domingo, 18 de diciembre de 2016

La Natividad del Señor en el retablo de la Catedral Vieja

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Tomás Gil Rodrigo

Detalle de la tabla que representa el nacimiento de Jesús en el retablo de la Catedral Vieja de Salamanca

En estos días próximos de Navidad nos asombraremos ante el misterio de Dios que se hace hombre en las entrañas de una mujer por obra del Espíritu Santo. Los artistas han encontrado en este acontecimiento central de la historia de la salvación un filón para desarrollar una abundante y rica iconografía, es más, esta es la razón por el que el cristianismo anima, promueve y encarga las representaciones artísticas. Dios invisible se hace visible en la imagen el Hijo (cf. Col. 1, 15). Estos días escucharemos, en la liturgia de la Palabra de la eucaristía, el prólogo de san Juan, en el que aparece escrito: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria… A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Jn. 1, 14. 18). Por eso, no he querido desaprovechar lo que vamos a celebrar estos días, profundizando en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, ayudados por una de las representaciones de la Natividad del Señor que se encuentra en el retablo del Catedral Vieja. Es la realizada por Sansón Delli, a mediados del siglo XV (ca. 1439-1445) en el denominado Estilo Internacional. Estos días son una buena excusa para acercarnos a contemplar esta pintura desde las claves que os voy a ofrecer a continuación.

Tenemos dos razones para decir que esta tabla pertenece a Sansón Delli. La primera es por los rasgos toscos de los personajes, si comparamos a los personajes de la Virgen María, San José y el Niño Jesús con los de la escena siguiente, la de la Adoración de los Magos, nos damos cuenta inmediatamente de que son menos refinados en su aspecto. Y la segunda razón es que no logra la sensación de profundidad en los espacios abiertos, como por ejemplo consigue su hermano Daniel magistralmente en la tabla del bautismo de Cristo. Quiere decir que Sansón es un artista cuyo estilo depende más del Gótico que del Renacimiento.

Tabla de la Natividad del Señor del retablo de la Catedral Vieja de Salamanca

Sigue a los demás artistas de su tiempo, representado en una misma obra dos momentos del nacimiento de Jesús, siendo fiel a lo relatado en el Evangelio según san Lucas. En primer plano, ocupando la mayoría del espacio, está el instante del nacimiento de Jesús: "Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada" (Lc 2, 6-7). Y esquinado en la parte superior derecha, en un intento de profundidad, vemos un valle rodeado de montañas donde están unos pastores con su rebaño, retratando el momento en el que un ángel del Señor les anuncia la buena noticia: "En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó… les dijo: 'No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre'" (Lucas 2, 8-12).

Sin embargo, la forma de representar el nacimiento de Jesús, a finales del siglo XIV y durante el siglo XV, no obedece solo a los textos evangélicos sino también a los libros devocionales del tiempo, que se imaginan cómo sucedió el nacimiento de Cristo desde lo espiritual y simbólico (cf. "Libro de las Revelaciones" Santa Brígida). María acaba de dar a luz virginalmente a Jesús, de ahí que aparezca puesta de rodillas y con las manos juntas ante el Niño, al que le da la bienvenida como hijo suyo y le adora devotamente como Hijo de Dios. El cuerpo corpulento, desnudo y limpio del Niño manifiesta que se ha hecho carne y ha nacido sin la mancha del pecado original para salvarnos. José aparece fuera de la choza y se sienta con una vela encendida, señalando que él no ha intervenido en la concepción de Jesús, y que este Niño trae una luz sobrenatural para disipar las tinieblas del pecado y de la muerte en las que está sumido el mundo: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló" (Is. 9, 1).

Escena del anuncio del ángel a los pastores

La escena transcurre al aire libre, en un paisaje montañoso y nocturno. Una estrella dorada se sitúa en el cielo sobre las colinas del fondo, simbolizando que el que ha nacido viene de las entrañas de misericordia de Dios y es el sol que nace de lo alto (cf. Lc.1, 78). El alumbramiento tiene lugar en el interior de una choza pobre y humilde, que por su fragilidad se apoya sobre la roca de la montaña. Está hecha rústicamente con vigas de tronco de árbol, techado con paja y con paredes entretejidas en mimbre, el mismo material del que está hecho el pesebre. Hasta el siglo XV era raro representar el nacimiento de Cristo en un portal al aire libre, este lugar empezó a pintarse en las miniaturas de libros franceses a mediados del siglo XIV, las cuales influyeron en las obras artísticas del siglo XV. Hasta entonces la escena se ubicaba casi siempre en una cueva o gruta, por influencia bizantina, o en un pórtico de madera adosado a los muros de un edificio. El acontecimiento sagrado sucede envuelto de detalles cotidianos y secundarios, algo propio del Estilo Internacional: las albardas del burro y el cayado de San José en el suelo; la mula y el buey comiendo heno tranquilamente del pesebre; el árbol sin hojas nos sitúa en el tiempo de invierno; el perro ladrando al ángel que se ha entrometido en el redil… Del mismo modo la escena del anuncio del ángel a los pastores se convierte en una excusa para ofrecernos una imagen bucólica de la vida campesina, en la que dos pastores vestidos con sayos con capuchas, rodeados de ovejas y cabras, tocan una flauta de pico y una gaita, manifestando su alegría ante el nacimiento del Salvador. Todos estos detalles secundarios reflejan una visión humanista, donde el Hijo de Dios no solo se ha hecho hombre sino que comparte su misma vida. Jesús se ha hecho hombre y entra a salvar a la humanidad desde el amor, que le lleva a la cercanía y al último lugar del pesebre.

Para terminar nos detenemos en los dos medallones de la predela sobre los que se asienta esta tabla, donde están representados Moisés y el rey David, reconocibles por su nombre inscrito en unas filacterias y por sus atributos: Moisés con las tablas de la ley y David, coronado, tocando una cítara. Con el nacimiento de Jesús termina el tiempo antiguo de la ley y comienza el nuevo de la gracia: "Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo" (Jn. 1, 17). Ha aparecido el Mesías, el Hijo de David, la promesa esperada de Dios (cf. 2 Sam. 7) se ha cumplido con creces.

Parte inferior del retablo de la Catedral Vieja

1 comentarios:

  1. La verdad es que este artículo merece la pena ser guardado en el lugar donde se custodian los tesoros; primero porque vale para ser releído en cualquier tiempo y más en Navidad, pero sobre todo porque incita a visitar esa exposición permanente que, en el retablo de la Catedral Vieja salmantina, vence al tiempo desabrochando los espacios sensibles de la memoria.
    Esperemos que Tomás Gil nos siga interpretando lo que allí se cuece, entre belleza e insinuaciones.

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