miércoles, 13 de marzo de 2019

'Solo el penitente pasará'

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Andrés Alén

"Solo el penitente pasará", obra de Aída Rubio para el cartel "Pasión en Salamanca 2019" de la Tertulia Cofrade Pasión

13 de marzo de 2019

En la búsqueda del Grial, ya en Petra, en el templo secreto del cañón de la media luna, Henry Jones (Connery), padre de Indy (Ford), herido de muerte, lee a su hijo las notas del diario que contienen las claves para pasar las pruebas, el desafío final, sacadas de las supuestas crónicas de san Anselmo, (el guión real es de Jeffrey Boam, Lucas, Meyes). Primera prueba (ya habían rodado varias cabezas de nazis altivos que pujaban por el sagrado cáliz). El sabio profesor pronuncia esta frase: "Solo el hombre penitente pasará".

Parece que no es este tiempo secular proclive a penitencias, ni cuaresmales. Se lleva eso de la autoestima como potencial fuente vigorosa de la autoafirmación, el no arrepentirse de nada, asumir el pasado de cada cual tal cual. En otros tiempos, los míos, a esa gente autoafirmada se la denominaba engreída, creídos, soberbios, cuando no chulos, pero la sicología moderna apuesta por otras interpretaciones, seguramente, políticamente más correctas.

Vaya usted ahora a restaurar el más mínimo concepto de pecado. Aquello del examen de conciencia, dolor por las faltas, revelar y cumplir. Ahora, en esta sociedad occidental sumida en el merengue de autoestima, la del cambalache que profetizó Discépolo, en el dos mil también, poblada de frikis, gilis, chorros, tertulianos que le han robado la infalibilidad al Papa y la omnipresencia a Dios, vaya Vd. a pedir humildad, sinceridad, arrepentimiento…, ni soñarlo. Pero si ya se nos han vaciado los confesionarios en la iglesias, será que ya no hay curas, y comulgamos todos sanados por una sola palabra suya, que basta, pero que no sé si esperamos a escucharla.

Reconozco que a medida que pasan mis años cada vez me caen peor los ombligos parlantes, los que constantemente se autocitan, se autorreferencian, se hacen selfies mentales, tanto que ya, también con mi poca o mucha inmodestia, apenas me paro a escucharlos. Es que no vamos a darnos un minuto de silencio, un minuto de oración. Que hasta en las marchas penitenciales en vez de estar solo en ello, se hacen virguerías con los pasos esperando el pago del aplauso en vez de sublimar el dolor de contrición. (Que sí, que es más por enervar el sentimiento, que por personal lucimiento, que no todos aparcan en los bares ni donde más los vean). En fin; bien venido sea el recordatorio que Aída Rubio ha incorporado a su magnífico cartel, que con su diseño en forma de cita, vale por si sola como una obra maestra del arte conceptual.

Creo que no atañe solo a los semanasanteros, sino a los que buscan, a los que son capaces de parar para ver y verse y comprender y comprenderse, que parte de no estar del todo satisfecho, paenitere, arrepentirse, que busca el perdón de quien solo nos puede perdonar.

"Solo el penitente pasará...  el hombre  penitente se postra ante Dios... el penitente se arrodilla ante Dios. ¡De rodillas!", oye, que lo dice Spielberg.


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