lunes, 8 de enero de 2018

El Cristo de Venancio vuelve a Salamanca

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Paco Gómez

Rostro de la copia del Yacente que Venancio Blanco realizó por encargo de la Real Cofradía | Fotografía: Alejandro López

08 de enero de 2018

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado"
(Lucas 24, 5-6)

Venancio Blanco es un genio que no celebramos todo lo que deberíamos. Un talento descomunal nacido en Matilla de los Caños y que no solo ha situado su obra en algunas de las principales instituciones culturales mundiales, sino que ha sido uno de los grandes revolucionarios de la escultura y muy particularmente de la escultura religiosa. Por eso, aunque cualquier exposición sobre su obra debe ser asumida casi como un compromiso de visita segura, la que desde los últimos días de diciembre permanece abierta en Santo Domingo de la Cruz aglutina un importante número de alicientes para llamar la atención del mundo cofrade salmantino.

Y es que por tercera vez el tristemente célebre por otros motivos Yacente de Venancio vuelve a la ciudad para la que en un principio fue creado y de la que una laberíntica sucesión de enredos la acabaron privando.

Y la verdad es que fue y es una pena. La imagen de su Cristo que vuelve a la vida, nombre oficial de la pieza, supuso toda una conmoción en las Edades del Hombre salmantinas, siendo capaz de arrebatar en el itinerario por la Catedral Vieja el protagonismo ni más ni menos que al retablo pictórico de los Delli que por una vez podía disfrutarse de cerca.

Hoy es fácil entender por qué. La obra de Venancio Blanco aglutina una fuerza singular, una explosión contenida de vida y una mirada que cautiva y conmueve. Todo ello, en fin, formando una imagen que estaba llamada a revolucionar desde la Semana Santa de Salamanca la iconografía procesional de los yacentes.

Vayamos por partes. Nuestra Semana Santa cuenta desde el Jueves Santo de 1987 con la solemne presencia en sus calles de la Real Cofradía Penitencial del Cristo Yacente de la Misericordia y la Agonía Redentora. Fue fundada tres años antes precisamente con el objetivo de incorporar al ciclo de Pasión salmantina la figura de un yacente, momento del que entonces carecía. Para ello, se piensa en Venancio Blanco y se le encarga una obra en la que el escultor se vuelca desde un principio, sin que estuviera en ningún momento claro cómo podría pagarse el encargo.

Ese es el momento que la exposición de Santo Domingo recoge y documenta ampliamente con una serie de bocetos en barro. Primero Venancio aborda la representación de Cristo yacente desde un enfoque cercano al canon barroco impuesto fundamentalmente por Gregorio Fernández, pero en ese estudio aparece un conmovedor motivo inspirador: fallece de manera repentina el hermano del escultor, Juan, confidente, amigo y compañero de taller. Venancio empieza a reflexionar sobre la muerte y en una lectura ejemplarmente cristiana decide leer el fallecimiento como el nacimiento a la nueva vida, lo que modifica de repente la manera de entender también el problema artístico de un yacente.

Por eso, de los once bocetos que realiza funde en bronce el número cinco. El que no presenta a un yacente descendido y muerto, sino a un Cristo que recibe en ese preciso momento el aliento de vida de la resurrección.

Boceto en escayola de la imagen Cristo vuelve a la vida de Venancio Blanco | Fotografía: Alejandro López

Del bronce del boceto a la escayola con la que Venancio empieza a dar forma a un yacente de grandes dimensiones y estilizada anatomía. Mientras, la joven cofradía empieza a tener serios problemas internos que desembocan en un cambio de junta directiva.

Ahí empiezan a separarse los caminos de esa obra que va naciendo y la Semana Santa salmantina. En la exposición de Santo Domingo, el visitante comprobará el intenso proceso de modelado de la escayola, verá resolver los problemas de horizontalidad que presenta la pieza y el contrapeso de fuerzas para mantener el equilibrio de la obra. Verá llevar el boceto ya a tamaño natural al pantógrafo del que saldrá una obra fastuosa en madera de Pino de Valsaín.

Mientras Venancio da la forma definitiva con la gubia a la que ya va a ser una de sus obras maestras, el escultor parece sufrir un cambio de idea y decide que la pieza no va a ser para la Real Cofradía, sino que se quedará en su colección particular.

En primer plano, Cristo vuelve a la vida, presente en la muestra que puede verse estos días en Salamanca | Foto: A. López

"El escultor, aprovechando una serie de circunstancias, simplemente nos dejó sin nuestro yacente", explica Julián Alcántara, protagonista en primera persona de los hechos y hoy hermano mayor de la Real Cofradía. "No hubo nunca ningún documento por escrito, sí mucho material fotográfico y de vídeo, pero nada firmado; le habíamos dado un anticipo de 80.000 pesetas y el día que fuimos a firmar el contrato ya no nos abrió la puerta", recuerda.

También vivió los acontecimientos en primera persona Félix Torres, entonces hermano mayor de la cofradía: "Venancio emitió un comunicado diciendo que no quería que la obra fuera objeto de ningún conflicto y que solo la entregaría si había un acuerdo entre la junta de gobierno entrante y la saliente y como ese acuerdo con la junta saliente no fue posible, decidió quedárselo".

Tras ese rechazo, la Real Cofradía encargó después de un concurso público su imagen titular a Enrique Orejudo, realizada en talla directa en madera de abedul y con otra inspiración iconográfica y hoy completamente asentado en su salida procesional, sin que merezca desmerecimiento alguno.

Por su parte, el Cristo de Venancio sí llegaría a Salamanca, temporalmente, con motivo de las Edades del Hombre. En la guía oficial de la exposición se señalaba que el escultor había recogido la pieza en su colección al haber sido "rechazada" por la cofradía, añadiendo así confusión al episodio.

Después, el Yacente regresó al conjunto expositivo de la Capilla del Monte del Pilar, de donde ha regresado ahora con su "hermano gemelo", una obra que el entorno de Venancio conoce como el Cristo de a ratitos, porque al escultor le gusta emplear los ratos perdidos en el taller en distintos retoques.

Además, hay una tercera pieza, en bronce, Cristo vuelve al Padre, que da un paso más en la idea del yacente-resucitado y que, esta vez sí, se quedará para siempre en Salamanca en los jardines de Santo Domingo cuando finalice la exposición. Al menos nos quedará este Cristo de Venancio.

Cristo vuelve al Padre, obra en bronce que quedará expuesta en Salamanca de forma permanente | Foto: Alejandro López

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