lunes, 15 de junio de 2015

Nuestro Padre Jesús de la Redención

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Montserrat González

Nuestro Padre Jesús de la Redención en la Institución de la Sagrada Eucaristía | Fotografía: ssantasalamanca.com

Ya está aquí. La tan esperada imagen de Nuestro Padre Jesús de la Redención en la Institución de la Sagrada Eucaristía se presentó el pasado sábado 13 de junio en el convento de San Esteban para su solemne bendición. La imagen pertenece a la Real y Pontificia Archicofradía Sacramental de María Santísima Madre de Dios del Rosario y San Pio V de Salamanca. Con la adquisición de esta talla, la hermandad de gloria pretende la aprobación de la rama penitencial de la archicofradía para poder desfilar durante la Semana Santa. Nuestro Padre Jesús de la Redención formará parte de un costoso grupo escultórico de trece figuras que dará vida a la Sagrada Cena, uno de los pasos que nunca ha tenido la Semana Santa salmantina. El otro paso desfilaría bajo la advocación de la Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos junto a San Juan Evangelista.

Con la denominación aplicada a la divina persona de Cristo, la archicofradía acomete la representación de uno de los dogmas centrales del cristianismo: la Redención, que  reconoce a Jesucristo como "el Redentor" por antonomasia, pues murió en la cruz para salvar a la humanidad de la muerte y abrirle las puertas del Reino de los Cielos. Es el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres y la reconciliación con Dios. Advocación que triunfa entre las hermandades y cofradías de creación más reciente, especialmente las del Sur. Para materializar la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Redención, siguiendo la moda de estas nuevas hermandades, se ha contado con el trabajo de un imaginero andaluz, temiendo, quizá, que escultores salmantinos y castellanos, artífices de rancio abolengo,  no sepan traducir en bellas imágenes y con la suficiente claridad el espíritu de las nuevas cofradías.

En este caso, la elección ha recaído en un imaginero sevillano: José Antonio Navarro Arteaga, en detrimento de escultores cordobeses, más repetitivos en tipología y repertorios iconográficos, como si de modernas escuelas de Olot se trataran. La gubia de Navarro Arteaga, llamado a ser uno de los grandes imagineros del siglo XXI, ha cincelado una bella imagen de Cristo, única y personal, otorgándole esa unción religiosa propia de los antiguos imagineros pero sin perder la modernidad en la ejecución.

Nuestro Padre Jesús de la Redención en la Institución de la Sagrada Eucaristía es una talla de madera de cedro de 190 centímetros de alto, que llama la atención por su excelente resolución anatómica, la impecable policromía y el depurado semblante. Jesús aparece inmerso en sus propios pensamientos, sabedor del amargo trago que le espera, sin perder la serenidad. El cabello, suavemente ondulado, presenta el rostro despejado a pesar de los ligeros mechones que caen sobre sus hombros. El tratamiento de los ojos, la mirada baja, las cejas ligeramente fruncidas, la boca entreabierta y los suaves rizos de la barba, le confieren al rostro una peculiar dulzura. Su mirada transmite su entrega y sacrificio, llamando a los devotos a la contemplación y la oración. La imagen viste túnica blanca de tisú de rejilla de plata y mantolín de terciopelo bordado, cedido por la cofradía de la Sagrada Cena de Sevilla. Completa su ajuar las potencias, que a modo de rayos, adornan su cabeza aludiendo a su triple condición de profeta, sacerdote y rey. Tremendamente interesante es el movimiento que el escultor confiere a la imagen, especialmente en la ejecución de manos y pies, sosteniendo su mano izquierda el cáliz destinado al vino del sacrificio eucarístico.

En espera de las restantes figuras que completen el misterio de la Santa Cena, podremos deleitarnos en la contemplación de esta talla que refleja fielmente el carácter de un imaginero que se mueve entre la tradición y la modernidad, entre la serenidad y el movimiento, dotando a sus creaciones de una fuerte personalidad y un naturalismo dulce y reposado, heredero de la escuela barroca andaluza. Navarro Arteaga ha ejecutado un Cristo bello, hermoso, que impresiona al hombre contemporáneo y que, sin duda, servirá de inspiración para futuras creaciones. En palabras del imaginero gaditano José Miguel Sánchez Peña, escultor de la Virgen de Lágrimas, esta imagen de Cristo "tiene enjundia".


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