lunes, 29 de octubre de 2018

De prioridades, encrucijadas y tiempos nuevos

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Tomás González Blázquez

El marco normativo-pastoral para cofradías fruto de la Asamblea Diocesana aguarda su aprobación | Foto: Pablo de la Peña

29 de octubre de 2018

Cuando estas líneas vean la luz intuyo que aún no habrá sido aprobado el marco normativo-pastoral que la Asamblea Diocesana acordó dar a las cofradías salmantinas, pero estará muy cerca la rúbrica del obispo una vez sea presentado el texto ante el consejo diocesano de pastoral y el consejo presbiteral. Esas ya célebres "normas", aguardadas en general con esperanza por los más involucrados en el día a día, aunque en algún caso suscitarán recelo y en el cofrade medio despertarán indiferencia, pues ni sabe que la diócesis va a proponer una orientación para la pastoral de las hermandades, determinarán lo que esta ha de dar de sí en los próximos años. Sin embargo, el curso pastoral ya ha comenzado en las parroquias, las unidades y arciprestazgos, mientras que la Coordinadora Diocesana de Cofradías y Hermandades, en la encrucijada del marco normativo y de una nueva configuración del Apostolado Laical de la diócesis, se prepara para un tiempo nuevo sin sujetarse a un programa anunciado en septiembre como ha ocurrido en cursos pasados. Resulta lógico que no inicie la nueva etapa hasta la aprobación de un texto al que dar vida y contenido, aunque sea unas semanas o meses más adelante. No obstante, como todos los grupos y comunidades, la Coordinadora, pero también cada cofradía y hermandad, están invitadas a acoger en este curso 2018-2019 las cuatro prioridades pastorales para la aplicación de la Asamblea Diocesana.

  1. El domingo, día del Señor. Y en su centro, la Eucaristía. ¡Qué valiosa la tetralogía sugerida por fray José Anido en este mismo espacio! Serviría de mucho repasarla para lograr fomentar una pastoral eucarística y del domingo en nuestras hermandades, que no puede perder de vista ni la deseable integración en la vida parroquial y diocesana ni la particularidad de cada cofradía, de sus templos, de sus imágenes y tradiciones… que siguen siendo un argumento para que el cofrade que no vive habitualmente el domingo ni frecuenta la Eucaristía se acerque a ellos convocado por su hermandad.
  2. La iniciación cristiana. En la misma línea, abundan las familias jóvenes en las cofradías: niños que pronto se visten con el hábito penitencial pero les cuesta más seguir con fidelidad la catequesis de la primera comunión, o adolescentes que quizá no se plantean confirmar su fe aunque no dudan a la hora de procesionar. Es mucha la importancia de las hermandades en este aspecto. Deben motivar, presentar con nitidez los sacramentos de la iniciación e incluso alentar proyectos dentro de la pastoral parroquial. ¿Acaso no se pueden nutrir los grupos de comunión y confirmación con niños y adolescentes cofrades, y también exhortar a los más adultos no confirmados a completar su proceso de iniciación? Ya ha habido y hay experiencias.
  3. La evangelización de los jóvenes. Esta prioridad insiste en la anterior, y demanda una mayor cercanía entre la pastoral juvenil diocesana y las cofradías. Convendrá reflexionar sobre lo que el Sínodo dedicado a "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional" pueda aportar a esta necesaria aproximación, que tampoco es extraña a la vida reciente de la diócesis pero no se ha terminado de impulsar. Y quizá haga falta pensar algo sobre los no pocos cofrades que viven en pareja pero rehúsan formar un matrimonio cristiano: es una vocación que debiera sugerirse abiertamente desde cada cofradía a sus miembros.
  4. El acompañamiento. Parece propio de unas instituciones que se definen en su nombre como expresión de la fraternidad. Si no se está acompañado en una cofradía, ¿dónde se va a estar acompañado? Pero no, a menudo apenas conocemos al cofrade que carga delante de nosotros o que nos cae en suerte como compañero de fila. Ni siquiera cuando se quita el capuchón. Los hermanos enfermos, los que están viviendo separaciones matrimoniales, los que no ocultan sus enfrentamientos personales… Esas debilidades merecen un acompañamiento para el que hay que formarse y, sobre todo, animarse. 

Poner en negrita durante este curso esos cuatro asuntos, siempre vigentes, y recurrir a los materiales y convocatorias que la diócesis  ha elaborado para apoyar la acción de cada uno, es una manera de aplicar la Asamblea Diocesana en el ámbito concreto de las cofradías. No sea que luego nos dé por decir: "¿Lo de la Asamblea…? Es que la diócesis no lo puso en práctica…".


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