viernes, 15 de diciembre de 2017

'La Sacratísima Humanidad' del Hijo en las imágenes de Teresa de Jesús

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Tomás Gil Rodrigo

Escena del Nacimiento de Jesús bordado por Teresa de Jesús en una dalmática conservada en Medina del Campo

15 de diciembre de 2017

Como dije en mi anterior escrito, dedicado al Año Jubilar Teresiano, voy a mostrar las imágenes que utilizaba Teresa de Jesús en sus fundaciones, las cuales ayudaban al camino de la oración. Al estar cerca el Tiempo de Navidad, voy a detenerme en aquellas que tienen que ver con el misterio de la encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios. Las imágenes más numerosas de Teresa son las que tienen que ver con la Pasión de Cristo, sin embargo vamos a contemplar tres que hacen referencia a su infancia.

Ella, tan empeñada en recordar la sagrada humanidad de Cristo, no es de extrañar que detuviera su mirada en el instante en el que Jesús tomó esa humanidad y comenzó el camino de la salvación. La que entró como monja carmelita en el Monasterio de la Encarnación de Ávila, no podía pasar por alto la escena evangélica de La Anunciación. En su Breviaro, conservado en su segunda fundación de Medina del Campo (1568), tuvo que meditar muchas veces ante la imagen de La Anunciación: "Acuérdome cuando el ángel dijo a la Virgen sacratísima, Señora nuestra: La virtud del muy alto os hará sombra" (Los Conceptos del Amor de dios 5, 2). El grabado recoge, además del saludo del ángel a María, el hecho mismo de la Encarnación, pues Jesús ya tiene la forma humana de un niño, que desciende enviado por el Padre, llevando sobre su hombro la cruz de la Redención. El Espíritu Santo, debajo del Padre y el Hijo, hará posible este misterio, fecundando las entrañas de la Virgen.

Grabado de La Anunciación del Breviario de Teresa de Jesús conservado en Medina del Campo

Teresa no solo escribió poemas dedicados al Nacimiento de Jesús, sino que lo bordó con sus propias manos en una dalmática, que se conserva en el Carmelo de Medina del Campo. Posiblemente, detrás de está representación de vivos colores, Teresa copió alguna página de un cantoral iluminado de estilo flamenco. Por la disposición de los personajes principales, nos recuerda a la tabla del Nacimiento que pintó Juan de Borgoña para el retablo mayor de la Catedral de Ávila a principios del siglo XVI, que tantas veces tuvo que contemplar la joven Teresa cuando acudía a la Eucaristía. El asombro de ver nacer a Jesús pobre y desnudo, el cual es adorado en el pesebre como el Señor por María y José, fue para Teresa el motivo de la pobreza y la descalcez de la reforma carmelitana: "Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa, sino en el portal de Belén adonde nació, y la cruz adonde murió" (CP 2, 9).

Y sobre un arca, que sirvió de sepulcro de Santa Teresa mientras permaneció su cuerpo en el Convento de San José de Ávila, se encuentra una pintura flamenca sobre tabla de la Virgen con el Niño. Es una obra de calidad de principios del siglo XVI, que Teresa trajo de su casa familiar, con el propósito de que las hermanas la meditaran. Aparentemente transmite ternura, Cristo se pone en pie y abraza a su Madre para darle un beso. Pero sucede algo más, el Niño ya sabe caminar, es el momento en el que abandona el regazo materno; su beso es de amor y despedida. La mano derecha del Niño toca el corazón de María, aquel que será traspasado por una espada cuando muera en la cruz, recordando la profecía de Simeón. Teresa descubre que Cristo, desde los comienzos de su entrada en el mundo, está encaminado a la Pasión para salvar a la humanidad: "¿Pues luego en naciendo/ le han atormentar? Sí, que está muriendo/ por quitar el mal" (Poesías 13).

Pintura flamenca sobre tabla que Teresa de Jesús llevó de su casa familiar al Convento de San José de Ávila


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