lunes, 8 de octubre de 2018

Ante el Cristo del Amparo de Villanueva del Conde

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Abraham Coco

El Cristo del Humilladero de Villanueva del Conde, bajo la advocación del Amparo, recibe al visitante de Crucifixus

08 de octubre de 2018

Ahora que el otoño nos recuerda lo que somos, vuelvo a Villanueva del Conde. Es decir, vuelvo al comienzo del verano, a los artículos por escribir en las primeras semanas de julio. Vuelvo a Crucifixus, que es lo mismo que trepar por las hojas del árbol genealógico con la única motivación de hacerlo. No se busquen aquí interpretaciones, análisis ni reseñas especializadas de la exposición comisariada por Antonio Cea sobre los Humilladeros y Devociones de Pasión en la Sierra de Francia, tercera de la serie Temporalia que aún puede visitarse hasta el 4 de noviembre y que reúne 24 crucificados de igual número de pueblos de esta comarca.

Podría haber regresado de otro modo a Villanueva del Conde, pero lo cierto es que el coche tomó ese desvió gracias a Temporalia. Es domingo y da la bienvenida una vecina, con tanta buena voluntad como regocijo. Pronto la campana llamará a misa de doce. Es ella quien nos explica que el Cristo del Amparo, el del humilladero del pueblo, ejerce de anfitrión y por eso nos recibe tras la puerta, junto al rótulo informativo de la muestra.

Aun sabiendo que todos los cristos del mundo son los mismos, un Padrenuestro ante el Cristo del Amparo de Villanueva del Conde significa más para quienes nunca tuvimos pueblo ni rastreamos ancestros. Es un Padrenuestro como el que décadas atrás pudo rezar la bisabuela Catalina de la mano de su madre, Isidora, el nombre más antiguo que me conecta con estas tierras, a las que vuelvo ahora que el otoño se expresa con crudeza.

Es un Padrenuestro como otro cualquiera. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad  en la tierra como en el cielo. Ni siquiera daría para un artículo, aunque lo esté escribiendo. Tal vez deba volver a esta iglesia y saber qué día fueron aquí bautizadas Isidora y Catalina, muerta joven, en la inmediata posguerra, con cuatro hermosas niñas a cargo de su viudo.

Del Cristo del Amparo escribe Cea en el catálogo editado a propósito que "destaca entre los de la Sierra por la canónica armonía de su figura y por la intensidad expresiva de su rostro, quizá concebido por su autor para representar el pasaje de la Quinta Palabra: sitio ('tengo sed'), pidiendo agua de amor al devoto que se acerca humillado a orar".

Cuántos padrenuestros ante tanta devoción hoy ajada. Generaciones de fe, de búsqueda, de súplica y gratitud. Es imposible no detenerse en cada uno de ellos, testigos de oraciones que hoy me hermanan con mi pasado. Un recorrido patrimonial y humano hasta rematar en esa Piedad en cuyo regazo cabemos todos con la que el mogarreño Florencio Maíllo ilustró el cartel anunciador de la Semana Santa de 2017 para la Tertulia Cofrade Pasión.

El humilladero se hace así cuna. Y la exposición, experiencia vivida que rememoro en este inicio de otoño, donde lo perenne se hace caduco y cualquier metáfora similar.


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