miércoles, 4 de marzo de 2015

María Magdalena o el preludio de la maravilla

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Paloma Pájaro, autora del cartel "Pasión en Salamanca 2015" | Fotografía: Pablo de la Peña

Andrés Alén

Cuando Paloma Pájaro nos desveló el misterio de su trabajo como cartelista, supe, en ese instante, que era un cartel ante el que no se podía pasar indiferente, como supe que me encontraba, quizás también por ello, ante una obra de arte. Estas son dos convicciones que conviene argumentar, si bien someramente.

Este cartel era radicalmente novedoso, estéticamente llamativo (con un rojo que, si de pasión se trata, no puede ser más adecuado, como si atañe a la sangre o a claveles),  técnicamente perfecto. No conozco a nadie con más destreza manejando lápices de colores, compositivamente vigoroso hasta el alarde y publicitariamente eficaz, diría, sonoro como un grito. ¿Cómo pasar  impasible frente al nuevo nacido?

También hablé de arte, y ¡claro! Cuando la obra respira estilo, que es esa forma genuina de ser del autor, sin remedos, ni plagios, por tradicionales que sean, y esa manera de ser aporta originalidad a esta historia y se arraiga en conceptos que indagan en el conocimiento y en el sentimiento de todos los que lo miran y ven, hasta conseguir su reacción o transformación, y narra y profundiza, adecuando todo eso que ansía transmitir a una idónea y personal poética, si todo esto sucede,  generalmente estamos frente a la bella rara avis de la obra de arte. (Respirar)

Y uno que, más en estos tiempos de Cuaresma, piensa en esta ciudad de Salamanca como un hermoso joyero que sólo debiera contener  bellas alhajas, se alegra de haber dado con una, que la anuncia, como otro sentido preámbulo a su semana de pasión.

Cuando propuse a Paloma Pájaro como autora de este cartel a la Tertulia Cofrade Pasión, sabía, claro está, de su gran mérito, su dilatada obra, de su tesón y fuerza. Esperaba, lo debo decir, sorprenderme. Imaginaba, no obstante, un cartel quizá un tanto cañí, algo cañero, vistoso, puede que aún tuviera en mente aquel gran cuadro en la exposición que conmemoraba el bicentenario y medio de la Plaza, en Santo Domingo de la Cruz, antes de D. Venancio, escrito a.d.D.V., donde coincidimos, que mostraba una Plaza Mayor alfombrada de hermoso césped, en el que unas bellas damas engalanadas tomaban plácidamente su tentempié. Lo sospechaba pintoresco, tradicionalista ironizando con los tópicos que tanto abundan en esta finca; tenía claro que Paloma Pájaro no podía disimular su rabiosa juventud, su modernidad, la contemporaneidad militante de su arte, pero no pensé que me asombraría de su dimensión espiritual, de su tangible sensualidad y profundidad religiosa. Cuando nos da a conocer su obra por correo escribe Paloma:

El título, "María Magdalena o el preludio de la maravilla", alude al
momento amargo en que la Magdalena (según el Evangelio de Juan) llega
sola al sepulcro y lo encuentra vacío, sólo el lienzo sin cuerpo. No
habiendo encontrado aún al que confunde con el hortelano, María
experimenta un estado de ánimo funesto, abrumada por el cansancio y el
dolor. Ese es el momento que quiero registrar, oscuramente humano,
justo el preludio de la maravilla que pronto acontecerá.

Nótese que la autora opta por describir un momento insólito de la Pasión, creo que nunca antes pintado, imaginado o descrito. Como en un nuevo paso de la Semana Santa enfrenta a la Magdalena a la misma tremenda Soledad con que Juni o Felipe del Corral describen a sus Dolorosas; ya todo consumado, sin la piedad del cuerpo entre sus brazos, ni el llanto manantial que por ellos resbale, ya sólo ausencia y desfallecimiento.

María Magdalena, huellas cicatrices de la vida en su rostro, salió muy temprano a ungir, como antes no se pudo, el cuerpo amado en que depositó toda esperanza. Parece ataviada con cierto esmero. El vestido adamascado repleto de botones, que hoy llamamos charros y que probablemente ya tuvieran esa forma antes de que Salamanca fuera ciudad; todo ello le da un aspecto orientalizante, que me atrae, más si pienso o denuncio que es en Siria o Libia donde hoy se sigue dando testimonio con sangre y martirio de nuestra religión. Ha llegado a la tumba que estaba abierta, penetrado con un grito en el vacío de no encontrar siquiera un cuerpo inerte que testimonie su profundo dolor, que se haga lienzo donde el óleo unja su desesperación.

Sólo el lienzo blanco que envolvió su cuerpo. Este cartel es profundamente religioso por ese lienzo, puesto ahí, precisamente, en primer término. Cáscara vacía de un cuerpo robado, ese cuerpo cuya imagen con tanto desparpajo paseamos arriba y abajo en estos días. ¿Y si no hay cuerpo? ¿Qué vamos a pasear arriba abajo?

Es, como dice Paloma, el momento funesto de la total ausencia.  Nos lo dice con un título emocionante y precioso: estamos en el preludio de la maravilla, ya sabemos:

-Mujer ¿por qué lloras? ¿A quién Buscas?
Jesús le dijo: ¡María!
Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: ¡Rabbuni! -que quiere decir "Maestro".
Jesús le dijo: No me retengas, que aún no he subido a mi Padre, pero vete donde están mis hermanos y diles: "Subo a mi Padre, a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios"

Paloma Pájaro y Teresa Martín presentaron en la Sala de la palabra este cartel con palabras más hermosas que las mías. Cuidaron mucho esa puesta en escena, esa teatralidad que tampoco elude el cartel tratando de comunicar de la mejor manera el apasionante drama. Creo que fue la mejor presentación de cartel de la Tertulia (sin llegar a auto sacramental pero casi). Nuestro Tomé de alma y piel sensible, como gran fotógrafo, me dijo: ha estado de once sobre diez. Pero ya allí también empecé a oír primeras críticas, minoritarias. Pensé "¡ay, lo nuevo!, ¡ay, lo vivo!, ¡ay, el resucitado!". Como si éste fuera más difícil de pasear arriba abajo.

Había algún pero dicho así: de golpe, que siempre hay gente que nunca le da tiempo a la ópera para que se desarrolle. Entre los melómanos ha gustado mucho. Ya sabemos que las opiniones son libres. Desde luego, muchísimo más que respetables,  que lo que deben ser respetables son las personas, mucho más que lo que dicen o piensan (que por eso hay que dejarles expresar sus ideas y hasta la falta de ellas, por ese mismo respeto, sin faltar).

Creo que Paloma debe estar muy contenta, porque esta pequeña aventura de propuesta religiosa, que en un tiempo tan laico siempre entraña cierto riesgo, ha dado como fruto una gran obra, para mí una de las mejores. A mí sólo me queda felicitarla.

El pequeño capillita que llevo en mí siempre atiende a carteles de aquí y de otros lares. Tengo recuerdos de aquellos de Cuenca, Saura, Zapata, de Zamora, Pennetier, Pedrero, Cuasante, la Sevilla de palio florido de Carmen Laffont, cuyos originales vi en el Reina Sofía, muchos de esta misma tertulia cofrade. Desde que vi este preludio de la maravilla ando atento en buscar alguno que se le iguale o supere en impacto, maestría, arte o estilo. Debo decir que de momento ando lejos, como que después de tanto tiempo mirando y viendo, creo que no ando perdido.
Gracias Paloma de alto vuelo por tan inesperado regalo.


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