jueves, 9 de julio de 2015

Periodismo cofrade

| | 0 comentarios
A. Coco

Los periodistas Ángel Benito y Eva Cañas, en el vía crucis de Nuestro Padre Jesús de la Pasión hace algunos años

Me sucedió hace pocos meses. El entrevistado me esperaba en la Quintana y casi se echó a temblar al verme aparecer. "Qué joven", repitió hasta en tres ocasiones. A las reticencias que el deterioro intelectual del oficio (del laboral no hablamos) suele generar, se sumaba el lastre generacional y el sambenito de la Logse. Así que la charla hubo que hacerla con tiento –con más tiento– hasta vencer las reservas de ese profesor que acababa de publicar el estudio del diario inédito de un peregrino del siglo XVII.

No puedo hablar del menoscabo del periodismo –como de otras tantas profesiones– porque cuando lo conocí ya empezaba a ajarse. Y, sin embargo, en la ciudad de Salamanca, cuando cerraban dos de sus tres cabeceras impresas, ya despuntaba en la Semana Santa el compromiso y el buen hacer de un par de  redactores noveles, emperrados en desterrar el copia y pega de las viejas guías procesionales de las que –cuentan sus autores– había quien repetía año tras año incluso sus imprecisiones.

El título del artículo me lo sirvió Marta, sevillana y periodista, al fotografiar en una marquesina los programas "superiores" de la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio hispalense. En la oferta de diseño gráfico, estilismos y moda, contabilidad o recursos humanos había también cursos de "periodismo cofrade" con "facilidades de pago, becas del 50 y el 30 por ciento y tres meses de prácticas en empresas". Marta le ponía al asunto el retintín y la pesadumbre de quien disiente de la actitud del compadre.

Pensé yo entonces que Ángel y Eva seguro que han tenido que hacer un curso de esos. Incluso que se han tenido que matricular, a la fuerza, en varias ocasiones. Qué digo. Benito y Cañas puede que –no me lo hayan confesado por vergüenza– sean ya enseñantes de la cosa cofrade, en la que tienen tablas a pesar de ser dos treintañeros.

Me insistieron en que para ser buen periodista había que ser humilde, curioso y buena gente, cualidades que ambos cultivan con generosidad. Pero el tema no iba de elogios y sonrojos –o un poco sí– sino de la reivindicación necesaria que de ellos traigo aquí, como profesionales de lo suyo con toda una vida por delante –así lo quieran Nuestro Padre Jesús del Vía Crucis y el Cristo del Amor y de la Paz– para aportar lo mejor que tienen a la Semana Santa. Así como un bordador o un ebanista entregan sus aptitudes a la dignificación de ornamentos, Ángel y Eva lo hacen desde aquello que mejor saben.

Aunque algunos les antecedieran, sus carreras se diluyeron en otros campos que de una u otra forma terminaron por anteponerse a la Semana Santa. Aunque algunos se aplicaran ocasionalmente bien antes que ellos, en Ángel y Eva late una pasión que va más allá de la nómina, más si cabe cuando en el caso de esta vallisoletana de Salamanca (no tendremos ningún “gregorio” en la calle, pero les quitamos esta buena pieza) se hace de forma altruista. Y aunque también algunos concurren hoy con ganas e interés, en Ángel y Eva se reconocen algunas características que les continúan diferenciando del resto.

En el haber de él, con su sonrisa afable, siempre comedido para saber moverse en las trincheras cofrades, se da el olfato de lo noticioso y ha convertido en cotidiana la presencia de la Semana Santa en las páginas de "La Gaceta", lo que a su vez supone un acicate para otros medios. En el de ella, con su bondad innata, su no entender por qué sembrar discordias en los consensos, está el haber tomado las riendas de "Christus" para darle un criterio profesional, una idea de revista que, estoy convencido, hará que los cuatro números engendrados hasta ahora se vean en el futuro como cuatro ensayos imprescindibles para parir una publicación colosal que llegará con más arropo de todos.

No es fácil que en una ciudad como Salamanca, donde la Semana Santa es una más de otras tantas áreas temáticas, destaquen en una misma época dos periodistas, defensores además de la celebración y que incluso conocen algunas de sus cloacas más hediondas y las han callado ante el escándalo que de ellas podría haberse generado en el exterior.

Supongo que en esos cursos de periodismo cofrade enseñarán que es delito –de los que la Fiscalía no deja archivar– llamar al Cristo de uno con el apellido de otro y que se pena con prisión permanente revisable si el error afecta a agrupaciones musicales. Todo lo demás, y encima de gorra, se puede aprender al lado de Ángel Benito y Eva Cañas.


0 comentarios:

¿Qué buscas?

Temas y autores

cofradías procesiones religiosidad popular arte cultura F. J. Blázquez tallas diócesis A. Coco Pedro Martín imaginería pastoral J. M. Ferreira Cunquero idiosincrasia Félix Torres Tomás González Blázquez comunicación tradición Junta de Cofradías Tertulia Cofrade Pasión pasos política José Fernando Santos Barrueco aniversarios estética Eva Cañas Daniel Cuesta SJ liturgia Andrés Alén Cuaresma Montserrat González cartelería periodismo turismo cargos Asamblea Diocesana literatura publicaciones ritos Antonio Santos Catedral Navidad Tomás Gil Rodrigo exposición formación fotógrafos Fructuoso Mangas Javier Prieto hermanos de carga pintura poesía revistas sacerdotes Miriam Labrador Roberto Haro cultos educación estatutos muerte niños pregón provincia secularización Asunción Escribano Francisco Gómez Bueno Jubileo de la Misericordia Peñaranda Xuasús González Zamora Ángel Benito Ayuntamiento Carlos Ferrero Corpus Christi Fernando Mayoral Florencio Maíllo Francisco Rodríguez Pascual Isabel Bernardo José Adrián Cornejo José Anido Paloma Pájaro Pascua Tomás Martín aplausos caridad editorial música restauración subvenciones Ana Ontiyuelo Arturo García Ruiz Carlos García Rioja Conrado Vicente David Rodrigo Enrique Mora González Guzmán Gombau José Frank Rosario José Javier Rodríguez José Luis Puerto Madrid María José Lanzagorta Núñez Solé Raúl Román Rosana Hernández Universidad discapacidad encuentros historia justicia jóvenes obituario redes sociales religiosas vocaciones Ávila