jueves, 28 de abril de 2016

Buscando el fondo

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Javier Prieto

Procesión Sacramental en la Universidad de Hardvard (Estados Unidos)

Cuando se valora el papel de las cofradías dentro de la Iglesia –único contexto en el que tienen sentido, aunque haya quien se atreve a plantear la duda– se habla siempre de su naturaleza evangelizadora. Así, las cofradías "son" un vehículo transmisor de la Verdad del Evangelio, una suerte de vía supletoria para reforzar la labor evangelizadora del resto de instituciones y organismos de la Iglesia. Y es en este papel secundario, en el reto presente de anunciar a Cristo en el mundo actual, donde muchas cofradías se sienten cómodas a la hora de vivir su compromiso con el resto de la Iglesia.

Sin embargo, las cofradías pueden ejercer esta labor como sujeto principal, asumiendo su labor pastoral en primera persona, amparadas por los capellanes –figura desgraciadamente relegada en muchos casos a un papel meramente testimonial– y en coherencia con su historia y su personalidad. En este punto, además, puede pasar desapercibido que las cofradías tienen una responsabilidad de puertas para dentro, hacia sus hermanos, para quien en primer término se enfocan –o debieran enfocarse– los beneficios espirituales de la existencia de la hermandad.

Cómo evangelizar, a quién, con qué medios, son retos a los que nos enfrenta la vivencia plena del sentido de las cofradías. La respuesta recurrente, "las cofradías evangelizan poniendo sus imágenes y procesiones en la calle", es una frase que se repite formulada de muy diversas maneras. ¿Pero se logra ese objetivo? ¿Se usa el lenguaje adecuado a nuestra sociedad y nuestros tiempos? Históricamente, la narración de los pasajes de la Pasión a través de los pasos tenía su complemente en los sermones, la gente "palpaba" en las imágenes el mensaje que se predicaba en los púlpitos. Sin embargo, en una sociedad cuanto menos "agnóstica", las cofradías no pueden mantener ese planteamiento de mínimos, pues nuestros pasos se quedan en meras tiras gráficas de una historia que para buena parte de nuestros contemporáneos –desgraciadamente– no tiene presencia en su vida personal.

Por ello, es necesario desde la esencia de las cofradías, desde su tradición y sus probados beneficios a lo largo de la Historia, retomar el fondo de las mismas para no perder el potencial evangelizador que tienen, y que va mucho más allá de poner una procesión en la calle.


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