viernes, 5 de octubre de 2018

El peso del paso. Carta abierta a los hermanos de carga

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Fructuoso Mangas

Hermanos de carga de la Vera Cruz portan el Cristo de los Doctrinos el Lunes Santo | Fotografía: Daniel de Arriba

05 de octubre de 2018

Desde el afecto y desde cierta preocupación, más cristiana que otra cosa, os escribo estas líneas sin especial insistencia, la verdad, y sin ninguna solemnidad, pero sí con interés suficiente para escribirlas con cuidado y con mucha consideración.

En primer lugar, un sentimiento agradecido por el esfuerzo y la dedicación, desde los ensayos del paso acompasado hasta la intensidad y la exigencia extrema de momentos como los que cada año viven, por poner un ejemplo bien visible, los del Amor y la Paz, varones y mujeres, subiendo por la estrechez de Tentenecio. Basta ver sus caras para sospechar el esfuerzo que hay detrás. Es un esfuerzo, el vuestro, de horas que, supongo, costará lo suyo. Y por todo esto, como decía, el agradecimiento.

En segundo lugar, y como razón de peso y del paso, no olvidar a Aquel que soportó nuestros pecados y quebrantos con la cruz sobre los hombros y que fue, en cierto modo, el primero y más noble de todos los porteadores de pasos y cruces que vendrían después. Es el Señor, con su Vida y su Palabra, quien da razón y lo que justifica ese gesto original y específico de cargar con un paso. Y ese antecedente del Señor que lleva el peso de la cruz, además de darle sentido, le da nobleza y dignidad y justificación. Ahí es nada y es algo que no se puede olvidar, por su altura y por su exigencia.

Lope de Vega, tan sensible él a estos temas del peso del pecado y de la cruz, escribía esta coplilla que debería aprender todo el que soporta y lleva el peso de un paso:

Mucho le pesa la cruz;
los pecados mucho más,
con ellos ha dado en tierra
pues no los puede llevar.

Y como tercer punto de mi humilde carta, una cautela que, creo yo, deberíais tener siempre en cuenta: es posible que al ir bajo el paso, aislados del exterior, con algún aprieto físico por el esfuerzo dilatado, sin referencia de imágenes ni de gente, os despistéis y os olvidéis del sentido global de lo que estáis haciendo y hasta no percibáis la presencia de los demás cofrades, esos que hacen procesión a cada lado y son la parte visible y más procesional de la cofradía. Sin vuestro servicio el paso y paseo del paso no sería posible, pero sin su testimonio en plena calle (ojalá que todos fueran hoy ya a cara descubierta, pues ninguna antigua razón tiene hoy valor alguno) no tendría sentido la procesión, con paso o sin él. Por eso es importante que, ocultos y a oscuras bajo el paso, sepáis ver en todo momento con quiénes vais y cómo entre todos hacemos posible una procesión digna, cristiana y de calidad. No podéis perder esa comunión explícita con toda la cofradía.

Y todavía otra cautela a la misma altura y hasta más importante si cabe. Que no perdáis de vista el sentido, estrictamente cristiano, de vuestro trabajo y las razones religiosas y evangélicas del servicio que prestáis. Es saludable que purifiquéis los motivos para apuntaros a esa colaboración concreta y que tengáis claros los porqués de vuestra presencia en ese puesto concreto de la cofradía, de la procesión y hasta de la Iglesia. Será bueno que cada cofradía o a quien más corresponda ayude a todos a ver ese sentido y las referencias cristianas que tiene, para que ningún cofrade lo olvide mientras lleva generosamente el peso del paso. Y que a ese esfuerzo físico se prepare cada uno no solo con algún ejercicio de terapia preparatoria, sino también con algún ejercicio cristiano, de oración y reflexión, como cuidado y terapia cristiana.

Y finalmente que ese gesto de servicio llevando el peso del paso, os recuerde siempre que además tenemos que llevar en muchas situaciones de la vida el peso de otros –todo portador de paso debe acabar siendo cireneo– en la vida misma; ahí está la casa y la familia para compartir pesos y gozos, o el grupo de gente amiga y conocida, la comunidad de la cofradía y de la parroquia en las que todos somos verdaderos "cofrades", y por supuesto en todos los pasos de la vida con cualquier prójimo. Al final, y desde el principio y en medio, el que lleva un paso debe acabar siendo un buen samaritano. Amén.

Ah, sin olvidar que es una suerte y una gracia portar un paso en una procesión, por eso cada uno de vosotros tiene que estar satisfecho de su condición y de su servicio y hacerlo con mucho contento y con todo el gozo del mundo. Y por supuesto, enhorabuena y hasta que el cuerpo aguante…


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