miércoles, 26 de mayo de 2021

Obligado silencio

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 Xuasús González

Músicos | Foto: Pablo de la Peña
26-05-2021

Cuando, al poco de comenzar la cuaresma del año 2020, se hizo oficial la suspensión de las procesiones, a todos se nos cayó el alma a los pies. Afrontábamos ya la recta final que desemboca en la Semana Santa, después de muchos meses de trabajo preparando los días más intensos del año; y, de buenas a primeras, todos nuestros planes se desvanecieron –algo que jamás habíamos, siquiera, imaginado–, como si se tratara de una pesadilla…

Fue un mal trago para todos, de eso no cabe duda; pero, desde luego, uno de los colectivos que peor lo pasó fue el de los músicos cofrades. Quienes hemos formado parte de alguna banda sabemos bien lo que significa dejar atrás el Miércoles de Ceniza y empezar a descontar días… Como todo el año, sí; pero en ese tiempo, si cabe, con mayor afán. Es, entonces, cuando se ultiman los preparativos y se multiplican los conciertos; toda una «puesta a punto» en la que se recoge el fruto que se ha sembrado a lo largo de todo el año. Pero, en 2020, se perdió la «cosecha»…

No es ningún secreto que la de los músicos es una vida sacrificada. Apasionante, sin duda; pero sacrificada. Ni tampoco que, necesariamente, ‘roban’ buena parte de su tiempo libre a sus seres queridos para volcarse en su otra familia, que es la banda, dedicando incontables horas a sus instrumentos. Son muchos –muchísimos– los momentos felices… pero también es cierto que hay otros que no lo son tanto…

Quizás en esa forma de vida tan apasionada se encuentre el motivo de por qué son ellos uno de los colectivos que más se involucran en el día a día de la celebración pasional; y también uno de los que más suspiran por recuperar cierta normalidad que les permita volver a la ansiada rutina…

El Domingo de Resurrección de 2020 reiniciábamos la cuenta atrás con la vista puesta en la de Semana Santa de 2021. Y lo hacíamos, confinados en nuestras casas, con la esperanza de que todo por lo que habíamos pasado no se volviera a repetir nunca más; y confiados –quien más, quien menos– en que, para entonces, habríamos recobrado ya cierta normalidad…

Pero no… A medida que el tiempo iba pasando, las expectativas no acababan de mejorar. Y las bandas –excepción hecha de alguna intentona aislada– seguían calladas. Los instrumentos continuaban sin sonar. Y los músicos aguardaban la ocasión de volver a los ensayos. Pero ese momento no terminaba de llegar… y seguían sin poder recuperar su vida, arrebatada –la de ellos y la de todos– por la pandemia de covid-19.

Y llegó una nueva Semana Santa. Y, por segundo año consecutivo no hubo procesiones; aunque, al menos, los templos sí estuvieron abiertos. Pero las bandas, por su parte, continuaron paradas… mientras el mundo cofrade acudía, casi a la desesperada, a los discos o a YouTube para poder escuchar tal o cual marcha; y es que es imposible entender el mundo cofrade sin su música…

Hoy por hoy parece que las bandas vuelven a ver algo de luz al final del túnel. Trabajo les ha costado; aquí mismo, sin ir más lejos, hablaba hace unos días Ángel Benito sobre ello. Esperemos que, ahora sí, se ponga fin a tanto tiempo de obligado silencio. Los músicos lo agradecerán. Y el resto de cofrades, ni que decir tiene, también.


 

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