lunes, 25 de noviembre de 2019

Adopta una monja

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Ángel Benito

Las clarisas de las Úrsulas, en el claustro antes de su salida | Fotografía: Almeida

25 de noviembre de 2019

El anuncio de la salida de las Claras de un convento histórico se suma a los de las Úrsulas con cinco cierres en apenas dos años. El exobispo de Salamanca, Braulio Rodríguez, planteaba la iniciativa en que toda la comunidad parroquial se volcara en ayudar a las religiosas

En un goteo ininterrumpido, los conventos de clausura van echando el cierre en Salamanca. El primero en hacerlo fue el monasterio de las Bernardas; le siguieron las Esclavas del Santísimo Sacramento, las carmelitas de Ledesma, las clarisas de Ciudad Rodrigo y las Úrsulas y el último en anunciar que hace las maletas es el histórico convento de las Claras. El patrimonio material está asegurado gracias a un convenio pionero de la Fundación Edades del Hombre que garantiza la conservación del arte y sobre todo su puesta en valor. Buena noticia, sin duda.

Sin embargo, ¿qué hay del patrimonio humano? Ante la falta de vocaciones, la mayoría de conventos salmantinos se enfrentan a una media de edad elevada con unos gastos superiores a los que pueden asumir con las pensiones mínimas y los escasos ingresos que reciben por pastas y dulces, bordados, elaboración de formas, etcétera. Hay que recordar que al menos una decena de monasterios de clausura salmantinos requieren de la ayuda del Banco de Alimentos para comer. Resulta grave que una parte tan importante de la Iglesia, que mantiene perenne la oración en la clausura, tenga que hacerlo en una situación que requiera la ayuda de organizaciones externas fuera del ámbito católico para sobrevivir.

Por ello, quizás la propuesta que realizó el que fuera obispo de Salamanca, Braulio Rodríguez, pudiera también servir para nuestra diócesis. El ya prelado "en funciones", si se me permite al haber presentado la renuncia al Papa Francisco, planteó a la comunidad diocesana de Toledo la necesidad de que las comunidades parroquiales se volcaran con los monasterios de vida contemplativa ayudando a sus necesidades e implicando a los feligreses en la supervivencia con el proyecto de hermanamiento titulado En un solo corazón. En una carta enviada a la comunidad diocesana lamentaba que "hemos dejado los católicos de Toledo muy solas a las hermanas contemplativas, sin caer en la cuenta del valor que tiene en la Iglesia esa hermosa vocación eclesial". Tras la crítica llegaba la propuesta y pedía a las 273 parroquias "adoptar" a uno de los 37 monasterios de Toledo. Así, mostraba también su denuncia hacia los católicos que solo se preocupan del futuro de los bienes históricos sin pensar en el patrimonio humano que se pierde.

Quizás sería una buena oportunidad para abrir los ojos y tratar de implicar a las comunidades parroquiales también en Salamanca, e incluso a las cofradías, ligadas muchas de ellas a la ya antigua actividad monástica como se ha visto en Vera Cruz, Seráfica y Perdón, las Isabeles con el Cristo Yacente o la relación tan estrecha que unía a Jesús Flagelado con las Claras que ahora se trasladarán al monasterio del Corpus, o la reciente Hermandad Franciscana con las Franciscanas Descalzas. La diócesis debe buscar un medio de implicar a la comunidad católica en la protección de sus bienes más sagrados: el patrimonio humano. Incluso "adoptando" una monja.


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