lunes, 14 de septiembre de 2015

Por la exaltación de la Santa Cruz

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F. Javier Blázquez

El Lignum Crucis, en la Puerta de Ramos de la Catedral Nueva el Domingo de Resurrección | Foto: Pablo de la Peña

Hemos vuelto. Se acabó el descansito, como dice El Barrio en su conocida canción, tan socorrida para estos días preotoñales de regreso a la cotidianidad. Y la fecha no podía resultar más afortunada. Volvemos por la fiesta de la Santa Cruz. Ni menos ni más.

Al margen de las implicaciones teológicas y simbólicas  que entraña el recuerdo de la invención, triunfo y exaltación de la Santa Cruz, pues estas tres celebraciones unificadas conmemoramos  hoy, la fiesta nos lleva en Salamanca, en sus derivaciones populares,  hasta el Campo de San Francisco. Allí, en la capilla de la Vera Cruz, la cofradía titular mantiene, desde hace más de quinientos años, el culto a la santa cruz del Redentor. Esta institución ha sido para Salamanca la depositaria de una de las devociones más arraigadas en el calendario cristiano y en los ciclos festivos populares. Una labor meritoria, por su continuidad en el tiempo, que no ha sido suficientemente reconocida, más si tenemos en cuenta la importancia de lo que se celebra y su repercusión en los tiempos actuales.

La relegación por parte de la Iglesia de esta fiesta, otrora tresdoblada en los días de mayo, julio y septiembre, al concentrar las tres en una sola e incidir en la preminencia del Viernes Santo como día por excelencia de la adoración de la cruz, han derivado en un casi olvido de esta celebración. Sobre todo en nuestra diócesis, que abortó en 2006 el intento de recuperar la procesión tradicional de mayo por parte de su cofradía titular. Santo Tomás, una y no más. Y eso porque no quedaba más remedio. Las razones esgrimidas, fundamentadas en el calendario litúrgico, hubieran sido creíbles de no haber autorizado poco después, no se sabe bien a quién, la perpetración de un simulacro de procesión en fechas para nada pertinentes. Afortunadamente, tamaño despropósito no cuajó.

En todo caso, la Cofradía de la Santa Cruz, en su quinto centenario, volvió a poner en la primera plana de la actualidad informativa que la Iglesia continúa manteniendo en este signo, su signo por antonomasia, una de sus más importantes devociones. La procesión del quinto centenario, excepcional y pasada por agua, no repitió por lo ya expresado, "estaba fuera de lugar". Sí quedó, al menos, uno de los actos más destacados, hoy en día, de la vida anual de nuestras cofradías penitenciales. Fue todo un acierto, al ser procedente, tener sentido y dejar cimentada su continuidad. Acostumbrados como estamos a infinidad de actos, de dudoso gusto y escasa oportunidad, jalonando el calendario cofrade, La exaltación de la Cruz se ha convertido, de facto, en el inicio del curso cofrade en Salamanca. Al cierre del triduo, un orador invitado realiza la exaltación de la cruz, en un acto sencillo, sincero e íntimo. No es necesario nada más. Todo un acierto de quien lo diseñó, la comisión del quinto centenario presidida por Jesús López, y de quienes lo continuaron y mejoraron, Francisco Gómez y Antonio Santos, siempre con la presencia de don Pedro López, el capellán.

Para esta décima edición, el exaltador es de la casa, Tomás González, uno de los cofrades más activos de la diócesis, hombre íntegro y médico de vocación humanista, como los de antes. Lo hará muy bien, porque tiene cualidades y en él todo será muy sentido y auténtico. Y su nombre quedará para siempre en esa relación de honor que se va haciendo y en la que cada uno, resulta inevitable, tiene sus preferencias. Para quien escribe, y sin desmerecer a los demás, destacaron Ana Pedrero, Félix Torres y José Manuel Ferreira. A partir de mañana también se sumará Tomás; él es un valor seguro.

La Vera Cruz, que por algo es la primera, da el aldabonazo para que todos se enteren del día que es hoy. Se reinicia el curso cofrade y nosotros también hemos vuelto por la Santa Cruz.


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