miércoles, 20 de noviembre de 2019

Magnífica fotografía para un gran cartel

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Félix Torres




20 de noviembre de 2019

¡Magnífica!

Es la expresión que me salió de lo más hondo, cuando vi la fotografía seleccionada para ser cartel de nuestra Semana Santa este próximo año 2020 en el concurso que, como todos los años desde hace treinta y cinco, organiza nuestra Junta de Semana Santa. Lo hice salvando, incluso, ese escepticismo que tantas veces he hecho público en lo concerniente a concursos fotográficos y resultados previsibles por encorsetados.

Lo hice porque la fotografía ganadora, más allá de carteles y composición tipográfica –también interesante–, destaca por sí misma, llegando a cautivar al espectador que se deja llevar y entra en el ambiente que se abre en la misma. Una imagen que quien la mira se ve como parte de esa fantasmagoría en la que hombres velados arropan a un Cristo de nítida figura que se afianza seguro sobre sus andas.

También es cierto que, una vez conocido el autor de la imagen –cosa relativamente sencilla para los iniciados–, no cabía mejor expresión que aquella. ¡Magnífica! Y por ello, entre otras muchas cosas, este texto de hoy quería venir también a mencionar al menos a Manolo. Reconocer admiradamente a Manuel López Martín, flamante ganador de este concurso en la presente edición. Fotógrafo de reconocida trayectoria, con una particular visión de la escena que hace de sus encuadres y resultados finales una captura etérea de una realidad que casi flota. Una interpretación onírica de la realidad inalterada o modificada únicamente por su composición y manejo de la técnica. Todo esto y algo más que no sé expresar en palabras quiere ser mi homenaje cariñoso a quien plasmó Cristo y cofrades en la instantánea protagonista.

Pero, seguro que, como todos, el cartel de este año, la fotografía de este año, no se va a librar de críticas cofrades más o menos exacerbadas, lanzadas desde un concepto tradicional de lo que la propaganda de estos actos de religiosidad popular debe ser siguiendo unos cánones que, por clásicos, son los que limitan cuanto se puede hacer en este campo artístico. Unos criterios que se anclan en un quizá erróneo sentido estético, pueril y decimonónico en sus trazas, que acota los horizontes y ata de manos a quien ve más allá de dulces rostros enmarcados por fondos tradicionales y pretende romper, aunque sea un poco, para llegar a otros puertos estéticos sin salirse de lo que en definitiva debe ser representado.

La eliminación de aquellas premisas (imagen, monumento y público) que gobernaban el concurso desde sus comienzos supuso un gran avance en el enfoque, nunca mejor dicho, que se podía dar a las imágenes concursantes. La posibilidad de actuar sobre las fotografías, algo prohibido hasta hace no mucho, ha sido un gran paso adelante en estas convocatorias aunque aún falte algo más. Porque aun así, se necesita, en mi opinión, una mayor libertad en cuanto afecta a fotografías y sus técnicas, revolucionadas y revolucionarias con la aparición de tecnologías digitales que permiten ir mucho más allá de los límites que impone la tradición analógica.

Por ello, antes de convocar el concurso en siguientes ediciones, quizá sería conveniente que una comisión de expertos en distintos campos artísticos y cofrades, se reuniese, evaluase cuanto de novedoso se pudiera incorporar al concurso y redactase unas normas acorde con los tiempos actuales. No romper sino ampliar para permitir nuevos enfoques y el uso de tecnologías desconocidas hace no tanto tiempo. Con ello se seguiría incrementando el patrimonio de la Junta de Semana Santa, ampliando un fondo de originales con un valor artístico añadido que fuese más allá de la imagen tradicional.

No quisiera terminar estos párrafos sin mi admirado y cariñoso recuerdo para H. S. Tomé. Y aunque ya lo hayan hecho estas "páginas" y por duplicado, quiero dejar constancia de mi homenaje a Tomé, artista para el que la fotografía fue la forma de darnos a conocer esa sensibilidad que, de otra forma, quizá hubiera quedado escondida entre las arrugas de su modesta timidez, por ser parte protagonista de esos cambios producidos en este concurso, por ser crítico juez selector y por, sobre todo, ser amigo, consejero y maestro de cuantos participantes en este concurso en los últimos años se prestaron a escuchar todo lo que Tomé podía transmitirles en forma de consejo. Discretamente, en voz baja. Así lo hacía y así se lo reconoceremos cuantos gustamos de su trato afable.


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