viernes, 16 de marzo de 2018

Soy cofrade, soy hermano

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Alberto López Herrero

Dibujo del Cristo de la Humildad realizado por Fernando Mayoral, autor también de la talla en madera

16 de marzo de 2018

Siempre me he preguntado hasta qué día es adecuado desear feliz año nuevo cuando te encuentras con un conocido en la calle… No creo que exista una norma para esto, pero son de esas dudas, casi siempre estúpidas, que a uno le asaltan de vez en cuando.

Después de una de esas felicitaciones de año nuevo con un amigo a mediados de febrero, la conversación acabó en la Semana Santa y en lo que lleva a pertenecer a una u otra hermandad o cofradía.

La charla comenzó por los recuerdos de la niñez y con símiles a las filias y fobias que hay con los clubes de fútbol. En mi caso el recuerdo de la Semana Santa me lleva, como a todos, a la infancia, cuando iba a las procesiones –algunos años a todas–, y mi única ilusión era salir en una para poder tocar el tambor… Más tarde te gusta una procesión por el color de la indumentaria, después te fijas en las imágenes, empiezas a descubrir la historia de las hermandades… y, en muchos casos, de la simpatía se pasa a la admiración y de ahí a la devoción.

Con el paso de los años me acerqué a la Semana Santa, pero desde la lejanía: disfrutando de la lectura o escuchando las narraciones de quienes la conocen de memoria, renegando de las inquinas egocéntricas que revelaban los medios de comunicación, criticando las faltas de respeto de los que comen pipas, cruzan por el medio de una procesión o de los cofrades que solo van pendientes de saludar… Continúo sin entender esa romería paralela de fotógrafos que hasta se tiran por los suelos en busca de un premio Pulitzer… En fin, desde esa lejanía que me llevó durante años a corregir la palabra "procesionar" en artículos y suplementos "semanasanteros" porque no existía en el diccionario de la RAE por mucho que se empleara… aunque por fortuna eso sí ha cambiado.

Y ahora, resulta que voy yo y me hago cofrade, es decir, que soy hermano. Ese fue el quid de la conversación con mi amigo. Residiendo fuera de Salamanca, viajando más de lo que a mi familia le gustaría, sin tiempo para reuniones, presentaciones, vía crucis… y me hago de una hermandad: la Hermandad Franciscana del Cristo de la Humildad.

Pues ese simple gesto, con todo su significado –que sea de estilo franciscano, que hable de fraternidad, que en el nombre lleve la palabra humildad y que sus fines sean la concordia y la oración por los cristianos, muchas veces perseguidos, de Tierra Santa– me ha servido para entender mejor muchas cosas, desde lo superfluo de quienes se preguntan sin saber responder que por qué son del "Atleti", hasta los que viven la Semana Santa intensamente y todo el año.

Soy cofrade, pero yo prefiero decir que soy hermano porque así me siento, y sé que cada uno tiene argumentos suficientes para defender su fe y a su cofradía, algo que, por cierto, a los católicos siempre nos ha costado bastante.

Esta Semana Santa será distinta independientemente de la meteorología y, aunque la procesión no sea lo más importante, tener en la mente a muchos hermanos cristianos que sufren en Tierra Santa la convertirá en especial, ya que casi a diario, por mi trabajo, estoy pendiente y en contacto con personas de Siria, Egipto, Jerusalén, Líbano… que saben lo que es sobrevivir sin renegar a su fe.

Creo que este año, gracias a ser hermano, tengo solucionada mi absurda duda de poder desearle "¡feliz año nuevo!" como expresión de júbilo al amigo que me encuentre justo después del Domingo de Resurrección…


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