jueves, 22 de marzo de 2018

Camino de humildad

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Paco Gómez

El Cristo de los Doctrinos, ejemplo de belleza desde la sencillez en las procesiones de Salamanca | Fotografía: Javier Barco

23 de marzo de 2018

"De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir" 
(Mateo 20, 27-28)

Con una nueva Semana Santa ya llamando decididamente a la puerta, uno siente agolparse algunas reflexiones en torno a un mundo, el cofrade, que parece condenado a vivir inmerso en eternas disputas y divisiones. Por si no hubiéramos tenido suficientes ejemplos a lo largo de los años, por uno y otro acento, por el hombro o la cerviz, por lo de aquí y lo de allí, en las últimas semanas algunas palabras, algunos gestos, algunas acciones, han llevado a embravecer unas aguas que a estas alturas del calendario litúrgico deberían discurrir algo más plácidas.

Como cada uno es responsable de sus actos y tampoco estamos aquí para dar lección alguna, simplemente me gustaría recordar que el origen de todo esto que nos aprestamos a vivir, seguramente con intensidad y emoción, está en dos sencillas palabras que definieron el paso por el mundo de Jesús de Nazaret: sencillez y humildad.

Tan fácil y tan complejo como eso: humildad y sencillez. No hay, en verdad, mucho más manual de instrucciones para conducirse en todo aquello que quiera hoy representar, revivir en cierto modo, los hechos que ocurrieron en Jerusalén hace dos mil años.

En este caso, no quiero analizar si es necesario invertir altas cantidades económicas en dignificar los enseres, los pasos procesionales o las tallas, ya que ese es un debate que trasciende la propia Semana Santa y se entremezcla con otros aspectos –por ejemplo el artístico y cultural– y al fin y al cabo a lo largo de los siglos el que ha tenido ocasión u oportunidad siempre ha intentado tener lo mejor posible para su cofradía.

Creo más perentorio que ese debate afrontar otro: la falta de humildad y sencillez (otra vez las dos palabras) que están denotando algunos gestos con el sello de lo oficial en nuestra Semana Santa.

Como nadie me ha preguntado nunca, tampoco he dado mi opinión al respecto, pero abuso de la plataforma que me ofrece de manera generosa la Tertulia Cofrade para decirlo de una vez y para todas. Mal le irá a la Semana Santa de Salamanca si en vez de acercarse a lo popular, a lo humilde, a lo sencillo, se trata de revestir de etiqueta, elevarse unos cuantos metros sobre el suelo y desde allí ir entrecerrando una puerta de entrada que, dicho sea de paso, cada vez es más estrecha.

Lo popular que reclamo, advierto, no es lo cutre. Ni lo vulgar. Hablo de pensar en espacios, en tonos, en gestos, que, como poco, no insulten. Que a poder ser incluyan la mayor parte de las sensibilidades; que integren, que faciliten el acceso a todos a una figura que ya dijo bien clarito "el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor". La de Jesús es la revolución de los humildes, no de las élites ni los poderosos.

Pues eso, el día que toque que cada uno salga a la calle con el hábito que considere más propio para su hermandad, pero el resto del año mucho mejor si nos quitamos la etiqueta y nos ponemos los vaqueros. Mejor si recorremos juntos el camino de la humildad.


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