miércoles, 30 de noviembre de 2016

El sol debe salir para todos

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Félix Torres

Dos cofrades de la Hermandad del Vía Crucis en la tarde del Jueves Santo | Fotografía: ssantasalamanca.com

Va casi para un año, once meses casi exactos, en que, escudándome en una inocente broma, me ilusionaba con la indisoluble unión de una de las tallas más significadas de nuestro patrimonio, el Cristo del Perdón, con esa Seráfica Hermandad a la cual da nombre. Desconozco la evolución de este asunto, aunque sigue siendo éste mi deseo: que la ejemplar talla de ese Cristo del convento de Santa María de Jesús, en el que ahora únicamente quedan los silencios cistercienses de quienes lo habitaran durante siglos, siga recorriendo las calles salmantinas para muestra de su belleza y testimonio de quienes le confían su devoción haciéndola visible al menos cada Domingo de Ramos.

Pedía con aquellas palabras la unión de quienes se sintieran interesados por mantener nuestras tradiciones para buscar una solución a lo que podría ser una irremediable pérdida y aún hoy, sin conocer siquiera si las aguas están sosegadas, las recuerdo y las mantengo. Porque todo lo que signifique un problema para nuestra Semana Santa debe llamarnos a rebato a todos los cofrades, sea cual sea el color de nuestros hábitos y capirotes, y unirnos en favor de quienes son nuestros hermanos.

Vuelvo ahora a pedir ayuda, a ofrecer mi ayuda, incluso corriendo el riesgo de entrar a vestirme con esas once varas de camisa que suelen ponerse quienes se meten donde no son llamados. Y, aunque sé que no debo fiarme de rumores, quiero dedicar hoy esta columna a una de nuestras aún jóvenes hermandades, quizá la más humilde y sencilla, para ponerme a su servicio. Para pedir que todos nos pongamos hombro con hombro, si así lo consideran o, al menos, para que sepan que hay voces amigas que quieren aliviar los momentos de desasosiego.

Lo doy por supuesto, pero no obstante dejo constancia del cariño con que estoy escribiendo estas palabras, cuyo único deseo es el de infundir aliento a quienes sientan que el desánimo les acecha. No hay más intención, ni otro filo, que el de recordar a esos amigos que todos tenemos entre sus filas o bajo las andas que estamos ahí, dispuestos, aunque solo sea para fundirnos con ellos en un fraternal abrazo solidario. Porque todos, desde quienes estuvieron tirando del carro en los emocionantes comienzos (Agustín, Pasán, Lista…) hasta los que ahora andan preocupándose de que todo siga funcionando (Raúl, Ángel, Goyo y Charo, Eduardo…), son mis amigos, son nuestros hermanos y todos se merecen ese abrazo.

Porque ya desde el primer momento, esta hermandad fue creada con el orgullo de un barrio y ese ha sido su estandarte a lo largo de sus más de veinticinco años de vida. Pero, también desde su nacimiento, quienes pusieron su esfuerzo para que saliera adelante fueron conscientes de las dificultades y, sin embargo, insistieron para superarlas con ilusión y esfuerzo. Siempre esfuerzo.

Cambios de hora, de imagen, de lugar de salida… pero siempre con el espíritu original, mantener ese vía crucis que les identifica y da sentido, mientras hacen su penitencia por las calles salmantinas. Un vía crucis que no es más que acicate para que se acreciente la ilusión por mantener y mejorar lo que ha supuesto tanto esfuerzo durante años.

Habrá que volver a hacer cambios. Habrá que encontrar alternativas que permitan seguir adelante. Habrá que volver a pedir el apoyo de ese barrio que ahora parece dormido. Habrá que pedir ayuda, por qué no, a quienes tengan algo que aportar para que esa humilde devoción de tantos que ponen sus esperanzas en ese Jesús trinitario siga viendo sus frutos cada Jueves Santo.

Solo son rumores, ya digo, pero por si hubiera algo de cierto en ellos, ahí están nuestras manos solidarias para sumarse al esfuerzo de quienes quieren seguir manteniendo la ilusión de aquellos años de juventud y, entre todos, no solo recuperar lo que ahora parece perdido, sino poner nuestros granos de arena para que su madurez brille con luz propia. El esfuerzo nos merece la pena.


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