miércoles, 17 de enero de 2018

Apenas doscientos metros

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Pedro Martín

María Santísima de la Caridad y el Consuelo, de la Hermandad de Jesús Despojado | Fotografía: Alejandro López

17 de enero de 2018

Tenía yo una deuda pendiente con la imagen más moderna de nuestra Semana Santa, el Santísimo Cristo de la Humildad, a cuya bendición no pude asistir. Y quiso la casualidad que el pasado mes de diciembre la imagen de María Santísima de la Caridad y el Consuelo visitara el colegio de mi hijo en su misión en este año previo a su primera salida penitencial. Dos nuevas imágenes que, curiosamente, están separadas en su día a día por apenas doscientos metros. Como la visita no se podía demorar, al día siguiente me planté en la iglesia de San Martín para ver la obra de Fernando Mayoral.

Tan distintas aparentemente las dos imágenes, verdad, de estilos diferentes, de concepciones que probablemente no tienen mucho que ver una con la otra. Pero no quiero hablar de lo que no sé, de arte, de escultura, de técnica. Para ello firmas suficientemente acreditadas han escrito y seguirán escribiendo en este medio y en otros.

Llegué a la visita con ojos curiosos y escrutadores, con la sana intención de contemplar y descubrir, de ver la nueva obra. Ante la presencia del Cristo de Mayoral, lo primero que sentí fue pequeñez, no por su tamaño, que también, sino sobre todo por esa sensación de desvalimiento ante un Cristo que se está entregando al Padre por mí, y que me interpela desde lo alto de su portentosa cruz; que me presenta la fuerza y la dureza de la pasión; que me remueve; que me obliga a mirar adentro; que no me deja indiferente. Y todo ello con la máxima humildad nunca conocida. Una imagen que me hizo rezar en mi primera visita, que era solo de curiosidad por esa obra que ya había visto en fotografías.

Eso mismo es lo que me obligó a hacer la imagen de María Santísima de la Caridad y del Consuelo la primera vez que estuve ante ella. Su dulce cara de contenido dolor, su expresividad, sus manos, me llevan de la mano a comprender el misterio de Jesús. Y me hizo rezar, su presencia siempre me hace rezar.

Y eso es lo que espero y le pido a nuestras dos nuevas imágenes, que saldrán por primera vez a la calle con un intervalo de menos de 24 horas: que me ayuden a rezar; que ayuden con su presencia a todos los que las contemplen en la calle y que ayuden a sus jóvenes hermandades, tan diferentes en apariencia y tan iguales en lo esencial, a vivir su fe y a proclamar el evangelio de la vida y la alegría a los cuatro vientos, que falta nos hace.

Esa y no otra es y tiene que ser la razón de ser de estas nuevas imágenes separadas apenas doscientos metros.


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