viernes, 20 de octubre de 2017

Ya tenemos la Medalla

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Pedro Martín

Representantes presentes y pasados de las cofradías de la ciudad posan con las autoridades municipales y religiosas de Salamanca en el teatro Liceo después del acto de entrega de la Medalla de Oro de Salamanca el pasado lunes | Fotografía: Óscar García

Bueno, pues ya tenemos la Medalla de Oro de la Ciudad y, como de bien nacidos es ser agradecidos, yo quiero serlo. Primero con la ciudad, que nos concede el máximo galardón que institución o persona puede recibir, y que siento que viene de todos y cada uno de los salmantinos. No puede ser de otra manera, a pesar de ciertas protestas y algaradas municipales sin importancia que no pasan del intento de tener un protagonismo que de otra manera, y por sus propios méritos, no tendrían. Es el signo de los tiempos que vivimos. Gracias, Salamanca.

También quiero mostrar mi agradecimiento al actual presidente de la Junta de Semana Santa, por acordarse de aquellos que nos precedieron y que en momentos mucho más difíciles que los actuales lucharon por la misma para dejarnos esta preciosa herencia que estamos obligados a trasmitir a las futuras generaciones. Se lo debemos.

Los avatares y casualidades de la vida han querido que sea esta humilde persona la que represente a mi congregación en este momento, es decir, a todos y cada uno de mis hermanos, pero no solo a los actuales, también a los que lo han sido y pusieron su granito de arena para que llegáramos hasta aquí. Gracias a todos ellos, en especial a mis predecesores: Ana, que me acompañó el pasado lunes; Tomás, mi padre; Santiago, Bernardo. Y hasta ahí llega mi memoria infantil de hermanos mayores, en los albores de los 70, con grandes dificultades, pero con mucha ilusión y trabajo por parte de todos.

Esos años 70 donde con total normalidad, y de forma anónima, se incorpora la mujer de pleno derecho desfilando de nazareno en nuestra congregación, hecho que quizá muchos desconocen, pero que yo recuerdo muy bien, por coincidir con mi primer año procesional. Cuánto ha llovido desde entonces. Ha llovido tanto que nos ha dado tiempo en 40 años a tener la primera mujer hermana mayor de la ciudad, a la que han seguido algunas más, con total normalidad. Creo que es un debate no solo superado, sino que nunca ha existido. Aquí no se han dado situaciones como en Zamora o Sevilla, por poner dos espejos donde nos gusta mirarnos, ni existen que yo sepa estatutos restrictivos que impidan el protagonismo que la mujer merece y puede ejercer en nuestra Semana Santa. No hagamos un problema donde no lo hay. Construyamos; pongamos nuestro granito de arena sin pedir nada a cambio; Dios nos lo premiará si lo tiene a bien. Que cada uno se comprometa en la medida que pueda y quiera. Solo tendrá que rendir cuentas al final de los tiempos, y solo así seremos merecedores de la Medalla que acabamos de recibir.

Y sí, yo estaba allí, en el Liceo, acompañando a mi presidente y junto a mis hermanos del resto de hermandades, cofradías y congregaciones. Y no, no estábamos allí a título particular. Representamos a todos y cada uno de los hermanos y hermanas que forman y han formado parte de la Semana Santa de nuestra ciudad a los que les digo también: ¡Gracias y felicidades, hermanos!


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