jueves, 28 de noviembre de 2019

Montar el belén con el Evangelio

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Tomás Gil Rodrigo

Detalle del belén de la Cofradía de Cristo Yacente de la Misericordia | Foto: AMHC

29 de noviembre de 2019

Ya sé que tratar este tema sin haber comenzado el Adviento es un poco precipitado. No pretendo quitar la importancia a este "tiempo fuerte", que vamos a comenzar de inmediato, en el que somos invitados a profundizar en el don de la esperanza cristiana, que nos prepara para acoger y celebrar el misterio admirable de la encarnación del Hijo de Dios. Una esperanza activa que nace de nuestra fe en Jesús, que vino, viene y vendrá. Sin embargo, quizás por lo que cuesta, o porque no tenemos tiempo en la víspera de la Navidad, compruebo que muchas parroquias, cofradías, conventos, hogares…, empiezan a montar su belén en el puente de la Inmaculada o Constitución.

Lo que ahora os voy a sugerir a los cofrades salmantinos nació de mi viaje a Nápoles en septiembre de este año. Me pareció una ciudad viva, maravillosa y fascinante por su historia, cultura, arte y gentes. Ya sabéis que tenemos muchas cosas en común, incluidas hasta algunas palabras, debido a nuestra relación política durante siglos; una de las más destacadas son los belenes, que vinieron desde allí en los siglos XVII y XVIII, prueba de ello son los que se conservan en nuestra diócesis: los de las Franciscas Descalzas, las Agustinas de Monterrey o las Carmelitas Descalzas de Peñaranda. No obstante, lo que más me sorprendió es que la relación con Nápoles pervive hoy a través de las cofradías de Semana Santa. Hablando personalmente con algunos artesanos de la Via San Gregorio Armeno, situada en el centro histórico, donde tienen sus talleres y tiendas de belenes, me comentaban que muchas cofradías de Semana Santa de nuestro país les encargaban bastantes figuras para montar sus belenes.

Hasta ese día no había caído en la cuenta de que no solo os implicáis en la Semana Santa con vuestros pasos procesionales, sino también en la Navidad montando el belén, sea o no napolitano. Así que, si me permitís y respetando vuestra preciosa tradición, os propongo, antes de desarrollar vuestra creatividad en el belén de este año, unas ideas que nos pueden ayudar para propiciar un diálogo fecundo entre la fe y la cultura. Antes de imaginar el montaje de colocar los edificios y el paisaje, convirtiendo muchas veces el belén en un parque temático del Imperio Romano o de los oficios perdidos, pensad y orar primero el mensaje que queréis contar, que se encuentra escrito en los primeros capítulos de los evangelios de Lucas y Mateo. Estaría bien que el equipo de los cofrades que van a montar el belén lean juntos estos textos, sin darlos por sabidos, para encontrar en ellos la luz que necesitan para ser fieles a la verdad de la fe y al mensaje de la Navidad.

De esta manera, nos centraremos en lo más importante, que es la imagen de Jesucristo, acompañada de María y José. Vamos a representar, ni más ni menos, que el momento en el que Dios cumple con creces sus promesas de salvación, Dios se abaja para dejarse ver y tocar por medio de su Hijo, ha desvelado por completo su misterio de amor, entrando por el último lugar de la humanidad, por eso, tendría que ser el Niño la imagen central, el primero en ser contemplado al aproximarnos al belén, sin que nos perdamos entre tanta figurita, como si el belén fuera un "encontrar a Wally" entre romanos, castañeras, panaderos, pastores, herreros, etc. Al igual que nos preocupamos en poner las luces del belén, no se nos debe olvidar la mejor luz, la Palabra de Dios, elegir algún texto o palabra significativa del Evangelio junto al portal o pesebre podría servir para que la gente contemplara el belén desde la Buena Noticia.

Del mismo modo, para que el belén no se quede solo en una evocación de tiempos pasados, debemos traer al hoy el mensaje del belén. No estoy diciendo que las figuras estén vestidas como vamos nosotros, esa idea no es nada original, ya lo hicieron los artistas y belenistas napolitanos del siglo XVIII, sino plasmar que Jesús nació rechazado en el último lugar junto a los pobres. Los rostros de los que más sufren la injusticia en nuestro mundo deberían aparecer junto a Él de verdad, no como decoración estética o marketing de Benetton u otra empresa, sus gritos deben interpelarnos a cambiar el mundo y nuestra vida desde la persona de Jesús junto a ellos.

Para terminar, mi última sugerencia para el belén de este año, el camino que recorren los pastores, magos o gentes de belén, bajando hasta el pesebre, realizado con la sencilla arena, serrín o corcho blanco, no tiene su fin en el portal, debe proseguir hasta la cruz y el sepulcro vacío, es decir, nos encamina hasta la Semana Santa. Es un camino de bajada, despojo y vaciamiento, y se podría representar en el belén la continuidad de este camino de Jesús y del Evangelio hasta al cruz. Ahí confío en vuestra creatividad, que tenéis mucha con respecto a la Pasión del Señor.


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