martes, 6 de abril de 2021

Semana Santa en el corazón

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José Fernando Santos Barrueco

Pancarta con el lema "Semana Santa en el corazón" | Foto: José Fernando Santos Barrueco

06-04-2021


Con este mismo título apareció el 15 de marzo un artículo de Paco Gómez. Además, han aparecido, como no podía ser de otra manera, otros artículos que tratan desde diferentes aspectos la anormalidad con la que hemos vivido la Semana Santa en 2020, extensible al 2021, ante la triste y desgraciada pandemia del COVID 19, que tantas muertes, dolores, y situaciones de penuria está dejando en nuestra sociedad y mundo semanasantero.

A pesar de esos artículos, la visión del programa de la 8 dirigido por el ya aludido Paco Gómez, en torno al pregón de nuestra Semana Santa, me ha llevado a escribir esta reseña, impulsado por varias opiniones de los pregoneros que asistieron al mismo, a las que yo venía dando vueltas para una publicación en esta revista digital. La difusión del cartel de la Junta de Cofradías, con el lema que da título al artículo, me animó definitivamente a escribirlo.

Es triste ver que la suspensión de las procesiones por motivos de seguridad, se haya traducido de manera muy generalizada como una «suspensión de la Semana Santa». Esta responde a la celebración de la pasión y muerte de Nuestro Señor, ocurridas en un momento histórico, en un tiempo y lugar determinados, culminando en el triduo pascual de la resurrección de Cristo, que da sentido a nuestra fe y fundamenta nuestra esperanza. Aquella forma de verlo iría pareja al lamentable hecho que parece darse en algunos cofrades, del alejamiento, e incluso baja, quienes al no haber procesiones, concluyen que no tiene sentido seguir perteneciendo a la cofradía.

En este contexto, me parece acertadísimo el slogan de «Semana Santa en el corazón», pues tiene que ser ahí dónde se espabilen nuestra fe y sentimientos cristianos que den sentido al hecho de ser cofrade y a la alegría y esperanza en la celebración del triduo pascual.

Ser cofrade supone mucho más que salir en una procesión o cargar con una determinada imagen. Es un compromiso con la cofradía o hermandad, con su razón de ser y los fines que persigue. La procesión nunca será un fin, sino un medio, aunque sea el más visible y conocido, pero «solo» un medio para manifestar y exponer en la calle esos hechos que llevamos en el corazón. Son como una catequesis para atraer la devoción hacia los misterios que celebramos en la Semana Santa. Y por ello existen, ¡porque existe la Semana Santa!, pero nunca al revés. Tengamos las ideas claras.

El compromiso cofrade supone integrarse en la hermandad y conocer el por qué de su fundación y los fines que la mueven, fines que buscan la caridad fraterna con los hermanos necesitados, con el prójimo y la sociedad, por amor de Dios. Practicar y poner en común el culto sincero y la misericordia. Desde la oración comunitaria («Os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos», Mt 18,19-20), oración que se interioriza en el recogimiento de la procesión y debería extenderse también en la participación en los cultos y actos litúrgicos, no solo en los que la cofradía celebra a lo largo del año, en los que sería más que deseable la presencia mayoritaria de los hermanos, sino también, en la integración en la vida parroquial y diocesana.

Caridad también en el aspecto económico, para el que son necesarias cuotas y donativos, y en el acompañamiento y cercanía a los más necesitados de nuestra sociedad. En vez de no aportar la cuota por no haber procesión, sería deseable que en situaciones de necesidad, en las que algún hermano no pudiera aportarla, fuera sufragada por el resto de hermanos, al menos, en aquella cantidad que el presupuesto de la hermandad destinase a obras de caridad, para que estas no se vieran afectadas. Compromiso también a la hora de «arrimar el hombro» en la cofradía, en la que hay mucha «tela que cortar», no solo en los preparativos para la procesión y en «dejar todo como estaba después de la misma», sino para aportar ideas y colaborar en la ejecución de las mismas, o en las de otros hermanos, que se acuerde interesante acometer. Colaborar también en los medios de comunicación de la cofradía, que deben «hacer familia», informar e integrar a los hermanos, en torno a aspectos de interés de la misma y su vida social, con anécdotas y aspectos a resaltar de sus diferentes integrantes. ¡Hay tanto que hacer y tanto que aportar!

En un ámbito más global y ante estos dos años que nos ha tocado vivir, se ha escrito mucho acerca de cómo debería ser el retorno a la normalidad. Además del entusiasmo y las ganas por volver a la vida normal de las cofradías, con su punto álgido en las procesiones, parece un sentir generalizado, la necesidad de una mayor unión y apoyo entre las distintas cofradías. Cuando todo parece tambalearse, cobra sentido el dicho de que «la unión hace la fuerza». Una mirada conjunta al significado y razón de ser de las mismas, nos debería llevar a unirnos en proyectos comunes, impulsados a través de la Junta de Semana Santa, que puedan visibilizarse y como ahora se dice en los círculos políticos sirvan para «poner en valor» la manifestación de fe que hacemos en nuestras procesiones. Habría que buscar proyectos de ayuda en una sociedad privada de lo más elemental. No se trata de que una cofradía lleve la voz cantante, sino que sea la Semana Santa de Salamanca la que consiga sensibilizar a los que nos ven procesionar en las calles, a través de actos imaginativos, de impacto social y eficaces, en los que se conjugaran los aspectos económicos y de voluntariado a la hora de acometerlos (colaborar con el banco de alimentos, acuerdos con el gremio de hostelería para dar comidas que paliaran situaciones de urgente necesidad, además de ayudar a dicho gremio, etc.).

No es este el lugar para dar ideas, pero estoy convencido de que saldría un buen número de proyectos de interés y consustanciales con el «ser» de las cofradías, que habría que acometer con generosidad y altura de miras, despojándonos de «yoísmos» y protagonismos. Con toda seguridad, ayudarían a que la sociedad se acercara con otra sensibilidad a las procesiones que tanto anhelamos.

¡Feliz Pascua a todos, cofrades!


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