miércoles, 17 de febrero de 2016

Quebradas las espinas

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Andrés Alén


Cartel anunciador de la Tertulia para esta Semana Santa

Últimamente los artistas que realizaron los carteles de "Pasión en Salamanca" se han detenido acertadamente en lo esencial, en lo que debiera dar sentido a todo, también a esta longeva tradición cultural, religiosa, operística, teatral, que nos caracteriza de raíz, y que llamamos Semana Santa: la Pascua de resurrección.

Un cartel que anuncia la Pasión y una Pasión que anuncia la buena nueva.

Ángel Luis Iglesias presentó un Cristo vivo en él, en su propia imagen. García Blázquez vio como florecía el interior de su casa a medida que se acercaba por la Rúa el Resucitado de la Vera Cruz con toda su comitiva: Pascua florida. Muy sutil, Muñoz Bernardo impregnó el paisaje salmantino de cierto aroma religioso y pasional sin necesidad de concretar imágenes más allá de lo que el espíritu de la ciudad simboliza. ¿Y qué decir de la arrumbada Magdalena de Paloma Pájaro ante la desolación de una vida sin Él, justo antes del comienzo de la maravilla, en su portentoso cartel? Todo canto de esperanza es siempre bienvenido, necesario, diría que imprescindible, en ese anhelo de trascender arte y vida más allá de todo razonamiento plausible.

Cuando se eligió a un artista como David Rodrigo para que realizara el cartel de la Pasión, a su total libertad e inspiración, supongo que pesó, además de una admiración por su obra, quizá demasiado escondida para sus méritos, su personal estilo y su gran calidad estética, pesó digo, algo que se relaciona con su hacer profesional de restaurador, ese oficio que toca la piel de la historia del arte, la conserva, la cuida. Esa fisicidad del contacto, con el devenir de los tiempos del arte que vive en la historia y no se puede concebir fuera de allí. No es poco ese destino de cuidador, ni el estar viviendo la intimidad de ese gran relato que le llega a su taller de Uffizzi en forma de imagen, de Cristo, de Virgen, en la complejidad de un retablo o en la fragilidad de un óleo o un temple en tabla o lienzo que venció con heridas a la intemperie del tiempo.

Se acaricia esa piel de igual manera cuando te acercas a vivir una tradición que alberga posos de cultura y de arte que se arraigan en creencias y anhelos que determinan y explican esencias de nuestra idiosincrasia.

Un cartel de la Pasión, anuncio de  Semana Santa, en Salamanca, en el año 2016, debiera ser fiel a ese tiempo, a esa historia, al estilo de su  autor, sin buscar muletillas prestadas ni resueltos pastiches reiteradamente repetidos. Así lo ha concebido la creatividad, conocimiento e inspiración de un arte tan completo como el de David Rodrigo.

El acierto del tema que transforma la corona de espinas en corona luminosa, reinante, ahora sí, su sangre en rocío del que brotan inflorescencias, luminarias, delicados centelleos del color jugando con la luz. Corona florecida, zarza ardiente donde la Palabra nos llama por nuestros nombres.

Su forma decididamente barroca como florero de Juan de Arellano bebe de ese clasicismo para transformarse en una obra radicalmente contemporánea, aproximando su simbolismo a la abstracción que resuelve desde una tonalidad que generosamente complementa su amplia gama con una meticulosidad de bordado, como queriendo que el tiempo haga reposar la inspiración hacia la intimidad y el acierto.

Me alegra contemplar una obra de esta calidad como cartel de la Semana de Pasión que vivimos en esta ciudad de excepcional belleza y se agradece el empeño en el saber y horas puesto por su autor, abstrayéndose de convencionalismos, para buscar un bello canto de esperanza, un fuego interno inextinguible, ese que aparece una vez…quebradas las espinas.


1 comentarios:

  1. Un bello y atinado comentario, amigo Andrés. No conocía el cartel y tampoco a David Rodrigo, artista cuyo nombre a partir de hoy jamás olvidaré. ¡Qué orgullo siento de ser salmantino y compartir ciudadanía con creadores plásticos de vuestra categoría: Arellano, Alén, Pájaro, Blázquez, Rodrigo...!

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