viernes, 8 de marzo de 2019

El resurgir de la actividad cofrade

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Paulino Fernández

La Cuaresma es tiempo de reencuentro con la interioridad espiritual... y también con tantos otros cofrades

08 de marzo de 2019

Implacable. El paso del tiempo es implacable e imposible de detener. Corre, sin que nadie pueda sorprenderse o alegar desconocimiento. Este año la Cuaresma ha llegado más tarde que otros años, lo que ha provocado que todos aquellos actos, tan arraigados en nuestro cofrade sentir, se hayan retrasado. Aunque, claro está, también durarán hasta fechas más tardías que otras ocasiones.

La Cuaresma, desde el punto de vista de la fe, tiene una finalidad de reconversión y penitencia que, en demasiadas ocasiones, no se refleja en el modus vivendi del cofrade. Vivimos la Cuaresma, en muchas situaciones, alejada de ese espíritu de preparación para centrarnos en un mero periodo temporal de espera; una concatenación de actos que algunos podrían llegar a banalizar al desposeerlos de su teológico trasfondo para ser un vacuo rito rutinario.

La Cuaresma es tiempo de reencuentro, reencuentro con la interioridad espiritual. Sí, y también de reencuentro con tantos otros cofrades, hermanos nuestros, que comparten aquella íntima devoción personal que te lleva a estar en ese lugar año tras año. Y en esta ocasión esos reencuentros son, sin lugar a dudas, más especiales en muchos casos. Porque este año dos de nuestras corporaciones más señeras y arraigadas están de celebración: recordamos este año el 75 aniversario de la Hermandad Dominicana y el de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Perdón.

La primera de ellas, hasta el momento, solo ha manifestado externamente esta celebración mediante la salida en el Vía Crucis de la Junta de Semana Santa de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Promesa, talla titular de la homónima filial. No termina de comprender muy bien el que suscribe estas palabras el motivo de esta salida, ya que se cumplirán 75 años de esta corporación filial en poco tiempo, pero no deja de ser un orgullo ver cómo su devoción va creciendo poco a poco, máxime tras haber colaborado, junto a otros hermanos de la Hermandad Dominicana, en su recuperación cultual. Por su parte, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Perdón ha organizado una eucaristía, besapié y ágape de confraternidad, en una clara muestra de que no es necesario salir a la calle para cumplir con los fines estatutarios o para celebrar una fecha especial.

Sin embargo, en mi opinión, este 75 aniversario no deja de ser una efeméride señalada. Una ocasión especial e irrepetible que podría demostrar, nuevamente, el valor humano y caritativo de nuestras cofradías. Podría aprovecharse esta fecha para que la Hermandad Dominicana aumentase su colaboración con Proyecto Hombre, aquella asociación que a tantas personas con problemas de adicción ha tratado. Y, a la luz del reciente anuncio realizado por esta de abrir un nuevo centro en el Monasterio de las Bernardas, ¿qué mejor manera de rememorar esos 75 años de Perdón que trabajar junto a esta asociación en la reinserción de personas con problemas de adicción, llevando así un paso más allá la voluntad de dar una "segunda oportunidad" en la que participa la hermandad de la Prosperidad?

No dejan de ser ambiciosos sueños, sí. Pero el potencial humano de nuestras hermandades es incalculable: en nuestras manos está aplicarlo para que la ciudad de Salamanca comprenda que nuestra labor es colaborar en el anuncio del Evangelio y el ejercicio de la caridad hacia nuestros prójimos.


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