lunes, 16 de mayo de 2016

Simpasión. Miscelánea

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Andrés Alén

"Devoción".  Fotografía de Vicente Cid

La última Semana Santa cofradiera instaló en mi cabeza cierto exceso de ruido y un rayado cansancio o vaguería que choca con toda posibilidad de inspiración ante el asumido compromiso de escribir un artículo sobre un tema que, como reza la cabecera de esta virtual, y virtuosa revista, habría de enfrentarlo con pasión. Pues no.

Esa pasión que ponía don Andrés Fuentes, el buen párroco de San Martín, en su puntual artículo en El Adelanto cada Semana Santa, previniendo a su feligresía de lo que él entendía como una especie de mascarada, superficial casi arreligiosa, "¿Hay algo más irreverente que bailar a una Dolorosa?", que en esto era más machacón que un  anti taurino.

La Semana Santa en San Martín la caracterizaba su recogimiento, y una larguísima Vigilia Pascual a puerta cerrada que ocupaba buena parte de la noche del Sábado Santo, hasta que ya apuntaba clarear el alba. A veces, pensé, que la resurrección de Cristo se producía precisamente allí, como consecuencia de aquella interminable liturgia aunque con ceremoniales menos oscuros que los que practica Melisandre de Assahi, reviviendo el maltrecho cuerpo de Jon Nieve.

Don Andrés quería centrar su semana Santa en lo esencial y disparaba argumentando con pasión a lo que no veía tan claro. Debo decir que entonces la Semana Santa salmantina era más contenida en ciertas formas, no sé qué hubiera escrito ahora. También recordar cierta anécdota. Cuando, recibido el paso de La coronación de espinas de León, la hermandad del Arrabal se incorpora a la entonces algo depauperada y hoy defenestrada Procesión General del Santo Entierro, se buscó ubicación para salir desde algún templo cercano al recorrido. Las negativas fueron tan variadas como razonablemente justificadas en día, Viernes Santo de "temporada alta". Desesperados, solo quedaba proponérselo al párroco de los insistentes artículos anti semanasanteros. Y nos dijo que sí, diciéndonos una frase que deberíamos grabar en todas las  cofradías salmantinas, sí, pero… "No hagáis ruido".

Y por venir más cercano en el tiempo, este año asistí en Zamora al Pregón de Luis Felipe que pasó lista con sentimiento de hermano a las cruces que dejaron en su memoria prodigiosa tanto zamorano fallecido. Después, por la tarde, pasó en un plis plas la algarabía infantil con sus palmas. En Salamanca el lunes bajé a la Vera Cruz a ver pasar al Cristo de Doctrinos, que es un decir porque en esta ciudad las procesiones dedican el ochenta por ciento de su tiempo a estar paradas, haciendo partícipe al espectador de su penitencia, y consiguiendo al tiempo bajar el porcentaje de fotografías movidas. El martes suelo ver con disfrute la procesión de estudiantes que nos señala un camino con su Luz.

Después bajé en reunión familiar a Málaga, una breve parada a contemplar la hermosura de la Esperanza Macarena sevillana, ya con todas sus galas en su paso, y pedirle cosas.

En Málaga ya no vimos a su Cristo Cautivo, que concilia la mayor devoción, pero asistimos  a todo ese despliegue emocional de una Semana Santa genuina (que no imita) y completamente consolidada como la malagueña. Sus tronos inmensos, su orden perfecto, su puntualidad, su Esperanza de romero, sus Benlliures de Expiración y Dulce Nombre vistos desde el mejor balcón de Carreteria, y ¡cómo no! el Cristo de la Legión, Cristo de Mena, resucitado de sus cenizas por las muy buenas artes de Francisco Palma. Este Cristo con la Legión sabido es que levantan entusiasmo, pero pienso que a un Cristo tan bello, hoy postconciliar, el repetido himno Soy  el novio de la muerte lo adorna tanto como una pedrada, en fin

Así que este año, de Salamanca opino de oídas y YouTube.. Parones, personalismos, golpe de estado o de martillo en el aniversario del Nazareno, con una levantada a lo Fosbury, que bien pudo acarrear una buena costalada. (digo levantada, en vez de "levantá", a pulso, a la música, aún sabiendo que esto se está poblando de revirás, chicotás, priostes, capataces, que hace bien poco no se estilaban por estos pagos). Supongo que todo igual, más o menos, los del silencio al silencio, los de la bulla a la bulla.

Bulla hubo en un cabildo no muy edificante al que asistí, bulla y expectación, perdimos por nueve votos, no sé si para siempre. Otra vez el mucho ruido, que no cesa.

Lo que sí perdí en mi tristeza es a un nazareno antiguo con mi mismo nombre, que me dejó estampas de pasión de unos tiempos que tengo como más auténticos, más pobres quizás, pero con menos ruido.

Y acabo con una imagen de Chanete, un hermano del Arrabal, historia viva de esa hermandad. Foto excelente de Vicente Cid, que no pudo por menos que intitularla "Devoción". Esa mirada concentrada y silenciosa me conforta.


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