lunes, 3 de abril de 2017

Un 'testigo' que nos exige a todos

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José Fernando Santos Barrueco

Hermanos de carga del Cristo del Amor y la Paz apoyan sus manos en el hombro más próximo | Foto: ssantasalamanca.com

Ante el 75 aniversario de la Junta de Cofradías se hace necesaria la felicitación y agradecimiento a quienes hicieron posible su fundación y el cumplimiento de tal efeméride, con un recuerdo especial a los que nos precedieron y dejaron el testigo que hoy disfrutamos. Testigo que también supone responsabilidad ante los que nos sucederán y continuarán nuestra labor. Por ello, estas brillantes bodas de diamante deben ser un motivo de reflexión y servirnos para valorar la importancia de la unión de las cofradías en torno a un organismo integrador que ofrezca, defienda y difunda la visión de conjunto de nuestra Semana Santa que, siendo siempre importante, lo es más en la época de crisis que atravesamos; crisis económica en la que no es fácil obtener fondos de instituciones públicas o privadas (mucho menos si cada uno se busca la vida por su cuenta) y crisis de valores, especialmente religiosos que, como estamos viendo, parece que molestan en la esfera pública y se oyen planteamientos que quieren encerrar la religión en los templos y en las conciencias individuales. Aunque los semanasanteros creamos que nuestras procesiones son lo más interesante del mundo, son muchos, cada vez más, los que piensan que la calle no debe ser invadida cada año durante una semana por unas manifestaciones de carácter religioso. Para ellos, equivocados o no, nuestros argumentos carecen de valor.

En esta situación es importante potenciar esa institución que muestre la imagen de conjunto de nuestra Semana Santa y defienda su interés turístico, cultural e incluso económico (por utilizar una expresión muy usada en la política actual, "ponerla en valor"). El buen hacer de cada uno redundará en beneficio de todos y el fracaso de cada uno puede afectar a esa visión de conjunto, en un mundo muy globalizado en el que las redes sociales extienden y propagan noticias, comentarios y opiniones, como hemos podido comprobar recientemente con la trascendencia dada a un comentario sacado del contexto de una carta interna sobre una conversación, sin la intencionalidad que se le ha dado en una auténtica borrachera de tonterías y sinsentidos en la difusión de respuestas y opiniones, que de la manera más absurda e irracional se convirtió en "trending topic".

A mitad de la andadura de nuestra Junta, allá por los años 70, hubo una crisis que se llevó por delante algunas cofradías y otras pudieron recuperarse tras un periodo de hibernación. La crisis era de otra naturaleza, pero debería servirnos de reflexión. Afortunadamente, el empuje de nuevas cofradías y la ruptura con ciertos cánones, como la entrada de la mujer con los mismos derechos del hombre y una visión de valores como la caridad, solidaridad y hermandad más acordes con el cambio social que se estaba produciendo, consiguieron un efecto revitalizador que supuso un nuevo auge de nuestra Semana Santa. Hoy vivimos el momento de mayor número de cofradías, de procesiones y de imágenes, pero estos árboles no deben impedirnos ver el bosque.

Estamos viendo en las redes sociales una auténtica avalancha de comentarios hirientes, que además se hacen desde el anonimato, sin argumentos y con el desprecio más absoluto a las posiciones a las que se enfrentan (cuando no desde el desconocimiento). Más aún, ha salido a la luz pública una situación totalmente inadmisible contra una Junta de Gobierno, que solo puede haber partido desde dentro del mundo cofrade, muy lejos de comportamientos de hermandad. No se trata de diferencia de opiniones, que bien canalizadas serían un modo de enriquecimiento, sino de enfrentamientos con posiciones estancadas, críticas destructivas y falta de diálogo y colaboración. En estas situaciones se hace difícil la toma de decisiones y la adopción de posturas comunes, corriendo el riesgo de que muchos objetivos, al no contar con la mayoría, tengan escasas posibilidades de éxito, lo que adquiere mayor gravedad cuando los recursos son escasos, tanto económicos como humanos. Se crean grupos de poder y cada uno campea por su lado. Es fácil que estos aspectos se desarrollen en una cultura, como la actual, de derechos, de falta de compromisos, de libertades mal entendidas, de montarse cada uno su propia cofradía, su fe y hasta su Dios. Todo esto se traslada a nuestras procesiones y vemos casos de falta de disciplina y del orden necesario, discusiones que se hacen evidentes, una indumentaria inadecuada (calzado llamativo, hábitos en mal estado, bien por la talla y hechura, planchado e incluso el color) que se tolera por evitar enfrentamientos, escaso número de hermanos de fila que den cuerpo a la procesión, cortes a veces excesivamente largos, etc. Situaciones que dejan una pobre impresión de nuestras marchas penitenciales, que no cumplen el objetivo que pretenden, que no es otro que el de una evangelización en la calle.

Hay que conseguir que la fe que nos lleva a cada uno a las cofradías (aunque sea por muy distintos caminos) se convierta en una auténtica palanca de hermandad, que nos lleve a vivir y compartir  experiencias cristianas. Apoyarnos todos y unirnos con la necesaria tolerancia en el organismo integrador que defiende los intereses del conjunto y en el que todos debiéramos aportar y sentirnos involucrados, como si formásemos parte de una única cofradía, la de la Semana Santa de Salamanca, y estuviéramos en una única procesión, la que se inicia en la ermita de la Vera Cruz con la salida de la cruz de guía del vía matrix de la Madre Dolorosa, y se cierra con la entrada en la misma ermita de la imagen de Jesús Resucitado en el domingo de gloria que da fundamento a nuestra fe. Principio y fin, enmarcados por nuestra cofradía decana. Nos contemplan más de 500 años y un patrimonio del que sentirnos orgullosos. Tenemos la responsabilidad de agarrar bien el testigo, llevarlo con honor en el tramo de carrera que nos corresponde y pasarlo en las mejores condiciones a los que vienen detrás de nosotros para poder seguir cumpliendo años y ¡felicitarnos todos!


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