internacional donde se promociona, viendo el cartel de este año o los de años anteriores, se siente atraído, emocionado, interpelado, conmovido o fascinado por lo que en ellos se transmite? Sinceramente pienso que no, y que si le quitáramos la palabra "Salamanca" a dicho cartel, pocos, muy pocos de los que lo vieran serían capaces de distinguirlo de los de otros lugares con carteles de semejante corte. Yo no quiero que seamos iconoclastas.


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